Es
de sobra conocido que las actrices mayores de 40 años tienen problemas
para encontrar papeles, un escollo que no encuentran sus colegas
varones. Ninguno delos actores mejor pagados de Hollywoodtiene menos de 40 años; solo una de las intérpretes mejor pagadas los supera, Jessica Chastain. “La juventud reina”, declaró Junie Hoang cuando demandó a la base de datos cinematográfico Imdb por publicar su edad
en su perfil en la red social del cine. Aunque perdió el juicio, muchas
colegas han secundado ese mensaje para criticar la sequía de papeles
que sufren cuando dejan de ser adecuadas para interpretar a “la chica”
de la película. Hace 10 años, una Faye Dunaway de 67 años puso el grito en el cielo
al percibir el injusto trato que recibía en comparación a los hombres
de su generación. “Me cabrea que piensen que soy demasiado mayor para
ser el interés amoroso de tipos como Jack Nicholson o Clint Eastwood.
¿Por qué tengo que interpretar a hermanas y madres mientras ellos, que
son más mayores que yo, tienen amantes en pantalla a las que doblan la
edad?”.
La pareja protagonista de Los puentes de Madison (1995),
Clint Eastwood y Meryl Streep, se lleva 19 años. A pesar de ello, su
química fue uno de los puntos fuertes para la crítica a la hora de
valorar el gran éxito de la película, hasta el punto de que se rumoreó
que mantenían una relación en la vida real. En 1997 Jack Nicholson (60
años) y Helen Hunt (33) sorprendieron al mundo por la misma razón, su
química al retratar una relación tan disfuncional como la de Mejor...imposible, ya que los separaban nada menos que 27 años de edad. Elizabeth Banks se quejó en 2016 de haber sido rechazada para el papel de Mary Jane en Spiderman porque,
con 29 años, la consideraron demasiado mayor para ser la novia (y
compañera de instituto) de Tobey Maguire, 16 meses más joven que ella. Lo mismo le ocurrió a Olivia Wilde, a la que descartaron para El lobo de Wall Street por ser demasiado mayor para ser la mujer o la amante de Leonardo DiCaprio. Ella tenía 29 años ...y él 38, nueve más que ella. También fueron víctimas de esa discriminación Maggie Gyllenhaal, considerada demasiado mayor con 37 años para interpretar a la amante de un hombre de 55, y Jamie Denbo, que se quejó en Twitter
de que había sido rechazada para un papel porque, a sus 43 años, los
productores consideraban que no podía encarnar a la esposa de un hombre
de 57 años.
Los actores que encarnaron a la legendaria pareja de Rhett Butler y Escarlata O’Hara en Lo que el viento se llevó
(1939), Clark Gable y Vivien Leigh, se llevaban 13 años. La película
ofrece otro ejemplo de edadismo: los padres de la protagonista,
interpretados por Thomas Mitchell y Barbara O’Neil, se llevaban 18 años. Casi tres décadas después, ejemplo de los avances en derechos sociales,
se estrenó Adivina quién viene esta noche (1967), que mostraba
a una de las primeras parejas interraciales del cine. Pero la
discriminación por edad alcanza incluso a ésta: hay una diferencia de 18
años entre Sidney Poitier y Katharine Houghton, los enamorados que
tratan de derribar prejuicios en la película, sin que esto tenga nada
que ver en la trama.
Actores cada vez más viejos se emparejan en la ficción con actrices décadas más jóvenes que ellos. Los
protagonistas del cine tienen mujeres mucho más jóvenes sin que la
diferencia de edad se mencione siquiera en la película, como si fuera lo
normal que la mujer de un cincuentón tuviera el aspecto de una
veinteañera que podría ser, en realidad, su hija. Es algo que sucede
desde que existe el cine.
Dos de las parejas más memorables de la historia del cine, que además
pertenecen a épocas radicalmente distanciadas, ofrecen ejemplos de
edadismo en la pareja protagonista.
