La hija de
Rocío Carrasco y Antonio David Flores ha abandonado el silencio elegido
durante años de enfrentamiento de sus padres y ha sorprendido en los
platós por su madurez en la defensa de su padre.
Rocio Flores Carrasco, el 11 de septiembre.GTRESONLINE
Las redes sociales son ahora un espejo, a veces edulcorado, de las
vidas de personas famosas y anónimas. En el caso de Rocío Flores —la
hija de Rocío Carrasco y Antonio David Flores— es también un libro abierto sobre sus afectos, a quién quiere y a quién mantiene fuera de su círculo. En su cuenta de Instagram
aparecen fotos con sus amigos, con sus hermanos, David y Lola (esta
última fruto del segundo matrimonio de Flores), con su novio Manuel, con
su tía Gloria Camila y con su padre, con quien vive desde los 16 años. Pero no hay ni rastro de su madre, de quien se distanció entonces por un enfrentamiento
del que se desconocen los detalles y que la llevó a elegir vivir con su
padre en Málaga e ir perdiendo progresivamente el contacto con su
progenitora. El mismo camino que siguió años más tarde su hermano menor,
David.
De su infancia se sabe casi todo porque era la nieta de la cantante Rocío Jurado, la más grande
en su género. Una artista que por la potencia de su voz, su saber estar
sobre el escenario y el físico imponente que no escondió en sus años de
juventud, cuando España aún era timorata y necesitaba de mujeres
valientes que reivindicaran su poderío, no dejó indiferente a nadie. La
corte de admiradores que arrastró la cantante aumentó cuando se casó con
el exboxeador Pedro Carrasco y después con el torero José Ortega Cano. La muerte prematura de Rocío Jurado a los 61 años, a causa de un cáncer
de páncreas, terminó por cerrar el círculo con los ingredientes que
convierten a una estrella en un mito, y a todos los suyos, juntos y por
separado, en objetivo de la prensa del corazón. De esta curiosidad
mezcla de morbo y reverencia no se ha librado su única hija, Rocío
Carrasco, ni tampoco los dos hijos que esta tuvo con el ex guardia civil
reconvertido en colaborador televisivo Antonio David Flores: Rocío y
David.
Rocío Carrasco y su marido, Fidel Albiac.GTRESONLINE
Rocío Flores Carrasco, de 22 años,
es el último miembro en subirse a la ola de la exposición pública de
este clan que bascula sobre la figura de la cantante de Chipiona. Hasta
hace una semana la primogénita de Rocío Carrasco y Antonio David Flores
había preferido el silencio, mantenerse en un segundo plano y esquivar el centro del huracán del traumático divorcio de sus padres, una pareja que estuvo casada durante tres años y que lleva 20 de demandas, enfrentamientos judiciales y dimes y diretes públicos. Sin embargo, el regreso de Antonio David Flores a la televisión como concursante de Gran Hermano Vip
ha girado la vida de su hija Rocío, que ha pasado en solo unos días de
joven discreta centrada en su faceta de asesora nutricional a estrella
de televisión de la mano de Mediaset. La nieta de Rocío Jurado ha decidido prescindir de la tibieza y mojarse
de una vez por todas en favor de su padre. Aceptar ser su defensora en
el reality de Telecinco ha descubierto a una joven madura,
serena, preparada y equilibrada que ha sorprendido favorablemente a todo
el mundo a pesar de su juventud. Pero también ha hecho que el conflicto que enfrenta a sus padres,
y que les ha implicado a ella y a su hermano David, ocupe horas y horas
de televisión e infinidad de titulares. No es nuevo que Rocío Flores se
posicione con su padre, pero sí lo es que lo haga desde un plató que
solo había pisado antes una vez para recibir a su tía Gloria Camila
(hija adoptiva de Rocío Jurado y José Ortega Cano) cuando regresó de su
participación en Supervivientes.
