Con la
muerte del galerista salen a la luz detalles de la historia del hombre
que mantuvo una relación con la princesa y fue amigo de Carlos de
Inglaterra.
La princesa Diana, el príncipe Carlos, Oliver Hoare y su esposa Diane en Ascot en 1986.Getty Images
Solo con un exceso de sofisticación, elegancia y encanto puede salirse
indemne de un episodio tan rocambolesco como ser pillado desnudo tras
una maceta, en los jardines del palacio de Kensington, tras haber tenido supuestamente una noche de amor con la princesa Diana de Gales.
Oliver Hoare murió el pasado martes en Francia a los 73 años víctima
del cáncer.
Se llevó con él los secretos de una relación turbulenta y
obsesiva que mantuvo ocupados durante años a los tabloides británicos.
Galerista,
eminente experto en arte islámico, devoto del sufismo, viajero que
recorrió el mundo en busca de piezas inéditas, protegido en su juventud
por una princesa iraní, Hamoush Azodi-Bowler, que se lo llevó con ella a
Teherán cuando apenas tenía 20 años donde aprendió a leer árabe y
persa, Hoare será recordado como uno de los amantes más exquisitos de
Lady Di, capaz de mantener a la vez una relación amistosa y profunda con
el príncipe Carlos de Inglaterra.
Ambos se conocieron cuando Diana tenía 24 años, en una fiesta celebrada en el castillo de Windsor
en 1985 con motivo de las carreras de caballos del hipódromo de Ascot. Cuentan los testigos que la princesa se quedó impresionada de ese hombre
moreno, bronceado, culto y con una simpatía natural que le sirvió hasta
el final para moverse a sus anchas entre la aristocracia británica. Educado en el elitista colegio de Eton, su trampolín hacia esas alturas,
sin embargo, se lo proporcionó su mujer Diane, una rica heredera
francesa con la que tuvo tres hijos y a la que permaneció unido hasta el
final, a pesar de sus supuestas infidelidades.
Hoare, a diferencia de otros hombres que pasaron por la vida de Diana
de Gales, siempre utilizó el desdén y la ironía para contestar a los
múltiples rumores sobre su aventura extramarital. Negó los detalles,
pero no el fondo de la historia.
Solo con un exceso de sofisticación, elegancia y encanto puede
salirse indemne de un episodio tan rocambolesco como ser pillado desnudo
tras una maceta, en los jardines del palacio de Kensington, tras haber tenido supuestamente una noche de amor con la princesa Diana de Gales.
Oliver Hoare murió el pasado martes en Francia a los 73 años víctima
del cáncer. Se llevó con él los secretos de una relación turbulenta y
obsesiva que mantuvo ocupados durante años a los tabloides británicos.
Galerista,
eminente experto en arte islámico, devoto del sufismo, viajero que
recorrió el mundo en busca de piezas inéditas, protegido en su juventud
por una princesa iraní, Hamoush Azodi-Bowler, que se lo llevó con ella a
Teherán cuando apenas tenía 20 años donde aprendió a leer árabe y
persa, Hoare será recordado como uno de los amantes más exquisitos de
Lady Di, capaz de mantener a la vez una relación amistosa y profunda con
el príncipe Carlos de Inglaterra.
Ambos se conocieron cuando Diana tenía 24 años, en una fiesta celebrada en el castillo de Windsor
en 1985 con motivo de las carreras de caballos del hipódromo de Ascot.
Cuentan los testigos que la princesa se quedó impresionada de ese hombre
moreno, bronceado, culto y con una simpatía natural que le sirvió hasta
el final para moverse a sus anchas entre la aristocracia británica.
Educado en el elitista colegio de Eton, su trampolín hacia esas alturas,
sin embargo, se lo proporcionó su mujer Diane, una rica heredera
francesa con la que tuvo tres hijos y a la que permaneció unido hasta el
final, a pesar de sus supuestas infidelidades.
