Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

3 sept 2018

Despidos en Sargadelos, los platos rotos de una marca que “va bien”

 

El enfrentamiento del dueño de la firma cerámica con una sindicalista abre un cisma en la plantilla y deriva en el anuncio de expulsión de 49 trabajadores e incluso el cierre.

Segismundo García, en la fábrica del Grupo Sargadelos en Cervo (Lugo).
Segismundo García, en la fábrica del Grupo Sargadelos en Cervo (Lugo).
"Sepan apreciar el arrepentimiento de un mal hombre como yo que se ha pasado toda su vida explotando y maltratando a sus empleados hasta que los sindicatos le han hecho comprender la realidad social", espetó sarcástico a su plantilla Segismundo García, dueño de Sargadelos, el pasado 17 de agosto. 
Acababa de convocar al personal a la vuelta del festivo de San Roque para anunciar, por sorpresa, "49 despidos" en los siguientes dos meses.
 Y atribuía la decisión a "amenazas" y "presiones" de una delegada sindical de UGT, que reclamaba una subida de sueldo para los contratados tras el concurso de acreedores de 2014.
 Esto era algo que, según el consejero delegado, a pesar de ir "bien", Sargadelos no podía asumir.
 "Lo correcto y lo justo sería rebajar el salario de todos los empleados en tanto las empresas no superen el convenio de acreedores.
Según el legislador y los sindicatos es mejor cerrar las compañías", criticaba irónico García ante aquel perplejo auditorio. 
Por eso, concluía el jefe, "he decidido prescindir de los nuevos empleados con efecto inmediato... Doce abandonarán hoy ya sus puestos. No queremos que nadie se sienta explotado”.
Ha pasado medio mes desde que en la factoría más productiva del emblemático sello cerámico gallego, la histórica planta del municipio de Cervo (Lugo), la tierra se partió en dos.
 De momento, en un goteo que al principio fue más rápido y ahora más lento, han caído a la brecha abierta unos 20 trabajadores, que han recibido ya su carta de despido.
Y de nada han valido las visitas al dueño por parte de responsables de la Xunta de Galicia, ni el grito en el cielo puesto por formaciones como el BNG y el PSOE, que advierten de que lo que está en juego, además del trabajo, es el "símbolo" que Sargadelos representa para la cultura gallega.
 Según UGT, en la lista de bajas no solo hay empleados nuevos, de aquellos que cobraban menos y la empresa decía que no podía equipararles el salario, sino que también se ha tenido que marchar a casa algún veterano al que se le ha ofrecido una indemnización mucho mayor.
 Pero la ley no lo permite.

 El abogado del sindicato, Pedro Blanco, asegura que está preparando estos días las demandas para impugnar esos despidos porque está "convencido" de que todos van a ser anulados.

En el epicentro de este terremoto está el enfrentamiento laboral y judicial que desde tiempos del ERE que emprendió la firma en 2010 (ahora declarado nulo por el Supremo) mantienen García, accionista mayoritario, y una trabajadora, Rogelia Mariña, que entró en la factoría en 1974, cuando solo tenía 14 años. 
La maestra decoradora fue presidenta del Comité de Empresa mientras lo hubo y es delegada de UGT en la actualidad. 
Y su sindicato entiende que el dueño de la empresa está tratando a los empleados como "rehenes", a los que "chantajea y coacciona" para lograr borrar de la fábrica a la representante de los trabajadores, contra la que muestra "una inquina personal". Mientras tanto, Segismundo García afirma a este diario que el que se siente presionado es él, pero admite que el anuncio (y ejecución) de los despidos es también un "pulso a los sindicatos y a los jueces de lo social y a la Inspección de Trabajo".
 "Algo que ya deberían haber hecho otros empresarios", apostilla, "ante la altanería, soberbia e impunidad con que actúan".
 
