Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

27 oct 2017

No digas que fue un sueño....................... Rubén Amón

Puigdemont traiciona a su pueblo con la proclamación de una república fantasma, aislada y depauperada.

independencia Cataluña
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont extiene su voto durante la votación en el Parlament sobre la declaración de independencia. REUTERS
Más allá de haber atracado la democracia a cara descubierta, el error de Puigdemont consiste en haber destruido el sueño prometido a su "poble".
 Ha proclamado la independencia en el contubernio parlamentario. Y por esa razón ha desfigurado la ilusión que suponía aspirar a ella. No se ha dado cuenta Puigdemont de que ser independiente representa una degradación respecto al fervor de ser independentista.

independencia Cataluña
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont extiene su voto durante la votación en el Parlament sobre la declaración de independencia. REUTERS


Y no sólo por la frustración que conlleva toda realización y la consecución de cualquier meta, sino porque los catalanes que se han conmovido en los vaivenes de esta farsa de la tierra prometida se percatarán de que han llegado, aleluya, al lugar en el que ya se encontraban.
Les ocurre a los protagonistas de un cuento ejemplar de Sciascia, tripulantes de una embarcación clandestina cuyo patrón les promete llevarlos a América.
 Los extorsiona, secuestra sus emociones.
 Y once noches después de haber salido, de haberle rezado a la Luna, de haberse confiado sus sueños, ocurre que saliendo de Sicilia han llegado a Sicilia, desconcertados por la familiaridad de la lengua, los lugares, las gentes. 
Traicionados por el pirata que los embarcó.
Hubieran agradecido los catalanes, polizones también ellos de la Arcadia de Puigdemont, que el sueño permaneciera vivo. Alcanzarlo con atajos, conspiraciones y delitos, desfigura la propia epopeya, la destruye.
 Puigdemont la ha trivializado. 
Se ha plegado a la coacción de un comando trotskista y al furor de los tuiteros
. Ha demostrado ser la triste y mediocre marioneta de Junqueras.

Cataluña es independiente en el orden retórico, se ha emancipado de España en la política-ficción. 
Y semejante placebo aspira encubrirse ahora con una llamada a la resistencia y con la coreografía de las movilizaciones organizadas. Cataluña es una república fantasma, y una comunidad autonómica real cuyo porvenir, credibilidad, seny, madurez, economía se ha visto expuesta a una implosión que ha maniobrado el cinismo de Junqueras.

Tendrá que responder a su grey del engendro que le ha construido. No ya con la devastación de los espacios democráticos, con la ferocidad del pucherazo y con la vacua superstición de la represión franquista, sino porque ha perseverado en la ruptura sin haber asumido el rechazo de la comunidad internacional, la fuga de la economía y el trauma de un pueblo dividido.

Cataluña no es independiente, pero experimenta al mismo tiempo las peores consecuencias de su anomalía y excepcionalidad "indepe".
 En sentido conceptual, por el estupor del oscurantismo nacionalista. Y en sentido práctico, por cuanto el simulacro de una patria amañada y malparida ha precipitado una situación de aislamiento, de regresión y de empobrecimiento.

¿Y ahora qué, Puigdemont? Si Cataluña es independiente y nos deslumbra el fulgor de El Dorado, ¿qué sueño va a proponerle a su feligresía? ¿Qué nueva anestesia o elixir del amor va a recetar a la muchachada? ¿La resistencia al opresor?
 ¿Cuándo van ustedes a bajar a la tierra, ocuparse de gobernar, remediar los trastornos que han creado, responsabilizarse de sus fechorías?
Tendrá que inventarse un nuevo sueño, como hizo Scherezade para evitar que el gran visir la decapitara. 
Es lo que hacía con todas las mujeres que desposaba. 
Y Scherezade descubrió que su vida dependía de dejar el cuento abierto.
 Porque el final era su muerte.

 

Muere la trapecista Pinito del Oro a los 86 años

Yo quise ser Pinito del Oro.
De niña mi abuela nos llevaba al Circo Price cuando venía a Las Palmas.
 Ese mundo me fascinó siempre . Ir al circo era una fiesta, ver a Pinito del Oro sobre una silla en el trapeció era magia pura...Y la vida va pasando y los recuerdos se amontonan y hoy leo que ella que arriesgaba su vida le tocó ya poner Fin.
Creo que nunca ha sido reconocida como se merecía, la teniamos aqui muy cerquita, y no sé que fue de su vida. Ahora nos dicen que murió. 

