Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

3 jun 2012

Zapatero se autocritica en un libro


José Luis Rodríguez Zaptero y su esposa, Sonsoles Espinosa, en París el pasado mes de marzo. / CORDON PRESS
En los cinco meses transcurridos desde que José Luis Rodríguez Zapatero abandonó La Moncloa ya se han publicado dos libros sobre su mandato
. No son libros cómodos, como tampoco lo es el que está preparando el propio Zapatero sobre sus vivencias como presidente durante la crisis. No será un libro de memorias. “Será autocrítico, pero no crítico hacia otros”, aseguran en su entorno.
Relatar cómo fueron los dos últimos años de su mandato, con su obsesión por evitar la intervención europea, es una de sus principales dedicaciones desde que perdió el poder.
Lo hace dentro de una vida muy ordenada que nada tiene que ver con sus últimos 12 años de actividad compulsiva, desde que fue elegido secretario general del PSOE.
Zapatero acude una vez a la semana al Consejo de Estado, del que fue nombrado consejero vitalicio el 9 de febrero
. Está a disposición de su presidente, José Manuel Romay, designado hace un mes.
 En el discurso de su nombramiento se ofreció a Mariano Rajoy para contribuir a que el Consejo de Estado “juegue un papel importante en el proceso cuasi constituyente que experimente Europa con la reforma de los tratados”.
Habitualmente va a su despacho a la sede socialista de la calle de Gobelas, donde preside la Fundación Progreso Global, de la que forman parte figuras tan notables como Bill Clinton y Felipe González.
 Allí coincide con el vicepresidente de la Fundación Ideas, Jesús Caldera, su brazo derecho en la oposición a Aznar y exministro de Trabajo y Política Social.
De disponer de decenas de colaboradores y de una agenda compulsiva, su entorno inmediato se limita a su jefe de gabinete, su primo José Miguel Vidal Zapatero, y su secretaria, Gertrudis Alcázar. Ingresa 72.800 euros por ser consejero de Estado y 74.000 euros por expresidente.
 Carece de jefe de prensa: un símbolo de su alejamiento de la vida pública.
Zapatero es ahora un espectador. Incluso un lector aventajado de libros que hacen balance de su gestión. Uno es ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país, firmado por dos de sus colaboradores en La Moncloa, Andrés Ortega y Ángel Pascual-Ramsey, centrado en la gestión de la recesión económica.
 El otro, Años de cambios, años de crisis, subtitulado Ocho años de gobiernos socialistas, de Ignacio Sánchez-Cuenca, profesor de sociología de la Universidad Complutense, es el primero que aborda su mandato completo.
Escritos por personas próximas al expresidente, los libros no son hagiográficos.
Zapatero tuvo conocimiento de su publicación con antelación.
 E incluso pensó en atender la oferta de presentar el texto de Sánchez-Cuenca, el pasado 10 de mayo. Finalmente, desistió y le sustituyó la exministra Carme Chacón, a petición del autor.
Zapatero optó por no romper su silencio sobre la política nacional, a lo que se hubiera visto abocado de haber aceptado la invitación, pues el texto es especialmente crítico con su gestión de la crisis desde que el 10 de mayo de 2010 se vio obligado a dar un giro ante el riesgo de intervención europea. Y también critica el modo en que el PSOE gestionó su relevo.
 Una cuestión que Zapatero siempre elude con el argumento de que estará eternamente agradecido al PSOE.
Ya antes de estallar la crisis económica decidió seguir el modelo anglosajón de expresidente: no repetir la experiencia de sus predecesores, Felipe González y José María Aznar, que irrumpen con frecuencia en los debates nacionales entre Gobierno y oposición y de sus propios partidos.
En su despedida como secretario general del PSOE en el congreso del 3 de febrero apuntó algunas líneas autocríticas: reconocer con retraso la gravedad de la crisis y no haber pinchado a tiempo la burbuja inmobiliaria.
 El texto profundiza en ellas y cuenta los condicionantes, europeos sobre todo, a que se vio sometida su política económica. Y sobre los que advirtió al PP en su despedida: “Hay condicionantes externos que hipotecarán su acción de Gobierno”.
Su mensaje es que la solución de España está en el avance en la construcción europea.
Desde el 21 de marzo ha estrenado su actividad como conferenciante.
 La inició en un foro en Maracaibo (Venezuela), organizado por las cámaras de comercio venezolanas.
 A sus oyentes les exhortó a no subestimar la capacidad de la UE frente a la crisis de la deuda y la capacidad comunitaria para superar “momentos difíciles”.
Una línea similar de defensa de las capacidades de España y Europa mantuvo en el fórum en el que participó en Doha (Qatar) el 3 de mayo.
 Durante esta visita concedió su primera entrevista como expresidente a la cadena Al Yazira.
 Tras señalar que aún quedan dos años “muy duros”, vaticinó que “España y Europa son más fuertes que la crisis y la van a superar” y diagnosticó: “Tenemos encima una cortina negra que nos impide reconocer nuestra fortaleza”.
En junio prevé acudir a Asilah (Marruecos) a un fórum sobre los cambios en el mundo árabe, y a Brasil, a la Cumbre de Río de Janeiro, sobre sostenibilidad.
Sigue la crisis “con preocupación” y habla con frecuencia con el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.
 Zapatero defiende la “oposición útil” y le anima a pactar con el Gobierno la respuesta a la crisis, como adelantó en su discurso de despedida.
Con Rajoy no habla.
La última vez fue hace un mes, cuando coincidieron en la toma de posesión del presidente del Consejo de Estado. Se desearon suerte.
Ha limitado sus relaciones políticas prácticamente a su círculo amistoso: José Antonio Alonso, Carme Chacón y Trinidad Jiménez.
Con esta última, acompañados de sus parejas, pasó parte de las últimas Navidades en Tánger. También le acompañó a Doha. La redacción de su libro le fuerza a hablar con empresarios, exministros y exasesores de La Moncloa.
Su actividad, muy limitada en comparación con sus últimos 12 años, le ha permitido recuperar su vida privada
. Zapatero se siente feliz de levantarse a las 7.30 para prepararle las tostadas a su hija menor, de 16 años; de dedicar los fines de semana a su familia, con la que reside en Somosaguas, en una casa de alquiler. Su vivienda está en León.
 Acompaña frecuentemente a su esposa, Sonsoles Espinosa, al mercado. El 18 de marzo le acompañó a un viaje a París, donde ella actuó con su coro. Pretende multiplicar los viajes con su familia. Y trata de buscar un espacio para sus aficiones personales: la lectura, los maratones y la pesca.
Recientemente, cuando sacaba dinero de un cajero automático, un grupo de personas le reconoció. Eran empresarios de la construcción.
Hablaron del estallido de la burbuja inmobiliaria.
 Ellos le replicaron que el mercado inmobiliario tiene mucho futuro en España.
 Y Zapatero se quedó perplejo.

