Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

28 dic 2017

Lascivia en las cartas de amor del siglo XXI


Lascivia en las cartas de amor del siglo XXI

Obra de un pintor francés anónimo del siglo XVI en la que retrató a una alcahueta haciendo entrega de una carta de amor.
Obra de un pintor francés anónimo del siglo XVI en la que retrató a una alcahueta haciendo entrega de una carta de amor.
EL FILÓSOFO Adolph Knigge avisó de que el único remedio contra el amor era la huida antes de que este llegara a producirse. 
Visto lo visto, nadie le hizo mucho caso y el rechazo a sus enseñanzas continúa siendo un éxito.
A propósito de ello, la joven francesa Morgane Ortin ha puesto en marcha una cuenta de Instagram llamada Amours solitaires que está arrasando.
 Ortin, responsable además de una editorial dedicada a la correspondencia de grandes autores —Editions Des Lettres— y autora del libro Les SMS des grands écrivains, ha creado la cuenta para preguntarse cómo se escribe el amor en 2017. 
El proyecto se basa en hacer acopio de pantallazos de mensajes que la gente le envía y que van desde la confesión de amor más cursi a la invitación más atrevida.
Busco “amours solitaires” en Instagram y me hago seguidor de la cuenta.
 El primer mensaje que encuentro dice: “A menudo me pregunto desde cuándo te amo, creo que desde siempre, porque tu nombre se ha convertido en sentimiento”. 5.187 me gusta y 95 comentarios.
 Acto seguido leo el manifiesto de la creadora:
 “Se dice que la carta de amor está muerta, que las personas ya no saben escribir y que la palabra ha desaparecido en beneficio de la imagen.
 Pero cada día circulan mensajes que, aislados en la intimidad del teléfono, contradicen todo esto.
 Amours solitaires ha nacido para decir que la carta de amor evoluciona con los nuevos soportes que nos ofrece la tecnología. 
¿Quién dice que el sentimiento estaba muerto? El sentimiento es vanguardia”. 

Cuando me topo con el siguiente SMS, “Quiero que tus hoyuelos acaricien el interior de mis muslos”, no puedo evitar abrir los Fragmentos de Barthes y recordar aquello de que “el lenguaje es una piel. Yo froto mi lenguaje contra el otro”. 
Y como tengo a mano las 856 cartas entre Albert Camus y María Casares, leo: “Hay algo que es solo nuestro y donde te encuentro siempre sin esfuerzo. Son las horas en las que guardo silencio y tú dudas de mí.
 Pero poco importa, mi corazón está lleno de ti. Adiós, querida”.
En una entrevista en la revista Les Inrocks, Ortin aseguraba: “Cuando hablo de cartas de amor por SMS la mayoría se ríe de mí, pero lo único que ha cambiado es nuestra concepción del tiempo.
 En los mensajes no hay la noción de ausencia de una carta, que nos autoriza a ser más líricos porque sabemos que la respuesta tardará. Las épocas han cambiado pero los procedimientos son idénticos”.
Para certificarlo acudo a Henry Miller escribiendo a Anaïs Nin, que no tenía wifi, pero sí el alcohol que tantas veces otorga atrevimiento:
 “¿Y qué es lo que te lleva a hacer eso, el amor? Es hermoso amar y ser libre al mismo tiempo. No sé lo que espero de ti, pero es algo parecido a un milagro. 
Te voy a exigir todo, hasta lo imposible, porque me animas a ello.
 Me gusta incluso tu engaño, tu traición. Me parece aristocrático (¿suena inapropiada la palabra aristocrático en mi boca?).
 Sí, Anaïs, pensaba en cómo traicionarte, pero no puedo. Te deseo. Quiero desnudarte, vulgarizarte un poco… No sé, ay, lo que me digo. 
Estoy un poco bebido porque tú no te encuentras aquí.
 Me gustaría dar una palmada y voilà, ¡Anaïs!”.

Las New York Campos..................................... Manuel Morales

¿Qué interés tuvo ver a las Campos paseando por Nueva York? Ninguno. Y además aburrido.

