Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

25 ago 2019

El infierno tan temido......................La maldad somos nosotros. .----- Se mezcla con otros sentimientos para disimular su vaho


Una cráneo fracturado de hace 33.000 años hallado en Transilvania atestigua la violencia en la antiguedad.
Una cráneo fracturado de hace 33.000 años hallado en Transilvania atestigua la violencia en la antiguedad. /
Se sirve fría, o caliente, y es la venganza, la maldad paciente. Juan Carlos Onetti la dibuja en El infierno tan temido.
 Una mujer que se venga a distancia de un desamor violento y con violencia destruye al causante de su inquina.
 Un novelista español, Manuel Ríos Sanmartín (1965), ha ido a los yacimientos de Atapuerca para buscar allí (para su novela La huella del mal, Planeta) el origen físico de la maldad.
La maldad somos nosotros. 
Se ha ido haciendo con la historia. Se mezcla con otros sentimientos para disimular su vaho.
 Al editor y escritor Julián Rodríguez le contó su padre (y él lo recogió en Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás) ese arte que tiene la maldad para esconderse y sobresalir
: “La mezcla de sinceridad y mentira siempre da como resultado una mentira; la mezcla de fuerza y debilidad, siempre debilidad, y la de bondad y maldad, siempre maldad”.

Hacer el mayor daño posible, gratuitamente, sólo por el regocijo de dañar, es maldad.
 En la guerra desaparecen las normas, y por ahí entra esa maldad, ese ensañamiento, que en los fósiles hallados en Atapuerca o en otros lugares no se advierte. 
Ahí más bien están las guerras por sobrevivir.
 Hess se curaba del espanto que él mismo organizaba yéndose a jugar al jardín con sus niños.
 Eso es maldad. Manuel Ríos ve al hombre como un ser que quiere sobrevivir; “cuando la lucha se hace colectiva, como en el caso de los nazis, se convierte en maldad, capaz de destruir un pueblo entero, como pasó también en el caso de hutus y tutsis”.
 A él y a sus hijos los asustaron las historias de canibalismo que se observan en Atapuerca.
 De ahí nació su ficción. De la realidad está hecha su historia.
 “Pero en Atapuerca también hay historias de empatía. Hay algo bueno también en nuestro origen”.
“Todos los vicios humanos”, dice Fernando Savater, “vienen del miedo a la muerte.
 Buscamos agarraderos: el poder, el dinero, el sexo, y estamos dispuestos a lo que sea porque creemos que nos jugamos la vida con ello”.
 ¿Y los santos? “Aquellos a los que llamamos santos actúan como si fueran inmortales. 
Los demás actuamos demasiado conscientes de nuestra mortalidad y por tanto queremos tenerlo todo ahora.
 Me parece que de ahí vienen todas las aberraciones”. De eso, añade el filósofo, “y del aburrimiento. Las mayores tragedias históricas normalmente vienen del aburrimiento, de que los pueblos se aburren, sobre todo si son medianamente felices”.
La violencia, la guerra, la maldad. 
La huella del mal está en nosotros. 
El Génesis, explica Victoria Camps, catedrática de Ética, dice que la maldad es la desobediencia de Dios. 
“El ensañamiento. La venganza, el desprecio al otro, la indiferencia. 
La crueldad. 
Dejar de pensar nos vuelve inhumanos, decía Hannah Arendt, y de ahí viene el peor daño que el ser humano puede hacer”.
 Buscar el mal con regocijo, eso es el infierno tan temido.
En Atapuerca y en otros yacimientos del mundo hay huella de la violencia del hombre contra el hombre.
 Es la expresión de la lucha por el territorio, no hay ensañamiento. “No es maldad”.
 José María Bermúdez de Castro, que trabaja en el famoso yacimiento burgalés, recuerda que ya los chimpancés son violentos. Y en la más rancia antigüedad hubo el canibalismo que, por ejemplo, narra Rudolf Hess que pasaba, ante su mirada, en Auschwitch.
 ¿Estamos hechos de maldad? ¿Es venganza? “Ni los genetistas dirían que es un gen que conviva con la especie humana”.