Un trabajador de Sargadelos, en la fábrica lucense.
Un trabajador de Sargadelos, en la fábrica lucense.
El consejero delegado, dueño también de un hotel y perfumerías en Ribadeo (Lugo), reconoce que ahora el negocio cerámico, al que rescató de la quiebra arriesgando su propio patrimonio, "va bien económicamente y en ventas".
 Pero al mismo tiempo se queja de que "solo este año" la empresa ha tenido que "pagar más de un millón de euros por demandas sindicales derivadas" de ese ERE, que en su opinión era "necesario para la pervivencia de la compañía". 
El caso es que a la semana siguiente del anuncio de despidos que dejó perplejos a todos, empezó a circular por la planta de Cervo un escrito rubricado por parte de la plantilla en el que, con frases casi calcadas a las que había esgrimido el propietario el día 17, los firmantes expresaban su rechazo a UGT y su apoyo al consejero delegado.
 "Rogelia Mariña debería dimitir de su cargo de representante sindical y repartir los 30.000 euros que consiguió por daños morales entre esos trabajadores nuevos que ella tanto quiere defender", decía el documento que, según la compañía, respaldaban más de 50 de los casi 100 trabajadores de la planta.
El párrafo se refería a otra batalla judicial, además de la del ERE, que la empleada había ganado al empresario el pasado febrero: el juzgado de lo Social número 3 de Lugo sentenciaba que su despido, tras oponerse a una ampliación de la jornada generalizada y sin remuneración, era nulo. 
La juez obligaba a Sargadelos a readmitirla en su puesto, pagarle los salarios no percibidos desde diciembre de 2016 e indemnizarla con 30.000 euros.
 De momento, según su sindicato, no ha cobrado nada de esto porque el fallo ha sido recurrido en el Superior, tanto por la empresa como por UGT, que reclama una indemnización de 70.000. 
A esto se suma una nueva demanda, esta vez de tutela de derechos fundamentales, que el abogado de UGT acaba de interponer por los hechos de los últimos días y en la que por daños y perjuicios pide 100.000 euros para el sindicato y otros tantos para la representante de los trabajadores, de los que quiere que también se haga cargo el dueño de Sargadelos con su patrimonio personal. 
En la demanda, UGT solicita también al juzgado de lo social que "paralice los despidos" de forma cautelar.
 

Logre que casi todo le importe un pimiento.............. Francesc Miralles




Logre que casi todo le importe un pimiento

 No se trata de ser indiferente a todo. Pero en la vida hay que decidir qué guerras merece la pena librar para despreocuparnos de lo demás.
CUANDO ENTRAMOS en conflicto con alguien o con el mundo en general, consumimos buena parte de nuestra energía con enfados, pensamientos negativos, réplicas y contrarréplicas.
 Ser reactivos, además de agotarnos, nos coloca siempre en desventaja, ya que entonces no decidimos nuestras acciones: vamos a remolque de los acontecimientos, tratando de defendernos y justificarnos, buscando que los demás corrijan su actitud, se disculpen o hagan aquello que nosotros haríamos en su lugar. 
Algo que nunca se producirá, ya que nadie está en el lugar de nadie.

Contra todo este sufrimiento mental innecesario, el bloguero Mark Manson nos formula la siguiente pregunta: 
“¿Y si lográramos que todo nos importara un pimiento?”.
 Este tejano, de 33 años, empezó escribiendo para sí mismo artículos que reflejaban su visión de la vida.
 La conclusión a la que llegaba es que prácticamente nada de lo que nos preocupa merece la atención que le dedicamos.
 Podemos resumir su filosofía en estos cinco puntos:
- Los marrones, decepciones y pequeñas catástrofes estarán siempre presentes en nuestro día a día. Forman parte de la existencia. Acéptelo.
- La felicidad reside en que no te importen demasiado. 
Es decir, cuanto menos te afecten mentalmente los conflictos cotidianos, más libre y satisfecho estarás.
- Ponerse siempre a prueba e intentar demostrar a los demás lo fuerte que somos nos conduce a la infelicidad.


