Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

21 oct 2018

Ingmar Bergman, el hombre huraño, el genio inabarcable




Dos documentales, uno de ellos dirigido por Margarethe Von Trotta, analizan la vida y la obra del cineasta en el centenario de su nacimiento.

Ingmar Bergman, con su hijo Daniel y su esposa, la pianista Käbi Laretei, hacia 1966, en una imagen de 'Searching for Bergman'.
Ingmar Bergman, con su hijo Daniel y su esposa, la pianista Käbi Laretei, hacia 1966, en una imagen de 'Searching for Bergman'.
 
 
Cualquier excusa es buena para hablar de Ingmar Bergman (Upsala, 1918 — Faro, 2007).
 Pero este año se cumple el centenario de su nacimiento y los festivales se llenan de documentales sobre la obra inigualable y la compleja vida personal del cineasta y dramaturgo sueco, un creador inabarcable, un hombre casi insufrible.
 Así ha ocurrido en la Seminci, donde pueden verse Searching for Ingmar Bergman, de la veterana cineasta alemana Margarethe Von Trotta, amiga del sueco cuando Bergman se autoexilió en Alemania, y Bergman, su gran año,documental realizado por Jane Magnusson, que lleva casi una década centrada en su compatriota: le ha dedicado un corto de ficción, una serie de televisión y dos documentales.
 Ambos se estrenarán comercialmente en España.
Las dos iban a charlar para EL PAÍS sobre su objeto de estudio, pero un fuerte resfriado ha impedido el viaje de la directora, una de cuyas películas, Las hermanas alemanas (1981), León de Oro en Venecia, fue elegida por Bergman entre sus once favoritas de todos los tiempos. 
Von Trotta ha dirigido un documental bellísimo, que no esconde la peor cara de Bergman, y que arranca una confesión de su autora, quien descubrió su cine durante su juventud en París:
 “Vi El séptimo sello en una reposición y decidí en ese momento ser directora”. 
Por eso viaja a la playa —la zona cero del mito Bergman— donde se filmó la famosa partida de ajedrez de ese drama, habla con cineastas y con expertos en su obra, recorre su paisaje vital en Estocolmo y Faro, e interroga a amigos y familiares.
 Así aparece Daniel Bergman, uno de sus nueve hijos, que incide en el pasotismo de su padre con sus vástagos, lo que les provocó un enorme dolor. 
Por no hablar de su relación con las mujeres, a las que, según Daniel, “embarazaba y abandonaba, como si las marcara o les dejara un regalo”.

Von Trotta descubre que a Bergman le gustaban los culebrones estadounidenses, como Dallas o Dinastía, algo que también subraya Magnusson. 
Cuando falleció Bergman, un magnate noruego compró su casa y catálogo todos sus objetos, excepto su videoteca, que despreció. Magnusson se ofreció a hacer esa labor, y encontró que al genio le interesaba todo tipo de cine, desde Pearl Harbor a Granujas a todo ritmo, además de los clásicos obvios: Buñuel, Tarkovski... “Liv Ullman cuenta que, efectivamente, le gustaba ver soap operas en televisión. 
Por cierto, en su colección solo había un documental, que estaba centrado... en él mismo”.
Magnusson incide más en el lado oscuro de Bergman, su faceta de gruñón, su comportamiento como rey del teatro y del cine sueco. “Obviamente, se lo permitieron tanto sus coetáneos como sus colaboradores.
 Incluso sus esposas.
 Poca gente habla mal de él y prefieren en recordarle como su gran amigo”, ríe la cineasta sueca. 
 “Estaba obsesionado con su trabajo, y puede que si hubiera sido un buen padre, no habría hecho tantas obras maestras”. 
Su filme usa como motor el año 1957, cuando Bergman, con 38 años, estrena El séptimo sello, rueda Fresas salvajes y otras dos películas más, dirige cuatro obras de teatro, tiene ya seis hijos de tres matrimonios, sufre úlceras estomacales, graba su primer telefilme, y mantiene a la vez cuatro relaciones sentimentales. 
“Es el inicio de su gran carrera, cuando descubre en su interior el director que querrá ser”.

 

Nuevo revés para Marina d’Or: sus aguas no son medicinales

El Gobierno valenciano revoca el permiso para ofrecer servicios de hidroterapia y la patronal de balnearios intenta que deje de usar este término.

   

Complejo Marina d'Or en Oropesa (Castellón). En vídeo, anuncio de Marina d'Or.
Marina d’Or, la ciudad de vacaciones que el empresario Jesús Ger levantó a pocos metros del mar en Oropesa, Castellón, y que en 2014 protagonizó una colosal suspensión de pagos, ha sufrido un nuevo revés.
 Las autoridades sanitarias valencianas han concluido que el establecimiento que se presenta como “el mayor balneario científico de agua marina de Europa” carece, en realidad, de “aguas mineromedicinales y termales con fines terapéuticos y preventivos para la salud”.
 La empresa ha recurrido la decisión ante los tribunales.

