Puigdemont traiciona a su pueblo con la proclamación de una república fantasma, aislada y depauperada.
El
presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont extiene su voto durante
la votación en el Parlament sobre la declaración de independencia.ALBERT GEAREUTERS
Más allá de haber atracado la democracia a cara descubierta,
el error de Puigdemont consiste en haber destruido el sueño prometido a
su "poble". Ha proclamado la independencia en el contubernio
parlamentario. Y por esa razón ha desfigurado la ilusión que suponía
aspirar a ella. No se ha dado cuenta Puigdemont de que ser independiente
representa una degradación respecto al fervor de ser independentista.
El
presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont extiene su voto durante
la votación en el Parlament sobre la declaración de independencia.ALBERT GEAREUTERS
Y no sólo por la frustración que conlleva toda realización y la consecución de cualquier meta, sino porque los catalanes que se han conmovido
en los vaivenes de esta farsa de la tierra prometida se percatarán de
que han llegado, aleluya, al lugar en el que ya se encontraban. Les ocurre a los protagonistas de un cuento ejemplar de
Sciascia, tripulantes de una embarcación clandestina cuyo patrón les
promete llevarlos a América. Los extorsiona, secuestra sus emociones. Y
once noches después de haber salido, de haberle rezado a la Luna, de
haberse confiado sus sueños, ocurre que saliendo de Sicilia han llegado a
Sicilia, desconcertados por la familiaridad de la lengua, los lugares,
las gentes. Traicionados por el pirata que los embarcó. Hubieran agradecido los catalanes, polizones también ellos
de la Arcadia de Puigdemont, que el sueño permaneciera vivo. Alcanzarlo
con atajos, conspiraciones y delitos, desfigura la propia epopeya, la
destruye. Puigdemont la ha trivializado. Se ha plegado a la coacción de
un comando trotskista y al furor de los tuiteros . Ha demostrado ser la
triste y mediocre marioneta de Junqueras.
Cataluña es independiente
en el orden retórico, se ha emancipado de España en la
política-ficción. Y semejante placebo aspira encubrirse ahora con una
llamada a la resistencia y con la coreografía de las movilizaciones
organizadas. Cataluña es una república fantasma, y una comunidad
autonómica real cuyo porvenir, credibilidad, seny, madurez, economía se
ha visto expuesta a una implosión que ha maniobrado el cinismo de
Junqueras.
Tendrá que responder a su grey del engendro que le ha
construido. No ya con la devastación de los espacios democráticos, con
la ferocidad del pucherazo y con la vacua superstición de la represión
franquista, sino porque ha perseverado en la ruptura sin haber asumido
el rechazo de la comunidad internacional, la fuga de la economía y el
trauma de un pueblo dividido.
Cataluña no es independiente, pero experimenta al mismo
tiempo las peores consecuencias de su anomalía y excepcionalidad
"indepe". En sentido conceptual, por el estupor del oscurantismo
nacionalista. Y en sentido práctico, por cuanto el simulacro de una
patria amañada y malparida ha precipitado una situación de aislamiento,
de regresión y de empobrecimiento.
¿Y ahora qué, Puigdemont?
Si Cataluña es independiente y nos deslumbra el fulgor de El Dorado,
¿qué sueño va a proponerle a su feligresía? ¿Qué nueva anestesia o
elixir del amor va a recetar a la muchachada? ¿La resistencia al
opresor? ¿Cuándo van ustedes a bajar a la tierra, ocuparse de gobernar,
remediar los trastornos que han creado, responsabilizarse de sus
fechorías? Tendrá que inventarse un nuevo sueño, como hizo Scherezade
para evitar que el gran visir la decapitara. Es lo que hacía con todas
las mujeres que desposaba. Y Scherezade descubrió que su vida dependía
de dejar el cuento abierto. Porque el final era su muerte.
Yo quise ser Pinito del Oro. De niña mi abuela nos llevaba al Circo Price cuando venía a Las Palmas. Ese mundo me fascinó siempre . Ir al circo era una fiesta, ver a Pinito del Oro sobre una silla en el trapeció era magia pura...Y la vida va pasando y los recuerdos se amontonan y hoy leo que ella que arriesgaba su vida le tocó ya poner Fin. Creo que nunca ha sido reconocida como se merecía, la teniamos aqui muy cerquita, y no sé que fue de su vida. Ahora nos dicen que murió.