- Dado que vivir consiste en resolver problemas, seleccione al menos los que merezcan la pena.
- El enfrentamiento es necesario. Hay cosas en nuestra vida que necesitan romperse para luego recomponerse y ser mejores.
El blog de este millennial desenfadado y a menudo irreverente empezó a cosechar millones de seguidores.
 Al final Manson acabó publicando el best seller titulado El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda (editorial HarpersCollins). 
La clave del libro es el adverbio “casi”: a menos que una persona esté hundida en una apatía depresiva, es imposible que todo lo que le suceda le resulte igual. 
En sus propias palabras: “Aquí tenemos una verdad escurridiza sobre la vida. 
No existe eso de que todo nos importe una mierda. Algo debe importarte (…) La pregunta entonces es: ¿qué debe importarme? ¿Cómo seleccionamos? ¿Y cómo puede importarnos una mierda lo que, a fin de cuentas, no importa?”.
 A lo largo de una sola jornada interactuamos con mucha gente, se producen roces y malentendidos, pero depende de cada persona separar el grano de la paja, ya que nuestro espacio mental es limitado. 
Si nos dejamos arrastrar por asuntos secundarios, estaremos perdiendo un tiempo y energía preciosos para lo que sí es relevante. Lo que es verdaderamente prioritario solo lo puede saber el propio individuo, pero sí podemos identificar muchos distractores que nos absorben las fuerzas y que no merecen el tiempo que les dedicamos. Por ejemplo:
La opinión de los demás: no podemos influir en la forma en la que nos ven los otros y, en el fondo, tampoco importa una m***** (como diría Manson). Lo que sí tiene valor es la opinión que tengamos de nosotros mismos.
—Las afrentas y calamidades: el daño que hayamos sufrido por parte de terceros no debería ocupar nuestro espacio mental, más allá de la decisión de tomar distancia.
 Hay que dejar ir lo que no aporta novedad ni valor a nuestra vida.
—Los pronósticos: la ansiedad que nos produce pensar sobre el futuro nos amarga la existencia.
 Como dice el poema de Constantino Cavafis Esperando a los bárbaros, mientras se teme la llegada de todos los males, nadie hace lo que tiene que hacer.
 ¿Y si dejamos de inventar excusas y nos ponemos a trabajar en lo que sí depende de nosotros? Terminaremos respondiendo a la segunda pregunta de Manson: ¿Y cómo puede importarnos una mierda lo que, a fin de cuentas, no importa? 
Pues siendo consciente de que hay que saber tirar de la cadena, desactivar las cuestiones accesorias.
El psicoterapeuta estadounidense Richard Carlson nos plantea una pregunta que nos puede ayudar: “¿Tendrá esto trascendencia dentro de un año?”. 
Si la respuesta es negativa, es una tontería dedicarle un minuto más. La clave del bienestar es dejar de sentirse víctima de los acontecimientos para decidir, momento a momento, lo que queremos que sean los elementos relevantes de nuestra vida.


¡Adiós, comecocos!

Logre que casi todo le importe un pimiento
Sharon M. Koenig, autora del libro Los ciclos del alma (Obelisco), afirma que tenemos 60.000 pensamientos al día, y que la mayoría son recurrentes y negativos: recrean situaciones dolorosas del pasado. 
Son verdaderos comecocos.
 Para liberarnos de esta dinámica que nos produce sufrimiento, la práctica del mindfulness es una de las herramientas que han demostrado ser más eficaces. 
Al situarnos como observadores de nuestra propia mente, sin juzgar, retener ni rechazar lo que va pasando por ella, dejamos de identificarnos con nuestros pensamientos.
 Con ello logramos que no nos importen, lo cual libera energía para actuar libremente, en vez de ­analizar y reaccionar dolorosamente.

2 sept 2018

Estampas de nostalgia rusa Los vestigios del pasado salpican la vida cotidiana y el paisaje de las ciudades rusas. La época imperial y la soviética son las grandes generadoras de imágenes de lo que fue y también de lo que pudo ser. Un recorrido del metro de Moscú al Transiberiano, de la costa de Crimea a los Urales, de la celebración del fin de la Segunda Guerra Mundial a la carrera espacial.

Un cartel propagandístico evoca los logros de Rusia en la carrera espacial en los años sesenta, con una fotografía del célebre astronauta Yuri Gagarin, en la ciudad de Perm, en los Urales. 
Un cartel propagandístico evoca los logros de Rusia en la carrera espacial en los años sesenta, con una fotografía del célebre astronauta Yuri Gagarin, en la ciudad de Perm, en los Urales..


Soldados rusos se reúnen, como miles de personas cada 9 de mayo, para celebrar del fin de la Segunda Guerra Mundial.
16 fotos

Estampas de nostalgia rusa

Los vestigios del pasado salpican la vida cotidiana y el paisaje de las ciudades rusas. La época imperial y la soviética son las grandes generadoras de imágenes de lo que fue y también de lo que pudo ser. Un recorrido del metro de Moscú al Transiberiano, de la costa de Crimea a los Urales, de la celebración del fin de la Segunda Guerra Mundial a la carrera espacial.

