Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

3 oct 2019

Una vuelta a los Países Bajos, más allá de Ámsterdam

De arquitectura contemporánea en Róterdam a los paisajes bucólicos de la isla de Texel, un viaje al interior holandés en seis saltos.

Ovejas sobre un dique cerca de Den Burg, en la isla de Texel, al norte de los Países Bajos.
Ovejas sobre un dique cerca de Den Burg, en la isla de Texel, al norte de los Países Bajos. getty


Bienvenidos a un país de cuento que se esconde tras una gran ciudad. 
Ámsterdam, la capital, parece acapararlo todo en los Países Bajos; ni siquiera la cercana Róterdam, capital del diseño y de la arquitectura contemporánea, o la universitaria Maastricht, que acogió la firma del tratado fundacional de la Unión Europea en 1992, consiguen arrancarle una pizca de su poder de atracción.
 Pero conviene ir más allá de la ciudad de los canales —aprovechando sus magníficas conexiones con el resto del mundo— para descubrir cómo son realmente los neerlandeses y el resto del país de los molinos de viento, de las bicicletas, del Arte con mayúsculas, de los paisajes bucólicos y tranquilos, y de las espléndidas ciudades de la Edad de Oro holandesa, como Delft, cuna de Vermeer, o Leiden, ciudad natal de Rembrandt.
Barcos en un canal de Haarlem, en Países Bajos. 
Barcos en un canal de Haarlem, en Países Bajos. getty

1. Haarlem, la original

El territorio que rodea Ámsterdam hacia el norte, a modo de corona, combina el aire rural con algunas ciudades elegantes como Haarlem, a unos 20 kilómetros de la capital holandesa, y que dio nombre, al otro lado del Atlántico, al conocido distrito neoyorquino. 
Es la localidad más importante de esta región, en la que podremos contemplar a los maestros holandeses en el interior del museo Fans Hals, y en el exterior una muestra de la grandeza neerlandesa en el siglo XVII, con sus céntricos canales y las amplias playas en la costa oeste. 
Hacia el este de Ámsterdam encontramos la poderosa fortaleza medieval de Muiden, del siglo XIII, y hacia el norte se pueden visitar pequeños pueblos de puertos anclados en la Edad de Oro, repletos de mástiles, como Hoorn y Enkhuizen, donde se puede descubrir cómo era la dura vida de los marineros antes de la construcción del gran dique de Afsluitdijk
También ciudades de canales como Alkmaar y Edam, popular por su queso y los mercados donde se vende desde hace siglos.

Barcos en un canal de Haarlem, en Países Bajos. 
Barcos en un canal de Haarlem, en Países Bajos. getty

Esta región norte de los Países Bajos presenta un paisaje de campiña azotado, generalmente, por el viento, y que intenta protegerse del mar de la mejor manera posible: recorremos sus grandes pólderes (zonas rodeadas de diques donde el nivel del agua se controla artificialmente), las tierras de cultivo con molinos de viento, vacas y ovejas, así como dunas y campos de flores.
 En Naarden espera al viajero una enorme fortaleza en forma de estrella con calles elegantes que invitan a pasear, y en Broek op Langedijk, cerca de Alkmaar, podremos asistir a una subasta flotante en el Broeker Veiling, un museo de historia que remonta al visitante al siglo XIX en esta zona anegada donde operaban unas 150.000 pequeñas granjas, cada una en una isla. 
Los granjeros cuidaban de sus campos a bordo de una barca de remos que cargaban con sus productos para acudir a una casa de subastas para que los compradores al por mayor pujaran por las mercancías.
Para los amantes de las bicicletas y los paseos tranquilos, la escapada ideal es la isla de Texel, a la que se llega fácilmente en ferri, y donde se puede pedalear junto a dunas, playas desiertas, bosques y prados con ovejas. La plácida vida neerlandesa en todo su esplendor.
Curiosas formaciones de arena en el parque nacional de la isla de Schiermonnikoog, en la región de Frisia.
Curiosas formaciones de arena en el parque nacional de la isla de Schiermonnikoog, en la región de Frisia. getty

