Mónica Hoyos se ha metido en el papel de una periodista del corazón y ha conseguido sacarle un bombazo informativo a Isabel Pantoja. La tonadillera confesó en Supervivientes (Telecinco) que había mantenido una relación posterior a Julián Muñoz, hace ahora nueve años y que duró al menos 12 meses. Aunque
no dio más detalles sobre quién había sido su pareja porque aseguró que
prefería “no hablar”, sí lo calificó como un “novio” estable. “Uy, qué calladito te lo tenías”, se sorprendió Omar Montes. “Sí, sobre todo callado”, concedió Pantoja. Hoyos intentó sonsacarle más datos sobre aquel romance e intentó hacer
memoria para ver si lo sacaba por sí misma, pero Pantoja se cerró en
banda y salió del paso cantando. Tampoco hizo falta que dijese mucho más para desatar las
especulaciones en el plató, donde estaba su hija, quien se mostró muy
sorprendida y afirmó que no le cuadraba nada: “Y mi prima Anabel [Pantoja] tampoco lo sabe”. Sobre
quién podría ser la misteriosa pareja, Cristina Tárrega se aventuró a
hacer cábalas, aunque pidió que no se tratase el tema con frivolidad: “Ella quería a un hombre muy grande que, además, le ha dejado su legado
musical. Fue Juan Gabriel —fallecido en agosto de 2016—”. Según la
periodista, en aquellas fechas ambos estuvieron muy unidos. “Y creo
recordar que Juan Gabriel le llegó a pedir matrimonio a tu madre”,
comentó a Isa Pantoja. Chabelita aseguró que no lo recordaba bien
—al parecer fue durante una actuación conjunta—, pero que pensándolo
bien era la opción que más le convencía.
Un libro
reconstruye la vida de Mark Hofmann, el mejor falsificador literario de
EE UU, condenado por matar a dos personas con bombas para encubrir sus
engaños.
A la izquierda, Mark Hofmann en 1984. A la derecha, Emily Dickinson en 1846.Getty Images
“Mark Hofmann era el mejor falsificador literario de la
historia.
Pero también era un maestro manipulador de la verdad que sabía
que la gente creemos lo que queremos creer y que la mayoría de nosotros
somos confiados.
Era como un virus para todo aquel con quien se ponía
en contacto; atacaba y destruía sus defensas éticas y psicológicas. Era
un genio maligno”.
Así describe el periodista y escritor Simon Worral
para EL PAÍS al protagonista de La poeta y el asesino (Impedimenta, traducción de Beatriz Anson), un true crime
literario que relata la vida y fechorías de un maestro del engaño, un
hombre capaz de imitar a la perfección la letra de 129 figuras
literarias norteamericanas, de crear un poema de Emily Dickinson de la
nada o de fabricar a principios de los años 80 los documentos que
estuvieron a punto de destruir, desde dentro, los cimientos de la
todopoderosa Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días,
los mormones.
Hofmann
(Salt Lake City, Utah, 1954) vivía por y para la mentira.
A los 14 años
descubrió el sabor de la falsificación cuando hizo pasar por verdadera
una moneda mormona de cinco dólares y engañar al Departamento del Tesoro
de EE UU.
Mormón renegado que se rebeló contra la fe y el autoritarismo
de su padre, no se limitaba a crear documentos como La carta de la salamandra,
un texto sagrado que fue avalado por las más altas autoridades de la
iglesia, sino que sembraba la inquina entre las distintas facciones y
rodeaba sus falsificaciones de un universo propio que las justificaba.
Cuando los forenses del FBI quisieron certificar la autenticidad de
estos escritos sagrados, utilizaron 17 firmas de documentos en posesión
de los mormones: 14 de ellos eran falsificaciones vendidas con
anterioridad por Hofmann. “Experimentaba un placer sádico riéndose de
los expertos.
La gente que trataba con él decía que nunca podías saber
si estaba diciendo o no la verdad.
Podía ser una cosa por dentro y otra
fuera”, explica Worrall para ilustrar la capacidad interpretativa de
Hofmann.
“El mundo se ha perdido un gran actor y un excelente escritor”,
añade.
Uno de los falsos textos sagrados fabricados por Hofmann.wikipedia
Pero su gran creación, el hilo del que el autor de La poeta y el asesino
tira para desentrañar esta enorme madeja de manipulación y mentiras, es
el poema de Emily Dickinson que Hofmann escribe como si fuera la poeta y
consigue hacer pasar por bueno
. El manuscrito fue vendido por Sotheby’s
en subasta en 1997 a Daniel Lombardo, coleccionista de la biblioteca de
Amherst, el pueblo de Massachusetts donde Dickinson vivió toda su vida.
