Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

26 ago 2019

Plácido Domingo, aclamado en Salzburgo................ Jesús Ruiz Mantilla.

El cantante actúa por primera vez tras las acusaciones de acoso de nueve mujeres y el público le arropa entre bravos y ovaciones.

 

Plácido Domingo, junto al reparto de 'Luisa Miller', de Verdi, en el Festival de Salzburgo.
Plácido Domingo ha disfrutado de muchas ovaciones en su carrera. Pero pocas como la que recibió este domingo en Salzburgo, donde cantó la ópera Luisa Miller, de Verdi.
 Era la primera vez que pisaba un escenario desde que el 13 de agosto leyera la noticia de que nueve mujeres le acusaban de acoso en EE UU. 
Si había dudas de cómo lo iba a recibir el público en el festival austriaco, quedaron difuminadas.
 Fue aclamado.
 De inicio, generalmente se ofrece un cumplido aplauso de cortesía antes de cada versión en concierto de las óperas, como estaba programado. 
Ocurre cuando la orquesta, director y cantantes aparecen ante los focos.
 Pero al salir Domingo al escenario del Festspielhaus a las 15.00, fueron muchos los que se pusieron en pie y le regalaron algunos bravos. No había abierto la boca y ya se notaba que esta función de Luisa Miller, llamada casi a ser un trámite para él en la temporada, se convertiría en algo más electrizante.
Los atractivos junto a Domingo eran fuertes.
 Una generación de intérpretes en la cumbre de su carrera, como el polaco Piotr Beczala en el papel de Rodolfo, la soprano georgiana Nino Machaidze, como Luisa Miller, o los bajo barítonos, John Relyea y Roberto Tagliavini, como Wurm y Graf Walter completaban el reparto. 
Dirigía James Conlon y tocaba la Orquesta Mozarteum local.
Nada en la ciudad daba señales de altercado en un espacio acostumbrado a los escándalos y la fuerte división de opiniones en lo que toca a la música. 
Reinaba una tranquilidad gris poblada de turistas.
 Algunos detalles indicaban que todo seguía igual en esta localidad nativa de Mozart, como de cuento tirolés.
 En el restaurante Triangel, un clásico a mano para el público y las estrellas del festival, Domingo conservaba su nombre en la carta con el postre que prefiere: tortitas con mermelada. 
Hacia las dos de la tarde cayó un chaparrón. Pero la gente se acercaba a las puertas del teatro más con ánimo de prietas las filas que de polémica.
Plácido Domingo se fotografía con una fan a la salida del Festspielhaus tras su actuación. 
Plácido Domingo se fotografía con una fan a la salida del Festspielhaus tras su actuación. AP
Tampoco Salzburgo sirve como un termómetro de la realidad, ni de la temperatura social. Es un foro de lo más elitista, con sus propias reglas. Presume de sus intocables.
 Y Domingo lo sigue siendo desde que debutara en 1975 con Don Carlo. Llegaba en inferioridad de condiciones artísticas.
 Si sus colegas cantaban a las bravas, con pleno dominio de la situación y en muchos momentos de manera brillante, el español aparecía en escena con su flecha clavada en el talón de Aquiles.