Humphrey Bogart tenía 41 años cuando
protagonizó Casablanca (1942) junto a una Ingrid Bergman de 21 años
.Casi medio sigo después llegó a las salas Pretty Woman (1990), la historia de amor entre un rico empresario y una prostituta que han visto seis de cada diez españoles.
Una especie de Cenicienta moderna en la que sus protagonistas, Richard Gere y Julia Roberts, se llevaban 18 años de edad.
Incluso sucede en películas que establecen que ambos tienen
la misma edad porque son amigos desde la infancia o van a clase juntos,
como en Piratas del Caribe: aunque Orlando Bloomsolo es ocho años mayor que Keira Knightley,
la película hace hincapié en que son amigos de la infancia (con prólogo
de la época incluido) y el hecho de que tienen la misma edad es clave
para la trama. También le sucede a actrices que interpretan a madres de
actores apenas más jóvenes que ellas, como les pasó en Alejandro (2004) a Angelina Jolie y Colin Farrell, que se llevan un año.
Mel Gibson tenía 11 años más que Sophie Marceau, la princesa que seduce en Braveheart
(1995), y 16 más que Catherine McCormack, que interpretaba a su
supuesta amiga de la infancia. En el prólogo de la película, establecen
claramente que existe una diferencia de edad… de unos cinco años como
máximo.
Jennifer
Lawrence solo ha tenido dos amantes de su generación ante las cámaras.
Hasta cuando las mujeres son cientos, incluso miles de años mayores
que su hombre en la ficción, la actriz escogida tiene la mitad de años:
Milla Jovovich era El quinto elemento en la película homónima
de 1997, literalmente un ser que precede a todo. Pero es 21 años más
joven que Bruce Willis, el humano del que se enamoraba en la cinta. Unos
años después asistimos a otro edadismo cinematográfico: Aragorn y Arwen
en El Señor de los Anillos (2001) son un humano y una elfa
cientos de años mayor que él, pero la actriz Liv Tyler es 18 años más
joven que Viggo Mortensen. Los elfos se mantienen hermosos y jóvenes más
tiempo, pero los interpretan actores como Hugo Weaving (un año más
joven que Mortensen) y Cate Blanchett (10 años menor). Como les sucede a ellas, en las parejas que vienen a continuación,
de las más memorables de la historia del cine, había una diferencia de
más de 10 años que pasaba desapercibida. Y quedan muchas por mencionar, varias de ellas míticas en la historia del cine, como los protagonistas de Cantando bajo la lluvia (1952), que se llevaban 20 años, los mismos que separaban a Cary Grant y Eva Marie Saint (35) en Con la muerte en los talones (1959); uno más, 21, había entre Audrey Hepburn y Rex Harrison en My fair lady (1964), la misma brecha que existía entre Denzel Washington y Angelina Jolie en El coleccionista de huesos (1999).
El emparejamiento de Mark Ruffalo y Scarlett Johansson en Vengadores: la era de Ultrón
(2015) no desató comentarios, a pesar de que se llevan 17 años. Jennifer Lawrence y Bradley Cooper, que han compartido romance en
pantalla dos veces, se llevan 16 años, a pesar de ser de las parejas de
ficción más de moda en los últimos años. Han estado juntos tanto en la
comedia El lado bueno de las cosas (2012) como en la cinta histórica Serena (2014). Otro de los ejemplos recientes más notorios del edadismo hollywoodiense se encuentra en Magia a la luz de la luna
(2014), una cinta de Woody Allen en la que un escéptico Colin Firth
(53) se enamora de la 'médium' Emma Stone (25). La enorme diferencia de
edad entre ambos, 28 años, no tiene ninguna relevancia en la trama. La diferencia es aún mayor entre Harrison Ford (55 años) y Anne Heche (29) en Seis días y siete noches (1998); y entre Michael Douglas (54) y Gwyneth Paltrow (26) en Un crimen perfecto (1998). Hay ejemplos tan recientes como Birdman (2015), en la que Michael Keaton tiene 17 años más que Amy Ryan, su mujer en la película, y 30 años más que su amante, Andrea Riseborough. Ni siquiera los superhéroes se escapan a ello: la pareja titular de Ant-Man y la Avispa (2018), Paul Rudd y Evangeline Lilly, se lleva 11 años. La tendencia se mantiene sólida en la era del #MeToo.
