Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

30 oct 2013

De donde viene la tradición de celebrar Halloween?

El halloween es una fiesta anglosajona, que tiene su origen más remoto en las festividades celtas por el inicio de la etapa oscura del año:

Los celtas consideraban su calendario en relación a las estaciones del año, por lo que había una fiesta en cada equinoccio y solsticio; asimismo, existe una festividad más entre cada una de ellas: 1 de febrero, 1 de mayo, 1 de agosto y 31 de octubre, siendo la última de ellas el samhain (pronúncialo "sa'veen"), que corresponde al día en que los espíritus cruzan al mundo de los vivos. Es tradicional en Escocia e Irlanda en este día derramar sal alrededor de las casas, como medida de protección frente a los espíritus, así como encender antorchas y caminar con ellas por las calles de los pueblos.

Esta festividad fue cristianizada, y pasó a denominarse "All Hallows Eve", es decir, víspera del día de todos los santos; posteriormente, las palabras de esta denominación se unieron y formaron la palabra "halloween", que es la forma en que actualmente se conoce.

Calabazas de Halloween


Las calabazas, las  famosas  calabazas de Halloween. se utilizan sobre todo en la decoración de las casas, tanto dentro como fuera durante las fiestas. La talla es una costumbre muy arraigada en los Estados Unidos.
La talla de este fruto gigante es una costumbre que tiene su origen en las leyendas y las tradiciones de los pueblos celtas.
Los pueblos celtas ahuecaban nabos y ponían carbón dentro de ellos.
Depósitaban estos nabos en las tumbas, para iluminar el camino de regreso al mundo de los vivos a sus difuntos más queridos y así les daban la bienvenida. También servía para proteger de los malos espíritus.
Hoy en día es algo muy común y habitual tallar calabazas de Halloween con forma de cara monstruosa y con una vela encendida dentro.
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Jack-o-lantern
El origen de la tradición nace en Irlanda. Hace muchos, muchos años, un tacaño y pendenciero irlandés, llamado Jack, tuvo la mala suerte de encontrarse con mismísimo demonio en una taberna.
Era la Noche de Brujas o Noche de Halloween.
Jack, que era un borracho, engañó al mismísimo diablo, entregando su alma. Jack murió años más tarde, pero no pudo entrar al cielo, por qué durante su vida había sido un pecador, borracho y un estafador. Cuando intentó entrar en el infierno, el diablo tuvo que enviarlo de vuelta, lo había prometido y no podía reclamar su alma.
“¿A dónde iré ahora?”, se preguntaba Jack y el diablo le contestó: “Vuelve por donde viniste” y vaga por el mundo de los vivos de nuevo aunque estés muerto
. El camino de regreso al mundo de los vivos era oscuro y el viento no le dejaba ver nada.
El diablo le dió a Jack un carbón encendido, para que le diera luz y le guiara en la oscuridad del camino de vuelta. Jack lo puso dentro de un nabo que iba comiendo, para que no se apagara con el viento. Jack emprendió el camino de vuelta vagando en las tinieblas eternamente…..
Cuando con el tiempo los irlandeses llegaron a América, conocieron las calabazas y vieron que estas eran mucho más grandes y fáciles de ahuecar que los nabos, así que se cambió la tradición de meter una luz dentro de un nabo, por el de hacerlo dentro de una calabaza.

El poder de una sonrisa

Smile
Imagen: "El Sol" de Yue Minjun
Si colocamos a una cría de mono enfrente de dos humanos que no conoce, uno que le sonríe y otro que no, el animal se irá siempre con el primero.
 Motivo: la sonrisa es el pegamento social.
 Sonreír nos acerca al resto de personas (y al resto de los mamíferos, podemos añadir). Evidentemente, estamos hablando de sonrisas genuinas, no las artificiales que se saben que no son sinceras y que también percibimos.
 Ahora bien, la ciencia está descubriendo que la sonrisa tiene muchas más ventajas de las que podíamos imaginarnos a priori. Ron Gutman, como experto en sonrisas, puede ayudarnos en descubrirlas.
Ron lleva años estudiando de cerca el fenómeno y recopilando estudios sobre sonrisas, que ha recogido recientemente tanto en el artículo The Untapped Power Of Smiling, publicado en la  revista Forbes, así como en la charla que ofreció a través de TED en 2011. Junto a él, la científica LaFrance y Dr. Niedenthal y su equipo están revolucionando la ciencia con sus estudios sobre sonrisas. Veamos algunas de las conclusiones más importantes:


