Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

16 jul 2019

Llegar a la Luna fue difícil, pero regresar a la Tierra, también

Casi todos los astronautas se divorciaron, Buzz Aldrin cayó en el alcoholismo y otros sintieron la llamada de seres sobrenaturales.

 
El astronauta Edgard Mitchell es ayudado a salir de la cápsula, en medio del océano justo después de llegar de la Luna en una de las misiones Apolo. En vídeo, 50 aniversario de la llegada a la Luna.
Fueron estrellas del rock, pero tenían que mantener las formas. 
Los astronautas que volaron en las misiones Apolo no solo tenían que superar los retos del viaje espacial, llegar a la Luna y volver. También debían dar ejemplo como lo mejor de la sociedad estadounidense en su enfrentamiento con el comunismo.
 Tenían que ser tipos duros, pero simpáticos, seductores, pero fieles hombres de familia y, en general, algo parecido a superhombres capaces de protagonizar una epopeya y regresar intactos.
 Si lo lograron, fue solo a medias.
Los años posteriores al regreso fueron especialmente duros para Edwin Buzz Aldrin, el segundo hombre en pisar la Luna, un lugar en la historia que le ha escocido hasta el presente.
 “Se me debería considerar miembro del primer grupo humano que pisó la Luna, no el segundo hombre en hacerlo”,
 ha dicho en varias ocasiones.
 La tragedia de Aldrin había comenzado antes de su mítico vuelo, cuando su madre se suicidó en 1968.
 Antes, su abuela también se había quitado la vida y el astronauta siempre creyó que había heredado la tendencia a la depresión de estas dos mujeres.
Después de 21 años casado, su matrimonio de desintegró al poco de volver a la Tierra. 
No esperó mucho antes de volver a casarse, pero el nuevo compromiso no superó el segundo aniversario de boda. Se hundió, y sus problemas con el alcohol se agravaron.
 En una ocasión tuvo un encontronazo con la policía cuando, borracho, echó abajo la puerta del apartamento de su expareja. 
Para entonces, había pasado de ser uno de los ídolos de la humanidad a intentar vender Cadillacs en un concesionario de Beverly Hills, en Los Ángeles.
 En 1978, dejó de beber y se ha mantenido sobrio hasta ahora.
Los problemas de adicción no son tan frecuentes entre los astronautas como entre las estrellas del rock, pero sí parecían compartir cierta afición al sexo desenfrenado y sin compromiso. “Las mujeres simplemente amaban a los astronautas. Era salvaje ver hasta dónde podían llegar para ser amistosas [...] Las oportunidades y las tentaciones eran fantásticas”, escribía Walter Cunningham, astronauta de la misión Apolo 7, en su libro de 1977 The All-American Boys.
En su momento, el patriotismo de los medios de comunicación o de sus esposas, libró a los astronautas del escándalo o al menos lo mitigó. 
En su libro The Astronauts Wives Club, Lily Koppel recuperó testimonios de la época y en particular de muchas de las esposas de aquellos astronautas que tuvieron que soportar las infidelidades de sus célebres maridos manteniendo la sonrisa.
 De 30 astronautas reclutados para el programa Apolo y sus predecesores, solo siete permanecieron casados años después de su odisea espacial.
Después de regresar a la Tierra, algunos se entregaron a lo mundano, pero otro puñado de los elegidos sintió la llamada de lo invisible.
 James Irwin, uno de los astronautas que vimos recorrer nuestro satélite sobre el primer automóvil que se llevó a la Luna, afirmó al regresar de su misión en 1971 que la experiencia le había inspirado para “dedicar el resto de su vida a difundir la buena noticia de Jesucristo”.
 Abandonó el cuerpo de astronautas y creó la fundación Altos Vuelos con la que, entre otras cosas, organizó viajes de exploración al monte Ararat, en Turquía, en busca de vestigios del Arca de Noé. Según contaba The New York Times en su obituario, en 1982, alcanzó la cumbre de la montaña, a 5.137 metros de altura, pero tras una caída tuvo que ser cargado pendiente abajo a lomos de un caballo. 
Nunca encontró los restos de la embarcación que, según la Biblia, debía encontrarse en aquella cordillera. “Es más fácil caminar sobre la Luna”, dijo entonces.