Antonio David Flores y su hijo, David Flores Carrasco.GTRESONLINE
El trasfondo de esta historia es una disputa de familia: dos jóvenes
que se casaron quizá demasiado pronto a consecuencia de un embarazo, una
ruptura que llegó solo tres años más tarde y desde entonces demasiadas
horas de detalles sobre una convivencia rota y una familia famosa,
los Carrasco Jurado, que convirtió a un joven ex guardia civil en un
habitual de los programas rosa de la televisión. Cuando Antonio David
Flores dejó de hablar de su exmujer y su exfamilia política, la atención
sobre ellos no disminuyo porque los trapos sucios llegaron en forma de pleitos judiciales interpuestos por ambas partes.
Pero Rocío Flores no perdona a su madre. Sus motivos para separarse de
ella como hija están por desvelar, pero los que la hacen defender a su
padre provienen entre otras cosas de la demanda que Rocío Carrasco
presentó contra Antonio Flores por malos tratos continuados
que podría haber significado su ingreso en prisión. Cuando la sentencia
favorable para su padre en este caso dio un respiro a la familia, la
fiscalía vuelve a pedir tres años de cárcel como consecuencia de la
demanda que su exmujer presentó por alzamiento de bienes. El cartel de
presunto maltratador le cerró las puertas de televisión, la demanda que
todavía espera sentencia vuelve a poner la sombra de la cárcel en su
camino. Una situación difícil de entender para unos hijos que viven con
él, que alaban su papel como padre y que no mantienen ningún contacto
con su madre, que sigue empeñada en mantener una batalla que todavía
esta por ver si gana en los tribunales pero que parece perdida en lo que
concierne a su vida familiar.
Iñaki Urdangarin sale de la Audiencia de Palma, en junio de 2018.ULY MARTÍN / ATLAS
Iñaki Urdangarin, esposo de la infanta Cristina y cuñado de Felipe VI,
empezará a salir a partir del jueves dos veces por semana durante un
plazo máximo de ocho horas al día de la prisión abulense de Brieva,
donde cumple una condena de cinco años y diez meses de prisión desde
junio de 2018. Lo hará para desplazarse a la localidad de Pozuelo de
Alarcón (Madrid) a hacer labores de voluntariado con discapacitados en
el Hogar Don Orione, dependiente de una congregación religiosa. Así lo
ha decretado el juez de Vigilancia Penitenciaria número 1 de Castilla y León, Florencio de Marcos,
en una resolución notificada este martes y a la que ha tenido acceso EL
PAÍS. Urdangarin, no obstante, seguirá clasificado en segundo grado
penitenciario. El magistrado sustenta su decisión al amparo del artículo 117 del Reglamento Penitenciario,
que permite a los reclusos en segundo grado con “baja peligrosidad
social” “acudir regularmente a una institución exterior para la
realización de un programa concreto de atención especializada, siempre
que este sea necesario para su tratamiento y reinserción social” y que
no se adviertan riesgos de quebrantamiento de condena. Este artículo se
ha aplicado en los seis primeros meses de 2019 a 263 reclusos, según
fuentes penitenciarias. La decisión del magistrado se produce en contra del criterio de la
Fiscalía y de la junta de tratamiento de la cárcel, en la que participan
diversos profesionales de la prisión. La junta reflejó en su informe de
julio que el riesgo de reincidencia del marido de la infanta es
“medio-alto” dado lo elevado de la pena y el tipo de delito. La
Secretaría General de Instituciones Penitenciarias resolvió el pasado 1
de agosto mantener a Urdangarin en segundo grado al considerar que aún
no había cumplido la cuarta parte de la condena ni, por ello, había
disfrutado de permisos. Prisiones también consideró que su evolución en
la cárcel no había sido suficientemente positiva para disfrutar del
régimen de semilibertad.