Acróbata de lustre mundial, ganó, entre otros, el Reina del Festival Mundial en 1960 y el Premio Nacional del Circo 1990.

Pinito del Oro practica un número para su actuación con el circo Harringay de Tom Arnold en 1952.
Pinito del Oro practica un número para su actuación con el circo Harringay de Tom Arnold en 1952.
La trapecista María Cristina del Pino Segura, conocida como Pinito del Oro, ha fallecido este miércoles en Las Palmas de Gran Canaria, según han informado a la agencia Efe fuentes cercanas a la familia. 
Las mismas no han precisado más detalles sobre el deceso. Artista de circo, trapecista, nació en Las Palmas de Gran Canaria el 6 de noviembre de 1931.
 Pertenecía a una familia del espectáculo, y su padre poseía un circo familiar donde trabajaban sus 11 hermanos.
Sin gran habilidad, Cristina tuvo que recurrir a su gran fuerza de voluntad para conseguir entrar en la troupe familiar.
 Comenzó a ensayar en el alambre y su tesón la hizo debutar a los 12 años como alambrista. 
Fue entonces cuando su padre comprendió la gran voluntad de Cristina y comenzó a entrenarla en el trapecio.
En 1950 debutó en Nueva York con el circo americano Ringling Bross, realizando una gira por Estados Unidos que se repitió durante nueve años.
 Al término de su carrera fue galardonada, entre otros premios, con el Reina del Festival Mundial en 1960, que es considerado el Oscar del Circo. También ganó la Medalla de Oro del Circo Scott de Suecia y el Premio Nacional del Circo 1990.

Había comenzado a llamarse la Shirley Temple del trapecio, pero ante las bromas de sus hermanos decidió cambiarse el nombre artístico.
 Dado que existía una famosa trapecista llamada la Rita de Plata, el padre de Cristina decidió llamarla Pinito de Oro y con este nombre conquistó la fama circense.
Tras su presentación en Nueva York, el riesgo de sus ejercicios llamó la atención mundial y Cecil B. de Mille la contrató para su película El mayor espectáculo del mundo.
 En 1961, tras sufrir varios accidentes, se retiró del trapecio, pero en 1968 reapareció en Madrid con el Circo Price, bajo la dirección de Feijoo y Castilla.
Realizó entonces una gira de verano durante la cual sufrió una grave caída en Laredo (Santander). 
Tras su recuperación y alguna esporádica actuación, se retiró definitivamente del trapecio el 17 de abril de 1970, coincidiendo con el último programa presentado por el Circo Price en su ya desaparecida sede madrileña.
 Con numerosos premios internacionales, Pinito del Oro, aunque no tuvo ningún tipo de formación, se sintió atraída por la literatura y publicó varias novelas, entre ellas La víspera, El italiano y Nacida para el circo y quedó finalista en los premios Blasco Ibáñez y Ciudad de Oviedo.

 

Tres grandes de la literatura y tres grandes novelas sobre espías

Marías, Echenoz y Banville ponen todo su talento literario al servicio del retrato de las obsesiones y miserias del negocio del espionaje.