Otro moonwalker como Charles Duke sintió la llamada de Jesucristo, y Eugene Cernan, el último hombre que ha caminado sobre nuestro satélite, también tuvo sus momentos espirituales, pero la experiencia mística no solo tomó la forma de la religión dominante en EE UU.
 Edgar Mitchell, coincidiendo con las teorías científicas aceptadas, pero dándole otra interpretación, escribió en su biografía que en la Luna sintió que todas las moléculas de su cuerpo y de su nave espacial se habían fabricado hace muchísimo tiempo en alguna de las antiguas estrellas que brillaban sobre su cabeza.
 Con esa epifanía a cuestas fundó el Instituto de Ciencias Noéticas, una entidad dedicada a explorar “la transformación individual y colectiva a través de la investigación de la conciencia”.
Uno de esos matrimonios que sobrevivieron fue el de Alan Shepard, el primer estadounidense en llegar al espacio, y su mujer Louise, a la que sus compañeras llamaban Santa Luisa.
 No era raro ver a Shepard rodeado de mujeres junto a sus compañeros del Apolo Dick Gordon y Pete Conrad y en una ocasión fue fotografiado en compañía de una prostituta durante un viaje con la NASA a California. 
La agencia espacial encargó al astronauta John Glenn que convenciese al periódico de que no publicase un reportaje escandaloso.
 Según ha contado Koppel, para Glenn este tipo de comportamientos arruinaría las posibilidades estadounidenses de derrotar a los rusos, no solo en el espacio, sino también en el terreno de la superioridad moral.

Otro moonwalker como Charles Duke sintió la llamada de Jesucristo, y Eugene Cernan, el último hombre que ha caminado sobre nuestro satélite, también tuvo sus momentos espirituales, pero la experiencia mística no solo tomó la forma de la religión dominante en EE UU.
 Edgar Mitchell, coincidiendo con las teorías científicas aceptadas, pero dándole otra interpretación, escribió en su biografía que en la Luna sintió que todas las moléculas de su cuerpo y de su nave espacial se habían fabricado hace muchísimo tiempo en alguna de las antiguas estrellas que brillaban sobre su cabeza.
 Con esa epifanía a cuestas fundó el Instituto de Ciencias Noéticas, una entidad dedicada a explorar “la transformación individual y colectiva a través de la investigación de la conciencia”. 
Poco preocupado por el qué dirán, afirmó que los extraterrestres habían visitado la Tierra y la NASA lo había ocultado, aunque reconoció que nunca los vio durante su viaje al espacio. Mitchell también se divorció al poco de regresar a la Tierra.

 

 

15 jul 2019

Manolo Vázquez, la imparable factoría...................... Juan Cruz.

Fue el escritor más rápido del mundo, autor prolífico de poemas e historias, columnista que solo falló porque lo mandó la muerte. Su obra sigue sigue por las librerías, corriendo.

Manuel Vázquez Montalbán.
Manuel Vázquez Montalbán.
Hubo un tiempo de estupor. 
Se paró en Bangkok, el 18 de octubre de 2003, el corazón de Manuel Vázquez Montalbán, el escritor más rápido del mundo, autor prolífico de poemas e historias, columnista que solo falló porque lo mandó la muerte. 
Una factoría que parecía imparable. Un motor humano.
 Era de la tribu del Diguem no de Raimón, pero él nunca dijo no a un encargo.
 Conoció la penuria y el hambre, y los combatió como si temiera que esos fantasmas fueran a ser las herencias que dejara sobre la tierra.


En este periódico (contó Rosa Mora) escribió 2014 artículos y quiso escribir, cada día, todas las semanas, en cualquier estación, muchísimos más.

Eduardo Mendoza, que lo sucedió a la semana siguiente en ese espacio de la última página, escribió que, a partir de entonces, ya tendría que responder a las numerosas personas que le preguntaban a diario qué pensaba de esto o de aquello “el señor Montalbán” que “Manolo se fue de viaje y todavía no ha vuelto”.


