Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

29 nov. 2015

Manuel Rivas: “España es una democracia amputada”.................................................Javier Rodríguez Marcos

El último día de Terranova', del autor gallego, narra la posguerra y la Transición en España a través de la vida en una librería condenada al cierre.

Manuel Rivas en A Coruña. / Óscar Corral

"Allí es donde quemaron libros en el 36”, dice Manuel Rivas señalando al otro lado de la dársena de A Coruña.
 En su novela Los libros arden mal hay una foto de ese momento: un grupo de fascistas celebra brazo en alto la hoguera encendida junto al Club Náutico.
 Muchos coruñeses conocieron aquel episodio por esa novela. “En el escudo de Coruña, sobre la Torre de Hércules, había tradicionalmente un libro”, explica el escritor, nacido en el barrio de Monte Alto en 1957.
“Lo quitaron después de la Guerra Civil.
 La democracia volvió, pero el libro no”. Si aquella novela de 2006 hablaba de la quema de bibliotecas, El último día de Terranova (Xerais en gallego, Alfaguara en castellano) narra ahora la amenaza de desahucio que pende sobre una librería.
PREGUNTA. ¿Quedaban libros por destruir o historias por contar?
RESPUESTA. Yo escribo en círculos concéntricos.
 Los libros no son cuadrículas ni propiedades separadas.
 En mi caso, la célula madre es la poesía.
 En los ochenta escribí un poema sobre la memoria ­—‘Pan negro’— y ahí está la semilla.
Después vinieron La lengua de las mariposas, El lápiz del carpintero, Los libros arden mal y ahora este, que parte de la posguerra y llega hasta hoy.
Siempre tengo la sensación de que cuando acabo un libro no se acaba la historia.
 Como en ese cuadro de Millet en el que las espigadoras recogen lo que quedaba debajo de la tierra después de la cosecha, cuando terminas una novela quedan granos que luego rebrotan.
Son nuevos círculos con la misma simiente, no una prolongación.
Salvo en la línea del horizonte, la recta es un atraso. Hay que romperla.
P. ¿Los círculos de la literatura pueden llenar los vacíos que deja la historia?
R. En parte sí.
 Hay incluso un camino paralelo entre la literatura y la arqueología.
Vas encontrando signos y huellas que conectas hasta construir un relato.
 Hay un punto que los arqueólogos llaman línea de lo inaccesible.
 La historia no se detiene, pero los últimos restos suelen ser ceniza, producto de una destrucción o de un fuego.
 La excavación se detiene, pero la imaginación puede traspasar esa línea, ir más allá de la búsqueda histórica sin perder el principio de realidad.
 Ese traspasar lo inaccesible es lo propio de la literatura.
P. ¿Llegará un día en que las librerías serán historia y habrá que imaginarlas?
R. De las últimas historias que leí y que me conmocionaron porque coincidió con la muerte de Mankell, hay una en sus memorias del cáncer, Arenas movedizas, que cuenta algo muy inquietante para la especie humana.
 Hasta el siglo XX, los restos históricos eran monumentos más o menos ruinosos, pero lo que va a dejar nuestra generación no va a tener fin: los vertidos radiactivos
. Dentro de 100.000 años, los arqueólogos pueden encontrarse con una pesadilla.
 Pero en el mismo libro se recoge otra historia.
Un hallazgo imprevisto durante unas obras en Suecia: una osamenta que tenía al lado una figura de madera. Llegaron a la conclusión de que era un títere.
Claro que el ser humano va a conservar el títere. Estoy convencido…. Bueno, “estoy convencido” [ríe] es una forma de empezar.
 Claro que va a haber un lugar como lo que hoy llamamos librerías. ¿Cómo serán? Eso para el próximo libro.
Mira, es buena idea. Hay gente que nunca ha entrado en una librería.
Parte del viaje literario consiste en luchar contra tus convenciones, contra tu propia estupidez
P. ¿Recuerda la primera vez que entró en una?
R. Sí, se llamaba La Poesía. Luego nos acercamos por allí. Está cerrada, pero conserva algo
. Cada vez que paso por ahí pienso: “¿Por qué no me hago librero?, ¿por qué no abro La Poesía?”. Tengo una especie de culpa.
 En casa no había libros y le compramos uno a mi madre.
 Siempre se le regalaba algo para la casa —una fregona, una cafetera— y mi hermana María, que era la vanguardia, dijo que le compráramos uno porque en la niñez mi madre había leído mucho.
 Por casualidad. Murió mi abuela y mi abuelo se quedó con 10 hijos.
 Era campesino, vivía al lado de la casa rectoral y una sobrina del cura medio adoptó a mi madre, que subía al desván y se pasaba el día leyendo vidas de santos, que es lo que había, pero también estaban los poemas de Rosalía.
El primer libro de mi vida fue oír a mi madre recitar a Rosalía.
 Ella era la boca de la literatura. Total, que nos fuimos a La Poesía y vimos un libro que coincidía bien con el presupuesto.
 Era un tocho; mucho mejor, un regalo más grande. Se titulaba Cinco mil años de historia.
 Mi madre lo abrió y, bueno, asomó de una lágrima.
 Nunca tuve miedo de entrar en las librerías. Si vamos es porque hay gente con la que nos gusta estar, no solo por los libros, aunque los libros también son gente.
P. ¿Por qué ir a una librería si puedes comprar por Internet?
R. Si desaparece el factor humano en los intercambios —y una librería es un lugar donde alguien que te da el libro con la mano—, también va a desaparecer lo humano en el libro
. Tal vez es demasiado determinista, pero hay parte de razón. La ciudad existe porque existen librerías, el taller de bicicletas, las tabernas…
En Coruña abrieron un centro comercial. La gente se sentaba allí porque llueve. Pensaron: “Si se sientan, no compran”
. Quitaron los bancos y la gente se sentaba en las fuentes, así que pusieron unos hierros
. En los libros te puedes sentar siempre.
La literatura es resistencia, una intervención contra la realidad. Una vez existió esa idea de las vanguardias de que podías cambiar el mundo pintando, cantando, bailando
. Lo inútil podía influir en lo útil, cambiar la vida.
 Ahora se perdió eso. Hubo una renuncia. Asumimos el discurso de lo útil. “Vuestra utilidad es el entretenimiento”, nos dicen. “Dedicaos a eso”.
 Pero uno sabe que hay libros que le han cambiado la forma de mirar, y eso también es cambiar la realidad, ¿no? Aunque sea por un instante, en un tris. Un tris vale mucho.
P. El librero de su novela se identificaba de joven con David Bowie. ¿Algún músico le influyó tanto como Rosalía de Castro?
R. El salto de las falsas fronteras entre alta y baja cultura lo vivimos a través de la música
. La poesía estaba pasada de moda, pero seguía en las letras de las canciones
. Estuve muy colgado con Dylan, con la Velvet, con Joy Division, con Patti Smith.
 Creo que no metí a Patti Smith en el libro porque me quise quedar con ella.
Manuel Rivas en A Coruña. / Óscar Corral

 

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