Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

12 may 2018

Solo Quiero Estar Contigo

Nueva York escrito en la cara............................. Elvira Lindo.

La escritora neoyorquina Vivian Gornick reivindica su actitud crítica ante cualquier acontecimiento.

 

La escritora Vivian Gornick, el pasado viernes, en Barcelona.
La escritora Vivian Gornick, el pasado viernes, en Barcelona.
Cuando vivía en Nueva York estaba convencida de que yo llevaba Madrid escrito en la cara. 
Al menos así lo sentía muy poderosamente cuando estando sola en un restaurante daba por hecho que mi rostro delataba mi origen. Cuando algún camarero o vecino me preguntaba si era italiana, israelí o griega me resultaba chocante.
 Vaya, ¿cómo no ven que llevo Madrid escrito en la cara? 
En eso estaba pensando cuando vi la noche del miércoles entrar a Vivian Gornick en un restaurante del barrio de las Letras. 
Me levanté, nos besamos, nos sentamos frente a frente y les aseguro que ahí estaba de pronto Nueva York. Nueva York en sus cuatro puntos cardinales, con toda su espina dorsal, del Bronx a Staten Island.
¿Saben ustedes lo que es una mujer encarnando una ciudad? 
 Eso es Gornick con respecto a Nueva York: la risa explosiva y abierta; 
 la mirada directa, irónica, alerta siempre; la voz gruesa, imponente, que puede tornarse de pronto en intimidatoria; la disposición a cerrar las frases con un giro ingenioso;
 una fortaleza física que desafía inviernos heladores y veranos asfixiantes y ese desparpajo envidiable, de personas seguras del espacio que ocupan y de que la calle es suya.
Qué privilegio cenar con esta neoyorquina irredenta que ha hecho de la ciudad salvaje el gran personaje de su literatura.
 Leímos su Apegos feroces, porque hemos sido muchos los entusiastas de ese libro en el que pasean la escritora y su madre, y ahora nos llega La mujer singular y la ciudad, que es una suerte de continuación de esa diarista que pasea y escribe, que recuerda y escribe, que transcribe las conversaciones con el amigo gay que toda escritora debe tener y que reproduce las conversaciones que a diario mantiene con desconocidos o las frases extraordinarias, sacadas de contexto, que caza al vuelo.
 Hay que deambular mucho por la calle para ser Vivian Gornick, y hay que tener un empecinado empeño en que nada ni nadie coarte el grado de libertad necesario para contar una verdad íntima y perturbadora.

Nos cuenta Vivian que en los últimos tiempos se ha convertido en una especie de celebrity local y que las señoras le asaltan en la calle para decirle, “¿qué, has escrito ya otro libro?”. 
Eso es mucho en una ciudad en la que se combinan con extraña armonía el poder aplastante de la soledad con las habituales conversaciones entre desconocidos que atenúan la sensación de ser invisible.
Fue Vivian Gornick una joven feminista radical, y ahora es una feminista de la vieja escuela, una old feminist, como ella se define, y esa actitud se aprecia en lo que escribe.
 Su mirada hacia los hombres no es furiosa sino irónica, descreída y en sus recuerdos vibran tanto la voluntad de amar como una especie de asunción de que mujeres como ella están hechas para andar solas por la vida.
 Las escenas sexuales me apasionan, por lo que tienen de desprejuiciadas y gamberras, aunque no haya pretensión en la autora de epatar, sino de narrar sin tapujos. 
En un pasaje en el que se encuentra a un viejo amigo de su infancia en el Bronx, dice así:
 “Acabamos en la cama y una intensa y dulce felicidad, que ninguno habíamos imaginado que sentiríamos, nos pilló desprevenidos.
 Una tarde, cuando estábamos haciendo el amor, le hice una mamada. Cuando terminé, Le dije:
—El sueño de todos los chicos del Bronx, que una chica de su calle se la chupe.
Manny se recostó sobre la cama y rio de esa forma suya tan franca y sencilla. Eso me excitó más que nada de lo que nuestros cuerpos estaban haciendo”.
The Odd Woman and the City. Qué evocador suena en inglés. Todos los adjetivos que puede contener odd pueden adjudicársele a ella: peculiar, rara, distinta, no convencional, insumisa, idiosincrática e impar, o lo que es lo mismo: mujer sin pareja.
 Con ese doble significado encantador y algo humorístico presenta Gornick una nueva tanda de paseos inolvidables.
 Son paseos por el presente o por el recuerdo, por su actual barrio, el Greenwich Village de Manhattan, o por su lugar de origen, The Bronx.
Esta mujer a la que he conocido sonriente y cordial, agradecida por la pasión que están despertando sus libros, reivindica algo que de manera poderosa conforma su carácter y por lo que a las mujeres se nos suele reconvenir: su actitud crítica ante cualquier acontecimiento.
 ¿Por qué no habría de ser crítica?, le pregunta a un amigo.
 Quienes nos acercamos a sus libros anhelamos que lo sea, que diga en público lo que solemos cuchichear en privado, que mantenga su radical conflicto íntimo con el amor, la amistad y sus propias contradicciones.
Vivian Gornick en persona es como Vivian Gornick en libro.
 De tal forma que me pareció coherente y divertido que en la mañana de su llegada la escritora se fuera al Prado y después quisiera montarse en un autobús urbano para ver Madrid sobre las ruedas de un transporte municipal.
 ¡Es muy Vivian Gornick!
Tras la cena, salimos a la calle, y su rostro irradiaba tantas luces neoyorquinas que la calle Moratín se me antojó de pronto cualquier rincón del Greenwich Village.