·      Dime cómo es tu sonrisa y te diré cuánto vivirás.
Investigadores de la  Wayne State University examinaron en 2010 fichas con fotografías de jugadores de baloncesto que procedían de las mayores ligas estadounidenses previas a los años cincuenta. Examinaron los datos vitales de cada jugador tratando de ligarlos a la longevidad de cada uno y encontraron que la envergadura de la sonría predecía la longevidad del jugador. 
 Aquellos jugadores que no sonreían en las fotos vivían una media de 72,9 años, mientras que los jugadores que mostraban amplias sonrisas en las fotografías vivían una media de 80 años. 
La conclusión del estudio no significa que sea cierta la ecuación de sonreír = longevidad. 
Cuando una persona es risueña, actúan otras emociones de fondo que ayudan a que aumente nuestra esperanza de vida, como hemos ido comentando en el Laboratorio de la Felicidad.
·      La sonrisa es universal: aquí y en las tribus, sonreímos a menudo.
Paul Ekman, el mayor investigador de la historia de expresiones faciales, publicó en 1980 un libro con diversos estudios sobre expresiones faciales en tribus de Nueva Guinea. Elkman, con su espíritu curioso, se interesó por la tribu Fore, debido a que se encontraba completamente desconectada de la cultura Occidental (y que además era conocida por sus rituales caníbales… de esto último aspecto Ekman no habló) y encontró que los miembros de la tribu sonreían en las mismas situaciones que lo hacemos en Occidente: es decir, que todos sonreímos a menudo para expresar disfrute y satisfacción y no depende de la cultura a la que pertenezcamos. 
Así pues, una vez más, olvidémonos de las excusas.
·      Dependiendo de la cultura, se identifica más la sonrisa con las boca o con los ojos.
Un innovador estudio realizado con emoticonos ha puesto sobre la mesa nuevos hallazgos en la diferencia en la percepción de la sonrisa entre occidentales y orientales. Mientras los europeos y los americanos localizan la expresión en la boca     ;)    o     ;(     los japoneses la localizan en los ojos    ^_^   o   ;_;  
·      Nos cuesta fruncir el ceño a una persona que nos sonríe.
Un estudio sueco realizado en Uppsala University que estudiaba las reacciones automáticas y controladas de las expresiones faciales, presentó a los participantes diferentes caras que mostraban expresiones faciales positivas y negativas mientras se les pedía que trataran de mantenerse neutros (que no sonrieran ni fruncieran el ceño).
 Los resultados mostraron que cuando una persona veía una cara sonriente era más propensa a sonreír que cuando le mostraban una cara con el ceño fruncido. La sonrisa es evolutivamente contagiosa y si no, recordemos cuando éramos niños y jugábamos a mirarnos a la cara y a ver quién aguantaba antes en perder la sonrisa. Es todo un desafío a nuestro propio cerebro.
·      La sonrisa genuina es difícil de fingir.
Las sonrisas genuinas, aquellas que combinan la sonrisa de los labios con la de los ojos, son difíciles de imitar. Ekman y Freisen realizaron un estudio en 1988 en el que dividieron a un grupo de enfermeras en dos grupos a los que se presentó un vídeo desagradable y uno agradable. 
 Se instruyó  ambos grupos para que, tras la visualización del vídeo, afrontaran una entrevista grabada sosteniendo que el vídeo proyectado había sido agradable (es decir, un grupo debía mentir y un grupo debía decir la verdad). El análisis demostró que comparando las grabaciones, el grupo que mentía mostraba menos sonrisas genuinas que el grupo que decía la verdad.
·      Sonreír nos hace sentir mejor.
Parece obvio pero no lo es. La sonrisa en muchas ocasiones es el resultado de un estado de bienestar o placer, pero en otros casos el simple hecho de sonreír nos hace sentir mejor.
 Aunque nuestro sentido común conozca esta teoría, la ciencia le puso un nombre hace ya algunos años cuando Charles Darwin enunció la hipótesis del feedback facial. Bien los avances de la neurociencia han revelado que Darwin, una vez más, tenía razón.
 Esto nos explica por qué es beneficioso hacer sonreír a alguien que no está pasando por un buen momento y aún más interesante, cuando estamos mal nosotros, cambiar nuestra sonrisa y nuestra postura corporal nos ayuda a transformar nuestras emociones.
·      La sonrisa tiene múltiples usos.
Además de la sonrisa genuina, Ekman describió otros 17 tipos de sonrisas, utilizadas cuando las personas se encuentran flirteando, mintiendo, o se sienten atemorizadas. 
Además, el estudio con chimpancés ha revelado que unas veces sonríen por placer, otras cuando juegan con otros y otras cuando tratan de establecer o de fortalecer un vínculo social. 
En otras ocasiones lo hacen para mostrar su poder y superioridad. El Dr. Niedenthal y su equipo están desarrollando un nuevo modelo en el que conciben la sonrisa no como una mera expresión de un sentimiento interno, sino como la parte visible de un mecanismo de unión entre dos mentes.
·      Tanto hombres como mujeres sostienen que las mujeres sonríen más a menudo.
Un punto curioso, según defiende la científica LaFrance, es que las situaciones embarazosas o socialmente tensas llevan a las mujeres a sonreír más que a los hombres, sin embargo, las situaciones felices o tristes no lo hacen. 
La sonrisa tiene un uso muy ligado a las relaciones sociales. Tanto hombres como mujeres tenemos la capacidad de producir sonrisas genuinas, sin embargo los hombres afirman sonreír menos que las mujeres y ambos sexos creen que esto es cierto.
·      La sonrisa de otros nos hace sentir mejor.
Pero hay más, la simple sonrisa de otra persona nos hace sentir mejor a nosotros. Un estudio llevado a cabo con técnicas de neuroimagen ha demostrado que la sonrisa de otra persona activa nuestro propio circuito de recompensa. 
Por ello es tan importante para las personas que pasan por un mal trago estén en compañía de personas y que estas les sonrían de un modo amable y genuino. Si además, son capaces de utilizar el sentido del humor, aún nos podrían ayudar más.

