Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

15 jul 2019

Manolo Vázquez, la imparable factoría...................... Juan Cruz.

Fue el escritor más rápido del mundo, autor prolífico de poemas e historias, columnista que solo falló porque lo mandó la muerte. Su obra sigue sigue por las librerías, corriendo.

Manuel Vázquez Montalbán.
Manuel Vázquez Montalbán.
Hubo un tiempo de estupor. 
Se paró en Bangkok, el 18 de octubre de 2003, el corazón de Manuel Vázquez Montalbán, el escritor más rápido del mundo, autor prolífico de poemas e historias, columnista que solo falló porque lo mandó la muerte. 
Una factoría que parecía imparable. Un motor humano.
 Era de la tribu del Diguem no de Raimón, pero él nunca dijo no a un encargo.
 Conoció la penuria y el hambre, y los combatió como si temiera que esos fantasmas fueran a ser las herencias que dejara sobre la tierra.


En este periódico (contó Rosa Mora) escribió 2014 artículos y quiso escribir, cada día, todas las semanas, en cualquier estación, muchísimos más.

Eduardo Mendoza, que lo sucedió a la semana siguiente en ese espacio de la última página, escribió que, a partir de entonces, ya tendría que responder a las numerosas personas que le preguntaban a diario qué pensaba de esto o de aquello “el señor Montalbán” que “Manolo se fue de viaje y todavía no ha vuelto”.


Escribía corriendo, y corriendo por el último aeropuerto de su vida conoció la asfixia y el dolor y se acabó.
 La noticia llegó a España a ráfagas, envuelta en incredulidad.
 Ese estupor tuvo su centro en Barcelona; su mujer Anna, su hijo Daniel, la innumerable muchachada de veteranos o jóvenes se concentró en despedidas
. Joan de Sagarra dijo que él no se sumaba a los funerales, prefirió quedarse solo riendo con Manolo… 
Pero Joan Manuel Serrat, sentado al lado de Juan Marsé, lloró la ausencia sentado en el banco laico de la primera despedida. 
Carmen Balcells, su confidente, su agente, su amiga, colocó ante su comedor una fotografía de su amigo.
 De vez en cuando, mientras el cadáver venía del lejano oriente, ella saludaba el retrato, la conversación se mantenía.
Acababa una historia increíble de fertilidad narrativa.
 El poeta había nacido pobre, oliendo la prisión de la posguerra del padre, y conoció también la cárcel y otras amenazas. 
Cuando alguien muere, cualquier persona, deja en los que le despiden la sensación de que el hueco es propio, no del muerto, que uno es el que se va.
 La orfandad que dejó MVM es la que describieron en seguida esos amigos estupefactos; entonces no se dijo demasiado, pero la muerte de un hombre de su edad (64 años) es una grave anomalía, tanto espacio de vida tenía por delante.
 En el caso de Manuel Vázquez Montalbán, vida era escritura. Pero se murió, ya está.
 En el momento en que eso se hace más grave aún, en el caso de los escritores, es cuando empiezan a faltar de las librerías sus libros.
 Es el limbo al que está destinada la literatura de los muertos.
Pero resurgieron sucesivamente algunos de sus libros (Galíndez, Barcelonas, sus carvalhos, incluido el que en su homenaje escribió Carlos Zanón…), y ahora aparece en las librerías un libro insólito, por la rapidez y el sosiego con el que MVM glosó la figura de su archienemigo, Francisco Franco. 
Es el Diccionario del franquismo. Salió dos años después de la muerte del dictador y ahora (con dibujos sustanciosos de Miguel Brieva) lo reedita Anagrama. 
En el prólogo Josep Ramoneda recuerda el origen de los padecimientos familiares de Manolo a causa del dictador.
 Nació en casa de perdedores, en un barrio de perdedores y sufrió él mismo muy pronto la sombra del ganador.
Pero en el libro (se puede volver a ver ahora) aplica el poeta, el novelista y el periodista un bisturí como de rapsoda triste: tanta lata que dio y qué poco fue Francisco Franco.
 Ahora los que lo resucitan tendrían que leer este libro: fue dañino como un mal alimento, pero era el menos admirable de los hombres, el más estrafalario de los regímenes. 
A decirlo así contribuye ahora Brieva.
En esta resurrección de MVM, que superó pronto el purgatorio común al que se condena a los escritores, tiene mucho que ver el aliento que dejó la Balcells en su casa y gente como Francesc Salgado, que lleva ya cinco congresos dedicados a su autor más presente. 
A él le pregunté por qué pervive su ídolo.
 “Por la polarización de la política, que ha dejado de ser racional y se ha vuelto tan enfática. 
Porque vuelve el neofranquismo desacomplejado que brega por la unidad de España. 
Porque los textos de MVM que vuelven prosiguen aquella disección del franquismo.
 Porque todo eso lo hace inesperadamente actual”.

