"Mientras Valls y Gallardo apuestan por el color, los jóvenes prefieren ser vampiros"
Manuel Valls y Susana Gallardo en portada de 'Paris Match'.PARIS MATCH
Esta semana el amor ha compartido portadas.
En la de Paris Match, Susana Gallardo junto a Manuel Valls, dándose una segunda oportunidad en todo. Menorca ha sido el punto de encuentro de esta nueva pareja que mezcla jet set
con política, una combinación que recupera muchísima actualidad y que
podría ser la respuesta a todo el conflicto independentista.
Un ex
primer ministro francés como alcalde de Barcelona apoyado por una de las grandes damas de su sociedad.
Ya era un secreto a voces: Menorca es el nuevo Saint Tropez.
Sin embargo, nuestras revistas del corazón están más interesados en
atraer al público joven y han reunido a un nuevo grupo de celebridades
con tanto futuro como la Inteligencia Artificial.
El grupito veinteañero está más unido por Louis Vuitton e Instagram
que por cualquier religión o política.
Me gustó Chabelita desde que la
vi en una fotografía XL en la casa de El Rocío de su mamá, Isabel
Pantoja.
Allí te recibían sendos retratos de su hija, célebre desde que
llegó a España y de Francisco Rivera, Kiko, su hijo, célebre
desde la cuna.
Chabelita parecía mirar como un cóndor desde ese retrato
descomunal.
En ese entonces Chabelita salía pixelada en las revistas.
Cuando estaba a punto de abandonar ese tratamiento fotográfico, se
descubrió que estaba embarazada de su primer novio, Alberto Isla, que llevaba en su nombre todo el aroma del culebrón andaluz.
Chabelita es mamá y se ha casado ya dos veces, igual que Manuel
Valls.
Esta semana ha habido rumores de que se casaría una tercera vez,
con Omar Montes.
De las islas a los montes pero siempre conservando esa
melena que parece un guiño a la de su mamá y con un ojo atinado para
los estilismos.
Chabelita cambia de novios pero es fiel a las
extensiones, las gafas maxi y unas chancletitas que hablaban por ella
cuando intentaba pasar muda delante de la prensa
. Su nueva conquista y
aporte es Omar.
El rapero tiene las ideas claras en cuanto a estilo.
Y
también en cuanto a la tarifa por actuación, 7.000 euros por conciertos
de 30 minutos, según Semana. Omar viste piezas de apariencia
sencilla pero de marca grande.
Le fascinan los básicos pero que se lea
Gucci o, como en sus chanclas favoritas, Calvin, en una, y Klein en la
otra. ¡Nos falta muchísimo por aprender de estos chicos!
Georgina Rodríguez paseando por Milán.INSTAGRAM
Georgina Rodríguez, novia de Ronaldo y madre de su hija,
está volcada en su operación triunfo en Italia. Gio es un año y medio
mayor que Chabelita. Esa madurez le facilita una mayor estabilidad en
las relaciones, todavía no se ha casado, al contrario que Chabelita, que
es reincidente. Ambas se dejan fotografiar con sus parejas,
volviéndoles el mejor accesorio. Georgina mezcla estéticas y remata con
un look que evoca la calle Serrano y alguna esquina del
extrarradio, algo que para esta generación no es deplorable, es ese
toque étnico que consigue que todo encaje, aportando autenticidad. Las
nuevas parejas se comunican a través de su ropa, su verdadera pasión. Algo que antes hacían los monarcas o mujeres-símbolo como Jackie Kennedy o Diana de Gales.
Ahora ves a Georgina y Ronaldo caminando por Turín, donde viven en dos
villas conectadas entre sí, recurriendo a ese truco de los Beckham de combinarse en plan mimético. Ronaldo va de camisa blanca y vaqueros negros superajustados y Georgina se pone un top negro y shorts de infarto pero con una chaquetita blanca. Es un pelín asustante, verla atrapada en esa combinación de short
que se canibaliza a sí mismo y chaquetita como para entrar a misa.