¿La buena noticia del día? Nacemos sonriendo.  
Las técnicas 3D de ultrasonido han demostrado que  desde somos fetos sonreímos mientras nos desarrollamos dentro del vientre materno. Cuando nacemos continuamos sonriendo, especialmente mientras dormimos. Incluso los bebés ciegos sonríen cuando escuchan una voz humana.
 La sonrisa es una de las muestras de expresión biológicas comunes entre todos los humanos.
 Los bebés de 10 meses interpretan las expresiones faciales con excepcional precisión y son capaces de sonreír selectivamente ofreciendo una sonrisa educada a un extraño y reservando la sonrisa genuina para su madre
. La sonrisa comienza siendo más amplia y se reduce con la edad
Así pues, nacemos sonriendo, lo que tenemos que hacer es trabajar para no perderla e incluso, para ayudar a otros a desarrollarla.

Fórmula:
La sonrisa es el pegamento social y además, nos ayuda a ser más longevos y a cambiar las emociones.

Recetas:
  1. ¿Eres una persona risueña? Indaga en lo que dice tu entorno.
  2. En un momento en el que estés mal, acuérdate de sonreír. El mero gesto comienza a activar emociones positivas en tu cerebro.
  3.  Y si quieres ayudar a alguien, ya sabes, una sonrisa genuina es un gran pegamento social.

Las chicas vuelven a casa

Acompañamos a las infantas pintadas por Velázquez y enviadas a la corte austriaca en su viaje de vuelta a Madrid 350 años después.

