Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

3 nov 2017

Laika, la ‘perra del espacio’ que impulsó la carrera entre Rusia y EE UU

Se cumplen 60 años del lanzamiento del primer ser vivo al espacio exterior, un acontecimiento respondido por Kennedy con el envío del primer hombre a la Luna.

El 'Sputnik 2' con la perra Laika a bordo
A pesar de los 60 años transcurridos, su nombre –Laika- es todavía tanto o más popular que el de Gagarin o Armstrong.
 El primer ser vivo que se aventuró por el espacio exterior ocupa un lugar de honor en el imaginario colectivo.
El lanzamiento del primer Sputnik, en octubre de 1957 no fue anunciado como un acontecimiento excepcional. 
 Apenas mereció una modesta columna arrinconada en la primera página de Pravda, bajo el inicuo titular “Informe de TASS”.

La reacción en Occidente fue muy distinta. 
Aparte de la sorpresa ante un éxito tecnológico que nadie esperaba estaban sus implicaciones militares: el Sputnik demostraba que la Unión Soviética disponía de un misil intercontinental capaz de alcanzar cualquier punto del globo. Occidente, no.
 Y en muchos círculos la sorpresa dejó paso a una sensación de temor casi histérico.
Esa reacción cogió por sorpresa al propio dirigente soviétivo Nikita Kruschev.
 Nunca antes había considerado el valor propagandístico de un lanzamiento espacial pero el Sputnik le abrió los ojos al instante y no tardó ni un día en reaccionar. 
La siguiente edición de Pravda le dedicaba la portada íntegra, describiéndolo como “una gran victoria en la competencia pacífica con el capitalismo”
A los pocos días del lanzamiento, Serguéi Korolev, el anónimo padre del Sputnik, fue recibido por un exultante Kruschev quien le hizo una petición sorprendente: “Sergei Pavlovich: Nunca creímos que pudieras lanzar un Sputnik antes que los americanos. 
Pero lo hiciste.
 Ahora, por favor, lanza algo nuevo al espacio para celebrar en próximo aniversario de nuestra revolución”. 
Sería en noviembre. Tenía un mes.
Hoy en día, nadie soñaría con proyectar, fabricar y lanzar un satélite en un plazo tan corto.
 Pero Korolev puso a trabajar a su equipo tan febrilmente que no había tiempo para diseños refinados ni controles de calidad. Los planos pasaban directamente del tecnígrafo al taller. 
Se utilizaría una copia del primer Sputnik para aprovechar sus baterías y equipos de radio.
 Sobre él, irían unos sencillos detectores de radiación y debajo, una cabina presurizada capaz de albergar un perro pequeño.
Casi todas esas piezas estaban ya disponibles.
 La Unión Soviética había realizado varios lanzamiento de cohetes zona con perros a bordo, así que ya poseía experiencia en el tema. En total, el conjunto pesaba algo más de media tonelada. Era una carga inconcebible para la tecnología americana, que todavía estaba limitada a unos pocos kilos. 
 Pero que no planteaba ningún problema para el formidable cohete de Korolev, el R-7, pensado para llevar ojivas nucleares de cinco toneladas.
 
