Carolina de Mónaco no podía ocultar su tristeza hace 10 días en el Baile de la Rosa,
la fiesta con la que tradicionalmente Mónaco da la bienvenida a la
primavera. Una cita que todos los años ella organizaba con la ayuda de Karl Lagerfeld. El baile esta vez se convirtió en un homenaje al diseñador, fallecido el 19 de febrero a los 85 años a consecuencia de un cáncer de páncreas que él llevó en silencio durante meses. La princesa de Hannover y de Mónaco ha roto su habitual silencio en
los medios de comunicación para hablar de su amigo. Lo ha hecho en la
revista francesa Point de Vue. "Estábamos muy unidos. Karl era como un miembro más de mi familia.
Todos sentimos la muerte de Karl como un luto familiar, a mis hijos les
afectó mucho. Le conocían desde que nacieron, él estuvo en casa cuando
ellos nacieron", ha relatado. Y añade: "He pasado más años con él que
con muchos miembros de mi familia. Solo mi niñera me conocía igual de
bien". “Es muy difícil describir qué era lo que nos unía, no se puede
definir con palabras, se quedan cortas. Teníamos el mismo sentido del
humor y nos hacían reír las mismas cosas. Llegamos a conocernos muy
bien, incluso desarrollamos nuestros propios códigos", afirma la
princesa.
“En Mónaco, Karl
y yo hacíamos muchas actividades. Almuerzos a bordo de un barco, en la
playa… Siempre estaba preparado para lo inesperado. Me llamaba y me
preguntaba: ‘¿Qué estás haciendo?", recuerda la hija de Rainiero, "y al
poco tiempo se presentaba en el lugar en el que yo estuviera".
Carolina de Mónaco y Karl Lagerfeld, en una cena en diciembre de 2000.CORDON PRESS
Carolina de Mónaco desvela cómo el diseñador la ayudó a crecer
personalmente: "Karl me enseñó a no tener miedo de explorar otros
territorios y a cuestionarme todo, a no tomarse en serio a uno mismo". En cambio, revela una inesperada curiosidad. "Karl nunca me aconsejó en
cuestiones de moda. A veces le preguntaba su opinión sobre un vestido u
otro, pero nunca se detenía en eso. Era un hombre del Renacimiento que se proyectaba sin cesar hacia el
futuro, que abrazaba la modernidad sin olvidar nada del pasado".
Carolina de Mónaco se puso un traje de la última colección de su
amigo para el Baile de la Rosa. Sus diseños siempre fueron los escogidos
para las grandes ocasiones de la princesa, como también de sus hijas Carlota Casiraghi y Alexandra de Hanóver.
Los
próximos días el presentador se someterá a unas pruebas médicas que
decidirán si podrá presentar la nueva entrega de 'Supervivientes'.
El presentador Jorge Javier Vázquez, el 2 de abril en Madrid.GTRESONLINEEl teatro es la válvula de escape de Jorge Javier Vázquez. Su afición, su cara B, su actividad mental paralela con la que estudia
canto y piano, con la que produce sus obras favoritas de su propio
bolsillo, su cara a cara con el público que le ha visto cada día en la
pantalla. Pero, por el momento, eso se ha acabado. Las funciones previstas para representar la obra de Vázquez en distintas ciudades de España han sido canceladas. El ictus y el aneurismaque sufrió hace un mes le impedirán seguir con el teatro, por el momento. En la página web del presentador y actor de la obra, Grandes Éxitos,
siguen estando presentes siete fechas: una en Pamplona, tres en
Valencia y otras tres en Barcelona. Sin embargo, en la web del teatro
Baluarte de Pamplona aparece el cartel deCanceladopara
la fecha del domingo 2 de junio en la que estaba prevista la obra. El
Teatro Olympia de Valencia ya no recoge que 14, 15 y 16 de junio el
espectáculo del presentador vaya a pasar por la ciudad, y su página de compra de entradas tampoco recoge este evento. Por su parte, en la web del Teatre Tívoli de Barcelona aún aparece la obra, pero no permite comprar entradas para ninguno de los tres días de julio (19, 20 y 21) que se anuncian.