María Teresa Campos en Nueva York delante del escaparate de Tiffany. María Teresa Campos en Nueva York delante del escaparate de Tiffany

Me rindo. 
Desconozco qué interés puede generar ver pasear por Nueva York a la periodista María Teresa Campos y sus hijas Terelu y Carmen, pero Telecinco decidió que la nueva entrega del reality que exhibe las vidas de este trío contase con escenarios como el Empire State, el Rockefeller Center o Chinatown. 
Ni por esas. 
El programa fue muy aburrido y se hizo larguísimo. 
Solo algún comentario jocoso de la madre y los recurrentes efectos de sonido o fragmentos de canciones para reforzar determinadas situaciones sacaban del bostezo.
El periplo sirvió, eso sí, para comprobar la fobia a volar de Carmen Borrego o el miedo a las palomas de su hermana, que mostró otra vez su desorden alimenticio. 
Terelu se apipó de comida basura del aeropuerto y se atracó a perritos calientes en la ciudad que nunca duerme. 
Ya se lo reprochó su hermana: “Le cabe España a la tía”. Quizás el momento más sonrojante fue cuando Terelu devoró otro perrito mientras simulaba el comienzo de un orgasmo, en imitación de Meg Ryan en Cuando Harry encontró a Sally.
 Por suerte, la presentadora nos avisó de que cómo se comporta en esos momentos de intimidad se lo guarda para sí misma.
Reconvertida hace tiempo en comentarista de viscosos programas del cotilleo, la hermana mayor ejerció de organizadora y parloteó sobre trivialidades como el novio que conoció en Nueva York o sus problemas para entender el inglés americano… interesantísimo, como demostraba la cara de su hermana, la picajosa y malhablada Carmen (“que me doy un fostiazo del quince”, bramó ante un tropezón).
Así transcurrieron las casi dos horas de Las Campos, viéndolas subir y bajar de limusinas, ir de compras una y otra vez, incluido un ceremonioso personal shopper por la Quinta Avenida, y asistimos a excitantes momentos como sacar un billete de metro o regatear con un vendedor callejero de falsificaciones. 
Fue más llamativo ver cómo se rebotaban cuando los paparazis les sacaban fotos por la calle. Habrase visto.
¿Alguna inquietud cultural en su visita a Nueva York, como ver un museo, un musical o aunque sea adquirir un libro de fotos de edificios de la megalópolis? 
Hombre, no nos pongamos estupendos.
* Las Campos fue seguido por 1.892.000 espectadores con un 11,8% de cuota de pantalla, el décimo programa más visto del miércoles 27 de diciembre.

 

27 dic 2017

En Navidad todo son tradiciones y Porcelanosa ya ha hecho grande la suya de organizar una gran celebración

En ¡HOLA!: Entramos en exclusiva en la fiesta más glamurosa de la Navidad junto a los grandes protagonistas del año

En ¡HOLA!: entramos en exclusiva en la fiesta más glamurosa de la Navidad junto a los grandes protagonistas del año

En Navidad todo son tradiciones y Porcelanosa ya ha hecho grande la suya de organizar una gran celebración

Champán, delicatessen, música, confeti. bromas, risas... pero, sobre todo, amigos. 
En Navidad todo son tradiciones y Porcelanosa ya ha hecho grande la suya de organizar una gran celebración. 
Todos quieren asistir, pero muy pocos son los elegidos para estar. Y es que si hablamos de una empresa número uno, tan solo los top tienen invitación.
 Isabel PreyslerNieves Álvarez, Antonio Banderas y Nicole Kimpel, Paloma Cuevas y Enrique Ponce, Miguel Ángel Silvestre, o Pepe Barroso Jr. compartieron durante esta noche inolvidable abrazos llenos de admiración, felicitaciones desde el corazón, momentos y recuerdos.
Dicen los de Hola que si quiero saber algo que compre la Revista. Así pues lo que haya puesto no está completo

Marlene Dietrich, la ‘femme fatale’ de voz inolvidable en Hollywood

Convertida en mito del Séptimo Arte, su personalidad arrolladora pero enigmática también la convirtió en pionera a la hora de romper de tabúes y estereotipos.