Manuel Ríos ve al hombre como un ser que quiere sobrevivir; “cuando la lucha se hace colectiva, como en el caso de los nazis, se convierte en maldad, capaz de destruir un pueblo entero, como pasó también en el caso de hutus y tutsis”.
 A él y a sus hijos los asustaron las historias de canibalismo que se observan en Atapuerca. De ahí nació su ficción. De la realidad está hecha su historia. “Pero en Atapuerca también hay historias de empatía. 
Hay algo bueno también en nuestro origen”.
“Todos los vicios humanos”, dice Fernando Savater, “vienen del miedo a la muerte. Buscamos agarraderos: el poder, el dinero, el sexo, y estamos dispuestos a lo que sea porque creemos que nos jugamos la vida con ello”. Los demás actuamos demasiado conscientes de nuestra mortalidad y por tanto queremos tenerlo todo ahora.
 Me parece que de ahí vienen todas las aberraciones”. De eso, añade el filósofo, “y del aburrimiento. Las mayores tragedias históricas normalmente vienen del aburrimiento, de que los pueblos se aburren, sobre todo si son medianamente felices”.
La violencia, la guerra, la maldad. La huella del mal está en nosotros. 
El Génesis, explica Victoria Camps, catedrática de Ética, dice que la maldad es la desobediencia de Dios. “El ensañamiento. La venganza, el desprecio al otro, la indiferencia. La crueldad. Dejar de pensar nos vuelve inhumanos, decía Hannah Arendt, y de ahí viene el peor daño que el ser humano puede hacer”. 
Buscar el mal con regocijo, eso es el infierno tan temido.
Juan Cruz

"Gracias Gran Canaria. No voy a olvidar este vuelo en la vida"

24.08.2019 | 10:59
"Gracias Gran Canaria. No voy a olvidar este vuelo en la vida"
Emocionados, conmocionados y, sobre todo, agradecidos.
 Los pilotos de los cuatro hidroaviones 'apagafuagos' que  continúan trabajando desde sus aeronaves para extinguir el voraz incendio de Gran Canaria, declarado hace una semana en Valleseco, no dejan de recibir mensajes de agradecimiento estos días de los ciudadanos en las redes sociales por su labor.

Pero la noche de este viernes, al terminar su jornada, habían presenciado algo muy especial: una multitudinaria cadena humana que a lo largo del paseo de Las Canteras les mostraba su agradecimiento de forma física, no en Internet ni en las redes.

"Gracias Gran Canaria. No voy a olvidar este vuelo en la vida", respondía en su cuenta de Twitter uno de los militares a esa masiva muestra de gratitud en plena playa capitalina.
 Un mensaje que volvió a ser viral, como en días pasados cada vez que los profesionales del amplio dispositivo desplegado para combatir el incendio han interactuado con el público en las redes.

En mensaje del piloto no deja de recibir apoyos mediante retuits y 'me gusta', además de generar una conversación con varios centenares de comentarios a través de los cuales los canarios dejan patente su gratitud por la profesionalidad y la entrega de estos efectivos en la extinción del fuego.






 

El primer desnudo integral de la historia del cine vuelve a las salas

El festival de Venecia proyecta para su preapertura la versión restaurada de 'Extasis', la película de Gustav Machatý que en 1934 conmocionó a La Mostra y convirtió a Hedy Lamarr en icono erótico.

festival cine venecia
Hedy Lamarr nada desnuda en un fotograma de 'Extasis'.

 


Mussolini, en su sala personal, debió de sentir algo parecido. Al parecer, ese día, el Duce llegó enfurecido.
 Sin embargo, desde que empezó el filme, no soltó ni una palabra. Y, cuando terminó, tan solo concedió: “Desde luego, es una mujer muy bella”
. Éxtasis se salvaba así de la primera censura, como rememora Flavia Paulon en el libro La dogaressa contestata. Y empezaba su leyenda
.