Ya el primer aplauso, sin que comenzara a sonar la música, se la arrancó.
 El acto con que se inicia el título resultó un dechado de polisemia y dobles sentidos. 
De las palabras que pronunciaba Miller, el personaje y padre de la heroína romántica encarnado por Domingo, se podía sacar punta. Pronto quedó claro que sobre el escenario se desdoblarían dos espectáculos: los pasajes en los que participaba el español y la ópera en sí.
 Seguramente Friedrich Schiller y Salvatore Cammarano se lo perdonaron. 
El primero escribió Intriga y amor, la obra de teatro que sirve de base a la pieza. El segundo fue el autor del libreto. 
Un texto plagado de intrigas, venganzas y crímenes desatados por la pasión que, curiosamente, hizo pronunciar a Domingo lo siguiente en algunas arias y dúos: 
“Un matrimonio debe ser de libre elección”. “A un seductor he acogido en casa. Juro venganza”. 
“El honor, mi sagrada posesión, es lo que deseo mantener intacto”.
Pocas veces un concepto como el honor, de vocación tan unívoca y absoluta, desembocó en tantas ambigüedades. 
Pero los códigos de la tarde tenían su propia ley.
 Como el que provocaba que fueran más mujeres que hombres las que se levantaron de inicio a aplaudir a Plácido Domingo y las que más bravos le dedicaron.
 Eso en la representación que el cantante mantenía en solitario.
 La que apelaba más a la memoria del pasado convertida hoy en mito herido que al presente.
En la otra, en la ópera en sí, fue Beczala quien compitió en ovaciones con el madrileño. 
El tenor acababa de triunfar en el final de temporada del Liceu con el mismo papel de Rodolfo y en Salzburgo dio pruebas de ser hoy el artista verdiano con más aptitudes en ese tipo de tesitura, donde Verdi comenzó a romper lazos con una herencia próxima al belcantismo para iniciar un camino propio.
No ha sido un verano feliz para Plácido Domingo. A las acusaciones publicadas por la agencia Associated Press, hay que unir otro episodio familiar previo. 
Su nuera Samantha Domingo, divorciada de su hijo Plácido Jr, aseguró en la prensa británica que la Iglesia de la Cienciología captó a varios miembros de su familia y extorsionó durante años al tenor.
 Lo extraartístico parece querer jugar fuerte en esta etapa final del cantante.
Su ventaja es que, como estrella global, puede sacrificar sus cartas en Norteamérica y centrarse en Europa. El rigor con el que se encaran los episodios que le afectan allí se juzgan con más benevolencia en el Viejo Continente. Sus actuaciones en Filadelfia y San Francisco han sido canceladas. Parece que en este mundo de polarizaciones por doquier, el Me Too afronta una batalla cultural entre ambas partes que este domingo benefició al cantante en una de sus plazas fuertes. Y demostró que la lógica del mundo de la ópera y sus aficionados sigue siendo tan singular como imprevisible.

Un rol que Plácido Domingo bordó antaño y que hoy se limita a acompañar desde su otra fase de barítono. Por definirla de alguna manera. Porque la convención actual en este capítulo respecto a la carrera del artista es dejar que cante hasta que se canse, sin que lo que sale de su garganta sea propiamente un tono cien por cien acorde con el de la cuerda exigida para los papeles. Lo que sí quedó claro ayer es que, lejos de dañarle, el episodio de las acusaciones, le ha dado un impulso ajeno a los aspectos artísticos.

Zahara de los Atunes, el paraíso escondido de los famosos

Imanol Arias, Dani Martín, Paz Padilla, El Gran Gwyoming o Aitana Sánchez-Gijón son algunas de las celebridades que huyen de los destinos mediáticos y prefieren un verano alejado de los focos.

Zahara de los Atunes
La actriz Aitana Sánchez Gijón, en la playa de Zahara de los Atunes.
En Zahara de los Atunes, una entidad autónoma perteneciente a la localidad gaditana de Barbate, no hay puerto deportivo, ni grandes y lujosos yates atracados.
 Tampoco fiestas multitudinarias o festivales benéficos repletos de famosos que convoquen a cientos de paparazis cada verano.  
Playas kilométricas de arena blanca sustituyen a los campos de golf y polo y, desde hace una década, es el refugio perfecto para las caras conocidas de este país con gustos más indies que optan por pasar sus veranos en el anonimato, aquellos que prefieren la tabla de surf, los chiringuitos a pie de playa y la ausencia de ruido mediático.