El 'Sputnik 1', el primer satélite artificial.
El 'Sputnik 1', el primer satélite artificial.
Para ir a bordo del segundo Sputnik se seleccionaron tres perros de raza indefinida, todos recogidos en las calles de Moscú: Albina, Laika y Mukha.
 Los científicos rusos preferían estos animales, asumiendo que si habían sobrevivido a las duras condiciones de la vida en la calle, sin duda serían ejemplares vigorosos.
 De los tres, Laika (“Ladradora”, en ruso) resultó el de temperamento más dócil, así que al final le correspondió a ella el dudoso honor de ser el primer ser vivo en realizar un vuelo orbital. Viaje sólo de ida, claro.
 La tecnología de la época no permitía ningún intento de recuperación.
Laika no recibió un entrenamiento especial. Al fin y al cabo, las reducidas dimensiones de su cabina tampoco le permitirían más que ponerse en pie o echarse.
 Se le implantaron unos electrodos para registrar su respiración y también un sensor de pulso y presión sanguínea en una carótida. El 31 de octubre se la acomodó en su alojamiento en el morro del cohete.
El pobre animal estaría tres días encajonado allí a la espera del lanzamiento.
 En la desolada estepa de Tyuratam, noviembre es un mes muy frío, y la única concesión a la comodidad de Laika fue un sistema de calefacción que la mantendría a temperatura agradable no solo a ella sino también a los equipos electrónicos de la nave.
Por fin, el 3 de noviembre, a tiempo para celebrar el aniversario de la revolución de octubre (cosas del calendario juliano) se lanzó el segundo Sputnik.
 La telemetría mostró un aumento del ritmo cardíaco del animal durante el despegue, pero al cabo de unos minutos, ya en órbita, se tranquilizó sin mostrar, de momento, signos alarmantes.

El 'Sputnik 2' con la perra Laika a bordo
A pesar de los 60 años transcurridos, su nombre –Laika- es todavía tanto o más popular que el de Gagarin o Armstrong. El primer ser vivo que se aventuró por el espacio exterior ocupa un lugar de honor en el imaginario colectivo.
El lanzamiento del primer Sputnik, en octubre de 1957 no fue anunciado como un acontecimiento excepcional. Apenas mereció una modesta columna arrinconada en la primera página de Pravda, bajo el inicuo titular “Informe de TASS”.

