ESE AMONTONAMIENTO que ven, ese desorden, esa barahúnda,
esos fardos cargados a la espalda de unos bultos, esa indiscriminación,
esa falta de individualidad, todo ese revuelto, en fin, todo ese
hacinamiento tan cruel como parece, es mera biología al servicio de una
economía animalizada, en la que resultaría imposible hallar trazas de
pensamiento racional. Los volúmenes de debajo corresponden a otros
tantos cuerpos de mujeres que cada día atraviesan la frontera de Marruecos
con Ceuta para adquirir bienes que, embutidos en las mallas, trasladan
luego a Marruecos para revenderlos con un margen de beneficio equis.
Cada día de sus vidas, estas mujeres madrugan para hacer cola a las
puertas del Tarajal, pues así es como se conoce esta frontera cuya
actividad evoca la de un hormiguero. Observen, si no, la relación entre
el tamaño de los cuerpos y el de los fardos para entender por qué el
valor de estos seres humanos está calculado en función de sus
capacidades biológicas, es decir, a partir de los kilos que sean capaces
de pasar por el estrecho agujero de reloj de arena (el reloj de arena
de la Muerte) que une el primer mundo con el tercero. Como es lógico, de vez en cuando, y dada la desproporción brutal entre
la cantidad de porteadoras y las estrecheces de los ojales fronterizos, se producen avalanchas
en las que perecen dos o tres o cinco porteadoras de las que ni
siquiera llegamos a saber sus nombres porque a lo mejor ni lo tienen. ¿Duro? Pues la verdad, sí, pero, como decía uno de los cerebros más
brillantes de su generación, es el mercado, amigo.
Parece que se ha alcanzado un punto de hastío nunca visto con respecto a
los comportamientos discriminatorios. Como si hubiéramos dicho: basta
ya.
En los últimos años de la dictadura, cuando muchos antifranquistas
éramos de algún modo compañeros de viaje del PCE, porque eran la mar de
laboriosos y estaban metidos en todas partes, desde los colegios
profesionales a los movimientos vecinales, recuerdo que a menudo la
gente citaba unas palabras de Lenin que eran el título de uno de sus
libros: “Un paso adelante, dos pasos atrás”. La frase se mencionaba como
si fuera una perla de sabiduría estratégica que nos mostraba la manera
en que la causa de la izquierda debía avanzar. Confieso que a mí aquello
me dejaba perpleja; nunca pude entender de qué manera podía avanzar la
causa de la izquierda o cualquier causa, en fin, si uno daba dos pasos
para atrás por cada paso en la dirección correcta, salvo que le diéramos
la vuelta a la Tierra al estilo cangrejo. Pero yo era muy joven y
estaba segura, con razón, de mi gran ignorancia, así que nunca dije
nada. Las últimas semanas he recordado ese lema mientras veía cómo se iba
construyendo la reacción social contra el pequeño avance feminista. Quiero decir que, cuando estalló el fuego de las denuncias por acoso,
todo el mundo parecía estar horrorizado y a favor, como si el planeta
entero se hubiera caído de un guindo. Pero luego, como era inevitable,
empezó a estructurarse la ofensiva en contra. La historia y la sociedad
siempre se mueven de este modo; cada cambio importante origina una
respuesta retrógrada; cada avance, una añoranza de involución. Por
ejemplo, en el siglo XX creció la democracia (decenas de países entraron
en este sistema), se fortaleció el laicismo y se potenciaron los
organismos supranacionales como la UE; pero todo eso se ha visto
contestado por la creciente nostalgia totalitaria, por el aumento de los
fanatismos religiosos y por el auge de los nacionalismos. Y, como el
progreso no es inevitable, es decir, las cosas no mejoran
obligatoriamente, pues a estas alturas no sabemos si al final acabaremos
dando dos pasos hacia delante y uno hacia atrás, que es lo que yo
espero, o caeremos por desgracia en la frase de Lenin y terminaremos en
las antípodas.
