Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

14 feb 2018

Vuelve a Marbella Mila Ximénez se confiesa: "Podría enamorarme de una mujer" En paz y con nueva imagen, Mila nos abre las puertas de su refugio marbellí, donde fue feliz y de donde un día tuvo que huir

Mila Ximénez 02. Cambio favorecedor

Cambio favorecedor

Mila Ximénez 01. Uno de sus vicios

Uno de sus vicios

A Mila le ha gustado siempre disfrutar de la vida. Reconoce que entre sus vicios está la comodidad: “Cuando viajo tengo que ir al hotel o a la casa más cara”.

 

Mila se ha cortado el pelo y está encantada con su nueva imagen. Después del lifting que se hizo, no descarta volver a pasar por el quirófano. “Si en abril hay algo que quiero mejorar, lo haré. Ahora estoy más segura de mí misma”, dice. (Foto: A. Garófano y J. Jiménez)No sé peroestá igual y ese cuello y manos pasaron por Quirófano?

El secreto mejor guardado de la casa real sueca

Chris O'Neill: “Casarse con Magdalena ha complicado mi vida, pero estoy loco por ella”

La princesa Magdalena de Suecia y su marido Christopher O'Neill.
La princesa Magdalena de Suecia y su marido Christopher O'Neill. ©GTRESONLINE

Hasta ahora, el secreto mejor guardado de la realeza sueca era Chris O'Neill, el marido de la princesa Magdalena, hija menor de los reyes Carlos Gustavo y Silvi
a. No es que el consorte, plebeyo y de familia acomodada, se escond
a. Tampoco incumple sus obligaciones como miembro de la casa real de Bernadotte, la dinastía reinante en el 
 Pero al renunciar al título que le correspondería por matrimonio para seguir con su trabajo de empresario, sus principales apariciones públicas se han ceñido a su presentación en sociedad, su boda y el nacimiento de sus dos hijos
. De ahí que la revista sueca de moda masculina, King, anuncie entusiasmada la primera entrevista concedida por O’Neill en solitario, que llega a los quioscos este jueves.

Se trata de un retrato íntimo que él aprovecha para proclamar su amor por su esposa y admitir las dificultades de una unión de estas características. “Magdalena es la mujer de mi vida, pero estar casado con una princesa implica una serie de retos.
 Ha complicado mi vida, desde luego, porque no deseo convertirme en nadie famos
 Algo que, por otra parte, no sería beneficioso en mi profesión. Pero estoy loco por ella.
 Así que, al final, aprendes a aceptar lo malo que acompaña a lo bueno”, dice.

 

Enrique de Dinamarca se sale con la suya: será incinerado

El marido de la reina Margarita levantó la polémica hace meses cuando aseguró que no quería se enterrado junto a su esposa. Sus cenizas serán esparcidas en el mar.

  • E príncipe Enrique de Dinamarca.
    E príncipe Enrique de Dinamarca. EFE

    Enrique de Dinamarca, fallecido este martes a los 83 años, será incinerado y sus cenizas esparcidas en el mar.
     Este fue su deseo y su esposa la reina Margarita lo ha respetado. 

     Hace unos meses la decisión de no ser enterrado junto a su mujer hecha pública por el príncipe levantó una gran polémica entre los daneses.
     Quien quiso ser rey consorte y solo fue príncipe aseguró que al no tener tal honor no quería que sus restos tuvieran un tratamiento real. 
    En ese momento la portavoz de la Casa Real, Lene Balleby, en declaraciones al periódico danés BT dijo:
     "No es un secreto que el príncipe, durante muchos años, ha estado descontento con su papel y el título que se le asignó en la monarquía danesa. Este descontento ha ido a más en los últimos años".
    Este miércoles la casa real ha publicado el protocolo que se va a seguir.
     La casa real ha declarado luto oficial hasta el 14 de marzo por lo que los miembros de la familia no participarán en eventos sociales durante este mes.
     La reina Margarita ya canceló hace días su agenda y ahora se ha confirmado que la princesa Mary, esposa del príncipe heredero, no realizará el viaje que tenía programado a Lituania el viernes.