Carlota Casiraghi, princesa de día, imagen de YSL de noche

La hija de Carolina de Mónaco ficha como imagen de la gran firma francesa tras abandonar Gucci.

Carlota Casiraghi, nueva imagen de YSL.
Carlota Casiraghi, nueva imagen de YSL.
Carlota Casiraghi maneja su imagen a su antojo.
 Sale en los medios de comunicación cuando le apetece y no se niega a una foto cuando hay una campaña de imagen por medio. Casiraghi sabe el poder de su apellido y lo rentabiliza comercialmente. Tras ejercer como embajadora de Gucci y embajadora de Montblanc, la hija de Carolina de Mónaco se ha convertido ahora en la estrella de la campaña de otoño de 2018 de Saint Laurent.
En el último Baile de la Rosa, el 24 de marzo en Mónaco, y en la gala del Met Gala de Nueva York, el 7 de mayo, Carlota Casiraghi ya lució dos estilismos de esta firma.
 Ahora se ha sabido que la elección no fue casualidad, la hija mayor de Carolina de Mónaco acaba de sellar su destino como musa de la famosa casa de moda francesa, un símbolo de la elegancia parisina.
A sus 31 años es la estrella de su campaña publicitaria de otoño de 2018, orquestada por su director artístico Anthony Vaccarello, según lo revelan varias fotos y una película, firmada por el fotógrafo de moda británico David Sims.
No sorprende entonces haberla visto posar sobre la alfombra roja del Met  junto a Anthony Vaccarello, Charlotte Gainsbourg, una de las musas de Saint Laurent, y varias modelos, todas vestidas con YSL. 
Tampoco su presencia al frente del show de Saint Laurent al pie de la Torre Eiffel, durante la Semana de la Moda en París en febrero pasado, fue casual.
Carlota Casiraghi está en estos momentos en el segundo trimestre de embarazo del que será su segundo hijo, fruto de su relación con el productor de cine Dimitri Rassam.
 La pareja tenía previsto casarse este verano pero ha tenido que aplazar la boda ya que Rassam todavía no ha obtenido el divorcio de su esposa y madre de su hija.
Dimitri y Carlota decidieron oficializar su relación posando juntos en la última edición de los Premios César, los mismos en los que se rindió homenaje a la española Penélope Cruz.
 Era la primera vez que se dejaban fotografiar voluntariamente pese a que comenzaron su relación hace ya un año.
  Poco después volvían a ponerse ante las cámaras en el tradicional Baile De la Rosa donde ambos captaron a la atención de todos los objetivos y confirmaron sus planes de boda.
El Principado de Mónaco no ha confirmado los detalles de la boda, pero según los medios italianos como el semanal Oggi apuntan que “con muchas probabilidades” la ceremonia por la iglesia se celebrará en Sicilia, donde la madre de él, la actriz Carole Bouquet, tiene una finca de 12 hectáreas con viñedos y una villa en el islote de Pantelleria.

 

La princesa Salma de Marruecos, oculta tras un muro

La madre del príncipe heredero lleva medio año sin aparecer en actos públicos.