Un perfecto ejemplo de respuesta reaccionaria es la carta de las intelectuales francesas;
primero, porque está firmada por mujeres, demostrando lo que siempre
digo, que el machismo es una ideología en la que se nos educa a todos y
que también nosotras lo practicamos; pero, sobre todo, por su falacia al
intentar confundir la agresión y la humillación con el cortejo amoroso. Seguro que hay denuncias exageradas o falsas dentro del aluvión de los
últimos meses, ¡segurísimo! Los humanos somos así. Pero ya están los
jueces para dirimir eso. Lo importante de lo que ha sucedido en 2017 es
que la sociedad ha subido un escalón en el reconocimiento de la
realidad. Hemos dejado de considerar normal una permisividad sexista que
amparaba cosas como esas repugnantes cenas del club de beneficencia
inglés, por ejemplo, en las que la élite de la sociedad británica metía
mano a las azafatas, que estaban obligadas por contrato a llevar bragas
negras a juego con la minifalda. Y no sólo eso: parecería que la sociedad ha alcanzado en estos últimos
meses un punto de hastío antes nunca visto con respecto a los
comportamientos discriminatorios. Como si muchas (y muchos) hubiéramos
dicho: basta ya. Por ejemplo, basta ya de actitudes como la de Rajoy,
cuando, preguntado por medidas para reducir la brecha salarial entre
hombres y mujeres (en España, según Eurostat, es de 14,9%; otras fuentes
la dan más alta), contestó: “No nos metamos en eso”. Imaginen por un
momento que estuviéramos hablando de una desigualdad salarial entre
blancos y negros y que respondiera algo así: lo hubieran masacrado. Pues
bien, eso es lo que tenemos que hacer: despellejarlo. Lo que está
cambiando, en fin, son nuestras tragaderas ante la obviedad de las
injusticias, ante la bazofia del machismo. Y por cierto: todo esto no es
un tema de mujeres, no es algo que nos interese sólo a nosotras. La
deconstrucción del sexismo cambia profundamente el modelo social y por
tanto las vidas de los hombres y de las mujeres. Es una causa que nos
implica a todos. Apoyemos y empujemos, para que los dos malditos pasos
sean hacia delante.
Dar crédito a las víctimas por el hecho de presentarse como tales es
abrir la puerta a las venganzas, las calumnias y los ajustes de cuentas.
MUJERES VIOLADAS, acosadas, manoseadas sin su consentimiento, todo
eso existe y ha existido siempre, por desdicha. Que haya una rebelión
contra ello no puede ser sino bueno. Pero hay demasiadas cosas buenas
que hoy se convierten rápidamente en regulares, mediante la exageración y
la exacerbación y la anulación de los matices y grados. El estallido se
produjo con el caso Weinstein, cuyas prácticas son viejas como el mundo. Ya hacia 1910 se acuñó la expresión “couch casting”
(“casting del sofá”), para referirse a las pruebas a que los
productores de Hollywood y Broadway sometían a menudo a las aspirantes a
actrices (o a los aspirantes, según los gustos). En el despacho solía
haber un sofá bien a mano, para propósitos evidentes. La costumbre me
parece repugnante por parte de esos productores (como me lo parece la de
cualquier individuo poderoso), pero en ella no había violencia. Se
producía una forma de transacción, a la que las muchachas podían
negarse; y una forma de prostitución menor y pasajera, si aceptaban. “A cambio de que este cerdo se acueste conmigo, consigo un papel,
iniciar mi carrera”. Pensar que la única razón por la que se nos dan
oportunidades es nuestro manifiesto talento, es pensar con ingenuidad
excesiva (ocurre a veces, pero no siempre). Con frecuencia hay
transacciones, compensaciones, pactos, beneficios mutuos que entran en
juego. La índole de algunos es repulsiva, sin duda, pero cabe responder
“No” a tales proposiciones. Y tampoco hay que olvidar que no han sido
pocas las mujeres que han buscado y halagado al varón viejo, rico y feo,
famoso y desagradable, poderoso y seboso, exclusivamente por interés y
provecho. No hay que recurrir a nombres para recordar la considerable
cantidad de mujeres jóvenes y atractivas que se han casado con hombres
decrépitos no por amor precisamente, ni por deseo sexual tampoco. Ahora el movimiento MeToo y otros han establecido dos pseudoverdades: a) que las mujeres son siempre víctimas; b) que las mujeres nunca mienten.