  • Un cartel propagandístico evoca los logros de Rusia en la carrera espacial en los años sesenta, con una fotografía del célebre astronauta Yuri Gagarin, en la ciudad de Perm, en los Urales.
    1Un cartel propagandístico evoca los logros de Rusia en la carrera espacial en los años sesenta, con una fotografía del célebre astronauta Yuri Gagarin, en la ciudad de Perm, en los Urales.
  • Una pareja se abraza en el metro de Moscú, el mayor de Europa, con nueve millones de pasajeros al día.
    Una pareja se abraza en el metro de Moscú, el mayor de Europa, con nueve millones de pasajeros al día.
  Playa privada de un club en Massandra, en Yalta (Crimea), con una pequeña reproducción de la Torre Eiffel como atracción turística.rn Playa privada de un club en Massandra, en Yalta (Crimea), con una pequeña reproducción de la Torre Eiffel como atracción turística. 


Soldados rusos se reúnen, como miles de personas cada 9 de mayo, para celebrar del fin de la Segunda Guerra Mundial.
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Estampas de nostalgia rusa

Los vestigios del pasado salpican la vida cotidiana y el paisaje de las ciudades rusas. La época imperial y la soviética son las grandes generadoras de imágenes de lo que fue y también de lo que pudo ser. Un recorrido del metro de Moscú al Transiberiano, de la costa de Crimea a los Urales, de la celebración del fin de la Segunda Guerra Mundial a la carrera espacial.

  • Un cartel propagandístico evoca los logros de Rusia en la carrera espacial en los años sesenta, con una fotografía del célebre astronauta Yuri Gagarin, en la ciudad de Perm, en los Urales.
    1Un cartel propagandístico evoca los logros de Rusia en la carrera espacial en los años sesenta, con una fotografía del célebre astronauta Yuri Gagarin, en la ciudad de Perm, en los Urales.
  • Una pareja se abraza en el metro de Moscú, el mayor de Europa, con nueve millones de pasajeros al día.
    2Una pareja se abraza en el metro de Moscú, el mayor de Europa, con nueve millones de pasajeros al día.
  • Playa privada de un club en Massandra, en Yalta (Crimea), con una pequeña reproducción de la Torre Eiffel como atracción turística.rn
    3Playa privada de un club en Massandra, en Yalta (Crimea), con una pequeña reproducción de la Torre Eiffel como atracción turística.
  • Cartel para celebrar la victoria rusa sobre los nazis, que se conmemora cada 9 de mayo, en Moscú.
    Cartel para celebrar la victoria rusa sobre los nazis, que se conmemora cada 9 de mayo, en Moscú.
 
Soldados rusos se reúnen, como miles de personas cada 9 de mayo, para celebrar del fin de la Segunda Guerra Mundial.
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Estampas de nostalgia rusa

Los vestigios del pasado salpican la vida cotidiana y el paisaje de las ciudades rusas. La época imperial y la soviética son las grandes generadoras de imágenes de lo que fue y también de lo que pudo ser. Un recorrido del metro de Moscú al Transiberiano, de la costa de Crimea a los Urales, de la celebración del fin de la Segunda Guerra Mundial a la carrera espacial.

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  • Una pareja se abraza en el metro de Moscú, el mayor de Europa, con nueve millones de pasajeros al día.
    2Una pareja se abraza en el metro de Moscú, el mayor de Europa, con nueve millones de pasajeros al día.
  • Playa privada de un club en Massandra, en Yalta (Crimea), con una pequeña reproducción de la Torre Eiffel como atracción turística.rn
    3Playa privada de un club en Massandra, en Yalta (Crimea), con una pequeña reproducción de la Torre Eiffel como atracción turística.
  • Cartel para celebrar la victoria rusa sobre los nazis, que se conmemora cada 9 de mayo, en Moscú.
    4Cartel para celebrar la victoria rusa sobre los nazis, que se conmemora cada 9 de mayo, en Moscú.
  • La cabina del funicular de los sesenta que une Yalta con la colina Darsan.
    La cabina del funicular de los sesenta que une Yalta con la colina Darsan.
    Soldados rusos se reúnen, como miles de personas cada 9 de mayo, para celebrar del fin de la Segunda Guerra Mundial.
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    • Una pareja se abraza en el metro de Moscú, el mayor de Europa, con nueve millones de pasajeros al día.
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      3Playa privada de un club en Massandra, en Yalta (Crimea), con una pequeña reproducción de la Torre Eiffel como atracción turística.
    • Cartel para celebrar la victoria rusa sobre los nazis, que se conmemora cada 9 de mayo, en Moscú.
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    • La cabina del funicular de los sesenta que une Yalta con la colina Darsan. 
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      • Una casa de campo o dacha abandonada en Rostov Veliky.
        Una casa de campo o dacha abandonada en Rostov Veliky.
         
