Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

7 mar 2019

HUequitos de Sol: PINK FLOYD - ANOTHER BRICK IN THE WALL (subtitulad...

HUequitos de Sol: PINK FLOYD - ANOTHER BRICK IN THE WALL (subtitulad...

La Reme, Picasso y los Bosé: pelea por un dibujo........

Lucia Bose a su llegada a la Audiencia Provincial de Madrid, este jueves.
Lucia Bose a su llegada a la Audiencia Provincial de Madrid, este jueves. GTRES
 Lo único que se puede certificar hasta que los jueces dicten sentencia es que Lucía Bosé vendió a través de la casa de subastas Christie's un dibujo de Picasso dedicado a Reme, la persona que atendió la casa de la familia Bosé durante 50 años, por 198.607 euros.
 Luego cada una de las partes implicadas, Lucía Bosé como inculpada, y las sobrinas de Remedios, como demandantes han contado versiones absolutamente diferentes.
El dibujo, que no es un cuadro, como se ha hartado de decir este jueves Lucía Bosé durante el tiempo que ha pasado en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial de Madrid, se lo regaló Picasso a la tata Reme después de haber pasado tres meses en la casa del pintor con los hijos de la familia Dominguín.
 Los padres, el torero y la actriz, estuvieron de gira por Latinoamérica durante ese tiempo de plaza en plaza. 
 El dibujo, conocido como La Chumbera, representa a una mujer con siete piernas y dos brazos poderosos de los que penden dos grandes pescados: todo un homenaje a la mujer trabajadora.
 Lucía Bosé ha contado al tribunal que el dibujo no le gustó nada a Reme y que esta se lo regaló y siempre lo había considerado de su propiedad.
 Estaba colgado en la casa de Somosaguas, en Madrid, junto al resto de la colección de obras de la familia Domínguín-Bosé.
 Pero al parecer existe una nueva versión: la tata regaló el dibujo de La Chumbera a Miguel Bosé. 
 Esta tarde, el cantante declarará por videoconferencia desde México para tratar de aclarar algo más sobre esta obra de Picasso.


El dibujo de Picasso por el que ha ido a jucio Lucía Bosé.
El dibujo de Picasso por el que ha ido a jucio Lucía Bosé. EL PAÍS
En 2008, Lucía Bosé sacó a subasta en Christie's de Londres toda su colección Picasso, incluida La Chumbera, que alcanzó un precio de 198.607 euros.
 Al parecer esto ocurrió en un momento complicado económicamente para la actriz, en el que necesitaba dinero en efectivo para hacer frente a los gastos del Museo de Los Ángeles que ella misma había fundado ocho años antes en una vieja fábrica de harinas de la localidad segoviana de Turégano.
  El museo cerró sus puertas en 2007.
El caso es que Lucía Bosé nunca creyó necesario informar a las herederas de la tata, dos sobrinas que ahora han hecho valer sus derechos. 
Estas reclaman el cuadro o en su defecto el valor obtenido por él alegando que en ningún momento su tía Remedios regaló el dibujo a la familia Dominguín.
 Ambas hermanas se han ratificado ante los magistrados como herederas de la tía.
 Un hermano de estas, que ha pasado por varios platós de televisión, mostró su agradecimiento a la familia Bosé.
La Fiscalía Provincial de Madrid pide dos años de cárcel para Lucía Bosé por apropiación indebida, y la restitución de los casi 200.000 euros de la venta del dibujo a las legítimas destinatarias en concepto de responsabilidad civil.
Lucia Bose, durante el juicio.
Lucia Bose, durante el juicio.


Cuando los padres de Gabo se dieron cuenta de que tenían un hijo mentiroso

Gustavo Tatis recorre el universo de García Márquez y sus secretos de familia, íntimamente ligados a la obra que Netflix adaptará a la pantalla.

El escritor Gabriel García Márquez, durante una entrevista en 1990. En vídeo, el teaser promocional de la serie 'Cien años de soledad'.

De pequeño, a doña Luisa y a don Gabriel les preocupaba que Gabito parpadeara tanto.
 Su padre llegó a darle unas gotas homeopáticas, pero apenas sirvieron. 
Años después, cuando aquel tic parecía habérsele evaporado, su madre se atrevió a preguntarle: “Me dijo que lo hacía para ver las cosas mejor”, contó ella.
 “Para recordar…”, puntualizó Gabriel García Márquez a quien lo trajo al mundo en Aracataca (Colombia) durante una de las visitas que le hizo Gustavo Tatis Guerra, periodista, escritor, amigo de la familia y autor de La flor amarilla del prestidigitador (Navona People).
El libro lo presenta este jueves en la Casa de América de Madrid junto a Dasso Saldivar, autor del prólogo, y Juan Cruz, justo cuando Netflix acaba de anunciar que rodará Cien años de soledad. En sus páginas, el autor desgrana secretos de familia y claves ocultas de su obra: todo un constante malabarismo entre realidad e invención a provecho del autor para crear uno de los mundos literarios propios más ricos de la literatura universal.
 Los testigos de todo aquello, sus padres, solían desnudar el imaginario de García Márquez con un chorro de realidad que colocaba la magia en su justo término. 