En función de la segunda, cualquier varón acusado es considerado
automáticamente culpable. Esta es la mayor perversión imaginable de la
justicia, la que llevaron a cabo la Inquisición y los totalitarismos, el
franquismo y el nazismo y el stalinismo y el maoísmo y tantos otros. En
vez de ser el denunciante quien debía demostrar la culpa del
denunciado, era éste quien debía probar su inocencia, lo cual es
imposible. (Si a mí me acusan de haber acuchillado a una anciana en el
Retiro, y la mera acusación se da por cierta, yo no puedo demostrar que
no lo hice, salvo que cuente con coartada clara.) De hecho, en esta
campaña, se ha prescindido hasta del juicio. Las redes sociales
(manipuladas) se han erigido en jurados populares, son la misma
muchedumbre que exigió la ejecución de Jesús y la liberación de Barrabás
en su día. Tal vez sean culpables, pero basta con la acusación, y el
consiguiente linchamiento mediático, para que Spacey o Woody Allen o Testino pierdan su trabajo y su honor, para que pasen a ser apestados y se les arruine la vida. La justificación de estas condenas express es que las víctimas
no pueden aportar pruebas de lo que sostienen, porque casi siempre
estaban solas con el criminal cuando tuvieron lugar la violación o el
abuso y no hay testigos. Es verdad, pero eso (los delincuentes ya
procuran que no los haya) les ha sucedido a todas las víctimas, a las de
todos los crímenes, y por eso muchos han quedado impunes. Mala suerte.
¿Cuántas veces no hemos visto películas en las que alguien se desvive
por conseguir pruebas o una confesión con añagazas, porque sin ellas es
palabra contra palabra y perderían el juicio? Así está montada la
justicia en los Estados de Derecho, con garantías; no así en las
dictaduras. Por eso me ha sorprendido leer editoriales y “acentos” en
este diario en los que se afirmaba que las injusticias derivadas de todo
este movimiento eran “asumibles” y cosas por el estilo. Es algo que
contraviene todos los argumentos que, desde Beccaria en el siglo XVIII,
si no antes, han abogado por la abolición de la pena de muerte. La idea
de los defensores de la libertad, la razón y los derechos humanos ha
sido justamente la contraria: “Antes queden sin castigo algunos criminales que sufra un solo
inocente la injusticia de la prisión o la muerte”. Ahora se propugna lo
opuesto. Si la falta de pruebas contra los acusados se extendiera a
otros delitos, y aquéllos dependieran de las volubles masas, se acabaría
la justicia. Dar crédito a las víctimas por el hecho de presentarse como tales es
abrir la puerta a las venganzas, las revanchas, las calumnias, las
difamaciones y los ajustes de cuentas. Las mujeres mienten tanto como
los hombres, es decir, unas sí y otras no. Si se les da crédito a todas
por principio, se está entregando un arma mortífera a las envidiosas, a
las despechadas, a las malvadas, a las misándricas y a las que
simplemente se la guardan a alguien. Podrían inventar, retorcer,
distorsionar, tergiversar impunemente y con éxito. El resultado de esta
“barra libre” es que las acusaciones fundadas y verdaderas —y a fe mía
que las hay a millares— serán objeto de sospecha y a lo peor caerán en
saco roto, haya o no pruebas. Eso sería lo más grave y pernicioso. No sé señor Marías, creo que se ha metido usted en un charco que le traerá consecuencias no muy buenas....... Efectivamente en este mundo traidor no tiene porqué ser verdad lo que cuentan o contamos las mujeres, pero los hombres matan, violan y no siempre por dar un papelito en su película, sino porque son Asesinos.
