Bien está
que los publicistas nos vendan como empoderador de mujeres un cacharro a
pilas, hermanas.Otra cosa es que les compremos el relato.
Getty/ S ModaVale que con la edad debo de estar volviéndome resistente a los cambios, pero el último grito en juguetería sexual femenina me parece más de lo mismo. Se trata de un estimulador de clítoris que promete orgasmos en dos minutos
sin ni siquiera tener que entrar en contacto con la zona gracias a la
generación de ondas electromagnéticas. Dos minutos para el clímax,
presume el aparato, como si fuera una plusmarca olímpica, cuando
cualquier mujer con cierta práctica en la disciplina sabe que puede
correr más rápido y sin ayuda técnica. Y como si la celeridad en
alcanzar la meta fuera un plus en ese deporte. Debo de estar mayor, ya
digo, porque el invento está arrasando entre las millenials y
ya hay quien lo califica como el nuevo y revolucionario vibrador
feminista dado que, al manejarlo una misma y no precisar introducirse en
ningún sitio, nos libera por fin del yugo de la secular falocracia. Como si no hubiera clitoridianas de toda la vida. Aunque personalmente el onanismo a solas me aburre que me mata, no seré
yo quien le ponga pegas a todo adelanto que sirva para darle alegría a
nuestro cuerpo, Macarenas. No siempre se puede o se quiere tener
compañía y la autosuficiencia es un grado. Ahora, que no me vengan con
que el Satisfyer, poético nombre del utensilio, es el totem del
feminismo de la cuarta ola y la abolición de la falodependencia cuando
es poco más que un chirimbolo para autosatisfacernos rapidito y seguir
produciendo, porque me entra la risa. En ese sentido, encuentro mucho
más revolucionario el método de una amiga que, en épocas de sequía, se
deja el sueldo en masajes terapéuticos solo para que unas manos humanas
la toquen. Bien está que los publicistas nos vendan como empoderador de
mujeres un cacharro a pilas, hermanas. Otra cosa es que les compremos el
relato. El cacharro ya lo voy reservando, que nunca vendrá mal para
unas prisas.
El
político conservador encabezó la oposición a la guerra de Irak y llevaba
varios años retirado de la vida pública tras un problema
cerebrovascular en 2005.
Jacques Chirac, en un discurso en 2007. En vídeo, el perfil del expresidente de Francia.Philippe WojazerREUTERS | Vídeo: Europa PressEl expresidente francés Jacques Chirac
ha fallecido este jueves a los 86 años, tras una larga enfermedad que
lo tuvo los últimos tiempos alejado de los focos que durante tantas
décadas atrajo. Personaje clave e imprescindible de la política francesa
desde la segunda mitad del siglo XX, Chirac, que conoció casi todas las
esferas del poder —fue ministro y primer ministro antes de llegar al
Elíseo, tras usar la alcaldía de París como trampolín político, aunque
también le valió una condena jurídica— era un personaje sumamente
carismático, valorado tanto por sus seguidores como detractores, que le
reconocieron, entre otros, su firme oposición a la guerra de Irak.
La
noticia de su deceso fue transmitida por su familia. “El presidente
Jacques Chirac murió esta mañana rodeado de su familia. En paz”, declaró
su yerno Frederic Salat-Baroux, esposo de Claude, la única hija del
expresidente que lo sobrevive. El mundo político francés rindió inmediatamente homenaje a Jacques
Chirac, sobre quien el actual presidente, Emmanuel Macron, hablará en un
discurso solemne esta tarde a las 20.00 horas, según ha adelantado el
Elíseo. La Asamblea Nacional, que se encontraba reunida cuando se
conoció la noticia, saludó la vida de Chirac con un minuto de silencio. “Jacques Chirac forma parte de la historia de Francia. Una Francia a su
imagen, fogosa, compleja, a veces atravesada por contradicciones,
siempre animada por una incansable pasión republicana”, dijo el
presidente del hemiciclo, Richard Ferrand. Chirac “encarnó el alma de
Francia”, corroboró el presidente del Senado, Gérard Larcher. El político de centroderecha (París, 1932) ocupó el Elíseo entre 1995
y 2007. Una época convulsa en la que, entre otros, alcanzó fama
internacional con su firme no a la Guerra de Irak
lanzada por el presidente estadounidense George W. Bush en 2003. El
ultimátum norteamericano “compromete el futuro de un pueblo, el futuro
de una región, la estabilidad del mundo. Es una decisión grave”, advirtió,
en vano, el 18 de marzo de 2003, unos días antes de que comenzara el
conflicto bélico cuyas consecuencias lastran la actualidad
internacional.
