Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

23 feb 2018

Miguel Bosé reconoce su vida de excesos

El cantante, de 61 años, cuenta que cambió de hábitos cuando nacieron sus hijos.

 

Miguel Bose Viña del Mar
Miguel Bosé, este martes durante su actuación en el Festival de Viña del Mar, en Chile. REUTERS
"Alcohol, vamos, me he bebido todo el que he podido; todo el que ha dado tiempo a beberme y el mejor, el malo también. Fumar y el resto también, todo". 
Son declaraciones que Miguel Bosé ha hecho a los periodistas que cubren el Festival de Viña del Mar, en Chile, según recoge la revista People en su edición en español. 
 "He tenido mis momentos", ha reconocido el cantante español, de 61 años. 
Bo sé cada vez más antipático y aislado, no debe tener amigos mientra su familia se deshace lentamente. 
El músico ha asegurado que ya ha abandonado estas prácticas. 
"Yo ahora no hago nada porque ya lo he hecho todo", ha dicho. "Lo que pasa es que desperté un día y dije: '¿Y ahora qué? ¿Cuál es el chiste?
 ¿Para qué me sirve todo esto?", ha explicado el cantante, quien ha indicado que se dio cuenta de que debía cambiar de hábitos justo cuando nacieron sus dos hijos, en 2011. Bosé es padre de dos niños, Diego y Tadeo, que fueron gestados en un vientre de alquiler.
Eres Idiota, como tantos otros que tienen niños por los que pagan, ellos no pueden pero demuestran una actitud en la que se les multiplica el trabajo para pagar a esas "Nanys" como diria Forges" Hombres............ 
Bosé ha sido homenajeado por el Festival de Viña del Mar como el artista que más veces se ha presentado en el famoso evento. 
El reconocimiento inédito alude a las diez actuaciones del intérprete de Si tú no vuelves, desde que debutó en el lejano 1981, sobre el escenario de la Quinta Vergara.
 En esta ocasión, además, Bosé ha sido el encargado de inaugurar el certamen de seis días con un compilado de su Estaré Tour. En su trayectoria junto al festival latinoamericano,
 Bosé ha dado muestras de su evolución.

Pero no se olviden de Forges............................. Juan Cruz

Antonio Fraguas, inolvidable retratista de la historia reciente de España, muere a los

76 años. Ciudadanos de todos los ámbitos expresan su pena por la pérdida del humorista.

Antonio Fraguas, Forges, en 2014.
Antonio Fraguas, Forges, en 2014. EL PAÍS
Un enorme dolor siguió en la madrugada de este jueves a la noticia de la muerte en Madrid de Forges, el hombre que hizo reír a tantas generaciones.
 Desde 1995 fue nuestro compañero en EL PAÍS. Todos los medios de comunicación expresaron ayer el amor colectivo que concitó Forges en torno a su figura.
El Rey, el presidente del Gobierno, la alcaldesa de Madrid, los líderes de los partidos, compañeros de oficio, multitudes de ciudadanos que hicieron su vida aprendiendo del humor de Antonio Fraguas, expresaron estupor y soledad.
 Se muere a los 76 años uno de los nuestros; con él aprendieron generaciones sucesivas, y hoy son de nuevo los jóvenes, como sucedió cuando él empezó con sus blasillos, seguidores indesmayables.
 Como prueba de que el Forges veterano jamás perdió su chispa, cientos de viñetas circularon por las redes sociales
La capilla ardiente de la que partirá hoy su entierro en el tanatorio de la M-30 de Madrid se llenó en seguida de sus incontables amigos
. Recibiéndoles estaban allí su viuda, Pilar Garrido, sus hijos Toño (que también trabajó con nosotros, en EL PAÍS), Micaela, Irene y Berta, sus numerosos hermanos entre los cuales figura nuestro compañero Rafael...

Forges fue patrimonio de todo el mundo, pero jamás dejó su raíz. La suya fue una familia grande, que él hizo más extensa, con su generosa presencia pública, su dedicación a los demás y su infatigable tarea como creador de personajes que ya están en la historia.
 Era un sociólogo de la España vacía, un creador de palabras, un visitante asiduo e inteligente de la soledad por la que, como él en este medio siglo, transitaron en su día los personajes de Cervantes.
Un hombre capaz de la mayor fama, pero (como dice su amigo Juan José Millás), dichoso de ser también un clandestino en la ciudad. 
Sus amigos se volcaron, desde todo el mundo, con elogio a su sencillez y a su alegría; desde Buenos Aires, Joan Manuel Serrat se quiso unir al dolor de todos, pero se negó en redondo a unir a Forges con la palabra tristeza.
 Ese fue el lugar en el que se encontraron todas las reacciones ante la muerte de uno de los españoles más populares del último medio siglo, dibujante y filósofo.