Carrie Fisher era 14 años más joven que Harrison Ford cuando interpretaron a la princesa Leia y Han Solo en La guerra de las galaxias
(1977). Curiosamente, la primera actriz que se pensó para el papel,
Sissy Spacek, se lleva la mitad de años con Ford, que en la vida real se
lleva 22 con su tercera esposa, Calista Flockhart.
La pareja protagonista de Jurassic Park (1993), Sam Neill y
Laura Dern, se llevan 19 años. Es un detalle fiel a los personajes del
libro, en el que ella es estudiante de posgrado; sin embargo, en la
película son colegas de profesión y su interacción parece la de dos
iguales.
Brad Pitt se lleva 12 y 13 años respectivamente con sus esposas en la ficción en El árbol de la vida (2011) y Guerra Mundial Z (2013), Jessica Chastain y Mireille Enos. En ambos casos, no se hace ni una sola referencia a esta acusada diferencia de edad.
Isabel
Pantoja, cantante, fotografiada la noche de la gala de la final del
concurso 'Supervivientes' en la sede de Mediaset en Madrid.Carlos Rosillo
Isabel Pantoja ha conseguido agregar a su medallero artístico la condición de fenómeno. Después de su millonaria contratación por Telecinco y su paso por Supervivientes, no solo aporta audiencia a su cadena sino a cualquier medio donde se la mencione. Siendo una magnífica entrevista la realizada por Jesús Ruiz Mantilla
a la cantante para este diario, se volvió mediática por ofrecer a la
Pantoja encantadísima en su nueva piel. Triunfadora sobre miles de
obstáculos e incluso sobre sí misma. “Llevo 45 años siendo Pantoja y la
luz la tengo dentro”. Ha
optado por ser desafiante, divertida y soberbia olvidando ese tono
cursi, propio de las folclóricas, para alimentar el animal televisivo
que ella, y casi todos, llevamos dentro. Esos 45 años de pantojismo
también nos han hecho proclives al drama, al morbo, con una intensidad
sin fondo ni fin. Prefiero cien veces una vida y un país con Pantoja
dentro que sin ella. Si los 40 años de Franco
fueron cemento gris, Pantoja nos ha cubierto de un tecnicolor abrasivo,
a veces exasperante pero siempre democrático. Tenemos que agradecerle
que en tiempos políticos tan bobos ella brille para hacernos sentir como
un barco velero con miles de bombillas, navegando de tormenta a
tormenta sin perder ni el ego ni la necesidad vital de alimentar al
público con su propia vida. Me ha encantado que para su cumpleaños haya organizado dos fiestas. Una
para la familia. Y otra para los amigos. Cantora, esa finca que debería
ser declarada Parque Nacional, fue el escenario para ambas
convocatorias. La idea es genial por pragmática y rentable. La lista de
invitados y las dos fiestas se han convertido en una versión cañí de la
célebre fiesta Black and White organizada por Truman Capote en los años
sesenta. En esa ocasión, se creó la jet set internacional. En las fiestas de Pantoja también se ha creado un nuevo “quién es quién”. Entrevistando a las componentes de Azúcar Moreno en el debate de Lazos de Sangre,
me interesé por saber si estaban invitadas. Dijeron que no, pero Toñi
Salazar, que es rapidísima, dijo: “Estarán nuestras canciones. Solo se vive una vez es un temazo para cualquier fiesta de cumpleaños”.
Cristiano Ronaldo y Florentino Pérez, el pasado lunes 29 de julio en Madrid.JUAN MEDINAREUTERS
Pantoja se renueva y el desfile de Victoria's Secret se agota.
