Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

11 jul 2019

Cinco agujeros de la teoría oficial sobre los crímenes de Charles Manson

Tras más de 20 años investigando, el periodista Tom O’Neill publica un libro que desmonta varios puntos y lugares comunes sobre los asesinatos que conmovieron a EE UU en 1969.

   

Charles Manson es escoltado al juzgado, en 1969. En vídeo, siete respuestas que definen a Charles Manson.
La noche del sábado 9 de agosto de 1969 algo cambió para siempre en la sociedad estadounidense.
 Los asesinatos perpetrados por los secuaces de Charles Manson en el 10050 de Cielo Drive (Los Ángeles) que acabaron de manera salvaje con la vida Sharon Tate y el bebé que llevaba en su vientre, Abigail Ann Folger, Wojciech Frykowski, Steven Earl Parent y Jay Sebring —completados la noche siguiente con la macabra muerte de Leno y Rosemary Labianca— perduran en la memoria colectiva y siguen creando teorías y motivando cientos de publicaciones. 
Ahora que se acerca el 50 aniversario llega este 18 de julio a España Manson. La historia real (Tom O'Neill, Roca) un libro que parte con la misión suicida de rebatir la tesis oficial, establecida en el juicio por el fiscal Vincent Bugliosi y después remachada en el true crime más famoso y vendido de la historia, Helter Skelter (Contra), elaborado por el propio fiscal y el escritor Curt Gentry.
Si estos crímenes nos siguen fascinando, como bien decía el escritor Kiko Amat, no es porque sean los más brutales, ni los que más víctimas causaron, que no lo fueron, sino porque son raros, muy raros, y algunas de las explicaciones son insuficientes. 
Fruto de 20 años de investigación, el libro de Tom O'Neill no entra en teorías conspiranoicas y, como le pasa a cualquiera que se haya visto inmerso en este relato de horror, es incapaz de llegar a conclusiones definitivas. 
No esperen sorpresas ni teorías de la conspiración. 
Sí un detallado inventario de manipulaciones, contradicciones y fallos de la investigación y el posterior proceso contra la Familia.
O'Neill cree que hay un problema esencial con la narración monumental que es y no deja de ser Helter Skelter: obvia personajes, líneas de investigación, testigos… Lo que sigue es una recapitulación de los mayores agujeros detectados por el autor de Manson. La historia real.

¿Quién era Terry Melcher y por qué no fue interrogado?

Melcher era un famoso productor de música, hijo de Doris Day, que tuvo una relación amistosa con Manson -el grado depende de quién lo cuente- al que promete un contrato para producir un disco y luego pasa de él.
 Manson conoció a Melcher a través de Dennis Wilson, batería de The Beach Boys y adepto de la Familia, que llegó a dejar vivir en su mansión a Susan Atkins, Tex Watson, Patricia Krenwinkel, Linda Kasabian y Leslie Van Houten y compañía. Hasta ahí, la historia conocida. 
Ahora bien, desde el entorno del grupo californiano se alertó a la policía poco después de los crímenes de la presunta implicación de Manson y los suyos y el productor, John Sparksy, y el jefe de gira, Steve Despar, corroboran en sendas entrevistas con O’Neill que ,tras los asesinatos, Wilson se convirtió en un paria en el mundo de la música por su relación con Manson.
 Entonces ¿Por qué no se investigó desde el principio esta línea? ¿Por qué no se los detuvo hasta meses después? Melcher nunca fue llamado a testificar y no es uno de los personajes de Helter Skelter. Cuando O’Neill contacta con él para entrevistarlo, este suelta:
 “Se supone que Vince [Bugliosi] tenía que ocuparse de esto y ahora resurge todo”.
O’Neill habla con Bugliosi varias veces a lo largo de la elaboración del libro.
 En esas conversaciones este lo amenaza y trata de amedrentarlo. 
 El fiscal, fallecido en 2015, era conocido por su carácter altanero, su beligerancia y su inmenso ego. O’Neill tiene, además, tres testigos que sitúan a Melcher en el rancho de Spahn, un lugar abandonado donde vivía la Familia, al menos tres veces tras los asesinatos, algo que la versión oficial niega.
 ¿Por qué se prescindió del testimonio de alguien tan cercano a Manson?

Por qué se obvió la relación con otros crímenes?