Las relaciones de pareja son uno de los
objetos de estudio al que más horas dedican investigadores de todo el
mundo. ¿Qué cualidades se necesitan para que una relación sea duradera,
satisfactoria y plena? La respuesta muy a menudo nos viene dada en clave
heterosexual y masculina. La ciencia, en algunas
ocasiones, parece tener una cierta tendencia a estudiar características y
valores en las mujeres que bien pudieran tener los hombres y
que poco o nada tienen que ver con el género.
En este sentido la
periodista científica Angela Saini, explica en su libro Inferior que
"desde la inteligencia hasta la emoción, durante siglos la ciencia nos
ha dicho que los hombres y las mujeres son fundamentalmente diferentes.
Pero esta no es toda la historia" en realidad, según Saini "la ciencia
ha maltratado a las mujeres".
En la literatura científica se
puede encontrar toda clase de estudios: sobre preferencias masculinas y
también sobre preferencias femeninas.
Entre los primeros, no es difícil
descubrir algunos ejemplos de machismo más o menos disimulado.
Analizar cómo de largas han de ser nuestras piernas para que resulten atractivas o determinar el tamaño ideal de pecho son solo un par de ejemplos algo obvios e infantiles ¿verdad?
Pero
¿qué pasa cuándo los estudios ensalzan otro tipo de cualidades como la
bondad o la paciencia?
Pues en muchas ocasiones no nos damos cuenta que estamos ante una situación que se conoce como "patriarcado de consentimiento"
explica Mercedes Cano, coach especialista en igualdad.
"El patriarcado
es muy hábil y se adapta muy bien a lo que necesita y en vez de decirte
que tú no eres capaz de hacer algo lo que hace es alabarte, esto se
conoce como machismo sutil", sigue Cano.
Precisamente de machismo sutil
se nutre la siguiente compilación de estudios científicos que pretenden
escribir el ABCD de la esposa perfecta. Los revisamos:
Búsquese un marido mayor que usted Idealmente debería usted tener entre 2 y 4 años menos que su esposo. Así lo confirma un estudio publicado en el Journal of Sex Research, en
el que se revela que los hombres están más satisfechos con sus
relaciones y vidas sexuales cuando sus parejas son de 2 a 4 años más
jóvenes que ellos. Nada que objetar contra esta observación, pero ¿dónde
está la verdadera necesidad de medir nuestra edad matrimonial óptima? Si usted ya está en edad postmenopáusica entonces olvídese de ser la mujer de nadie, o ¿a caso no ha leído el estudio de impacto mundial publicado en PLOS Computational Biology que reveló que las mujeres mayores se vuelven infértiles porque los hombres no las encuentran atractivas?
Efectivamente, estos resultados gozaron de gran aceptación en la
comunidad científica a pesar de que desde un punto de vista de biología
evolutiva se sabe que el mecanismo es precisamente el contrario.
Tal
y como explicó el Dr. Maxwell Burton-Chellew, biólogo de la Universidad
de Oxford en declaraciones a The Telegraph "los hombres sienten menos
atracción sexual por las mujeres posmenopáusicas porqué ya no pueden
tener hijos y no al revés". Es decir, que en ningún caso la falta de
deseo del hombre hacia la mujer nos conduce a un camino de no retorno
hacia el climaterio.
1Las
relaciones de pareja son uno de los objetos de estudio al que más horas
dedican investigadores de todo el mundo. ¿Qué cualidades se necesitan
para que una relación sea duradera, satisfactoria y plena? La respuesta
muy a menudo nos viene dada en clave heterosexual y masculina. La
ciencia, en algunas ocasiones, parece tener una cierta tendencia a
estudiar características y valores en las mujeres que bien pudieran
tener los hombres y que poco o nada tienen que ver con el
género. En este sentido la periodista científica Angela Saini, explica
en su libro Inferior que "desde la inteligencia hasta la emoción,
durante siglos la ciencia nos ha dicho que los hombres y las mujeres son
fundamentalmente diferentes. Pero esta no es toda la historia" en
realidad, según Saini "la ciencia ha maltratado a las mujeres".