A Mendoza le preguntó hace años un hombre en Nueva York qué estaría haciendo a esa hora Manuel Vázquez Montalbán. Comiendo, quizá, respondió Eduardo.
 “No, no”, replicó el señor, “yo me refería a lo que está escribiendo”. Esa pregunta se paró el 18 de octubre de 2003.
 Pero la escritura de aquel empecinado ha vencido la sombra del purgatorio y sigue por las librerías, corriendo.

 

Dulceida, la ‘influencer’ con festival propio, que reivindica el amor libre

Aida Domenech, con tres millones de seguidores en Instagram, ha creado un pequeño imperio que empezó por la moda y la ha convertido también en bandera de los derechos LGTBI.

La bloguera Dulceida en abril de 2018.
La bloguera Dulceida en abril de 2018.

 

Alba Paul (L) and Dulceida (R) posan durante un photocall
Alba Paul (L) and Dulceida (R) posan durante un photocall
Cinco años después, en 2013, Dulceida nació con el primer vídeo en YouTube que publicó Domenech en el que se presentaba ante un público desconocido y les enseñaba a maquillarse en solo 30 segundos.
 Abrió su canal porque una agencia de representación la contactó para representarla: era tan solo una forma más de poder mostrarse a sus seguidores. 
La fórmula del éxito, admite cuando habla de ello, siempre ha sido la misma: naturalidad y destrucción de toda barrera que separe vida social y privada, trabajo y ocio. 
Como muestra, un botón: Alba Paul, actual pareja de Dulceida, de 30 años, fue presentada en sociedad mediante el vídeo titulado Tag de mi Novia (con 52,2 millones de reproducciones). 
Es el vídeo más visto de Dulceida, y los otros dos que acumulan más visionados también tienen a Paul, como protagonista.
 Precisamente ha sido este ímpetu de Dulceida por querer normalizar su relación homosexual lo que sus seguidores más han premiado.
 Tanto es así que la pareja decidió casarse hace dos años y la boda acumula actualmente seis millones de reproducciones en YouTube.
Dulceida y Alma Paul son ahora dos de los personajes más influyentes en el panorama LGTBI.
 En su canal de Youtube hablan de temas como el VIH, el poliamor o el genderfluidism (Género fluido).
 "A mí toda la vida me han gustado los chicos, hasta que de repente, porque sí, yo noté ese hormigueo que sientes cuando ves a alguien", escribió en su blog cuando decidió salir del armario.
"Aunque es algo normal y corriente mucha gente no lo ve así, así que quiero apoyar a la gente que lo necesita: no tengáis miedo y dejaros llevar".
 De esta manera, la bloguera daba apoyo, según escribió, a personas que se encuentran en su situación. 
 Doménech también ha tenido novios: en concreto, se hizo muy conocida su ruptura con el fotógrafo que se encargaba de realizar las imágenes que subía a sus redes sociales.
Dulceida siempre ha utilizado su festival como una suerte de reedición del Orgullo:
 repleto con algunos de los DJ’s más reconocidos del panorama musical, el evento está claramente dirigido a un público muy joven entre el que se promueve un mensaje de amor libre sin prejuicios: "Da igual que seáis gais, bisexuales, lesbianas.
 Lo importante es que estéis con quién realmente queréis estar y que lo podamos celebrar", ha declarado recientemente en sus redes sociales.
Su fama la ha llevado a volverse una celebridad más de España. Entre su círculo social no faltan otros famosos como los Javis, los actores y directores Javier Calvo y Javier Ambrossi; Laura Escanes y su esposo Risto Mejide; la cantante Ana Guerra o incluso se ha llegado a codear con artistas internacionales como Rihanna.
Compartir su vida con millones de personas todos los días le ha costado más de una polémica.
 El año pasado, por ejemplo, durante un viaje junto a su esposa en Ciudad del Cabo fue criticada por publicar una foto dándose un baño, mientras que la ciudad sufría una fuerte sequía. 
Algo que llevó incluso a que cerrará sus redes sociales por un tiempo.
 En otra ocasión sus seguidores le reprocharon que su marca de ropa, Dulceida shop, no tuviera tallas más grandes, cuando ella se abandera como una modelo curvy.