La teoría de Bugliosi era muy clara: Charles Manson controlaba al resto de miembros de la Familia y los manipulaba mediante el uso masivo de drogas, especialmente LSD, muy en boga en la época. Para poder condenarlo por conspiración para asesinar, el fiscal necesitaba que esto quedara claro y que la sociedad viera a un hippy manipulador y violento -enloquecido con la idea de desatar una guerra racial haciendo creer que las muertes eran obra de los Panteras Negras- que ordena matar sin piedad.
 Los asesinatos de Labianca del día siguiente tenían explicación en el contexto de esta locura generalizada y peligrosa. 
Si había habido antes otros, estos tenían que quedar fuera del marco.
Y ahí es donde entra en juego Gary Allen Hinmann, un profesor de UCLA y gurú budista al que Manson y los suyos frecuentaban.
 Un grupo de miembros de la Familia lo torturó con el objetivo de que les dijera dónde estaban los 21.000 dólares que en teoría había recibido como herencia. 
Al final, fue asesinado tras cortarle una oreja con una espada. 
En las paredes pintaron con su sangre dos palabras “Political Piggy”. ¿Les suena? Es casi lo mismo que pintaron en Cielo Drive unos días después ("Pig"). 
El acusado formal por el asesinato, Bobby Beausoleil, hizo una llamada al rancho de la Familia en la que sugería que tenían que ayudarlo a salir.
 Es arriesgado afirmar que la masacre de la casa Roman Polanski (que estaba de viaje) fue solo una maniobra para demostrar que Beausoleil no era responsable de la muerte de Hinmann pero, entonces.
 ¿Por qué la investigación oficial obvió la sugerencia de Charlie Guenther -uno de los mejores agentes del Departamento del Sheriff de Los Ángeles, que resolvió entre otros el caso Cotton Club- de establecer una relación entre ambos asesinatos?
 Además, Stephen Kay, de la oficina del fiscal en aquella época, reconoce ante la grabadora de O’Neill que recibió órdenes durante el juicio de no relacionar un caso con otro.

Charles Manson es escoltado al juzgado, en 1969. En vídeo, siete respuestas que definen a Charles Manson.

¿Estuvo Manson en Cielo Drive?

De izquierda a derecha, Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Leslie Van Houten, durante el juicio por asesinato en marzo de 1971.
De izquierda a derecha, Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Leslie Van Houten, durante el juicio por asesinato en marzo de 1971.
Aquí no se trata de que Manson diga que sí, no era para nada fiable, sino de que haya pruebas de que la escena del crimen no se conservó bien, que hubo alteraciones. ¿Imprudencia policial en un escenario convertido en circo? Puede ser.
 Pero entonces hay que explicar por qué el cadáver de Tate tenía síntomas de haber sido movido y había en la alfombra manchas de sangre de la actriz- en las cantidades que se dan cuando un cuerpo yace tras ser acuchillado- muy lejos de donde encontraron el cadáver.
 ¿Alguién los movió? La fiscalía negó esa posibilidad. 
 Más todavía. 
Hay unas gafas que Manson asegura que dejó para despistar a la policía cuando fue a ver que habían hecho “sus niños”. 
En otra muestra de su afán por probar cada teoría con un testimonio, O’ Neill consigue la confirmación del agente del SIS, una unidad especial de la policía, que las encontró y las presentó como prueba al comprobar que no eran de ninguna de las víctimas. ¿Por qué nunca fueron tenidas en cuenta?
 Otra pregunta que queda en el aire.

¿Era Manson un confidente? o ¿por qué no fue detenido tras violar repetidamente la condicional?

En este caso se evidencia mejor que en ningún otro la locura que encierra todo este asunto.
 La idea de que pudiera ser un infiltrado de la policía en grupos izquierdistas dentro de la estrategia de las fuerzas de seguridad para destruirlos tiene tantos detractores como gente a favor. Pero vayamos a los hechos.
 Dice O’Neill: “Manson forma la Familia ante las mismas narices de sus supervisores federales.
 A partir de entonces, tanto el Gobierno federal como las fuerzas policiales fueron alejándose cada vez más del grupo mientras sus miembros infringían la ley de la manera más descarada”.
 Manson, que a los 30 años había pasado casi media vida en instituciones federales, violó la libertad condicional decenas de veces. 
Su agente de la condicional, Roger Smith, no solo le permitía abandonar el Estado, sino que además enviaba informes al juez sobre la buena actitud del sujeto. Informes que O’Neill consigue.
Susan Atkins, detenida en 1969.
Susan Atkins, detenida en 1969.
Lo que sigue hay que leerlo varias veces para dar crédito. 
 Pocos días después de los asesinatos, el 16 de agosto, la oficina del Sheriff de Los Ángeles -un monstruo con miles de agentes y una jurisdicción enorme- organizó una operación especial de gran magnitud para entrar en el rancho de la Familia, donde fueron detenidos 27 adultos acusados de diversos crímenes (nada que ver con los asesinatos que ya habían cometido algunos de ellos).
Manson tenía en su poder cuatro tarjetas robadas, coches que no eran suyos, un arsenal, grandes cantidades de estupefacientes y varias menores fugadas de sus hogares.
 Tanto él como sus seguidores fueron liberados poco después. Según el fiscal Bugliosi, por un defecto de forma en la orden de registro dado que la fecha estaba mal (se consignó un 13). 
Sin embargo, O’Neill prueba, con el aval de varios expertos, que las órdenes tienen una validez de 10 días, con lo que era perfectamente legal.
 El 24 de agosto fue detenido de nuevo por incitar a delinquir a una menor con la que se acababa de acostar y junto a la que consumió drogas.
 Fue liberado.
 El 26 de agosto se dictó otra orden de registro por haber sido sorprendido de nuevo con drogas y una menor.
 Los agentes no llegaron ni a ponerla en marcha. 
Ninguno de los policías entrevistados por O’Neill se explica por qué. 
No hay tampoco una línea dedicada a esto en Helter Skelter.
Puede que Manson no fuera alguien que estuviera trabajando para la amplia gama de agencias de las fuerzas de seguridad de EE UU, pero entonces se cometieron con él enormes negligencias que costaron vidas.