El conjunto, nunca visto en bloque en España, es uno de los mayores atractivos de la muestra del Prado sobre el retrato cortesano.

 Un hito con más de 20.000 visitas en su primera semana.

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Sofía Moro

Justo es reconocer que, dadas las circunstancias, las chicas lucían un aspecto insuperable.
 Un mal gesto, una arruga, algo… Cualquier renuncio se habría disculpado tras un viaje por carretera de unas sesenta horas entre Viena y Madrid.
 Pero nada. Ahí estaban ellas, sin tacha.
 Desafiantes en medio de la enorme expectación que se vivió un viernes de hace cuatro semanas en las salas del Prado dedicadas a la exposición Velázquez y la familia de Felipe IV
. Una veintena de personas, entre conservadores, operarios, restauradores, fotorreporteros y periodistas, cuyo acceso a estas intimidades suele estar prohibido, aguardaban para contemplar el momento histórico y de paso brindar una apropiada bienvenida a casa a las infantas Margarita y María Teresa, a la reina Mariana de Austria y al pobre Felipe Próspero, que, muerto a la corta edad de tres años, no lo fue tanto.
Las siete pinturas, cinco de Velázquez y dos de Martínez del Mazo, regresaban por primera vez en su conjunto al Prado, la casa del genio sevillano, más o menos 350 años después de ser enviadas a la corte austriaca.
 Embaladas una semana antes en su hogar desde 1923, el Kunsthistorisches Museum de Viena, habían partido el lunes 23 de septiembre de la vieja capital del imperio austrohúngaro, protegidas por sofisticados cajones para el transporte de arte y rodeadas de extraordinarias medidas de seguridad.
Hicieron noche en aparcamientos de dos hoteles de carretera de Milán y Barcelona, que, si bien pudieron parecer establecimientos de insuficiente pedigrí, cumplen mejor que la grandeur de los hoteles del centro con el requisito del anonimato exigido por razones de seguridad.
A su llegada el miércoles a Madrid, las esperaban varias patrullas de la Policía Nacional y un heterogéneo conjunto de trabajadores del Museo del Prado, comprensiblemente crispados por la responsabilidad del momento.
 Fueron recibidas en secreto en el muelle de carga de la pinacoteca, desde donde pasaron a sala (el lenguaje quirúrgico no resulta, como se verá, casual).
 En un espacio de la remodelación de Rafael Moneo estarán expuestas hasta el próximo 9 de enero para disfrute de la hinchada local del genio sevillano, que, con suerte, mostrará una fidelidad parecida a la de la histórica muestra sobre Velázquez en este mismo museo, convertida en 1990 en todo un acontecimiento social.
Los óleos descansaron allí durante 48 horas, protegidos en el interior de las cajas en las que habían viajado; al parecer, las prisas del anfitrión ansioso por agradar al visitante están reñidas con las costumbres dictadas por la ciencia de la restauración preventiva. “Es fundamental que se aclimaten a su nuevo hogar temporal”, explicó la coordinadora de exposiciones, Carmen Morais, antes de ordenar a los presentes que dejaran a las chicas en la clase de paz que solo otorga la petrificación de los siglos pasados al óleo.
S. M.
Javier Portús, jefe del departamento de pintura española, comisario de la exposición sobre los últimos años del genio y hombre de contagiosa erudición, llegó temprano a la cita del viernes, día fijado para el desembalaje y colocación de los lienzos en las paredes pintadas para la ocasión de verde cortesano. “Este es el mejor momento, el más emocionante, del arduo proceso de preparar una exposición”, explicó ante las célebres Meninas de Dorset, copia de una de las cumbres de la pintura occidental atribuida a Martínez del Mazo, yerno de Velázquez, y llegada de Kingston Lacy, en la campiña inglesa, también envuelta en el ropaje de lo irrepetible. El orden del día estaba fijado con meticulosidad.
Las obras se liberaron de su embalaje ante la atenta mirada de dos expertos, uno por cada parte contratante
. Por el Prado asistió uno de los restauradores de la casa, miembro de un departamento de justa fama internacional.