También fue el primer jefe de Estado francés que, en 1995, reconoció la responsabilidad de Francia en la deportación de judíos durante la Segunda Guerra Mundial,
algo eludido por todos sus predecesores de la V República francesa. Chirac también supo ver, mucho antes que otros, el peligro que suponía
el cambio climático. "Nuestra casa arde", dijo en referencia al planeta dijo en su ya
famoso discurso durante la Cumbre de la Tierra en Johanesburgo, en 2002. Pasará asimsimo a la historia por haber sido el político que se
enfrentó por primera vez en una segunda vuelta electoral a la
ultraderecha, en las presidenciales de ese mismo 2002 en las que logró
derrotar al entonces líder del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, tras
conseguir aunar a todas las fuerzas, incluidas las de la izquierda, en
un “frente republicano”.
Pero Jacques Chirac será recordado, también, como el único expresidente francés en haber sido condenado por la justicia
por malversación de dinero público y abuso de confianza. Cuando se
conoció el veredicto, en 2011, Chirac ya estaba muy enfermo —sufrió un problema cardiovascular en 2005—
y retirado de la vida pública y no tuvo que cumplir los dos años de
prisión a los que fue condenado por las decenas de empleos ficticios que
autorizó durante su periodo al frente del ayuntamiento de París que,
paradójicamente, fue el trampolín a su salto al Elíseo.
Antes de su
etapa como alcalde y como presidente de la República, Chirac fue
ministro del Gobierno de Georges Pompidou a principios de los setenta
(de Relaciones Parlamentarias, de Agricultura y de Interior). Durante su
primer mandato como presidente, tuvo que gobernar en cohabitación con
un Gobierno socialista liderado por Lionel Jospin. Pese a que fueron
duros rivales políticos, este destacó hoy su labor. “Tuve el privilegio
de gobernar Francia bajo su presidencia. Fue un periodo políticamente
complejo (…) pero en política extranjera, nos cuidamos siempre de hablar
con una sola voz”, recordó en la emisora France Inter.
El también socialista y expresidente François Hollande
resaltó asimismo su visión internacional. “Mucho antes que otros,
comprendió el desafío del calentamiento global, el desarrollo de África y
de la paz en Oriente Próximo. Por ese motivo, rechazó en 2003 que
nuestro país entrara en la guerra de Irak cuyas consecuencias trágicas
vemos hoy”, dijo en un comunicado, en el que también valoró su capacidad
de “establecer un vínculo con los franceses”. “Chirac quedará como el hombre del discurso de Vel d’Hiv, el
presidente que se opuso a la guerra en Irak, el apasionado de las
civilizaciones y el hombre por el que voté en 2002. Sé que ocupa ya un
bello lugar en el corazón de los franceses”, afirmó en Twitter el ex
primer ministro socialista francés y excandidato a la alcaldía de
Barcelona, Manuel Valls. “Hoy desaparece una parte de mi vida”, declaró por su parte el también expresidente Nicolas Sarkozy, que lo sucedió en el Elíseo y que fue ministro de Interior bajo Chirac. La actual líder de la ultraderecha Marine Le Pen,
a cuyo padre derrotó Chirac en 2002, también reconoció el valor de un
político con el que mantuvo “muchas divergencias” pero que, subrayó,
“fue capaz de oponerse a la locura de la guerra de Irak”.
