Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

1 nov 2015

Los "Finaos"

Halloween
Los Finaos es una fiesta popular que se celebra la víspera del día de todos los santos o día de los difuntos.

 Consiste en la reunión de familiares, amigos y vecinos donde se conversa y se comen los frutos de la época (castañas, nueces, almendras, manzanas del país,...), todo ello acompañado con anís, vino dulce o ron miel.
En algunos pueblos los ranchos de ánimas van por las casas tocando y con el dinero que recaudan encargan misas por los difuntos del pueblo.
La tradición recoge que los más pequeños cogían una talega y pasaban por las casas pidiendo los santos.
 Tocaban en las puertas y preguntaban ¿hay santos? La dueña decía que sí, depositando en la talega almendras, nueces, higos pasados y castañas.
Más información en: http://www.bienmesabe.org/

Una universitaria aparece muerta a golpes en un piso en Canarias

Una compañera encontró el cuerpo, que presentaba golpes en la cabeza y síntomas de haberse defendido.

 

Una mujer ha encontrado a su compañera de piso muerta este miércoles en la vivienda que ambas compartían en Las Palmas de Gran Canaria
. La víctima, una universitaria, recibió varios golpes en la cabeza con un objeto contundente e intentó defenderse, según se desprende de su autopsia.
La directora del Instituto de Medicina Legal de Las Palmas, María José Meilán, ha confirmado que la joven recibió golpes “lo suficientemente graves” como para producirle una muerte rápida. Meilán ha precisado que las señales que había en el cuerpo probablemente fueron infligidas con un objeto contundente con algún borde agudo.
Fuentes de la fiscalía han indicado que aún no se ha producido ninguna detención relacionada con estos hechos.
 La Jefatura Superior de Policía de Canarias ha declinado revelar detalle alguno sobre lo ocurrido, porque el caso está bajo secreto de sumario.

Adiós a todo eso....................................................................... Carlos Boyero .

Cesc Gay cuenta muy bien esta tragedia que a veces se transforma en comedia. Posee sutileza y matices.


Afortunadamente nunca voy a prever como va a ser el desarrollo en las historias que cuenta ese director tan personal como inquietante llamado Cesc Gay, pero sé que cuando está más inspirado o yo más receptivo esos retratos de seres humanos y situaciones tan reconocibles me van a provocar identificación, complejidad, cercanía y en algún momento un notable rubor al constatar que las miserias, mentiras, medias verdades y trampas con las que los personajes intentan engañarse a sí mismos o a lo demás también son las mías.
Hay películas de este hombre que me sorprenden y me envuelven mientras que las veo, pero que siguen dando vueltas en mi cabeza mucho tiempo después.
 En mi caso, estoy hablando de la más que curiosa Krámpack y de las esplendidas En la ciudad y Una pistola en cada mano.
  Lo que ocurre en ellas es cotidiano pero también excepcional, malsano y luminoso, angustioso y realista, revelador de que la persona que se ha inventado ese universo urbanita sabe muchas cosas de la naturaleza humana y que en ésta conviven incertidumbres y seguridades, miedo y esperanza, anverso y reverso, anhelos y derrumbe, lo que expresamos y lo que ocultamos, necesidad de refugio afectivo y soledad, generosidad y egoísmo.
 Ambas terminan con una reunión colectiva entre esa pandilla de amigos de la que antes hemos conocido sus dilemas en pareja o a solas, su desconcierto, su fracaso o su intento de ponerse de acuerdo con la vida.
TRUMAN
Dirección: Cesc Gay.
Intérpretes: Ricardo Darín, Javier Cámara, Dolores Fonzi.
Género: drama. España, 2015.
Duración: 108 minutos.
Si en las anteriores los amigos no se decían adiós, solo como en la canción un “pasa la vida”, en Truman, Cesc Gay hablan de una despedida definitiva, ya no habrá encuentros ni desencuentros, la inminente muerte con formato de cáncer está llamando insistentemente a la puerta y no hay forma de que el depredador ofrezca treguas o se largue.
 Y hay que poner las cosas en orden antes de largarse
. O sea, pasar tres días compartiendo recuerdos, riéndose, contándose lo que jamás se había expresado, disimulando el pavor, con el colega que sabe casi todo de ti y tú de él, alguien que vive en Canadá, lleva una existencia plácida, viene a ofrecer ayuda, complicidad y consuelo al moribundo. Los últimos tiempos de éste deben de haber sido duros
. No tiene un euro. Todo en él huele a intemperie: afectiva, familiar, económica, profesional existencial
. Y el moribundo tiene pasado y vete a saber si se ha merecido tanto infortunio.
 Pero como el capitán Alatriste, es un hombre valiente.
 Aunque esté acojonado se refugia en la causticidad, sabe reírse de sí mismo, no es un llorón, o lo hace a solas.
 Tiene cuentas pendiente con un hijo al que siente perdido (emocionante secuencia la de ese último encuentro en Ámsterdam). Tiene un desgarrador problema con la futura orfandad de su perro.
Y poco más. Solo necesita coraje para acortar el infierno.
Cesc Gay cuenta muy bien esta tragedia que a veces se transforma en comedia
. Posee sutileza y matices, sentimiento, jamás sensiblería ni tentaciones de manipular al espectador. Y dispone de Ricardo Darín, un actor que está mas allá del elogio, haciéndose mutuamente un regalo extraordinario. 
Y un muy meritorio Javier Cámara enfrentándose con temple a un peso pesado, sabiendo escuchar, sin perder el ritmo que le exige el impresionante Darín.

 

Casi una vez.............................................................. Xavi Sancho

Vivimos en una sociedad en la que todos hacen lo mismo para parecer diferentes, y este templo de reafirmación llamado Primark es más consecuencia que causa.

Decenas de personas abarrotan las escaleras mecánicas de la tienda de Primark, en la Gran Vía de Madrid / Samuel Sanchez

La media de veces que las prendas adquiridas en Primark son vestidas es de 0’9.
 Tiene sentido, pues la marca irlandesa es una experiencia, ese concepto vacío con el que se trata hoy de dotar de contenido a lo que no lo tiene.
 Lo divertido es ir de compras, lo gratificante es contar que se ha ido donde había que ir y se ha hecho lo que tocaba hacer.
Vivimos en una sociedad en la que todos hacen lo mismo para parecer diferentes, y este templo de reafirmación llamado Primark es más consecuencia que causa
. Desde que la economía financiera se impuso a la productiva, otorgamos más valor a la acción de comprar y vender que a lo que realmente compramos y vendemos.
 Lo inútil tiene el respeto social que perdió lo práctico.
 Hablar de inútil en el marco de esta columna me parece lo más meta que he hecho en la vida.
Recuerdo que, un día, mientras estábamos en una clase de Semiótica en la facultad, un amigo, airado por la inutilidad que intuía en la asignatura —a mí me gustaba un poco, debo admitir—, se dirigió a un tipo que se nos había sentado al lado. “¿Te das cuenta de que los que fueron al colegio con nosotros cuando acaben sus carreras sabrán extirpar un tumor o construir un puente?”, le dijo
. El chaval se giró y respondió: “No sé. Yo tengo un Premio Ondas”.
 Le llamamos Premio Ondas el resto del curso.
 Con sorna, pero, sobre todo, con rencor.
 En el fondo, no queríamos aprender a construir un puente, queríamos un Premio Ondas como el suyo para poder decir que poseíamos uno, al menos, 0’9 veces al día.