Acróbata de lustre mundial, ganó, entre otros, el Reina del Festival Mundial en 1960 y el Premio Nacional del Circo 1990.
Pinito del Oro practica un número para su actuación con el circo Harringay de Tom Arnold en 1952.GETTY
La trapecista María Cristina del Pino Segura, conocida como Pinito del Oro,
ha fallecido este miércoles en Las Palmas de Gran Canaria, según han
informado a la agencia Efe fuentes cercanas a la familia. Las mismas no
han precisado más detalles sobre el deceso. Artista de circo,
trapecista, nació en Las Palmas de Gran Canaria el 6 de noviembre de
1931. Pertenecía a una familia del espectáculo, y su padre poseía un
circo familiar donde trabajaban sus 11 hermanos. Sin gran habilidad, Cristina tuvo que recurrir a su gran fuerza de voluntad para conseguir entrar en la troupe
familiar. Comenzó a ensayar en el alambre y su tesón la hizo debutar a
los 12 años como alambrista. Fue entonces cuando su padre comprendió la
gran voluntad de Cristina y comenzó a entrenarla en el trapecio. En 1950 debutó en Nueva York con el circo americano Ringling
Bross, realizando una gira por Estados Unidos que se repitió durante
nueve años. Al término de su carrera fue galardonada, entre otros
premios, con el Reina del Festival Mundial en 1960, que es considerado
el Oscar del Circo. También ganó la Medalla de Oro del Circo Scott de
Suecia y el Premio Nacional del Circo 1990.
Había comenzado a llamarse la Shirley Temple del trapecio, pero ante las bromas de sus hermanos decidió cambiarse el nombre artístico. Dado que existía una famosa trapecista llamada la Rita de Plata, el padre de Cristina decidió llamarla Pinito de Oro y con este nombre conquistó la fama circense. Tras su presentación en Nueva York, el riesgo de sus
ejercicios llamó la atención mundial y Cecil B. de Mille la contrató
para su película El mayor espectáculo del mundo. En 1961, tras
sufrir varios accidentes, se retiró del trapecio, pero en 1968
reapareció en Madrid con el Circo Price, bajo la dirección de Feijoo y
Castilla. Realizó entonces una gira de verano durante la cual sufrió
una grave caída en Laredo (Santander). Tras su recuperación y alguna
esporádica actuación, se retiró definitivamente del trapecio el 17 de
abril de 1970, coincidiendo con el último programa presentado por el
Circo Price en su ya desaparecida sede madrileña. Con numerosos premios internacionales, Pinito del Oro, aunque no tuvo
ningún tipo de formación, se sintió atraída por la literatura y publicó
varias novelas, entre ellas La víspera, El italiano y Nacida para el circo y quedó finalista en los premios Blasco Ibáñez y Ciudad de Oviedo.
Marías,
Echenoz y Banville ponen todo su talento literario al servicio del
retrato de las obsesiones y miserias del negocio del espionaje.
getty
Hay pocos materiales tan literarios como el mundo
del espionaje. La considerada como la segunda profesión más antigua del
mundo ha dado para algunas de las páginas más notables del género negro
en su sentido más amplio en el último siglo (por no hablar, no es el
sitio,del incontable número de series de televisión, entre ellas dos muy
recientes y notables: Berlín Station(HBO) y Oficina de infiltrados (Movistar).
A la espera de que en enero llegue a España la última de John Le Carre,
en la que el maestro vuelve a la Guerra Fría, hoy vamos a hablar de tres
grandes escritores que han hecho su particular aproximación al género
en libros recientes.
Una novela con mayúsculas y de la que ya poco se
puede decir literariamente que no esté subrayado y glosado por otros más hábiles que quien esto escribe,
una sátira francesa sobre el trabajo en los servicios secretos y una
aproximación biográfica a uno de los cinco del círculo de Cambridge
ocuparán este texto.
Sí, ya sé que el propio Marías ha dicho que ni Berta Isla (Alfaguara) ni la trilogía de Tu rostro mañana
son novelas de espías.
Es cierto, son mucho más, pero tienen en su
interior una aproximación más que notable al mundo del espionaje.
