· Miles de estudiantes recorren el centro de Barcelona
· Carreteras y calles cortadas, atascos y marchas en el cuarto día de protestas
· 46 detenidos en la tercera jornada de protestas.
Marcha
de simpatizantes independentistas, durante su recorrido a la altura de
Malgrat de Mar (Barcelona). En vídeo, declaraciones de Fernando
Grande-Marlaska, ministro del Interior en funciones.ALEJANDRO GARCÍA | EPV
.Las movilizaciones por la huelga estudiantil han reunido a miles de personas en Barcelona al tiempo que el president Quim Torra aseguraba que el Parlament volverá a hablar del derecho a la autodeterminación, pese al aviso del Constitucional, en una pleno en respuesta a la sentencia del procés.
“Torra debe decidir si quiere ser el president
de los catalanes o un activista”, ha dicho el ministro del Interior,
Fernando Grande-Marlaska, tras el comité de coordinación de la situación
en Cataluña.
La CUP ve poca credibilidad en Torra al asegurar que se ejercerá el derecho de autodeterminación.
La
diputada de la CUP en el Parlament Natàlia Sànchez ha sostenido este
jueves que el presidente del Parlament, Quim Torra, tiene "poca
credibilidad" al anunciar que en este legislatura se volverá a ejercer
el derecho de autodeterminación.
"Vemos que es arriesgado y poco útil
hacer anuncios con fechas concretas y sin tejer acuerdos" previos con
partidos y movimientos sociales, ha resaltado. (EP)
Ábalos, sobre las amenazas de Torra: "Es un personaje irrelevante".
El
ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos, ha definido este
jueves al presidente de la Generalitat, Quim Torra, como "un personaje
ciertamente irrelevante" y ha rechazado, por tanto, sus "amenazas" de
volver a sacar las urnas a la calle para lograr la
autodeterminación.
Ábalos ha señalado a Torra como "el interpuesto de un
fugado" y cree que ahora mismo "está luchando" precisamente "por su
situación personal". (EP)
Isabel Celaá rechaza que los violentos en Cataluña sean infiltrados:
"Son jóvenes de Cataluña, claramente".
La portavoz del Gobierno en funciones, Isabel Celaá, ha respondido a
las palabras del presidente de la Generalitat, Quim Torra, que atribuyó
la violencia que se está registrando en Cataluña a la presencia en las
protestas de grupos de infiltrados y provocadores.
"¿Pero infiltrados de
dónde?, ¿cómo?, ¿de dónde han venido?. Todos veíamos el perfil de los
manifestantes y son jóvenes de Catalunya, claramente, y es muy difícil
hablar de infiltrados, cuando hace días se ha estado arengando o
impulsando para que personas salgan a la calle", ha apuntado en una
entrevista en Radio Euskadi.
Según Celaá, "esa es la mayor
esquizofrenia, del que intenta impulsar la salida a la calle y, luego,
quiere devolver el tigre a la jaula", y ha advertido de que "no resulta
tan fácil cuando la violencia empieza a expresarse", como ya se puso de
manifiesto en Euskadi. (EP)
Fernando Grande-Marlaska, tras el Comité de seguimiento de la situación en Cataluña:
"Ninguna actuación delictiva quedará impune. Sobre los hechos sobre
infiltrados.
Son personas relacionadas con movimientos que tratan de
perturbar la seguridad con unos fines supuestamente políticos.
Evidentemente su fin último es alterar el orden público.
Hay que
recordarle a Torra si quiere ser el president de los catalanes, o un activista".
Fernando Grande-Marlaska, tras el Comité de seguimiento de la situación en Cataluña:
"Tenemos conocimiento de todas las previsiones [de concentraciones].
Se
adoptarán las medidas necesarias para garantizar la seguridad de todos
los catalanes.
Vemos las consecuencias de que las concentraciones no
sean pacíficas, los perjuicios.
Perder la reputación es muy fácil,
recuperarla es más difícil".
"Un presidente de una comunidad debe mostrar su compromiso con los
agentes de la autoridad manteniendo la seguridad pública.
En referencia a
sus declaraciones de hoy, quiero indicar que he tenido conocimiento.
Algunos líderes políticos ya han pedido su dimisión.
A mí solo me
corresponde recordarle al señor Torra, porque ya lo conoce, que en un
Estado de derecho dentro de la ley cabe todo.
Fuera, ya tiene
conocimiento".
"Sobre los detenidos, lo son por participación en actos de desórdenes
públicos.