 Los protocolos dictan que uno o varios emisarios del museo prestador viajen con las piezas cedidas; en la jerga, a estas carabinas del arte de incalculable valor se les conoce como correos.
El proceso tiene su miga. Un equipo formado por brigadas de la pinacoteca (los únicos autorizados para el traslado de las piezas) y operarios de la empresa encargada, previo concurso público, del montaje extrajeron con cuidado el tesoro artístico y lo colocaron encima de una mesa formada por dos caballetes y una tabla de algo que tenía el aspecto, que no el peso, del mármol.
Una vez que La infanta Margarita (1653), obra maestra del retrato cortesano, yacía con la misma cara de susto de siempre sobre esa superficie, el sonriente Herbert Reits­chuler, enviado del museo vienés que pasó la primera mitad de la semana acompañando a la pequeña y “matando el tiempo en la cabina blanca de un tráiler”, se puso manos a la obra con María Álvarez Garcillán, del departamento de restauración del Prado. Antes, esta había solicitado ayuda en vista de la voluminosa tarea de abrir siete enormes cajas de reluciente madera.
 “Tenemos un poco de tapón aquí”, explicó por teléfono, “convendría habilitar un segundo equipo”.
A la súplica siguió otro revuelo. El nuevo tándem lo formaron entonces Georg Prast, austriaco con un pedregoso dominio del español, y Elisa Mora, a la que quizá recuerden por el trabajo de restauración que llevó a cabo con El vino de la fiesta de San Martín, joya inédita de Bruegel el Viejo alumbrada en 2010 por la pinacoteca. Los dos equipos desplegaron en paralelo la misma rutina.
 Armados con linternas de led y asistidos por potentes tenderetes de luz, repasaron las faltas de los cuadros. ¿Había llegado el perrillo cuya vivacidad atrapó Velázquez mediante unas pocas e indolentes pinceladas tal y como aseguran los informes enviados desde Austria?
Los cuadros se mantienen en la sala del Prado a una temperatura de entre 18 y 20 grados.
 La humedad, controlada, oscila entre el 50% y el 55%
El asunto no da para muchas bromas
. Primero, porque el animalillo resulta ser uno de los pocos miembros de la corte de Felipe IV por el que el genio sevillano, tan hermético y misterioso, tan poco dado a registrar sus pensamientos en escritos o cartas, expresó su afecto, recogido por Antonio Palomino, autor de la primera biografía del pintor publicada en 1724
. Y segundo, y sobre todo, porque, si los cuadros han sufrido daños en el viaje, conviene que quede claro que son responsabilidad del museo propietario y no del que los recibe.
“Aunque rara vez encontramos alguna incidencia”, confesó en tono tranquilizador Elisa Mora.
El examen, que se repite con exacta minuciosidad antes de la devolución, recuerda a las circunstancias, ciertamente más pedestres, que rodean el alquiler de un coche.
 Los expertos sobrevuelan el cuadro con eficacia, intercambian frases en voz baja que resultarían incomprensibles al profano incluso aunque fuesen audibles y hacen sus anotaciones en un documento. En él se recogen detalles como el tamaño exacto de la obra o el tiempo del préstamo
. También incorpora un diagrama en el que las faltas del marco y el lienzo (repintes, craquelados, pequeños desconchones de pintura) son consignadas con rigurosidad.
Si en ese momento de máxima ex­­pectación el intruso tiene el mal gusto de preguntar si tanta comprobación se debe a las exigencias impuestas por las aseguradoras (en este caso, el Estado), que avalan estos intercambios con enormes cantidades de dinero, el conservador Portús, cuyo trabajo se debate entre la frialdad de la ciencia y la calidez de la belleza, contestará:
“Lo que importa es la integridad de las obras; nuestra responsabilidad es que sigan inspirando al hombre en los siglos venideros”.
El experto se había maravillado poco antes de la concesión del Kunsthistorisches, cuyo departamento de pintura dirige Sylvia Ferino.
El museo accedió a retirar el cristal de cuatro de las siete obras prestadas. Porque en esto, como en el resto de las órdenes de la pintura antigua, también hay escuelas.
