"La selva
está en llamas, con más de 9.000 incendios forestales que abrasan
paisajes delicados e irremplazables en todo Brasil esta semana", ha
comunicado la fundación del actor.
El actor Leonardo DiCaprio el pasado junio en Los Ángeles. / Vídeo: Declaraciones del actor.GTRES / vídeo: reutersLa fundación por el medio ambiente de Leonardo DiCaprio ha prometido donar 4,5 millones de euros para preservar el Amazonas, devorado estos días por los incendios. Earth Alliance, creada por el actor estadounidense y los filántropos
Laurene Powell Jobs —viuda del fundador de Apple— y Brian Sheth, lanzó
este domingo el Amazon Forest Fund con un anuncio en su página web. "La
selva amazónica está en llamas, con más de 9.000 incendios forestales
que abrasan paisajes delicados e irremplazables en todo Brasil esta
semana", se lee en el comunicado. "En
lo que va del 2019 el Instituto Nacional de Investigación Espacial de
Brasil ha denunciado más de 72.000 incendios (INPE). Este es un aumento
significativo en comparación con los 40.000 incendios que se registraron
en Brasil en estas mismas fechas el año pasado", continúa el mensaje de
la fundación. "La destrucción de la selva amazónica está liberando
rápidamente dióxido de carbono a la atmósfera, destruyendo un ecosistema
que absorbe millones de toneladas de emisiones de carbono cada año y es
una de las mejores defensas del planeta contra la crisis climática",
destaca entre los efectos devastadores. También se buscan donaciones
particulares para ayudar a reparar la selva tropical brasileña. La fundación por el medio ambiente de Leonardo DiCaprio ha prometido donar 4,5 millones de euros para preservar el Amazonas, devorado estos días por los incendios. Earth Alliance, creada por el actor estadounidense y los filántropos
Laurene Powell Jobs —viuda del fundador de Apple— y Brian Sheth, lanzó
este domingo el Amazon Forest Fund con un anuncio en su página web. "La
selva amazónica está en llamas, con más de 9.000 incendios forestales
que abrasan paisajes delicados e irremplazables en todo Brasil esta
semana", se lee en el comunicado. El activismo de DiCaprio, de 44 años, contra el cambio climático es de sobra conocido. El intérprete de Érase una vez en... Hollywood fue una de las muchas celebridades que a principios de este mes participaron en el exclusivo campamento de verano de Google. Entre los famosos que se desplazaron hasta la localidad de Selinunte, en Sicilia, estaban Orlando Bloom y Katy Perry, los cantantes Harry Styles y Joe Jonas, los actores Priyanka Chopra y Tom Cruise, el empresario Lapo Elkann, la diseñadora Stella McCartney, el chef Massimo Bottura o el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg. Además, el príncipe Enrique charló, descalzo, acerca del medio ambiente. Sin embargo, según los diarios locales, la llegada de tanto famoso y tanto jet
privado saturó aeropuertos, torres de control y servicios de seguridad. Solo el domingo aterrizaron 40; se calculó un total de 114 jets
para el evento. Y aunque el cambio climático era la principal
preocupación, el evento no fue exactamente sostenible: medios
estadounidenses calcularon que esos aviones, en sus 114 vuelos entre Los
Ángeles (California) y Palermo (en la isla italiana), emitieron a la
atmósfera 100.000 kilos de dióxido de carbono.
"En
lo que va del 2019 el Instituto Nacional de Investigación Espacial de
Brasil ha denunciado más de 72.000 incendios (INPE). Este es un aumento
significativo en comparación con los 40.000 incendios que se registraron
en Brasil en estas mismas fechas el año pasado", continúa el mensaje de
la fundación. "La destrucción de la selva amazónica está liberando
rápidamente dióxido de carbono a la atmósfera, destruyendo un ecosistema
que absorbe millones de toneladas de emisiones de carbono cada año y es
una de las mejores defensas del planeta contra la crisis climática",
destaca entre los efectos devastadores. También se buscan donaciones
particulares para ayudar a reparar la selva tropical brasileña. A Leonardo DiCaprio no le gusta que le pregunten sobre el sexismo en
Hollywood. Está de acuerdo en que existe, pero no es su campaña. Tampoco
que se le pregunta sobre su vida personal. Si contesta, lo hará de mala
gana. Al actor, incluso cuando está promocionando su cine, se le
pregunta sobre el cambio climático si se quiere que responda con interés. “Es el mayor problema que la humanidad ha enfrentado”, dijo en 2016 durante el festival de Toronto. Y el mismo temor repitió al recoger por fin su Oscar ese mismo año porEl renacido. "2015 fue el año en que empezamos a hacer algo al respecto", explicó
unos meses antes de esa ceremonia de los Oscar. "¿Pero hemos alcanzado
ya un punto de no retorno? Es lo que tenemos que ver ahora. Creo que
todo el mundo que esté en posición de hacer algo al respecto debe
hacerlo. Porque si no lo hacen, la historia les pondrá en su lugar".