En
la literatura científica se puede encontrar toda clase de estudios:
sobre preferencias masculinas y también sobre preferencias femeninas.
Entre los primeros, no es difícil descubrir algunos ejemplos de machismo
más o menos disimulado. Analizar cómo de largas han de ser nuestras piernas para que resulten atractivas o determinar el tamaño ideal de pecho son solo un par de ejemplos algo obvios e infantiles ¿verdad?
Pero
¿qué pasa cuándo los estudios ensalzan otro tipo de cualidades como la
bondad o la paciencia? Pues en muchas ocasiones no nos damos cuenta que estamos ante una situación que se conoce como "patriarcado de consentimiento"
explica Mercedes Cano, coach especialista en igualdad. "El patriarcado
es muy hábil y se adapta muy bien a lo que necesita y en vez de decirte
que tú no eres capaz de hacer algo lo que hace es alabarte, esto se
conoce como machismo sutil", sigue Cano. Precisamente de machismo sutil
se nutre la siguiente compilación de estudios científicos que pretenden
escribir el ABCD de la esposa perfecta. Los revisamos:
2Búsquese un marido mayor que usted Idealmente debería usted tener entre 2 y 4 años menos que su esposo.
Así lo confirma un estudio publicado en el Journal of Sex Research, en
el que se revela que los hombres están más satisfechos con sus
relaciones y vidas sexuales cuando sus parejas son de 2 a 4 años más
jóvenes que ellos. Nada que objetar contra esta observación, pero ¿dónde
está la verdadera necesidad de medir nuestra edad matrimonial óptima?
Si usted ya está en edad postmenopáusica entonces olvídese de ser la mujer de nadie, o ¿a caso no ha leído el estudio de impacto mundial publicado en PLOS Computational Biology que reveló que las mujeres mayores se vuelven infértiles porque los hombres no las encuentran atractivas?
Efectivamente, estos resultados gozaron de gran aceptación en la
comunidad científica a pesar de que desde un punto de vista de biología
evolutiva se sabe que el mecanismo es precisamente el contrario.
Tal
y como explicó el Dr. Maxwell Burton-Chellew, biólogo de la Universidad
de Oxford en declaraciones a The Telegraph "los hombres sienten menos
atracción sexual por las mujeres posmenopáusicas porqué ya no pueden
tener hijos y no al revés". Es decir, que en ningún caso la falta de
deseo del hombre hacia la mujer nos conduce a un camino de no retorno
hacia el climaterio.
Ríale sus gracias
Así lo explica un estudio
realizado en el Westfield State College, EE.UU, que afirma que los
hombres se sienten más atraídos por las mujeres que se ríen de sus
bromas
. Eric Bressler coautor del estudio aconseja a las mujeres que "si usted no está interesada en un hombre, entonces no se ría de sus bromas".
"El
hecho de que una persona, hombre o mujer, ría constantemente las
gracias a otra, valida siempre sus actitudes, le refuerza su forma de
ser y como resultado eleva su autoestima.
Tener constantemente una
persona que desde la subordinación incondicional aplauda, suele generar
placer" explica Carmen Espinosa Pintos
psicóloga especialista en perspectiva y violencia de género. El
problema está en que "socialmente se olvidan las palabras subordinación e
incondicional implícitas en este atractivo", especialmente cuando nacen
de clichés como el de la mujer que ríe las gracias. Sin estos
estereotipos "no existirían esas pautas de comportamiento y las
consecuencias nefastas que generan en nuestra sociedad" concluye la
psicóloga.