Hoare, a diferencia de otros hombres que pasaron por la vida de Diana
de Gales, siempre utilizó el desdén y la ironía para contestar a los
múltiples rumores sobre su aventura extramarital. Negó los detalles,
pero no el fondo de la historia. Agobiada ya por una vida de ataduras y compromisos, Lady Di soñaba
con abandonarlo todo y huir con un hombre 16 años mayor que ella. Llegó a
planear una ruptura simultanea de sus respectivos matrimonios con la
que entonces era su cuñada, Sarah Ferguson,
la duquesa de York. Ambas utilizaban un nombre clave para referirse al
galerista: Tregunter Road, la calle donde Hoare y su mujer residían en
el lujoso barrio londinense de Chelsea.
La princesa Diana y el Mayor James Hewitt en imagen de archivo
Hoare nunca tuvo intención de abandonar a su mujer, y el idilio
terminó al poco tiempo, en contra de la voluntad de Diana. El galerista
llegó a recibir en su domicilio hasta 300 llamadas anónimas e
inquietantes. Sin mensajes. Solo silencio. La investigación policial
rastreó las líneas telefónicas y el hilo llevó hasta algunos teléfonos
móviles propiedad de Diana Spencer o a cabinas telefónicas cercanas al
palacio de Kensington, su residencia oficial. Hoare retiró la denuncia.
Nunca quedó del todo claro. En la famosa entrevista televisiva con
Martin Bashir, Diana admitió a regañadientes que al menos había llamado a
Hoare media docena de veces. El episodio dañó la reputación de la
princesa, pero apenas rozó al galerista. Tras la muerte de Diana de Gales, Hoare y el príncipe Carlos
reanudaron su amistad. Una muestra del peculiar modo con el que la
clase alta británica sobrelleva los asuntos extramaritales, pero también
la prueba del peculiar carácter de ambos hombres.
Carlos nunca entendió que Diana, a la que siempre miró por encima del
hombro, pudiera haber despertado el interés de alguien tan culto y
sofisticado. Hoare fue hasta el final un defensor del príncipe de
Inglaterra, incluso en sus momentos más delicados tras conocerse su
relación con Camilla Parker-Bowles. Una persona que tenía mucho que aportar al Reino Unido, con valores firmes y frecuentemente malentendido. Lady Di nunca reconoció en público su relación con Oliver Hoare, a
diferencia de las que mantuvo con otros hombres, como el oficial de
caballería James Hewitt, el cirujano Hasnat Khan o el último, Dodi al Fayed, junto al que la princesa falleció el 31 de agosto de 1997 en un trágico accidente de coche en París.
Está previsto que el fenómeno meteorológico impacte en la costa sureste el viernes con riesgo para la población.
El ojo del huracán Florence visto desde la Estación Espacial Internacional.Foto: ALEXANDER GERST / GTRES. Vídeo: ATLAS
A la víspera de su llegada a tierra, el "extremadamente peligroso" huracán Florence ha rebajado un escalón su fiereza −de categoría 3, a 2 sobre 5−,
pero mantiene todo su potencial destructivo en su avance hacia el
sureste de Estados Unidos. Se prevé que el ciclón llegará entre la noche
del jueves y la mañana del viernes, según el Centro Nacional de
Huracanes (CNH), y los potenciales afectados ya están tomando las
precauciones posibles. Cinco Estados —Georgia, Carolina del Norte,
Carolina del Sur, Virginia y Maryland, además de la capital del país,
Washington DC— han declarado la situación de emergencia ante la llegada de Florence,
que se espera que llegue con "marejadas ciclónicas y lluvias que
pondrán en peligro la vida humana en amplias porciones de las Carolinas y
otros Estados de la costa este", según el CNH. Más de 10 millones de
estadounidenses viven en zonas con alerta de huracán o tormentas
tropicales. En
Charlotte, una ciudad al interior de la costa de Carolina del Norte,
hacía un sol esplendido en la tarde del miércoles.
Pero eso no es
garantía de nada para sus habitantes.
James Hubert, de setenta y pico,
recuerda que el desastroso huracán Hugo, que causó 34 muertes y
millonarias perdidas en ensembles en 1989, azotó la ciudad una soleada
mañana.
