Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

23 sept 2018

El estilista Pelayo Díaz y su novio, el empresario Andy McDougall, se dan el ‘sí quiero’

En el enlace del conocido 'influencer', celebrado en Madrid, se han dejado ver conocidas figuras de las redes sociales, como Dulceida.

Boda Pelayo Diaz
Palayo y Andy en una foto reciente en Brasil.

 



El estilista, influencer e instagramer Pelayo Díaz ha contraído este sábado matrimonio con el empresario argentino Andy McDougall con el que comenzó una relación hace poco más de un año a través de las redes sociales.
 En el enlace del conocido influencer, celebrado en Madrid, se han dejado ver conocidas figuras de las redes sociales, como Hiba Abouk o Dulceida (vestida de Dolce & Gabanna) y su esposa Alba Paul. 
Entre los invitados que habían confirmado su presencia también se encontraban Marta Torné, Mario Vaquerizo y Alaska, Bibiana Fernández, Rossy de Palma, Pablo Sáez, Mónica Cruz y Paula Echevarría.
 Se esperaba también que pudieran acudir a la celebración compañeros de Pelayo en Bailando con las estrellas, su último proyecto televisivo. 
 
El enlace del asturiano (Oviedo, 1986) con su pareja ha sido "de todo menos normal", tal como anunció el propio influencer en las redes sociales, donde ha ido relatando sus sentimientos y los principales hitos de su relación: pedida de mano en Brasil con un anillo hecho con miga de pan, asistencia a fiestas acompañado de Andy, viajes (el último a Tenerife donde grabaron un vídeo preboda)...
“Aquí tenéis la razón del brillo en mis ojos... 
Feliz de anunciar que ¡estamos prometidos! Nuestra primera entrevista y fotos en exclusiva para revista Lecturas”.
 La publicación fue la primera en anunciar la boda, y Pelayo se hizo eco con este mensaje, que escribió en su Instragram, uno de sus canales favoritos para comunicarse con su legión de seguidores, que se autodenominan pelayers.
Pelayo genera impacto. Lo lleva haciendo desde 2012, cuando comenzó a salir con David Delfín.
 Su relación duró dos años, pero tras la ruptura siempre se mantuvieron unidos: “David, has sido la persona más maravillosa que he conocido en mi vida. 
Te vas pero me dejas tantos recuerdos felices, tantas risas juntos, tantas miradas cómplices, tantos viajes, tantos momentos secretos. Siempre tirando de mi mano, siempre abrazándome antes de que te lo pidiera”. 
Así se despidió Pelayo de su expareja, que falleció de cáncer en junio de 2017 después de dos años sufriendo la enfermedad y solo cinco meses después de que muriera, también de cáncer, Bimba Bosé, amiga de ambos. 
“Sufrí mucho en 2017”, reconoce Pelayo en la entrevista de Lecturas.
Antes de su relación con Delfín, Pelayo ya era conocido por a su blog de moda.
 Cuando se separaron, su fama aumentó gracias a las colaboraciones televisivas y se consolidó en Cámbiame, programa de Telecinco que arrancó en 2015 y que cambiaba la imagen de sus participantes. Junto a Pelayo, se sentaban las estilistas Natalia Ferviú y Cristina Rodríguez.
 El reality se convirtió en un fenómeno de audiencias.
¿Más detalles de la boda? 
Se irán conociendo en las redes sociales en las próximas horas. El Instagram del estilista dará cuenta. Seguro.



Así vistieron las ‘celebrities’ invitadas a la boda de Pelayo y Andy McDougall

Al enlace, celebrado este pasado sábado en El Escorial, asistieron 'influencers' como Dulceida o Gala González.

Así vistieron las ‘celebrities’ invitadas a la boda de Pelayo y Andy McDougall
Hiba Abouk, Gala González y Paula Ordovás no se perdieron la ceremonia. Foto: Instagram
 

La finca de la Granjilla, situada en el término municipal de El Escorial, fue testigo de una de las bodas más esperadas del año en el star-system nacional.
 Este pasado sábado 22 de septiembre el estilista televisivo Pelayo Díaz (Cámbiame) y el director ejecutivo de la firma Malibu Outfitters Andy McDougall contrajeron matrimonio en un enlace al que acudió lo más granado del papel cuché y de las redes sociales.
 Aunque requisaron los móviles de todos los invitados antes de entrar a la ceremonia, muchos de los asistentes recopilaron sus estilismos en Instagram bajo el hashtag #Pelandy, un juego de palabras similar al utilizado en su reciente boda por la influencer Chiara Ferragni y su pareja Fedez (#TheFerragnez).
La lista de invitados haría palidecer cualquier photocall propio de un evento de primera línea. Dulceida y Alba Paul, Hiba Abouk, Gala González, Paula Ordovás, María Escoté, Paula Echevarría, Alaska y Mario Vaquerizo, Bibiana Fernández, Mónica Cruz, Marta Torné o Rossy de Palma fueron solo algunos de los elegidos para vivir en primera persona el ‘sí, quiero’ de la pareja. Así es como vistieron para la señalada cita

 

Aquí paz y después gloria................................Juan José Millás


Aquí paz y después gloria
Juan José Millás 


AHÍ ESTAMOS USTED Y YO un poco disgustados por una cuestión de orden doméstico que no va a ninguna parte. 
Tal vez yo me he dejado la tapa del retrete subida esta mañana.
 Tal vez usted ha apretado el tubo de la pasta de dientes por el centro, en vez de por el extremo.
 Tonterías, sí, pero tonterías que envenenan la vida cotidiana. Aisladamente consideradas, carecen de importancia, pero se van sumando y al final constituyen un depósito de reproches mutuos que arrastramos (o que nos arrastran) allá donde nos desplacemos.
Ahora nos encontramos en las aguas termales de Jigokudani, en Japón
Un lujo. Significa que, pese a la expresión de disgusto de nuestros rostros, nuestros cuerpos están recibiendo un masaje tibio de esas aguas con propiedades medicinales.
 Bueno, bueno, un poco de placer sí se nos nota bajo la apariencia del fastidio.
 Observen, si no, la paz con la que apoyamos las manos en la roca. A lo mejor en el momento menos pensando yo me voy a volver para decirle a usted:
—Oye, que vale, sí, de acuerdo, que tengo esa manía con la tapadera del retrete, pero la compenso con otras virtudes. ¿Vamos a estropearnos un día como el de hoy por esa nimiedad?
 No todos los miércoles podemos pagarnos una sesión de spa.