¿Jugó algún papel la CIA en todo esto?

O’ Neill reconoce en Manson. La historia real, que cuando encontró conexiones entre este tema y el espionaje estadounidense, la emoción y el miedo le abrumaron por igual.
 Miedo no por la CIA, sino por dónde le estaba llevando este camino, un proceso que le obligó a aplazar varias veces la entrega del manuscrito y a incumplir su contrato con Penguin.
 Así que merece la pena echar un vistazo. En su versión original, el libro se llama Chaos, como el programa implantado por la CIA en 1967 para socavar y destruir los movimientos de izquierdas mediante la infiltración de agentes en el movimiento contracultural o los Panteras Negras.
 Por sus principios fundacionales, la CIA no puede actuar en territorio estadounidense, salvo en condiciones muy especiales, pero durante la Guerra Fría todo valía.

Una de las obsesiones de la Agencia era encontrar la manera de manipular el cerebro de la gente mediante el uso de drogas.
 Y ahí el precursor, el genio, era Jolly West, creador del proyecto Mkultra.
 West frecuentaba la Clínica Gratuita Haight Ashbury, un programa alternativo montado por un médico de izquierdas para atender a gente sin recursos y por donde Manson y su gente estuvieron pasando un año (sobre todo porque había LSD en cantidad). Vinculados con la clínica estaban David Smith y Roger Smith (sí, el agente de la condicional de Manson) que publicaron sendos artículos en Life sobre el control mental gracias al LSD y otras drogas. 
En Helter Skelter Bugliosi entrecomilla fragmentos de estos artículos que hace pasar por declaraciones que nunca se produjeron, puesto que ni los entrevistó para el libro ni los subió al estrado. 

¿Por qué no quiso que hablaran ante el juez dos de los expertos que sustentaban la tesis oficial, es decir, que Manson controlaba la mente de sus seguidores mediante las drogas? 
Dice el fiscal: “La cuestión más desconcertante de todas era cómo Manson había transformado sus dóciles adeptos en asesinos impenitentes.
 Además del LSD, el sexo, el aislamiento, la privación del sueño o el abandono social, tenía que haber alguna cualidad intangible... tal vez, algo que aprendió de otros”.
 “Algo que aprendió de otros” viene a ser como el “solo o en compañía de otros” de la sentencia contra Rafael Escobedo en el caso de los marqueses de Urquijo. 
 
Dudas y zonas oscuras, en definitiva, en una reconstrucción que pone los pelos de punta y que va la raíz incomprensible de lo oscuro. Dice O’Neill: “La plena dimensión del mal no está en lo que sabemos de Manson. Está en lo que no sabemos".

Isabelle Huppert: “El cine no me da ni frío ni calor”

La interprete lleva a Barcelona la obra ‘Mary Said What She Said’.

 

 
La actriz Isabelle Huppert, durante la obra de teatro 'Mary said what she said'.
La actriz Isabelle Huppert, durante la obra de teatro 'Mary said what she said'.
Jovial, mustia, estridente, sosegada, bella, monstruosa, arrogante, humilde, niña y anciana. 
En la hora y media de duración de su nuevo espectáculo teatral, Isabelle Huppert (París, 1953) muestra todas las aristas de su personaje, nada menos que María Estuardo, que parecen solaparse con las de la actriz que le presta su rostro. Huppert interpreta a la decapitada reina de Escocia en Mary Said What She Said, que llegará al Grec de Barcelona los días 21 y 22 de julio, tras convertirse en uno de los platos fuertes de la temporada en París, donde las representaciones acabaron el fin de semana pasado.
 Sola sobre el escenario, sin más aliados que las luces multicolor del director Robert Wilson, los versos crípticos de Darryl Pinckney y la música de Ludovico Einaudi, firma una interpretación con aires de número circense de un acróbata que prefiere trabajar sin red. 
Es la reina Isabelle en persona.
 La actriz escupe las palabras a la velocidad del rayo, corre por las tablas como un plusmarquista, somete a su rostro regio a todo tipo de muecas elásticas y conduce su voz hacia tesituras desconocidas. En su tercer trabajo conjunto con Wilson, tras dos funciones que hicieron historia —Orlando en 1993 y Quartett en 2006, ambas para el Odéon parisino—, Huppert se adentra en la desmesura total, lejos del registro naturalista en el que se inscriben casi todas sus películas. 
“En realidad, no tengo la sensación de ser una actriz distinta en el teatro y en el cine. 
Yo veo una continuidad, más que una oposición”, desestima la actriz en conversación telefónica.
 “No creo que sean tan distintos en su relación con el realismo.
 En el fondo, lo interesante siempre es lograr que la vida circule en su interior”.
Huppert admite que en esta obra utiliza nuevos músculos, pero eso es a lo que aspira en cada proyecto.
 “Para un actor, perderse es bueno.
 Perder tus puntos de referencia te permite encontrarte contigo mismo. 
 Implica alejarse de las convenciones y alcanzar una libertad personal”, asegura la actriz.