"Yo no sé qué esperar para de este huracán.
Dicen que impactará
en mayor medida en Charleston -ciudad costera-, pero lo mismo dijeron
con Hugo y finalmente fue peor aquí", narra Hubert, que no ha tomado más
precauciones que recoger los muebles de su patio. Broks Shellay, de 51,
ha sido más precavido.
El hombre ha vivido toda su vida en Carolina del
Norte así que dice estar acostumbrado a los huracanes.
Para este, ha
congelado alimentos, comprado medicinas y litros de agua extra.
"Estoy
ansioso por ver lo que se viene. Mi madre y mi hermana viven en la costa
y eso me preocupa, pero no quisieron venir aquí para protegerse",
lamenta.
Los expertos han advertido de que el ciclónamenaza
con generar "catastróficas inundaciones" cuando azote la costa sureste
del país. Pedro Colin, jardinero de 32 años, ha tenido que trabajar
horas extra para acabar un trabajo que le supondría días. Su jefe teme
que las lluvias puedan arruinar la labor a medio hacer. Colin, en su
propia casa, ha llenado de tierra las zonas bajas de su patio y ha
puesto concreto en huecos que pueden hacer que entre el agua. "Soy
mexicano y este es mi primer huracán así que me estoy preparando. Compré
agua, comida para siete días, llené el estanque de gasolina, ahora solo
queda esperar", comenta.
El Servicio Meteorológico Nacional informó de que 5.25
millones de personas viven en áreas bajo advertencia o alerta de huracán
y que otros 4.9 millones residen en zonas con alertadas de tormentas
tropicales. El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que su Administración está "totalmente preparada" para responder a Florence. El
huracán bajó una categoría este miércoles hasta alcanzar la número tres
y los vientos máximos descendieron de 205 kilómetros por hora a 185,
pero mantiene su fortaleza, dimensión y organización de su ruta hacia
tierra firme. Las autoridades continúan haciendo un llamamiento a
evacuar y tomar precauciones. "¿Quieren que les pegue un tren o un
camión de cemento?", preguntó Jeff Byard, de la Agencia Federal para el
Manejo de Emergencias, aludiendo a que hay que tomar medidas. En Plaza Midwood, un residencial barrio de Charlotte, la preocupación
mayor son los enormes árboles que decoran sus avenidas. Kelly, de 54
años, teme que los vientos y las lluvias torrenciales terminen por hacer
caer los antiguos troncos. Llegó a la ciudad justo después del huracán
Hugo, por lo que esté será su primer gran ciclón. En su casa, tienen
baterías de emergencia por si se corta la luz y junto a su pareja han
revisado todos los bordes de las ventanas y puertas. A sus hijos, que
estudian en Raleigh, una ciudad más al interior del Estado, les ha dicho
que se queden el fin de semana allá. "Creo que es más seguro a que
estén aquí", aseguró. La peligrosa marejada ciclónica provocará que áreas que son
normalmente secas cerca de la costa se inunden por un aumento del nivel
del mar que podría alcanzar entre 2,7 y 4 metros de altura desde Cabo
Fear a Cabo Lookout, con "olas grandes y destructivas", han resaltado
los meteorólogos. La acumulación total de lluvia que dejará este
fenómeno meteorológico también se estima muy elevada, entre 50 y 76
centímetros. Además de Florence, en el Atlántico está activo otro huracán, Helene,
que perdió este miércoles intensidad y pasó a categoría 1 —al bajar sus
vientos máximos sostenidos a 150 kilómetros por hora— en la escala de
Saffir-Simpson, de un máximo de 5. Helene se encontraba esta tarde a
1.405 kilómetros al oeste-noroeste de las islas de Cabo Verde, en la
costa noroeste africana, y a 2.170 kilómetros al sur-suroeste de las
islas Azores. Los expertos vaticinan que Helene experimentará un
"gradual debilitamiento" durante las próximas 48 horas y "se degradará a
tormenta tropical el jueves".