El Prado pertenece a la categoría de pinacotecas que se inclinan, siempre que sea posible, por no poner barreras, por muy transparentes que sean, entre el visitante y los secretos de las obras.
Y en este caso, lo cierto es que se agradece: pocos placeres pictóricos merecen más la pena que asomarse literalmente al abismo de la pincelada del artista, tan levemente genial, sin reflejos de por medio. Solo así, opina Portús, se puede apreciar su arte con el debido esplendor.
 En la última década de su carrera, a la que corresponden estos cuadros, el artista alcanza la plenitud de sus facultades. Se suceden con asombrosa cadencia las obras maestras y la necesidad (reconozcámoslo, Velázquez no era ningún mártir del trabajo) se hace virtud: el pintor dota de una nueva dimensión al concepto de lo inacabado, como se puede comprobar en el sensacional retrato de la infanta María Teresa, prestado para la ocasión por el Metropolitan de Nueva York.
 El pelo de la muchacha, tan fosco como dictaba la genética de los Austrias, luce una asombrosa sucesión de adornos de mariposas que van trepando hasta su origen de crisálida, una simple mancha con aire de premonición impresionista en la paleta del autor.
Varios operarios ultiman la colocación de 'La infanta Margarita en traje rosa'. / S. M.
La directora Feryno llegó una semana y media después de las obras, para representar al museo vienés en la inauguración madrileña y subrayar con su presencia lo proclamado días antes en conversación telefónica: “Esta es una ocasión muy especial.
 Nunca prestamos el lote al completo; de hecho, hemos optado por cerrar el espacio que habitualmente ocupa, porque sería inútil tratar de tapar un hueco como ese”. Como contraprestación, el museo austriaco contará con la ayuda del Prado para montar una muestra velazqueña el próximo año que también recalará en el Louvre. “Viena y Madrid han vuelto a colaborar ahora a través de la diplomacia cultural”, añade el director del Prado, Miguel Zugaza.
No es ni mucho menos la primera vez que las muchachas son usadas como moneda de cambio.
 “En los siglos XVI y XVII, las relaciones entre la línea austriaca y la española de la casa de Habsburgo estuvieron condicionadas por un complejo entramado de lazos conyugales que servían para afianzar los intereses políticos y confesionales que ambas ramas compartían”, escribe en el catálogo de la exposición la investigadora Andrea Sommer-Mathis.
 La tendencia, sostenida desde los tiempos de Carlos V, “el último soberano que gobernó la totalidad del imperio”, se acentuó en el reinado de Felipe IV, que a finales de la década de los cuarenta del siglo XVII se encontraba recién enviudado de María, su primera mujer, y al frente de una corona en sus horas más difíciles: en bancarrota, en guerra contra Portugal y Francia, y en desesperada búsqueda de un heredero, que, tras la muerte por viruela de Baltasar Carlos, no llegaría hasta 1661, con el nacimiento de Carlos II.
El relato de la exposición arranca en realidad con las segundas nupcias del Rey Planeta, que accedió, tras la muerte de su único hijo varón, a casarse en 1649 con la prometida de este, Mariana de Austria. Un acontecimiento de tal importancia requería de la inestimable colaboración de Velázquez, que para eso era del pintor de la corte.
 Al pobre, la historia lo sorprendió en Roma, en la segunda de sus anheladas estancias italianas y en pleno triunfo como artista oficial del círculo del papa Inocencio X (actividad que recibe la atención debida la primera parte de la muestra).
No le quedó otra al pintor que volver en contra de su voluntad
. En Madrid le esperaba una enorme demanda de retratos cortesanos, que debían enviarse a, pongamos por caso, el emperador austriaco Fernando III, padre de la nueva reina.
“Velázquez tenía el monopolio sobre esa labor”, recuerda Portús. “Eso, unido a que era un pintor que no pintaba mucho y que además tenía que atender su puesto como aposentador, dio como resultado una gran producción de su taller”.
De la infanta María Teresa, por aquel entonces el objeto más deseado de la política matrimonial europea, se pintaron multitud de cuadros con fines promocionales.