Mientras Valls y Gallardo apuestan por el color, los jóvenes prefieren
ser vampiros. Felipe de Marichalar apareció por Marbella con una bandana estilo Amante bandido.
Felipe, cuarto en la sucesión a la jefatura del Estado, podría
aprovechar la puesta de largo de su hermana Victoria Federica para
invitar a Chabelita y Georgina y así reventar portadas y barreras
sociales . Pero quizás sea prematuro y poco aristocrático. Tienen que
seguir girando un poco mas en sus respectivas órbitas antes que eso
ocurra. Mientras esperamos, la influencerMaría Teresa Campos
apuesta por la fuerza arrasadora del botín blanco. Las grandes cadenas
de tiendas de moda están llenas de botines blancos para vender esta
temporada y entre las primeras en ponérselos está Tere Campos caminando
segura hacia el otoño.
¿Se ha movido usted mucho este verano? Seguramente no tanto como
acostumbraba Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957), autor de El gatopardo. Su rutina estival incluía en los años veinte “un viaje largo por
Europa, iniciado con una larga estancia en Inglaterra, seguida de un
breve trayecto por Francia y de una escala en Austria, antes de reunirse
con su madre para terminar en el Tirol”. Lo cuenta Gioacchino Lanza
Tomasi, pariente y heredero del escritor italiano, en la introducción al
volumen epistolar Viaje por Europa. Correspondencia (1925-1930), traducido por Juan Antonio Méndez.
Editado por Acantilado, es una deliciosa reunión de cartas llenas de
humor enviadas desde el extranjero a sus primos en Sicilia, los Piccolo,
dos hermanos exquisitamente excéntricos: Casimiro, pintor dado a hablar
con los espectros, y Lucio, poeta y músico medio ocultista cuyo éxito
despertó al escritor que había en Lampedusa. Lanza Tomasi y su esposa Nicoletta Polo, duques de Palma, no se permiten
unas vacaciones tan largas como las del viejo noble autor de una sola
obra maestra. Tampoco pueden tirarse el verano en el castillo de
Donnafugata para ver si la ralentización propia de la estación apacigua
las llamas del cambio social, como hace el príncipe Salina en El Gatopardo,
novela situada en 1860 tras el desembarco en Sicilia de Garibaldi. Así
que ahí estaban los dos, a mitad de julio, con todas las ventanas del
palacio en el que viven abiertas de par en par para combatir el calor
pegajoso de Palermo. A este edificio del siglo XVIII con vistas al puerto se mudó el escritor
durante la II Guerra Mundial, después de que una bomba redujera a
escombros el palazzo donde nació (y que hoy alberga un
condominio de apartamentos de semilujo). El hogar de la pareja es un
museo lleno de cosas que recuerdan al príncipe: la biblioteca
superviviente, el retrato del abuelo aficionado a la astronomía que
inspiró el personaje de Don Fabrizio (Burt Lancaster en la inmortal
adaptación al cine de Luchino Visconti; otro noble, aunque más rojo) o
las versiones de ElGatopardo. La que se dio a imprenta en 1958, hace ahora 60 años, y el manuscrito que nutre la edición definitiva de 2002.
El palacio también funciona como “alojamiento boutique”. La
pareja alquila por Internet 12 apartamentos que “brindan una experiencia
encantadora” a una heterogénea tribu de turistas transatlánticos
fascinados por la grandeur mediterránea y por la hospitalidad
que Polo, políglota, ha ido “perfeccionando con los años”. La
experiencia incluye el trato con Lanza Tomasi, refinado profesor,
escritor y musicólogo e intérprete de todas las cosas Lampedusa.
Gioacchino, que ya portaba su propio pedigrí, fue adoptado por este en
1956, “una práctica habitual en la nobleza siciliana de la época para
preservar el nombre y los títulos”, según cuenta el biógrafo David
Gilmour. El chico tenía 23 años, y, además de fiel amigo y vibrante
conversador, era el hijo que nunca tuvo el novelista. La adopción llegó poco después de que El Gatopardo fuese
rechazado por el sello Mondadori a instancias del autor siciliano Elio
Vittorini, en una de las malas decisiones más famosas de la historia
editorial (Vittorini se reafirmaría al año siguiente, esta vez requerido
por Einaudi). Otro escritor, Giorgio Basani, apostó en Feltrinelli por
la novela de un autor novel de 60 años que había pasado toda su vida
leyendo más de cuatro mil libros, con predilección por Stendhal y por la
armada inglesa. Se preparaba sin saberlo para construir un monumental
edificio mitad autobiográfico, mitad recuento histórico de una época que
la Italia de entonces no había colocado aún en su sitio.