2 jun 2012

'¿Y si vivimos todos juntos?' : Rebeldes de la tercera edad

Dumas (hijo) opinaba que la "vejez no podría soportarse sin un ideal o un vicio"
. Ambos elementos conviven en esta comedia, aparentemente previsible, pero con sorprendentes giros en su historia.
 Soledad, vejez y enfermedad son temas que el cine suele transformar en comedias disparatadas o dramones de envoltorio tampoco nada original.

Aproximarse al mundo de la tercera edad (o la cuarta: las fronteras son difusas) exige tacto, ironía, amor sin falsa ternura y sentido crítico
. Así ocurre en este segundo largometraje escrito y dirigido por el cineasta francés Stéphane Robelin, que invirtió cuatro años en culminar un sueño: reunir el reparto adecuado y contar con la presencia de Jane Fonda. Ganadora de dos Oscar por Klute y El regreso, la última actuación de la actriz norteamericana en el cine francés se remontaba a 1972, cuando se puso a las órdenes de Godard para rodar Todo va bien al lado de Yves Montand.

Habitada por cinco consumados comediantes, ¿Y si vivimos todos juntos? es una película coral en la que nadie tiene un protagonismo absoluto. Fonda, Géraldine Chaplin, Guy Bedos, Claude Rich y Pierre Richard son cinco ancianos de espíritu juvenil que comparten amistad, secretos, rebeldía, complicidades y hasta amores ocultos desde hace más de cuarenta años.
 Sufren angustias como la enfermedad, la proximidad de la muerte o el dolor de la ausencia, pero no renuncian a disfrutar, a pesar de sus carencias, de este último tramo vital.