 No en vano era pretendida por Fernando IV de Austria, por el archiduque Leopoldo Guillermo y por el que acabaría siendo su marido, Luis XIV, rey francés en guerra con España.
Como parte del cortejo, todos solicitaban, a falta de Facebook, retratos de la casadera capaces de “ilustrar debidamente sus cualidades físicas”, como escribe en el catálogo Andrea Sommer-Mathis.
Los tejemanejes dinásticos tampoco fueron ajenos a la pequeña infanta Margarita, fruto del segundo matrimonio de Felipe IV. Con tanto trasiego pictórico, no cuesta imaginar la natural inclinación por el arte de posar de las protagonista de Las meninas, ese gran sol en torno al que en el fondo gira toda la exposición. Una de las joyas más destacadas del lote vienés es el último de los “tres cuadros que el rey español mandó a Viena como promoción” de la niña, en este caso vestida de azul y que se prometió con el emperador Leopoldo I a la edad de ¡nueve años! Dadas las circunstancias, el novio tuvo que resignarse a consolar la espera contemplando este magistral retrato, pintado por Velázquez en 1659.
S. M.
¿Y Felipe IV? Bueno, al soberano dejó de hacerle tanta gracia verse representado a medida que fue cumpliendo años.
 Con el pintor sevillano le unió una relación de casi cuatro décadas, que algunos estudiosos, como Jonathan Brown o Bartolomé Benassar, autor de una biografía recién publicada en Cátedra, se inclinan a considerar cercana a la amistad.
 El artista realizó 15 retratos del monarca (“creó para España y el resto del mundo la imagen del soberano”, escribe Benassar), el último de los cuales, de 1654, forma parte de la exposición.
Le fue arrancado contra su voluntad, quizá mera coquetería expresada en 1653 en la respuesta a una misiva de la condesa de Paredes de Nava: “No fue mi retrato [que le habían solicitado] porque ha nueve años que no se ha hecho ninguno, y no me inclino a pasar por la flema de Velázquez, así por ella como por no verme envejeciendo”.
Seis años después de terminado el real lienzo, el pintor murió, en 1660.
 Ocho días más tarde le seguiría su esposa, Juana Pacheco
. Acaso no por casualidad, el último cuadro en emerger de los cajones fue aquel viernes de octubre en las salas del Prado La familia del pintor, de Juan Bautista Martínez del Mazo, casado con la primogénita de Velázquez y uno de los discípulos cuya labor es objeto de la exposición, junto a la de Juan Carreño de Miranda
. Ambos perpetuaron y condujeron en otras direcciones el retrato español a la muerte del maestro
. Por más que su composición y acabado maravillen a uno de los correos vieneses, las comparaciones resultan bastante odiosas para la pintura de Mazo enviada desde Austria, que puede contemplarse en un juego metapictórico como “el reverso de las Meninas”, según Portús.
Cuando los operarios hubieron terminado de colgar el lienzo familiar, la sala del Prado fue quedando vacía de gente y en perfecto estado de revista ambiental:
“De 18 a 20 grados de temperatura y con una humedad controlada entre el 50% y el 55%”, según explicó, como quien recita un credo de conservador, la coordinadora de la exposición, Carmen Morais, que ve en este preciso instante el final de un túnel de trabajo de un par de años que se fueron en tareas de gestión, solicitudes de permisos y resoluciones de sudokus logísticos.
Al fondo, al lado de la puerta por la que accederán los visitantes, 20.796 en la primera semana según cálculos del museo, quedan arrumbados en abstracta armonía escultórica los cajones de pino en los que viajaron los cuadros
. Con lo cara que está la madera, ¿no irán a tirarlas a la basura?, pregunto
. Y no, tampoco esta parte de la historia obedece a los criterios de productividad que rigen ahí fuera, en el mundo real. Del Prado, las piezas de embalaje viajarán a un almacén a las afueras de Madrid, donde permanecerán hasta principios de enero en las mismas condiciones atmosféricas de la sala.
Ya saben, “de 18 a 20 grados de temperatura y con una humedad controlada entre el 50% y el 55%”.
Todo sea por el bienestar de las chicas.