Los reconocimientos también llegaban desde el extranjero.
“Europa pierde hoy una de sus figuras destacadas, Francia pierde a un
gran hombre de Estado y yo a un amigo fiel”, lamentó el presidente de
la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, para quien Chirac era “un
hombre de fuertes convicciones, de valores humanistas de fraternidad,
respeto y tolerancia”. “Perdemos un gran hombre de Estado y europeo”,
lamentó por su parte el ministro de Exteriores alemán, el
socialdemócrata Heiko Maas. Jacques Chirac
nació en París el 29 de noviembre de 1932. Era hijo de un administrador
de sociedades y su familia era de clase media acomodada. En 1954 se
graduó en el Instituto de Estudios Políticos de París, hizo el servicio
militar como oficial de caballería del ejército francés en Argelia entre
1956 y 1957, y en 1959 finalizó sus estudios en la Escuela Nacional de
Administración (ENA), siendo el 16º en elrankingde
su promoción. Entró en la política nacional a mediados de los años 60,
de la mano del primer ministro Georges Pompidou, de quien empezó siendo
encargado de misión en su gabinete privado. En la década de los años 70
ocupó varios cargos ministeriales antes de convertirse, en 1977, en el
primer alcalde de París elegido por sufragio universal. En 1995 colmó su
ambición, conquistar el Elíseo, tras dos intentos frustrados, en 1981 y
1988, en los que fue derrotado por François Mitterrand. Para la
posteridad ha quedado la demoledora respuesta que el socialista le dio a
su entonces primer ministro conservador durante un debate presidencial
televisado. "Permítame decirle que, esta noche, yo no soy el primer
ministro y usted no es el presidente. Somos dos candidatos en igualdad
que se someten al juicio de los franceses, el único que cuenta. Permítame por tanto llamarle señor Mitterrand", le dijo Chirac en un
intento de igualar los campos. "Tiene usted toda la razón, señor primer
ministro", le respondió Mitterrand. A sus 86 años, Jacques Chirac estaba totalmente retirado de la política. Estaba casado con Bernadette Chodron de Courcel
y tuvieron dos hijas. La mayor, Laurence, murió en 2011 a los 58 años,
tras una vida marcada por depresiones, anorexia e intentos de suicidio
que marcó a toda la familia. Además, los Chirac acogieron en 1979 en su casa a la vietnamita Anh Dào Traxel,
que entonces tenía 21 años. Nunca la adoptaron oficialmente, pero para
ellos fue una hija más. Aunque se distanció los últimos contacto de su
familia adoptiva, Dào Traxel lamentó este jueves la muerte del hombre
que la "protegió" y le "permitió tener una segunda oportunidad". "Como
ciudadana digo que hemos perdido a un gran hombre en Francia (...) eso
quedará en la memoria de los franceses, que siempre quisieron mucho a
Chirac. Era un gran corazón", declaró la "hija del corazón" del
exmandatario, como la llamaba Chirac.
La
colaboradora de Telecinco se paseó por las fiestas de la 'jet set' de la
mano del tenista Manolo Santana, con quien ha firmado la paz en 'Gran
Hermano VIP'.
Mila Ximénez durante una de sus apariciones televisivas.GtresOnline
Entre 25.000 y 30.000 euros por semana es el caché que la prensa especializada ha publicado que cobra Mila Ximénez por haberse convertido en concursante y batuta entrenada en el arte de hacer televisión en la última edición de Gran Hermano VIP.
En las dos semanas escasas que han pasado desde que empezó el reality
de Telecinco, quien es una de sus colaboradoras estrella, ha llorado,
ha amenazado con abandonar, ha discutido hasta el paroxismo con alguno
de los otros concursantes y ha conseguido lo que se pretendía con su
participación: generar audiencias para ese nutrido grupo de espectadores
que al llegar a casa esperan las miserias y los conflictos de famosos y
famosillos como agua de mayo para desconectar de los propios.