La amenaza latente de verse recluidos en una residencia de ancianos, será el revulsivo que les lleva a formar una comunidad, trasladándose a la casa de campo de uno de ellos.
El quinteto (dos parejas y un viejo seductor) se transforma en sexteto cuando se les impone un cuidador para que controle a uno de ellos, con principios de alzheimer.
 El encargado es un estudiante alemán que pronto deviene cómplice de estos viejos insumisos.
 Sin buscar la trascendencia, esta comedia de resortes dramáticos logra evadirse de la banalidad que parecía presidir este tipo de historias.

Pobre Tita rica


JORGE ZAPATA (EFE)
Me ha pillado mi nuevo líder poniéndolo fino por el móvil en el baño.
 En el lavabo no, no soy tan suicida, sentada en el retrete propiamente dicho, que hay que explicarlo todo y ya me han dado un toque para no ser tan gráfica
. Estaba yo despachándome a gusto, y veo por debajo de la puerta las Vans que se ha agenciado para dárselas de moderno.
 Ahora él sabe que yo sé que él sabe, pero los dos hacemos que no sabemos nada por la cuenta que nos tiene. El derecho a la intimidad, la información es poder y todo eso. Eso le pasa por confraternizar con los esbirros en su terreno.
 Un jefe es un jefe, por mucho que vaya de colega. Mucha sinergia, mucho compadreo y mucha vía de doble sentido, que le decía Sigourney Weaver a Melanie en Armas de mujer cuando la Griffith era la Griffith y no la señora de Banderas. Pero si se les mete entre ceja y ceja que les puenteas, te quieren cortar la cabeza, como Rubalcaba a Maru Menéndez.
Por eso Tita Thyssen no paga a voceros. 
Tiene toneladas de pedruscos de los buenos, pero no se le caen los anillos por dar explicaciones. 
Tenías que verla en Iroco, un restaurante finísimo, confesándole a la prensa así, en confianza: fíjaos qué apuro, chicos, pero me veo obligada a subastar un constable por 26 kilos de salida porque tengo muchos gastos y estoy sin efectivo.
 Pobre Tita, yo la entiendo: una cosa es tener 300 cuadros, un yate de 38 metros, equis mansiones por el globo y 80 personas en nómina, y otra, no tener líquido ni para comprarles un Calippo a sus mellizas Carmen y Sabina con este calorazo. Borja y Blanca son otro asunto.
 El cariño ni se compra ni se vende, pero desde que su primogénito biológico le exigió la herencia en vida, la baronesa viuda le ha cortado el grifo.
Por cierto que, pese a ser patrimonio nacional de primer orden, Carmen presume de pasaporte suizo. Tributar no sé dónde tributa, pero Tita mira el euro más que Guindos. 
Que se peina sola, dice, no hace falta que lo jure.
 Da igual que vaya a la lonja de Sant Feliú a por unas chirlas o venga de posar para Testino, ella se planta un quiqui con una pinza de los chinos que le descu­­brió su íntima Carmen Calvo y va tan casual y tan mona.
 Con lo que ahorra en pelu podría pagar el amarre del Mata-Mua. Te lo digo yo, que sé lo que vale un peinazo de un peluquero estrella. No acaba de palmar Vidal Sassoon y ya hay varios postulantes al trono. El primero, el mío.
 Otros millonarios que hacen sus apaños de crisis: bautizan al nene y se casan y ventilan dos sacramentos con un convite.
Luego lapidan a Letizia por repetir pantalón dos días. Ejemplo es lo que da la Princesa.
Si no te manchas ni sudas, le das un fufú de colonia, un planchazo y arreando, que es gerundio. ¿O tú no tienes el armario lleno y vas siempre con lo mismo? Y me callo ya, que me comunican que me cambian de pupitre. Esto va a ser la venganza de mi primo.
 De pensar en la mudanza, con mi síndrome de Diógenes, hiperventilo. Voy a echarme en el sofá del Huffpost español, que se acaban de instalar aquí al lado.
Creo que hay un diván en todas las sedes del Huffington para que los curritos se relajen y fluyan las ideas. A buenas horas viene Arianna Idem a enseñarle a su homóloga Montserrat Domínguez que una siesta resucita a un muerto.