Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

21 jul 2019

Un largo viaje.........................Juan José Millás.

Juan José Millás
Un largo viaje
SE CUENTA DEPRISA, pero se digiere despacio: lo que el anciano observa entre la extrañeza, la nostalgia y la perplejidad es un sonajero que perdió a los ocho meses y que le acaban de devolver a los 83 años
Naturalmente, él no se acuerda de haber tenido un sonajero como tampoco se acuerda de la mano de su madre, que lo agitaba ante el rostro del bebé para llamar su atención o aliviar su llanto
. A los ocho meses no somos dueños (o esclavos, según se mire) todavía de una subjetividad, de un yo, de un mundo interior con los accidentes que caracterizan a la geografía psíquica.
 Todo se halla en construcción.
Debe ser el que una mujer llevaba el dia que la fusilaron.
 

Bofetadas inútiles......................Rosa Montero

La ciencia demuestra la inutilidad y el daño de los azotes, y por fortuna es una realidad cada día más evidente para todos.
HACE UN PAR de semanas, Francia aprobó la llamada “ley anti­bofetadas”, que prohíbe castigar físicamente a los niños tanto en la escuela como en sus casas. 
La noticia no me sorprendió; lo que sí me chocó fue la respuesta de los españoles a esta medida: los comentarios en las radios y en los digitales de los periódicos; el tono furibundo, la burla, la dignidad herida.
 Salvo unas pocas excepciones, a la mayoría parecía que les habían mentado a la madre con esta ley, así de personalmente se lo tomaban. 
Aunque, ahora que lo pienso, quizá fuera literal lo de la mención materna, porque muchos se referían a los guantazos que les habían atizado sus progenitores en la infancia y a lo bien que habían salido ellos.
 Unas palabras que, además de maravillarme por el altísimo grado de autoestima que esta gente parecía tener, no dejaban de conmoverme por la tenaz defensa de la honra paterna.
“¡Pero qué locura!”, “¡Sólo faltaba que se metieran a controlarnos también en nuestras casas!”, estas son las frases y el tono de muchas de las intervenciones. 
¿Sólo faltaba que se metieran en las casas? No sé, a mí me parece que se meten poco, y no a controlar, sino a evitar los abusos.
 Tengo la sensación de que el sacrosanto respeto que se ha tenido tradicionalmente en España por la institución de la familia ha creado muchos infiernos silenciosos en la clausura de lo doméstico. De esa intimidad sellada está emergiendo ahora, gracias a décadas de atención política y social, el maltrato contra las mujeres, pero el ejercido contra los niños y los ancianos sigue aún por debajo de la línea de visibilidad. 
En 2018, la Fundación ANAR presentó un estudio de la violencia contra los niños en España; tras analizar casi dos millones y medio de llamadas a sus teléfonos de ayuda, han descubierto que el maltrato infantil se ha cuadruplicado desde 2009, aumentando la frecuencia, la duración y la gravedad. 
Pues bien, en un 58% de los casos la culpable es la propia familia, y la mitad de las veces son los padres (más ellos que ellas).
 Según un informe de Unicef de 2014, el 80% de los niños del mundo entre 2 y 14 años padece “disciplina violenta”. 