A Torra le digo que condene de una forma expresa e indubitada
la violencia que se está dando estos días en Cataluña.
No a última hora
de la noche y de una forma arrastrada".
33 personas han sido detenidas y cerca de un centenar recibieron atención sanitaria durante los disturbios. No sé si ellos podrán vivir sin nosotros pero nosotros sin ello en estos momentos si.
Por desgaste ideológico , por provocaciones, por secuestro en Aereopuertos, trenes y carreteras, aislados están esos muchachos porque casi todos son jóvenes encapuchados cara cubirta y manos con guantes. Les da Torra orden de atacar y hacer daño físico y luego tiene que dar orden a Mossos y Policia Nacional para que carguen contra los que mandó atacar y sale con cara de tonto, sonriendo como diciendo La que estamos armando.
Los Independentistas deberían volver a ser juzgados por avivar la violencia. Periodistas con cascos como si fuera una guerra la que están cubriendo.
Varios
encapuchados, durante los altercados del miércoles por la noche en la
Gran Via de Barcelona. En vídeo, imágenes de los disturbios.VÍDEO: ATLAS | FOTO: ALBERT GARCIAQue alegres están por quemar coches a cara cubierta.Ay Catalunya que te espera, más desastres? y si les ponen otra vez el 155? es lo que buscan? Los martires lo son por luchar contra una causa perdida pero no por violencia gratuta. Así nadie querra ser Independiente de nada.Sino ser odiados por muchos.
Barcelona volvió a vivir este miércoles una noche de disturbios y graves incidentes que, pasada la medianoche, incluían la quema de una decena de coches o el lanzamiento de ácido y de cócteles molotov contra los mossos
y de cohetes pirotécnicos contra un helicóptero policial. Hasta 45
fuegos ardían, según el Ayuntamiento, en el centro de la capital
catalana, convertido por segundo día consecutivo en un campo de batalla. Había menos jóvenes enfrentándose a los agentes, pero lo hacían de una
forma más contundente. Al menos 33 detenidos y cerca de un centenar de
asistidos por los servicios médicos, entre ellos una treintena de
agentes, fue el saldo de más de cinco horas de violencia, según los
datos remitidos en la mañana de este jueves.
El tercer día de protestas
dejó de nuevo el olor a barbacoa por todo el centro de la ciudad. Grupos de jóvenes, tapados con capuchas algunos y otros a cara
descubierta, iban cruzando contenedores y prendiéndoles fuego. La escena
del martes se repetía, aunque con una variante: no eran tantos, pero
actuaron con más violencia contra la policía, hasta el punto de hacerlos
retroceder. Los incidentes comenzaron pasadas las nueve de la noche. Grupos de
jóvenes lanzaron botellas, latas y otros objetos a los agentes de los
Mossos que custodiaban la sede del Departamento de Interior, convertido
en el blanco inicial de la violenta protesta. Los altercados se
produjeron tras la concentración convocada por los Comités de Defensa de
la República (CDR) en la confluencia de la Gran Via con la calle de
Marina, en el corazón de la ciudad. La manifestación reunió a unas
22.000 personas, según la Guardia Urbana, que en principio desfilaron de
forma pacífica. Los altercados se desataron cuando algunos de los
concentrados se desplazaron hasta la sede de Interior, en la confluencia
del paseo de Sant Joan y Diputaciò. En ese punto, algunos de los
manifestantes zarandearon las vallas que resguardaban las inmediaciones
de Interior. Empezaron entonces los lanzamientos de papel higiénico y los
gritos que pedían la dimisión del consejero, Miquel Buch. El ambiente
se fue tensando y partir de ahí los mossos utilizaron sus
furgonetas para presionar y desplazar a los manifestantes hasta la plaza
de Tetuán y a otros puntos del entorno de esa parte del Eixample
barcelonés. Simultáneamente, se iniciaron los lanzamientos, las cargas y los
incendios en una imagen muy parecida a la de la noche del martes cerca
de la Delegación del Gobierno. Parte de los contenedores ardieron en la
calle de Casp con Nàpols. Muy cerca, donde las llamas alcanzaron un
local con viviendas en la parte superior, se vivieron algunos momentos
de angustia.
Los manifestantes lanzan papel higiénico al aire.Albert Garcia
En Roger de Flor, un padre bajó con su bebé en brazos, gritando, al
ver que las llamas se colaban por la fachada de su edificio.
Los bares y
los hoteles de esa zona bajaron persianas y cerraron las puertas con
gente resguardada en el interior, viendo las carreras por la calle.