No se emitirá más en la televisión estadounidense después que su
audiencia se desplomara en el 2018.
Muchos piensan que es un triunfo del
MeToo:
la exhibición de cuerpos femeninos sin rastro de grasa podría resultar
ofensiva, aparte de cosificar mucho la imagen femenina.
Yo he presentado
algún Miss Venezuela con el polémico desfile en bañador, recitando las
medidas de la candidata, generalmente acompañadas por unas licenciaturas
universitarias que rozan lo increíble.
Muchos piensan que es un triunfo del MeToo:
la exhibición de cuerpos femeninos sin rastro de grasa podría resultar
ofensiva, aparte de cosificar mucho la imagen femenina. Yo he presentado
algún Miss Venezuela con el polémico desfile en bañador, recitando las
medidas de la candidata, generalmente acompañadas por unas licenciaturas
universitarias que rozan lo increíble.
Cuando lo presentas, te sientes
raro porque es ridículo reducir una persona a unas medidas.
Hay un
momento en que el sujetador y la braga, pegados a una piel estirada
brillante, dejan de provocarte y más bien te fastidian.
Y cambias de
canal. Y aparece Pantoja, que por cierto, ha adelgazado en la isla hasta
conseguir un cuerpo que no es renovado sino completamente nuevo.
Sin
molestar.
En Oriente Medio y en Europa, el divorcio de la princesa Haya Hussein
y el emir de Dubái está convirtiendo un culebrón en otro reclamo
feminista. La hija del rey Hussein demanda ante la justica inglesa millones, la custodia de sus hijos
y un poco más de respeto hacia las mujeres de una parte del mundo
profundamente machista. El emir responde con poemas amenazantes y cursis
mientras se genera un incómodo conflicto diplomático entre Dubái y Londres, donde todos los millonarios árabes prefieren vivir cómodamente.
Millonario y ceñido reapareció Cristiano Ronaldo
en Madrid para recoger un premio de una publicación deportiva.
El
aspecto del jugador es tan perfecto y pulcro que tiene algo de irreal.
La camisa se ajusta como cortada al láser a su envidiable silueta.
Los
pantalones parecen una segunda piel de microfibra. Necesito encontrar un
sastre que me replique esa ropa y un entrenador que me enseñe cómo
ponérmela.
Pero lo mejor fue asistir al saludo entre el ex jugador del
Real Madrid y el presidente que firmó su salida, Florentino Pérez.
Ronaldo rió los comentarios del hombre que lo perdió como estrella,
sirviendo venganza dulce en directo. Florentino alcanzó a balbucear
algunas loas tópicas sobre Ronaldo mientras que el astro departía
deportivamente con unos niños sonriendo como Pantoja . Como sugiriendo
que ha aprendido de ella el dulce arte de permanecer.
Leonard Cohen, con Marianne Ihlen, en Grecia, en 1960James BurkeThe LIFE Picture Collection/Gett
Hay historias que, por mucho que se hayan contado, nunca se desgastan. La de Leonard Cohen y Marianne Ihlen es una de ellas. No porque sea la historia de una tragedia griega, aunque sucedió en una
islita del país heleno, sino porque permanece viva como el cuento de
dos jóvenes libres y en armonía en el transcurso de su amor cotidiano,
como “pájaros sobre la alambrada”, tal y como cantaba el músico
canadiense en Bird on a Wire. Bird on a Wire
es la canción inspirada en el cuento que Leonard Cohen y Marianne
vivieron en la isla de Hydra en los primeros sesenta, pero no la única. El músico también compuso So Long, Marianne, esa dulce elegía a una relación que marcó al que por entonces era un poeta sin un duro en el bolsillo, pero maravillado por esa atractiva mujer noruega y el radiante sol mediterráneo. Una historia que ahora vuelve a ser contada en el documental Marianne & Leonard: Words of Love, dirigido por Nick Broomfield, cineasta británico que ya tiene experiencia en otros filmes musicales sobre Whitney Houston (Whitney: Can I Be Me) y Kurt Cobain (Kurt & Courtney). Según palabras de su creador al periódico The Times,