La reacción en Occidente fue muy distinta. Aparte de la sorpresa ante un éxito tecnológico que nadie esperaba estaban sus implicaciones militares: el Sputnik demostraba que la Unión Soviética disponía de un misil intercontinental capaz de alcanzar cualquier punto del globo. Occidente, no. 
Y en muchos círculos la sorpresa dejó paso a una sensación de temor casi histérico.
Esa reacción cogió por sorpresa al propio dirigente soviétivo Nikita Kruschev. 
Nunca antes había considerado el valor propagandístico de un lanzamiento espacial pero el Sputnik le abrió los ojos al instante y no tardó ni un día en reaccionar.
 La siguiente edición de Pravda le dedicaba la portada íntegra, describiéndolo como “una gran victoria en la competencia pacífica con el capitalismo”
A los pocos días del lanzamiento, Serguéi Korolev, el anónimo padre del Sputnik, fue recibido por un exultante Kruschev quien le hizo una petición sorprendente: “Sergei Pavlovich: Nunca creímos que pudieras lanzar un Sputnik antes que los americanos.
 Pero lo hiciste. Ahora, por favor, lanza algo nuevo al espacio para celebrar en próximo aniversario de nuestra revolución”. Sería en noviembre. Tenía un mes.
El éxito de los dos primeros Sputniks forzó a la administración del presidente Eisenhower a acelerar el lanzamiento de su propio satélite
Hoy en día, nadie soñaría con proyectar, fabricar y lanzar un satélite en un plazo tan corto.
 Pero Korolev puso a trabajar a su equipo tan febrilmente que no había tiempo para diseños refinados ni controles de calidad.
 Los planos pasaban directamente del tecnígrafo al taller. Se utilizaría una copia del primer Sputnik para aprovechar sus baterías y equipos de radio.
 Sobre él, irían unos sencillos detectores de radiación y debajo, una cabina presurizada capaz de albergar un perro pequeño.
Casi todas esas piezas estaban ya disponibles. 
La Unión Soviética había realizado varios lanzamiento de cohetes zona con perros a bordo, así que ya poseía experiencia en el tema. En total, el conjunto pesaba algo más de media tonelada. Era una carga inconcebible para la tecnología americana, que todavía estaba limitada a unos pocos kilos. 
Pero que no planteaba ningún problema para el formidable cohete de Korolev, el R-7, pensado para llevar ojivas nucleares de cinco toneladas.
Y Como yo leí en el Blog Eureka de Daniel Marín....¿Quién dice que una perra no puede cambiar el mundo?
El 'Sputnik 1', el primer satélite artificial.
El 'Sputnik 1', el primer satélite artificial.
Para ir a bordo del segundo Sputnik se seleccionaron tres perros de raza indefinida, todos recogidos en las calles de Moscú: Albina, Laika y Mukha. Los científicos rusos preferían estos animales, asumiendo que si habían sobrevivido a las duras condiciones de la vida en la calle, sin duda serían ejemplares vigorosos. De los tres, Laika (“Ladradora”, en ruso) resultó el de temperamento más dócil, así que al final le correspondió a ella el dudoso honor de ser el primer ser vivo en realizar un vuelo orbital. Viaje sólo de ida, claro. La tecnología de la época no permitía ningún intento de recuperación.
A mediados de 1961, exasperado ante el inesperado anuncio del vuelo de Gagarin, el presidente John F. Kennedy embarcó al país en el desafío de llevar un hombre a la Luna antes del fin del decenio
Laika no recibió un entrenamiento especial. Al fin y al cabo, las reducidas dimensiones de su cabina tampoco le permitirían más que ponerse en pie o echarse. Se le implantaron unos electrodos para registrar su respiración y también un sensor de pulso y presión sanguínea en una carótida. El 31 de octubre se la acomodó en su alojamiento en el morro del cohete.
El pobre animal estaría tres días encajonado allí a la espera del lanzamiento. En la desolada estepa de Tyuratam, noviembre es un mes muy frío, y la única concesión a la comodidad de Laika fue un sistema de calefacción que la mantendría a temperatura agradable no solo a ella sino también a los equipos electrónicos de la nave.
Por fin, el 3 de noviembre, a tiempo para celebrar el aniversario de la revolución de octubre (cosas del calendario juliano) se lanzó el segundo Sputnik. La telemetría mostró un aumento del ritmo cardíaco del animal durante el despegue, pero al cabo de unos minutos, ya en órbita, se tranquilizó sin mostrar, de momento, signos alarmantes.
Por desgracia, no todo fue a pedir de boca. El satélite no estaba diseñado para separarse del cohete portador, el sistema de refrigeración no funcionó como estaba previsto y la cabina empezó a recalentarse casi desde la misma entrada en órbita. La cápsula de Laika llegó a registrar más 43ºC . Al cabo de unas horas, el animal sucumbía, probablemente a causa de un síncope por hipertermia. Su nave le sobreviviría seis meses justos, antes de desintegrarse en la atmósfera entre el Caribe y América del Sur.
El presidente de EE UU Richard M. Nixon habla a los astronautas Neil Armstrong, Buzz Aldrin and Michael Collins. ampliar foto
El presidente de EE UU Richard M. Nixon habla a los astronautas Neil Armstrong, Buzz Aldrin and Michael Collins.
El Sputnik 2 provocó aún más consternación en Occidente que su predecesor. Seis toneladas y media (el satélite más el cohete ya agotado) en órbita era algo de todo punto impensable. Y con un perro a bordo, además. Este era sólo un detalle pintoresco pero que contribuyó a cimentar el prestigio de la URSS en la naciente tecnología aeroespacial.
El éxito de los dos primeros Sputniks forzó a la administración del presidente Eisenhower a acelerar el lanzamiento de su propio satélite. Había sido una apuesta personal del presidente: diseñar un cohete “civil” para evitar dar la imagen belicosa asociada a un cohete militar. Los rusos no habían tenido tantos remilgos y gracias a eso habían ganado la carrera.
El Vanguard americano arrastraba serias dificultades de diseño. Todavía le faltaban varios vuelos de prueba y, para colmo, el diminuto satélite que debía poner en órbita más parecía un pomelo (en palabras de un sarcástico Kruschev) que un artefacto comparable a los rusos.
Explosión del 'Vanguard' tras su lanzamiento.
Explosión del 'Vanguard' tras su lanzamiento.
Pero había que intentarlo. En diciembre, deprisa y corriendo, a la vista de las cámaras de cine y televisión de medio mundo, se dio la orden de lanzamiento para el primer satélite Vanguard. El cohete –con un hermoso diseño, eso sí- se elevó justo un metro antes de desaparecer en una nube de llamas. Añadiendo insulto a la injuria, el cono de proa se abrió, el satélite cayó al cemento de la plataforma y empezó a transmitir su bip-bip. Al terminar 1957, la Unión Soviética no era sólo una potencia espacial. Era la única potencia espacial.
La leyenda de los supercohetes rusos se asentó durante muchos años. Y no era sólo una ilusión: los americanos tardarían mucho en disponer de lanzadores comparables. Al mismo tiempo, espoleado por un Kruschev cada vez más entusiasmado con el impacto propagandístico de esos vuelos, Korolev orquestó en poquísimo tiempo una serie de asombrosos hitos: El primer planeta artificial, el primer impacto y el primer descenso de una sonda en la Luna, el primer hombre en órbita, la primera mujer, la primera cápsula triplaza, el primer paseo espacial…
A mediados de 1961, exasperado ante el inesperado anuncio del vuelo de Yuri Gagarin, el presidente John F. Kennedy embarcó al país en el desafío de llevar un hombre a la Luna antes del fin del decenio. Esa decisión marcaría a la larga un cambio de tendencia absoluto en la carrera espacial.
Edwin Buzz Aldrin, durante su misión lunar en 1969.
Edwin Buzz Aldrin, durante su misión lunar en 1969.
La propuesta de Kennedy se ha estudiado mucho en las escuelas de negocios. Fue un modelo de liderazgo en el que se establecía qué hacer (ir a la Luna) y un plazo (nueve años) y –sobre todo- se dotaba a la agencia espacial de cuantos medios fueran necesarios para conseguirlo. En algunos momentos, la NASA recibió más del 4% del presupuesto federal.
No ocurrió lo mismo en la URSS. El Politburó no se decidió a poner en marcha su programa lunar hasta dos años más tarde, con una financiación insuficiente. Estallaron numerosas rencillas personales. Diferentes diseñadores compitieron entre sí para favorecer su propio proyecto y torpedear el del competidor. Korolev falleció en 1967, sin dejar un sucesor con su carisma. A partir de ese momento, la organización de un programa tan complejo, fue acumulando fallos y retrasos.
Hacia 1967, al terminar el programa Gemini, podría decirse que la tecnología espacial americana había sobrepasado a la soviética. Entre los factores clave estaban su experiencia en miniaturización electrónica, la puesta a punto del nuevo lanzador Saturn 5, la exitosa colaboración entre industria, universidades y agencias estatales y –muchas veces ignorado- el desarrollo de una serie de técnicas de ingeniería de sistemas para gestionar proyectos de enorme complejidad.
Tras el desembarco en la Luna del Apolo 11, en 1969, la URSS mantuvo su propio proyecto lunar activo hasta que en 1972 decidió abandonarlo. En su lugar, se concentró en la creación de laboratorios orbitales, un campo en el que cosecharía notables éxitos.



