Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

31 oct 2019

El romance secreto entre John F. Kennedy y Audrey Hepburn

Un libro desvela la relación que mantuvieron el presidente estadounidense y la actriz, y también cómo él trató de conquistar, sin éxito, a Sofía Loren.

El presidente estadounidense John F. Kennedy y la actriz Audrey Hepburn.
El presidente estadounidense John F. Kennedy y la actriz Audrey Hepburn. CORDON PRESS

 

Un romance que, por su clandestinidad, era todavía más intenso. Así fue la relación entre la superestrella del cine Audrey Hepburn y el presidente más recordado de Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy
Eso afirma ahora el libro Jack and Jackie: Portrait of an American Marriage (Jack y Jackie: retrato de un matrimonio americano), escrito por Christopher Andersen.
 Una obra de 1996 que ha sido reeditada y en la que el autor da ahora detalles de un romance del que apenas se había oído hablar. Andersen ha escrito biografías de Madonna, Mick Jagger, la princesa Diana o Michael Jackson, y ahora actualiza este volumen, que fue un superventas en su momento, para lanzar una edición en libro electrónico.
Para su libro, Andersen realizó entrevistas con fuentes cercanas a los Kennedy. 
De ahí obtiene que la protagonista de Desayuno con diamantes le resultaba al presidente "simplemente exquisita". 
Al parecer, al presidente le sedujo "el lado sexy, muy sexy, muy travieso" de la estrella de cine.
 Al mandatario le gustaba mantener sus encuentros, que se repitieron en varias ocasiones, lejos de la prensa, pero especialmente que Hepburn le mostrara una faceta más allá de la siempre correcta, formal y elegante que dejaba ver en sus películas y apariciones públicas.
 Así lo recoge el diario británico Daily Mail, que da un avance en exclusiva de las nuevas revelaciones que destapa la obra.
"Me acuerdo de Audrey Hepburn y recuerdo cómo toda la oficina se quedó impresionada cuando ella entró.
 Era grácil como un cisne y llevaba un paraguas rojo, muy largo y fino", recuerda Mary Gallagher, entonces secretaria de la oficina de Kennedy.
 Entonces, en esa primera etapa en la que se vio con la actriz, él era un joven senador y ella acababa de ganar un Oscar por Vacaciones en Roma y estaba rodando Sabrina.

Según el libro, Hepburn era "extremadamente inteligente, culta y muy divertida".
 "Audrey tenía esa risa contagiosa que se podía ver en pantalla, pero también ese lado sexy oculto que el público nunca vio", explica el autor.

Sofia Loren, en París en 1959. Frente a ella, Carlo Ponti; a su lado, Maurice Chevalier.
Sofia Loren, en París en 1959. Frente a ella, Carlo Ponti; a su lado, Maurice Chevalier. CORDON PRESS
Otra de las revelaciones del libro es cómo el mandatario trató, hasta en dos ocasiones y sin conseguirlo, de tener un romance con la actriz italiana Sofía Loren. Ocurrió a finales de los años cincuenta.
 Entonces ella tenía 24 años y estaba en la cresta de la ola; de hecho, había rechazado una proposición de matrimonio de su entonces compañero de reparto, Cary Grant, para casarse con el productor Carlo Ponti. 
A través de un amigo senador, Kennedy intentó que ella acudiera a una cena a su residencia de Georgetown, pero ella rechazó el gesto. Entonces él mismo trató de invitarla personalmente, pero ella tampoco quiso. 
"Él no aceptaba un no por respuesta y siguió intentándolo", confesaría años después ese senador, George Smathers.
 No solo Hepburn se convirtió en una de las amantes de Kennedy. Además de ella, otras actrices como Anita Ekberg o Marlene Dietrich —además de, cómo no, Marilyn Monroe— fueron sus amantes. 
La intérprete británica Jean Simmons (protagonista de Horizontes de grandeza o Espartaco), fallecida en 2010, contó cómo habían sido sus encuentros con JFK, y cómo él "prácticamente echó abajo" la puerta de la habitación del hotel en el que ella se alojaba para mantener relaciones sexuales. 
También Angie Dickinson (Río Bravo, La mujer policía) ha hablado sobre el presidente, al que calificaba de "arrolladoramente guapo, encantador, matador", y las relaciones íntimas que mantuvieron:
 "Fueron los siete minutos más excitantes de mi vida". 
Lee Remick, nominada al Oscar por Días de vino y rosas, lo describió como "el epítome de la clase y la inteligencia".
Según explica el libro, una de las cuestiones que le generaba mayores desasosiegos a Jacqueline Kennedy como primera dama —además de intentar criar a sus hijos lejos del Servicio Secreto, sin caprichos y con la mayor de las normalidades— era que todos esos escándalos salieran a la luz, y especialmente el de Monroe, porque se trataba de uno de los más famosos. 
Su temor era que una cosa podía llevar a la otra y entonces también saldría a luz la relación con otra mujer llamada Judith Campell Exner, a la que entonces se relacionaba con uno de los jefes de la mafia, Sam Giancana.
 No parece que al presidente le inquietara.
 Su mayor preocupación entonces era un posible impeachment tras la crisis de los misiles de Cuba.