En
ese lugar, se produjeron varios heridos, y al menos una joven recibió un
pelotazo en la cabeza. “No sé muy bien cómo ha sido”, decía sentada en un banco, mientras era atendida por los servicios sanitarios.
El fuego serpenteaba las calles de esa parte del Eixample y el humo
se respiraba en buena parte de ella. Jaume Collboni, primer teniente de
alcalde del Ayuntamiento, cifró en más de 50 los fuegos que se
produjeron en esa zona.
Muy cerca, las llamas de varios contenedores que ardían alcanzaron a
una decena de coches que estaban estacionados y una motocicleta. Los
vehículos ardieron cerca de una gasolinera que fue custodiada por
agentes de la policía. Un grupo de personas desmontó un andamio de un
edificio con la fachada en obras y lo utilizó para montar barricadas y
prenderles fuego.
Fuentes de la policía autonómica destacaron que en un momento de los
disturbios se habían producido lanzamientos de cohetes pirotécnicos
contra uno de los helicópteros que sobrevolaba la zona. También
explicaron que los agentes fueron blanco del lanzamiento de piedras de
grandes dimensiones y de ácido contra una de las líneas policiales. Los altercados alcanzaron la Gran Via de Barcelona con tanta
contundencia que agentes de los Mossos se vieron obligados a retroceder
al filo de la medianoche. El repliegue de los agentes fue saludado con
vítores por parte de los jóvenes que decidieron dar por terminada, en
ese momento, la batalla. Para cambiar de lugar, porque varios grupos
empezaron a desplazarse hacia la parte norte del Passeig de Sant Joan
con Diagonal.
Otros fueron hacia el paseo de Gràcia que, de nuevo, se convirtió en
escenario de disturbios muy parecidos a los del martes. En ese punto y
en las calles cercanas a la Delegación del Gobierno —en Roger de Llùria
con Mallorca— más de 200 personas encendieron fuegos e intentaron
acercarse de nuevo a la sede oficial, la meta que no lograron el día
anterior. Más contenedores ardieron en esas calles. Varias furgonetas de la policía cargaron e intentaron hacerles
frente. Pero lejos de arredrarse, los manifestantes corrieron contra un
grupo de agentes que se quedó solo en la vía. La policía les dispersó
disparando pelotas de goma, hasta lograr resguardarse de nuevo en la
calle de Mallorca. La tensión se mascaba entre los agentes, rodeados de
hogueras. Las carreras de unos y otros se prolongaron durante más de una hora,
pero ya de otra forma: con grupos más pequeños que “mareaban” a los
agentes que utilizaron sus furgonetas para obligarles a desplazarse de
un lugar a otro y evitar, sobre todo, que alcanzaran su meta: las vallas
y el dispositivo policial que protegía la Delegación del Gobierno. Eran
pequeños focos de barricadas, pero que mantenían los disturbios cada
vez más difuminados en el centro de la ciudad. Al filo de la una de la
madrugada, no serían más de dos centenares repartidos en diferentes
grupos. Mientras, en la sede de la Consejería de Interior, los responsables
de los dos cuerpos policiales que trabajaron conjuntamente, desde la
ventana, hacían algo parecido a una supervisión de los destrozos que se
veían en la calle. En Madrid, la Policía Nacional detuvo a cuatro jóvenes, incluido un
menor, tras una concentración en la Puerta del Sol en solidaridad con
los líderes del procés. Se les acusa de desórdenes públicos y atentado contra agentes de la autoridad.
Cuando
pienso en mis viejos añoro lo que nos perdimos sus hijos y sus nietos
más que lo que se perdieron ellos. Nunca estamos contentos.
Pixabay Mis padres nos hicieron a sus hijos la putada de morirse pronto y
rápido. Él, a los 67 recién cumplidos, tras seis meses uncido a una
bombona de oxígeno por una fibrosis que le redujo los pulmones a
esparto. Ella, a un mes de cumplir los 71, al año de que un cáncer
empezara a devorarla justo por donde nos ovuló a los cuatro. En tales
trances los hermanos no tuvimos ni que pensar en cómo cuidar hasta la
muerte a quienes se desvivieron por cuidarnos. La enfermedad los quitó
de enmedio antes de que fuera preciso. No tuvimos que limpiarles las
heces, ni velarles el sueño, ni darles de comer a cucharilla como nos
dieron ellos de niños. A cambio, cuando se fueron, se me secó el corazón
como los bronquios de él y los ovarios de ella. El dolor me hizo egoísta, insensible, mezquina. Los 67 años de mi
padre y los 70 de mi madre se convirtieron en mi vara de medir la edad a
la que era justo o injusto morirse. Creía, aunque no lo decía, que un
padre o madre que falleciera más tarde ya había vivido más que los míos,
así que ya podían los suyos conformarse con su suerte. Daba asco, ya
digo.