    De todos los detalles ha informado Lene Balleby, que ha ofrecido una rueda de prensa para comunicar que el funeral de Enrique de Dinamarca se celebrará el martes próximo de forma privada por deseo expreso del propio príncipe, quien no quiso que su muerte se convirtiera en un asunto de Estado.
     Por ello solo asistirán familiares y amigo. La ceremonia se oficiará en la capilla del Palacio de Christansborg.
    Mañana jueves el cuerpo del marido de la reina será trasladado desde el palacio de Fredensborg -donde ha fallecido- al palacio de Amalienborg -residencia oficial de Margarita-.
     Pero no será hasta el viernes cuando sus restos sean llevados a la iglesia de Christiansborg donde se instalará la capilla ardiente
    La reina Margarita de Dinamarca, horas antes de fallecer su esposo.
    La reina Margarita de Dinamarca, horas antes de fallecer su esposo. EFE

 

La mujer no es solo un cuerpo...................... Catherine Millet

“No todas reaccionan de la misma forma a las agresiones masculinas”: la escritora, una de las 100 firmantes del manifiesto publicado en enero en ‘Le Monde’, responde a las críticas que sufrió tras la publicación del texto.

 

La mujer no es solo un cuerpo
El pasado 10 de enero, el periódico Le Monde publicó una tribuna titulada Mujeres liberan otra voz, firmada por otras cuatro escritoras (Sarah Chiche, Catherine Robbe-Grillet, Peggy Sastre y Abnousse Shalmani) y yo. 
De inmediato, más de un centenar de mujeres —artistas e intelectuales, pero no solo— aceptaron firmar el texto, entre ellas Catherine Deneuve.
 En los días sucesivos, los principales diarios de todo el mundo nos pidieron entrevistas.
 De pronto empezaron a oírse otras voces además de la única que estaba alzándose hasta entonces, la que reclamaba “denunciar a tu cerdo” y alimentaba el tsunami del #metoo.
La idea de publicar nuestra tribuna nació tras el comentario de un editor de que, en el clima actual, ya ninguno de sus colegas se habría atrevido a publicar mi libro La vida sexual de Catherine M. La observación nos sorprendió y nos inquietó.
 El libro, editado en 2001, había tenido un enorme éxito nacional e internacional.
Durante la polémica suscitada por la publicación de nuestro manifiesto, me han reprochado varias veces una declaración mía en el sentido de que casi lamento no haber sufrido yo una violación, para demostrar con mi ejemplo que es posible superar el trauma. No es una declaración hecha ayer, sino algo que he dicho a menudo, en entrevistas y actos públicos, y, por supuesto, siempre hablaba en mi propio nombre, en el de Catherine M., es decir, a partir de la experiencia de la sexualidad que yo tenía y que había narrado en mi libro.
 Por eso no está de más que recuerde su contenido.

He tenido muchas parejas; algunos han sido amigos míos durante años, otros eran desconocidos y han seguido siéndolos, hombres que me encontré por casualidad y a los que apenas entreví el rostro. De aquella forma de vivir guardo el recuerdo de momentos excitantes, alegres, felices.
 Por supuesto, una vez comenzada la relación sexual, alguna pareja resultó decepcionante o desagradable e incluso repugnante.
 En esos casos, el hombre solo tenía acceso a mi cuerpo, porque mi espíritu se mantenía apartado y no conservaba ninguna huella que pudiera atormentarlo. 
¿Qué mujer no ha experimentado esa disociación de cuerpo y espíritu?
 ¿Quién no se ha rendido a su marido o su amante mientras tenía la cabeza llena de preocupaciones cotidianas? 
¿Quién, al contacto entre su piel y la de un hombre torpe, no se ha dejado llevar por el sueño de estar con otro? 
Yo incluso tengo una pequeña teoría al respecto: creo que la mujer (o el hombre) que recibe la penetración dispone de esa facultad más que quien penetra.