Urdangarin es el único recluso del módulo masculino de la cárcel de
Brieva, en la que ingresó tras hacerse firme la sentencia por el caso Nóos
de corrupción. Instituciones Penitenciarias, que tenía potestad para
cambiarle de centro, decidió mantenerlo en Brieva por motivos de
seguridad, pese a que en esa prisión carece de relación con otros
reclusos y su vida social se limita a las visitas de sus familiares. “La
situación de aislamiento como forma de cumplimiento en la cual se
encuentra el recurrente no es fruto de su elección, sino decisión de la
autoridad penitenciaria. No es la voluntad de los internos la que
determina el centro penitenciario de cumplimiento, pronunciamiento que,
de nuevo, corresponde a la Administración”, recuerda el juez De Marcos
en un auto insólitamente extenso (22 folios). El magistrado señala que “el aislamiento como forma de cumplimiento
está proscrito en la normativa internacional, las Reglas Mínimas
Penitenciarias del Consejo de Europa y en la legislación nacional, la
Ley Orgánica General Penitenciaria y el Reglamento Penitenciario". No
obstante, recuerda que "cabe recurrir a él en orden a preservar la vida e
integridad de los internos, de ahí la legalidad de la decisión adoptada
por la Administración”. No obstante, afirma el juez que en estos casos
“han de articularse medidas en orden a evitar la desocialización que
comporta la soledad”. "Que las situaciones de aislamiento continuado afectan con especial
intensidad a [la] psiquis del sujeto es algo más que una mera
intuición", añade en el auto, en el que también rechaza que sea cierta
la "creencia popular" de que esa situación para cumplir una pena "es una
ventaja, si no privilegio". Y recalca que "no es la vida de un eremita
la que se postula como modelo". Por ello, considera necesario articular
"en compensación con el excepcional régimen de vida" que supone el
aislamiento penitenciario "mecanismos correctores de tal situación". El magistrado recuerda que la decisión de mantener aislado a un preso
del resto de reclusos por motivos de seguridad se ha adoptado
anteriormente en otras tres ocasiones: con el ex director general de la
Guardia Civil Luis Roldán; el ex gobernador civil de Gipuzkoa José Ramón
Goñi Tirapu y el ex secretario de Estado de Seguridad Rafael Vera. También hace referencia a Oriol Pujol, hijo del expresidente de la
Generalitat Jordi Pujol, a quien se le concedió la semilibertad
recientemente.
Sobre el voluntariado con discapacitados propuesto por Urdangarin, el
magistrado destaca que será "sin contraprestación económica o material"
e implica "por sí un elemento de asunción de valores prosociales".
"En el ámbito de la delincuencia económica, cuyo eje es el egoísmo,
el afán desmedido de lucro, además del desprecio al interés comunitario,
la toma de contacto con la vida real, con los problemas de los demás,
coopera a generar un elemento de conciencia de la trascendencia de la
propia conducta delictiva", resalta el magistrado, que enmarca la labor
que realizará el cuñado del Rey "en el concepto de justicia
restaurativa, una forma de reparación a la sociedad". Las reclamaciones de Urdangarin, condenado por malversación,
prevaricación, fraude a la Administración, dos delitos fiscales y
tráfico de influencias, ya fueron atendidas por el juez De Marcos el
pasado diciembre, cuando le autorizó a tener una bicicleta estática en la cárcel para
“ocupar las largas horas de soledad”. Entonces, el magistrado ya
alertaba sobre el peligro para “la salud física y mental” que el
cumplimiento de la pena en total aislamiento puede tener para un
recluso.
La
división y la industrialización del trabajo manual e intelectual han
contribuido al advenimiento de una 'mediocracia', sostiene el filósofo
Alain Deneault en su último libro.