—Tampoco lo de la pasta de dientes era para tanto —me responderá usted—, la verdad es que lo mismo me da apretar el tubo por un lado que por el otro.
Y entonces esos cinco dedazos del primate de la derecha cubrirán amorosamente los cinco dedazos del mono de la izquierda y usted y yo nos abrazaremos con pasión simiesca y aquí paz y después gloria. 

Jokin, Carla, Arancha, Diego, Lucía....................Rosa Montero

Conozco mujeres y hombres a los que el acoso infantil ha dejado una huella indeleble. Necesitamos campañas nacionales, anuncios, una ley estatal.
DESAYUNO JUNTO a la ventana abierta un sábado de septiembre mientras truena y llueve.
 El cielo está plomizo pero entreverado de las punzadas de luz de un sol que se obstina en asomar.
 Reina un bochorno tropical y, aun así, cierta intuición de frescor anuncia el otoño que se acerca.
 De repente escampa; los coches emiten al pasar un siseo de agua y la calle se llena.
 Veo familias con sus hijos en la alborotada calma del fin de semana
. Y adolescentes solos en pequeñas manadas. Hay niños felices, niños que van delante del grupo dando brincos, niños modosos que parecen adultos, niños rémora que van colgando de las manos de sus padres, niños acongojados arrastrando los pies que tal vez tengan un fantasma que les muerde las tripas.
 Igual que los montoncitos de quinceañeros: los hay de todo tipo.
  Cardúmenes felices o chavales sombríos que, aislados de los demás, dan patadas al aire al caminar. 
Todas ellas, todos ellos, comenzarán las clases en dos o tres días (cuando lean este artículo ya llevarán unas dos semanas). Según Unicef, uno de cada diez está sufriendo acoso escolar.
 He visto pasar a muchos más de diez: todos esos críos acarreando su infierno. 
Espantados del futuro que se les acerca. Y los otros, los otros también cuentan: los verdugos. 
¿Cuántos de los chicos y chicas que están caminando bajo mi ventana son verdugos? A los padres les suele preocupar que su hijo sea una víctima, como es natural, pero a menudo ni siquiera se plantean que sea un torturador. 
Pero ahí están, existen. Los verdugos y los cobardes que los secundan.
 Solemos hablar de la depresión de la vuelta al trabajo y de la aspereza de la vida adulta.
 Nuestra memoria, que es una cuentista piadosa, suele adornar y mitificar la infancia. 
Yo más bien creo que es un tiempo de dolor y de terrores; de suprema indefensión e incomprensión del mundo. 
Y, además, de ella depende gran parte de lo que somos. “El niño es el padre del hombre”, dice un verso de Wordsworth reconociendo ese peso fundacional de nuestra niñez. 
Soy peleona y confío en la capacidad de superación del ser humano, pero a veces el maltrato es tan extremo que algunos no lo logran
. Conozco mujeres y hombres a los que el acoso infantil ha dejado una herida indeleble. Y luego están los que sucumbieron. Jokin, de 14 años, que se mató en 2004 arrojándose al vacío desde la muralla de Hondarribia tras ser atormentado durante dos cursos por sus compañeros. 
Fue la primera vez que se habló masivamente del acoso escolar en nuestro país. O Carla, de 14 años, que se despeñó desde un acantilado de Gijón en 2013; era estrábica y le hicieron la vida imposible. 
Y Arancha, de 16, en 2015 y en Madrid, con incapacidad intelectual y motora, que se tiró por el hueco de una escalera desde un sexto piso tras ser atormentada públicamente por un compañero sin que nadie hiciera nada. O Diego, también en Madrid, que se arrojó desde una quinta planta en 2016 con tan sólo 11 años. Todos ellos volando hacia una muerte que parecía mucho más dulce que sus vidas
. Una excepción en el método fue Lucía, de 13 años, que se ahorcó en su casa de Murcia el año pasado. Sus compañeros le clavaban lápices en la espalda.
Necesitamos campañas nacionales, anuncios en televisión, una ley estatal.
 El último informe de Aldeas Infantiles SOS evidencia que ni siquiera hay datos muy fiables (un indicio de nuestra falta de interés). 
 Según el Ministerio de Educación, el acoso en España es del 3,8%. Según PISA, del 6%; Save the Children habla del 9,3%, y Unicef, ya lo dije, del 10%. Yo creo que en ­realidad la incidencia debe de ser mayor.
 Las fundaciones ANAR y MM dicen que uno de cada tres niños ha visto situaciones de acoso en su clase, y un reciente trabajo de la Universidad Politécnica de Valencia establecía que el 24% de los alumnos lo habían sufrido en alguna ocasión.
 El informe Cisneros, un gran estudio de 2006, apuntaba un dato estremecedor: un 3,8% de los alumnos señalaban a los profesores como autores del maltrato que recibían.
 Veo pasar a los niños y a los adolescentes bajo mi ventana, cada uno arrastrando el secreto de su herida, de su terror o de su crueldad, y me pregunto: hasta cuándo vamos a permitir que suceda esto.