A sus 63
años nunca ha vivido con una pareja, no tiene hijos y lucha por su
libertad como el último hombre en la tierra. Su nuevo disco se llama
'Rebelión'.
"No
se puede mimar al mal. La mansedumbre es peligrosa. Los buenos somos
muchos más que los malos. Estamos obligados a combatir al mal". Jorge
Martínez, 35 años en la primera línea del rock con su banda, Ilegales.Javier Rosa
Advertencia: fuera de los círculos del rock Jorge Martínez puede ser
un tipo con ideas demasiado descarnadas, algunas veces irritantes. O
dolorosamente realistas.
Pregunta: "Tienes 63 años. ¿Has dejado de hacer algo por cuestiones de edad?". Respuesta: "Nada. Absolutamente nada"
Este asturiano duro de 1,86 es parte fundamental del rock de este país.
Por su honestidad, por su ingobernabilidad, por el respeto que expele,
por unas letras que nos recuerdan que alguna vez fuimos jóvenes con
ganas de combatir a todo tipo de autoridad.
Él lo sigue haciendo.
Es un
músico sincero y certero.
También un bocazas, con opiniones sin
codificar.
Con su grupo, Ilegales, ha vendido millones de ejemplares y
llenando recintos por toda España.
Hubo una época en la que Jorge Martínez siempre salía a la calle con un stick
de jugar al hockey.
Para lo que surgiera. Se vestía de mod, con su
elegante abrigo de paño, la camisa blanca y la corbata negra.
Y el
amenazador stick en la mano.
Con 63 años, confiesa que sigue
pensando como cuando tenía 20... con algunos matices. Estos días edita
nuevo álbum con Ilegales, Rebelión.
La vida de
excesos de la exesposa de Andrés de Inglaterra vuelve a la actualidad
por la boda de Eugenia, la segunda hija del matrimonio que se casa el
viernes.
Sarah Ferguson, con Isabel II en el hipódromo de Ascot.GTRES
Si algo está valorado en el protocolo de las casas reales es la mesura y la discreción y si algo no tiene Sarah Ferguson es
precisamente eso. Sin duda si alguien ha sacado de sus casillas a
Isabel II ha sido ella durante los años en que fue su nuera y también
cuando dejó de serlo. Pero en esta última época, con el paso del tiempo y
la distancia, la relación entre ambas ha mejorado. También porque la
soberana se ha relajado en sus normas. La historia de Fergi, que estuvo casada durante seis años
con Andrés de Inglaterra, vuelve a la actualidad por el matrimonio de su
segunda hija, Eugenia, que el próximo viernes se casa con Jack
Brooksbank, en una boda que sus padres quieren que se asemeje a un enlace real, aunque ella en realidad solo ocupe el noveno puesto en la línea de sucesión al trono.
Fue Diana de Gales
quien presentó a la pareja y, tras un breve noviazgo, el 23 de julio de
1986 se casaban. Los primeros años de matrimonio estuvieron marcados
por las obligaciones del duque con la Marina, por lo que estuvieron
separados mucho tiempo. En agosto de 1988 nació Beatriz y dos años más
tarde, Eugenia. "Casarme con Sarah ha sido la mejor decisión de mi
vida", dijo el príncipe Andrés durante una entrevista en 1991. Un año después la pareja se separaba. La noticia se filtró a TheDaily Mail
24 horas antes de que la casa real británica emitiera el comunicado
oficial. El detonante de la ruptura fueron unas fotos de Fergi con el
millonario tejano Steve Wyatt y la petición del duque de Edimburgo a su
hijo de que actuara. Andrés y Sarah fueron vistos cenando juntos la noche antes de
anunciar su separación. Era la antesala de lo que ha sido su peculiar
divorcio. Ambos han mantenido una excelente amistad que les ha llevado a
compartir casa y pasar vacaciones juntos. “Mis padres
son la mejor pareja de divorciados”, ha llegado a decir la princesa
Eugenia. Tanto que el príncipe Andrés afirmó en 2000 durante una
entrevista con Tatler que nunca había descartado una segunda
boda con la madre de sus hijas. Eso si, ambos han tenido parejas aunque
nunca han llegado a formalizar ninguna de sus relaciones. En 2012, Sarah Ferguson coqueteó con los realities y en unos
de ellos habló de su matrimonio. "Me casé con mi marido porque lo
amaba, solo que él era un príncipe. En palacio [Buckingham] había
demasiadas reglas y restricciones. No sabía qué hacer”.
Sarah Ferguson, con sus hijas Beatriz y Eugenia.GTRESONLINE
Primero adorada y después odiada por los ingleses, Fergie, narró cómo
los errores de su pasado continuaban asediándola. Tras ser pillada por
una cámara oculta del periódico sensacionalista News of the World intentando
vender a un falso empresario contactos comerciales con su exmarido a
cambio de dinero, Sarah tocó fondo emocionalmente.