Lanza Tomasi y Nicoletta PoloPRISCILLA DI BENEDETTI
Lampedusa murió de cáncer de pulmón en 1957, sin ver su obra publicada, lo que le convierte, según Javier Marías(Vidas escritas),
en “uno de los pocos escritores que nunca se sintió escritor ni vivió
como tal”. Lástima que su autor no estuviera allí para verlo; El Gatopardo
fue un éxito inmediato, ganó el premio Strega y dividió a la
intelectualidad italiana entre los que la despacharon como decadente y
conservadora y los que abrazaron su extraordinaria calidad literaria. A
través de las décadas ha mantenido su carácter de tótem cultural.
Lanza Tomasi, que sirvió de inspiración al personaje de Tancredi (Alain Delon
con parche en el cine), comparte la herencia con los sobrinos (y
sucesores) de la viuda, Alessandra Wolf Stormersee, ya fallecida, que en
el libro de cartas es definida como “una osa báltica, imponente y
estirada”.
“La princesa fue engañada de un modo infame por el sello
Feltrinelli”, explica Lanza Tomasi.
“Al principio tal vez tuvo sentido.
Era un autor desconocido.
Así que le pagaban el mínimo: 1,5% por la tapa
blanda y un 6% por la dura.
Pero a los 20 años, al renovar el contrato,
Inge Feltrinelli ¡le ofreció prácticamente lo mismo cuando ya había
vendido tres millones de copias!”.
Wolf —“que se fiaba solo, y
demasiado, como se ve, de las mujeres”— murió en 1982.
Hoy, las obras
completas de Lampedusa las publica, paradojas de la vida, Mondadori,
mientras que la heredad literaria la maneja con más talento para los
negocios el temible agente Andrew Wylie.
El encargado del legado prepara una biografía del escritor
A sus 84 años, Lanza Tomasi, que anda escribiendo una biografía de su
pariente y es autor de libros sobre Bellini, Verdi o Satie, muestra un
pícaro sentido del humor y un español a veces indescifrable mientras
guía al visitante por el palazzo, auténtica cueva de los tesoros,
también los suyos. En las habitaciones se suceden el retrato y la
biblioteca de su madre, la aristócrata española María Conchita Ramírez
de Villa Urrutia y Camacho, todo un personaje, la colección de relojes o
los recuerdos de sus años como director artístico de algunos de los
teatros más importantes de Italia.
Hablando con él, en una conversación que salta con facilidad de la
lingüística estructural a Donizetti (“el más insípido de todos los
grandes compositores italianos”), se tiene la impresión de asistir a los
últimos ecos de un refinado mundo, donde, como muestra el libro de
Acantilado, erudición y buen gusto vienen a ser lo mismo y la gente
viaja, no hace turismo. En las cartas a sus primos, Lampedusa, que se
hace llamar El Monstruo, proporciona comentarios políticos,
chismes de variada índole, postales bucólico-artísticas de la campiña
inglesa, indagaciones sobre la porcelana de Sèvres y mucha autoironía. El descubrimiento y puesta en circulación de ese valioso material, “un precedente del estilo de El Gatopardo
y de los cuentos del autor”, se debe al tesón de Lanza Tomasi. Ninguno
de sus tres hijos (de dos matrimonios) y cuatro nietos se dedican a
preservar ese legado. “Cuando él falte”, dice Polo, “tomaré yo el
relevo; soy 20 años más joven”.