Cristina Brondo, Marta Torne, Pelayo, Aida Domenech 'Dulceida' and Eugenia Ortiz Domecq en el Fashion Week en Barcelona.
Cristina Brondo, Marta Torne, Pelayo, Aida Domenech 'Dulceida' and Eugenia Ortiz Domecq en el Fashion Week en Barcelona.
El resultado de toda esta historia es que las cuentas salen. 6.000 adolescentes van a pagar este fin de semana 25 euros para ver a Dulceida salir en varias ocasiones a desear mucho amor (su eslogan, raíz de su discurso y el nombre de su perfume) en su propio festival. 
La cuarta edición será, por tanto, el punto de encuentro para todos los seguidores de la influencer y la enésima demostración de que el Dulceimperio, término acuñado por el Dulcesquad, su séquito de influencers satélite, mantiene plena vigencia. 
Y eso, con solo una plantilla de 13 trabajadores que incluyen a su primo, director de la tienda y del festival, y a su madre, que también ejerce de representante.



John John Kennedy sigue fascinando 20 años después de su muerte

El hijo del presidente de Estados Unidos asesinado en Dallas acumula biografías en el aniversario del accidente que acabó con su vida, que retratan su carácter temerario y su exceso de confianza.

John John Kennedy
John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette. WireImage

 

John F. Kennedy Jr. jugando en el Despacho Oval de la Casa Blanca en 1963.
John F. Kennedy Jr. jugando en el Despacho Oval de la Casa Blanca en 1963. Getty
El valor histórico de la biografía está por encima de esa relación, dice. El autor se adentra a explorar los múltiples traumas que John John tuvo que afrontar en su corta vida.
 "Experimentó más muerte que la mayoría de la gente", señala.
 Su padre fue asesinado cuando él tenía tres años de edad. También sufrió por la muerte de su tío Robert Kennedy, convertido en su guía, y después llegó la de Aristóteles Onassis.
"Escapó tantas veces de la muerte y el peligro", comenta, "que siempre creyó que algo iba a salvarle". 
William Cohan, amigo de la adolescencia de JFK Junior, relata algo similar en Four Friends.
 Conoció al hijo del difunto presidente en la Phillips Academy.
 "La idea de pertenecer a un tipo Delta Force invencible intoxicaba", relata. 
El joven Kennedy, añade, era un "adicto a la adrenalina" al que le gustaba flirtear con el peligro. Volar, dice, "era un escape físico para él".
Pero esa noche no fue así.

 Cohan espera que su libro se entienda como una meditación sobre "lo frágil que es la vida". 
No es solo que la presencia permanente del Servicio Secreto fuera un recordatorio constante de esos fantasmas que revoloteaban por su vida.
 La atención mediática era abrumadora y allí por donde iba estaba rodeado siempre por las cámaras. Las expectativas eran enormes.
La imagen del saludo que John John realizó ante el féretro de su difunto padre sigue impregnada en la memoria de los estadounidenses, como otra en la que se le ve jugueteando a los pies del presidente en el Despacho Oval.
 El asesinato de JFK era algo sobre lo que no le gustaba hablar.
 No entendía por qué le fascinaba tanto a la gente lo que pasó el fatídico 22 de noviembre de 1963 en Dallas (Texas).
El expresidente de Estados Unidos John F. Kennedy con su familia en 1963.
El expresidente de Estados Unidos John F. Kennedy con su familia en 1963. Getty
John no hizo nada para ser famoso más allá de ser John F. Kennedy Jr. "Era dos personas", explica Gillon, "jugaba el papel del hijo del presidente pero en el corazón era simplemente John". 
La nostalgia por la muerte de su padre hizo que se convirtiera en un icono cultural entre los de su generación, esperando de él que resucitara los días pasados. 
Carolyn, sin embargo, tuvo especial dificultad para adaptarse a ese escrutinio constante al que estaban acostumbrados los Kennedy.