Mick Jagger tiene razón.............................Javier Cercas

¿Qué es mejor, hacer lo posible por evitar el sufrimiento, aun a riesgo de aburrirnos, o fomentar la voluntad aun sabiendo que padeceremos?.
POR SUPUESTO QUE LA TIENE: nunca estamos satisfechos.
 Le ocurre a Mick Jagger y nos ocurre a todos. 
Todos somos más o menos como Sísifo, quien fue castigado a empujar montaña arriba una gran piedra que caía montaña abajo antes de llegar a la cima, con lo que se veía obligado a bajar una y otra vez la ladera y a empujar una y otra vez la piedra cuesta arriba. Todos somos más o menos como Tántalo, quien fue condenado a vivir en un lago, bajo un árbol lleno de fruta, aunque, cada vez que intentaba beber o comer, el agua y la fruta se alejaban de él.
 Somos así: puro deseo insatisfecho. 
Esa es nuestra naturaleza. Eso es lo que nos define.
Aparte de Mick Jagger, que yo sepa nadie entendió mejor esta verdad que Arthur Schopenhauer; sólo que él llamó voluntad a lo que aquí llamo deseo. 

Para Schopenhauer, la voluntad es, como escribió Savater, el fundamento del universo, “una fuerza ciega y sin contenido cuya esencia consiste en la pura repetición del apetecer (…) en un incansable e insaciable querer, sin causa ni ley ni principio”; también es el núcleo indestructible del hombre, que por ese motivo se halla abocado al sufrimiento:
 nuestra vida consiste en desear perpetua e incansablemente, sin la menor posibilidad de ver satisfecho ese anhelo, que es por definición inagotable, infinito.
 Por eso, para no sufrir (o para sufrir lo menos posible), Schopenhauer propone la renuncia a la voluntad; según él, la vida buena consiste en desistir de cualquier lucha, en la abolición de todos los deseos, en alcanzar algo semejante a la ataraxia de los griegos o, mejor aún, al nirvana de los budistas.
 Dirán ustedes que la solución de Schopenhauer parece un poco tediosa.
 Lo es
. La prueba es que el propio Schopenhauer lo pensaba, y por eso argumentó que vivimos entre el aburrimiento y el dolor: cuanto menos dolor, más aburrimiento; cuanto menos aburrimiento, más dolor.
 Pero antes que Schopenhauer —mucho antes que Mick Jagger— lo entendió también el Cándido de Voltaire
 
Al final de su tremenda aventura, cuando ha aterrizado en la paz del matrimonio y lleva una vida por fin apacible junto a sus amigos y compañeros de fatigas, uno de ellos, una anciana que se aburre tanto como los demás, se pregunta:
 “Quisiera saber qué es peor: ¿ser violada cien veces por piratas negros, verse cortar una nalga, pasar por las varas de los búlgaros, ser azotada y ahorcada en un auto de fe, ser disecada, remar en galeras, soportar en fin todas las miserias por las que hemos pasado, o estarse aquí sin hacer nada?”.
 La respuesta de Schopenhauer a esta pregunta sería: es peor el dolor;
 en cambio, la respuesta de Friedrich Nietzsche, su mejor discípulo, sería la contraria: es peor el aburrimiento.
 (El mejor discípulo de Schopenhauer fue en efecto su principal contradictor; no es tan raro: al fin y al cabo, el principal discípulo de Platón fue Aristóteles, que acuñó el antiplatonismo).
 Porque, si la propuesta de Schopenhauer consiste en eliminar o minimizar la voluntad, la propuesta de Nietzsche consiste en lo opuesto: en afirmarla.
 Según Nietzsche, al culpabilizar la voluntad Schopenhauer estaba, como el cristianismo, cometiendo el error de culpabilizar la vida, puesto que vida y voluntad se identifican. 
 El resultado es que, mientras que para Schopenhauer el mundo es esencialmente dolor, para Nietzsche es esencialmente tragedia: por mucho que la vida cause sufrimiento, el ser humano debe afirmar su voluntad de vivirla; tal vez eso no le hará más dichoso, pero le hará más humano.
¿Quién de los dos lleva razón? ¿Schopenhauer o Nietzsche? ¿Qué es mejor, hacer lo posible por evitar el sufrimiento, aun a riesgo de aburrirnos, o fomentar la voluntad (o el deseo), aun sabiendo que padeceremos?
 Yo sospecho que en este asunto, como en otros, Schopenhauer acierta más que Nietzsche; también, que el vitalismo nietzscheano es mucho más infrecuente entre los mayores que entre los jóvenes, casi siempre más incautos, más impetuosos, menos experimentados y vapuleados que los mayores, a los que se nos suele suponer sabiduría.
 Una suposición a todas luces excesiva, como mínimo en algunos casos.
 Lo sé porque soy uno de ellos.