30 oct 2019

Una princesa hawaiana, su esposa, un administrador infiel y 200 millones en juego

Una princesa hawaiana, su esposa, un administrador infiel y 200 millones en juego,

Abigail Kawānanakoa sufrió un infarto en 2017 y fue incapacitada. 

Ya repuesta, lleva tres años de juicios para recuperar su dinero y poder legarle parte a su pareja, 26 años menor.

Abigail Kawananakoa, el 25 de octubre en un juzgado de Honolulu (Hawái).
Abigail Kawananakoa, el 25 de octubre en un juzgado de Honolulu (Hawái). AP

 

Con permiso del venerado clan Kennedy, Estados Unidos no tiene ni ha tenido nunca una familia real.
 Sin embargo, el lejano Hawái siempre se ha regido por sus propias normas. 
De ahí que el archipiélago sí  cuente con una princesa: Abigail Kinoiki Kekaulike Kawānanakoa.
 O, simplemente, Kekau. A sus 93 años, la última miembro de la casa de Kawānanakoa es toda una institución en las islas. 
Es la bisnieta de James Campbell, uno de los últimos y mayores terratenientes de las plantaciones de azúcar del lugar, y proviene de la denominada por sus habitantes "familia real", que gobernó Hawái hasta 1893. 
Ahora, toda una trama gira en torno a la princesa y su dinero. 
Y en ella están implicados la propia princesa, su esposa, sus abogados, los bancos del lugar y hasta sus empleados.
 Abigail es una mujer generosa y cariñosa con sus paisanos. También posee los mimbres para serlo: amasa una fortuna de casi 200 millones de euros.
 Volcada en la filantropía, en los últimos años se ha hecho cargo del mantenimiento del Palacio 'Iolani de Honolulu, la última residencia real, ahora transformada en museo, y ha cubierto sus cuotas de electricidad.
 La desprendida princesa ha pagado becas a estudiantes, facturas médicas a enfermos e, incluso, como reseñaba hace un año el diario británico The Guardian, hipotecas para que algunos habitantes de la isla no se quedaran sin hogar.
En 2001 decidió crear un fondo de 100 millones de dólares para dar apoyo a la lengua, la cultura o el arte hawaianos. 
Sin embargo, todo cambió para Kawānanakoa en 2017, cuando sufrió un infarto que minó su salud y puso su vida patas arriba. Entonces comenzaron los problemas, las acusaciones y los juicios. Quien había sido su abogado durante años, Jim Wright, aseguró que Abigail había perdido su capacidad para ser administradora de sus bienes y fondos, y que por tanto él sería el siguiente administrador.  La princesa no estuvo de acuerdo con ese apaño y no solo le quitó las tareas de administración, sino que le despidió. 
Además, decidió casarse con quien había sido su pareja durante dos décadas, Veronica Gail Worth, y a su vez convertirla en administradora de esos fondos.