Un mar terrible
“Yo ya soy muy mayor, pero ese mar se va a convertir en un lugar
terrible. Todo es bastante desastroso: nuestro alcalde es un loco
completo, [el ministro del Interior italiano] Salvini es lamentable. Y a
Trump, no hay más que verlo. Puede sonar aristocrático, pero basta con
mirarlo andar”, opina Lanza Tomasi tras el almuerzo, servido con guantes
en un luminoso comedor. ¿Y la mafia? “Aquí la mafia es como el rey. La
mafia ha muerto... ¡Viva la mafia!”. Los invitados a comer eran participantes en uno de los famosos cursos
de comida siciliana de Nicoletta, que consisten en “quedar pronto,
acudir al mercado, comprar lo necesario y cocinarlo durante la mañana
para al final comérselo”, según explica una de las aprendices,
subdirectora en un colegio pijo de Londres. El menú del día giró en
torno a unos ruvidelli con pesto, estilo trapanese, y unas sardinas beccafico. El duque departió con los comensales en inglés, español, francés y alemán. Británicos, australianos, estadounidenses, daneses o austriacos,
huéspedes de los apartamentos o no, se juntaron con otros amigos de la
familia a la noche siguiente en los salones del palacio para celebrar la
fiesta de la patrona, Santa Rosalía, la más importante del año en
Palermo, una procesión popular que culmina en unos fuegos artificiales
que estallan frente al palazzo. Terminada la cena, Lanza Tomasi
se escabulló por las entrañas del edificio para salir por una minúscula
puerta a la muralla española por la que paseaban las viudas de la
nobleza apartadas del mundo.
La princesa se menciona en las cartas como una osa báltica estirada
Lo cierto es que los derechos de autor de El Gatopardo
caducarán en 2027 y hoy Lampedusa suena en el imaginario colectivo mucho
más a la terrible crisis migratoria del Mediterráneo que a la gran
literatura, aunque en el fondo ambas tengan que ver: la árida isla del
mismo nombre, símbolo de la acogida y frontera con África, fue propiedad
de la familia del escritor hasta que la vendieron en 1840 al rey de
Nápoles por 12.000 ducados.
La biblioteca de Giuseppe Tomasi Lampedusa, conservada en el palacio Lanza TomasiPRISCILLA DI BENEDETII
Abajo, hormigueaba la gente entre los puestos de tiro y las barracas. Y entonces, tras dos días de prolongada conversación sobre El Gatopardo
y sus circunstancias surgió al fin la insoslayable frase. Ya saben,
aquella que dice Tancredi a su tío, se repite hasta la náusea por
lectores y no lectores de la novela y ha alumbrado hasta un concepto, el
gatopardismo, que vendría a definir la astucia conservadora: “Si
queremos que todo permanezca como está, hace falta que todo cambie”. Al
escucharla, Lanza Tomasi suspira, mira hacia Palermo, y dice. “Hoy, como
entonces, las cosas no machan bien en Sicilia. Y hoy, como siempre, las
predicciones pesimistas son las únicas que se cumplen en esa isla”.
El director dejará inmediatamente todas sus responsabilidades artísticas y de gestión en el teatro.