Si me hubiera visto forzada brutalmente a mantener una relación sexual con un agresor o varios agresores, no habría opuesto resistencia, pensando en que la satisfacción del impulso aplacaría el instinto violento.
 Por más repugnancia que sintiera, o miedo a otro tipo de violencia —la amenaza de un arma—, me atrevo a pensar que habría aceptado que mi cuerpo se sometiera, consciente de que mi espíritu seguiría siendo independiente, que mantendría su integridad y me ayudaría a relativizar la posesión de mi cuerpo. 
¿Acaso no es el mismo tipo de protección mental al que recurren las prostitutas, que no escogen a sus clientes?
¿Quién, al contacto con un hombre torpe, no se ha dejado llevar por el sueño de estar con otro?
Ya que estoy expresándome a título personal, debo añadir que, en mi opinión, esta actitud se debe a un trasfondo católico que nunca me ha abandonado del todo y que me enseñó que el alma prevalecía sobre el cuerpo.
 Hace mucho tiempo que dejé de creer en Dios, y nunca utilizo la palabra “alma”, pero sigo estando totalmente convencida de que mi persona no es lo mismo que mi cuerpo, sino que reside en una consciencia (y en un inconsciente, pero ese es otro tema) que tiene cierto poder sobre el cuerpo.
 Hay un texto sobre estas cuestiones que puede ser útil leer, un fragmento de La ciudad de Dios de San Agustín.
 Este Padre de la Iglesia toma el ejemplo de Lucrecia, la mujer de la antigua Roma que prefirió suicidarse antes que sobrevivir a una violación, y escribe:
 “Este ataque [se refiere a la violación] no arrebata al alma la pureza que defiende”.
 También dice que quienes “matan el cuerpo no pueden matar el alma”.
Luego va más allá e incluso supone que, “víctima de una violencia irresistible”, Lucrecia tal vez “se dejó arrastrar por el placer”.
 Pero no la condena. San Agustín no era uno de esos burdos misóginos que, hasta hace no demasiado tiempo, sospechaban que las mujeres violadas, en realidad, habían sido consentidoras secretas. 
Más bien, encuentro un eco de su pensamiento en la opinión que dio recientemente el filósofo Raphaël Enthoven en la emisora Europe 1 a propósito de una frase que causó gran escándalo de la antigua actriz porno Brigitte Lahaie, hoy presentadora de radio y firmante de nuestra carta: 
“Siempre se puede disfrutar de una violación”. Enthoven recordó que, en efecto, “técnicamente, se puede experimentar un orgasmo durante una violación, lo cual no significa que la víctima dé su consentimiento”, y que es un error ocultar esa realidad, porque el trauma puede agravarse por el sentimiento de culpa.
 También dio la razón a otra frase de Lahaie: que “el cuerpo y el espíritu no siempre coinciden”.
 Dicen que es frecuente que las víctimas de violación tarden en denunciar la agresión por vergüenza.
 Esta disociación podría ayudarlas a superarla.
Nuestra tribuna no aspiraba más que a recordar que no todas las mujeres reaccionan de la misma forma a las agresiones masculinas. Que, si bien la violación es un crimen y el acoso es un delito —condenados por la ley, es decir, por todas y todos—, no percibimos de la misma forma los gestos y actos sexuales, porque no existe nada más individual ni que diferencie de manera más íntima y profunda a cada persona que la relación que tiene con su propio cuerpo y la moral sexual que se forja a lo largo de la vida.

No se nos puede reducir a un cuerpo, y me sorprende que se haya utilizado tan poco en los recientes debates la palabra resiliencia.
 La resiliencia es la capacidad del ser humano de recuperarse después de un trauma. 
Los juicios por violación suelen ser largos y muy difíciles para las víctimas porque, hasta llegar a que se haga justicia, las obligan a remover sus recuerdos más dolorosos.
 Por eso me parece tan importante decir y repetir que existen otros modelos aparte de los que atan la psique y el cuerpo, y que dichos modelos pueden ayudar a las mujeres encerradas en su sufrimiento. Nuestro manifiesto recogió numerosas firmas, muchas de ellas acompañadas de testimonios espontáneos de mujeres que habían sufrido agresiones sexuales pero que se alegran de haber podido superarlas, a veces incluso olvidarlas, para vivir hoy una vida amorosa y sexual equilibrada.
 Esas mujeres son un ejemplo digno de seguir. ¿Había que negarles la palabra de la que se quiso hacer eco nuestra carta?
Catherine Millet es escritora y crítica de arte.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.