 

 

Redoble de resentimiento.................................Por JUAN CRUZ

España no se merece este momento porque tampoco se mereció su vieja historia rota.

Protesta en la plaza de Sant Jaume de Barcelona.
Protesta en la plaza de Sant Jaume de Barcelona.
A este país lo oculta ahora una bandera hecha de todas las banderas, que ciegan el calor del sol y nos preparan para el impuro invierno de nuestro descontento.
 Esa bandera oscurecida es la bandera del resentimiento.
 Y ahora vivimos un redoble de resentimiento. Contra la justicia, contra el Estado, contra el otro, contra el espíritu de reconciliación que se activó tras la muerte de Franco y después del golpe de Estado de 1981.
De lo que se trata es de comunicarle al mundo que estamos otra vez bajo el manto del dictador, y que todo lo que se hace es para resucitarlo.
 Colaboran en ello no solo los que alientan a la sociedad desde aquí a creer que, en efecto, hemos vuelto a caer en la satrapía de Franco, sino los que desde fuera parecen contemplar en España, al fin, la confirmación de sus malos augurios: la guerra está en nuestro ADN, es lo que toca.
 Trataron de adivinar que íbamos a entrematarnos de nuevo y ahora se asoman a la ventana, ni siquiera entran en la casa, y ya ven desde sus atalayas que lo que ellos creyeron que iba a pasar ya empezó a pasar de nuevo.
 ¿Ven?, España, es que no tienen arreglo. Y se aprestan a escribirlo, compungidos cronistas de su propia confirmación.

