Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

19 may 2019

Tachar y tachar.........................................Javier Marías

Sería estupendo que el afán de viajar obedeciera al deseo de ver y conocer. 
Pero las marabuntas observan a través de sus móviles, fotografían y ya está.


HACE TIEMPO que las autoridades (con los alcaldes a la cabeza) decidieron que las ciudades ya no eran para sus habitantes, y la cosa va a más y más, a toda velocidad.
 Las han convertido en negocio, en decorado, en discoteca, en parque temático, en estadio para actividades “lúdicas” de una exigua e insaciable parte de la población, en terreno alquilable al codicioso sector hostelero, que invade las aceras sin freno y priva de espacio a los ciudadanos.
 Echan también de sus casas a los inquilinos, permitiendo la plaga de los pisos turísticos.
 Demasiados caseros poco previsores prefieren una barahúnda de cambiantes grupos etílicos y sin sentido de la conservación, antes que residentes fijos y cumplidores que cuidan los pisos como si fueran propios porque es en ellos donde viven.
 Digo “poco previsores” porque no creo que esta eclosión de hordas vaya a durar eternamente. 
Eso sí, si me equivoco, nuestras ciudades serán arrasadas y destruidas.
No me explico el fenómeno, por lo demás. 
Madrid (que no es Venecia ni Florencia, Roma ni Praga ni París, Barcelona ni hoy Lisboa) está lleno de masas en todas las épocas del año.
 Veo por el centro incontables grupos de veinte, cuarenta u ochenta turistas en enero, febrero, octubre o noviembre, no digamos en los meses de vacaciones tradicionales.
 Son alemanes, italianos, franceses, japoneses, chinos, rusos, americanos de toda edad (no sólo jubilados ni sólo estudiantes).
 Me pregunto si no trabajan, cómo es que tantos disponen de tantos días libres en cualquier estación.
 Porque hay que suponer, además, que si el desfile es constante por Madrid, más lo será por las capitales mencionadas.
 Y si uno va a otras menos famosas, se encuentra el mismo panorama, no hay rincón libre y a salvo.
 También se pregunta uno cómo es que, si las clases medias están empobrecidas (según todos los informes económicos), se desplazan éstas sin parar.
 Los vuelos no cuestan nada, ya sé, pero hay que sumarles las comidas y cenas y cervezas y tapas (las terrazas y los bares están a reventar), el alojamiento, el transporte y la compra de horrorosos souvenirs, cuyas tiendas proliferan en detrimento de los comercios útiles, esenciales para los habitantes.
 ¿De dónde salen el tiempo y el dinero? Y, sobre todo, ¿de dónde proviene este enloquecido afán por moverse de aquí para allá? 

Sería estupendo que obedeciera al deseo de la gente de ver, conocer y “adquirir cultura”, por mal que suene esta expresión.
 Pero llevo mucho observando a estas termitas y no parece que sea el caso.
 Casi ninguna mira nada directamente y con sus limpios ojos, sino que lo observan todo unos segundos (exagerado, el verbo “observar”) a través de sus móviles, lo fotografían y ya está. 
En su momento comenté las penosas imágenes de huestes ciegas ante La Gioconda, haciéndole fotos y sin dignarse admirar el cuadro.
 Otro tanto sucede con Las Meninas y cualquier pintura medio célebre.
 Uno diría que lo único que desean estas marabuntas es tachar. Tachar de unas extrañas listas que se las ha persuadido de confeccionar:
 “Madrid, ya he estado; París, visto; Bali, me he bañado; Praga, fotografiado el puente y colgado en mi cuenta de Instagram; Venecia, pateada un rato y ensuciada por mis desperdicios…” Todas estas tachadas, ¿qué nos queda por hollar?
 La manía de presumir ante los conocidos colgando fotos en las cretinoides redes, “Mirad dónde estoy”, es una de las más absurdas que ha conocido el mundo, porque ahí donde está cada cual, ha estado o va a estar mañana media humanidad. 
 Nada tiene ningún mérito, nada puede ya dar envidia, nada es raro ni insólito, todo es trillado.
Viajar ha perdido su aura, es lo más vulgar que hoy se puede hacer. Y nada se libra.
 Los diarios, en sus versiones digitales, están plagados de imbecilidades del tipo: “Los diez pueblos de España que no se debe usted perder”. 
Los diez restaurantes o tascas, los diez libros, las diez iglesias, las diez cervezas, las diez playas, los diez puentes, las diez cascadas, y así hasta el infinito.
 Hay unas greyes (bovinas) que apuntan religiosamente todas estas arbitrariedades, y que luego las van tachando como posesos. “Bueno, ya hemos pisado Buñuelos de la Churrería, vamos al siguiente pueblo, que es Homilía de las Tortillas y está sólo a 200 km; nos faltarán nada más Batracios, Gorrinera y Retortijones, que al parecer son de fábula”.
 Buñuelos se ha convertido en un lugar imposible, como Batracios y Lupanar, lo mismo que la Playa de los Eunucos y la de Gozmendialarrainzar y la de L’Esgarrifat.
 La gente se agolpa al borde de precipicios “que no se puede usted perder”, se hace selfies a codazo limpio y algún turista se despeña en el intento.
 Debo de ser muy mala persona, porque cuando esto ocurre me cuesta que me dé lástima. Qué quieren, lo último que deseo es la destrucción de las ciudades y los pueblos y los paisajes, de las playas y los monumentos y los parques y los cuadros.  