Un niño recibe una dosis de una vacuna en Quimper (Francia). FRED TANNEAU (AFP / GETTY)
La Organización Mundial de la Salud (OMS) sitúa la insuficiente vacunación infantil, en buena parte causada por los padres que se niegan a inmunizar a sus hijos,
como uno de los principales riesgos que acechan el bienestar de los
europeos. Así lo destaca el informe presentado hoy por la oficina
europea de la institución, que agrupa a 57 países del continente. El documento destaca que Europa ha obtenido en los últimos años grandes avances en la salud de su población. Prácticamente todas las causas de mortalidad se han reducido
(un 25% en 15 años de media), lo que se ha traducido en un aumento de
la esperanza de vida (casi un año en un lustro, hasta los 77,9) y
también en un aumento de la calidad con la que los mayores disfrutan de
esos años que viven más. Estas mejoras, sin embargo, pueden verse "ralentizadas" o
"invertidas" si no se adoptan medidas para hacer frente a problemas
estructurales como la desigualdad y a fenómenos como la no vacunación de
los niños. La OMS también pone el foco en los malos hábitos de vida
—consumo de tabaco y alcohol, obesidad...— estrechamente relacionados
con la desigualdad dentro de los propios países. Europa, por ejemplo, es el continente que más bebe (8,6 litros de alcohol puro por habitante),
el que más fuma (casi uno de cada tres europeos lo hace) y el segundo
en sobrepeso (más de la mitad de la población) tras América. La OMS apuesta por cambios legislativos y fiscales, como el impuesto
sobre bebidas azucaradas del Reino Unido (Cataluña ha adoptado una
medida similar en España), para combatir los malos hábitos de salud de
la población. Sobre las vacunas, la OMS insiste en sus conclusiones presentadas
hace unas semanas que denunciaba, por un lado, el crecimiento de los
movimientos antivacunas y, por otro, el acceso a las inmunizaciones por
carencias de los sistemas de salud, especialmente en países del sureste
del continente como Rumania. Stein lamentó que "haya mucha
desinformación" en algunos países y sectores, con padres creyendo por
"informes desacreditados" que algunas vacunas provocan autismo. Con 83 años de media, España sigue a la cabeza de los europeos más
longevos y disfruta de uno de los mejores sistemas sanitarios (el
tercero, según el informe). La otra cara de la moneda es que los
españoles beben y fuman más que el resto de europeos y presentan peores
niveles de sobrepeso: un 68% tiene un índice de masa corporal superior a
25 y un 24% es obeso. El informe también hace un balance de la marcha del proyecto Salud
2000, una batería de medidas destinadas a mejorar la salud de la
población que tenía entre uno de sus objetivos principales reducir a un
ritmo del 1,5% anual la mortalidad por varias dolencias. En general, y
pese a todos los riesgos, los responsables de la OMS se muestran
satisfechos y confirman que los objetivos se están alcanzando, aunque
—otra vez— alertan de que los avances no se están logrando al mismo
ritmo en todos los países. El informe de la OMS de este año presenta algunas mejoras respecto a
los anteriores, aunque mantiene algunas carencias. Entre las primeras,
la más importante es que incluye datos subjetivos sobre la
autopercepción que los ciudadanos tienen sobre su salud y la vida que
llevan. En este punto destaca que los europeos se declaran como los más
satisfechos con la vida que llevan de todo el mundo. En el lado negativo
está el rechazo de varios países a que se publiquen muchos datos
segregados por país, por lo que solo es posible conocer las medias del
continente.
La literatura científica ha demostrado que, en sociedades
desarrolladas como la europea, son los sectores con bajos indicadores
socioeconómicos quienes peores hábitos de vida y mayores niveles de
sobrepeso presentan. Las diferencias, por ello, son tanto entre países
como dentro de los propios Estados. "Es muy alta", afirmó Claudia Stein,
directora de la o ficina de la OMS en Europa, en referencia a la
distancia existente en la esperanza de vida entre el país más longevo
(Luxemburgo, con 83,1 años) y Moldavia (71,6).