Ha
pasado tiempo y los padres de mis amigos que aún viven van para abajo. Escucho a sus hijos hablar de sus cuitas. De rehipotecar el piso para
pagar la residencia. De que estos horarios de mierda no nos dejan ni
cuidar de nuestros mayores. De roces entre hermanos por quién apechuga
más o menos. De la angustia de ver derrumbarse los pilares de tu vida,
de que no te reconozca quien eligió tu nombre, de ver a los soles de tu
infancia mutar en la sombra de lo que fueron. Hay quien no lo dice pero
piensa que, al morirse tan pronto y rápido, más que una putada, mis
padres nos hicieron el último favor de sus vidas. No les culpo. El dolor
te hace egoísta. A mí la primera. Porque cuando pienso en mis viejos
añoro lo que nos perdimos sus hijos y sus nietos más que lo que se
perdieron ellos. Nunca estamos contentos.
Los doce acusados por el juicio del
'procés' ya tienen sentencia: el Tribunal Supremo ha decidido
condenarles por un delito de sedición, malversación y desobediencia.
Oriol junqueras, durante el juicio del 'procés' (EFE)
Los doce acusados por el 'procés' independentista catalán ya tienen sentencia, una condena que llega tras cuatro meses de juicio ante el Tribunal Supremo, liderado por el juez Manuel Marchena, y casi dos años de prisión para nueve de los acusados, incluido Oriol Junqueras,
el exconsejero de Economía y Hacienda de la Generalitat, que se
enfrentaba a una condena de entre 12 y 74 años de cárcel por un delito
de rebelión agravada con malversaciíon de caudales públicos.
Mientras que la Fiscalía acusaba a casi todos los procesados, con la excepción de Meritxell Borràs, Carles Mundó y Santi Vila, de un delito de rebelión, en algunos casos agravada con penas de cárcel que variaban desde los 16 a los 25 años, la Abogacía del Estado les responsabilizaba de un delito de sedición, a la contra del criterio de la Fiscalía. Finalmente, los jueces se han decantado por imputar a los miembros del Govern sólo en relación al delito de sedición,
ya que no hubo violencia de forma organizada, tal y como apuntó este
sábado, 12 de octubre, El Confidencial de acuerdo con informaciones
obtenidas de fuentes jurídicas. La filtración del fallo del juicio por
la que se supo que los siete magistrados del Tribunal Supremo
descartaban de forma unánime el delito de rebelión defendido por la
Fiscalía provocó el estallido de las primeras protestas en Cataluña
en contra de la sentencia y disgustó a Manuel Marchena, presidente de
la Sala Segunda de lo Penal del TS, que señaló que la sentencia no
estaba lista hasta la firma de todos los magistrados.
Diferencias entre sedición y rebelión
Según explica el Código
Penal en su artículo 544, a un reo se le considera culpable de un
delito de sedición cuando se alza “pública y tumultuariamente” con el
objetivo de “impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la
aplicación de las Leyes”. Este delito contra el orden público
tipificado en el Código Penal tiene en cuenta a todos aquellos
imputados cuya actividad delictiva no se corresponda con el delito de
rebelión y que pudieran también haber entorpecido “a cualquier
autoridad, corporación oficial o funcionario público el legítimo
ejercicio de sus funciones, cumplimiento de sus acuerdos, o de las
resoluciones administrativas o judiciales”. Las penas de cárcel
estimadas para los acusados de sedición varían de los ocho a los diez
años para aquellos que “hubieren inducido, sostenido o dirigido la
sedición o aparecieren en ella como sus principales autores”, es decir,
aquellos considerados como principales autores del delito, y de hasta 15
años de prisión para aquellas personas “constituidas en autoridad” que,
en el caso del juicio del ‘procés’, hace referencia a que la mayoría de los acusados ocupaban un cargo público dentro de la Generalitat de Cataluña. Además de las penas de cárcel, los imputados también tendrán que hacer frente al mismo cómputo de años de inhabilitación. Los jueces han desestimado la acusación de rebelión,
con penas más graves de prisión de hasta 25 años de prisión para los
“rebeldes” que “hayan promovido o sostengan” la operación, ya que este
delito supone que los reos se alcen “violenta y públicamente”,
según el Código Penal, para distintos fines que, en el caso del proceso
judicial del ‘procès’, se ajustaba al quinto punto que contempla el
artículo 472: “Declarar la independencia de una parte del territorio
nacional”. Otros supuestos que recoge el delito de rebelión atañen
a la modificación, derogación o suspensión de la Constitución sin pasar
por los cauces oficiales, “el impedimento de elecciones” de forma
violenta o “la sustracción del cualquier clase de fuerza armada a la obediencia del Gobierno”. Se contempla una pena máxima de 30 años de prisión
para los casos en que se esgriman armas o exista “combate entre la
fuerza de su mando y los sectores leales a la autoridad legítima, o la
rebelión hubiese causado estragos en propiedades de titularidad pública o
privada, cortado las comunicaciones telegráficas, telefónicas, por
ondas, ferroviarias o de otra clase”.