No son
novelas de espías pero están pobladas por ellos, por sus miedos, por
sus obsesiones, por sus preocupaciones.
Por la suyas y por las de
quienes les rodean.
Thomas Devinson, o Tomás o Tom, es un agente
secreto en cuya voz encontramos algunas de las mejores reflexiones sobre
el trabajo en ese submundo y sus repercusiones:
“No debes preguntarme
qué voy a hacer” le dice en un momento dado a Berta Isla, su mujer,
condenada por decisión propia a aceptar, a esperar, “porque eso no lo
sabré.
Ni qué he hecho, porque en realidad no habrá hecho nada, lo que
yo haga no habrá ocurrido, no consta en ninguna parte, no hay registro
de ello ni lo debe haber.
Lo que quiera que ocurra no habrá sido por mí
porque quienes participamos en esto estamos pero no existimos, o
existimos pero no estamos”.
También habla de la espera, de la obsesión
por lo contado, del poco prestigio de lo no ocurrido.
Y aquí, como en Tu rostro mañana,
hay maravillosas escenas de reclutamiento, elegantes profesores de
Oxford al servicio de su Majestad, oscuros intereses y malas artes.
Aparece ocasionalmente mister Tupra, personaje esencial de la trilogía y
uno de los espías más interesantes de la literatura actual. En
definitiva, un compendio magnífico de temas, personajes y obsesiones del
género.
Completamente distinta es Enviada especial de Jean Echenoz (Anagrama, traducción de Javier Albiñana), un texto tan disparatado como bien ejecutado en el que el autor de Correr
nos lleva de la mano por un complot francés para desestabilizar Corea
del Norte.
El reclutamiento de una joven aburrida con la vida sirve para
mostrarnos con un humor delicado e incisivo la existencia de unos
cuantos burgueses parisinos y para adentrarnos en el mundo de los
servicios secretos y los profesionales que pululan alrededor. Echenoz
plantea todas las piezas del puzle con mucha calma pero todo cobra
sentido poco a poco en una máquina perfecta alimentada por el delirio.
Lo mejor es cuando la misión secreta llega a Corea del Norte y allí ya
no sabes si hay un relato realista o si la locura contada viene de la
cabeza del autor.
Una novela caótica, una oda a la literatura lúdica de
calidad que gustará tanto a los fans del género como a los de la gran
literatura.
Y por último me gustaría hablar de El intocable de John
Banville (Anagrama, traducción de J. A. Molina Foix).
Se trata de una
novela que nos pone delante del crepúsculo de una figura notabilísima de
la vida pública británica venida a menos y expuesta publicamente como
un traidor.
Víctor Maskell, inspirado claramente en Anthony Blunt, es un
homosexual esteta y gran historiador del arte y consejero de la Reina,
pero antes, durante muchos años, sirvió como sus amigos de Cambridge a
los soviéticos.
Con la excusa de la entrevista que le hace una extraña a
biógrafa repasamos la vida fascinante de este grupo de brillantes
jóvenes, valientes soldados, idealistas, vividores incansables,
alcohólicos irredentos y traidores.
Como siempre Banville consigue desde el primer momento que el tono sea
el adecuado, que vivamos su decadencia con este hombre venido a menos,
que disfrutemos rememorando su gloria. Se ha escrito mucho sobre este
grupo de intelectuales y traidores pero no con esta altura literaria. Al
terminar tenía muchas más preguntas que al empezar. Como toda buena
novela me había dejado algo atribulado, dándole vueltas a los ideales,
las lealtades, los secretos. Hay un momento tras una puesta en escena
elegante en la que Banville usa a su protagonista para resumir el mundo
de espionaje y quizás la esencia de la vida:
“En mi mundo no hay
preguntas sencillas, y las respuestas concretas, en la clase que sean,
son escasísimas”
El presidente Donald Trump cedió al final ante la CIA. La esperada liberación de los papeles secretos del asesinato de John F. Kennedy
no fue completa. La Casa Blanca autorizó la publicación de 2.891
informes confidenciales, pero impidió que otros 200 vieran la luz.
Considerados el núcleo oscuro de las pesquisas, estos expedientes serán
sometidos a evaluación en los próximos seis meses y, excepto aquellos
que supongan un riesgo para la seguridad nacional, se harán públicos
antes del 27 de abril. 54 años después, las sombras se resisten a
abandonar el crimen que hizo temblar el siglo XX americano.