La resolución administrativa implica, de entrada, la revocación del permiso para ofrecer servicios de hidroterapia médica en la clínica que tiene en su complejo. 
Pero el problema puede ser mayor. 
 La Asociación Nacional de Balnearios, que instó la apertura del expediente, va a pedir a continuación que la empresa deje de utilizar el término balneario en su publicidad, al considerarlo un engaño.
“El turismo de salud es un sector emergente y no queremos que se genere confusión.
 Presentarse en el mercado como algo que no se es, al final, es un fraude”, afirma Miguel Mirones, presidente de la entidad que agrupa a la mitad de los 120 balnearios españoles con aguas mineromedicinales declaradas de utilidad pública.
 Su concesión, tras un análisis de la composición del agua, corresponde a la Dirección General de Minas.
Marina d’Or no utiliza agua de manantial.
 La capta del mar a través de una conducción que se adentra cientos de metros en el Mediterráneo. 
 Ante la desautorización de la Generalitat, su portavoz ataca el concepto de aguas termales:
 “Para tratamientos de balneoterapia, el agua mineromedicinal no es tan útil terapéuticamente como el agua de mar, que tiene una mineralización mucho más fuerte.
 En el caso de terapias como el calor o la presión, en la balneoterapia se pueden realizar con cualquier agua, incluso con agua del grifo, que tiene muy pocas diferencias con las aguas mineromedicinales”. 
El portavoz defiende también el uso del término balneario: “Balneario significa lugar donde uno se baña, y bañarse uno lo puede hacer con agua del mar o con cualquier otra”.

En recuperación

El contratiempo llega cuando Marina d’Or está transmitiendo la idea de que ha iniciado la recuperación. 
La crisis golpeó a la empresa y hundió el negocio inmobiliario, dejando cientos de apartamentos sin vender. 
Pero el grupo ha resistido apoyado en la división turística, que incluye el balneario y cinco hoteles, y este año ha alcanzado un acuerdo con los acreedores para levantar la suspensión de pagos de su sociedad constructora y promotora, Comercializadora Mediterránea de Viviendas (Comervi).
 La deuda concursal se elevaba a 221 millones. 
El pacto ofrecía a los acreedores entrar en el capital o aceptar una quita del 65% de la deuda con un plazo de devolución de 10 años. Un total de 31 millones se han capitalizado, mientras que la empresa ha alcanzado acuerdos singulares con la Sareb y la Agencia Tributaria.
Para sobrevivir, Ger, que nació hace 72 años en Barcelona, empezó trabajando de comercial en una tienda de colchones de Castellón y es aficionado a la cirugía estética
. Ha tenido, sin embargo, que redimensionar sus ambiciones. Su última renuncia, este mes, ha consistido en fusionar su constructora Comervi con Marina d’Or Golf, propietaria del suelo con el que hace una década protagonizó la mayor operación inmobiliaria de la Comunidad Valenciana, un territorio fértil en proyectos urbanísticos desmedidos.
 El empresario ha luchado por mantener Marina d’Or Golf alejada del concurso de acreedores, pero al final no ha podido evitarlo.

La fusión hace más improbable todavía la reactivación del plan de Ger, que preveía multiplicar casi por 20 la actual Marina d’Or levantando, sobre 18 millones de metros cuadrados, una auténtica ciudad: 35.000 viviendas, seis hoteles —que albergarían una pista de esquí, una reproducción de la Torre Eiffel y canales inspirados en Venecia— y tres campos de golf diseñados por Sergio García y Greg Norman.
 El proyecto, valorado en 6.000 millones, fue frenado por la crisis y anulado por el Tribunal Supremo.
Ger encarnó el arquetipo del rey del ladrillo, incluida la propensión a mantener estrechas relaciones con políticos que tenían influencia sobre sus proyectos y la fama de competidor implacable.
 Y ahora ha vuelto a desconcertar al mercado.
 A mediados de 2017 se lanzó a comprar bares y restaurantes en Valencia con el objetivo, dijo, de desestacionalizar su negocio. Reunió medio centenar, pero este verano los ha puesto todos a la venta.
Desde hace una década se han sucedido regularmente las noticias sobre el deseo de grandes inversores por comprar Marina d’Or. Desde Sheldon Adelson, el magnate norteamericano impulsor de Eurovegas, hasta Wanda, el gigante empresarial chino.
 El único interés que se ha concretado ha sido, sin embargo, el de Corea del Norte, que después de enviar una delegación a Oropesa decidió levantar su versión del complejo valenciano en la península de Kalma.

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Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón, la pasada Navidad en Vitoria. GETTY

 

So long, Marianne Leonard Cohen