Lluís Pasqual, director del Teatre Lliure.JOAN SÁNCHEZ
Lluís Pasqual tira la toalla y deja la dirección del Teatre Lliure. Después de la campaña en su contra del pasado julio en la que una joven actriz lo acusó en Facebook de vejarla
en los ensayos y salió a la luz que parte de los trabajadores del
teatro cuestionan su gestión y su trato, Pasqual inaugura el nuevo curso
anunciando que se va y que lo hace de manera inmediata. El director había recibido, en forma de manifiesto público
con grandes nombres de la escena, el apoyo de buena parte de la
profesión teatral, pero el Lliure, a instancias del comité de
trabajadores, decidió estudiar las acusaciones, "para velar por la salud
y la integridad" de los empleados, un proceso que debía iniciarse
durante la nueva temporada. En una carta enviada el viernes al presidente la Fundación Teatre
Lliure/ Teatre Públic de Barcelona, Ramon Gomis, Pasqual, uno de los
hombres de escena más prestigiosos de Europa, que fue uno de los
fundadores del Lliure y lo ha dirigido los últimos siete años, señala: "Lo que ya empezó como una calumnia en las redes sobre mi comportamiento
como director de escena y más tarde como director del Teatre Lliure se
ha convertido en un debate público en el que se han mezclado muchas
cosas, pero la consecuencia grave es que ha contaminado al equipo humano
del Lliure, y se ha convertido en un debate interno". Y continúa:
"Hasta ahora, siempre en los teatros que he dirigido, en el Lliure
también, he tenido el pleno apoyo del equipo, absolutamente
imprescindible para sacar adelante un proyecto que en las condiciones
actuales me siento incapaz de liderar. No sería bueno para ningún
teatro, no lo sería para el Lliure, tampoco para mí". La campaña abierta contra Pasqual empezó con las quejas personales de la
actriz Andrea Ros, que fueron recogidas por un anónimo colectivo
feminista, Dones i Cultura, que vertió en un manifiesto sin nombres
graves acusaciones sobre el comportamiento del director, describiéndolo
como un déspota y mencionando abusos y malos tratos. La campaña se
imbricó con las quejas de un sector de los trabajadores del Lliure
descontentos y con las críticas privadas de miembros del Patronato
históricamente opuestos a Pasqual por razones profesionales y
personales. La aspiración de artistas jóvenes a cambiar el rumbo del
Lliure y hacerse con sus riendas en un relevo generacional frente a una
dirección y un modelo que consideran agotados juega un papel también la
crisis, así como la situación política de Cataluña. Hay sectores,
incluso en el Patronato del Lliure, del que forman parte las
administraciones catalanas, que no ven con buenos ojos la equidistancia
de Pasqual y lo que consideran escaso compromiso con el procés. Esos
sectores consideran que el Lliure, ejemplo histórico de catalanismo y
una de las puntas de lanza del arte escénico catalán, ha de ser una
herramienta más que se posicione inequívocamente en la lucha por la
independencia. Desde esa perspectiva, se ha visto mal que Pasqual no se
sume con más énfasis a campañas como la del lazo amarillo o la petición
de libertad para los políticos presos por el procés.
Pasqual apunta: "Un teatro y un equipo son un espacio de encuentro
dialéctico, no un lugar de confrontación. Y si yo soy el motivo de esta
confrontación lo mínimo que puedo hacer por respeto al teatro y a mí
mismo es dejarlo. No me interesa el poder. Lo tuve en las manos desde
muy joven y siempre me ha parecido solo un peaje ingrato que permitía,
si no otra cosa, arrancar proyectos artísticos".
La decisión abre una grave crisis en el
Lliure pues se había previsto una transición ordenada y pausada para la
salida de Pasqual
El director de teatro explica en su carta: "Comunico que renuncio a
los dos años de prórroga de mi contrato que me fueron propuestos por el
pleno del Patronato en su última sesión del 28 de junio". Y también
comunica su dimisión a partir de este momento de todas sus
responsabilidades, tanto de gestión como artísticas que contrajo con el
Teatre Lliure para esta temporada 2018-2019.
Crisis en la institución
La decisión abre una grave crisis en el Lliure pues se había previsto
una transición ordenada y pausada para la salida de Pasqual, que ya
había dicho que era su última etapa, a lo largo de los dos años
acordados (inicialmente eran cuatro). Pasqual además debía dirigir un
espectáculo sobre Lorca en marzo. En su carta, Lluis Pasqual agradece al presidente de la Fundación del
Lliure su "apoyo y confianza, y también el de la Junta de Gobierno y el
del patronato" en el período que han coincidido al frente del Lliure. También da las gracias "a todos los artistas, técnicos y teatros" que le
han apoyado públicamente "en estos momentos graves y difíciles". Y
finalmente agradece "profundamente a todas las personas de buena
voluntad, técnicos, artistas y espectadores la magnífica aventura que
hemos podido vivir juntos durante los pasados siete años". El Lliure ha hecho público un comunicado ante la dimisión de Pasqual en
el que informa que se mantiene la reunión del Patronato prevista para el
14 de septiembre, "cambiando la orden del día para tratar este asunto". Mientras, "el equipo de dirección actual del Lliure continuará la tarea
del día a día, con la voluntad de cumplir la programación de la
temporada 18/19 y dar continuidad a la línea de éxitos mantenida durante
estos últimos años bajo la dirección de Lluís Pasqual". La nota sigue: "El presidente del patronato y el equipo de dirección del Teatre Lliure
lamentan las circunstancias que han hecho tomar esta decisión a Lluís
Pasqual, reconociendo su excelente trabajo al frente del Teatre Lliure y
deseándole lo mejor en su trayectoria profesional".