A lo largo de sus 67 años de vida, muchos ni siquiera recordarán que Ximénez estuvo casada con el tenista Manolo Santana, una de las figuras más destacadas del deporte español de los años 60, el único que hasta la llegada de Conchita Martínez en 1994 y Rafa Nadal
en 2008 había conseguido ganar el torneo de Wimbledon, aunque lo
hiciera en categoría no profesional. Su relación comenzó a principios de
los años 80, se casaron en 1983 y tuvieron a su única hija en común,
Alba, en 1984. Durante los años que duró su pareja –se separaron
definitivamente en 1986– Mila Ximénez se convirtió en una asidua de las
fiestas de la alta sociedad patria e internacional. Ir del brazo de
Santana le abrió numerosas puertas de aquellas élites que se movían como
pez en el agua en los veranos de Marbella. "Cometí el error de querer
vivirlo todo durante aquellos años. Él me daba mucha libertad, pero la
gestioné mal", afirmó este martes mientras explicaba en directo la curva
de la vida que había hecho durante la gala de Gran Hermano Vip. Durante años, Ximénez ha arremetido en público contra el tenista. Ahora
parece haber cambiado: "Me estoy reconciliando con esa etapa de mi
vida. Ambos veníamos de dos relaciones muy complicadas, pero ninguno de
los dos estábamos preparados para ello".
Mila Ximénez comenzó su relación con la cadena en la que ahora es
concursante en el año 2000 y sabe mucho de lo que se espera de ella,
pero también ha confesado en alguna ocasión que el papel que representa
como colaboradora a veces la desborda.
Tanto como en algún momento lo ha
hecho la vida de esta mujer que nació en Sevilla el 21 de mayo de 1952 y
que comenzó su andadura en los medios de comunicación colaborando en
revistas de tenis.
Algo más tarde, en 1986 lo hizo con el diario ABC
donde se encargó de una sección semanal, Café con Mila Santana, en la que entrevistaba a personajes famosos. Entremedias trabajó en La Revista y también en el programa radiofónico de la COPE Directamente Encarna,
donde conoció a Encarna Sánchez.
Una relación que a Mila Ximénez le ha
proporcionado después grandes momentos televisivos y sonados
enfrentamientos con figuras como Isabel Pantoja,
que llegó a demandarla en varias ocasiones por los comentarios que
realizó sobre ella y su amistad especial con la periodista radiofónica.
Mila Ximénez con su hija Alba Santana, después de su participación en 'Supervivientes' en 2016.GtresOnline
Su separación del tenista marcó un antes y un después en el sentido
vital y también en el profesional.
Los paseos por las playas andaluzas y
las fiestas interminables dieron paso a un agrio divorcio que se contó
con pelos y señales en las revistas del corazón.
Su hija Alba se quedó
junto a su padre y ella se convirtió en madre a ratos, menos de los que
siempre ha dicho que quiso.
Su situación económica empeoró y durante
unos años el brillo de antaño dio paso a momentos de penumbra e incluso
de penurias monetarias.
No hace mucho, ya convertida en habitual de los
distintos formatos de Sálvame, contó en un blog que publica en la revista Lecturas, que la vuelta a la actualidad de Jesús Gil, que fue alcalde de Marbella, le había refrescado la memoria sobre aquellos años:
"He vuelto a revivir la Marbella de la jet set que me hizo
feliz durante un tiempo y que me trae recuerdos gratos. Pero también es
cierto que me retrotrae a otros donde soy arrastrada por un tsunami del
que nunca he podido superar sus secuelas", escribía.