Respecto a la que parecía idílica relación con su esposa, Carolyn Bessette, Steven Gillon afirma que no llevaban un año casados cuando la llama empezó a apagarse. 
 "Ella se sentía atrapada", basándose en las conversaciones personales que mantuvo con John y con amigos muy próximos. Estaba anímicamente tan tocada, que pensaban que se automedicaba. 
Vivían en residencias separadas.
La cadena TLC encapsula la conmemoración del 20 aniversario de su muerte con un documental especial en el que muestra imágenes inéditas de la boda filmadas por Billy Noonan.
 También recoge entrevistas con familiares y amigos de la pareja. "Carolyn me cambió la vida de una manera que nunca pensé sería posible", se escucha decir a John, 
"me ha hecho sentir esta noche el hombre más feliz vivo".
John Jr. estaba en un proceso constante de entender quién era.
 El matrimonio iba a peor, la revista que fundó –George– atravesaba problemas financieros y su principal confidente, su primo Anthony Radziwill, se moría de cáncer. 
"Las dos relaciones más importantes de su vida llegaban a su fin", señala el documental.
 Los días previos a su muerte tenía el tobillo escayolado tras un accidente saltando  en paracaídas. En cuanto el médico se la quitó, se puso a volar. 
John F. Kennedy Jr. en 1984.
John F. Kennedy Jr. en 1984. Getty
Pese a ello, trataba de mirar al futuro en medio de la adversidad. Quería crear una familia, a ser posible lejos de la ciudad de Nueva York. 
Pero Carolyn no estaba preparada para tener hijos, como también señala la biografía de Kathy McKeon, quien fuera asistente personal de Jackie Kennedy.
 "Odio vivir en un pecera, como puedo traer a un niño a un mundo como este", asegura que le dijo Bassette a una amiga.
 La situación era muy seria y la pareja corría el riesgo de separarse.

En esa búsqueda de su persona, Gillon explica como John Jr. se sentía más cómodo con su ambición política. 
 No tanto por su nombre o por lo que se esperaba de él, sino porque era algo que llevaba en los genes.
 Se planteó presentarse para las elecciones de gobernador de Nueva York en 2002 y utilizar el cargo como trampolín para algún día volver a la Casa Blanca. 
Pero Carolyn era un obstáculo. Ni ellos sabían lo que iba a pasar con su relación ese verano.
 La boda de su prima Rory iba a celebrarse el 17 de julio.
 Lauren, la hermana de Carolyn, organizó un almuerzo el día antes del viaje en un último esfuerzo para tratar de reconciliarlos.
 A ella le costó pero finalmente decidió acompañar a su marido a aquel encuentro con el clan porque quería que las cosas funcionaran.
 Nunca llegaron al destino porque, como dice Cohan, John Fitgerald Kennedy Jr no supo ver el peligro.

Lo que queda de Marbella y sus míticas fiestas de la ‘jet set’

La etapa de Jesús Gil marcó un punto de inflexión en la ciudad malagueña que fue centro del glamur internacional en los años ochenta y ahora trata de recuperar su brillo.

De izquierda a derecha: Margit Ohlson, George Hamilton, Elizabeth Taylor, Adnan Khashoggi y Jaime de Mora y Aragón.
De izquierda a derecha: Margit Ohlson, George Hamilton, Elizabeth Taylor, Adnan Khashoggi y Jaime de Mora y Aragón.

 