Si por lo menos fuera para contemplarlos y disfrutar de ellos… Pero no, eso es lo que pocos hacen, fíjense bien.
 La mayoría tan sólo tacha mentalmente: una cosa menos en mi interminable lista de “obligaciones”. Y otra y otra y otra; y otra más.



18 may 2019

Donde más duele


El maquillaje de la Reina en primavera, ¿con qué técnicas embellece su piel?

Ya hemos pasado el ecuador de la primavera, una época en la que los días se llenan de luz. 
Todo se vuelve más luminoso, el color gana terreno, dejamos atrás los matices más fríos.
 Es una época en la que también nuestro maquillaje puede transformarse, o bien adaptarse a la nueva estación. Texturas más ligeras, sombras suaves, tonos bronceados... hemos puesto el maquillaje de la reina Letizia en el punto de mira para comprobar cuáles son sus básicos en estos días en los que las temperaturas comienzan a subir. 

Letizia maquillaje

Efecto 'sun kissed'

En una de sus últimas apariciones, se ha convertido en el centro de todas las miradas precisamente por su piel bronceada.
Parece evidente que la Reina ha decidido darle ese favorecedor a su piel -tanto de su rostro como de su escote- en estos días en los que las temperaturas ya han anticipado esos largos días de verano. No sabemos si habrá recurrido a alguna técnica de bronceado artificial, pero lo cierto es que el maquillaje puede echarte también una mano si quieres conseguir ese efecto dorado como el de la piel de doña Letizia. Polvos de sol, autobronceadores faciales, aceites con partículas irisadas... si los sacas partido, te ayudan a conseguir ese efecto sun kissed, recreando en tu piel el efecto de esos primeros rayos. Eso sí, si quieres un resultado natural, según los expertos, debes elegir un tono que imite el color del primer bronceado, no la intensidad máxima que alcanza tu piel.
© Getty Images

Menos es más

Lo cierto es que la Reina, consciente de su posición, prefiere no arriesgar en lo que al maquillaje se refiere. "La principal característica de su maquillaje es utilizar una base mate y un colorete en tono teja", nos cuenta el maquillador Gabriel Llano, que resume así dos de los básicos de la Reina a la hora de maquillarse, que no suelen cambiar en los meses de primavera. Aunque sí es cierto que lo más posible es que recurra a bases más ligeras, sobre todo cuando las temperaturas suben.

Eyeliner'

"Su técnica de maquillaje sobre el ojo siempre varía la intensidad en función del evento, entiendo que según sea de día o noche, y siempre suele utilizar un eyeliner difuminado que ayuda a enmarcar su ojo y alargarlo reforzándolo con un ahumado en tonos rojizos o violetas suaves", nos cuenta Gabriel Llano, quien nos explica que otro aspecto fundamental de su mirada es la importancia de sus pestañas muy rizadas para abrir el ojo.
Reina Letizia maquillaje 
Reina Letizia maquillaje
© Getty Images

Un toque de 'gloss'

Una buena opción para los labios es elegir los acabados glossy, como hemos visto en muchas ocasiones a doña Letizia.
 Siempre en tonos naturales, en ocasiones apenas con un velo transparente, pero con un matiz brillante muy favorecedor. 
Reina Letizia
© Gtresonline

Iluminador estratégico

En esta imagen, vemos cómo recurre a uno de los cosméticos indispensables para los maquilladores, el iluminador. Un toque de luz en sus mejillas, que aumenta el efecto bronceado y ayuda a definir sus facciones. Así, esculpe sus rasgos gracias al uso de la luz. Los coloretes en tono melocotón también son una alternativa favorecedora para intensificar el moreno.