2. Frisia, la bucólica

Los frisios son una población independiente, con idioma propio que exhiben con orgullo en las señales de carretera.
 Más que construir diques para proteger sus tierras del mar, en realidad crearon dichas tierras en sí.
 Las singulares marismas entrelazadas con el Waddenzee (Mar de Frisia) figuran en la lista de patrimonio mundial de la Unesco, y las islas de este mar son el destino veraniego de moda del país, con bosques, dunas y playas surcados de sendas ciclistas. 
Una provincia perfecta para desacelerar la marcha, entre virgen naturaleza costera y abundantes vacas blancas y negras.
Actuación durante la edición 2017 del festival Oreol, en la isla de Terschelling (Países Bajos).
Actuación durante la edición 2017 del festival Oreol, en la isla de Terschelling (Países Bajos). getty
Más allá de su céntrica y dinámica capital, Leeuwarden, bordeada de canales y con excelentes museos y una creativa gastronomía, la región da para mucho. 
Encontramos localidades portuarias como Harlingen, que seduce con su arquitectura del siglo XVI y los arenques, caballas y diminutas gambas recién pescadas, así como la llamada isla del monje gris (Schiermonnikoog), un parque nacional repleto de aves y serenidad. 
También podremos regresar a la Edad de Oro neerlandesa y conocer el arte tradicional de la pintura de muebles en la ciudad costera de Hindeloopen; bailar toda la noche en el festival Oerol de Terschelling, dedicado al teatro, la música y las artes visuales; perder la noción del tiempo en la idílica isla de Ameland, presidida por un pintoresco faro, y, para los más deportistas, practicar la vela o el surf de remo en los lagos y ríos de Sneek.

Vista aerea de la villa fortificada de Bourtange, al este de Países Bajos. 
Vista aerea de la villa fortificada de Bourtange, al este de Países Bajos. getty

3. El remoto y desconocido noreste

Pocos viajeros se aventuran por este lejano rincón de los Países Bajos, pero merece la pena. 
Está solo a dos horas en coche de Ámsterdam, pero es la zona más rural del país, un lugar donde las tradiciones se mantienen vivas y el paisaje está salpicado de reliquias prehistóricas. 
La ruta de senderismo más conocida del país, el Pieterpad, empieza en esta región: sale de Pieterburen y recorre 490 kilómetros hasta Maastricht, en el sur.
La ruta senderista Pieterpad, a su paso por la región de Drenthe. 
La ruta senderista Pieterpad, a su paso por la región de Drenthe. getty
Groninga, la capital, es una ciudad joven, con museos, restaurantes, bares, teatros, canales y festivales; es la referencia cultural del norte. 
Y también es una base perfecta para hacer excursiones, por ejemplo, a las marismas de la costa, donde el curioso pasatiempo local es conocido como wadlopen (caminar por las marismas). Otro tipo de paseo aguarda en Bourtange, en la frontera oriental con Alemania, siguiendo las murallas del siglo XVI de una imponente fortaleza.
 Más al sur, nos adentraremos en los paisajes cambiantes de Drenthe, un auténtico jardín donde se alternan pastos, turberas surcadas de arroyos, pantanales y las hunebedden, cámaras funerarias neolíticas solo accesibles, en algunos casos, a pie o en bici.
Un venado cola blanca en el parque nacional de Hoge Veluw, en la provincia holandesa de Gelderland.
Un venado cola blanca en el parque nacional de Hoge Veluw, en la provincia holandesa de Gelderland.

4. El olvidado corazón neerlandés

Las provincias centrales de los Países Bajos, Overjissel y Gelderland (Güeldres), combinan belleza natural —especialmente en verano con los campos verdes y muchos senderos y carriles bici— con históricas ciudades comerciales de gran riqueza cultural. El parque nacional de Hoge Veluwe es perfecto para pedalear con una bicicleta (gratuita) entre bosques, dunas y espacios verdes, y para visitar el museo Kröller-Muller (ubicado dentro del parque), con una de las mejores colecciones de Van Gogh del mundo.
Cada pueblo y ciudad descubren algo nuevo en esta región central. Deventer, Zwolle y Kampen son urbes centenarias, con edificios que evocan su pasado como miembros de la Liga Hanseática. Deventer, la más fotogénica, luce detalles curiosos en las antiguas fachadas del casco viejo, entre calles serpenteantes. 
La medieval Zwolle, rodeada por un canal en forma de estrella y viejas murallas, es una de esas ciudades que enamora a primera vista.
 En Kampen nos sorprende uno de los centros históricos mejor conservados del país, con muchas casas, puertas y torres medievales, y hasta un reluciente puente levadizo con ruedas doradas. 
Y mientras a Nimega (Nijmegen) le da vida su gran comunidad estudiantil, la otra cara de la moneda la encontramos alrededor de Arnhem, con muchos lugares y monumentos de la II Guerra Mundial.
Atravesada por los ríos Waal e IJssel, la región central del país también ofrece espléndidas rutas de ciclismo, sobre todo por las orillas pantanosas del Waal, al este de Nimega, y por el delta del IJssel al norte de Kampen, una zona remota y protegida con canales.