la cinta “está intoxicada de la belleza de la relación”, mostrando el
calidoscopio de dos seres que, incluso en el fin de su amor, guardaron un carisma romántico. Cohen llegó a Hydra en 1960. El poeta había oído hablar de la existencia
de una colonia de artistas procedentes de todos los rincones del mundo. Al desembarcar, se encontró con un viejo puerto de pescadores, un par
de tabernas en el paseo marítimo y una imponente montaña que acogía un
paisaje de casas encaladas Los coches tenían prohibido el acceso y los
burros y las mulas eran el único medio de transporte. Había gatos por
todas partes y la música sonaba todo el día en las terrazas. Quedó
fascinado hasta de sus penurias. “No había agua corriente. Tenías que
recogerla gota a gota, conocías las gotas una a una. Todo cuanto
utilizabas era rico”, dijo en una entrevista el músico, que pasó las
primeras dos semanas estirado sobre una roca tomando el sol. “Grecia fue
donde sentí el calor en mi interior por primera vez”, añadió. En Grecia también fue donde conoció un amor distinto a todos los
demás. Llegó acompañado de su guitarra, su característica gabardina azul
y su Olivetti verde: la misma en la que se ve escribiendo a Marianne en
la contraportada de su disco, Songs From a Room. Fue en la
terraza de la tienda de comestibles del muelle donde el poeta invitó a
Marianne por primera vez a compartir su mesa. Hacía tres años que la
joven había llegado a Hydra, en compañía de Axel Jensen, un escritor
noruego, con quien se casó y tuvo un hijo, Axel. Pero él se fugó con
otra mujer y Cohen aprovechó la oportunidad. Marianne y su hijo se fueron a vivir con el poeta, que heredó de su
abuela 1.500 dólares y se compró en Hydra una casa encalada de tres
pisos, cuatro habitaciones, una cocina con comedor y una gran terraza. En una isla donde reinaba el sol y la paz y las noches se iluminaban con
lámparas de aceite de oliva o queroseno, Cohen y Marianne fueron
felices. Como escribió el canadiense a un amigo en una carta: “La manera
de vivir de Marianne en la casa es puro alimento. Cada mañana me pone
una gardenia en la mesa de trabajo […] Cuando hay comida en la mesa,
cuando se encienden las velas, cuando fregamos juntos los platos y
acostamos juntos al niño. Eso es orden, es orden espiritual, y no hay
otro”. En compañía de Marianne, Cohen escribiría cuatro libros de poemas
y la novela Los guapos perdedores. El orden monástico, tan propio de un Cohen que mucho después abrazaría el budismo zen,
solo se alteraba cuando la pareja bajaba las empinadas calles de la
isla en busca de la diversión del puerto. El amor libre de los hippies
había llegado a Hydra antes de lo esperado y existía una gran
permisividad sexual. Tal y como contó más tarde Cohen, “el sexo era
metafísico”. La relación de ambos duró seis años, interrumpida en ocasiones por la
necesidad del músico de atender a sus “afiliaciones neuróticas”.
Afiliaciones como las mujeres. Cohen era incapaz de atarse a nadie.
“Nadie puede poseer a Leonard”, declararía su amiga canadiense Nancy
Bacal. También la afiliación a su arte. En Hydra dio su primer concierto
formal. Fue en una taberna. Lo hizo porque, como reconocería,
“necesitaba dinero”. “Vi que llevaba diez años escribiendo y no podía
pagar la factura del tendero, así que pensé en cantar”.