Fue entonces cuando
decidió cambiar su vida.
Y aquí es dónde comienza un duro viaje que se
plasma en Buscando a Sarah, un programa de telerrealidad,
en la cadena de la presentadora Oprah Winfrey.
"Mi padre me llamaba
oveja tonta. Y me decía que parecía un payaso y que tenía que crecer y
dejar de ser tan tonta”, señala ante la cámara.
“Esta mañana me he mirado al espejo.
Y me miraba y me miraba y me he
dicho: no me extraña que nadie te quiera, eres horrible”, declaró.
En
otro momento del programa reconoció ser “adicta a la aprobación”. “En
cierto modo me alegro de ser una adicta porque al menos podré darle un
nombre.
No entendía que pudiera tratarse de una adicción porque no se
trata de alcohol, drogas, tabaco... La aprobación, adicta a la
aprobación.
Tengo un diagnóstico. Creí que solo era un tren
descarrilado”, añadió.
Fergie ha sido una persona non grata en la corte de los Windsor
por sus aventuras sexuales, su codicia, y sus meteduras de pata
ampliamente difundidas. Uno de sus últimos escándalos fue cuando la fiscalía turca pidió pena de cárcel
para ella por grabar en un orfanato. La justicia la acusó de un delito
contra el derecho a la privacidad en la infancia por rodar un documental
con cámara oculta en septiembre de 2008. En él denunciaba las precarias
condiciones de los orfanatos y centros para discapacitados en Turquía. Pero su momento más comprometido fue cuando fue pillada en un vídeo vendiendo el acceso a su exmarido
el príncipe Andrés por 590.000 euros. Todo fueron justificaciones.
"Había bebido y estaba por los suelos. No era mi mejor momento",
reconoció. Y añadió: "Es caro vivir como duquesa de York". En este tiempo lejos del paraguas de palacio, la que un día fuera
duquesa de York ha hecho de casi todo desde escribir cuentos a ser
imagen de una firma de productos de adelgazamiento.
El mítico
presentador de OT, que triunfó en las pasarelas y trabajó para
Almodóvar, protagoniza en la actualidad un culebrón sobre su vida en los
platós.
Carlos Lozano el pasado septiembre en el programa 'Gran Hermano VIP'.CORDON PRESS
No publica nada en Instagram desde mediados de julio, y su último tuit es del 23 de agosto.
En la red social de las fotos, Carlos Lozano compartió sus vacaciones junto a su hija Luna, de 14 años.
En Twitter, el presentador lanzó una cadena de mensajes contra el programa Sálvame
ya que ese día se hablaba de él.
Un mes después de despotricar ante sus
veinticinco mil seguidores sobre este tipo de programas y de haber
alardeado históricamente de no haber vendido nunca su vida porque se la
ha ganado con su profesión, el pasado sábado Lozano se sentó en el Deluxe.
Allí volvió a criticar a Miriam Saavedra, su última pareja y concursante de Gran Hermano VIP.
Allí volvió a criticar a Miriam Saavedra, su última pareja y concursante de Gran Hermano VIP.
Un culebrón del que muchos
cuestionan su autenticidad, más aún después de las respuestas poco
coherentes que el presentador dio a Ana Rosa Quintana al lunes
siguiente.
A punto de cumplir 56 años, este es el panorama del que fue
el presentador más popular de España a principios de siglo.
La historia de Carlos Lozano con Mónica Hoyos y Miriam Saavedra que hoy monopoliza la trama de Gran Hermano
es el cuento de nunca acabar. Lozano conoció a la primera en 1999, y
vivieron su amor en el momento álgido de la carrera de él, cuando
presentó la primera edición de Operación Triunfo. Terminaron hace diez
años, pero nunca se han separado del todo. Más allá de su hija, han
mantenido un contacto continuo en forma de amistad pero con la licencia
de opinar sobre las relaciones del otro. La modelo y actriz peruana
confesó recientemente que el presentador influyó para que no funcionara
su noviazgo con Cayetano Martínez de Irujo. Él explotó contra ella hace dos semanas durante la gala de GH por haberse entrometido continuamente en su vida en pareja con Miriam Saavedra. Lo hizo en presencia de esta última, una modelo peruana 30 años más
joven que conoció a principios de 2016 y con la que presuntamente ya no
está. Ambas mujeres han estado en guerra desde el minuto uno por la
atención del presentador. Hoy ellas comparten la casa de Guadalix
mientras los tres se lucran de sus desavenencias.