Al sentimiento antifranquista le sigue ahora el resentimiento contra España, una abuela amañada a la que hubiera que despedazar, literalmente, para conjurarla. 
Y eso se hace impunemente, o se quiere hacer impunemente, cambiando las leyes a voluntad, despreciándolas, y queriendo recibir por ello el abrazo del mundo, al que se asusta con expresiones públicas de desamparo.
 Y lo que hay en el fondo de todas estas manifestaciones es júbilo inverso contra este país al que se quiere disfrazar de lo más rancio de la historia que ya superó.
 Lo que hay es resentimiento trágico, y en su peor forma: el rencor.
España no se merece este momento, porque tampoco se mereció su vieja historia rota. 
Decía Albert Camus: “El espléndido calor que reinó sobre mi infancia me ha privado de todo resentimiento”. 
Está en El revés y el derecho, que se lee como quien bebe el agua de la fraternidad y de la justicia.
 A Camus lo alivió el sol de la infancia; aquí vamos hacia el degénero humano, como decía aquí hace nada el filósofo Emilio Lledó citando a Manuel Azaña. 
Y esas píldoras malditas de la oscuridad están conduciendo la conversación nacional al más despiadado de los resentimientos.
 A un muchacho colombiano, rodeado de la miseria cruel de la droga, le preguntaron: “¿Y qué es el futuro?” El adolescente contestó: 
“El futuro es lo que no hay”. 
Si ese velo de resentimiento que oscurece España no se descorre con voluntad de abrazo y, otra vez, de olvido, es posible que pase el invierno y aquí el tiempo siga dramáticamente nublado, anclado, como decía Camus, “en los prejuicios y en la estupidez”.

 

El desastre...........................................Por Lluís Bassets

El paisaje hoy es desolador: Medio Gobierno en prisión y la otra mitad huido, con órdenes de detención europea solicitadas por el fiscal.

El expresidente catalán Artur Mas, este jueves en las inmediaciones de la Audiencia Nacional, donde se encontraban los miembros del Govern.
El expresidente catalán Artur Mas, este jueves en las inmediaciones de la Audiencia Nacional, donde se encontraban los miembros del Govern. REUTERS
Era un camino desconocido, ciertamente.
 Lo anunció frívolamente Artur Mas solo ponerlo en marcha en 2012.
  Ahora estamos llegando al cabo de la calle y lo que nos encontramos no puede ser más triste y doloroso, pero también más incierto.
 Que nadie se asuste con las cosas que hemos visto en el último mes, porque, si seguimos así, todo puede empeorar más todavía.
El paisaje hoy es desolador. 
Medio gobierno en la cárcel y la otra mitad en fuga, con órdenes de detención europea solicitadas por el fiscal.
 Las instituciones de la Generalitat, tan costosamente recuperadas, Presidencia, Gobierno y Parlamento, suspendidas hasta el 21 de diciembre. 
 Los partidos, ocupados en organizar una campaña electoral inevitablemente condicionada por la acción de la justicia.
El vodevil rocambolesco de Puigdemont en Bruselas, como no podía ser de otra forma, está virando hacia situaciones dramáticas. 
El 1-O fue tan solo el aperitivo, el rasguño de Leviatán, el monstruo marino imaginado por Hobbes como símbolo del Estado, que ha despertado con toda su fuerza en cuanto alguien ha querido romperlo y ha proclamado, incluso, su ruptura, como sucedió el viernes 27 de octubre.
Se sabía que la pasada semana se llegó a la peor de las situaciones posibles: una declaración unilateral de independencia y simultáneamente la aplicación del artículo 155 de la Constitución. 
Hoy se ha llegado a la peor de las consecuencias, como es el encarcelamiento de medio Gobierno y la orden de detención para la otra mitad. 
Históricamente es lo que suele suceder, por cierto, con quienes intentan romper el orden legal y desgajar un Estado nuevo de uno ya existente.