Getty Images / Vetta CSADeje a un lado esos complicados volúmenes: le serán más útiles los
manuales de contabilidad. No esté orgulloso, no sea ingenioso ni dé
muestras de soltura: puede parecer arrogante. No se apasione tanto: a la
gente le da miedo. Y, lo más importante, evite las “buenas ideas”:
muchas de ellas acaban en la trituradora. Esa mirada penetrante suya da
miedo: abra más los ojos y relaje los labios. Sus reflexiones no solo
han de ser endebles, además deben parecerlo. Cuando hable de sí mismo,
asegúrese de que entendamos que no es usted gran cosa. Eso nos
facilitará meterlo en el cajón apropiado. Los tiempos han cambiado. Nadie ha tomado la Bastilla, ni ha prendido fuego al Reichstag, el Aurora no ha disparado una sola descarga. Y, sin embargo, se ha lanzado el ataque y ha tenido éxito: los mediocres han tomado el poder. ¿Qué es lo que mejor se le da a una persona mediocre? Reconocer a otra
persona mediocre. Juntas se organizarán para rascarse la espalda, se
asegurarán de devolverse los favores e irán cimentando el poder de un
clan que seguirá creciendo, ya que enseguida darán con la manera de
atraer a sus semejantes. Lo que de verdad importa no es evitar la
estupidez, sino adornarla con la apariencia del poder. “Si la estupidez
[…] no se asemejase perfectamente al progreso, el ingenio, la esperanza y
la mejoría, nadie querría ser estúpido”, señaló Robert Musil. Siéntase cómodo al ocultar sus defectos tras una actitud de
normalidad; afirme siempre ser pragmático y esté siempre dispuesto a
mejorar, pues la mediocridad no acusa ni la incapacidad ni la
incompetencia. Deberá usted saber cómo utilizar los programas, cómo
rellenar el formulario sin protestar, cómo proferir espontáneamente y
como un loro expresiones del tipo “altos estándares de gobernanza
corporativa y valores de excelencia” y cómo saludar a quien sea
necesario en el momento oportuno. Sin embargo –y esto es lo
fundamental–, no debe ir más allá. El término mediocridad designa lo que está en la media, igual que superioridad e inferioridad designan lo que está por encima y por debajo. No existe la medidad . Pero la mediocridad
no hace referencia a la media como abstracción, sino que es el estado
medio real, y la mediocracia, por lo tanto, es el estado medio cuando se
ha garantizado la autoridad. La mediocracia establece un orden en el
que la media deja de ser una síntesis abstracta que nos permite entender
el estado de las cosas y pasa a ser el estándar impuesto que estamos
obligados a acatar. Y si reivindicamos nuestra libertad no servirá más
que para demostrar lo eficiente que es el sistema. La división y la industrialización del trabajo –tanto manual como
intelectual– han contribuido en gran medida al advenimiento del poder
mediocre. El perfeccionamiento de cada tarea para que resulte útil a un
conjunto inasible ha convertido en “expertos” a charlatanes que enuncian
frases oportunas con mínimas porciones de verdad, mientras que a los
trabajadores se les rebaja al nivel de herramientas para quienes “la
actividad vital […] no es sino un medio de asegurar su propia
existencia”. […] Laurence J. Peter y Raymond Hull fueron de los primeros
en atestiguar la proliferación de la mediocridad a lo largo y ancho de
todo un sistema. Su tesis, El principio de Peter, que
desarrollaron en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial,
resulta implacable en su claridad: los procesos sistémicos favorecen que
aquellos con niveles medios de competencia asciendan a posiciones de poder,
apartando en su camino tanto a los supercompetentes como a los
totalmente incompetentes. Se dan ejemplos impresionantes de este
fenómeno en los colegios, donde se despedirá a un profesor que no sea
capaz de seguir un horario ni sepa nada sobre su asignatura, pero
también se rechazará a un rebelde que aplique cambios importantes a los
protocolos de enseñanza para lograr que una clase de alumnos con
dificultades obtenga mejores calificaciones –tanto en comprensión
lectora como en aritmética– que los alumnos de las clases normales. Asimismo, se desharán de un profesor poco convencional cuyos alumnos
completen el trabajo de dos o tres años en solamente uno. Según los
autores de El principio de Peter, en este último caso al
profesor se le castigó por haber alterado el sistema oficial de