Marlene Dietrich
Marlene Dietrich en una fotografía durante la película 'De isla en isla' (Siete pecadores).
Considerada uno de los mitos del Séptimo Arte y la novena mejor actriz femenina de todos los tiempos, Marlene Dietrich, fue una mujer rodeada de soledad a pesar de sus innumerables conquistas, de su ambigüedad sexual y de su éxito y glamour. 
La propia Marlene lo confesó al final de su carrera: “Me visto para la imagen.
 No para mí, no para el público, no por la moda, no para los hombres”, declaraba la actriz en una entrevista en 1960 al diario ‘The Observer’. 
Su única hija lo refrendó con posterioridad con una ácida crítica en la que aseguraba que su madre “vivía para, por y dentro de la imagen que se proyectaba en el espejo”.
Pero como las productoras de la edad de oro de Hollywood cuidaban tanto la imagen de sus estrellas, poco trascendió en los medios de comunicación de la época sobre su agitada vida personal, su rivalidad con Greta Garbo o sus escarceos amorosos con estrellas y personajes de ambos sexos. 
Para la posteridad ha quedado su ruptura de estereotipos y tabúes, su personalidad interpretativa y alguna de las películas que protagonizó, consideradas obras maestras del cine.
Marie Magdalene Dietrich nació el 27 de diciembre de 1901 en la localidad de Schöneberg, que en 1920 fue anexionada a Berlín, en una familia de clase media acomodada.
 Tuvo una hermana mayor llamada Elisabeth, con quien se distanció al saber de su cercanía con militares y funcionarios del régimen nazi.
 En su infancia ambas hermanas recibieron una educación esmerada y estricta que, por ejemplo, incluía aprender francés.
 La pequeña Marie Magdalene demostró su interés por la fama y el espectáculo desde niña y con apenas 11 años ya se hacía llamar Marlene, que es el resultado de la fusión del inicio del primer nombre y el final del segundo. 
En su adolescencia también se interesó por la poesía y el teatro y hasta aprendió a tocar el violín, aunque no pudo dedicarse a ello por una lesión de muñeca.
Su formación académica y sus aptitudes musicales le permitieron introducirse en el mundo del cine como miembro de pequeñas orquestas que acompañaban a las proyecciones de cine mudo, aunque fue despedida a las pocas semanas. 
Con 19 años Marlene Dietrich fue rechazada por el director teatral Max Reinhard cuando intentó entrar en la Deutsche Theaterschule, aunque dos años más tarde lo consiguió y pudo compaginar sus clases con breves apariciones en otros espectáculos y algunas películas dirigidas por Georg Jacoby, como
 ‘Los hombres son como esto’ (1922), o William Dieterle, como ‘Un hombre al borde del camino’ (1923).
En el rodaje de una de esas películas, ‘Tragedia de amor’ (1923), Dietrich conoció a Rudolf Sieber, que era ayudante del director y se casaron por lo civil en Berlín aunque convivieron poco.
 Cada uno llevó su vida íntima por separado, aunque nunca se divorciaron y mantuvieron buena relación.
 En diciembre de 1924 la pareja tuvo una hija, Maria Elisabeth, aunque conocida por el nombre de casada, Maria Riva, que fue su única descendiente y que la acompañó en su madurez.
 En esos años Marlene comenzó a ser reclamada para diversos papeles
Sin embargo, el momento más importante de su carrera tuvo lugar cuando Joseph von Sternberg la llamó para interpretar el papel de Lola-Lola en ‘El ángel azul’ (1930), una de las películas más importantes de ambos y de la historia del cine, que aborda la decadencia humana en la que Marlene, encarnando a su personaje, demuestra una pasión encendida hacia todos los que se mueven a su alrededor.
El éxito y la popularidad que logró la joven Marlene tras el estreno de la película la llevaron a Hollywood, en donde la Paramount la contrató para intervenir en ‘Marruecos’ (1930), al lado de Gary Cooper, el galán de la productora y del momento, y también dirigida por Sternberg, que la tuvo a sus órdenes en otras cinco películas más.
El tándem Dietrich-Sternberg destapaba en cada película nuevos matices de la actriz que deslumbraban al público por su mágica expresión.