Terrazas en una céntrica calle de Breda, en los Países Bajos. 
Terrazas en una céntrica calle de Breda, en los Países Bajos.

5 Maastricht y el sureste

Al sur de la región de Limburgo los paisajes se vuelven más montañosos, algo que marca carácter. 
En el sur hay un gusto más destacado por la buena cerveza y la buena comida, que se plasma en el concepto bougondisch: comer y beber con gran entusiasmo. 
En la punta meridional se encuentra la ciudad de Maastricht, con sus murallas medievales, sus torres de ladrillo y su profundo sentimiento europeo.

Pegada a la Limburgo septentrional se extiende, hacia el oeste, la región de Brabante, una discordante combinación de localidades históricas.
 Como Den Bosch (Bolduque), donde El Bosco es uno de los grandes protagonistas (esta es su ciudad natal), en el Jheronimus Bosch Art Center y otros lugares relacionados con el pintor. Breda es festiva y cervecera, y ciudades postindustriales como Tilburg e Eindhoven están reinventándose como centros de diseño, cultura y tecnología, en medio de paisajes tranquilos a los que se puede llegar en bicicleta.
Una fantástica ruta para pedalear es la que sigue, durante 40 kilómetros, el curso del río Mosa (Maas), en gran parte por encima de diques.
 Sale de Den Bosch en dirección noroeste hasta Heusden, uno de los pueblos más bonitos de los Países Bajos, rodeado de fosos, tres molinos de viento y un puerto encantador.
 Desde allí se puede continuar hasta Woudrichem, otro pueblo casi de postal, y allí, a bordo de un ferri, los ciclistas suelen conectar con Groinchem, al otro lado del río, donde tomar el tren de regreso a Den Bosch.
Exterior del Marktal, edificio proyectado por el estudio MVRDV en Róterdam. 
Exterior del Marktal, edificio proyectado por el estudio MVRDV en Róterdam.

6. Róterdam, Delft y el sur neerlandés

El sur de los Países Bajos depara contrastes: de la arquitectura contemporánea de Róterdam se pasa, rápidamente, a un paseo por la Edad de Oro neerlandesa del siglo XVII en la ciudad Delft, cuyo casco histórico está magníficamente conservado. Pero estos contrastes van más allá de la arquitectura. 
El exquisito encanto urbano de La Haya se disfruta en medio de una efervescencia artística, gastronómica y cultural.
 Zelanda transmite la sensación de lejanía, con su paisaje ventoso y escasamente poblado, mientras en Gouda contemplamos, reunidos, algunos de los estereotipos neerlandeses: desde las omnipresentes ruedas de su famoso queso amarillo —cada  jueves en primavera y verano se celebra el mercado del queso delante de la histórica waag (casa del peso)— hasta sus vestidos tradicionales.
Pero más allá de los tópicos conviene entrar en la magnífica Sint Janskerk, iglesia que conserva uno de los mayores conjuntos de vidrieras del siglo XVI, así como un excelente museo municipal.
Delft también es una mezcla: la de la austera magnificencia medieval con el esplendor de la Edad de Oro. 
Destino predilecto para escapadas de un día, sus callejas bordeadas de canales y la plaza central suelen llenarse de visitantes. 
El centro apenas ha cambiado desde los tiempos del pintor Veermer, que nació y pasó toda su vida en esta ciudad, aunque la ciudad también consiguió fama gracias a la cerámica, una inconfundible loza azul y blanca que inicialmente pretendía imitar la porcelana china.

Róterdam, segunda ciudad del país y uno de los grandes puertos de Europa, cierra la ruta con una palabra clave: la innovación.
 En sus calles, arquitectura y urbanismo se combinan con museos interesantes, cafés, paseos a orillas de los canales y un indiscutible encanto metropolitano.
 Como iconos de la ciudad destacan el Timmerhuis, proyectado por Rem Kookhass, que acoge el Museo de Róterdam, y la Factoría Van Nelle, conocida como el palacio de cristal, levantada en la década de 1930 y patrimonio mundial.
 Pero el gran museo de arte de la ciudad es el Boijmas van Beunigen, donde están representados todos los periodos y movimientos, incluidos los grandes nombres del Siglo de Oro.