 

Las gordas se rebelan contra Lagerfeld

Una asociación francesa llamada Guapa, Gorda, Sexy y Lo Acepto denuncia al modisto francés por sus frases discriminatorias

"Nadie quiere ver gordas en las pasarelas" es la frase de la polémica.

Karl Lagerfeld, tras su desfile a principios de octubre. / CORDON PRESS

Que al diseñador Karl Lagerfeld solo le gustan las curvas que muestran los cuerpos de las modelos es de sobras conocido.
 En 2010 se arrepentía públicamente de haber diseñado una colección para la firma H&M cuando la marca decidió elevar las tallas más allá para ampliar su colección a todo tipo de compradoras.
 En 2011 decía que la cantante Adele estaba “un poco demasiado gorda”, declaraciones por las que luego pidió perdón.
 “No me gusta su cara. Debería aparecer siempre de espalda”, son las palabras que le dedicaba a Pippa Middleton en 2012. Tres años en racha.
Declaraciones que nunca le causaron más problemas que la pérdida de popularidad o una reprimenda pública
. Hasta hoy, cuando una asociación francesa llamada Guapa, Gorda, Sexy y Lo Acepto, dedicada a luchar contra la discriminación de las mujeres obesas, ha decidido denunciar al modisto alemán de Chanel por "declaraciones difamatorias y discriminatorias contra la comunidad de mujeres gordas".
“Nadie quiere ver gordas en las pasarelas”, es ahora la frase de la polémica
. Una cita de Lagerfeld que recoge un nuevo libro titulado The world according to Karl (El mundo según Karl), en el que se juntan algunas de sus más famosas (y polémicas) declaraciones
. Poco dado a retractarse, el excéntrico modisto repitió su opinión sobre las mujeres con tallas grandes a principios de mes en un programa de televisión.
 Y además acusó a las personas obesas de ahogar económicamente a la seguridad social “por la cantidad de enfermedades que contraen”.
Una de las presentadoras del programa Le Grand 8 le recriminó entonces al modisto que en el libro fuera tan duro con las personas obesas y le recordaba que no se elige ser gordo o delgado. “Es verdad, no se elige. Pero un poco de disciplina alimentaria aliviaría a la seguridad social”, contestaba entre bromas el diseñador que jamás se separa de sus gafas de sol y sus prendas de cuero negras.
 Alguien que hace poco más de una década perdió más de 40 kilos en un solo año con la dieta del Dr. Houdret.
Betty Aubrière.
A la recriminación por parte de la presentadora se ha sumado ahora el colectivo francés Guapa, gorda, sexy y lo acepto, creado en enero del año pasado.
 Su presidenta, Betty Aubrière, y el Comité Miss Ronde France han cursado una denuncia contra el modisto de Channel por “declaraciones difamatorias y discriminatorias contra la comunidad de mujeres gordas”, unas palabras que también calificó de “malvadas y falsas”
. “Se trata de un tipo de declaraciones que se juzgarían inaceptables si se lanzasen contra los homosexuales, por ejemplo”, declaró este martes Aubrière al diario Le Sudouest.
“Hoy es él quien nos insulta, ¿y mañana quién será?, se pregunta Aubrière mientras llama ahora a la aprobación de una ley para luchar contra la discriminación de las personas con sobrepeso.
¿Por qué han puesto la denuncia después de pasar los días? Antes de llegar a los tribunales, el colectivo envió a Lagerfeld una queja con 500 firmas para que se retractara de sus opiniones.
 Obviamente no ha sido así
. En esta ocasión el káiser de la moda parece no tener intención de pedir perdón, ni de mandar ningñun bolso de Chanel a modo de disculpas como el que le regaló a Adele.