Letizia maquillaje 

© Getty Images
Ya hemos pasado el ecuador de la primavera, una época en la que los días se llenan de luz. Todo se vuelve más luminoso, el color gana terreno, dejamos atrás los matices más fríos. Es una época en la que también nuestro maquillaje puede transformarse, o bien adaptarse a la nueva estación. Texturas más ligeras, sombras suaves, tonos bronceados... hemos puesto el maquillaje de la reina Letizia en el punto de mira para comprobar cuáles son sus básicos en estos días en los que las temperaturas comienzan a subir.
© Getty Images

Efecto 'sun kissed'

En una de sus últimas apariciones, se ha convertido en el centro de todas las miradas precisamente por su piel bronceada. Parece evidente que la Reina ha decidido darle ese favorecedor a su piel -tanto de su rostro como de su escote- en estos días en los que las temperaturas ya han anticipado esos largos días de verano. No sabemos si habrá recurrido a alguna técnica de bronceado artificial, pero lo cierto es que el maquillaje puede echarte también una mano si quieres conseguir ese efecto dorado como el de la piel de doña Letizia. Polvos de sol, autobronceadores faciales, aceites con partículas irisadas... si los sacas partido, te ayudan a conseguir ese efecto sun kissed, recreando en tu piel el efecto de esos primeros rayos. Eso sí, si quieres un resultado natural, según los expertos, debes elegir un tono que imite el color del primer bronceado, no la intensidad máxima que alcanza tu piel.
© Getty Images

Menos es más

Lo cierto es que la Reina, consciente de su posición, prefiere no arriesgar en lo que al maquillaje se refiere. "La principal característica de su maquillaje es utilizar una base mate y un colorete en tono teja", nos cuenta el maquillador Gabriel Llano, que resume así dos de los básicos de la Reina a la hora de maquillarse, que no suelen cambiar en los meses de primavera. Aunque sí es cierto que lo más posible es que recurra a bases más ligeras, sobre todo cuando las temperaturas suben.
© Getty Images

Tonos rosados

Doña Letizia, en los actos de día en primavera, opta por looks sencillos, donde prima la naturalidad, huyendo de opciones más recargadas. Más aún cuando se trata de un viaje de cooperación, como el que ha realizado recientemente a Mozambique. Así, como vemos en la imagen, presume de piel impecable y muy bien trabajada, con un favorecedor toque de blush en las mejillas, un labial rosado y sombras suaves. A lo que no renuncia es a sus pestañas XXL, una de sus señas de identidad.
© Getty Images

'Eyeliner'

"Su técnica de maquillaje sobre el ojo siempre varía la intensidad en función del evento, entiendo que según sea de día o noche, y siempre suele utilizar un eyeliner difuminado que ayuda a enmarcar su ojo y alargarlo reforzándolo con un ahumado en tonos rojizos o violetas suaves", nos cuenta Gabriel Llano, quien nos explica que otro aspecto fundamental de su mirada es la importancia de sus pestañas muy rizadas para abrir el ojo.
© Gtresonline

Ahumado de día

Tal y como nos cuenta el maquillador, "su punto fuerte sin duda son los ojos y los resalta muy bien". Le preguntamos sobre cómo versionarlos para sacarles aún más partido en los meses de primavera. "Quizá una alternativa sería hacer ahumados en tonos más suaves por aportarle un toque más fresh", sugiere. En la imagen, durante la Final de la Copa de la Reina de fútbol, el pasado 11 de mayo.
Reina Letizia

Muere a los 87 años la actriz Analía Gadé

La intérprete argentina ha fallecido este sábado en Madrid a causa de un cáncer, del que estaba siendo tratada desde hace más de tres años.

Analia Gade
Analía Gadé, en 2001. EFE

La popular actriz argentina afincada en España Analía Gadé (Córdoba, 1931) ha muerto este sábado en Madrid a los 87 años a causa de un cáncer, del que estaba siendo tratada desde hace más de tres años, según han informado a Efe fuentes familiares. 
La intérprete, que había sufrido dos ictus hace 15 años, de los que se había recuperado, fue diagnosticada de cáncer en una revisión rutinaria, e intervenida quirúrgicamente en el Hospital de La Princesa de Madrid, según estas fuentes. 
Gadé, que también trabajó como presentadora en la década de los 60 en el programa de TVE Analía Gadé nos cuenta, trabajó en más de una treintena de películas en su carrera, que también se centró en el teatro y con varias incursiones en televisión.
Tras sufrir varias recaídas, ingresó de nuevo en el Hospital de Santa Cristina, donde ha fallecido esta mañana a las 11.55. 
Tal y como pidió ella misma, ha sido incinerada en la más estricta intimidad en Madrid, donde dentro de una semana está previsto que se celebre una misa en su memoria.
Gadé formó con Fernando Fernán Gómez una de las parejas con más química del cine. 
Menos conocida por su nombre real, María Esther Gorostiza, la actriz construyó uno de los más fructíferos tándem del séptimo arte con el autor de Las bicicletas son para el verano a lo largo de una decena de películas, entre las que destacan Viaje de novios, La vida por delante, Ana dice sí, Luna de verano, Solo para hombres y La vil seducción.