Lombardo consiguió demostrar que era falso y que la casa de subastas le
devolviera los 20.000 dólares que había pagado, pero no que lo
reconocieran públicamente.
Maestro de la autohipnosis, el falsificador
usaba este método para que no le temblara el pulso y, con su propia
tinta envejecida con peróxido de amonio, su papel y sus técnicas de
tratamiento de materiales perfeccionadas en el garaje de su casa,
engañar a todos.
Vivió gran parte de su vida aislada en su casa, en una familia
disfuncional, con escasos contactos con el exterior, escribiendo poemas
en su escritorio, más de 1.700 de los que solo vieron la luz dos y en
contra de su voluntad.
El misterio dejaba a Hofmann un campo amplio que
rellenar con sus historias.
Pero también dificultades. Por ejemplo, en
1871, año en el que el falsificador sitúa el poema, Dickinson hacía dos
tipos de ‘e’ dependiendo del lugar que ocupara en el texto.
Hofmann lo
clavó.
“El mayor experto del mundo en la escritura de Dickinson, el
profesor de Yale Ralph Franklin, creía que el poema era auténtico porque
nadie podía conocer tan bien aquellos detalles”, explica Worrall.
Estructurado como un thriller en el que lo
importante es el cómo y no el quién –se sabe desde el inicio– ni el qué
–muy pronto se cuenta que Hofmann mató a dos personas con sendas bombas
para encubrir su espiral de engaños–, Worrall va desmenuzando en el
libro las peculiaridades de este mundo oscuro y cerrado donde unos pocos
coleccionistas sin deseo de notoriedad se juegan el dinero y el
prestigio en cada transacción.
Durante años, creó verdadera fascinación
entre los expertos. “Estar ante él era como acceder a un destello de la
piedra filosofal”, aseguraba uno de ellos
. Sin embargo, con sus
falsificaciones, Hofmann arruinó carreras, segó vidas y tergiversó la
historia.
“Era un genio de lo que hoy conocemos como fake news.
Habría encajado perfectamente en Cambridge Analytica, como espía de
Putin o como redactor de discursos de Trump”, cuenta Worrall, fascinado
por el personaje.
Hofmann, verdadero amante de los libros raros que fue
atesorando una valiosa biblioteca de primeras ediciones de clásicos
infantiles como legado para sus hijos, fue condenado a cadena perpetua
tras una carrera suicida en la que iba aumentando su nivel de vida, lo
que le empujaba a arriesgar más, mentir peor y terminar cometiendo
fallos irreparables. Tras engañar 100 veces al detector de mentiras,
confesó.
Ahora ve desde prisión cómo su colección verdadera se deprecia
porque nadie la quiere mientras que muchas de sus falsificaciones no han
sido nunca expuestas porque los propios interesados (coleccionistas, la
iglesia mormona o las casas de subastas) perderían demasiado con ello.
No todo es lo que parece. Basta con un sencillo experimento para
comprobarlo.
Supongamos que Steve es una persona seleccionada al azar de
una muestra representativa.
Un vecino le describe como alguien “muy
tímido y retraído, siempre servicial, pero poco interesado por la gente o
por el mundo real. De carácter disciplinado y metódico, necesita
ordenarlo y organizarlo todo. Además, tiene una obsesión por el
detalle”.
¿Qué es más probable que Steve sea un bibliotecario o un
agricultor? Piénsalo rápidamente y contesta sin demasiada reflexión.
Quizá, la primera respuesta que se nos venga a la cabeza es que Steve es
bibliotecario. Al fin y al cabo, parece reunir las cualidades típicas
de estos profesionales.
Sin embargo, la respuesta correcta es
agricultor. En los países occidentales, como Estados Unidos, existe un
bibliotecario por cada 20 agricultores.
Si Steve ha sido elegido
aleatoriamente, lo más probable es que se dedique a cultivar la tierra. Nuestra mente nos engaña. O, mejor dicho, nos engaña pensar rápido.
En 1974, los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman publicaron dicho ejercicio en la revista Science, lo que dio pie a toda una corriente de investigación sobre cómo opera nuestra mente y los engaños en los que caemos.
Kahneman ganó el Premio Nobel de Economía en 2002
gracias a este trabajo (Tversky había muerto unos años atrás). Llegaron
a la conclusión de que todos tenemos dos formas de pensar, dos sistemas
operativos.
