Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

3 jun 2019

El Cristo de Tiziano vuelve a El Escorial

El óleo, de 1565, ha sido restaurado tras sufrir una rotura de casi un metro tras desprenderse su anclaje de la pared y caer al suelo el pasado octubre.

 
 'Cristo crucificado', de Tiziano, en la muestra 'El Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura', en el Museo Thyssen en 2017.
'Cristo crucificado', de Tiziano, en la muestra 'El Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura', en el Museo Thyssen en 2017.
Cristo crucificado (1555), una de las obras clave de la etapa de madurez de Tiziano, ha vuelto a la sacristía del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial tras pasar ocho meses en los talleres de restauración de Patrimonio Nacional en el Palacio Real de Madrid. La pintura sufrió una espectacular caída el pasado octubre tras desprenderse parte del revestimiento de yeso de la pared en la que estaba colgado en la sacristía del monumento. 
El óleo sobre lienzo, que mide 242 x 137 centímetros con su marco, cayó desde una altura de unos cinco metros sobre los muebles de los siglos XVI y XVII, en los que rebotó para terminar en el suelo, donde miembros del servicio de seguridad del monasterio lo encontraron la mañana del 3 de octubre.
Para celebrar la vuelta a casa de la mejor pintura de Tiziano que se exhibe en El Escorial, Patrimonio Nacional abrirá, excepcionalmente, la sacristía de martes a viernes durante todo junio, informó este lunes la institución en un comunicado.
 Los visitantes podrán admirar la sobria obra de Tiziano entre las 11.00 y las 14.00 y comprobar cómo la restauración ha borrado la herida, de 97 centímetros, que la parte inferior de la tela sufrió en su aparatosa caída.
Los técnicos de Patrimonio Nacional han recolocado las dos telas que tiene la obra, la original y un forro posterior, han unido el desgarro mediante microcirugía —haciendo coincidir los hilos de la urdimbre y entretejiendo los de la trama— y han consolidado la capa pictórica de los bordes de la rotura, que se ha reforzado.
 Una vez estabilizado el lienzo, los restauradores han reintegrado las pequeñas faltas de pintura y las han protegido con barniz.

Cristo crucificado, que fue enviado al rey Felipe II, ha participado en grandes muestras sobre Tiziano en Viena, Venecia y Roma. Además, la pintura fue una de las obras más destacadas de la exposición El renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura que organizó el Museo Thyssen en 2017, por tanto, esa fue la última vez que la pintura fue descolgada y vuelta a colocar sin que los técnicos detectaran problemas en el anclaje.
 En su comunicado, Patrimonio Nacional ha revisado todos los anclajes antiguos de las obras que se encuentran en la sacristía de El Escorial y los ha reemplazado por nuevos sistemas de sujeción para garantizar su seguridad. 

 

 

Dos estudios arrojan luz sobre el misterioso origen de los canarios

En algunas de las islas el porcentaje de habitantes con genes indígenas supera el 50%, mientras que en otras ha desaparecido.

Ídolo femenino (Gáldar, Gran Canaria).


Todo comenzó por un liquen (orchilla) que servía para elaborar el color púrpura, una tonalidad sumamente deseada para teñir los ropajes del siglo XV. 
Así que el noble normando Jean de Béthencourt consiguió del rey castellano Enrique III el apoyo necesario para conquistar aquellas lejanas islas de las que se tenía constancia, al menos, desde el historiador romano Tito Livio (las denominó Afortunadas).
 El choque cultural y militar entre los pobladores insulares (los indígenas canarios) y los castellanos fue brutal: se necesitaron casi 100 años de lucha para tomar las siete islas.
Indígenas de La Gomera, según ilustración de Leonardo Torriani (1592).
Indígenas de La Gomera, según ilustración de Leonardo Torriani (1592).
La cultura indígena se adentró así en las tinieblas de la historia. Entre los siglos XVI y XX, se desarrollaron diversas teorías sobre aquel pueblo: desde una supuesta procedencia celta hasta un origen indoeuropeo. Ahora, las pruebas arqueológicas y de ADN han dejado claro que los indígenas canarios no son otra cosa que imazighen (en singular, amazigh), un pueblo que se extendió por el norte de África hace más de 3.000 años y que ocupaba desde Libia hasta el Sáhara. En un artículo publicado en la web de la Universidad de La Laguna, Fregel explica que se "puede determinar que la población canaria global tiene una ascendencia aborigen por línea maternal del 55,9%, mientras que los componentes europeos y africano subsahariano son de un 39,8% y un 4,3%, respectivamente"..