En la obra interpreta a María Estuardo por segunda vez, tras una primera experiencia en el National Theatre de Londres durante los años noventa y con libreto de Schiller.
 No logra describir por qué fascina tanto la monarquía, incluso en un país que cortó las cabezas de sus reyes.
 “Aunque no sé si en Francia hechiza tanto como en España o Inglaterra.
 Aquí no tenemos reyes, aunque sí una república un poco monárquica en su representación…”, ironiza, sin precisar la opinión que le merece el actual inquilino del Elíseo, Emmanuel Macron. 
Claude Chabrol, con quien colaboró en siete ocasiones, solía decir que todos sus proyectos le pertenecían tanto a ella como a sus respectivos directores. 
En ese sentido, ¿se considera más autor que actriz? "Sería presuntuoso asentir.
 Eso es lo que el director Arnaud Desplechin suele decir sobre Catherine Deneuve, pero no sé si yo tengo derecho a atribuirme ese título”, titubea.
 “Pero si un autor es alguien que va más allá de la mera función del intérprete, que pone en juego su responsabilidad personal y autobiográfica, entonces sí que me siento un autor, con la precaución oratoria que le he dado”, termina por admitir. 
Todas sus obras y películas son, en ese sentido, “una afirmación personal”.
En 2017, la película Elle marcó un giro en su trayectoria.
 Por su papel de víctima de una violación obtuvo las mejores críticas de su carrera, un Globo de Oro y una nominación al Oscar. “En mi día a día, nada ha cambiado radicalmente: sigo haciendo el cine que me gusta en Francia, en Europa y en el mundo”, responde. Tampoco le llovieron las ofertas, según dice.
 “O, en cualquier caso, eran papeles que no me interesaban nada. Seguramente hice la película La viuda, con Neil Jordan, gracias al Oscar. Pero nada más…”.
En ese proyecto, estrenado en mayo, interpretaba a una psicópata con la que parecía reírse de su propia imagen de mujer arisca y fría como el témpano.
 Igual que hizo en la serie Call my agent, donde aceptó interpretar a una caricatura de sí misma: una actriz hiperactiva que rodaba dos películas en una sola noche, además de conceder una entrevista en directo en una sesuda radio cultural.
 “Era una ficción, que no tiene más que ver conmigo que cualquier otro personaje mío”, dice
.Conocida por su trepidante ritmo de trabajo, Huppert vive una anomalía: en su futuro no hay más proyectos que un montaje de El zoo de cristal con su admirado Ivo van Hove y una comedia policiaca rodada en el parisino y multicultural barrio de Belleville, lo que da además cuenta de su amplio espectro de registros.
 “Habrá alguno más, pero no puedo decírselo.
 Justamente lo estoy decidiendo esta semana…”, confiesa.
¿Y cómo escoge Huppert? “. 
A través de lo que uno suele imaginar: el tema, el director, que los diálogos estén bien escritos… Aunque lo verdaderamente importante es otra cosa: que sientas la necesidad de embarcarte en un proyecto.
 Y cuando digo necesidad digo deseo, porque son sinónimos”. Una vez confesó que vivía cada estreno teatral como un preámbulo de la muerte. 
Hoy matiza que exageró un poco. 
“Pero es verdad que el teatro es un lugar de sufrimiento, aunque este conviva estrechamente con el placer. 
En el cine, en cambio, nunca sufro. 
En ese sentido, el cine no me da ni frío ni calor”, dirá saltándose, por una sola vez, su prohibición de compararlos.  

Volver a Barcelona 15 años después

Isabelle Huppert regresa a Barcelona casi 15 años después de su última vez, cuando interpretó ‘Hedda Gabler’ en el mismo Teatre Lliure con el que reencontrará a finales de mes. 
“Tengo un muy buen recuerdo. Entonces el director era Lluís Pasqual, que he oído que se marcha con Antonio Banderas a Málaga.
 Me parece formidable.
 Que se cree un nuevo teatro siempre es una excelente noticia”, afirma la actriz. Como Banderas, la actriz trabaja con un pie en Estados Unidos —donde ha trabajado con Michael Cimino, Hal Hartley, David O. Russell o Ira Sachs, en la reciente ‘Frankie’, que se vio en Cannes— y otro en la vieja Europa.
 Observadora privilegiada de su oficio, Huppert opina sobre el cataclismo que, hace casi dos años, cambió el cine y la sociedad: el caso Weinstein.
 “Ha habido una toma de conciencia, más que una evolución”, afirma la actriz, que se ha implicado en la cuestión de la igualdad salarial. “Hoy se ha entendido que existe una gran disparidad económica, en el cine y en los otros campos. 
Durante mucho tiempo nos dijeron que era normal, cuando está claro que no lo es”, señala Huppert.
 “Lo que no ha cambiado la naturaleza de mis proyectos.
 Siempre he hecho películas donde yo estaba en el centro de la historia. 
Esa ha sido, si se quiere, mi forma de ejercer el feminismo: poniendo al personaje femenino en el centro”.

10 jul 2019

El nuevo yate de 90 millones del rey de Marruecos

El Badis 1, atracado en Casablanca, es uno de los 10 yates de vela más grandes del mundo.