El Supremo desnuda la estafa del 1-O y el "engaño" del Govern a los catalanes
Ni
siquiera la cúpula de la Generalitat creía entonces que el ejercicio del
derecho de autodeterminación era una posibilidad real. Solo lo empleó
como un truco de ilusionismo
Dos
personas participan en un acto organizado por Òmnium Cultural ante el
Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en protesta por la sentencia
del 'procés'.
Todo fue una farsa. La sentencia
que el independentismo iba a convertir en su caballo de batalla, la que
debía demostrar la represión del Estado frente al ejercicio del derecho
de autodeterminación, al final ha servido para quitar la careta al
Govern que en 2017, hace ahora dos años justos, protagonizó los hechos
que le han costado 13 años de prisión a Oriol Junqueras.
Ni siquiera la cúpula de la Generalitat creía entonces que ejercer ese
derecho era algo real.
Solo lo emplearon como un truco de ilusionismo
(ahora lo ves, ahora no lo ves) para engañar a una parte de la población
catalana.
Todo fue una farsa. La sentencia
que el independentismo iba a convertir en su caballo de batalla, la que
debía demostrar la represión del Estado frente al ejercicio del derecho
de autodeterminación, al final ha servido para quitar la careta al
Govern que en 2017, hace ahora dos años justos, protagonizó los hechos
que le han costado 13 años de prisión a Oriol Junqueras. Ni siquiera la cúpula de la Generalitat creía entonces que ejercer ese
derecho era algo real. Solo lo emplearon como un truco de ilusionismo
(ahora lo ves, ahora no lo ves) para engañar a una parte de la población
catalana. La condena,
sin embargo, no se impone por esta estafa masiva. No se pena la
mentira. Se castigan todas las acciones ilegales que desplegaron los
ahora ya condenados para amparar este trampantojo inmenso que la
resolución va describiendo con toda una ristra de sinónimos. Desde quimera hasta señuelo.
Era todo de mentirijillas, sí. Pero para vestir la mentira se
ejecutaron actos delictivos que, en opinión unánime del tribunal,
equivalen a un delito de sedición
combinado con otro de malversación. Se impulsaron movilizaciones, se
armó un lego legislativo con vocación constituyente y se dio por bueno
el enfrentamiento de la población contra el Estado.
La sentencia
entera está cuajada de frases casi literarias sobre este hecho.
"Eran
conscientes, en fin, de que la ruptura con el Estado exige algo más que
la obstinada repetición de consignas dirigidas a una parte de la
ciudadanía que confía ingenuamente en el liderazgo de sus representantes
políticos y en su capacidad para conducirles a un nuevo Estado que solo
existe en el imaginario de sus promotores", indica por ejemplo.
Y hubo violencia.
Lo que esgrimían entonces Junqueras, Rull, Turull, Forn, Forcadell,
Bassa, Sànchez y Cuixart sí era un arma, resuelven los jueces. Pero no
la que podía parecer. La violencia, el clima, la fuerza se empleaba
desde arriba no para forzar la independencia, objetivo que nunca fue
real, sino para apretar las tuercas del Estado presidido entonces por Mariano Rajoy. La
resolución, que roza los 500 folios, da por probada la existencia de
hechos violentos a lo largo del proceso de secesión. Se detiene tanto en
el 20 de septiembre como en el 1 de octubre. Respecto a lo sucedido ante la Consellería de Economía,
asegura que se trató de una movilización multitudinaria "puesta al
servicio" de la finalidad de los acusados. "Se trataba de movilizaciones
que desbordaron los límites constitucionales del ejercicio de los
derechos de reunión y manifestación y que crearon el ambiente coactivo e
intimidatorio necesario", dice.