Cuando el cálculo se realiza para cada isla por separado, los resultados son bastante variables. 
Los valores más altos de ascendencia indígena se observan en la población de La Gomera (55,5%) y en La Palma (41,0%), mientras que los valores más bajos se encuentran en Tenerife (22,0%) y El Hierro (0,0%). 
Los resultados de El Hierro, con una supervivencia nula de la población indígena, se pueden explicar por la propia evolución histórica de esta isla (es la más occidental) o por la escasez de las muestras analizadas.
Fregel añade que "gracias a los análisis de ADN antiguo se ha podido desterrar la creencia de que los guanches eran casi vikingos, altos, rubios y de ojos azules. 
Todo apunta a que proceden del norte de África y que su fisonomía se asemeja bastante a la de los bereberes, de piel blanca, más bien cetrina, y ojos marrones o claros, en algunos casos. 
 Tópicos o leyendas de la época, lo cierto es que los antiguos pobladores de Canarias no eran tan diferentes a los canarios de hoy en día".
Cerámica pintada de Gran Canaria.
Cerámica pintada de Gran Canaria.
¿Pero cómo y por qué llegaron a Canarias? Farrujia de la Rosa sostiene que lo hicieron en dos grandes oleadas.
 Una primera hace unos 2.500 años (las pruebas de Carbono 14 no son concluyentes) y una segunda, en torno al siglo I, coincidiendo con la presencia romana en el norte del continente.
Cruzaron el mar en pequeñas embarcaciones -no se han encontrado restos de ninguna- y desembarcaron en las islas más orientales: Lanzarote (la isla que ha proporcionado las fechas más antiguas por Carbono 14, mil años antes de nuestra era) y Fuerteventura.
 Se ignora cuántos individuos lo lograron, aunque los cálculos científicos demuestran que 14 parejas pudieron ser suficientes para que el poblamiento insular fuera exitoso en un 81%.
 Pero solo es una teoría, pudieron alcanzar la costa muchísimos más.

De la segunda oleada se sabe que se produjo en época romana, momento en el que introdujo en Lanzarote y Fuerteventura, entre otros elementos culturales, la escritura latino-canaria.
 Con anterioridad, en la primera arribada, ya habían extendido la escritura líbico-bereber en el archipiélago. 
Ambas están ahora en proceso de estudio, habiéndose realizado ya diversas propuestas de transcripción que recogen la presencia escrita de teóforos, teónimos o nombres personales.
Sea como sea, lo más evidente es que en Canarias no existe ningún tipo de mina férrica o metalífera, por lo que los pobladores tuvieron que adaptar sus conocimientos (eran poseedores de la metalurgia) al nuevo hábitat. 
Surge así el empleo de obsidiana y basalto para los útiles líticos o una cerámica decorada con colores ocres, como es el caso de la de Gran Canaria, con claros paralelismos con la conocida en otras partes del ámbito amazigh del continente.
“Adoraban al sol y la luna, pero también a las montañas, a los roques y a las cuevas, al igual que los imazighen", explica Farrujia de la Rosa.
 Se extendieron por las siete islas y "lo importante”, señala el profesor, “es que la investigación ha fructificado, tras décadas con las más controvertidas teorías.
 Falta mucho, pero nos vamos acercando a encontrar una respuesta a de dónde venimos”, incide.

  • Quien escribió esto no tiene ni p.i.
  • Debe ser un godo que solo cuenta tonterias

Lo que Granada hizo por la poesía en el verano de 1924

La visita de Juan Ramón Jiménez a la familia García Lorca marcó la vida y la obra de dos de los escritores españoles más importantes del siglo XX. 

Un libro reconstruye aquel encuentro.

De izquierda a derecha, Federico García Lorca, Zenobia Camprubí, Isabel García Lorca, Emilia Llanos y Juan Ramón Jiménez y Concha García Lorca en Granada en 1924.
De izquierda a derecha, Federico García Lorca, Zenobia Camprubí, Isabel García Lorca, Emilia Llanos y Juan Ramón Jiménez y Concha García Lorca en Granada en 1924.
En agosto de 1924, Federico García Lorca empezó a escribir el Romancero gitano. 
 Casi al mismo tiempo, Juan Ramón Jiménez había escrito un bellísimo romance, difícil de ubicar en la obra del premio Nobel, titulado Generalife y dedicado a Isabel García Lorca (“hadilla del Generalife”), con quien acababa de pasar en Granada casi dos semanas, entre el 21 de junio y el 3 de julio; con ella, con su hermano mayor, Federico, como anfitrión, y con toda la familia del poeta de la Generación del 27. Un viaje y una ciudad que le causaron tan profunda impresión que no solo le acompañarían toda su vida en el recuerdo —“Días como aquellos se viven pocas veces en la vida”, escribió 21 años después—, sino que inspirarían Olvidos de Granada, un libro que no llegó a publicar en vida, pero que, según Cernuda, significó junto a Españoles de tres mundos “el nacimiento de la prosa moderna”.
“Días como aquellos se viven pocas veces en la vida”, escribió 21 años después—, sino que inspirarían Olvidos de Granada, un libro que no llegó a publicar en vida, pero que, según Cernuda, significó junto a Españoles de tres mundos “el nacimiento de la prosa moderna”.