El nuevo yate del rey de Marruecos. En vídeo, el anterior propietario del yate explica sus características.
El rey de Marruecos, Mohamed VI, es el nuevo propietario de un gran yate, el Badis 1, de 70 metros de largo por 13 de ancho, según publicó la semana pasada el semanario marroquí Telquel en su página web. 
La embarcación permanece atracada en Casablanca desde principios de junio.
 Desde tierra pueden apreciarse sus dos mástiles, el mayor de los cuales se eleva hasta 72 metros sobre el nivel de mar. 
 La publicación no ha podido aclarar cuánto ha costado el yate, aunque precisa que su anterior propietario, el estadounidense Bill Duker, un abogado reconvertido en hombre de negocios en la década de los noventa, dijo haberse gastado en él entre 60 y 90 millones de euros.
Duker superó el cáncer y debió divertirse mucho en esa nave con capacidad para acoger a 12 invitados y a 12 tripulantes que se ocupan de las labores que exige. 
Sin conocerse los motivos por los que tomó la decisión, dos años más tarde puso en venta el fabuloso yate a través de una sociedad, Edmiston, que pidió por él 88 millones de dólares (más de 78 millones de euros).
El rey de Marruecos, Mohamed VI, el pasado junio.
El rey de Marruecos, Mohamed VI, el pasado junio. AFP

El rey de Marruecos, Mohamed VI, es el nuevo propietario de un gran yate, el Badis 1, de 70 metros de largo por 13 de ancho, según publicó la semana pasada el semanario marroquí Telquel en su página web.
 La embarcación permanece atracada en Casablanca desde principios de junio. Desde tierra pueden apreciarse sus dos mástiles, el mayor de los cuales se eleva hasta 72 metros sobre el nivel de mar. La publicación no ha podido aclarar cuánto ha costado el yate, aunque precisa que su anterior propietario, el estadounidense Bill Duker, un abogado reconvertido en hombre de negocios en la década de los noventa, dijo haberse gastado en él entre 60 y 90 millones de euros.
El barco fue construido por la empresa italiana Perini Navi en 2015.
 Cuando se botó recibió el nombre de Sybaris, en honor a la ciudad italiana que dio lugar al gentilicio “sibarita”, una palabra que también se utiliza para definir a quienes aman un estilo de vida refinado, voluptuoso y sensual. 
La vida de Bill Duker, su millonario propietario, transcurrió siempre trazando un plan tras otro. Así siguió siendo cuando en 2009 le diagnosticaron un cáncer.
 A la semana siguiente de recibir el diagnóstico, adoptó una resolución, según declaró en 2016 a Boat, un portal web especializado en yates:
 “Desde entonces, cada día que me levanto de la cama me pregunto qué voy a hacer para divertirme ese día en concreto”.

Bill Duker, con arreglo a su plan de vida, debió seguir divirtiéndose después de que Edmiston vendiera su barco en marzo de 2018. Pero no se conoce a quién lo hizo ni por cuánto.
El semanario marroquí llamó a esta compañía y no recibió ninguna respuesta al respecto.
 El barco fue rebautizado como Badis en octubre de 2018. Badis es el nombre que recibe en Marruecos el peñón de Vélez de la Gomera, enclave perteneciente a España desde 1564 y fronterizo con la ciudad marroquí de Alhucemas.
 El peñón mide 1,9 kilómetros cuadrados y solo está habitado por militares.
 En 2012, siete activistas marroquíes, miembros del Comité para la Liberación de Ceuta y Melilla, lo asaltaron para colocar banderas de Marruecos.
Lalla Salma junto Brigitte Macron, la primera dama francesa, en Rabat en junio de 2017.


El barco fue construido por la empresa italiana Perini Navi en 2015.
 Cuando se botó recibió el nombre de Sybaris, en honor a la ciudad italiana que dio lugar al gentilicio “sibarita”, una palabra que también se utiliza para definir a quienes aman un estilo de vida refinado, voluptuoso y sensual. La vida de Bill Duker, su millonario propietario, transcurrió siempre trazando un plan tras otro. Así siguió siendo cuando en 2009 le diagnosticaron un cáncer. 
A la semana siguiente de recibir el diagnóstico, adoptó una resolución, según declaró en 2016 a Boat, un portal web especializado en yates: “Desde entonces, cada día que me levanto de la cama me pregunto qué voy a hacer para divertirme ese día en concreto”.

 

Adolfo Domínguez:

Adolfo Domínguez: “Hoy vive con más comodidades un obrero marginal que un rey hace cuatro siglos”.

 

 

 

 

 

 

En el manojo de frases célebres de la Transición hay una suya que resulta imborrable: “La arruga es bella”.

 Con ella y con sus diseños rompedores saltó a la fama este gallego de Ourense. Hizo el bachillerato en un seminario, estudió cine en París y a la vuelta le propuso a su padre fundar una empresa que fue todo un éxito. Recién salido de una crisis económica, decidió reinventarse con otra frase: “Sé más viejo”.