 Como la propia Marlene escribirá años después en sus memorias señalando su doble nacimiento -primero en 1901 bajo el cielo berlinés, y el segundo en 1930, bajo la cámara de Josef von Sternberg-, entre las películas ‘Marruecos’ (1930) y ‘El diablo era mujer’ (1935) la actriz fijó su icono de mujer ‘vamp’, símbolo de glamur y misterio.
Marlene Dietrich
Marlene Dietrich como la aventurera Amy Jolly en la película Marruecos (1930).
Su personaje de Amy Jolly en ‘Marruecos’ vestida con esmoquin dando un beso a otra mujer en un cabaret inmortaliza su perfil transgresor, aunque también ha quedado para la historia el de Shanghai Lily en ‘El expreso de Shanghai’ (1932).
 Sternberg estuvo dispuesto a convertir a la joven Marlene en un mito erótico y lo consiguió: la transformó en la ‘femme fatale’ por antonomasia y la modeló a su gusto haciéndole perder peso, enseñándola a maquillarse e iluminando su rostro para disimular su ancha nariz y marcar sus pómulos.
 Pero también le cambió el peinado y hasta la personalidad, haciendo de su mirada y de sus piernas un arma de seducción y deseo. 
En el ocaso de su vida Dietrich reconoció que nunca le agradeció lo suficiente lo que había hecho por ella.
Tras etapa brillante etapa, con las películas más taquilleras de la historia, director y actriz pusieron fin a su relación artística y Marlene inició una nueva en la que trabajó con directores como Frank Borzage, Ernst Lubitsch y Richard Boleslawski, con quien cobró, por la película ‘El jardín de Alá’ (1936), uno de los salarios más altos del momento.
A lo largo de los años 40 Marlene Dietrich trabajó en todo tipo de producciones, especialmente en westerns como ‘Arizona’ (1939), de George Marshall, o ‘Los usurpadores’ (1942), de Ray Enright, junto a James Stewart y John Wayne. 
También lo hizo con el resto de actores y actrices del momento, como Tyron Power, Spencer Tracy, Burt Lancaster, Montgomery Clift, Maximilian Schell, Vittorio de Sica, Cantinflas, David Niven, Shirley MacLaine William Holden y Audrey Hepburn.
Antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Marlene Dietrich obtuvo la nacionalidad estadounidense y participó de forma activa en espectáculos para los soldados en el frente durante la contienda.
 Durante los años 50 sus apariciones comenzaron a ser más esporádicas, lo que pareció demostrar la inseguridad que con la madurez su brillo no era el mismo que cuando la belleza era su carta de presentación ante los espectadores.
En los primeros años de la década de los 60 decidió abandonar prácticamente el mundo del cine,  aunque se reinventó dedicándose con intensidad a la música y al baile, actuando en directo y grabando numerosos discos tanto en Europa como en Estados Unidos.
Debido a su lujoso nivel de vida Marlene Dietrich necesitaba mucho dinero y por ello prolongó su carrera musical hasta más allá de los 70 años. 
Superó un cáncer en 1965 pero solo los dos accidentes que sufrió al caer al foso del escenario en 1973 y romperse una pierna en Sydney al inicio de otro espectáculo la retiraron definitivamente.
Marlene pasó la última década de su vida recluida en reposo en su apartamento de la avenida Montaigne de París, a buen seguro que porque no quería que la vejez empañase la imagen de mito que tenía.
 En esta etapa fue muy aficionada a escribir cartas, poemas de amor y a llamar de por teléfono a diversos continentes, algo que acentuó sus desorbitados gastos.
Dietrich falleció en París el 6 de mayo de 1992, a los 90 años.
 Su cuerpo, cubierto con una bandera de los Estados Unidos, fue enviado a Berlín donde fue enterrada en el cementerio municipal de Berlín-Schöneberg, su lugar de nacimiento, junto a su madre por expreso deseo de ella.
Marlene Dietrich, uno de los mitos del cine, fue una actriz con gran variedad de registros expresivos y que destacó también por sus canciones y actuaciones musicales y de baile.
 Si bien fue descrita como una mujer fatal por su arrolladora personalidad que traspasó la pantalla para instalarse en su vida privada, lo cierto es que sus piernas y su característica voz ronca han quedado como iconos de una trayectoria difícilmente superable.