Lo explica Alfonso Alegre Heitzmann, que ha tratado de regresar a aquel lugar y aquel “momento mágico” y llevar con él al lector de Días como aquellos. Granada, 1924, ganador del Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2019 de las fundaciones José Manuel Lara y Cajasol y que se va a publicar en los próximos días. “El libro quiere abrir una ventana en el tiempo para encontrarnos con los que son para mí los dos grandes poetas españoles del siglo XX en una convivencia fraterna”, explica Alegre Heitzmann, que añade un tercer invitado excepcional que se unió justo al final del viaje —de hecho, Juan Ramón alargó su estancia para estar un poco más de tiempo con él—: el músico Manuel de Falla, que por aquellos días de verano andaba trabajando en Concierto para clave.
Ese corte en el tiempo —que el libro construye a través de las cartas de los protagonistas y de sus propias obras— quiere también reivindicar la figura de un autor del que se ha dado “una visión completamente sesgada” que ha condicionado además la recepción de su poesía. Por eso ha querido evitar las recurrentes referencias al alejamiento y enfrentamiento que llegó a producirse entre Juan Ramón y los poetas de la Generación del 27 para centrarse solo en aquel momento dulce.
Este collage, inédito hasta ahora, está en la Universidad de Puerto Rico. “Laurel de la Huerta del Tamarit, Granada, donde Lorca vivió sus últimos días [perdido, solo quedan unas marcas. Casa de Falla en la Antequeruela [la foto]
Este collage, inédito hasta ahora, está en la Universidad de Puerto Rico. “Laurel de la Huerta del Tamarit, Granada, donde Lorca vivió sus últimos días [perdido, solo quedan unas marcas. Casa de Falla en la Antequeruela [la foto] EL PAÍS
Los especialistas Andrés Soria Olmedo y José Antonio Expósito coinciden en enmarcar ese episodio dentro del tiempo de comunión entre unos autores jóvenes que querían abrirse camino y el mentor que les ayudaba y guiaba y se sentía más cómodo entre ellos que con las gentes de su propia generación.
 Antes de que un cúmulo de circunstancias —entre egos heridos, diferencias estéticas y necesidades de autoafirmación— causara distanciamiento y ruptura. 
Pero ambos expertos coinciden también en que el caso de Lorca es particular, pues aunque “participó de las bromas y burlas” de sus amigos (dice Expósito), nunca las hizo públicas ni dejó de reconocer el magisterio de Juan Ramón:
 “Le admira muchísimo y lo considera un maestro”, añade Soria Olmedo.
 Y, a su vez, el premio Nobel, pese a las críticas que hizo de su obra —no entendía que el granadino perdiera el tiempo con el teatro, por ejemplo— siempre le tuvo un aprecio especial. “No quise, no quiero creer la noticia. Y ahuyento de mí la segura pena con que me golpearía la verdad”, escribió Juan Ramón, ya desde el exilio, cuando le llegaron los primeros rumores de que Lorca había sido asesinado en los inicios de la Guerra Civil.
Por ahí, por el exilio, desde la distancia del recuerdo empieza Alegre Heitzmann su Días como aquellos,poniendo en contexto además la relación que siempre mantuvo con la familia García Lorca, antes de regresar al principio de la relación de los dos poetas.
 Cuando Lorca llegó a la casa de Juan Ramón en Madrid en 1919 con una carta de presentación de Fernando de los Ríos que el de Moguer contestó: “Su’ poeta vino, y me hizo una excelentísima impresión”. 
Y explica cómo fue creciendo esa amistad que culminó en el viaje del verano de 1924.

‘El ladrón de agua’

Juan Ramón llegó por primera vez a esa Granada que ya había fascinado a Washington Irving y a Théophile Gautier y que además estaba viviendo una gran efervescencia cultural —les acompañaron además Emilia Llanos y el pintor Hermenegildo Lanz— y quedó entusiasmado paseando por la Alhambra, el Generalife, el Albaicín... 
Además, Lorca, que para entonces ya tenía plena conciencia de su propia voz, pudo ver su ciudad a través de los ojos del maestro. “Juan Ramón ha dicho cosas agudísimas de la ciudad y ha trabado gran amistad con mi familia.[... ] Un día me dijo: 
 ‘Iremos al Generalife a las cinco de la tarde, que es la hora en que empieza el sufrimiento de los jardines’. 
Esto lo retrata de cuerpo entero, ¿verdad?”, escribió.
 