Escribía corriendo, y corriendo por el último aeropuerto de su vida conoció la asfixia y el dolor y se acabó.
 La noticia llegó a España a ráfagas, envuelta en incredulidad.
 Ese estupor tuvo su centro en Barcelona; su mujer Anna, su hijo Daniel, la innumerable muchachada de veteranos o jóvenes se concentró en despedidas
. Joan de Sagarra dijo que él no se sumaba a los funerales, prefirió quedarse solo riendo con Manolo… 
Pero Joan Manuel Serrat, sentado al lado de Juan Marsé, lloró la ausencia sentado en el banco laico de la primera despedida. 
Carmen Balcells, su confidente, su agente, su amiga, colocó ante su comedor una fotografía de su amigo.
 De vez en cuando, mientras el cadáver venía del lejano oriente, ella saludaba el retrato, la conversación se mantenía.
Acababa una historia increíble de fertilidad narrativa.
 El poeta había nacido pobre, oliendo la prisión de la posguerra del padre, y conoció también la cárcel y otras amenazas. 
Cuando alguien muere, cualquier persona, deja en los que le despiden la sensación de que el hueco es propio, no del muerto, que uno es el que se va.
 La orfandad que dejó MVM es la que describieron en seguida esos amigos estupefactos; entonces no se dijo demasiado, pero la muerte de un hombre de su edad (64 años) es una grave anomalía, tanto espacio de vida tenía por delante.
 En el caso de Manuel Vázquez Montalbán, vida era escritura. Pero se murió, ya está.
 En el momento en que eso se hace más grave aún, en el caso de los escritores, es cuando empiezan a faltar de las librerías sus libros.
 Es el limbo al que está destinada la literatura de los muertos.
Pero resurgieron sucesivamente algunos de sus libros (Galíndez, Barcelonas, sus carvalhos, incluido el que en su homenaje escribió Carlos Zanón…), y ahora aparece en las librerías un libro insólito, por la rapidez y el sosiego con el que MVM glosó la figura de su archienemigo, Francisco Franco. 
Es el Diccionario del franquismo. Salió dos años después de la muerte del dictador y ahora (con dibujos sustanciosos de Miguel Brieva) lo reedita Anagrama. 
En el prólogo Josep Ramoneda recuerda el origen de los padecimientos familiares de Manolo a causa del dictador.
 Nació en casa de perdedores, en un barrio de perdedores y sufrió él mismo muy pronto la sombra del ganador.
Pero en el libro (se puede volver a ver ahora) aplica el poeta, el novelista y el periodista un bisturí como de rapsoda triste: tanta lata que dio y qué poco fue Francisco Franco.
 Ahora los que lo resucitan tendrían que leer este libro: fue dañino como un mal alimento, pero era el menos admirable de los hombres, el más estrafalario de los regímenes. 
A decirlo así contribuye ahora Brieva.
En esta resurrección de MVM, que superó pronto el purgatorio común al que se condena a los escritores, tiene mucho que ver el aliento que dejó la Balcells en su casa y gente como Francesc Salgado, que lleva ya cinco congresos dedicados a su autor más presente. 
A él le pregunté por qué pervive su ídolo.
 “Por la polarización de la política, que ha dejado de ser racional y se ha vuelto tan enfática. 
Porque vuelve el neofranquismo desacomplejado que brega por la unidad de España. 
Porque los textos de MVM que vuelven prosiguen aquella disección del franquismo.
 Porque todo eso lo hace inesperadamente actual”.

A Mendoza le preguntó hace años un hombre en Nueva York qué estaría haciendo a esa hora Manuel Vázquez Montalbán. Comiendo, quizá, respondió Eduardo.
 “No, no”, replicó el señor, “yo me refería a lo que está escribiendo”. Esa pregunta se paró el 18 de octubre de 2003.
 Pero la escritura de aquel empecinado ha vencido la sombra del purgatorio y sigue por las librerías, corriendo.

 

Dulceida, la ‘influencer’ con festival propio, que reivindica el amor libre

Aida Domenech, con tres millones de seguidores en Instagram, ha creado un pequeño imperio que empezó por la moda y la ha convertido también en bandera de los derechos LGTBI.

La bloguera Dulceida en abril de 2018.
La bloguera Dulceida en abril de 2018.

 