 

La princesa Lalla Salma de Marruecos en la boda del princípe Guillermo de Luxemburgo en 2012.
La princesa Lalla Salma de Marruecos en la boda del princípe Guillermo de Luxemburgo en 2012. Cordon Press


El 12 de diciembre del año pasado la princesa Salma, la esposa del rey Mohamed VI, madre del príncipe heredero Mulay Hasán, que acaba de cumplir 15 años este 8 de mayo, fue vista en un acto público por última vez en Marruecos.
 Llevaba una falda negra y una camisa negra y blanca con las mangas por debajo del codo.
 En algunos medios afectos al Palacio no escatimaron elogios hacia su estilo. 
Eran aún los tiempos aún en que todos los adjetivos parecían pocos en la prensa local y parte de la extranjera: “Modesta, inteligente, dulce, radiante, elocuente, sutil, carismática, encantadora, combativa…”
 Por citar solo unos cuantos de los muchos elogios que aparecían en el artículo que le dedicó la revista Jeune Afrique el 22 de mayo de 2016: “La primera dama”, titulaba en portada este medio. Para añadir después:
 “En la intimidad de Lalla Salma, hija del pueblo, alteza real y mujer de influencia”.
La misma revista dedicaba esta semana la portada a su hijo Mulay Hasán con motivo de su 15º cumpleaños. 
Pero ahora no mencionaba siquiera a “la hija del pueblo”.
 El vacío que se ha creado alrededor de su figura contrasta con la actividad que desarrollaba hace solo dos años. 
 El 18 de abril de 2016 la princesa inauguró una exposición consagrada a Giancarlo Giacometti en el museo Mohamed VI de Arte Moderno, en Rabat; diez días después se presentó por sorpresa en el Salón de Agricultura de Meknés, cinco días más tarde acogía a la primera dama de Senegal.
 El 6 de mayo de ese mismo año presidía la abertura del 22º festival de músicas sagradas de Fez.
 Desde el pasado diciembre, nada de nada. 
O mejor dicho: muchos rumores.
Última imagen de Salma en un acto público el12 Diciembre de 2017.
Última imagen de Salma en un acto público el12 Diciembre de 2017. EL PAÍS
Mohamed VI se sometió el 27 de febrero en la clínica parisina Ambroise Paré a una operación de corazón
 La agencia de noticias oficial MAP difundió una foto en donde se veía al monarca sonriente en su cama acompañado de sus tres hermanas, de su hermano, Mulay Rachid, y de sus dos hijos, el heredero Mulay Hassan, y la princesa Lalla Jadiya, de 11 años. Resultó clamorosa la ausencia en la foto de Lalla Salma, de 39 años.
En esas mismas fechas trascendieron dos artículos anónimos en un sitio digital de Marruecos semi desconocido en el que se criticaba abiertamente a Salma.
 Se la acusaba de hablar con desprecio a los demás, de tener un carácter “colérico y agresivo”, “grandes dosis de narcisismo”, un “ego desmesurado” y “una preocupación desproporcionada” por su imagen.
 El autor desconocido del artículo, con tan privilegiado acceso al entorno real, decía que la princesa discutía con los miembros de la familia de Mohamed VI, “a pesar de las llamadas al orden recurrentes de su esposo”.
 El pasado 21 de marzo, cuatro meses después de su última aparición pública, la revista ¡Hola! publicó en España que Mohamed VI y la princesa se habían divorciado. 
El Palacio Real no confirmó ni desmintió nada.
 Ni siquiera lo hicieron otros medios marroquíes con inmejorables fuentes próximas al rey. 
Y en el como del silencio, la revista ¡Hola!, en su edición de Marruecos, tampoco publicó nada en su número de abril: ni del divorcio, ni de la princesa.
 En los reportajes que los medios marroquíes han dedicado al príncipe heredero por su 15º aniversario no aparece jamás la princesa.
La princesa de Marruecos Lalla Salma junto a la primera dama de Francia Brigitte Macron en Marruecos en junio de 2017. La princesa de Marruecos Lalla Salma junto a la primera dama de Francia Brigitte Macron en Marruecos en junio de 2017. REUTERS / Cordon Press
 
Hace solo dos años, en junio de 2016, el semanario marroquí Telquel le dedicaba su portada bajo el título:
 “Lalla Salma. La lucha contra el cáncer es ella”. La revista hacía un balance de los diez años de existencia de la fundación que preside Salma por la lucha contra esa enfermedad.
 “Al cabo de los años”, decía el artículo, “[la princesa] ha aprendido a manejar su estatus de primera dama, asumiendo, sin ayuda de nadie, su papel de personaje público.
 Icono mediático de su Fundación, Lalla Salma multiplica los viajes sin Mohamed VI, toma la palabra igual de bien en las Naciones Unidas que en las cumbres internacionales, llamando siempre a redoblar los esfuerzos por luchar contra el cáncer. 
El mensaje es claro: la Fundación es ella y no el Rey. (…) Ella está ahora más en primera línea para representar a la monarquía y contribuir a darle una imagen moderna y atractiva en el mundo”.
Esa imagen de Lalla Salma ha desaparecido de la primera línea. Tanto en lo que concierne a la lucha contra el cáncer como a todo lo demás.
 Eso es el único hecho probado tras la espesa cortina de silencio.