 Es la consigna de su lucha contra el consumismo

LA SENDA del éxito no siempre ha resultado fácil de transitar para Adolfo Domínguez, diseñador, empresario, escritor y… polemista ocasional aun sin pretenderlo.
 La firma que creó en 1970 y que vistió a la progresía de los años ochenta aspira ahora a vestir a los mileniales, tras superar una grave crisis que obligó a pactar un ERE y a reorganizar sus más de 400 tiendas repartidas en 29 países.
 La transformación se ha llevado a cabo bajo la batuta de la hija mayor del costurero, Adriana, actual consejera delegada de la firma. 
Domínguez (A Pobra de Trives, 1950) sigue al tanto de la empresa, aunque con más tiempo para dedicarse a una vieja pasión: la escritura.
 La entrevista se desarrolla en una salita de la principal tienda madrileña de la empresa, junto al Retiro.
 Menudo y delgadísimo, Domínguez parece sumergido en la ropa que viste: suéter beis tostado de cuello cisne, pantalones azul marino y chaqueta ligera del mismo color.
 Bajo el follaje espeso de las cejas ­asoman unos ojos atentos.
Fue usted el diseñador de moda durante la Transición. ¿Cómo ve la transformación de los españoles en términos de vestimenta? Nosotros empezamos en los años setenta a partir de una sastrería que tenían mis padres. 
El fenómeno de la moda, me refiero al prêt-à-porter, no había surgido y, por tanto, las posibilidades eran pequeñas. 
En cambio ahora es un estallido de formas, de colores, a precios increíbles.
 El mundo no se parece para nada al que era.
 Hoy es mucho más casual, pero yo ya representé una ruptura casual en mi época.
 Hoy los cambios son instantáneos, entonces no lo eran. Y menos con un sistema político que impedía una evolución normal.
¿Y qué opinión le merece la moda de hoy? Bueno. Cuando eres joven, descalificas y jerarquizas.
 Cuando es uno viejo se hace mucho más tolerante, mucho más comprensivo.
 Como comprobó Newton por primera vez, la luz pasa por el prisma y se descompone en colores, ¿qué color es mejor? Todo es luz. 
Entonces, yo no comparo. Yo soy un costurero casual, muy adaptado ya a los tiempos. Para mí un modelo es James Dean, con la camiseta, la chupa de cuero, los jeans.
 Eso condicionó totalmente la historia posterior. Ahora ya es el chándal. Es la ropa de gimnasio.
Y las prendas rotas. Sí. Es un poco influencia anglosajona. Todo viene de allí. 
Renegamos en España de los americanos o de los anglosajones, pero todo viene de allí.
 La ropa desgastada es una moda que viene del siglo XIX. La aristocracia tenía la costumbre de que la ropa nueva la usara el chófer o el servicio.

¿Comparte usted ese gusto por lo usado? Sí. A mí me gustan las cosas vividas.
 Mi mundo es un mundo refinado, pero me gusta le vécu, que dicen los franceses.
 Lo vivido tiene mucho encanto. Aunque tampoco creo que debamos pagar más por las cosas desgastadas.

Su ropa tenía un sello de austeridad, quizás producto de su formación peculiar. Porque estudió en el seminario.
  Sí, sí. Hay austeridad. Es que yo soy esencialista, minimalista, muy cartesiano.
 Me encanta lo japonés y, como tuvimos tiendas desde el principio en Japón, quizás eso me influyó.
 En realidad soy muy poco barroco. Y no descalifico el Barroco porque no hay estilos, hay resultados, eso está claro.
 Pero siempre me inspiró más la tendencia minimalista. Balenciaga, Givenchy, Courrèges, esos son los costureros que prefiero.
 Incluso Chanel, pero de otra manera.
¿Quería ser sacerdote? A esas edades uno no sabe.
 Hice el bachillerato interno en el seminario, entre los 10 y los 16 años.
 Era muy común. Me quedó muy buen recuerdo. Nadie habla de los seminarios; bueno, sí, la gente habla, pero mal.
 Yo hablo bien. Yo tuve la gran suerte de que me dieran la llave de la biblioteca. Y tener un sitio así en un internado inmenso, lleno de libros, eso es un sueño.

Adolfo Domínguez: “Hoy vive con más comodidades un obrero marginal que un rey hace cuatro siglos”

El caso es que lo dejó y se fue a París. 
Sí, es que yo leía mucho. Leí a Darwin, y eso remató la faena. El profesor de cosmología —¡qué bonita es esta palabra!— me dio a leer a Teilhard de Chardin, un jesuita darwinista, y la verdad es que me hipnotizó.
 Como me hipnotiza la gran literatura. Y de ahí pasé a estudiar cine en París.
 Allí estaba Truffaut, que venía mucho a nuestra universidad de Vincennes.
 Conocí a Althusser, a Sartre, a Godard… Bueno, los vi, para ser exactos. 
Quería hacer cine, pero la cola de meritorios era de cinco años… Así que volví a casa, hice la mili y le propuse a mi padre que abriéramos una fábrica.