Sus dibujos fueron herederos de esa simbología quijotesca a la que rindió tributo. 
Antonio Fraguas de Pablo (Madrid, 1942) era totalmente Forges, como si hubiera nacido a la vida en 1964, cuando publicó en Pueblo su primera viñeta, hasta esta con la que hoy se despide en la portada de EL PAÍS.
Fue testigo crítico de un país al que amó incluso por sus pecados capitales.
 De ellos trataron, hasta el día de su muerte, todas sus viñetas. España fue la materia de la vida creativa de Antonio Fraguas.
Y así pasará a la gran historia del dibujo en España: totalmente Forges
. Periodista de raíz, también era filósofo y músico, tertuliano comprometido con la vida y con la política, y era paseante de Madrid, ciudad que dibujó como escenario desolado de Castilla. Autor de libros en los que repasó la historia de su país y del mundo, de la ciencia y de la literatura, inventó también una peculiaridad: hacer que sus gentes, ya entrañadas en la propia sociedad española, hablaran un lenguaje escéptico e incrédulo.
 Legiones de lectores aprendimos en su universiodad, la universidad de Forges.
 Forges hablaba como Forges...

Su muerte no sólo es una mala noticia porque deja un vacío, es nuestro mundo el que se queda vacío sin sus metáforas.
 El suyo ha sido un testimonio diario sobre la ineptitud, contra el lugar común y contra el cinismo.
 Sin él este es un país mutilado, mucho más triste.
La última vez que lo vi él caminaba a paso lento por una calle de Madrid con sus auriculares. ¿Qué haces tan serio por la ciudad? Escuchaba a Mahler.
 Por las tardes de entonces, el humorista gráfico tan querido por el país, abandonaba por un rato las noticias y se entregaba a un mensaje inmortal, la música.
 Forges, transeúnte perpetuo de una ciudad que siempre tuvo la fisonomía desolada de Castilla.

Ha dejado una obra inmensa, pero su hueco no será solo el de una viñeta en el periódico.
 Fue ligero y denso, filosófico y paródico. Y lo fue en todos los soportes, la radio, la prensa, la televisión... Forges fue lenguaje.
 La España que ahora le despide empezó a hablar como sus personajes porque Antonio Fraguas les aplicó el sentido común del descreimiento, una manera de ser español.
Estuvo, con esa manera de contar, en Pueblo, en Informaciones, en Interviú, en El Jueves, en Diario 16, en El Mundo, y estuvo aquí. Venía a vernos con frecuencia, traía sus dibujos o los enviaba; como Peridis desde los inicios dejaba galletas, Forges dejaba por las mesas su impronta y sus regalos, esos dibujos forgianos, los forgendros, allí donde visitaba a sus compañeros del periódico, y algunos tenemos, como testimonio de su saludo, papelitos amarillos en los que Antonio Fraguas dejaba los recados de Forges. 
Era su manera de abrazar y de permanecer, pues en su modo de estar estaba también su manera de despedirse: quedándose.
Tuvo todos los premios imaginables del ámbito dedicado al humor en España; y como era un trabajador sin desmayo recibió la Medalla al Mérito del Trabajo y mereció la de Bellas Artes
. Vestía de oscuro y blanco, como un colegial, llevaba zapatos grandes como sus criaturas y nació para ser a la vez Samuel Beckett y Sancho Panza.

Cumplió con el mandato de su padre: haz dibujos, sí, pero que sean reconocibles como tuyos a la distancia.
 No se ha buscado el chiste (¿el chiste?) de Forges tan solo por el dibujo mismo, sino por el lenguaje; ha aportado a la lengua española, en sus forgendros palabras nuevas, y ha mejorado palabras viejas, combinando significados y giros
. De todas las cosas de las que Forges estaba orgulloso, esta de inventar vocablos es la que más gozo le hacía sentir. Pero la Academia de la Lengua no aplicó justicia a esta contribución, ¡gensanta!, llevándolo a la Docta Casa.
Cuando publicó El primer Forges, en 1972, ya Antonio era totalmente Forges.
 En las cartas que enviaba a sus críticos, agradeciéndoles las reseñas, estaban esas montañas que eran sus letras y sus frases, estaba tal como iba a ser Forges, le había abierto, con sus parajes de tierra, una autopista por la que iba a transitar luego la leyenda que ya es inmortal y se llama Forges.
Pero, sobre todo, como él pedía en sus viñetas, no se olviden de Forges.