Cuando Cohen llegó a Nueva York, gracias al dinero prestado por un
amigo, tenía 32 años y seis libros publicados. En 1967, publicó su
primer disco, Songs of Leonard Cohen, y, un par de años después, el segundo, Songs from a Room. En el primero incluyó la canción So Long, Marianne mientras que en el siguiente Bird on a Wire. Para entonces, llegaba a su fin su relación con Marianne, que le
acompañó algún tiempo en su nueva vida en el hotel Chelsea de Nueva York
y que reconoció que decir adiós a Cohen le dolió mucho: “Me destruyó un
tiempo”. En el último momento antes de grabarla, Cohen cambió la letra
de la canción So Long, Marianne que iba a llamarse Come On Marianne. Añadió ese so long —hasta
pronto—. Un “hasta pronto, Marianne” que terminó convirtiéndose en un
hasta siempre para la historia de estos dos pájaros libres, que vivieron
el cuento de su amor en una remota isla griega en plena armonía. Esta historia fue la de muchos que quisimos vivir y luchar en la forma de vida. Teníamos amores llenos de luces e intensos pero luego aunque nadie te cantara una canción pensabas que eras feliz y que si nosotros podíamos los demás lo harían El orden monástico, tan propio de un Cohen que mucho después abrazaría el budismo zen,
solo se alteraba cuando la pareja bajaba las empinadas calles de la
isla en busca de la diversión del puerto. El amor libre de los hippies
había llegado a Hydra antes de lo esperado y existía una gran
permisividad sexual. Tal y como contó más tarde Cohen, “el sexo era
metafísico”. La relación de ambos duró seis años, interrumpida en ocasiones por la
necesidad del músico de atender a sus “afiliaciones neuróticas”.
Afiliaciones como las mujeres. Cohen era incapaz de atarse a nadie.
“Nadie puede poseer a Leonard”, declararía su amiga canadiense Nancy
Bacal. También la afiliación a su arte. En Hydra dio su primer concierto
formal. Fue en una taberna. Lo hizo porque, como reconocería,
“necesitaba dinero”. “Vi que llevaba diez años escribiendo y no podía
pagar la factura del tendero, así que pensé en cantar”. Cuando Cohen llegó a Nueva York, gracias al dinero prestado por un
amigo, tenía 32 años y seis libros publicados. En 1967, publicó su
primer disco, Songs of Leonard Cohen, y, un par de años después, el segundo, Songs from a Room. En el primero incluyó la canción So Long, Marianne mientras que en el siguiente Bird on a Wire.
Para entonces, llegaba a su fin su relación con Marianne, que le
acompañó algún tiempo en su nueva vida en el hotel Chelsea de Nueva York
y que reconoció que decir adiós a Cohen le dolió mucho: “Me destruyó un
tiempo”. En el último momento antes de grabarla, Cohen cambió la letra
de la canción So Long, Marianne que iba a llamarse Come On Marianne. Añadió ese so long —hasta
pronto—. Un “hasta pronto, Marianne” que terminó convirtiéndose en un
hasta siempre para la historia de estos dos pájaros libres, que vivieron
el cuento de su amor en una remota isla griega en plena armonía. Luego ese sueño como un despertar lento supimos que soñabamos y era otra etapa de una vida que siempre quisimos fuera feliz si erámos capaces de quitar los obstáculos que permanecian. Luz del sol trabajo muy organizado amor que a veces dolía y entusiasmo por cada cosa que aprendiamos nueva. El movimiento hippi fue una ilusión. La vida no era solo Paz y Amor porque siempre había guerras. Nuclcear No Gracias ,eramos ecologistas pero aprendimos que la naturaleza tiene sus normas y disciplina mucho más en todo. Y no era incompatible cn una era moderna que te facilitaba la vida más allá que un desatino de carga. Solo por el recuerdo en nuestra memoria quien no ha vivido eso no tienen nada en común con los que lo hicimos pero eso es ya otra historia.
La reina Letizia junto a sus hijas, la princesa Leonor y la infanta
Sofía, acudieron acompañadas por doña Sofía a ver la película El Rey León
en el céntrico cine Rívoli de Palma en la tarde de este jueves. En su
primer día de vacaciones en la isla las cuatro se dejaron ver llegando
juntas a la sala de cine para ver uno de los estrenos del verano y
después recorrieron la peatonal calle Blanquerna, plagada de tiendas y
restaurantes, antes de subir al coche que les llevó de regreso al
palacio de Marivent.