A la izquierda Abigail Kawananakoa y a la derecha su esposa, Veronica Gail Worth, en el juicio celebrado en Honolulu el viernes 25 de octubre. 
A la izquierda Abigail Kawananakoa y a la derecha su esposa, Veronica Gail Worth, en el juicio celebrado en Honolulu el viernes 25 de octubre. AP
Entonces comenzaron las sospechas. En un juicio celebrado en la corte de Hawái hace un año se decidió que la nonagenaria princesa no tenía la "capacidad mental" para hacerse cargo de su dinero, como explicó el diario New York Post. El juez aceptó que Jim Wright, el abogado, saliera de la administración, pero solo a cambio de que el banco First Hawaiian fuera quien controlara los fondos.
Sin embargo, la semana pasada la princesa tuvo que volver al banquillo.
 Acompañada de su esposa Veronica, de su eterno chihuahua y de un nuevo abogado llamado Bruce Voss, volvió a pelear por el control de sus 200 millones de euros.
 Voss aseguró que decir que Abigail no puede cuidar de sí misma son "especulaciones de la peor calaña", como recoge la cadena estadounidense Abc News. 
Una de las cuestiones que ya estuvo presente en el juicio de 2018 y que ha vuelto a salir a la luz es cómo está cuidando Veronica Gail Worth, de 66 años, de su anciana esposa.
 Desde su boda y desde que se convirtió en administradora de los fondos, las sospechas han recaído sobre esta mujer.
 Quienes conocen a la princesa aseguran que su flamante esposa "ha abusado físicamente de Kawānanakoa", como recogía hace un año The Guardian 
. De hecho, había empleados domésticos testigos de los abusos y de cómo Worth presionó a su mujer para que la autorizara en su cuenta bancaria.
 Esos trabajadores lo denunciaron ante un juez y hablaron con un psiquiatra, lo que les supuso ser despedidos.
 Pero la preocupación ha cundido entre la comunidad de las islas, que ven que su querida princesa se ha quedado sola y aislada tras su infarto.
"A la gente no les gusta la señora Worth", ha proclamado otro de los abogados de la pareja. "Quizá es por su edad, quizá por ser parte de una relación del mismo sexo, quizá es por la cantidad de dinero que podría tener".
 La propia Worth ha asegurado que el mundo está contra ella por una cuestión de "discriminación", sin citar en ningún momento que la princesa quiere modificar la organización de su patrimonio para dejarle 36 millones de euros y todas sus propiedades. 
Además, niega el supuesto maltrato a su pareja y achaca los golpes y moratones a accidentes domésticos.
Por el momento, el juez ha determinado que si la princesa Abigail Kawānanakoa quiere volver a tener el control de sus bienes, tiene que someterse a una revisión médica completa.
 Por su parte, la protagonista de esta historia dice poco al respecto, más allá de que es una situación triste. "Mi legado me dicta que debo cuidar del pueblo de Hawái", asegura. Un pueblo preocupado y dividido por su querida princesa.


 

 

Marianne: la verdadera y triste historia de la mujer que lo dio todo por Leonard Cohen

Una historia de amor que casi acaba en suicidio. El festival In-Edit estrena 'Marianne & Leonard: Words of Love', el documental que aporta nuevas capas de realidad y sufrimiento al romance irrepetible entre Marianne Ihlsen y el artista canadiense.

marianne cohen
Marianne y Leonard Cohen, fotografiados en los 60 en la isla de Hidra. Foto: Getty

Ni se la encontró Leonard Cohen llorando desamparada por la calle ni fue él, precisamente, el legítimo procurador de cuidados que nos quisieron vender (si entendemos este ámbito como algo más que aportar dinero enviado por telegramas). 
En realidad todo fue al revés.  
La verdadera historia de Marianne Ihlen, reducida a la figura de musa y amante del canadiense, escondía capas de desamparo emocional y fue bastante más agridulce que esa fábula mística de amor libre y equilibrio cósmico que nos habían contado
Así lo aclaran la multitud de testimonios del entorno de estos dos amantes y grabaciones de los dos implicados que nutren el documental Marianne & Leonard: Words of Loveuna cinta que estrena en España el festival In-Edit dirigida por Nick Broomfield, documentalista de otros proyectos como Whitney: Can I Be Me o Kurt and Courtney, y amigo íntimo de Ihlen.
 La investigación, además de narrar la historia de amor irrepetible entre el canadiense y la noruega, desmonta involuntariamente la utopía de igualdad de la revolución sexual de los sesenta y revela nuevos detalles y realidades de un romance que fascinó al mundo.