El presidente John F. Kennedy en Dallas poco antes de morir.
Estados Unidos aguardaba con ansiedad la liberación de todos
los informes confidenciales. La ley de 1992 que los protegía expiraba
este jueves y el mismo presidente había anunciado que se permitiría su publicación. Pero se sabía que la CIA estaba presionando para limitar su salida y
censurarlos ahí donde viese en peligro sus intereses. Finalmente, logró
su objetivo.
“He
ordenado que se levante el veto sobre los documentos, pero dadas las
advertencias de los responsables de inteligencia, no tengo más remedio
que aceptar ciertas condiciones antes que causar un daño irreversible a
la seguridad de la nación”, señaló Trump. El filtrado, aunque provisional, vuelve a frenar el acceso
universal a un archivo destinado a sacudir la memoria colectiva del
país. El asesinato el 22 de noviembre de 1963 del presidente Kennedy
abrió una herida que jamás se ha cerrado. El magnicidio fue atribuido
oficialmente a Lee Harvey Oswald, un desequilibrado exmarine que llegó a
vivir y casarse en la Unión Soviética. Pero la dimensión del crimen y
la casi inmediata muerte de su autor a manos del mafioso Jack Ruby han
abonado todo tipo de teorías conspiratorias. Aunque a lo largo de los años se han liberado 318.000
documentos relacionados con el caso (un 11% censurados), siempre ha
quedado la duda sobre la actuación de la CIA. En plena Guerra Fría, la
agencia se había implicado hasta el tuétano en operaciones de
desestabilización exterior. Cuba y los movimientos marxistas
latinoamericanos eran uno de sus principales objetivos. Amplios sectores
de la CIA, radicalizados y volcados en oscuras conspiraciones, odiaban a
Kennedy por lo que consideraban una relajación del cerco a Cuba tras el
fracasado intento de invasión de Bahía Cochinos y la crisis de los
misiles. La forma de actuar de los servicios de inteligencia de la
época es precisamente uno de los puntos sobre los que se espera que
arrojen luz los documentos. Y no solo por sus juegos de poder. Los
especialistas consideran que la CIA y el FBI sabían mucho más sobre
Oswald de lo que dijeron a la Comisión Warren, encargada de la
investigación del asesinato. Comunista, desertor y colérico, Oswald era objeto de un
intenso seguimiento por parte de los servicios de seguridad. Incluso su
misterioso viaje a México, dos meses antes del magnicidio, fue detectado
por los espías de Estados Unidos. “Las agencias disponían de más datos
de lo que dijeron; si hubieran actuado conforme a su información,
podrían haber evitado lo peor”, sostiene Phil Shenon, autor de JFK. Caso Abierto.
Lee Harvey Oswald.
Esta omisión, que durante décadas ha perseguido a la CIA y
el FBI, es uno de los platos fuertes de esta última tanda de documentos.
Muchos aguardan que ahí figuren las revisiones internas a las que se
sometieron y también que se revele intensidad de los seguimientos a
Oswald, en especial su extraño periplo mexicano, donde infructuosamente
acudió a las embajadas de Cuba y la URSS en busca de visado. Pero más que nuevas claves sobre Oswald, lo que muestra una
primera aproximación a los papeles es lo que todo el mundo sabía:
Estados Unidos tenía en Latinoamérica su patio trasero. Hacía y
deshacía. Mataba, intoxicaba y espiaba a placer. Un juego de poder
sostenido y, en muchos casos aberrantes, que no le sirvió para evitar la
muerte de su trigésimo quinto presidente. En los informes liberados ayer por los Archivos Nacionales
conviven, a primera vista, mucha chatarra informativa, memoriales
desfasados, justificaciones de gastos e informes dispares junto con
tramas ya conocidas de operaciones exteriores contra líderes que les
eran incómodos. Veneno para matar a Fidel Castro, vuelos clandestinos a
Cuba, cargamentos de armas destinados a liquidar a Leónidas Trujillo,
espías en la embajada cubana de México, dinero negro en Costa Rica,
colaboradores de la CIA en Honduras, El Salvador, Guatemala… Un manual
del espionaje que practicó Estados Unidos en plena Guerra Fría y que
promete dar en los próximos días nuevas sorpresas.