“Una bofetada normal de vez en cuando es mano de santo”, dicen. Ese es el problema: ¿quién define lo que es “normal” y lo que es “de cuando en cuando”?
 ¿Cómo se puede dejar algo tan proclive a infinidad de abusos al criterio de cualquiera, en la indefensión de los niños y la opacidad de los hogares? 
Sí, mi madre, una mujer maravillosa, también me atizó algún bofetón.
 No fue grave y no la culpo; sé que lo hizo por mi bien. Pero ya hemos superado eso, por favor. 
Numerosos estudios demuestran que pegar a los críos no sirve de nada; la última investigación (abril 2019), hecha por las Universidades de Míchigan y Texas con más de 160.000 niños, concluye que los azotes no sólo no funcionan, sino que además tienen efectos negativos: hay más probabilidades de que desafíen a los padres y de que tengan un mayor comportamiento antisocial, agresividad, problemas de salud mental y dificultades cognitivas.
La ciencia demuestra la inutilidad y el daño de los azotes, y por fortuna es una realidad cada día más evidente para todos. 
Francia ha sido el país número 56 en sacar una ley contra los castigos corporales; de hecho, y quizá para sorpresa de muchos de esos comentaristas indignados, España tiene una ley semejante desde 2007. 
Nuestra sociedad ha superado ya la penosa frase de “mi marido me pega lo normal”. Ahora a ver si superamos los bofetones.
Eso sí, prescindir de los castigos físicos no quiere decir dejar de educar a los niños, antes al contrario. 
Yo, que no tengo hijos, llevo teniendo perros 40 años. Permítanme la licencia de hablar de ellos.
 A mi primer perro, ignorante de mí, lo pegué para intentar enseñarlo. 
Fue un desastre toda la vida. Ahora mis peludos, a los que jamás he tocado, están incomparablemente más civilizados que aquel primer animal.
 Pero, claro, he tenido que esforzarme mucho más en su instrucción. 
Esa es la cuestión: educar es un trabajo constante y una inversión de tiempo importante.
 De lo que se deduce que dar un bofetón es un fracaso personal de quien abofetea.
 Como yo fracasé con mi pobre primer perro. 





Vamos a oprimir nosotros....................Javier Marías..