Marianne & Leonard certifica todo aquello que ya conocíamos: que los dos se amaron y respetaron de una forma poco convencional durante años («Éramos dos refugiados que huíamos de nuestras vidas y nos encontramos cara a cara», cuenta ella en la cinta) y que su relación fue única hasta la muerte de ambos
. En la cinta, Marianne no reniega de la felicidad y asegura que los suyos fueron «años muy buenos», «fabulosos», en los que «nos bañábamos bajo el sol, hacíamos el amor, bebíamos y discutíamos»; pero también relata cómo tuvo que irse al Reino Unido a abortar sola, cómo llegó a pensar en el suicidio en diversas ocasiones por no saber convivir con las múltiples conquistas del artista –entre ellas, Janis Joplin, mientras convivían juntos en el Chelsea Hotel («quería encerrarlo en una jaula y lanzar la llave, no lo podía soportar»)– o por qué aguantó estoicamente la expulsión de su casa en Hidra (Grecia) cuando la nueva pareja de Cohen, Suzanne, se plantó sin previo aviso en la isla cargada de maletas y urgiendo a su salida inmediata.
marianne ihlen
Marianne (con el pequeño Axel en brazos) y Leonard Cohen, en Hidra. Foto: Getty
 
El mundo sabía de Marianne Ihlen porque Cohen siempre la recordaba con cariño en entrevistas e interludios de conciertos desde los inicios de su relación. 
También era de dominio público que a ella le dedicó e inspiró escritos como Beautiful Losers, así como un buen puñado de clásicos de su repertorio: So Long MarianneHey, That’s No Way to Say GoodbyeBird on the Wire.
 La transformación en mito romántico definitivo llegó cuando Ihlen falleció de leucemia en julio de 2016 a los 81 años y la carta de despedida de Cohen –que leyeron en el lecho de muerte de la noruega poco antes de que falleciera, como se comprueba en el documental– tuvo un impacto global sin precedentes: las sentidas palabras del canadiense se viralizaron en medios de todo el planeta, encumbrando a la categoría de leyenda a este irrepetible romance. Una sentida despedida que propició que la correspondencia inédita entre ambos se haya llegado a subastar este mismo año llegando a alcanzar los 775.000 euros:
“Bien, Marianne, hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto.
 Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía. Ya sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría pero no necesito extenderme sobre eso ya que tú lo sabes todo.
 Solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Todo el a
marianne leonard cohen
«Nunca creí a Leonard cuando me decía que era la mujer más bella que jamás había visto.
 Siempre creí que mi cara era demasiado redonda», cuenta Marianne en el documental.
mor, te veré por el camino.”

Cocina y cuidados para elevar al poeta masculino

Además de aportar un archivo documental sobre este preciso (y precioso) momento epistolar de despedida, una de las valías de Words of Love reside en el hecho de poner el foco en la vida y sentimientos de esa obtusa figura que es la musa.
 Poder acercarse a la afectada para descubrir en primera persona las implicaciones emocionales de las mujeres que han vivido entregadas para «elevar» el espíritu de los artistas –el propio director, que también mantuvo un romance intermitente con ella, aclara que Ihlen fue el motor inspiracional de su carrera y de otros cantantes–.
 Esta es la historia de un flechazo que fue instantáneo en la isla de Hidra en los sesenta, pero también de todo lo que pasa cuando te enamoras de un hombre que, como el propio Cohen se define, es «un egoísta que se pasa la vida escapando» y que «hacía sufrir a quién me rodeaba porque siempre conseguía huir». 
Ella estaba casada con un hombre de carácter violento y tenía un hijo con él, pero por aquel entonces los matrimonios eran abiertos y en aquella idílica isla plagada de artistas, el ácido y el speed corrían con el mismo desenfreno que las promesas de amor libre.
 «Allí todo el mundo era artista, pero yo no era escultora, ni pintora ni artista.
 Yo era una artista de la vida, vivir era mi arte», apunta sobre su función en aquella comuna de artistas refugiados al sol griego.
 