Jorge Javier Vázquez es la estrella de Grandes éxitos—obra
que también produce—, y no parece factible que simplemente sea
sustituido por otro actor. Estas cancelaciones sobre las fechas ya
cerradas hasta julio parecen una pista sobre la recuperación del
presentador, que aún se prevé lenta. Hace casi un mes que la estrella de Telecinco sufrió un aneurisma por el que tuvo que ser operado de urgencia en Madrid. Ahorase recupera de forma discreta en su domicilio de la capital, saliendo a pasear con sus perros y acompañado de su madre, María Morales, y de sus más allegados. "Haré todo lo que me digan pero me gusta mucho mi trabajo, tengo una vida maravillosa y vivir implica esto", explicóa su salida del hospital. Y prosiguió: "No he tenido miedo en ningún momento. No soy un
inconsciente y cumpliré a rajatabla lo que que indiquen los médicos,
pero cuando me digan ‘adelante’, lo haré". Se desconoce si ya le han dicho ese "adelante", pero parece pronto
para una incorporación inmediata. Por el momento, la próxima semana se
someterá a un nuevo chequeo para comprobar como está todo después de la
operación a la que tuvo que someterse de urgencia. También dentro de
pocos días se anunciará quién será el presentador de Supervivientes. Su nombre sigue estando en las apuestas; de hecho, en la presentación
del programa ante los medios solo apareció Lara Álvarez, que hará las
conexiones desde la isla. La cadena busca mantener el misterio sin
confirmar ni descartar que Vázquez se vaya a poner al frente de una
edición que se adivina más jugosa que nunca, con Isabel Pantoja, Carlos
Lozano o Colate Vallejo-Nágera entre los concursantes confirmados. Otra
cosa será la realidad y lo que finalmente decidan los médicos sobre el
futuro inmediato del presentador estrella de Telecinco.
Fue
maestro de una catarata de estudiantes lúcidos, de todas las
disciplinas, que buscaban en su entorno más preguntas que las que la
vida da tiempo a resolver.
Javier Muguerza (a la izquierda) con el también filósofo Ernest Tugendhat, en 2005. bernardo pérez
Javier Muguerza
llegó cuando era un chiquillo, aunque ya era catedrático de Filosofía,
cuando persistía en la Universidad de La Laguna un aire de libertad que
procedía del aliento de Emilio Lledó, su antecesor, maestro de
generaciones que no solo se prepararon con él en la ciudad cultural
tinerfeña sino que lo siguieron a lo largo de su vida fecunda en
Barcelona y en Madrid, y aquí sigue, faro singular de la enseñanza. Aquella era una época peculiar, extraordinaria. Las clases de
Filosofía (de Historia de Fundamentos de la Filosofía, así era la
asignatura de don Emilio) se llenaban de alumnos que venían de otras
facultades; estaban allí, en Filosofía y Letras, Gregorio Salvador (que introdujo Cien años de soledad
en las aulas españolas), Ramón Trujillo, José Luis Escohotado, Javier
Coy, que introdujo el inglés y el tocadiscos… Extramuros de la docencia,
pero un maestro de cuerpo entero, allí estaba también Domingo Pérez
Minik, que reinventó la libertad sobre las cenizas de una guerra que lo
dejó “al rojo vivo”. Disconformes como Lledó, impusieron en las aulas y
fuera de ellas ese ambiente de libertad en el que se educaron numerosos
alumnos y no pocos profesores. Fue como ese instante de felicidad que viven las personas, las
comunidades o los pueblos, como decía Leonardo Sciascia. Esa libertad se
basaba en la enseñanza y en el aprendizaje; los profesores aprendían al
tiempo que enseñaban, todos eran casi tan jóvenes como sus discípulos. Se solidarizaron con estos cuando la policía, a las órdenes del
franquismo, cargaba contra ellos por reclamar ese aire que se transmitía
en las aulas y que se vivía en los pasillos, en el Paraninfo, en la
ciudad. La Laguna es llamada la Ciudad de los Adelantados. En esa lucha
universitaria por la soflama saludable en contra de la dictadura fue, en
ese instante, adelantada también. La Universidad de La Laguna fue un
instrumento moral para la alegría de la libertad. En España.