El Sistema 1, o reactivo, está relacionado con el
pensamiento rápido y automático.
En él se conforman los juicios y las
ideas preestablecidas.
En esta fase también se procesan las
decisiones intuitivas o las del experto, quien después de muchos años de
trabajo es capaz de reconocer algo a golpe de vista.
El sistema
reactivo es también el encargado de responder cuando la persona está en
pleno secuestro emocional, es decir, cuando vive una emoción con mucha
intensidad, lo que le dificulta ver las cosas con claridad.
El Sistema 2, o consciente, está relacionado con el
pensamiento lento, el que necesita tiempo para elaborar la conclusión. Se activa cuando la atención es plena. Es el encargado de los
cálculos complejos y de la concentración. Entra en acción cuando el
sistema 1 está atascado, o cuando se activa en nosotros una alerta que
nos despierta del modo automático. Todos tenemos estos dos sistemas,
pero lo más curioso es que el sistema 2 está normalmente en un segundo
plano. Como reconoce Kahneman en su interesantísimo libro Pensar rápido, pensar despacio, nuestro cerebro es perezoso por pura supervivencia. Consume en torno al 20% de la glucosa y del oxígeno que está en nuestro
cuerpo, a pesar de que suponga menos del 5% de este. Para evitar un
consumo excesivo, activamos el modo automático, el sistema 1 o reactivo. En otras palabras, respondemos y actuamos según lo primero que se nos viene a la cabeza, sin elaborarlo demasiado.
Este hacer sin pensar nos lleva a ponerle etiquetas a las personas
que vemos o acabamos de conocer. Nos dejamos arrastrar por su estilo a
la hora de vestir, por su forma de ser, por su tendencia sexual y por
tantos otros sesgos inconscientes que evitan que tomemos decisiones más
reflexivas e inteligentes. Diversas investigaciones han demostrado que la
gente que se mueve por el sistema 1 suele tomar decisiones más
egoístas, más superficiales y, por supuesto, utilizan un lenguaje más
sexista. Pero no está todo perdido. Tenemos la capacidad de evitar caer en los brazos del sistema reactivo a
la primera de cambio. La clave consiste en reflexionar antes de tomar
una decisión importante o cuando hemos conocido a alguien. En el fondo,
es despertar al sistema 2, prestar una mayor atención. Por eso, no es de
extrañar que muchas empresas punteras que buscan diversidad e
innovación formen a sus empleados en cómo evitar los sesgos inconscientes. Este trabajo lo podemos realizar nosotros mismos teniendo presente cómo
opera nuestro cerebro, siendo conscientes de que está lleno de trampas. Si este aprendizaje lo aplicamos en el ejercicio de Steve, valdría la
pena preguntarse si no existen agricultores meticulosos. Esa pregunta
nos abriría nuevas posibles respuestas.
Centenares de almonteños asisten al momento cumbre de la romería.
La Virgen del Rocío ha salido del presbiterio de su ermita sobre las
2,49 horas de este Lunes de Pentecostés para recorrer las calles de la
aldea, en Almonte (Huelva), y procesionar por delante de las 124
hermandades filiales que han peregrinado hasta allí tras el tradicional
salto de la reja protagonizado por vecinos de la localidad, que se ha
producido apenas 15 minutos después que en 2018. Un momento que se ha vivido entre empujones, discusiones y mucha tensión en el ambiente. Este año se celebra el Centenario la Coronación Canónica de la Blanca Paloma. En
concreto, el tradicional salto ha tenido lugar sobre las 2,49 horas
justo después de la entrada en el Santuario del Simpecado de la
Hermandad Matriz de Almonte y la Virgen ha cruzado el dintel del templo
apenas seis minutos después a hombros de los almonteños. Por su parte, el dispositivo Ermita, operativo específico de
coordinación y respuesta en emergencias desplegado por el Plan Aldea
para la salida procesional de la imagen de la Virgen del Rocío y momento
de máxima afluencia de personas, ha contabilizado 30 asistencias
sanitarias y tres traslados, en su mayoría por mareos, desvanecimientos y
traumatismos menores. Una vez que concluya el recorrido por la aldea, hasta 33 hermandades
rocieras emprenderán este mismo lunes su camino de vuelta bajo la
coordinación y asistencia del Plan Romero, 27 de ellas por los Caminos
de Sevilla y otras cinco por los Caminos de Cádiz.