 

Una bandada de chistes...................................... Rosa Montero.

No creo que pueda haber un homenaje mayor para un humorista que este súbito tsunami de sus creaciones.

El viñetista Forges. VÍDEO: ATLAS
Tengo guardados bastantes chistes de Forges. Algunos de manera virtual, en mi ordenador; otros físicamente, en papel, recortes amarillos que empiezan a crujir, como las cartas de los novios adolescentes.
 Ahora mismo aliso uno de esos rectángulos con la punta de mis dedos: el diminuto Mariano, con dos pelos disparados en lo más alto de la cocorota, camina por la calle muy alicaído, colgado del brazo de la majestuosa y cetácea Concha.
 Sin levantar la mirada del suelo, él dice: “Te quiero mucho”. Y la gran, sabia Concha le responde: “Tranquilo, Mariano, ya estamos llegando al médico”.
 La mayoría de esas historietas, sin embargo, se encuentran almacenadas en mi memoria.
 Hay viñetas de Forges que yo, que soy amnésica perdida, recuerdo con mayor claridad que muchas de las peripecias de mi propio pasado.
 Forman parte de mi carne y de mi sangre.
Toda España está así. Intercambiando sus chistes preferidos de Forges como quien cambia cromos. Leo las necrológicas de los colegas, escucho hablar de él en la radio, y todos contamos nuestra viñeta. Incluso recibo por WhatsApp chistes y más chistes.
 No creo que pueda haber un homenaje mayor para un humorista que este súbito tsunami de sus creaciones.
 Cuando muere un escritor, un cineasta, un pintor, por muy querido que sea, la gente glosa su obra y resume su personalidad y su legado, pero lo hace desde fuera, tal vez con tristeza pero con cierta distancia intelectual. 
No se pone a describir cuadros del finado ni a recitar diálogos de sus películas. 
Los chistes de Forges, sin embargo, han levantado el vuelo al unísono desde lo más dentro de nosotros, una enorme bandada de viñetas tiernas y lúcidas batiendo las alas con alegre furia. 
Creo que si nos asomamos a la ventana y nos fijamos bien, las podríamos ver pasar, haciendo vibrar el horizonte con su agitada masa.
Ternura y lucidez, esas son las dos palabras que creo que mejor le definen, y quizá la clave de su impacto
. Los chistes de Forges entraban en nosotros a la vez por el corazón y la cabeza, sin crueldad pero sin concesiones. Un berbiquí de seda con el que horadar la realidad
. Lo conocí un día, de pasada, en el diario Pueblo, hace muchísimos años.
 Yo era casi adolescente y él era muy joven, aunque no tanto como cuando murió.
 Porque fue una de esas poquísimas personas que consiguen conservar intacta el alma de la infancia a través de los años
. Cada vez más sabio, cada vez más niño
 . Aquella vez en Pueblo, Forges me pareció un oasis en medio de una redacción machista y cacareante.
 Siempre fue encantador, tímido y modesto. Qué grande es la modestia verdadera.
 Esa autenticidad radical ha hecho que sus chistes siguieran conectando con la sociedad, generación tras generación.
 Un logro increíble, morir tan lleno de vida.
Fuimos coincidiendo por aquí y por allá a través de las décadas. Recuerdo, hace mucho, un miniespectáculo humorístico de una única representación que hicimos los dos en el bar La Mandrágora: lo que nos reímos.
 Hemos colaborado en causas sociales y nos hemos cruzado fugazmente en la redacción de EL PAÍS y en copichuelas varias, aunque era un hombre que no se prodigaba en los actos públicos. En realidad, nunca fuimos amigos, pero ahora me doy cuenta de que era una de esas personas a las que sientes como si fueran de tu familia. 
Un hermano querido al que tratabas poco.
 Siempre te alegrabas de verle, con su sonrisilla habitual y su graciosa expresión de ardilla lista.
 Su fama crecía y crecía pero él seguía igual, escurriéndose discretamente por las esquinas.
Era capaz de desmontar en un santiamén la pomposa estupidez y el fingimiento de la política, haciéndolo sin acritud y mostrando su cara más absurda.
 Pero el Forges que más me gustaba era el más íntimo, el formidable filósofo que hablaba de las relaciones personales, de nuestras debilidades, nuestras alegrías y nuestros miedos. Todos somos Conchas y Marianos, él el primero
. Él siempre fue un Mariano más guapo y con más pelo. No sé cómo vamos a arreglárnoslas para vivir sin el espejo de sus chistes. Sin ese instante de reconocimiento, de risa y de emoción con el que nos reconciliábamos con nosotros mismos.
 Espero, querido Forges, que te hayas ido con la misma sabiduría con la que has vivido.
 Que hayas sentido cómo tus personajes te decían: tranquilo, Mariano, ya estamos llegando al otro lado.