El tío
favorito del príncipe Carlos era, según una nueva biografía, bisexual y
aficionado a los jóvenes militares. “Pasamos nuestro matrimonio
metiéndonos en las camas de otros”, llegó a afirmar.
Lord y Lady Mountbatten, últimos virreyes de la India, retratados en 1948 justo antes de dejar el país.Hulton-Deutsch CollectionGetty Images
De lord Louis Mountbatten, el estimado mentor del príncipe Carlos de Inglaterra en su juventud, ha quedado para los británicos el recuerdo terrible de su asesinato por el IRA en 1979. También su condición de último virrey de la India, forzado a entregar la joya de la corona del imperio y sellar la independencia del subcontinente.
A las puertas del 40º aniversario de su muerte —que
se cumple hoy—, el pasado jueves salió a la venta un libro que se ha
atrevido a adentrarse en una faceta privada más indiscreta del
personaje, que relata los avatares de su matrimonio abierto con lady
Edwina y, por primera vez, descubre la afición del aristócrata y
diplomático por chicos muy jóvenes.
El autor, Andrew Lownie, sustenta la
información en archivos desclasificados del FBI estadounidense.
Lord
Mountbatten, con el príncipe Carlos; a la derecha, lady Mountbatten con
la princesa Ana de Inglaterra, durante un picnic en Malta en abril de
1954.Getty Images
Las revelaciones que inserta el título Los Mountbatten: their lives and loves
(sus vidas y amores) van a tocar una fibra sensible de la familia real
inglesa: un miembro de la nutrida prole de bisnietos de la reina
Victoria, además de tío materno del duque Felipe de Edimburgo —el marido de Isabel II— y tío abuelo del príncipe Carlos, hoy heredero de la corona británica.
El pariente al que todos apodaban Dickie,
una personalidad de arrollador atractivo, fue consejero informal pero
privilegiado de la actual monarca inglesa en los primeros años de su
reinado.
Lord
Mountbatten, con el príncipe Carlos; a la derecha, lady Mountbatten con
la princesa Ana de Inglaterra, durante un picnic en Malta en abril de
1954.Getty Images
Las revelaciones que inserta el título Los Mountbatten: their lives and loves
(sus vidas y amores) van a tocar una fibra sensible de la familia real
inglesa: un miembro de la nutrida prole de bisnietos de la reina
Victoria, además de tío materno del duque Felipe de Edimburgo —el marido de Isabel II— y tío abuelo del príncipe Carlos, hoy heredero de la corona británica. El pariente al que todos apodaban Dickie,
una personalidad de arrollador atractivo, fue consejero informal pero
privilegiado de la actual monarca inglesa en los primeros años de su
reinado. Y, más tarde, una suerte de figura paterna para su primogénito,
Carlos.