Desde que en 2015 se hiciera público que personajes como el actor estadounidense Richard Gere o la exalcaldesa madrileña Manuela Carmena habían elegido Zahara de los Atunes para esconderse del mundanal ruido en los meses estivales, esta tierra de almadrabas de atún, aguas azules y silencio, ha saltado a la actualidad por ser el enclave donde es habitual cruzarte en verano con artistas como Dani Martín (exvocalista de El Canto del Loco), Hugo Silva, Imanol Arias, Pablo Carbonell, Aitana Sánchez-Gijón y Pepón Nieto.
 También la presentadora gaditana Paz Padilla, el comunicador El Gran Gwyoming y otros personajes públicos como los cantantes Lolita, Ana Torroja, Antonio Carmona y su mujer Mariola Orellana.
 Un refugio natural en el que se alojan los que huyen del bullicio mediático que pueden ocasionar los tradicionales veraneos de la jet en localidades como la cercana Marbella (Málaga) o Ibiza, en las islas Baleares.
Paz Padilla, en la playa de Zahara de los Atunes, en 2017. 
Paz Padilla, en la playa de Zahara de los Atunes, en 2017.
Perteneciente a Barbate, pueblo natal del legendario torero Francisco Rivera Paquirri, es habitual también encontrar por las playas de Zahara de los Atunes a su hijo Cayetano junto a su mujer, la presentadora sevillana Eva González; así como al también torero José Antonio Canales Rivera, barbateño de nacimiento como su tío. La playa de los Alemanes, con impresionantes chalés blindados a la vista de cualquier curioso —ahí se camuflan las mansiones del empresario Javier Merino y el exministro Jaime Mayor Oreja, por ejemplo—, o la cotizada urbanización Atlanterra, son los enclaves preferidos por esta constelación de artistas que prefieren aparcar su condición pública durante los meses de julio y agosto.

El actor Hugo Silva, surfeando en las playas de Cádiz.
El actor Hugo Silva, surfeando en las playas de Cádiz.
Zahara de los Atunes ha sido también el lugar elegido por algunos de ellos para ampliar sus negocios fuera de la industria artística. 
Es el caso de Aitana Sánchez-Gijón y Paz Padilla, que han despertado su vocación empresarial en la zona con la apertura de algunos de los chiringuitos de mayor concurrencia de la costa gaditana.
El chiringuito La Gata fue el pionero.
 Aunque conocido con este nombre ya no existe (cerró sus puertas en 2010), sigue abierto a pie de playa como El Pez Limón, y lo sigue regentando quien hizo de él un sitio emblemático:
 Eloy Sánchez Gijón, el hermano de la actriz Aitana Sánchez Gijón. Mojitos y conciertos de primer nivel siguen estando presentes en El Pez Limón. 
Estos recitales, sin embargo, no suelen programarse: se dan a conocer apenas días antes o incluso en las horas previas gracias al boca-oído de los veraneantes mejor informados.
 Es sitio fijo para El Gran Wyoming o Pablo Carbonell y su ubicación es también casi un misterio, puesto que no está señalizado.
Eva González y Cayetano Rivera Ordoñez, en Zahara, en 2012. 
Eva González y Cayetano Rivera Ordoñez, en Zahara, en 2012.
Por su parte, Paz Padilla, junto a su hermano, el conocido carnavalero Luis Padilla, ha abierto también un local a pie de playa. Se trata del chiringuito La Trompeta Beach, que funciona desde 2017.
El exfutbolista y empresario Aitor Ocio es otro de los vecinos pioneros que descubrió Zahara de los Atunes como refugio para el alma, pero también como enclave en el que ampliar sus negocios inmobiliarios. 
Tanta es la privacidad que ofrece este rincón, que Ocio ejerce de anfitrión de muchas primeras figuras futbolísticas de este país. Un caso conocido fue el de la pareja formada por Sergio Ramos y Pilar Rubio, invitados por Ocio en el verano de 2014, que protagonizaron un sonado percance en un restaurante de la localidad con una fotógrafa que quiso captar una imagen de la velada, algo absolutamente inusual en este entorno.
Pastora Vega, El Gran Wyoming y Pablo Carbonell, durante la manifestación en contra del cierre de los chiringuitos de Zahara de los Atunes, en 2006. 
Pastora Vega, El Gran Wyoming y Pablo Carbonell, durante la manifestación en contra del cierre de los chiringuitos de Zahara de los Atunes, en 2006.
Pero es que, además del anonimato y del enclave natural privilegiado, la diversión y el buen yantar —en un estilo mucho menos sofisticado y más hippy que los tradicionales destinos veraniegos de famosos—, han ido en aumento en esta zona de la costa gaditana. No en vano, existe una teoría que defiende que el vocablo cachondeo se acuñó en Zahara de los Atunes. El motivo no es otro que el hecho de que el municipio está bañado por el río Cachón.
El actor Imanol Arias, en Zahara de los Atunes.
El actor Imanol Arias, en Zahara de los Atunes.
Según cuentan los propios habitantes de esta localidad, los pescadores se reunían en la ribera del río para divertirse una vez terminaba la jornada. Por allí pasó incluso Miguel de Cervantes, para conocer el arte milenario de la pesca del atún
Tal y como describe en la novela ejemplar La ilustre fregona a través de su protagonista, Carriazo:
 "En fin, en Carriazo vio el mundo un pícaro virtuoso, limpio, bien criado y más que medianamente discreto.
 Pasó por todos los grados de pícaro hasta que se graduó de maestro en las almadrabas de Zahara, donde es el finibusterre de la picaresca". 
Aquel ambiente que se prestaba al juego de azar, a más de una pelea, y cuando había dinero, a orgías de alcohol y bromas, es origen de ese término tan andaluz como es el cachondeo.