Y ahora que la empresa está en manos de su hija Adriana, ¿qué ha cambiado del estilo Domínguez? Bueno, ella es la consejera delegada.
 Yo sigo trabajando el producto, pero estoy muy contento del relevo. Mis tres hijas están trabajando en la empresa. 
Una, Tiziana, es diseñadora; otra, Adriana, consejera delegada, y Valeria, que es ingeniera y experta en comercio electrónico, está en el consejo y es responsable de todos los asuntos tecnológicos, sobre todo de la tienda online, que es muy importante. 
Mi hija Tiziana, que es la responsable del producto, está recuperando el ADN de los años ochenta.
La publicidad de su firma siempre ha sido original. Después de “La arruga es bella” llega ahora “Sé más viejo”, que promueve un consumo más sensato.
 ¿Cree que la sociedad lo aprecia? Bueno, es que el consumismo es una excrecencia que hay que eliminar del capitalismo.
 Lo tengo clarísimo. La sociedad de consumo que hemos creado es insostenible y no nos hace más felices.
 Felices entre comillas. La felicidad no es el objeto de la política y mucho menos de una política económica, pero sí lo es satisfacer necesidades.
 El consumismo es una cosa de nuevos ricos.
 Es la primera vez en la historia que los seres humanos podemos acceder a un consumo al que no tenían acceso ni los reyes en el siglo XVI.
 Hoy vive con más comodidades un obrero marginal que un rey hace cuatro o cinco siglos.
Vivimos en la cultura del bajo coste en ropa, en viajes, en comida. 
 Es de bajo coste porque no se paga el coste ecológico que tiene. Pero, si no lo pagamos ahora, lo pagarán las generaciones siguientes.
 No creo que el consumismo en torno al que están organizadas las sociedades sea sostenible. El conocimiento, el estudio, es una alternativa.
 Educar a la gente puede ser caro, pero lograríamos una sociedad ganadora.
 El consumismo de baratijas y de cambiar constantemente de cosas es fatal. 
 Por eso yo creo que este mensaje hace 30 años no calaba, pero hoy cala. Y ya hay segmentos de la sociedad que prefieren eso: consumir menos y mejor.
 Y volver a una vida más volcada a lo cultural, al conocimiento. El ocio no puede asimilarse a la borrachera, a ir a comer a un sitio a 100 kilómetros de donde uno está. 
Eso es insostenible. La gente que menos gasta es la que lee y escucha música.
Esa filosofía influye, supongo, en el estilo de su ropa. Su hija Adriana lo definía hace poco como galaico-japonés. 
 La verdad es que me cuesta hasta definir lo español. Vivimos en la cultura occidental, y cuesta mucho distinguir entre lo francés y lo español, e incluso lo inglés.
 Hace años quizás se distinguía más, pero hoy, con la comunicación que hay…

Admira usted la cultura japonesa. En una entrevista citaba precisamente a Japón y a México como países con personalidad. ¿Cómo se define eso? 
 Bueno, en primer lugar, por su arquitectura. Japón es un país muy refinado.
 Su arquitectura tradicional es impresionante. Y en cuanto a México, la arquitectura contemporánea, que es parecida en todos lados, allí tiene un sello propio
. No sé si fue [Luis] Barragán el responsable de que esa arquitectura mexicana tenga una personalidad peculiar.
 Quizás esas moles aztecas y mayas les han inspirado una manera distinta de hacer las cosas y de solucionar los espacios.
Entonces la personalidad está en la arquitectura. No, no. También en la literatura. 
Juan Rulfo, por ejemplo.
 No hay nada igual a su Pedro Páramo. Me encanta. Desde El Quijote no hay nada igual. 
Y está también la cultura popular. La fiesta de los muertos de México es excepcional. Porque lo oculto es parte de la historia. 
Yo pasé en México una fiesta de los muertos y es una belleza.
¿Y qué me dice de España? A España le sobra personalidad.  Yo preferiría que hubiéramos tenido una historia común con Inglaterra los últimos tres siglos, pero hubo un momento en el que nos separamos.
 Quizás fue en 1572, cuando Felipe II prohíbe a los estudiantes salir fuera, a otras universidades.
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Hubo algunas guerras además. Tuvimos muy mala suerte.
 Carlos V era de Gante, de los Países Bajos, y nos metió en un conflicto que no tenía que haber sido el nuestro.
 Un conflicto que nos desangró y nos arruinó. Además de que hubo algunos errores de política económica claros, como la inflación que se produjo con el oro y la plata de América, que no supimos controlar. 
Y se destinó a financiar guerras en vez de a financiar telares o ­fábricas.
Se nota que ha sido usted empresario. Lo sigo siendo. Yo soy empresario.
¿Cómo ve al empresariado español actual? Avanzó mucho. Es un país que está exportando en estos momentos más de un tercio de lo que produce.
 Entre los grandes países, solo lo hace Alemania. No está mal. Un respeto.
 Otro dato: los estudiantes
. Un tercio de ellos van a ingenierías o carreras técnicas.
¿Y a los trabajadores? No sé a qué se refiere.
Quiero decir cómo ve la competitividad y la cualificación de los trabajadores desde su perspectiva empresarial. Bueno, el país tiene un reto todavía
. No olvidemos que Newton estaba enseñando física en Inglaterra a finales del siglo XVII, y aquí en Salamanca lo que privaba eran los estudios de escolástica, el derecho y estas cosas. 
La física era mínima y, por supuesto, no había científicos de la talla de Newton.
El peso de la Iglesia católica ha sido determinante. 
 Creo que no solo. Fue más importante la prohibición de que los estudiantes fueran a universidades extranjeras.
 Hubo un momento clave que se perdió.
 Galileo logra describir un acontecimiento con números y unas décadas después Newton lanza la teoría de la gravitación universal. Eso España no lo vivió, eso es importante.
 España se separó.
No creo que hubiera muchos estudiantes con posibilidades de viajar entonces. Ah, claro, pero es que yo creo en las élites. Galileos y Einsteins hay pocos.