Manuel de Falla en su finca Granada, alrededor de 1928.
Manuel de Falla en su finca Granada, alrededor de 1928.
A partir de ahí, el libro repasa algunas referencias de las obras de Lorca y Juan Ramón —sobre todo del segundo— a la luz de los detalles de la visita.
 Habla del “cielo bajo” o el juego agua-sangre, pero quizá lo más sobresaliente es su interpretación de El ladrón de agua, un texto realmente críptico sobre el que los críticos han lanzado todo tipo de teorías y que comienza: 
“Convencido cada noche por la antigua medialuna granadí de que es un ladrón, el ladrón de agua retumba, cae, zumba, se yergue...”. Alegre Heitzmann propone que ese ladrón no es una persona, sino un acetre, un tipo de cubo que retumbaba de modo muy particular al lanzarlo para recoger agua. 
Lo hace por una conversación que tuvo hace años con el hijo, ya fallecido, de Hermenegildo Lanz, que le habló de la noche en que Juan Ramón cenó en su casa y pidió que lanzaran varias veces el cubo al agua para recrearse en aquel sonido.

 

Francisco Rivera trata de justificar su reacción al caso de la empleada de Iveco

Aunque asegura que le han aconsejado que no hable, el torero publica dos vídeos en los que aclara y reitera su postura:

 "Yo a mis hijos el consejo que les doy es que no graben este tipo de vídeos".

Francisco Rivera ha estado en el centro de la polémica esta pasada semana debido a unas declaraciones que hizo sobre el caso del suicidio de la empleada de Iveco, que se quitó la vida el pasado 25 de mayo después de que se difundiera sin su autorización entre sus compañeros de trabajo un vídeo de carácter sexual.
 El torero, tertuliano en Espejo Público, aseguró en ese programa: “No es de hombre hacer viral un vídeo así, pero los hombres, soy un hombre y lo digo, no somos capaces de tener un vídeo así y no enseñarlo”. 
Tras recibir un aluvión de críticas, Rivera ha publicado en su Instagram dos vídeos justificando sus palabras. 
“Aunque se me ha aconsejado que no hable, soy incapaz de permitir que se pongan en mi boca cosas que yo no he dicho”, comienza el diestro en el primero de sus vídeos, publicado el domingo.
Algo de lo que no ha cambiado de opinión, según sus palabras.
 “El problema es que si hoy día sale mi hija y llega tarde yo me voy a preocupar más que si sale mi hijo. 
Y es una realidad. 
Porque yo a mis hijos, el consejo que les doy referente a esto es que no graben este tipo de vídeos. 
Por supuesto que tienen todo su derecho y toda la libertad de grabar el vídeo que quieran y de mandárselo a quien quieran.
 Pero ese vídeo se puede convertir en un arma arrojadiza”, continúa. 
 Rivera es padre de tres hijos: Cayetana, a quien su familia llama Tana, de 19 años y fruto de su matrimonio con Eugenia Martínez de Irujo; Carmen, que en agosto cumplirá cinco años, y Curro, de cuatro meses, ambos nacidos de su actual matrimonio con Lourdes Montes.
Para finalizar, el diestro ha querido dirigirse a todos aquellos que han cargado contra él estos días en las redes sociales:
 “A todos estos que me dan estas lecciones de moralidad que me mandan vídeos de cuando el toro mata a mi padre, me desean la muerte, desean la muerte de mis hijas, desean que a mi hija la violen y lo graben para que lo podamos ver todos les digo que no me den tantas lecciones, que las lecciones me las ha dado ya la vida, que son las mejores lecciones que podemos aprender”.

“Número uno: es injustificable cualquier tipo de maltrato.
 No hay justificación alguna para que un ser humano le haga sufrir a otro ser humano. 
Segundo; cierto es que no se puede generalizar… Pero si hoy día buscas en Google cuál es el vídeo más buscado en Internet, por desgracia, es el vídeo de Verónica.
 Y es una realidad. Y tenemos que afrontar esa realidad.
 Porque no hacerlo es lo que nos va a llevar a no resolver ese problema. ¿Cuál es el problema?”, se pregunta Rivera quien, a pesar de lo sucedido con la empleada de Iveco, durante su participación en Espejo Público puso el foco en que una mujer no debía grabar ese tipo de contenidos por el riesgo que conllevan.