1Las
relaciones de pareja son uno de los objetos de estudio al que más horas
dedican investigadores de todo el mundo. ¿Qué cualidades se necesitan
para que una relación sea duradera, satisfactoria y plena? La respuesta
muy a menudo nos viene dada en clave heterosexual y masculina. La
ciencia, en algunas ocasiones, parece tener una cierta tendencia a
estudiar características y valores en las mujeres que bien pudieran
tener los hombres y que poco o nada tienen que ver con el
género. En este sentido la periodista científica Angela Saini, explica
en su libro Inferior que "desde la inteligencia hasta la emoción,
durante siglos la ciencia nos ha dicho que los hombres y las mujeres son
fundamentalmente diferentes. Pero esta no es toda la historia" en
realidad, según Saini "la ciencia ha maltratado a las mujeres".
En
la literatura científica se puede encontrar toda clase de estudios:
sobre preferencias masculinas y también sobre preferencias femeninas.
Entre los primeros, no es difícil descubrir algunos ejemplos de machismo
más o menos disimulado. Analizar cómo de largas han de ser nuestras piernas para que resulten atractivas o determinar el tamaño ideal de pecho son solo un par de ejemplos algo obvios e infantiles ¿verdad?
Pero
¿qué pasa cuándo los estudios ensalzan otro tipo de cualidades como la
bondad o la paciencia? Pues en muchas ocasiones no nos damos cuenta que estamos ante una situación que se conoce como "patriarcado de consentimiento"
explica Mercedes Cano, coach especialista en igualdad. "El patriarcado
es muy hábil y se adapta muy bien a lo que necesita y en vez de decirte
que tú no eres capaz de hacer algo lo que hace es alabarte, esto se
conoce como machismo sutil", sigue Cano. Precisamente de machismo sutil
se nutre la siguiente compilación de estudios científicos que pretenden
escribir el ABCD de la esposa perfecta. Los revisamos:
2Búsquese un marido mayor que usted Idealmente debería usted tener entre 2 y 4 años menos que su esposo.
Así lo confirma un estudio publicado en el Journal of Sex Research, en
el que se revela que los hombres están más satisfechos con sus
relaciones y vidas sexuales cuando sus parejas son de 2 a 4 años más
jóvenes que ellos. Nada que objetar contra esta observación, pero ¿dónde
está la verdadera necesidad de medir nuestra edad matrimonial óptima?
Si usted ya está en edad postmenopáusica entonces olvídese de ser la mujer de nadie, o ¿a caso no ha leído el estudio de impacto mundial publicado en PLOS Computational Biology que reveló que las mujeres mayores se vuelven infértiles porque los hombres no las encuentran atractivas?
Efectivamente, estos resultados gozaron de gran aceptación en la
comunidad científica a pesar de que desde un punto de vista de biología
evolutiva se sabe que el mecanismo es precisamente el contrario.
Tal
y como explicó el Dr. Maxwell Burton-Chellew, biólogo de la Universidad
de Oxford en declaraciones a The Telegraph "los hombres sienten menos
atracción sexual por las mujeres posmenopáusicas porqué ya no pueden
tener hijos y no al revés". Es decir, que en ningún caso la falta de
deseo del hombre hacia la mujer nos conduce a un camino de no retorno
hacia el climaterio.
3Ríale sus gracias Así lo explica un estudio
realizado en el Westfield State College, EE.UU, que afirma que los
hombres se sienten más atraídos por las mujeres que se ríen de sus
bromas. Eric Bressler coautor del estudio aconseja a las mujeres que "si usted no está interesada en un hombre, entonces no se ría de sus bromas".
"El
hecho de que una persona, hombre o mujer, ría constantemente las
gracias a otra, valida siempre sus actitudes, le refuerza su forma de
ser y como resultado eleva su autoestima. Tener constantemente una
persona que desde la subordinación incondicional aplauda, suele generar
placer" explica Carmen Espinosa Pintos
psicóloga especialista en perspectiva y violencia de género. El
problema está en que "socialmente se olvidan las palabras subordinación e
incondicional implícitas en este atractivo", especialmente cuando nacen
de clichés como el de la mujer que ríe las gracias. Sin estos
estereotipos "no existirían esas pautas de comportamiento y las
consecuencias nefastas que generan en nuestra sociedad" concluye la
psicóloga.