Analia Gade
Analía Gadé, en 2001. EFE
La popular actriz argentina afincada en España Analía Gadé (Córdoba, 1931) ha muerto este sábado en Madrid a los 87 años a causa de un cáncer, del que estaba siendo tratada desde hace más de tres años, según han informado a Efe fuentes familiares. La intérprete, que había sufrido dos ictus hace 15 años, de los que se había recuperado, fue diagnosticada de cáncer en una revisión rutinaria, e intervenida quirúrgicamente en el Hospital de La Princesa de Madrid, según estas fuentes. Gadé, que también trabajó como presentadora en la década de los 60 en el programa de TVE Analía Gadé nos cuenta, trabajó en más de una treintena de películas en su carrera, que también se centró en el teatro y con varias incursiones en televisión.
Tras sufrir varias recaídas, ingresó de nuevo en el Hospital de Santa Cristina, donde ha fallecido esta mañana a las 11.55. Tal y como pidió ella misma, ha sido incinerada en la más estricta intimidad en Madrid, donde dentro de una semana está previsto que se celebre una misa en su memoria.
Gadé formó con Fernando Fernán Gómez una de las parejas con más química del cine. Menos conocida por su nombre real, María Esther Gorostiza, la actriz construyó uno de los más fructíferos tándem del séptimo arte con el autor de Las bicicletas son para el verano a lo largo de una decena de películas, entre las que destacan Viaje de novios, La vida por delante, Ana dice sí, Luna de verano, Solo para hombres y La vil seducción.
Analía Gadé, en la entrega de los Premios Goya de 1987.

Analía Gadé, en la entrega de los Premios Goya de 1987. EFE
 
 
A lo largo de su trayectoria recibió muchos galardones, tanto por su labor en el teatro como por su hermosura y su estilo:
 "En los premios me pasa como en el amor. Me gusta que me quieran, me lo merezca o no.
 Lo único que ocurre es que en los premios me va bien, y en el amor me va fatal", declaró al recibir el Miguel Mihura de teatro en 1989. 
 Además de su relación sentimental con Fernán Gómez, se le atribuyeron romances con Vicente Parra y Espartaco Santoni, quien en sus memorias relató una hipotética primera relación íntima con la actriz en un ascensor.
 Este suceso terminó siendo recogido en el libro de Fernando Vizcaíno Casas Celuloide casi virgen, para protesta de Gadé, si bien el autor apuntó que los matices del hecho "escapaban" a su perspicacia.
En los ochenta Gadé se centró en el teatro. 
Fue una habitual de las adaptaciones de Juan José Alonso Millán, como Anda mi madre, Damas, señoras, mujeres o Cuéntalo tú, que tienes más gracia, y sus principales éxitos vinieron con la versión que Adolfo Marsillach hizo de Las mujeres sabias, de Moliére; La viudita naviera, de Pemán; o Sonata a Kreutzel, de Tolstói.

Gadé también cultivó la pequeña pantalla y durante los 90 trabajó en papeles secundarios para televisión, en ficciones como Compuesta y sin novio, junto a Lina Morgan y José Coronado; Carmen y Familia, con Beatriz Carvajal y Pepe Sancho; o Una gloria nacional, dirigida por Jaime de Armiñán y estrenada en la Seminci de Valladolid, donde fue elegida Serie del Año en 1992.
En 2001 volvió al cine y al teatro, con la película de Oskar Aizpeolea La rosa azul y la versión teatral de Dulce pájaro de juventud de Tennessee Williams, en la que encarnó a una actriz acabada que era "en realidad dos mujeres en una; por una cara es una diva y por la otra un ser humano dubitativo, temeroso, solitario, abandonado al alcohol y las drogas", apuntó en el estreno.
Durante esas fechas sufrió una crisis coronaria que le paralizó la pierna derecha, lo que canceló temporalmente la representación de la obra que protagonizaba junto a Pep Munné. 
Dos años antes, un leve infarto cerebral también había interrumpido la función de Las mujeres sabias sin mayores consecuencias; pocos días después, la actriz, ya repuesta, tenía "muchas ganas de volver" a trabajar, según declaró.


Ante la cámara, la intérprete se codeó con grandes galanes del cine español de la época, como Alberto Closas, con quien protagonizó Una muchachita de Valladolid, Francisco Rabal, Fernando Rey o Arturo Fernández; y además compartió cartel con estrellas internacionales como Gene Tierney, Stephen Boyd o Sophia Loren.
Objeto de innumerables homenajes, como el Argencine 2005 o la 28 Mostra de Valencia, con frecuencia se vio enmarcada en la gran galería de actores argentinos afincados en España; 
junto a nombres como Luppi, Cecilia Roth, Héctor Alterio o Leonardo Sbaraglia. 
En junio de 2015, recibió la Medalla de Honor del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) de España en reconocimiento a toda su carrera.