 
El canadiense, que llegó huyendo de Montreal junto a una amiga aburrido del ambiente aburguesado judío en el que se había criado, se quedó prendado de la noruega. 
La cinta desmitifica el encuentro de una frágil Marianne llorando sola por la isla –fue ella la que se encontró con Cohen, camino del súper con una cesta de la compra, y le invitó a tomar algo con sus amigos artistas en una terraza–. 
«El primer año en Hidra él no hacía más que escribir y escribir. Yo corría a su encuentro, hacía la compra y le traía comida. Era su musa griega, así que me sentaba a sus pies», cuenta. 
Entre ingestas de ácido y arrumacos, Cohen vivía cuatro meses al año en Hidra y volvía a Norteamérica el resto del tiempo para»inspirarse» y promocionar sus libros.
 «Marianne se lo hacía todo. Le traía cestas con fruta y agua mientras él tenía fiebre. 
Leonard iba de ácido y de speed casi siempre y entró en una especie de locura. Ella ‘sujetaba al hombre’ para que pudiese escribir esas páginas», explica en la cinta Aviva Layton, la que fu
marianne cohen
Leonard Cohen toca la guitarra junto a artistas como Charles W. Heckstall (1929-2000), Charmian Clift y Marianne Ihlen, en octubre de 1960.

«¿Conoces a algún poeta que haya sido un marido espléndido?»

«Los poetas no son buenos maridos. ¿Conoces a algún poeta, director o artista que haya sido un marido espléndido», apunta en un momento del documental Aviva Layton, antecediendo el drama que estaba por llegar.
 La conquista de los escenarios como músico fue el golpe mortal de la relación. Judy Collins, la artista que animó a Cohen a cantar y coger la guitarra, rememora cómo Marianne le acusó de explotar la burbuja hippy creada en Grecia: «Éramos muy felices en Hidra. Tú grabaste esas canciones con él y arruinaste mi vida». ese mujer del editor de Cohen en Canadá. 
La conquista de los escenarios como músico fue el golpe mortal de la relación.
 Judy Collins, la artista que animó a Cohen a cantar y coger la guitarra, rememora cómo Marianne le acusó de explotar la burbuja hippy creada en Grecia: «Éramos muy felices en Hidra. Tú grabaste esas canciones con él y arruinaste mi vida». 
Así lo sintió. Marianne dejó la isla para acompañar a Leonard en Estados Unidos y Montreal, pero las cosas no fueron nada bien. «Un auténtico desastre», resume Aviva Layton: «La ironía es que un hombre como él era el hombre que toda mujer quiere tener.
Cohen aclara en grabaciones que en aquella época «tenía un apetito muy grande por la compañía de mujeres y por la expresión sexual amistosa». 
Marianne no podía convivir con esa escena de shows repletos de mujeres (Leonard llegó a estar en una gira 23 noches seguidas de ácido) y con los continuos escarceos de Cohen.
 «Esto es lo que te pasa por por elegir al hombre guapo y ver cómo todas las chicas lo desean. Estuve a punto de suicidarme, me destrozó», explica la propia Marianne.
Tras seguirle por varias ciudades, la relación empezó a flojear. Marianne internó a su hijo en el extranjero varios años mientras viajaba y volvió a Hidra hasta que la nueva pareja de Leonard, Suzanne, se presentó en su casa y la echó.
 Volvió a Oslo y se convirtió en lo que siempre había querido su madre: una secretaria con una familia ordinaria.
 Se volvió a casar y cuidó de los hijos de su nuevo marido. «Generosa» y «amable» pese a los desencuentros, como todos insisten en recordarla en el filme, siguió manteniendo una correspondencia puntual y buena relación con Cohen.
 Cuando él volvió a subirse a los escenarios en 2009 porque su mánager le había dejado sin blanca, Leonard le regaló dos asientos en primera fila en su concierto de Oslo.
 El documental la muestra feliz y saludándole con ilusión desde la grada.
Poco antes de morir, Marianne pidió a su amigo Jan Christian Mollestad que avisara a Cohen: «¿Puedes decírselo a Leonard? ¿Podrás traer una cámara?»
. El mensaje de su antiguo amante llegó al día siguiente. Ella sonrío satisfecha al escucharlo.
 Tres meses después, él seguiría el mismo camino.
 