 

25 ago 2019

Karl Lagerfeld, el alemán que intentó ocultar su origen

Una biografía recién publicada del gran modisto fallecido indaga en su vida más desconocida.

 

Karl Lagerfeld, en una imagen de 2014 durante uno de sus desfiles.
Karl Lagerfeld, en una imagen de 2014 durante uno de sus desfiles. Getty Images

El infierno tan temido......................La maldad somos nosotros. .----- Se mezcla con otros sentimientos para disimular su vaho


Una cráneo fracturado de hace 33.000 años hallado en Transilvania atestigua la violencia en la antiguedad.
Una cráneo fracturado de hace 33.000 años hallado en Transilvania atestigua la violencia en la antiguedad. /
Se sirve fría, o caliente, y es la venganza, la maldad paciente. Juan Carlos Onetti la dibuja en El infierno tan temido.
 Una mujer que se venga a distancia de un desamor violento y con violencia destruye al causante de su inquina.
 Un novelista español, Manuel Ríos Sanmartín (1965), ha ido a los yacimientos de Atapuerca para buscar allí (para su novela La huella del mal, Planeta) el origen físico de la maldad.
La maldad somos nosotros. 
Se ha ido haciendo con la historia. Se mezcla con otros sentimientos para disimular su vaho.
 Al editor y escritor Julián Rodríguez le contó su padre (y él lo recogió en Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás) ese arte que tiene la maldad para esconderse y sobresalir
: “La mezcla de sinceridad y mentira siempre da como resultado una mentira; la mezcla de fuerza y debilidad, siempre debilidad, y la de bondad y maldad, siempre maldad”.