Los oropeles de algunas noches quedaron eclipsados por lo que vivió
como madre ausente con su hija Alba y a ella sigue haciendo referencia
en esa publicación de su blog: "No quiero volver al pasado, aunque daría
años de mi vida por volver a pasear con Alba por la playa, ajena a los
años que, después, me arrebatarían esto. Así que las fotos de un tiempo
que la gente piensa que me lleva al paraíso perdido, para mí siguen
siendo, de alguna manera, una derrota. En este momento, aunque he
librado batallas duras, la recompensa del triunfo me ha compensado. Ahora disfruto cada día de los míos e intento que sea lo más frecuente
posible". En la gala del concurso en el que participa, reconoció entre lágrimas
que perdió el timón de su vida, tuvo que renunciar a la persona que más
quería, su hija, y que durante más de 10 años pensó que no iba a
levantar cabeza. "No recuerdo bien esos años", le confesó a Jorge Javier
Vázquez la noche del martes.
"No recuerdo bien ni cómo entré ni cómo
salí pero sí que durante ellos no hubo ni un solo momento en el que
fuera feliz", añadió.
"Mi primera relación amorosa", explicó en
referencia a un médico con el que convivió en su juventud, "me hizo
mucho daño, y el padre de Alba también y nunca entendí el porqué.
Lo
único bueno es que mi hija recuerda su niñez con amor y paz.
Yo sabía
que me quería y Ana, la persona que la cuidaba entonces, se preocupó de
que yo estuviera en su vida".
Mila Ximénez y Manolo Santana en los años ochenta, cuando eran pareja.GtresOnline
Los años dejaron atrás la noche y las relaciones sentimentales de
quien afirma que su rebeldía y su necesidad de ir por libre
probablemente le han impedido encontrar una persona en la que encontrar
reposo. Se la relacionó con el periodista Julián Lago, con los actores José Sacristán y Pepe Sancho y con Antonio Arribas, un vividor habitual de Marbella a quien también se le conocieron romances con Lolita,
la hija de Lola Flores, Carmina Ordóñez o Linda Christian, y que fue
encontrado muerto en 1994 en un apartamento de Puerto Banús (Málaga),
cuando tenía 49 años. Ella ha confesado recientemente que solo ha tenido
un amor con mayúsculas y que se trató de Rafael Aguilera, un millonario
empresario marroquí que falleció en febrero de 2018. Ahora vive en el barrio de Salamanca, en Madrid, pero su
corazón se asienta en Ámsterdam, donde reside su única hija junto a su
marido y los dos nietos de la periodista, Alexander y Victoria, que
tienen 12 y 6 años. En sus propias palabras ellos son los responsables
de que su felicidad haya subido al máximo. "Nunca pensé volver a tener
gente que me quisiera así", le dijo a Jorge Javier Vázquez. "Por eso, y
aunque me regañes, me pregunto por qué cuando estoy bien tengo que
cambiar las cosas. Por qué si todo estaba bien me estoy asfixiando aquí
dentro", se preguntó sobre su decisión de participar en el reality en el que ahora se encuentra. Mientras llega el día en el que por fin deje de soñar con estar
cerca de ellos a diario, sigue copando portadas de revistas con sus
declaraciones, sus operaciones de cirugía estética y gracias a su papel de azote de famosos en televisión. Como ocurre ahora, mientras concursa en Gran Hermano Vip,
a veces amenaza con abandonar y dedicarse a esa vida privada que trata
de proteger mientras desgrana las de otros. De momento, la fórmula de
los programas de televisión en los que trabaja la tiene atrapada y las
tardes y algunas noches de su vida se desgranan en ese formato que ha
convertido los conflictos y las reconciliaciones en una fórmula
televisiva de éxito que a veces parece va a engullir a quienes ejercen
como sus jefes de pista. Mila Ximénez pasó de famosa a entrevistadora de famosos; de colaboradora de televisión a concursante de Supervivientes en 2016 y de afirmar que abandonaba Sálvame hace solo unos meses a maestra de ceremonias en Gran Hermano Vip. Hay que esperar para ver si esta es su última pirueta o todavía le
quedan saltos mortales para seguir haciendo historia de la televisión.