Alba Paul (L) and Dulceida (R) posan durante un photocall
Alba Paul (L) and Dulceida (R) posan durante un photocall
Cinco años después, en 2013, Dulceida nació con el primer vídeo en YouTube que publicó Domenech en el que se presentaba ante un público desconocido y les enseñaba a maquillarse en solo 30 segundos.
 Abrió su canal porque una agencia de representación la contactó para representarla: era tan solo una forma más de poder mostrarse a sus seguidores. 
La fórmula del éxito, admite cuando habla de ello, siempre ha sido la misma: naturalidad y destrucción de toda barrera que separe vida social y privada, trabajo y ocio. 
Como muestra, un botón: Alba Paul, actual pareja de Dulceida, de 30 años, fue presentada en sociedad mediante el vídeo titulado Tag de mi Novia (con 52,2 millones de reproducciones). 
Es el vídeo más visto de Dulceida, y los otros dos que acumulan más visionados también tienen a Paul, como protagonista.
 Precisamente ha sido este ímpetu de Dulceida por querer normalizar su relación homosexual lo que sus seguidores más han premiado.
 Tanto es así que la pareja decidió casarse hace dos años y la boda acumula actualmente seis millones de reproducciones en YouTube.
Dulceida y Alma Paul son ahora dos de los personajes más influyentes en el panorama LGTBI.
 En su canal de Youtube hablan de temas como el VIH, el poliamor o el genderfluidism (Género fluido).
 "A mí toda la vida me han gustado los chicos, hasta que de repente, porque sí, yo noté ese hormigueo que sientes cuando ves a alguien", escribió en su blog cuando decidió salir del armario.
"Aunque es algo normal y corriente mucha gente no lo ve así, así que quiero apoyar a la gente que lo necesita: no tengáis miedo y dejaros llevar".
 De esta manera, la bloguera daba apoyo, según escribió, a personas que se encuentran en su situación. 
 Doménech también ha tenido novios: en concreto, se hizo muy conocida su ruptura con el fotógrafo que se encargaba de realizar las imágenes que subía a sus redes sociales.
Dulceida siempre ha utilizado su festival como una suerte de reedición del Orgullo:
 repleto con algunos de los DJ’s más reconocidos del panorama musical, el evento está claramente dirigido a un público muy joven entre el que se promueve un mensaje de amor libre sin prejuicios: "Da igual que seáis gais, bisexuales, lesbianas.
 Lo importante es que estéis con quién realmente queréis estar y que lo podamos celebrar", ha declarado recientemente en sus redes sociales.
Su fama la ha llevado a volverse una celebridad más de España. Entre su círculo social no faltan otros famosos como los Javis, los actores y directores Javier Calvo y Javier Ambrossi; Laura Escanes y su esposo Risto Mejide; la cantante Ana Guerra o incluso se ha llegado a codear con artistas internacionales como Rihanna.
Compartir su vida con millones de personas todos los días le ha costado más de una polémica.
 El año pasado, por ejemplo, durante un viaje junto a su esposa en Ciudad del Cabo fue criticada por publicar una foto dándose un baño, mientras que la ciudad sufría una fuerte sequía. 
Algo que llevó incluso a que cerrará sus redes sociales por un tiempo.
 En otra ocasión sus seguidores le reprocharon que su marca de ropa, Dulceida shop, no tuviera tallas más grandes, cuando ella se abandera como una modelo curvy.

Cristina Brondo, Marta Torne, Pelayo, Aida Domenech 'Dulceida' and Eugenia Ortiz Domecq en el Fashion Week en Barcelona.
Cristina Brondo, Marta Torne, Pelayo, Aida Domenech 'Dulceida' and Eugenia Ortiz Domecq en el Fashion Week en Barcelona.
El resultado de toda esta historia es que las cuentas salen. 6.000 adolescentes van a pagar este fin de semana 25 euros para ver a Dulceida salir en varias ocasiones a desear mucho amor (su eslogan, raíz de su discurso y el nombre de su perfume) en su propio festival. 
La cuarta edición será, por tanto, el punto de encuentro para todos los seguidores de la influencer y la enésima demostración de que el Dulceimperio, término acuñado por el Dulcesquad, su séquito de influencers satélite, mantiene plena vigencia. 
Y eso, con solo una plantilla de 13 trabajadores que incluyen a su primo, director de la tienda y del festival, y a su madre, que también ejerce de representante.



John John Kennedy sigue fascinando 20 años después de su muerte

El hijo del presidente de Estados Unidos asesinado en Dallas acumula biografías en el aniversario del accidente que acabó con su vida, que retratan su carácter temerario y su exceso de confianza.

John John Kennedy
John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette. WireImage

 

John F. Kennedy Jr. jugando en el Despacho Oval de la Casa Blanca en 1963.
John F. Kennedy Jr. jugando en el Despacho Oval de la Casa Blanca en 1963. Getty
El valor histórico de la biografía está por encima de esa relación, dice. El autor se adentra a explorar los múltiples traumas que John John tuvo que afrontar en su corta vida.
 "Experimentó más muerte que la mayoría de la gente", señala.
 Su padre fue asesinado cuando él tenía tres años de edad. También sufrió por la muerte de su tío Robert Kennedy, convertido en su guía, y después llegó la de Aristóteles Onassis.
"Escapó tantas veces de la muerte y el peligro", comenta, "que siempre creyó que algo iba a salvarle". 
William Cohan, amigo de la adolescencia de JFK Junior, relata algo similar en Four Friends.
 Conoció al hijo del difunto presidente en la Phillips Academy.
 "La idea de pertenecer a un tipo Delta Force invencible intoxicaba", relata. 
El joven Kennedy, añade, era un "adicto a la adrenalina" al que le gustaba flirtear con el peligro. Volar, dice, "era un escape físico para él".
Pero esa noche no fue así.