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, escribió ayer en su cuenta de
Twitter: "El Teatre Lliure seguirá siendo un referente imprescindible de
la escena teatral mundial, como lo ha sido bajo la dirección de Lluís
Pasqual, un imprescindible a quien Barcelona querrá y reconocerá
siempre. Gracias Lluís".
Desde
Illiers, el pueblo de la tía Léonie, hasta la playa de Cabourg, el
Balbec de 'En busca del tiempo perdido', un viaje por los escenarios
reales y literarios del gran escritor francés.
Rumbo a la Normandía de Proust
Desde
Illiers, el pueblo de la tía Léonie, hasta la playa de Cabourg, el
Balbec de 'En busca del tiempo perdido', un viaje por los escenarios
reales y literarios del gran escritor francés
La playa de Houlgate, en Normandía (Francia). Getty Images
Llegué a Illiers
desde París en tren, agotada, cansada, eso es todo lo que recuerdo. Pero no recuerdo ver la iglesia que Proust no se cansa de describir en
el primer tomo de En busca del tiempo perdido. Mi alojamiento
está al lado de la iglesia, de hecho, pero así es el mundo: cuanto más
cerca, más lejos, y cuanto más pequeño, más inabarcable. Eso mismo debió
de sentir Proust, una inmensidad tal en sus veranos de niño que solo
recordarlo le llevó a emprender la hazaña más descomunal de la
literatura del siglo XX. La dueña de mi bed & breakfast se
ha encargado además de narrármelo todo tan anticipadamente por teléfono
que podría ahorrarme todo el viaje y contarlo sin salir de mi
habitación. Y esa es la tentación: tragarme las tres magdalenas que
Laurence me ofrece y echarme a dormir. Pero me levanto, inspecciono mi
cuarto y encuentro un libro de Baltasar Gracián: “Uno de los rasgos de
la ignorancia es creer saber mucho”. Así que me pongo en marcha y me
decido a salir.
Una magdalena en el museo de Proust en Illiers-Combray.JEAN-FRANCOIS MONIERGetty Images
Paso
por la calle principal del pueblo, la Rue du Docteur Proust, y no me
entero. Paso por delante de la casa de sus abuelos y no quiero verla.
Tuerzo a la izquierda, en dirección a la casa de la tía Léonie (tía
Elisabeth en la realidad) y acabo desembocando como hipnotizada frente a
una enorme tienda de pompas fúnebres. Diferentes modelos de tumbas,
desde las más historiadas hasta las más discretas, se postran ante mí,
como últimos modelos de coches de lujo. A dos pasos tropiezo sin
quererlo con la Maison de Tante Léonie.
En este lugar, donde tanto él esperaba el beso de su madre, en el patio
donde por las noches Proust oía las interminables tertulias con el
señor Swann, yo tengo mi primer arrebato proustiano. Hay libros sobre
Proust en el pequeño mostrador y una postal con la que me quedo: la
imagen que Man Ray hace de Proust recién muerto . En su rostro sobresalen
las mejillas hundidas y las ojeras. Pero lo más impresionante es que no
parece muerto, sino más vivo que cuando estuvo vivo. A mi lado, dos
niñas con sus abuelas siguen la curiosa visita por la casa, y un loco de
Proust que aparece de pronto, vestido exactamente como él, o como el
señor Swann, con su chaquetilla y su sombrero de paja. Este es el lugar exacto de la escena inicial de En busca del tiempo perdido (o simplemente La Recherche),
ese momento en que el niño Marcel, desde su cama, espera a que su madre
despida al señor Swann y suba a darle un beso de buenas noches. Un beso
que se demora durante varias páginas hasta que la oye subir por las
escaleras, las mismas que ahora subo yo detrás del extraño personaje. Es
una casa de finales del siglo XIX, la casa de los Amiot, comerciantes
del pueblo con los que tía Elisabeth ha emparentado. El tío Jules (oncle
Octavio en la novela), cuya tienda sigue en la plaza del pueblo, tiene
aquí también su habitación, y de él Proust extrae, junto con otros
modelos de París, algunos de los rasgos que definen al personaje más
inolvidable de la novela: el burgués diletante que se equivoca a lo
grande y que ama a quien no debe.