Algo que, por otra parte, engrandece su genialidad inventiva sobre bases muy firmes. 
“Era el embustero más grande del mundo”, le confesó don Gabriel Eligio García Martínez a Tatis.
 “Tenía una capacidad para inventar más allá de la realidad que veía. Siempre he dicho que tenía dos cerebros. A mí nadie me quita la idea de que Gabito es bicéfalo”, le confesó el padre al autor del estudio.
 También él unió a su oficio de telegrafista el de escritor. 
“Siempre sintió cierta competencia por eso hacia su hijo”, comenta Tatis.
Don Gabriel leyó con atención sus libros.
 No así su madre, que presumía más de tener en casa una hija monja que un vástago Nobel.
 Si dentro de su insobornable escepticismo, algún provecho quiso sacar del galardón de su hijo fue que con él esperaba que le arreglasen el teléfono de casa.
 Su mantra fue quitarle importancia.
 Así que Luisa Márquez repelía las entrevistas, entre otras cosas, porque los reporteros que pasaban por su casa se las daban de saber más que quienes debían contestar.
Pero con Gustavo Tatis, todo fue distinto.
 Le trataban como a alguien de la familia con quien le podía dar la hora de la cena contando historias.
 Una de esas fue la del germen de Remedios la bella, aquel personaje de Cien años de soledad, que se elevaba al cielo.

Está basado, según su madre, en una criada del mismo nombre que se fugó con su amante.
 Cuando un día le preguntaron a doña Luisa qué había pasado con ella respondió: “Se fue volando”. 
Y Gabito, presente, asoció los términos hasta convertir la explicación en literatura.
 Doña Luisa se ufanaba de no haber leído la novela porque todo eso lo había vivido.
 Tampoco se interesó por Crónica de una muerte anunciada, pero eso por una razón diametralmente opuesta: “Porque aquella la he sufrido”.

Al menos don Gabriel pudo comprobar sobre las obras de su hijo la escala de su transmutación.
 Ese mecanismo que le llevaba de la realidad a la invención de una mentira que a su vez reflejaba una gran verdad. 
“Nada de lo que cuenta García Márquez en sus novelas es falso, todo está sacado de aquel mundo”, asegura Tatis.
Las razones de Luisa quizás molestaran a su hijo. 
Pero, como él había descrito a Úrsula según sus parámetros, como una mujer más que en sumisión a Dios, con actitud de combate hacia él, debió entenderlo.
 Con las historias que cazaba al vuelo, García Márquez empezó a construir sus métodos bandera: “La clave está en saber atornillar las mentiras”, le confesó al escritor a Tatis Guerra.
Lo mismo había ocurrido con Melquiades.
 Era el vivo retrato de su abuelo, el coronel Nicolás Márquez, militar entre alquimista y curandero, aficionado a diseñar peces de colores en su taller y a fundar pueblos. 
Melquiades tiene dos bases: “Su abuelo y Nostradamus”, comenta Tatis. "Me lo contó en 1992 durante la primera entrevista que le hice", añade. 
Se habían conocido antes de que diera la vuelta al mundo con su premio en Estocolmo.
 Pero luego llegaron varias que completaron aquel primer encuentro. “Te he dado para un libro”, le comentó el escritor.
Una obra que Tatis lleva escribiendo desde que lo conoció la primera vez. 
Ahora está hecho. Eso es La flor amarilla del prestidigitador. El retrato de un hombre que supo sacar partido a su genio natural de novelista entre el impulso poético y la precisión del periodista. 
Un mentiroso eminente que al recibir la noticia de su concesión del Nobel no tuvo reparos en exclamar: “¡Mierda, se lo creyeron!”.

 

No soy perfecta.................................. Luz Sánchez-Mellado

Para mí, el lenguaje inclusivo no es imprescindible, ni la prohibición de los piropos, ni la censura o veto de productos culturales por supuesto sexismo.

Concentración del pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en la puerta del Sol de Madrid.
Concentración del pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en la puerta del Sol de Madrid.
Este año he dudado si hacer o no la huelga feminista y, de hecho, voy a hacerla no tanto porque quiera, sino porque puedo, y porque me sentiría peor trabajando cuando mis compañeras han decidido secundarla por mayoría.
 Claro que hay motivos, y seguirá habiéndolos mientras haya una asesinada por violencia machista, una diferencia de salario y oportunidades basada en el género, o un baboso que no acepta un no por respuesta.
 Otra cosa es que una huelga anual que solo podemos permitirnos algunas me parezca el modo de denunciarlos y pedir igualdad efectiva. 
Ni todas las mujeres pensamos lo mismo, ni todos los hombres, ni todas las feministas.
 Ni somos un rebaño ni queremos serlo. 
Para mí, el lenguaje inclusivo no es imprescindible, ni la prohibición de los piropos, ni la censura o veto de productos culturales por supuesto sexismo.
 Pero igual que no renuncio a expresar mis diferencias sobre lo accesorio, tampoco acepto lecciones sobre lo fundamental: exigir la igualdad real en todos los campos.
En días en que se acota el feminismo entre bueno o malo, liberal o radical, amable o furioso, opino que no necesita ningún apellido. Pero también que no hace falta haber leído a santa Virginia Woolf, ni estudiado los orígenes del patriarcado, ni abjurar de Maluma, para pasar ningún análisis de limpieza de sangre feminista. 
Están lloviendo feministas súbitos que quieren nuestro voto. 
Ellos, que son tan de reconquistar España, han de saber que no cederemos un milímetro de terreno conquistado. 
Dicen que nada erotiza más a ciertos señores que ver mujeres luchando en el barro. 
Ya están estas tirándose del moño, piensan, mientras aspiran a seguir manejando el cotarro.
 Conmigo que no cuenten. Voy a la huelga.
 Ahora, igual aprovecho para asfaltarme las canas. Mi peluquera va a abrir de todos modos y así voy a la manifestación peinada. ¿Contradicciones? Todas. Nadie es perfecta.