Recorriendo la región se pueden encontrar pequeñas joyas olvidadas, como Bergen op Zoom, conocida por antropomorfizar el campanario de la iglesia como parte de su ruidoso carnaval y por ser una base para explorar la campiña del Brabante.
 La ciudad tiene más de 800 edificios protegidos, como el Markiezenhof, uno de los palacios urbanos más antiguos que se conserva en los Países Bajos.
 Róterdam es también un enorme museo al aire libre, especialmente de arquitectura contemporánea, con edificios tan representativos como el Marktal, del estudio MVRDV, un complejo de viviendas cuya estructura en forma de herradura invertida traza un arco de 40 metros de altura y paredes de cristal que acoge en su interior un animado mercado gastronómico. 
Otro icono es la Estación central, con un inolvidable vestíbulo de pasajeros cubierto por un techo puntiagudo revestido de acero.
 O las alucinantes casas de la calle Overblaak, un bosque de 38 apartamentos cúbicos (y una torre en forma de lápiz) con inclinaciones imposibles que se ha convertido en una las estructuras más reconocibles de la ciudad.




 

Banderas nazis en Canarias

Un estudio recupera la azarosa presencia de los barcos alemanes en las islas en periodo de entreguerras.

nazis canarias 
Pancarta de saludo a los marinos alemanes que desembarcaban en Puerto de la Cruz.

 

Elvira Lindo: “No se puede escribir de todo con humor”

La escritora recibe el próximo sábado el premio BBK Ja! Bilbao.


Elvira Lindo: “No se puede escribir de todo con humor” 
El humor es clave la escritura de Evira Lindo (Cádiz, 1962).
 Es la herramienta más poderosa de su famoso personaje Manolito Gafotas y subyace también en la mayoría de sus novelas, artículos y relatos. El próximo sábado recibe el Premio BBK Ja! Bilbao.
¿Qué libro le hizo querer ser escritora? Con Mujercitas, como tantas niñas, fui consciente de que tras un libro hay alguien que escribe y empecé a escribir como un juego, pero los libros que me indicaron un camino a seguir fueron Huckeberry Finn y Guillermo el Travieso.
¿El último que le ha gustado? Me pareció lleno de hallazgos verbales y de reveladoras escenas tragicómicas el libro de cuentos de Jorge de Cascante Hace tiempo que vengo al taller y no sé a lo que vengo. 
 Y Voces de Chernóbil, que no había leído, de Svetlana Alexiévich.
¿Uno que no pudiera terminar? Termino todos los que empiezo, no por gusto, sino por un impulso neurótico, así que pierdo mucho tiempo en cosas que no me interesan.
¿Y uno ajeno que le habría gustado escribir? ¿Y por qué querría yo escribir el libro de otro?
 Más bien hay libros que me provocan asombro, admiración rendida: ¿cómo el autor obró el milagro? ¿Cómo consiguió Lorca, en Doña Rosita la Soltera, contar una historia demoledora bajo una apariencia de cursilería?
¿Se puede escribir de todo con humor? No, claro que no. 
A nadie le gusta que se burlen de su desgracia, incluido al humorista, que debe tomar nota de esta premisa cuando comienza su oficio, porque a menudo se da el caso de que el cruel suele tener la piel muy fina.
 Como decía Gila, la burla es dañina y el humor mejora el mundo.
Recomiéndenos un libro en el que el humor sea un elemento fundamental. La Biblia, por así decirlo, es Don Quijote.
  Me encantan las memorias de Louis Armstrong, Fernán Gómez, Gila, Harpo, tienen algo de pequeños pícaros.
 Y Edna O’Brien narrando la adolescencia de una chica en el campo irlandés me lleva a la sonrisa siempre.

¿Qué canción escogería como autorretrato? Smile, de Charles Chaplin.
Si no fuera escritora, ¿qué le gustaría ser? Actriz tragicómica.
¿Cuál es su película favorita? Las noches de Cabiria y cualquiera en la que aparezca Giulieta Massina.
¿Qué está socialmente sobrevalorado? La arrogancia. 
En España, en muchas ocasiones, es un derivado del clasismo. Respetamos al arrogante y despreciamos al sencillo, al humilde.
 Ya lo dijo Cervantes.
¿Qué encargo no aceptaría jamás? Uno que me obligara a viajar en avión de un lado a otro del mundo.
¿A quién le daría el Premio Cervantes? El Cervantes es ese premio en el que el premiado suele decir: 
“Me siento muy agradecido o agradecida, pero llega tarde”. Me dan pena esas personas tan mayores sometidas a unos protocolos agotadores. 
De cualquier manera, no se lo desearía a personas cercanas por el lío que conlleva y la envidia absurda que despierta.
 A un escritor le deseo muchos lectores.

 

2 oct 2019

Un iceberg del tamaño de Gran Canaria se desprende en la Antártida

El fenómeno no tiene que ver con el cambio climático, según los científicos.