 

Tormenta en una taza de té...................... Boris Izaguirre

Michelle y Barack Obama presentaron sus retratos y derrocharon complicidad. Como merengue final, la despedida de Carolina Herrera como directora creativa de su propia marca


Carolina Herrera recibiendo los aplausos de Wes Gordon, el nuevo director creativo de su marca en su despedida.
Carolina Herrera recibiendo los aplausos de Wes Gordon, el nuevo director creativo de su marca en su despedida. Getty Images

 

El 14 de febrero, día de los enamorados, algunas parejas recibieron terribles noticias. Por ejemplo Melania y Donald Trump. No fue el tiroteo en una escuela de la Florida, sino la confirmación de que el abogado del millonario presidente había pagado de su propio bolsillo 136.000 dólares para comprar el silencio de Stormy Daniels, la actriz de cine adulto que habría tenido una escena privada con el presidente en 2006. 
Stormy significa tormentosa en inglés.
 Muchos se preguntan si Melania asumirá esa estrategia sumisa de las esposas engañadas que se mantienen al lado de sus maridos implicados en algo indigno.
 Hillary Clinton tuvo que pasar por ese aro, dicen que hacerlo le costó la presidencia. 
Melania guarda silencio pero sus gestos hablan, como el de hace días, no permitiendo que su marido la tomara de la mano antes de subir a un helicóptero de la fuerza aérea.
En cambio, Michelle y Barack Obama han aprovechado la presentación de sus retratos en el Museo Smithsonian para dejar claro que ellos sí son una pareja que funciona como equipo. En la que hay amor, complicidad, historia. 
Puede que los retratos resulten demasiado modernos, aunque para mí nada es demasiado moderno, pero queda el mensaje de los Obama: Donald Trump se empeña en deshacer el legado de su antecesor pero no puede ofrecer la misma imagen de estabilidad conyugal.
 La pareja es uno de los grandes fetiches, todos anhelamos una. Atravesamos tiempo, éxitos y fracasos junto a una.
 También Melania, que no está feliz este San Valentín.
 Atormentada por el caso Stormy Daniels que puede resultar aún más nocivo para la presidencia del marido que sus amistades rusas.
El expresidente Bararck Obama y su esposa Michelle en la presentación de sus retratos en el museo Smithsonian de Washington. El expresidente Bararck Obama y su esposa Michelle en la presentación de sus retratos en el museo 
Los que no se lo han pensado dos veces para calificar a Ciudadanos de “partido Starbucks”, son los asesores de Mariano Rajoy. Todo surgió en una tormenta de ideas en el gabinete de la presidencia. Tiene su gracia el calificativo, que intenta desmerecer a otro partido asociándolo a una cadena de cafeterías quizás demasiado urbanita y transgénica. Rajoy presume de que él conoce la verdadera España, la orgánica, como si nadie le ganara en eso. Pero comparar a Ciudadanos con Starbucks lleva a pensar que el Partido Popular pudiera confundirse con las cafeterías Mallorca, de toda la vida, muy adultas y madrileñas. De hecho, enfrente de la sede del PP, hay un buen Mallorca. 
Cuando algo o alguien les abre el apetito van allí a disfrutar sus delicias. Además queda de paso a la Audiencia Nacional que está un poco más abajo, frente a Starbucks.
Como merengue final, Carolina Herrera, largamente vinculada al estilo y paradoja de la elegancia, renunció como directora creativa de su marca y se despidió rodeada de amigos y homenajes a sus 35 años en la moda. 
 En el momento final, varias modelos desfilaron con grandes faldas, algunas siguiendo los colores de la bandera venezolana, todas combinadas con la camisa blanca almidonada, icono de la diseñadora.
 Un momento brillante e histórico, Herrera dio su último saludo junto a los miembros de su taller y presentó a su sustituto, Wes Gordon, que protagonizó una inesperada cobra ante la diseñadora. Aunque Herrera salvó la situación, se criticó al novato por desconocer el ritual de besar ambas mejillas. Dicen que por ser americano.
 Una tormenta en una taza de té.