Si la convocatoria de las elecciones por parte de Mariano Rajoy robó la iniciativa al Gobierno de Puigdemont, incapaz de traducir la proclamación de la república en hechos, ahora la estrategia rupturista elegida por Puigdemont con su huida a Bélgica ha obtenido el fruto más consecuente, que es el encarcelamiento de la parte de su Gobierno que se había quedado en Barcelona.

El auto de la juez Lamela se deduce del comportamiento de Puigdemont para dictar la prisión incondicional: le sirve para fundamentar el riesgo de fuga, pero también la voluntad de proseguir la acción presuntamente delictiva por parte de los miembros del Gobierno catalán disuelto. Solo se escapa de la prisión incondicional el exconseller Santi Vila, que dimitió justo antes de la DUI. 
Vila fue el único que respondió a las preguntas del fiscal y del juez, cosa que no hicieron los otros encausados, al igual que hicieron los Jordis en sus correspondientes interrogatorios.
El encarcelamiento de medio Gobierno de Puigdemont aconsejará a los partidos independentistas la construcción de una gran coalición republicana en favor de la libertad para los consejeros, pero no está claro que vaya a soldar las graves divisiones entre los dirigentes independentistas, acrecentadas en las horas previas a la DUI por la tensión entre Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, resuelta al final en favor del primero, favorable a la DUI y no a las elecciones autonómicas.
La dureza del fiscal en la tipificación de los delitos –rebelión, sedición y prevaricación—y de la juez en las medidas cautelares constituye un estímulo a los acusados para que opten por una defensa política y rupturista, en la que se rechace la legitimidad del Gobierno y de la justicia española. 
También es un estímulo a la radicalización del independentismo, que desde ayer impugna la democracia española y la separación de poderes y pretende volver a trasladar el conflicto a la calle, aunque desde la intervención por el artículo 155 cuente con menos medios materiales e institucionales para la movilización. 


 

Dime qué palabras usas y te diré a qué generación perteneces

Aunque no te lo creas, los jóvenes de ahora hablan como sus abuelos.

Marisol en "Ha llegado un ángel".
Marisol en "Ha llegado un ángel". 
 

 

 

De los pololos a las hombreras. 
Solemos creer que es la moda la que define cada generación. 
En realidad, "son nuestras palabras las que nos visten", explica a Verne Mar Abad, autora del libro De estraperlo a #postureo (VOX).
 Ha recopilado los términos más representativos de las últimas cuatro generaciones en España y, con ellos, también analiza los avances y retrocesos de nuestra sociedad.
En la generación silenciosa (aquellos nacidos en los años 20 y 30 del siglo pasado) se podían ganar unas "perras chicas" siendo "paragüero" o "afilador".
 Y las muchachas "peripuestas" vestían "pololos".
Los baby boomers, nacidos en las décadas de 1940 y 1950, iban en Vespa a los "guateques" luciendo sus mejores "niquis".