En vista de que la RAE no se pliega a ninguna presión autoritaria, son numerosas las instituciones que intentan legislar y censurar por su cuenta.
NOS HARTAMOS de repetirlo todos sus miembros, del más veterano al más reciente: la Real Academia Española o RAE no manda ni impone nada; no obliga, prohíbe, castiga ni multa.
 No está facultada para hacerlo y además no quiere.
 Es probablemente la institución más liberal de cuantas hay en este país profundamente antiliberal.
 A lo sumo recomienda, orienta, aconseja, avisa de que tal o cual término son peyorativos o vulgares o despectivos. 
 Indica simplemente lo que es correcto gramatical, sintáctica y ortográficamente, pero nadie se ve forzado a hablar ni a escribir según esa corrección, que ni siquiera dicta la propia RAE, sino el uso centenario de la lengua.
 Si no hay un mínimo acuerdo básico, no nos entenderíamos y el idioma se tornaría inservible.
 Aun así, cada cual es libre de decir y escribir lo que quiera y como quiera, de emplear el vocabulario que le plazca, desde el exquisito hasta el malsonante y soez.
 Eso no está penado todavía, por fortuna.
 Sin embargo, demasiada gente pretende lo contrario, que la RAE ejerza de policía, que censure el diccionario,que elimine palabras o acepciones, que añada otras a capricho de cada colectivo o individuo con ínfulas, que se dedique a una labor represiva. 
Como si tuviera capacidad o voluntad para ello; no las tiene en absoluto.
En vista, así pues, de que la RAE no se pliega a ninguna presión autoritaria, son numerosas las instituciones que intentan legislar y censurar y reprimir por su cuenta. 
Son conocidas, por ejemplo, las directrices que con frecuencia lanzan la Junta de Andalucía o Comisiones Obreras, y aun el Congreso, que decidió que los castellanohablantes teníamos que decir Girona, Lleida y A Coruña, aunque viniéramos llamando secularmente a esas ciudades Gerona, Lérida y La Coruña.
 Ninguna institución posee la menor autoridad para dictaminar nada —aún menos para imponer— en materia de lengua. 
Pero todas se la arrogan con intolerables intrusión y soberbia.
Ahora se ha ido aún más lejos, por parte de Ada Colau y su Ayuntamiento de Barcelona, que han impreso 62.000 ejemplares de una Guía de Comunicación Inclusiva para construir un mundo más igualitario (menudas pretensiones). Está destinada sobre todo a las empresas que aspiren a contratar o a concursar, a trabajar con dicho Ayuntamiento. 
El paso más lejos consiste en que aquí se obliga a tales empresas a utilizar los vocablos estúpidos y ridículos que se les han ocurrido a Colau y a su equipo. 
Y, si no se someten, se las castiga privándolas de oportunidades y beneficios.
 Eso sólo lo hacen las dictaduras más intransigentes: en el III Reich, si alguien saludaba con “Buenos días” o “Alabado sea Dios” (un religioso) en vez de con el preceptivo “Heil Hitler!”, se lo multaba o detenía por “desafecto”. 
Y una vez detenido en aquel régimen, uno podía acabar rápidamente en una fosa… Una de las órdenes más pintorescas de esta Guía de Colau es que se eviten términos como “demente”, “loco” o “trastornado”, así que no sé cómo decir que el panfleto en cuestión me parece obra de dementes, locos y trastornados. 
Según él, “no hay nadie normal, sino que todo el mundo es diferente”. 
No se debe decir “estoy depre” porque eso trivializa la depresión, sino “tengo el día triste”. 
Según él, “las razas no existen, el racismo sí”, que viene a ser tan estulto y —sí— trastornado como afirmar que “no existen los machos, el machismo sí”, o que “los sexos no, el sexismo sí”. Según él, el desdoblamiento hoy tan pelmazo (“los trabajadores y las trabajadoras”) también es  “excluyente”, porque “excluimos a las personas que no se identifican como hombre o mujer”. 
No hay que hablar de “madres solteras”, pues puede resultar discriminatorio mencionar el estado civil “cuando la persona no tiene pareja”.
 “Abuelo, abuela” son inadmisibles como apelativos irónicos o cariñosos, ya que muchas “personas mayores” carecen de progenie. Y nada de “cambio de sexo”, eso se llama “operaciones de afirmación de género” (cuando en español “género” y “sexo” no son, o no solían ser, sinónimos).
 Olvídense de la milenaria pero “irrespetuosa” “hermafrodita”, de “minusválido”, “inválido”, “cojo”, “sordo”, “ciego” y hasta “invidente”. 
Todos esos son “personas con discapacidad física” o “con movilidad reducida” o “con ceguera”.
 Francamente, entre “ciego” y “con ceguera” veo la misma diferencia que entre “inteligente” y “con inteligencia”;
 claro que este último concepto le es desconocido a Colau, no la ha tocado jamás. 
Para ella y su equipo es insultante decir que uno “compra en un chino” o “en el paki”, y proponen algo tan inespecífico como “comprar en la tienda” (se han roto el cerebro). 
 Ignoran que “moro” y “mauritano” (condenan la primera palabra y predican la segunda) significan exactamente lo mismo. Absténganse ustedes de espetarle a nadie “Que te den” e inclínense por el vetusto “A freír espárragos”; y nada de “mariconadas”, sino “tonterías” (otra vez rotos los sesos).
 Inaceptables “inmigrantes” y “emigrantes”, son todos “migrantes”, como las aves.
 La Guía es un inagotable y fascinante compendio de imbecilidades.
 Búsquenla y díganme si es obra de gente cuerda, tolerante, democrática, “igualitaria” y respetuosa de las libertades. El lema parece ser: 
“Si la RAE no oprime, que le den. Vamos a oprimir nosotros”.
Yo siempre creí que la Rae fijaba y daba esplendor......Entonces por qué en" pasa palabra" si cambias una letra te dicen :lo siento pero la Rae no lo recoge en su diccionario. o en el María Moliner.

20 jul 2019

Deshojando la margarita........... Boris Izaguirre

Yo veía como el colmo de lo 'snob' ser rico pero disfrutar de sentirte pobre por un rato.

Los reyes Juan Carlos y Sofía con la infanta Elena, en Sanxenxo.
Los reyes Juan Carlos y Sofía con la infanta Elena, en Sanxenxo. EFE
Stella McCartney, la celebre diseñadora hija de Paul McCartney, acaba de declarar que la ropa no debería lavarse tanto
 El mundo y la industria del detergente casi colapsan.
 La mayoría vestimos una prenda y la ponemos en el cesto de la ropa sucia al final del día.
 Yo, por lo menos, soy así. 
Al parecer no es algo sostenible, acumular ropa sucia genera más consumo y contaminación. 
En cualquier caso Stella, tan posh e inglesa, renovó un hábito muy frecuente en los británicos, tanto en sus clases bajas como en las superiores: hasta que la ropa huela de verdad, no se lava. 
Y si hace frío, no se sube el radiador, sino simplemente te pones otro jersey encima del que ya llevas.