 
 
 


 

así detectan los dependientes la devolución de ropa usada

Cambio de etiquetas, olor a perfume y hasta arroz en el bolsillo: así detectan los dependientes la devolución de ropa usada.

Después de que una joven se enfrente a prisión por estafar a Zara logrando el reembolso de prendas que ya había estrenado, conocemos de primera mano las situaciones más insólitas que se encuentran los vendedores.

devolucion ropa usada
Los clientes prueban todo tipo de trucos para devolver prendas utilizadas. Foto: DR
 
‘Renovar vestuario a coste cero estafando a la mayor empresa textil del mundo’. 
Así podría resumirse la historia de una joven de 30 años que hace unos días acaparaba los titulares de la prensa local por su particular sistema para devolver ropa usada en Zara.
 Su modus operandi para cambiar de modelito sin que la cuenta corriente se resintiera era el siguiente: compraba ropa nueva y utilizaba sus etiquetas (internas y externas) para colocárselas a otras prendas que ya se había puesto y así poder reclamar el reembolso burlando el mes de plazo que ofrece el gigante de Inditex para cambios y devoluciones.
Hasta que la marca fue consciente de lo que estaba pasando, esta leonesa afincada en Zaragoza se pasó medio año devolviendo ropa usada como si se la hubiera acabado de comprar.
 Ahora podría enfrentarse a seis meses de prisión por estafar a la cadena. 

Aunque el conocimiento de la acusada sobre cómo funciona Zara era exhaustivo (sabía qué código de barras se correspondía con cada color de ropa para que todo encajara a la perfección y jamás pedía la devolución en efectivo para evitar tener que vérselas con la encargada, quien debe autorizarlas), el suyo no es un caso aislado. Según han confirmado a S Moda varias dependientas de grandes cadenas y pequeñas tiendas, es bastante frecuente que algunos compradores intenten deshacerse de prendas que ya han utilizado pidiendo el reembolso del importe y cambiando así de armario sin gastar un solo euro.
 Una práctica tan generalizada que incluso tiene nombre en inglés: se llama wardrobing y supone pérdidas millonarias para muchas marcas.