calificaciones, pero sobre todo por haber causado “un estado de ansiedad
extrema al profesor que habría de encargarse al año siguiente del grupo
que ya había realizado todo ese trabajo”. Así es el proceso que va dando lugar a los “analfabetos secundarios”, por emplear la expresión acuñada por Hans Magnus Enzensberger. Este nuevo sujeto, producido en masa por instituciones educativas y
centros de investigación, se precia de poseer todo un acervo de
conocimiento útil que, sin embargo, no lo lleva a cuestionarse sus
fundamentos intelectuales […]
La norma de la mediocridad lleva a desarrollar una imitación del
trabajo que propicia la simulación de un resultado. El hecho de fingir
se convierte en un valor en sí mismo. La mediocracia lleva a todo el
mundo a subordinar cualquier tipo de deliberación a modelos arbitrarios
promovidos por instancias de autoridad. Hoy figuran entre sus ejemplos
el político que explica a los votantes que se tienen que someter a los
designios de los accionistas de Wall Street; o el profesor universitario
que considera que el trabajo de un alumno es “demasiado teórico y
demasiado científico” cuando sobrepasa las premisas que se habían
expuesto previamente en un PowerPoint; o el productor cinematográfico
que insiste en adjudicarle a un famoso un papel protagonista en un
documental sobre un tema con el que este no tiene ninguna relación ; o el
experto que demuestra su “racionalidad” argumentando largamente a favor
de un crecimiento económico (irracional). Zinoviev ya era consciente de las posibilidades del trabajo simulado como fuerza psicológica para alterar las mentes:
"La imitación del trabajo al parecer solo precisa de un resultado, o
más bien de la mera posibilidad de justificar el tiempo que se ha
invertido: la comprobación y la evaluación de los resultados las llevan a
cabo personas que han participado de la simulación, que guardan
relación con ella y tienen interés en perpetuarla". Cabría pensar que un rasgo común entre quienes comparten este poder
sería el de una sonrisa cómplice. Al creerse más listos que todos los
demás, se complacen con frases cargadas de sabiduría tales como: “Hay
que seguir el juego”. El juego –una expresión cuya absoluta vaguedad
encaja perfectamente con el pensamiento del mediocre– requiere que,
según el momento, uno acate obsequiosamente las reglas establecidas con
el solo propósito de ocupar una posición relevante en el tablero social,
o bien que eluda con ufanía tales reglas –sin dejar nunca de guardar
las apariencias–, gracias a múltiples actos de colusión que pervierten
la integridad del proceso.
Alain Deneaultes filósofo y escritor, profesor de Sociología en la Universidad de Québec y autor deParaísos fiscales. Una estafa legalizada(2017). Este texto es un extracto de su libroMediocracia. Cuando los mediocres toman el poder, que publica Turner el 4 de septiembre.
Si Coco Chanel
logró transformar la moda para siempre fue porque supo leer el signo de
los tiempos. Ella entendió antes y mejor que nadie que las mujeres
necesitaban un nuevo guardarropa con el que ser activas, independientes y libres. “Una mujer ocupada necesita sentirse cómoda con su ropa. Tienes que ser
capaz de subirte las mangas”, declaró en la década de los años 20. Su
capacidad para absorber ideas y su talento para adaptarlas a sus diseños
solo era comparable a su don para rodearse de las personas apropiadas:
una mezcla imposible de artistas y aristócratas que le ayudaron a
estimular su creatividad y, en los inicios de su carrera, también a
financiarla. Con
muchos mantuvo relaciones amorosas, pero la mayoría, sencillamente,
solo disfrutaban de tenerla cerca. Ahora, una biografía recién publicada
en Reino Unido, Living with Coco Chanel. The homes and landscapes that shaped the designer,
añade nuevos datos. Escrito por la escocesa Caroline Young, el libro
recorre los lugares y casas que frecuentó Coco —unas veces, en calidad
de amante de sus dueños; otras, como en el caso de La Pausa, su villa
cerca de Montecarlo, como su orgullosa propietaria—, y explora cómo la moldeó e inspiró cada entorno.
Si Coco Chanel
logró transformar la moda para siempre fue porque supo leer el signo de
los tiempos. Ella entendió antes y mejor que nadie que las mujeres
necesitaban un nuevo guardarropa con el que ser activas, independientes y libres.