Carlos Lozano ha decidido sacar tajada también del espectáculo que
protagonizan sus exmujeres. Lejos quedan sus años de modelo, en los que
llegó a desfilar en las principales pasarelas del mundo y para las
mejores firmas, como Versace o Armani. Su salto a la pequeña pantalla
fue en La Ruleta de la Fortuna, y a partir de ahí su progresión fue de ascenso continuo. Estuvo en Con T de Tarde junto a Terelu Campos, en Noche de Fiesta junto a José Luis Moreno, y de ahí a su gran salto: presentar la reedición de El Precio Justo, donde conoció a Mónica Hoyos que trabajaba como azafata. Antes había tenido un pequeño papel en la oscarizada Todo sobre mi madre. De ponerse a las órdenes de Pedro Almodóvar a presentar uno de los programas más exitosos de la historia. El fenómeno de Operación Triunfo convirtió a Carlos Lozano en una de las caras más conocidas, y también popularizó la forma en que se refería a Chenoa o Rosa de España, con expresiones como “guapísima”, o “mi niña”. El triunfo de OT se apagó tres años después y desde entonces
Lozano ha participado en proyectos televisivos mucho menores. En 2016 se
recuperó su figura para el gran público y encarnó una historia de
segundas oportunidades al participar como concursante en Gran Hermano VIP. Llegó a la final, pero no ganó. Sin embargo dejó los mejores momentos del reality
y consiguió que se hablase de él más que de nadie. Desde entonces ha
presentado dos programas de telerrealidad más para Mediaset y ha
trabajado en Sálvame a principios de este año como defensor de
la audiencia. De trabajar en el programa de Jorge Javier Vázquez a
hablar pestes del formato en Twitter para después sentarse como
entrevistado. Además, un colaborador del programa asegura que el
culebrón no es más que un montaje entre Carlos Lozano y Miriam Saavedra
para ganar dinero y que ambos siguen juntos. Real o no, hoy los minutos
de televisión para él pasan por exhibir su intimidad. !Que poca "clase" tienen esos tres.!!
Pues bien, se procede al besamanos de rigor y el presidente Sánchez y
su esposa, Begoña Gómez, permanecen junto a los Reyes para dar la
bienvenida a los invitados. Un error de protocolo. Los errores de
protocolo deben atribuirse a los que durante los actos oficiales han de
estar al tanto de que todo transcurra según esas normas escritas que
casi nadie ha leído ni sabe hasta que se ve en situación. Si ese error
se hubiera cometido en los años de esa Transición que estos actuales
entusiastas del protocolo dicen venerar, sospecho que todo hubiera
acabado en risas, en anécdota, y que el propio rey Juan Carlos, sí, él,
hubiera salido del engorroso asunto con una broma. Había un mayor
espacio para la naturalidad. De pronto, oh, somos un país de expertos en protocolo. Sobre todo,
cuando se trata de afear el error de un presidente de izquierdas. Ya
durante el desfile se había respirado el clamor de desafección: se
escucharon gritos de okupa. Algo ciertamente punki para un desfile
militar. Para las personas que vociferaban ser un okupa es sinónimo de
delincuente peligroso. Más allá de que no comparto en absoluto la
criminalización del término, lo que querían los asistentes que llegara a
oídos de Sánchez es que está okupando el sillón de manera ilegal. Se
podría pensar que es porque en esta ocasión en concreto un socialista
okupa La Moncloa tras una exitosa moción de censura, que por otra parte
es un procedimiento irreprochablemente democrático, pero no. El rechazo
es más profundo y visceral. Al igual que en Toma el dinero y corre,
cuando la chica pretende explicarle a Woody Allen por qué lo deja
tirado, yo le diría a Sánchez: no les gustas, te detestan, no pararán
hasta desalojarte, pero no te lo tomes como algo personal. Y no lo es. Esta inquina responde a una vieja tradición de la derecha española, la
de creer que mientras ellos ocupan legítimamente el poder, la izquierda
lo okupa. Esa K no existía en la Segunda República pero sí el
significado que hoy la asiste como insulto. Solo hay que leer a Arturo
Barea en La forja de un rebelde para observar lo antiguas que
son las dificultades históricas que ha tenido la derecha a la hora de
aceptar el verse relegada a la oposición. A Sánchez le atribuyen falta
de categoría, de clase, ambición desmedida, pero no era menos insultante
lo que le gritaban a Manuel Azaña. Los mismos que señalan ferozmente indignados una metedura de pata en
el protocolo comprenden y alientan, en cambio, que el público asistente a
un desfile militar —que ellos tienen por solemne— se salte a la torera
la formalidad del momento insultando con rabia al presidente. Persiste
un clasismo visceral que alimenta la idea de que el poder siempre ha de
estar en manos de quien nazca sabiendo cómo ha de colocarse en un
besamanos. Otra pregunta que cabría hacerse es quién compone el público
que asiste cada año a ese desfile para montar la bronca si el presidente
no es de los suyos. Son españoles, desde luego, pero no de la misma
manera en que lo soy yo, y me niego a que persista la idea de que son
los guardianes de la esencia de una ciudadanía que entendemos de manera
opuesta. De alguna manera, a los ciudadanos que no comulgamos con sus ideas —y
aquí el verbo comulgar conjuga de perlas— nos tratan también como
okupas.