 Cohan espera que su libro se entienda como una meditación sobre "lo frágil que es la vida". 
No es solo que la presencia permanente del Servicio Secreto fuera un recordatorio constante de esos fantasmas que revoloteaban por su vida.
 La atención mediática era abrumadora y allí por donde iba estaba rodeado siempre por las cámaras. Las expectativas eran enormes.
La imagen del saludo que John John realizó ante el féretro de su difunto padre sigue impregnada en la memoria de los estadounidenses, como otra en la que se le ve jugueteando a los pies del presidente en el Despacho Oval.
 El asesinato de JFK era algo sobre lo que no le gustaba hablar.
 No entendía por qué le fascinaba tanto a la gente lo que pasó el fatídico 22 de noviembre de 1963 en Dallas (Texas).
El expresidente de Estados Unidos John F. Kennedy con su familia en 1963.
El expresidente de Estados Unidos John F. Kennedy con su familia en 1963. Getty
John no hizo nada para ser famoso más allá de ser John F. Kennedy Jr. "Era dos personas", explica Gillon, "jugaba el papel del hijo del presidente pero en el corazón era simplemente John". 
La nostalgia por la muerte de su padre hizo que se convirtiera en un icono cultural entre los de su generación, esperando de él que resucitara los días pasados. 
Carolyn, sin embargo, tuvo especial dificultad para adaptarse a ese escrutinio constante al que estaban acostumbrados los Kennedy.

Respecto a la que parecía idílica relación con su esposa, Carolyn Bessette, Steven Gillon afirma que no llevaban un año casados cuando la llama empezó a apagarse. 
 "Ella se sentía atrapada", basándose en las conversaciones personales que mantuvo con John y con amigos muy próximos. Estaba anímicamente tan tocada, que pensaban que se automedicaba. 
Vivían en residencias separadas.
La cadena TLC encapsula la conmemoración del 20 aniversario de su muerte con un documental especial en el que muestra imágenes inéditas de la boda filmadas por Billy Noonan.
 También recoge entrevistas con familiares y amigos de la pareja. "Carolyn me cambió la vida de una manera que nunca pensé sería posible", se escucha decir a John, 
"me ha hecho sentir esta noche el hombre más feliz vivo".
John Jr. estaba en un proceso constante de entender quién era.
 El matrimonio iba a peor, la revista que fundó –George– atravesaba problemas financieros y su principal confidente, su primo Anthony Radziwill, se moría de cáncer. 
"Las dos relaciones más importantes de su vida llegaban a su fin", señala el documental.
 Los días previos a su muerte tenía el tobillo escayolado tras un accidente saltando  en paracaídas. En cuanto el médico se la quitó, se puso a volar. 
John F. Kennedy Jr. en 1984.
John F. Kennedy Jr. en 1984. Getty
Pese a ello, trataba de mirar al futuro en medio de la adversidad. Quería crear una familia, a ser posible lejos de la ciudad de Nueva York. 
Pero Carolyn no estaba preparada para tener hijos, como también señala la biografía de Kathy McKeon, quien fuera asistente personal de Jackie Kennedy.
 "Odio vivir en un pecera, como puedo traer a un niño a un mundo como este", asegura que le dijo Bassette a una amiga.
 La situación era muy seria y la pareja corría el riesgo de separarse.

En esa búsqueda de su persona, Gillon explica como John Jr. se sentía más cómodo con su ambición política. 
 No tanto por su nombre o por lo que se esperaba de él, sino porque era algo que llevaba en los genes.
 Se planteó presentarse para las elecciones de gobernador de Nueva York en 2002 y utilizar el cargo como trampolín para algún día volver a la Casa Blanca. 
Pero Carolyn era un obstáculo. Ni ellos sabían lo que iba a pasar con su relación ese verano.
 La boda de su prima Rory iba a celebrarse el 17 de julio.
 Lauren, la hermana de Carolyn, organizó un almuerzo el día antes del viaje en un último esfuerzo para tratar de reconciliarlos.
 A ella le costó pero finalmente decidió acompañar a su marido a aquel encuentro con el clan porque quería que las cosas funcionaran.
 Nunca llegaron al destino porque, como dice Cohan, John Fitgerald Kennedy Jr no supo ver el peligro.