       
      Soldados rusos se reúnen, como miles de personas cada 9 de mayo, para celebrar del fin de la Segunda Guerra Mundial.
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      • Un cartel propagandístico evoca los logros de Rusia en la carrera espacial en los años sesenta, con una fotografía del célebre astronauta Yuri Gagarin, en la ciudad de Perm, en los Urales.
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      • Una pareja se abraza en el metro de Moscú, el mayor de Europa, con nueve millones de pasajeros al día.
        2Una pareja se abraza en el metro de Moscú, el mayor de Europa, con nueve millones de pasajeros al día.
      • Playa privada de un club en Massandra, en Yalta (Crimea), con una pequeña reproducción de la Torre Eiffel como atracción turística.rn
        3Playa privada de un club en Massandra, en Yalta (Crimea), con una pequeña reproducción de la Torre Eiffel como atracción turística.
      • Cartel para celebrar la victoria rusa sobre los nazis, que se conmemora cada 9 de mayo, en Moscú.
        4Cartel para celebrar la victoria rusa sobre los nazis, que se conmemora cada 9 de mayo, en Moscú.
      • La cabina del funicular de los sesenta que une Yalta con la colina Darsan.
        5La cabina del funicular de los sesenta que une Yalta con la colina Darsan.
      • Soldados rusos se reúnen, como miles de personas cada 9 de mayo, para celebrar del fin de la Segunda Guerra Mundial.
        6Soldados rusos se reúnen, como miles de personas cada 9 de mayo, para celebrar del fin de la Segunda Guerra Mundial.
      • Una casa de campo o dacha abandonada en Rostov Veliky.
        7Una casa de campo o dacha abandonada en Rostov Veliky.
      • Una vista del barrio del Kremlin de Rostov Veliky, una de las ciudades más antiguas de Rusia, al oeste del país. 
        Una vista del barrio del Kremlin de Rostov Veliky, una de las ciudades más antiguas de Rusia, al oeste del país.
     
    Una pareja participa en la celebración de la victoria contra los nazis cerca del teatro Bolshói de Moscú en 2011.
    Fachada de un restaurante en Kazán, al suroeste, en 2011. Fachada de un restaurante en Kazán, al suroeste, en 2011.Una pareja participa en la celebración de la victoria contra los nazis cerca del teatro Bolshói de Moscú en 2011.

Motivos ocultos y caballerosidad maldita...............Javier Marías

Más allá del indiferente sexo de las personas, hay una cosa que se llama educación, que a la mayoría solía impelernos a ceder el paso o el asiento.
Hace ya mes y medio que concluyó el Mundial de fútbol, pero nos dejó, en su despedida, un par de imágenes hacia las que vale la pena volver la vista, o eso creo. Justo antes de los dos partidos finales, la FIFA emitió una prohibición, con amenaza de multa si no me equivoco. 
Desde hace no mucho está a su frente un italiano, Infantino, que sustituyó al corrupto y al parecer bebedor Blatter, el cual se había eternizado en el cargo como todos sus predecesores. 
Así que, si la tradición se mantiene, el mundo del fútbol sufrirá a este Infantino varias décadas.
 Si digo “sufrirá” es por la prohibición a que me he referido: las cámaras de televisión planetarias debían abstenerse de sacar planos de mujeres vistosas o agraciadas en los estadios, “porque” —y el motivo aducido es lo más idiota de todo— 
“tienen como propósito atraer a los espectadores masculinos”, y por lo tanto son machistas o sexistas o las dos cosas.