Hacer el mayor daño posible, gratuitamente, sólo por el regocijo de dañar, es maldad.
 En la guerra desaparecen las normas, y por ahí entra esa maldad, ese ensañamiento, que en los fósiles hallados en Atapuerca o en otros lugares no se advierte. 
Ahí más bien están las guerras por sobrevivir.
 Hess se curaba del espanto que él mismo organizaba yéndose a jugar al jardín con sus niños.
 Eso es maldad. Manuel Ríos ve al hombre como un ser que quiere sobrevivir; “cuando la lucha se hace colectiva, como en el caso de los nazis, se convierte en maldad, capaz de destruir un pueblo entero, como pasó también en el caso de hutus y tutsis”.
 A él y a sus hijos los asustaron las historias de canibalismo que se observan en Atapuerca.
 De ahí nació su ficción. De la realidad está hecha su historia.
 “Pero en Atapuerca también hay historias de empatía. Hay algo bueno también en nuestro origen”.
“Todos los vicios humanos”, dice Fernando Savater, “vienen del miedo a la muerte.
 Buscamos agarraderos: el poder, el dinero, el sexo, y estamos dispuestos a lo que sea porque creemos que nos jugamos la vida con ello”.
 ¿Y los santos? “Aquellos a los que llamamos santos actúan como si fueran inmortales. 
Los demás actuamos demasiado conscientes de nuestra mortalidad y por tanto queremos tenerlo todo ahora.
 Me parece que de ahí vienen todas las aberraciones”. De eso, añade el filósofo, “y del aburrimiento. Las mayores tragedias históricas normalmente vienen del aburrimiento, de que los pueblos se aburren, sobre todo si son medianamente felices”.
La violencia, la guerra, la maldad. 
La huella del mal está en nosotros. 
El Génesis, explica Victoria Camps, catedrática de Ética, dice que la maldad es la desobediencia de Dios. 
“El ensañamiento. La venganza, el desprecio al otro, la indiferencia. 
La crueldad. 
Dejar de pensar nos vuelve inhumanos, decía Hannah Arendt, y de ahí viene el peor daño que el ser humano puede hacer”.
 Buscar el mal con regocijo, eso es el infierno tan temido.
En Atapuerca y en otros yacimientos del mundo hay huella de la violencia del hombre contra el hombre.
 Es la expresión de la lucha por el territorio, no hay ensañamiento. “No es maldad”.
 José María Bermúdez de Castro, que trabaja en el famoso yacimiento burgalés, recuerda que ya los chimpancés son violentos. Y en la más rancia antigüedad hubo el canibalismo que, por ejemplo, narra Rudolf Hess que pasaba, ante su mirada, en Auschwitch.
 ¿Estamos hechos de maldad? ¿Es venganza? “Ni los genetistas dirían que es un gen que conviva con la especie humana”.

Manuel Ríos ve al hombre como un ser que quiere sobrevivir; “cuando la lucha se hace colectiva, como en el caso de los nazis, se convierte en maldad, capaz de destruir un pueblo entero, como pasó también en el caso de hutus y tutsis”.
 A él y a sus hijos los asustaron las historias de canibalismo que se observan en Atapuerca. De ahí nació su ficción. De la realidad está hecha su historia. “Pero en Atapuerca también hay historias de empatía. 
Hay algo bueno también en nuestro origen”.
“Todos los vicios humanos”, dice Fernando Savater, “vienen del miedo a la muerte. Buscamos agarraderos: el poder, el dinero, el sexo, y estamos dispuestos a lo que sea porque creemos que nos jugamos la vida con ello”. Los demás actuamos demasiado conscientes de nuestra mortalidad y por tanto queremos tenerlo todo ahora.
 Me parece que de ahí vienen todas las aberraciones”. De eso, añade el filósofo, “y del aburrimiento. Las mayores tragedias históricas normalmente vienen del aburrimiento, de que los pueblos se aburren, sobre todo si son medianamente felices”.
La violencia, la guerra, la maldad. La huella del mal está en nosotros. 
El Génesis, explica Victoria Camps, catedrática de Ética, dice que la maldad es la desobediencia de Dios. “El ensañamiento. La venganza, el desprecio al otro, la indiferencia. La crueldad. Dejar de pensar nos vuelve inhumanos, decía Hannah Arendt, y de ahí viene el peor daño que el ser humano puede hacer”. 
Buscar el mal con regocijo, eso es el infierno tan temido.
Juan Cruz