Nada de mentirijillas, ¿eh? Un estudio cuyos resultados se publicaron en el Journal of Research in Personality
reveló que las personas a las que se les atribuye la palabra "honesto"
parecen estar más en forma, en mejor estado de salud y con una cara más
amable, femenina y atractiva. Una de las conclusiones del estudio es que
los hombres prefieren tener una mujer honesta cuando se trata de establecer una relación de pareja a largo plazo.
¿Por
qué de nuevo se concluyen los datos en clave sexista? ¿Por qué a ellos
se les perdona la honestidad? Carmen Espinosa Pintos nos cuenta que en
este caso "vemos la diferencia de rasero ante una misma cualidad (…) Si pensamos en la palabra honestidad, solemos relacionarla con bondad o sinceridad.
Debido a los estereotipos generados por el modelo social, dependiendo
de si es hombre o mujer a quien asociemos esta palabra, desgraciadamente
el resultado es desigual. En base a estos clichés se espera que las
mujeres sean buenas.
No es que de los hombres se espere lo contrario,
pero tener picardía en ellos está asociado a inteligencia, adaptabilidad
al contexto. Es curioso que, siendo la misma cualidad, en las mujeres
tener picardía o pensar en su propio interés se asocie con ser egoístas,
con no ser buenas".
Sea amable y asertiva
¿Qué es más importante el físico o la personalidad? Esta misma pregunta se hicieron un grupo de investigadores al desarrollar un experimento
en el que se examinó la influencia de la personalidad sobre las
percepciones del atractivo físico. A una muestra de 2.157 estudiantes
universitarios les fueron asignados aleatoriamente grupos de personas a
los que tenían que evaluar y decir quiénes les parecían más atractivos.
De algunos disponían información sobre su personalidad y de otros no.
Los resultados fueron sorprendentes:
los estudiantes que recibieron información sobre la personalidad de los
sujetos que estaban evaluando consideraron atractivas a personas de
distintas tallas. Un espectro mucho mayor que cuando no fueron
informados de la personalidad del sujeto. Estos resultados sugieren que
las señales no físicas influyen en la percepción de la belleza física...
y características como la amabilidad o la asertividad nos convierten en
personas atractivas ¿Personas he dicho?
Disculpe, en mujeres
atractivas. Se me olvidó explicar que los 2.157 evaluadores eran varones
analizando a mujeres y así saber de una vez por todas como nos tenemos
que comportar.
Anote: buena, comprensiva, dicharachera… pero sin
pasarse. ¡Que la frescura no sobrepase el decoro! Para Espinosa Pintos
si se consiguiera un cambio en el modelo social se haría palpable que
todas estas cualidades "son de las personas y no de un género
determinado". Deje sus neurosis dentro del armario Lo que un hombre buscará en usted es que sea “estable” antes que neurótica.
Y no, no lo dice un estudio victoriano (cuyas mujeres de la época
vivieron bajo la carga de los estereotipos sexuales y a las que se les
atribuía un sinfín de enfermedades nerviosas). Lo dice un estudio de 2015 de Psychology, en el que además aclaran que si es usted extrovertida, atlética e inteligente mejor que mejor.
En
el estudio se encuestó a 158 hombres con una edad promedio de 24.5 años
que tuvieron que calificar a 16 mujeres hipotéticas para su idoneidad
como parejas a largo plazo. Mercedes Cano explica que el sesgo sexista
en este tipo de estudios es muy útil para el sistema patriarcal ya que "con
este mecanismo se induce a las mujeres a pensar que una determinada
forma de actuar les corresponde por el mero hecho de ser mujer".