La generación X (1960 y 1970) se llenó de "yuppies" sintiéndose "guay" porque hacían "footing".
 A otros les parecía "dabuten" darlo todo bailando a ritmo de "bakalao".
Los millennials (nacidos en los 80 y 90) se hacen "selfis" para olvidar que, con suerte, llegarán a ser "mileuristas".
Hay cosas que no cambian.
 De las revistas que enseñaban a las mujeres a estar siempre guapas -"peripuestas"-, hemos pasado a los tutoriales de belleza en YouTube.
 El qué dirán al que se enfrentaban nuestros abuelos se puede cuantificar ahora con las estadísticas que recogen nuestras redes sociales, comenta en un pasaje del libro Abad, cofundadora en 2009 de un proyecto pionero en el periodismo digital como es Yorokobu.
Viajar a través de las palabras nos permite confirmar que la sociedad también avanza de forma cíclica.
 El vocabulario de la generación silenciosa quedaba marcado por el hambre ("estraperlo", "puchero") y por la moral de la época ("pecaminoso", "descocarse"). 
Ahora se habla de "precariado" y "ninis" y las nuevas reglas morales también conquistan el lenguaje ("poliamor", "sexting"). Los términos que inventan sirven para referirse a los mismos temas. Mientras tanto, dos generaciones intermedias como los baby boomers y los X se han centrado en términos más relacionados con el consumo, el hedonismo y la apertura de las comunicaciones: "molar", "guay", "buga" y "emoticonos".

Así lo explica la teoría de The Fourth Turning, de los científicos sociales Neil Howe y Nigel Strauss.
 Comparan en ella la evolución humana con las estaciones de la naturaleza: primavera, verano, otoño, invierno y vuelta a empezar. Abad se basa en esta idea para explicar que, cada varias generaciones, caemos en lo mismo. 
El "estamos condenados a repetir la historia" es un hecho. "España funciona como un fuelle. Por ejemplo, somos un país de emigrantes que no aprendemos a retener nuestro talento", explica a través del teléfono.
De la censura franquista a lo políticamente correcto
Nuestro presente tiene un buen puñado de cosas en común con los jóvenes de los 40 y los 50. 
"Ellos se enfrentaban a la mordaza franquista y en la actualidad se impone la mordaza de lo políticamente correcto, que nos llega del extranjero.
 Cada vez que publicamos un tuit nos lo pensamos 50 veces por miedo a ofender a alguien", comenta Abad.

La periodista recuerda que, antes, la palabra "viejo" no era un insulto y defiende que censurar canciones de los años 80 porque sus letras nos parezcan machistas no es la clave para solucionar ese problema social: 
"Si no controlamos esa tendencia de lo correcto, la libertad de expresión volverá a caer en picado, como ocurrió en el pasado. Esta hipersensibilidad alimenta a una sociedad inmadura".
Al hacer un glosario para cada una de estas generaciones, la periodista se ha dado cuenta de que, curiosamente, son los jóvenes los que siempre definen el nuevo vocabulario. "[La adolescencia y primera juventud] es el momento en la vida en que buscamos independizarnos de nuestros padres.
 Tener nuestros propios códigos garantiza esa autonomía", explica.
 
Portada de De estraperlo a postureo
Lo que es coloquial en una generación termina convirtiéndose más adelante en vocabulario habitual. 
"Solo que cada vez ocurre más rápido", dice. 
 Antes de internet, "esa evolución era muy lenta y dependía del boca a boca y de los medios de comunicación".
 Con las redes sociales "se ha acelerado el proceso" y ya no hace falta esperar ni una sola generación.
Ahora el mundo es global y los términos en inglés nos llegan con las nuevas tecnologías. 
Pero también los españoles adoptan muchas palabras latinoamericanas que escuchan en los éxitos musicales creados al otro lado del Atlántico
. Son melodías que se infiltran a través de plataformas como YouTube y Spotify.

Son malos tiempos para los puristas del idioma, quienes deberían tener en cuenta que nuestros abuelos también cambiaban el vocabulario a su antojo.
 De estraperlo a #postureo recuerda que las palabras complejas, como "hemiplejia" o "peritonitis", se obviaban para decir en su lugar "paralís", "baile de San Vito" o "cólico miserere", mucho más adaptadas a sus necesidades.
"Esta bien que la RAE regule ciertos usos del idioma, pero el lenguaje es una construcción colectiva a la que no debemos poner puertas", apunta Abad.
 Ella misma menciona que hasta el lenguaje de la programación informática está llegando a nuestras palabras: 
"Si algo como un emoji amplifica y matiza nuestro discurso, no hay razón para no usarlo.
 Al igual que no deberíamos tener complejos a la hora de emplear palabras que se consideran antiguas [como botarate]".