O sea que, de no ser por estos fugaces vislumbres de chicas, los hombres no se pondrían ante el televisor ni locos. 
Resulta que los varones nunca han estado interesados en admirar las evoluciones sobre el césped de veintidós mozos esmerándose en dominar la pelota y meter goles, sino que se han tirado hora y media ante el aparato —eso si no hay prórroga— a ver si captaban brevísimamente la imagen de una chica guapa: su motivo oculto. Bueno es saberlo, al cabo de tanto tiempo. 
Lo que no ha especificado la lumbrera Infantino es: a) si las cámaras pueden sacar a aficionadas feas o entradas en años (lo cual sería probablemente discriminatorio); b) si se deben permitir planos de niños, no vaya a ser que eso atraiga a los espectadores pedófilos; c) si las muchachas atractivas no estarían tentando también al público lesbiánico; d) si las imágenes de hombres jóvenes (muchos a torso descubierto) no serán un señuelo para las mujeres salaces y los homosexuales varones; y e) si se debe prohibir enfocar a los futbolistas mismos, en el caso de ser apuestos y atléticos, por si acaso. 

Mejor que no se televise nada.
 Lo más sorprendente de esta sandez censora es que ha sido aplaudida por algunos columnistas masculinos, que implícitamente han reconocido ser unos “salidos” enfermizos y haberse pasado la vida viendo partidos para atisbar mujeres.
 Eso, o son de ese género bajo que prolifera hoy tanto, los hombres que les hacen la pelota a las mujeres. 
Lo cierto es que en la Final la imagen fue su ausencia: apenas si hubo, en efecto, planos de las gradas. 
De nadie.
 La otra fue la entrega de la copa y las medallas. Sobre una tarima, las autoridades: Putin, Macron, la Presidenta de Croacia Kolinda Grabar-Kitarović, el talentoso Infantino y otros que no sé quiénes eran.
 Empezó a llover a lo bestia, una de esas cortinas que, si nos pillan en la calle, nos obligan a guarecernos a casi todos. 
Los jugadores están acostumbrados, pero no los paisanos. 
La otra fue la entrega de la copa y las medallas. Sobre una tarima, las autoridades: Putin, Macron, la Presidenta de Croacia Kolinda Grabar-Kitarović, el talentoso Infantino y otros que no sé quiénes eran. Empezó a llover a lo bestia, una de esas cortinas que, si nos pillan en la calle, nos obligan a guarecernos a casi todos.
 Los jugadores están acostumbrados, pero no los paisanos. 
Al cabo de un par de minutos, apareció un esbirro con un paraguas, con el que cubrió… a Putin, que en Moscú era el anfitrión, para mayor grosería.
 Éste no le indicó en ningún momento a aquél que mejor protegiera a alguno de sus invitados, por hospitalidad al menos.
 Durante un par de minutos el único a salvo de la ducha fue el ex-agente de la KGB, famosa por su falta de escrúpulos.
 Por fin aparecieron dos o tres esbirros más con sendos paraguas, que sostuvieron sobre las cabezas de Macron, Infantino y otros. 
Así que durante un rato todos estuvieron a resguardo menos Kolinda G-K, mujer afectuosa: con su camiseta de la selección croata enfundada, abrazaba con calidez —quizá por astucia— a todos los futbolistas, a los suyos y a los rivales franceses.

 Ante lo insólito de la situación —para mí, que soy anticuado—, dudé entre atribuirla a que la vieja caballerosidad ya ha sido erradicada del mundo, y a varios calvos o semicalvos les traía sin cuidado que se empapase la única persona con larga melena rubia (Kolinda G-K estaba hecha una sopa), o a las consignas actuales que tildan de machista cualquier deferencia hacia una mujer. 
Cubrir en primer, segundo o tercer lugar a la Presidenta habría sido de un sexismo intolerable, así que se la abandonó hasta el final deliberadamente (para cuando le llegó su paraguas, daba lástima). Más allá del indiferente sexo de las personas, hay una cosa que se llamaba educación, urbanidad o cortesía, que a la mayoría solía impelernos a ceder el paso a cualquiera (mujer u hombre), a ceder el asiento en el metro o el autobús a quien menos le conviniera permanecer de pie (mujer u hombre), a no empezar a comer hasta que todos los comensales estuvieran servidos (mujeres y hombres), a proteger con paraguas a quien más lo necesitara, por llevar ropa ligera, por tener una edad a la que los resfriados se pagan caros o por lucir larga melena frente a un grupo de calvos se pagan caros o riesgo de que sus cabellos parezcan estopa tras un buen rato de jarreo.
 Si todo esto se ha abolido, no vaya a ser uno acusado de machista, fascista, paternalista, elitista, discriminatorio o civilizado, más vale que lo comuniquen con claridad las autoridades, aunque sean las de la estupidísima FIFA.