Una fotografía captada por satélite del iceberg desprendido (derecha), y de la fisura cinco días antes. En vídeo, imágenes del D28. CopernicusEU
Un iceberg de unos 1.580 kilómetros cuadrados, el tamaño de la isla de Gran Canaria, se ha desprendido de la plataforma de hielo Amery, la tercera más grande de la Antártida. 
Los científicos consideran que el fenómeno forma parte del ciclo normal de las plataformas glaciares y que no está ligado al cambio climático.
El nuevo iceberg, denominado D28, se desprendió totalmente de esta plataforma, situada al este de la Antártida, el 25 de septiembre, según informó Copérnico, el programa de observación de la Tierra de la Unión Europea en colaboración con la Agencia Espacial Europea (ESA), en su cuenta de Twitter. 
Tiene unos 210 metros de espesor y contiene 315.000 millones de toneladas de hielo.
 “Es un desprendimiento importante, aunque no es ni mucho menos el más grande”, explica el geólogo y experto en polos y hielo Jerónimo López, que recuerda el que se desgajó de la plataforma Larsen C en 2017, tres veces mayor.


Los expertos llevaban casi 20 años observando y vigilando el lugar donde finalmente se ha producido la rotura de la plataforma Amery, al que denominaban "diente suelto", por su similitud a un diente de leche infantil a punto de caer.
 El tuit del programa Copérnico va acompañado de dos imágenes capturadas y procesadas por el satélite Sentinel 1: en la primera, del 20 septiembre, se aprecia una grieta en Amery, mientras en la segunda, de cinco días después, el iceberg está completamente separado.
Estas plataformas de hielo, describe López, crecen en algunas zonas costeras de la Antártida por el empuje de los glaciares que provienen del casquete polar, de forma que se crean enormes masas de hielo, de centenares de metros de grosor, que descansan sobre el fondo marino o flotan sobre él. 
La suma de todas las plataformas antárticas tiene una superficie equivalente a cuatro veces España.
 “Pero no pueden crecer indefinidamente. Al final, el frente se hace inestable y se fractura por su propio crecimiento natural y por la acción marina”, explica.
 Es lo que ha sucedido en el caso del iceberg D28, cuya rotura estaba prevista desde hace tiempo. “Es un fenómeno relativamente frecuente, que no tiene que ver con el cambio climático”, afirma. 

Helen Amanda Fricker, profesora del centro Scripps de Oceanografía, de la Universidad de California en San Diego, coincide: "Aunque hay mucho de lo que preocuparse en la Antártida, no hay aún motivo de alarma sobre esta plataforma de hielo en concreto", ha asegurado a la BBC. 
Según esta experta, se advirtió la fisura por primera vez a principios de este siglo, y se había pronosticado que se rompería entre 2010 y 2015.
 Es el mayor desprendimiento en la plataforma Amery desde 1963-64. Fricker recalca que la Antártida Oriental, donde se ha desgajado este iceberg, es diferente al oeste del continente y Groenlandia, que se están calentando a gran velocidad debido al cambio climático.
Aunque la rotura del iceberg D28 no tiene que ver con el calentamiento global, López recuerda que este es “evidente”, y que los científicos deben estar atentos a si estos desprendimientos son cada vez más frecuentes, sobre todo en la Antártida Occidental.
 El viento y la corriente harán que D28 derive en el océano durante años, y se vaya rompiendo en fragmentos más pequeños, algunos de los cuales pueden llegar a zonas externas a la Antártida, con el consiguiente riesgo para la navegación, advierte este profesor de la Universidad Autónoma de Madrid. 
Pero no provocará un gran efecto en el nivel del mar, ya que el propio iceberg ya se encontraba en su mayor parte sumergido.
Sin embargo, la rotura de las plataformas de hielo, en general, sí tienen una “enorme importancia de manera indirecta”, afirma.
 Al fracturarse, se reduce el freno que suponen para los glaciares que hay detrás, cuyo flujo se ve aumentado. 
Ese hielo proviene del continente, por lo que su llegada al mar si incrementa su nivel. “Si se producen más roturas y son más frecuentes, es una vía de pérdida de hielo en la Antártida y de aumento del nivel del mar”, avisa.

"La extensión del hielo marino en la Antártida vio una rápida pérdida de cerca de dos millones de kilómetros cuadrados desde finales de 2014 a 2017. 

Esto equivale a una pérdida de cuatro veces el área de España en tres años", incide la cuenta de Twitter del proyecto Copérnico, que también subraya la incidencia del calentamiento en el otro polo. 

"La extensión del hielo marino en verano es uno de los indicadores principales y más sensibles del cambio climático.

 El mínimo anual de la extensión de este hielo es en septiembre, y este año ha sido uno de los más bajos jamás observados".