Me encantan esas afirmaciones rotundas en personas superpijas. Hubo una época, en la infancia de Stella, en la que los ricos jugaban a vivir como pobres y gente como los Saboya, los herederos al supuesto trono de Italia, se fotografiaban en unas grutas en el Mediterráneo haciendo como que vivían con lo justo, comiendo higos y a punto de practicar el nudismo. 
 Yo era un niño impresionable y lo veía como el colmo de lo snob, ser rico pero disfrutar de sentirte pobre por un rato. 
Es como cuando María Antonieta se mandó hacer un huerto en Versalles para poder vivir como una campesina.
 Fue algo muy de Instagram, pero también una de las locuras que terminó costándole el trono y la cabeza.
Pues Stella, aunque bienintencionada, me recuerda ese rollo snob poco sostenible.
 Su anuncio de que hay que lavar menos coincide con su llegada como diseñadora a LVMH, el gigante del lujo al que seguramente le asombren estas declaraciones.
 Porque ropa cara sin estar bien limpia y planchada resulta un poco insostenible.
 Stella ha advertido que ella cuida mucho sus prendas, es decir, se aleja de manchas y lamparones todo lo que puede, y vive en una burbuja donde no hay gente que te salpique aceite de oliva o una gota de vino. 
Y que cuando algo se ensucia un poquito le pasa un cepillo, se airea y sigue adelante.
 Me inquieta, asumo que poner lavadoras es algo del pasado y muy contaminante, pero no me veo capaz de andar con prendas manchadas. 

Stella McCartney, el 12 de julio en Londres. 
Stella McCartney, el 12 de julio en Londres. Getty Images
Tengo muchos amigos que o son celebridades o se creen celebridades que se han vuelto locos con FaceApp, la aplicación que te hace ver cómo serás cuando seas anciano.
No me interesa mucho saber cómo me veré de viejo, tengo una edad para asumir que, si llego a los 70, lo haré con una cara convenientemente arreglada. 
Será mi cara de esa edad, la que la cirugía y los tratamientos puedan modelar.
 No te regresan a tu juventud, dan ese rostro con el que enfrentar otros veinte años.
La siniestra aplicación es el colmo del narcisismo al que nos somete diariamente Instagram. 
Mantenemos una existencia obsesionada con lo aparente, al punto de convertir el envejecimiento en un nuevo trending topic.
  Dicen que al menos te quita el miedo a envejecer mal físicamente, pero ¿qué tal que cumplas años y mantengas una cierta lozanía pero se arruguen cada vez más tanto el carácter como el ánimo y termines convertido en un retrógrado con arrugas perfectas? 
Ya lo estamos viendo en algunos de nuestros políticos jóvenes, tienen caras lozanas pero actúan como mayores amargados, pendientes de su Twitter.
 Tampoco hay que olvidar que la aplicación tiene su sede en Rusia, un país acostumbradísimo al espionaje y donde los datos que tienes que ofrecer para ver cómo serás de mayor podrían ser utilizados para dejarte como un crío asustado y sin juguetes.
Sin sustos anda el rey emérito en la costa gallega, seguro de su nueva vida no pública, sorprendentemente acompañado de la reina Sofía vestida con un jovial mono estampado con margaritas.
 En esa escena se solapan dos noticias. 
Una, que la Reina acuda por primera vez a Sanxenxo, donde su marido regatea a bordo de ese juguete, el Bribón. 
Y la otra, que vista un mono estampado con margaritas, la flor que se deshoja para encontrar el verdadero amor.
 La reunión coincidió con el momento en que la Fiscalía Anticorrupción deshojaba otra margarita, al solicitar a la justicia británica que la princesa Corinna declare, por videoconferencia, lo que recuerde del regateo por el tren de La Meca. 
Quién sabe si lo hará con ropa limpia o solo aireada.