Entretanto, visitamos las habitaciones donde tante Léonie yacía
enferma, aquejada del mal de los hipocondríacos. Está claro que los
illierenses adoran a este personaje. Es ella la que aloja en su casa a
Marcel, a su hermano Robert y a sus padres durante los veranos en
Illiers-Combray. Y ahí está el cuarto de Proust de niño, y el de sus
padres, y la ventana desde la que tante Léonie le daba
significado a todo. Nada se le escapaba a la tía de Marcel desde su
posición de estratega, y será este el mayor aprendizaje que Proust
adoptará en la segunda parte de su vida, una vez que sus padres mueren. Esa es la técnica de su escritura, la del encamado que gira y gira sobre
su órbita, mientras ve desfilar al otro lado de los cristales a los
personajes de su vida. Eso supone para Proust este pequeño pueblo de
cuatro calles y un par de plazas, rodeado de una inmensidad tan vasta
que todo el universo se concentra aquí.
ampliar fotoLa casa de la Tante Léonie, en Illiers-Combray.JEAN-FRANCOIS MONIERGetty Images
Los jardines de Swann
Así salgo yo del museo, medio mareada. Quiero perderme sola por los
andurriales que Proust conoció, y enseguida los encuentro. El Jardin du
Pré-Catelan, diseñado por tío Jules, y que sirvió de modelo para los
jardines de la mansión de Swann. Y los caminos que bordean los campos de
avena y trigo, cruces de caminos que dan a su vez a otros caminos que
llevan a Méséglise, Tansonville, Guermantes… Los recorro en la más
absoluta soledad y paso por el seto de flores de espino donde el niño
Marcel se encuentra con Gilberta, la hija de Swann en su libro. Hay
ahora allí un matrimonio de ancianos sentados en el mismo banco y
recreándose con seguridad en la primera vez que se dieron la mano. En
estos pensamientos transcurre mi paseo, entre el olor a paja y el sonido
del agua que lleva el Loira. Estoy en pleno centro neurálgico del mundo
desdoblado que nos presenta Proust en La Recherche, un mundo de dos caminos, el de Swann y el de Guermantes, el de la aristocracia y el ancien régime y el de la alta burguesía a la que él pertenece. Pero todo esto ocurre en un lugar perdido en el middle west francés.
Interior del museo de Proust, en Illiers-Combray.Alamy
A estas alturas ya me importa poco la iglesia y el campanario que aún
no he visto, y la casa de sus abuelos, que me han dicho que está
enfrente. He cruzado el río, he dejado atrás el camino de Vinteuil y me
oriento otra vez hacia la plaza del mercado. En la oficina de turismo
pregunto por la otra plaza, la de la iglesia. Con eso daré por cumplida
mi visita. La encantadora joven que me atiende me explica que la iglesia
está ahí, y me lleva de la manga a verla. ¡Sí, claro, Saint-Hilaire!, y
doy de bruces con ella. Parece toda una narración y no un templo cristiano. Me remite incluso
a la cúpula del baptisterio de Florencia, donde Dante aprendió la
estructura circular que daría lugar a su Divina comedia. Hay
algo en este lugar que abriga y contiene la totalidad del exterior, como
si los campos de afuera, todo ese inmenso granero que es la región de
Centro-Valle de Loira, viniera a almacenarse aquí. Y algo tiene además
de desván nutricio, con sus compartimentos de madera separados para que
no se mezclen la cebada y el centeno. No es una mala coincidencia,
Proust y el pan. Y La Recherche, como un inmenso granero, un enorme clasificador .