La actriz Brigitte Bardot y su esposo Gunther Sachs, con Alfonso De Hohenlohe, ahijado de Alfonso XIII, en Marbella, en 1968. 
La actriz Brigitte Bardot y su esposo Gunther Sachs, con Alfonso De Hohenlohe, ahijado de Alfonso XIII, en Marbella, en 1968.
En los 80 el glamur inundó por completo una Marbella que ya superaba los 100.000 habitantes, solo el 20 por ciento nacidos allí. En 1985 Olivia Valère, reina de la noche, abrió su primera discoteca en Puerto Banús.
 Aquel año Khashoggi dio una fiesta de cumpleaños que aún se recuerda.
 La foto de su esposa Lamia acompañada de Brooke Shields ilustró la portada de la revista ¡Hola! del 10 de agosto.
 Marbella era un filón.
 “Aquellos famosos eran accesibles.
 Y vinieron tantos que dieron un brillo especial a la ciudad”, afirma Andrés Lanza, que ha fotografiado la vida social marbellí desde los años setenta hasta el pasado mayo, cuando se jubiló.
“Marbella nunca fue el pueblo de pescadores que se mitificó. Pero sí una ciudad atractiva y agradable”, cuenta José Luis Rodríguez, alcalde entre 1983 y 1987.
 En su mandato multó a Gil con 81 millones de pesetas por una construcción ilegal. Sin quererlo ni saberlo, animó al constructor a entrar en política
Gil entendió que levantar pisos era más fácil (y el negocio, mayor) si llegaba a la alcaldía.
 Como refleja la serie de HBO El Pionero, lo hizo en 1991.
 Todo cambió. La jet set empezó a irse. 
“No les gustaba aquel personaje”, subraya András Lanza.
 Aun así, la inercia del mito siguió unos años:
 Cynthia Lennon adquirió una casa, Prince otra y Khashoggi seguía apareciendo en las fotos, ahora con Gil.

Julián Muñoz e Isabel Pantoja, por las calles de Marbella, en 2003. 
Julián Muñoz e Isabel Pantoja, por las calles de Marbella, en 2003.
Uno de los síntomas de la caída de la vieja Marbella fue la marcha de Sean Connery y su mujer, hartos del urbanismo omnipresente. Su casa fue demolida y convertida en apartamentos en una operación que a punto estuvo de llevar al actor ante los tribunales en el caso Goldfinger.
 Las estancias del rey Fahd en el palacio Mar Mar se distanciaron en el tiempo y, sin él, adiós al maná de los petrodólares. 
El Martinete —de Antonio el Bailarín—, Villa Sagitario —de Gunilla von Bismarck— y Los Gitanillos —de Lola Flores— han sido vendidas o sacadas a subasta en los últimos años.
 Las huellas de una etapa irrepetible fueron borradas por el barro de los escándalos. 
Gil fue tres veces a prisión. Luego llegaron Julián Muñoz, Isabel Pantoja y Juan Antonio Roca.
 El caso Malaya fue el estoque final.

Olivia Valère y Gianluca Vacchi, en Marbella, en 2017. 
Olivia Valère y Gianluca Vacchi, en Marbella, en 2017.
El rastro de la jet set se perdió durante el gilismo y sus descendientes tomaron nuevo rumbo.
 Apenas el Conde Rudi, Gunilla y Luis Ortiz siguen hoy dando guerra.
 “La nueva Marbella es de los dj”, anunciaba Olivia Valère hace cuatro veranos al celebrar el 30 aniversario de su primer local. Ahora las caras conocidas se esconden en fiestas privadas y suben sus propias fotos a Instagram. 
Ha vuelto el turismo americano, también suecos y suizos ligados a la banca o a las tecnologías, pero no se les ve. 
Incluso los oligarcas rusos prefieren –en general– la intimidad. 
 Algunos acuden al restaurante de Dani García. Otros, al festival Starlite, cuya cena benéfica siempre está a reventar.
 Allí son fijos Antonio Banderas y Eva Longoria, que esta misma semana llegaba la ciudad junto a su bebé.
Antonio Banderas, Sandra Garcia San Juan y David Bisbal, en el festival Starlite, el pasado agosto. 
Antonio Banderas, Sandra Garcia San Juan y David Bisbal, en el festival Starlite, el pasado agosto.
En la programación musical del Starlite de 2019 caben Maluma, Sting, Bertín Osborne y Taburete. Un espejismo de aquella Marbella. 
Sigue contando con el puerto más lujoso de Europa y el Marbella Club tiene por delante ocho fiestas temáticas en El Patio, espacio diseñado por Hubertus de Hohenlohe, hijo de Alfonso.
 También miles de turistas siguen apostando por la ciudad para sus veranos. 
Pero las estrellas ya solo se ven en las fotos que los restaurantes con tradición cuelgan en sus paredes.
 Testimonios de una época que se fue para no volver.