“Pasamos nuestra vida matrimonial metiéndonos cada uno en las camas
de otros”, llegó a admitir lord Mountbatten en un momento de debilidad y
como resumen de su matrimonio con Edwina Ashley, también aristócrata y
heredera de una ingente fortuna. Se casaron en 1922 y, a los dos años,
emprendieron rumbo a Nueva York en compañía del entonces príncipe de
Gales, el futuro y efímero rey Eduardo VIII, que entregó el trono supuestamente por el amor de Wallis Simpson. Entonces
Louis se puso enfermo y su mujer no quiso que aquella amigdalitis le
aguara la fiesta. A lo largo de la travesía, flirteó noche tras noche
con jóvenes atraídos por una mujer guapa y rica, pero solo tras su
desembarco estadounidense recabó al primer amante. Le siguieron muchos
más. Hasta aquí el libro no presenta grandes novedades sobre la
historiografía oficiosa de una pareja que acabó cerrando un pacto para
capear el escándalo que se cernía sobre la casa de los Windsor: Edwina
apoyaría a su marido en su carrera y a cambio cada uno se labraría sus
propias aventuras sexuales. La promiscuidad de ella llegó a ser objeto
de algunos artículos que consiguieron superar la férrea censura de
aquellos tiempos. Y que tuvieron su pico cuando una columnista británica
aventuró que había entablado relaciones con un hombre “de color”, el
intérprete Paul Robeson, aupado al éxito gracias a su Otelo en
el West End. Se daba por hecho que lord Mountbatten también dormía en
otros lechos, pero en la época aquello no se le tenía en cuenta. “Esa perversión”, sostenía la baronesa Decies, amiga de la reina madre,
en sus contactos con el FBI, “le incapacita para cualquier clase de
operación militar”, según reza uno de los pocos archivos que no acabaron
destruidos. El chófer de lord Mountbatten en su consiguiente destino en
Malta también confirmó sus frecuentes visitas a un burdel gay
frecuentado por oficiales de la marina. El relato del libro incluye
posteriores testimonios de los años sesenta y setenta sobre las artes
seductoras del aristócrata centradas en oficiales y algún marinero,
todos ellos muy jóvenes. El libro sostiene que también hubo muchas mujeres en su vida, entre ellas la estrella hollywoodense Shirley MacLaine,
y que las andanzas del lord no iban a la zaga de las de Edwina. Pero
hasta ahora ella siempre había sido el foco de su disfuncional
matrimonio. Un capítulo especial en la vida de lady Mountbatten fue su
estrecha relación con el futuro fundador de la India independiente, Jawaharlal Nehru,
cuando él era primer ministro y ella ejercía de esposa del último
gobernador británico. Un secreto a voces. “Nehru era un viudo que estaba
solo en la cúspide del poder, y mi madre se convirtió en su
confidente”, confirmaba hace doce años en otro libro la hija menor de
los Mountbatten, Pamela (Hicks es su apellido de casada). Siempre ha
quedado en el aire si se trató de un amor platónico por ambas partes o
si hubo algo más.
Edwina murió en 1960, dejando tras de sí una reputación de mujer
disoluta para los cerrados parámetros de la época. Las variadas
aficiones sexuales de Louis fueron en cambio enterradas bajo un código
de silencio. Y solo han salido a la luz cuatro décadas después de que
estallara una bomba colocada por los terroristas en el barco en el que navegaba por aguas cercanas al Ulster. Tenía 79 años y una reputación impoluta.
“Tenemos que volver, Kate. ¡Tenemos que volver!”. El eco del grito de
Jack Shepard con el que se cerraba la tercera temporada de Perdidos todavía resuena en la memoria, y sigue poniendo la piel de gallina. Aunque su recuerdo haya quedado manchado por su polémico final —y por decisiones de guion previas más que cuestionables—, el hecho es que Perdidos
fue una serie especial. Fue el último aliento de un tipo de televisión
liderado por los canales en abierto estadounidenses y, a la vez, el
primer paso de otro modelo en el que la globalización permite que el
evento televisivo tenga dimensiones internacionales y cuyo culmen ha sido la última entregal de Juego de tronos. Los foros de Internet echaban humo y las conversaciones en torno a la
máquina de café tenían alimento semanal constante. Por su capítulo
final, un canal español, Cuatro, se atrevió por primera vez con la
emisión simultánea al país de origen. Lo que entonces supuso un
experimento, ahora resulta habitual. Porque Perdidos (2004-2010) fue mucho más que un final polémico. Cuando hoy se vuelve sobre ella, uno se reencuentra con una historia muy disfrutable, con momentos brillantes y escenas que no se olvidan. Y sí, capítulos de relleno, malos y peores. Se suele recordar el maravilloso y emotivo episodio La constante
(el quinto de la cuarta entrega), pero si se trata de elegir escenas
concretas, dos secuencias del último capítulo de la tercera temporada se
llevan el premio. Y sí, capítulos de relleno, malos y peores. Se suele recordar el maravilloso y emotivo episodio La constante
(el quinto de la cuarta entrega), pero si se trata de elegir escenas
concretas, dos secuencias del último capítulo de la tercera temporada se
llevan el premio. En A través del espejo, el episodio de doble
duración firmado por Damon Lindelof y Carlton Cuse y dirigido por Jack
Bender, antes de llegar al giro final y en medio de una trama llena de
acción, el espectador se encontraba de repente con la heroica muerte de
uno de los personajes centrales. Mientras Charlie se ahogaba, y
empezaban a brotar las lágrimas de los espectadores empujadas por la
banda sonora de Michael Giacchino
(nada habría sido lo mismo sin Giacchino), se las apañaba para escribir
en la plama de la mano "not Penny's boat". No es el barco de Penny. Y
surgía así una de las imágenes más icónicas de la televisión reciente.