Pero esa noche en Illiers no podré pegar ojo. Llevo todo el día con
la foto de Man Ray en el bolso y ahora que estamos solos Proust y yo, él
muerto y yo viva, me muero de miedo Como no podía ser menos, allí me encuentro al atildado personaje del que vengo huyendo desde la casa de tante
Léonie. Está tomando notas en su cuaderno, frente al pórtico de
Saint-Jacques (el nombre real del santuario). Debería decirle algo a
este hombre, hacernos amigos, pero opto por esquivarle y meterme en el
templo. ¡Y de pronto me doy cuenta de que estoy en un granero! Un
prodigioso granero de una sola nave cuyo interior me conmueve por su
simplicidad. Al fondo, una luz, un foco arroja claridad sobre un
segmento de muro donde un hombre trabaja minuciosamente decapando la
pintura que cubre los frescos. Es un restaurador, un artista, pero
también podría ser un agricultor, alguien concentrado en separar q211
La playa de Carbourg, en Normandía.L. LeloupCRT Normandie
Viaje a la playa
Al día siguiente, mi querida Laurence me lleva a la estación. Mi ruta
para el segundo día es desandar el camino en tren desde Illiers hasta
Chartres, y desde allí en Blablacar hasta Cabourg, en Normandía: el
Balbec de La Recherche. Si Centro-Valle de Loira es el granero
de Francia, Normandía es la leche y el calvados. Pero antes, en
Chartres, tengo tiempo para visitar una de las catedrales góticas más
hermosas del mundo. La rodeo y la sensación que tengo es que sin esta
catedral, sin estos entornos arquitectónicos que Proust conoció muy
bien, La Recherche tal vez no hubiera existido. He reservado una habitación por un dinero que en mi vida he gastado.
Nadie lo sabe aún, pero los sensitivos franceses de esta zona parecen
vislumbrarlo: Proust y yo cumplimos años el mismo día. Cuando me
encuentro con la conductora de mi Blablacar se lo cuento. Ah, qué bien,
me dice, yo acabo de cumplir 24. Me siento sin pensarlo en el lugar del
copiloto. Mi compañera de viaje me anuncia que aún vamos a buscar a otra
pasajera, de quatre-vingt-quatre, precisa. La mujer de 84 se conserva muy bien y se mete detrás como una atleta.
La playa de Cabourg, en Normandía (Francia).René MattesGetty Images
El camino de dos horas y media en coche, desde Chartres a Houlgate,
resulta ser una travesía por el paisaje que va cambiando de las llanuras
amarillas a las praderas verdísimas llenas de vides y de pastos. La
mujer de quatre-vingt-quatre resulta ser normanda. Mientras el
coche circula por la Nacional 154 que nos llevará hasta la costa, le
pregunto si recuerda el desembarco de Normandía. “Sí, claro, yo tenía
cinco años”, dice toda coqueta. Y también recuerda esta misma carretera
invadida por los alemanes, con sus metralletas. Todo eso recuerda esta
mujer, que además me habla de Proust como de un vecino. “Venía a
Cabourg”, comenta, “pero cuando él murió, yo aún no había nacido”, me
dice, para que no haya lugar a confusión. “¿Y va usted al Grand Hôtel?” Sí, le digo. “Pues desde Houlgate a Cabourg aún hay una tiradita, y a la
hora a la que llegamos no pasa el tren. Espera…”, dice. Entonces saca
su móvil, llama a su hija y le da indicaciones de dónde recogernos y
adónde me debe llevar. Y así es. Nada más llegar a Houlgate, la pasajera
se agarra a mi brazo y le pide a su hija y a su yerno que me lleven a
Cabourg. En el camino hablamos español. La hija y su marido han vivido
varios años en Chile, y cuando me despido, delante del Grand Hôtel,
tengo por un momento la sensación de haber vivido un encuentro poético.