Tres grandes de la literatura y tres grandes novelas sobre espías
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Hay pocos materiales tan literarios como el mundo del espionaje. La considerada como la segunda profesión más antigua del mundo ha dado para algunas de las páginas más notables del género negro en su sentido más amplio en el último siglo (por no hablar, no es el sitio,del incontable número de series de televisión, entre ellas dos muy recientes y notables: Berlín Station(HBO) y Oficina de infiltrados (Movistar).
A la espera de que en enero llegue a España la última de John Le Carre, en la que el maestro vuelve a la Guerra Fría, hoy vamos a hablar de tres grandes escritores que han hecho su particular aproximación al género en libros recientes.
 Una novela con mayúsculas y de la que ya poco se puede decir literariamente que no esté subrayado y glosado por otros más hábiles que quien esto escribe, una sátira francesa sobre el trabajo en los servicios secretos y una aproximación biográfica a uno de los cinco del círculo de Cambridge ocuparán este texto.
Sí, ya sé que el propio Marías ha dicho que ni Berta Isla (Alfaguara) ni la trilogía de Tu rostro mañana son novelas de espías.
 Es cierto, son mucho más, pero tienen en su interior una aproximación más que notable al mundo del espionaje. 
No son novelas de espías pero están pobladas por ellos, por sus miedos, por sus obsesiones, por sus preocupaciones.
 Por la suyas y por las de quienes les rodean.
Thomas Devinson, o Tomás o Tom, es un agente secreto en cuya voz encontramos algunas de las mejores reflexiones sobre el trabajo en ese submundo y sus repercusiones:
 “No debes preguntarme qué voy a hacer” le dice en un momento dado a Berta Isla, su mujer, condenada por decisión propia a aceptar, a esperar, “porque eso no lo sabré. 
Ni qué he hecho, porque en realidad no habrá hecho nada, lo que yo haga no habrá ocurrido, no consta en ninguna parte, no hay registro de ello ni lo debe haber.
 Lo que quiera que ocurra no habrá sido por mí porque quienes participamos en esto estamos pero no existimos, o existimos pero no estamos”. 
También habla de la espera, de la obsesión por lo contado, del poco prestigio de lo no ocurrido.
 Y aquí, como en Tu rostro mañana, hay maravillosas escenas de reclutamiento, elegantes profesores de Oxford al servicio de su Majestad, oscuros intereses y malas artes. 
 Aparece ocasionalmente mister Tupra, personaje esencial de la trilogía y uno de los espías más interesantes de la literatura actual. En definitiva, un compendio magnífico de temas, personajes y obsesiones del género.
Completamente distinta es Enviada especial de Jean Echenoz (Anagrama, traducción de Javier Albiñana), un texto tan disparatado como bien ejecutado en el que el autor de Correr nos lleva de la mano por un complot francés para desestabilizar Corea del Norte. 
El reclutamiento de una joven aburrida con la vida sirve para mostrarnos con un humor delicado e incisivo la existencia de unos cuantos burgueses parisinos y para adentrarnos en el mundo de los servicios secretos y los profesionales que pululan alrededor. Echenoz plantea todas las piezas del puzle con mucha calma pero todo cobra sentido poco a poco en una máquina perfecta alimentada por el delirio. 
 Lo mejor es cuando la misión secreta llega a Corea del Norte y allí ya no sabes si hay un relato realista o si la locura contada viene de la cabeza del autor. 
Una novela caótica, una oda a la literatura lúdica de calidad que gustará tanto a los fans del género como a los de la gran literatura. 

Y por último me gustaría hablar de El intocable de John Banville (Anagrama, traducción de J. A. Molina Foix).
 Se trata de una novela que nos pone delante del crepúsculo de una figura notabilísima de la vida pública británica venida a menos y expuesta publicamente como un traidor.
 Víctor Maskell, inspirado claramente en Anthony Blunt, es un homosexual esteta y gran historiador del arte y consejero de la Reina, pero antes, durante muchos años, sirvió como sus amigos de Cambridge a los soviéticos.
 Con la excusa de la entrevista que le hace una extraña a biógrafa repasamos la vida fascinante de este grupo de brillantes jóvenes, valientes soldados, idealistas, vividores incansables, alcohólicos irredentos y traidores.
Como siempre Banville consigue desde el primer momento que el tono sea el adecuado, que vivamos su decadencia con este hombre venido a menos, que disfrutemos rememorando su gloria. Se ha escrito mucho sobre este grupo de intelectuales y traidores pero no con esta altura literaria. Al terminar tenía muchas más preguntas que al empezar. Como toda buena novela me había dejado algo atribulado, dándole vueltas a los ideales, las lealtades, los secretos. Hay un momento tras una puesta en escena elegante en la que Banville usa a su protagonista para resumir el mundo de espionaje y quizás la esencia de la vida:
 “En mi mundo no hay preguntas sencillas, y las respuestas concretas, en la clase que sean, son escasísimas”

 

Trump libera 2.800 informes secretos sobre Kennedy, pero deja oculto el núcleo más sensible

La Casa Blanca atiende la petición de la CIA y aplaza la salida a la luz de los documentos más comprometedores con la seguridad nacional

El presidente Donald Trump cedió al final ante la CIA.  
La esperada liberación de los papeles secretos del asesinato de John F. Kennedy no fue completa.
 La Casa Blanca autorizó la publicación de 2.891 informes confidenciales, pero impidió que otros 200 vieran la luz. Considerados el núcleo oscuro de las pesquisas, estos expedientes serán sometidos a evaluación en los próximos seis meses y, excepto aquellos que supongan un riesgo para la seguridad nacional, se harán públicos antes del 27 de abril.
 54 años después, las sombras se resisten a abandonar el crimen que hizo temblar el siglo XX americano.