“Sabemos que algunos clientes incluso se compran una prenda para hacerse la foto y colgarla en redes sociales y después la devuelven”, cuenta Sara Sierra –nombre ficticio a petición de la entrevistada–, que trabaja como dependienta en Uterqüe.
 “Existen, sin embargo, muchos signos para identificar si ha sido utilizada.
  Desde la empresa no tenemos establecido un procedimiento concreto, pero, por supuesto, debemos examinar la ropa antes de autorizar la devolución para comprobar que esté nueva.
Que huela a perfume es uno de los signos más evidentes, pero también se nota si la prenda está lavada por el tacto o el aspecto. 
Además, es imprescindible entregar el ticket de compra y mantener la etiqueta intacta”, cuenta.
 A pesar de esto, algunos clientes logran colarla.
 No solo por las grandes colas que suelen formarse en las cajas y que inducen al despiste del personal, sino porque “es difícil saber si han llevado una chaqueta un par de horas ocultando la etiqueta por dentro.
 Cuando es tan poco tiempo a veces ni se nota en el olor».
Otras veces, sin embargo, existen evidencias tan obvias como un puñado de arroz
“En una ocasión vendí un abrigo de fiesta y a los pocos días vino la clienta a la tienda pidiendo la devolución. 
Al mirar en los bolsillos pude comprobar que estaban llenos del arroz. Presumiblemente, producto de la boda a la que lo llevó”, recuerda Lidia Rodríguez (pseudónimo), que ha trabajado durante toda la vida en el sector del comercio de moda e incluso ha regentado su propia tienda en un pueblo manchego.
 “Tengo otras mil anécdotas más de ese estilo. Desde una clienta que vino a devolver un jersey apestando a perfume y con la marca del respaldo de una silla en la espalda hasta la que intentó fingir que le habíamos dado un suéter roto cuando claramente se lo había puesto y se le había enganchado.
 Ya no tenía ni la etiqueta”, cuenta.
Las experiencia de Raquel Santos, exdependienta de la sección de zapatería de El Corte Inglés, es tanto o más surrealista.  
“Me acuerdo perfectamente del día que se presentó una mujer pidiendo la devolución de unos zapatos que había comprado hace siete años. 
 Los traía en la caja, sin estrenar y con el ticket fotocopiado para evitar que la tinta del original se borrara con el paso del tiempo.
 En aquel momento en El Corte Inglés no había límite de tiempo para hacer devoluciones, así que, tras consultárselo a mi jefe, tuvimos que aceptar su petición. 
Normalmente se le hubiera devuelto el calzado al proveedor, pero imagínate después de siete años…”.
Según explica Santos, en zapatería comprobar el estado de la suela es fundamental para saber si el artículo ha sido usado, pero también hay que prestar atención a que no existan marcas de los dedos en el interior ni deformidades o arrugas en la piel. “Algunos clientes venían a devolver calzado y no se habían molestado ni en limpiar la suela. 
Te decían que se lo habían probado solo dentro de casa, pero era imposible de creer por el estado en el que estaban.
 Los de novia, por ejemplo, eran los únicos que no se podían cambiar bajo ninguna circunstancia, pero recuerdo que un día vino una chica asegurando que la había dejado su novio antes de la boda. Montó el pollo del siglo e incluso vino toda su familia a presionar. Yo como dependienta no podía devolverle el dinero, pero al final mi jefe accedió”. 

La política de devolución es distinta en cada tienda, pero, por regla general, todo es susceptible de volver a las estanterías a excepción de la ropa interior y de baño, algunas piezas de bisutería y, en ocasiones, artículos de fiesta. 
“En Uterqüe lo único que no es posible cambiar son los pendientes y la ropa de baño por motivos de higiene”, detalla Sierra. 
En Zara, por ejemplo, se pueden devolver los bañadores y los bikinis si mantienen la pegatina protectora, pero no es factible hacer lo mismo con la ropa interior. 
En el caso de los accesorios deben tener el embalaje original completo, al igual que las fragancias y los labiales. 
Algunos clientes, sin embargo, no solo intentan devolver sin el packaging original, sino que incluso prueban suerte habiendo consumido el producto. 
Ivana Ferrer (pseudónimo) asegura que cuando trabajaba en El Corte Inglés fue testigo de una situación insólita.
 «Vino una señora a devolver un perfume casi vacío afirmando que ‘no le gustaba’. 
 Bajó hasta el jefe de planta y acabaron aceptando su petición. La máxima de la empresa era dar la razón siempre al cliente, aunque supongo que ahora quizá las cosas han cambiado».

“En mi tienda, al ser un comercio pequeño, no devolvíamos el dinero, pero sí admitíamos cambios o dábamos un vale.
 En las grandes superficies, sin embargo, es tan sencillo lograr un reembolso que la gente no se lo piensa dos veces.
 Hay un perfil de cliente que actúa así: compra, utiliza y devuelve (o lo intenta). 
 Y son reincidentes. Hablando con otros vendedores del pueblo era fácil comprobar que quien te lo hacía a ti operaba igual en otras tiendas».
Sierra asegura que en Uterqüe suelen tener menor cantidad de peticiones de devolución que en Zara porque es un negocio más pequeño, con partidas de producto menores y un examen más exhaustivo de cada prenda. 
“El marchamo de nuestras etiquetas no es de plástico y hace que sea complicado quitarla y volverla a colocar, pero hay gente que lo intenta». Y concluye: «Eso ya entra en la moral de cada consumidor”.