En el epicentro de ese tiempo, en 1972, llegó Javier Muguerza. Era un
muchacho, ya digo; venía avalado por el magisterio de Lledó, por sus
numerosos conocimientos y amistades, por el trato y la conversación con
Javier Pradera, con Alfredo Deaño, con el mundo de la cultura y de la
filosofía peninsulares, y en seguida se hizo, entre los estudiantes
laguneros, uno más, otro estandarte de los que había sembrado Emilio Lledó. Este se había ido a Barcelona cuando tenía 39 años, y Muguerza no tenía
treinta cuando prosiguió ese aire podría decirse libertario con el que
siguió dando mandobles morales a la sociedad quieta de su tiempo. En
aquel instante, debe recordarse, La Laguna estaba en el punto de
ignición de una revolución que disfrutaba de luces como la suya. Fue una
alegría verlo caminar, con su carpeta, como antes don Emilio, la mirada
hacia arriba, su cabeza aireada, creyéndose él mismo un alumno que iba a
escuchar su propia clase.
Era un hombre singular, afectivo, veloz, entrañado enseguida en la
Universidad de La Laguna, en la que estuvo cinco años fructíferos, que
le fueron recompensados con un doctorado honoris causa. Venía
avalado por varios magisterios, como los de José Ferrater Mora y de José
Luis López Aranguren, a los que llevó a la isla, pero pronto fue él
mismo el maestro de una catarata de estudiantes lúcidos, de todas las
disciplinas, que buscaban en su entorno más preguntas que las que la
vida da tiempo a resolver. En ese tiempo de grandes ilusiones, él era la
ilusión misma. Fumaba en pipa, muy a la anglosajona, y la usaba como si
no pudiera articular sus pensamientos rápidos si no tenía ese aroma a
mano. Vivió en una casa invernal, en Guamasa, a las afueras boscosas de
La Laguna, adonde llevaba a alumnos y amigos; en Santa Cruz vivió cerca
del Hotel Mencey, en una casa que daba a los árboles, como si
persiguiera, en la montaña y en la ciudad, aromas ingleses como los de
su pipa. En este último periodo lo vimos presumir de su hijo Íñigo, que era el
motivo de sus conversaciones más vivaces de padre joven cuya ilusión no
eran tan solo la filosofía o la enseñanza. Muguerza fue en sí mismo una
cultura y una atmósfera, un sistema de creencias morales y un relator
apasionado del tiempo que vendría, pues llegó cuando la dictadura se
resquebrajaba como un piano descompuesto y nacía una etapa a la que La
Laguna le ofreció, para los que estábamos allí, un insólito, excéntrico,
epicentro. Ahora que ya no está Muguerza, nublada pues la vida por una ausencia
que entristece y limita, ese tiempo de La Laguna, crucial para tantos,
se achica también. El escritor escocés William Boyd le dio a un
periodista que le preguntó por lo que habría en su epitafio este:
“Bienvenido, olvido”. El olvido es como el futuro: es lo que no hay para
hombres como Muguerza, o para tiempos como los que él protagonizó. Pero
sobre el recuerdo imborrable de su presencia no queda más remedio que
entonar la elegía que se debe a los que nos hicieron otros, distintos o
mejores. Es tan abrumadora la vida, tan difícil. Manda tanto en ella la
memoria, es tan duro, tan injusto, tan difícil de sobrellevar la
posibilidad del olvido. No solo fue profesor de Juan Cruz que es el que escribe en el Pais. Hay que recordar que él estuvo con otros profesores y tuvo trato con gente que habitaba en un lugar de la isla llamado !Esperanza" pero Juan escribe siempre sobre Lledó y ahora sobre Muguerza. la vida en recuerdos de muchos suele ser dificil de llevar para los que luchamos en ese lugar y tuvimos la suerte de tener a verdaderos doctores de la sabiduría y no los olvidamos.