 


El presidente John F. Kennedy en Dallas poco antes de morir.
El presidente John F. Kennedy en Dallas poco antes de morir. 
 
Estados Unidos aguardaba con ansiedad la liberación de todos los informes confidenciales.
 La ley de 1992 que los protegía expiraba este jueves y el mismo presidente había anunciado que se permitiría su publicación. 
 Pero se sabía que la CIA estaba presionando para limitar su salida y censurarlos ahí donde viese en peligro sus intereses. 
Finalmente, logró su objetivo.
“He ordenado que se levante el veto sobre los documentos, pero dadas las advertencias de los responsables de inteligencia, no tengo más remedio que aceptar ciertas condiciones antes que causar un daño irreversible a la seguridad de la nación”, señaló Trump.
El filtrado, aunque provisional, vuelve a frenar el acceso universal a un archivo destinado a sacudir la memoria colectiva del país.
 El asesinato el 22 de noviembre de 1963 del presidente Kennedy abrió una herida que jamás se ha cerrado. 
El magnicidio fue atribuido oficialmente a Lee Harvey Oswald, un desequilibrado exmarine que llegó a vivir y casarse en la Unión Soviética. 
Pero la dimensión del crimen y la casi inmediata muerte de su autor a manos del mafioso Jack Ruby han abonado todo tipo de teorías conspiratorias.
Aunque a lo largo de los años se han liberado 318.000 documentos relacionados con el caso (un 11% censurados), siempre ha quedado la duda sobre la actuación de la CIA.
 En plena Guerra Fría, la agencia se había implicado hasta el tuétano en operaciones de desestabilización exterior.
 Cuba y los movimientos marxistas latinoamericanos eran uno de sus principales objetivos. 
Amplios sectores de la CIA, radicalizados y volcados en oscuras conspiraciones, odiaban a Kennedy por lo que consideraban una relajación del cerco a Cuba tras el fracasado intento de invasión de Bahía Cochinos y la crisis de los misiles.
La forma de actuar de los servicios de inteligencia de la época es precisamente uno de los puntos sobre los que se espera que arrojen luz los documentos. 
Y no solo por sus juegos de poder. 
Los especialistas consideran que la CIA y el FBI sabían mucho más sobre Oswald de lo que dijeron a la Comisión Warren, encargada de la investigación del asesinato.
Comunista, desertor y colérico, Oswald era objeto de un intenso seguimiento por parte de los servicios de seguridad. Incluso su misterioso viaje a México, dos meses antes del magnicidio, fue detectado por los espías de Estados Unidos.
 “Las agencias disponían de más datos de lo que dijeron; si hubieran actuado conforme a su información, podrían haber evitado lo peor”, sostiene Phil Shenon, autor de JFK. Caso Abierto.
Lee Harvey Oswald.
Lee Harvey Oswald.
Esta omisión, que durante décadas ha perseguido a la CIA y el FBI, es uno de los platos fuertes de esta última tanda de documentos. Muchos aguardan que ahí figuren las revisiones internas a las que se sometieron y también que se revele intensidad de los seguimientos a Oswald, en especial su extraño periplo mexicano, donde infructuosamente acudió a las embajadas de Cuba y la URSS en busca de visado.
Pero más que nuevas claves sobre Oswald, lo que muestra una primera aproximación a los papeles es lo que todo el mundo sabía: Estados Unidos tenía en Latinoamérica su patio trasero. 
Hacía y deshacía. Mataba, intoxicaba y espiaba a placer.
 Un juego de poder sostenido y, en muchos casos aberrantes, que no le sirvió para evitar la muerte de su trigésimo quinto presidente.
En los informes liberados ayer por los Archivos Nacionales conviven, a primera vista, mucha chatarra informativa, memoriales desfasados, justificaciones de gastos e informes dispares junto con tramas ya conocidas de operaciones exteriores contra líderes que les eran incómodos.
 Veneno para matar a Fidel Castro, vuelos clandestinos a Cuba, cargamentos de armas destinados a liquidar a Leónidas Trujillo, espías en la embajada cubana de México, dinero negro en Costa Rica, colaboradores de la CIA en Honduras, El Salvador, Guatemala… 
Un manual del espionaje que practicó Estados Unidos en plena Guerra Fría y que promete dar en los próximos días nuevas sorpresas.