Entonces, ¿la historia de Inglaterra le gusta por sus élites? Es que tuvieron la suerte de acertar.
 Porque eso es azar. Todo el mundo intenta hacerlo bien, pero unos hacen unas cosas, y otros, otras.
 Es como funciona la evolución en la naturaleza. Variables sin fin, y unas sobreviven mejor que otras y se reproducen más.
¿Ese acierto anglosajón se extiende también a las leyes que rigen las relaciones laborales? No voy a decir nada respecto a relaciones laborales.
Veo que no ha olvidado la polémica que levantaron sus declaraciones pidiendo el despido libre en 2010. Puede hacer preguntas al respecto, pero no habrá respuestas.
Pero considera un éxito el modelo anglosajón. 
 Es un hecho empírico. México era más rico que el país del norte. Se empobreció México y el norte subió de forma espectacular. ¿Por qué? Pues porque Adam Smith y Newton influyeron más en la población del norte que en la nuestra. 
 Newton por el lado científico y Smith por lo económico. 
México tenía universidades, estaba muy desarrollado. Si hubiéramos estado más en contacto con Europa, Newton habría llegado a las universidades pronto y habríamos contagiado a México también. 
Y Adam Smith lo mismo. Llegó demasiado tarde.
 Lo cierto es que hoy hablamos inglés y no francés, alemán o español, que pudo ser la lingua franca. 
Pero el inglés se consolidó de manera absoluta.
Su empresa nació con la Transición y ha pasado una crisis muy profunda de la que se está recuperando ahora. 
También la Transición está siendo cuestionada. ¿Cree que puede llegar a imponerse este juicio negativo que hacen algunos de ella? No lo creo.
 Solo la cuestiona una minoría. 
Ganaremos los que hicimos la Transición. 
El problema es que también hubo equivocaciones. 
Fruto de estas equivocaciones fue la crisis brutal de 2008, mucho más fuerte que la que tuvo el resto del mundo, y menos mal que estábamos atados a Europa.
Pero la Transición fue un acierto.
 Es el periodo democrático más importante que hemos vivido.
 Y para mí la democracia es esencial.
 Yo creo que la voluntad política tiene que forjarse de abajo arriba y no de arriba abajo, y eso lo ha hecho posible la Transición.
 Yo no tengo ninguna nostalgia de la primera mitad del siglo XX en España.
 Ni del periodo republicano. No resolvieron los problemas, la prueba de ello es la Guerra Civil.
 No fue gratuita. Se equivocaron todos.
 Está claro que, cuando hay una crisis económica brutal, el sistema político se resiente. 
 Pero tengo una visión esperanzada del futuro de España.
 Europa no la compro entera, pero nos protege de nuestros demonios, que están ahí.

 Ha publicado usted un libro, Juan Griego (Defausta), con el mismo título del que ya publicó en 1992. ¿Da por sentado que el primero no lo conoce nadie? No es eso. 
Lo que vi es que había una trama en el primer libro que se podía desarrollar hasta el infinito.
 Lo leí después de publicado y pensé: esto puede ser mucho mejor. Pasaron 25 años, es cierto, pero se necesita sabiduría y trabajo para escribir, y con los años los ganas.
 Además, hay que romper mucho, tachar mucho y tirar mucho a la papelera. Al lector hay que respetarle y darle solo las cosas muy trabajadas. 
Obviamente, el libro es otro.
 Y yo creo que es un buen libro. Se está vendiendo y los lectores me paran por la calle en casi todas las ciudades.
Juan Griego se centra en la etapa de la dictadura militar argentina (1976-1982). ¿Conoce tan a fondo el tema como para atreverse a entrar en él? Yo creo que sí.
 No soy un historiador. Tampoco me documenté particu­larmente. Soy un lector de prensa y un buen lector.
 Muy selectivo. 
Hice ficción pura, y en forma de verso sin rima.
 Suscribo lo que el poeta William Carlos Williams dice de su verso: que es un verso de sentido.
 Yo hago lo mismo. Mi código es la claridad y la sencillez. Como si fuera el Código Napoleónico. 

¿Y no se le ha ocurrido escribir algo así sobre España? No tengo la distancia necesaria. 
No acometería esa tarea porque España me duele demasiado. Curiosamente, los hechos que se cuentan en Juan Griego, que son todos reales, sucedieron mientras aquí se desarrollaba la Transición, entre 1976 y 1982.
 Además, para los gallegos, Buenos Aires es una ciudad muy cercana. Yo tenía seis u ocho tíos en Buenos Aires y dos en México, y recibíamos cartas de allí cuando era pequeño. Y luego, la lengua es la misma. 
Y no es que no me duela lo que sucede allí, pero sobre España no lo haría. 

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