“Una mujer ocupada necesita sentirse cómoda con su ropa. Tienes que ser
capaz de subirte las mangas”, declaró en la década de los años 20. Su
capacidad para absorber ideas y su talento para adaptarlas a sus diseños
solo era comparable a su don para rodearse de las personas apropiadas:
una mezcla imposible de artistas y aristócratas que le ayudaron a
estimular su creatividad y, en los inicios de su carrera, también a
financiarla. Con
muchos mantuvo relaciones amorosas, pero la mayoría, sencillamente,
solo disfrutaban de tenerla cerca. Ahora, una biografía recién publicada
en Reino Unido, Living with Coco Chanel. The homes and landscapes that shaped the designer,
añade nuevos datos. Escrito por la escocesa Caroline Young, el libro
recorre los lugares y casas que frecuentó Coco —unas veces, en calidad
de amante de sus dueños; otras, como en el caso de La Pausa, su villa
cerca de Montecarlo, como su orgullosa propietaria—, y explora cómo la moldeó e inspiró cada entorno. Hasta en el convento de Aubazine, donde la dejó su padre de niña,
halló Young elementos que luego Coco referenciaría en su firma. “Fui a
Aubazine, la abadía donde se crió después de haber sido abandonada a la
edad de doce años. Es un lugar muy remoto, tranquilo, en lo alto de una
meseta, rodeado de bosque, y descubrí que ahí es donde comienza la
leyenda de Chanel”, cuenta la autora a EL PAÍS. Pero Living with Coco Chanel no es un mero compendio de datos de interiorismo; son las experiencias junto a los hombres de su vida —de esa vida sentimental tan intensa y azarosa— las que protagonizan gran parte de la obra. Coco Chanel, en Francia, en 1937.LipnitzkiRoger Viollet via Getty Images El primero fue el oficial de caballería y heredero textil Etienne
Balsan, que se fijó en ella cuando solo era una joven costurera. Balsan
la convirtió en su segunda amante, la instaló en su castillo y acabó
prestándole un apartamento en París donde Coco empezó a vender sus
sombreros. “Él era un inconformista al que le gustaba rodearse de gente
de fuera de su círculo, e incluyó a Chanel en su mundo porque era
diferente y única. Esto fue alrededor de 1905 o 1906 y en esos tiempos
las mujeres no tenían poder; Chanel sabía que, sin familia ni riqueza,
necesitaría crearse su suerte”, explica Young. Estando con Balsan, Coco conoció al empresario y playboy Arthur Boy Capel, su gran amor, que le ayudó a financiar su primera boutique,
aunque después le rompería el corazón dos veces: al casarse con otra
mujer y al matarse en un accidente de coche en 1919. También fue sonado
su affaire con el gran duque Dmitri Pavlovich, nieto del zar
Alejandro II, que había huido de Rusia tras la revolución bolchevique y
que, según la autora, le regaló las perlas que ella convertiría en un
accesorio emblemático de su look. O su larga relación con Hugh Grosvenor, segundo duque de Westminster, de quien Chanel tomaba prestadas las chaquetas de tweed que hoy son seña de identidad de la marca, y con quien vivió en una mansión en las Highlands.
Que muchas de sus parejas fueran hombres ricos y poderosos no significa, para Caroline Young, que ella los eligiera así ex profeso:
“No creo que los sedujera de forma deliberada; fue su pasión,
creatividad y fuerza lo que atraía a la gente hacia ella. Sus amantes
después de Boy Capel, incluyendo a Dmitri Pavlovich y Stravinsky, tenían
muy poco dinero, pero se sintió atraída por Dmitri porque era un
Romanov, y a ella le impresionaban los títulos. Cuando conoció al duque
de Westminster, Chanel era muy rica por derecho propio, y él encontró su
independencia refrescante”. Chanel nunca renunció a esa independencia.
“Se cree que se comprometió con Paul Iribe a mediados de los 30, pero él
murió de un ataque cardíaco en las canchas de tenis de La Pausa delante
de ella”, cuenta la biógrafa. “También pudo haber deseado casarse con
el duque, pero ella no podía quedarse embarazada. Para entonces, Chanel
podría haberse dado cuenta de que ser independiente y vivir de la manera
que quería era vital para ella”. La propia mademoiselle lo
resumió así: “Dios sabe que quería amor. Pero en el momento en el que
tuve que elegir entre el hombre que amaba y mis vestidos, elegí los
vestidos”.