La
Reina emérita ya acudió el pasado martes a ver la misma película en
esta sala de cine con sus nietas Victoria Federica e Irene, que como ya
es tradicional pasan estos días de verano en la isla con su abuela y
algunos de sus primos. Sin embargo, la reina Letizia y sus hijas llegaron a
Palma la tarde del miércoles y el jueves por la mañana acudieron al
Real Club Náutico de Palma para acompañar a Felipe VI en la jornada de
regatas de la Copa del Rey de Vela que se disputa en aguas de la bahía. Los cuatro miembros de la familia posaron en las escaleras de entrada
del club en su primera aparición juntos en la isla este verano.
La reina Letizia junto a sus hijas, la princesa Leonor y la infanta
Sofía, acudieron acompañadas por doña Sofía a ver la película El Rey León
en el céntrico cine Rívoli de Palma en la tarde de este jueves. En su
primer día de vacaciones en la isla las cuatro se dejaron ver llegando
juntas a la sala de cine para ver uno de los estrenos del verano y
después recorrieron la peatonal calle Blanquerna, plagada de tiendas y
restaurantes, antes de subir al coche que les llevó de regreso al
palacio de Marivent. La
Reina emérita ya acudió el pasado martes a ver la misma película en
esta sala de cine con sus nietas Victoria Federica e Irene, que como ya
es tradicional pasan estos días de verano en la isla con su abuela y
algunos de sus primos. Sin embargo, la reina Letizia y sus hijas llegaron a
Palma la tarde del miércoles y el jueves por la mañana acudieron al
Real Club Náutico de Palma para acompañar a Felipe VI en la jornada de
regatas de la Copa del Rey de Vela que se disputa en aguas de la bahía. Los cuatro miembros de la familia posaron en las escaleras de entrada
del club en su primera aparición juntos en la isla este verano. La salida de las reinas junto a Leonor y Sofía,
que fue recogida por numerosos fotógrafos, recuerda a la visita al
mercado del Olivar que realizaron el verano pasado y que intentó acallar
los rumores de distanciamiento entre suegra y nuera destapados tras el
encontronazo que mantuvieron a cuenta de una fotografía a las puertas de
la catedral de Mallorca durante la misa de Pascua de 2018. El que
estaba llamado a ser el acto para escenificar el regreso del rey emérito
a las actividades públicas de la familia real quedó eclipsado por el
rifirrafe entre la reina Letizia y doña Sofía.
La agenda oficial de la familia real en Mallorca estas vacaciones
continuará el sábado con la entrega de los premios de la Copa del Rey
por parte de don Felipe. Está previsto que el domingo tenga lugar el
tradicional posado veraniego de los reyes con sus hijas, mientras que el
lunes podrían desarrollarse las audiencias que Felipe VI ofrece a las
principales autoridades de las islas. El miércoles, los reyes han
convocado en el palacio de la Almudaina a los principales representantes
de la sociedad balear, así como a los actores políticos y autoridades
para la recepción que sustituyó a la cena de gala ofrecida por don Juan
Carlos y doña Sofía. Ese mismo días está previsto que Felipe VI despache con el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en el palacio de Marivent.
La Reina emérita fue la primera en aterrizar en la isla. El jueves de
la semana pasada acudió a visitar la embarcación científica Toftevaag que realiza labores de limpieza de microplásticos y basura en el mar dentro del proyecto Libera.
El viernes acudió con el rey emérito a visitar la academia de tenis de
Rafael Nadal en Manacor. La visita fue de carácter privado, aunque ambos
estuvieron guiados en todo momento por el tenista y su novia, María
Francisca Perelló. Después, junto a los padres de ambos, acudieron a
comer a un restaurante de la zona. Por el momento, se desconoce si todos
los nietos de la reina emérita coincidirán estos días en Palma.