Ya con los corazones de la audiencia hechos trizas, y justo
antes de despedirse hasta la siguiente temporada, llegaba el tirabuzón
final. La historia vuelve al Jack alcohólico e inestable que había ido
apareciendo a lo largo del capítulo en los habituales flashbacks
que se recorrían la vida anterior de los pasajeros del vuelo 815 de
Oceanic Airlines. Jack y Kate, con una complicada relación de amor en la
isla, se encontraban en el aparcamiento del aeropuerto de Los Ángeles.
Jack le habla de un funeral, de coger aviones con la esperanza de que se
estrellen. Sus ojos gritan desesperación. El espectador no entiende
nada: ¿se conocían de antes? ¿De qué hablan? ¿Qué está pasando? "Cometimos un error. Tenemos que volver, Kate. ¡Tenemos que volver!". Lo
que parecía el pasado, esta vez era el futuro. No sabemos cómo pero
Jack y Kate han salido de la isla.
Lindelof y Cuse explicaron después que habían decidido incluir en
algún punto de la historia esos saltos al futuro. Cuando a principios de
mayo de 2007 la cadena ABC confirmó que la serie terminaría con otros
48 episodios divididos en tres temporadas, decidieron que era el momento
de marcarse ese triple salto mortal en la narración. Grabaron la escena
delante de un croma que plantaron en un aparcamiento abandonado de
Honolulu (la mayoría de la serie se rodó en Hawái y solo alguna escena
en Los Ángeles). El capítulo se emitió en Estados Unidos el 23 de mayo
de 2007. Kate y Jack (Evangeline Lilly y Matthew Fox), en la escena final de la tercera temporada de 'Perdidos'. Años más tarde, cuando el portal BuzzFeed
preguntó a Lindelof y a otros guionistas cuál era la escena que habían
escrito que más les había gustado, él eligió este momento. Todavía no
había estrenado The Leftovers,
su siguiente creación, alabada casi unánimemente por la crítica y en la
que volvió a desarrollar, esta vez con mayor acierto, muchas de las
cuestiones que ya apuntaba en Perdidos, como el choque entre razón y fe. Lindelof explicó cómo la película de terror Saw 2 fue la que
les dio la clave para mostrar en pantalla ese salto al futuro: jugar
con el espectador y hacerle creer que lo que estaba viendo pertenecía a
un tiempo diferente. “Fue uno de los pocos momentos en los que sentí que
estaba haciendo algo innegablemente genial”, dijo. “Me sentía como si
estuviera agachado en la oscuridad del apartamento de alguien con todos
mis amigos (los guionistas) esperando para gritar ‘¡sorpresa!’ al chico o
chica del cumpleaños (la audiencia), y sabía que les encantaría cuando
lo hiciéramos. Cuando Jack estaba gritando ‘tenemos que volver’ y
escribí ‘fundido a negro’, mis ojos estaban húmedos. Estaba dentro,
sentía lo que los personajes sentían, sabiendo que estábamos, por fin,
trabajando hacia un final real. Y, finalmente, por un momento fugaz...
sentí paz”, añadió. Luego vendrían todavía más giros, tantos que incluso llegó a marear. Pero el viaje mereció la pena. Tenemos que volver. Aunque algunos nunca
llegamos a irnos del todo.