Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

13 oct 2017

El misterio del cura degollado y castrado............Coordinado por Juan Carlos Galindo...

Benjamin Black Completa en 'Pecado' una narración criminal de primer orden y nos presenta a un nuevo, complejo y entrañable inspector.

John Banville en Segovia.
John Banville en Segovia.
John Banville (Wexford, 1945) ha vuelto a hacernos un regalo. Enfundado en la piel de Benjamin Black, el autor irlandés se ha apartado del camino marcado por su patólogo forense Quirke para escribir Pecado (traducción de Miguel Temprano) obra con la que ganó el Premio RBA de Novela Policíaca 2017. 
 Se trata de una historia en la que, con la excusa de un terrible asesinato, Black despliega todas sus artes para mostrarnos la sociedad irlandesa de finales de la década de los cincuenta del siglo pasado, adentrarse en sus conflictos e hipocresías y regalarnos un nuevo, complejo y entrañable protagonista.
 El planteamiento es el siguiente: Navidad de 1957.
 En medio de un terrible invierno, un cura católico es hallado degollado y castrado en medio de un enorme charco de sangre en las estancias de una de las familias más significativas de la zona de Wexford, cuna del propio Banville.
 La familia, liderada por un militar retirado, protestante pero con mucho prestigio en la zona, es todo lo variopinta y oscura que puede ser una familia de alta alcurnia en aquella época por aquellos parajes.
 El cura, amigo del padre, murió en terribles circunstancias pero ni el hijo mayor, ni la alocada hija ni, por supuesto, la señora de la casa y segunda esposa de coronel han visto u oído nada, en una metáfora perfecta de la sociedad irlandesa de la época.
 “Es una historia muy negra que trata sobre las acciones profundamente oscuras cometidas por un sacerdote y las personas que lo encubrían, y las consecuencias que tuvieron que sufrir los que les rodeaban”, resumía el propio Black en Barcelona.
El conflicto está asegurado porque la Iglesia no quiere que se investigue y utiliza todo su poder para censurar cualquier información y presionar a la policía.
 Saben lo que hay detrás, conocen de sobra las razones por las que alguien querría matar al simpático padre Tom y prefieren que quede como un accidente.
 Les suena, ¿verdad?
Y aquí entra en juego el detective Strafford, de nombre St. John, aunque él prefiera evitarlo por ridículo.
 Se trata del vástago de un prestigioso hombre protestante que se aparta de todo lo que su familia esperaba para él y se hace policía.
 Su aspecto desgarbado pero elegante, sus modales y su acento, su origen protestante, el hecho de que no le guste beber y de que no fume lo convierten desde el primer momento en un extraño dentro de la policía y a ojos de los ciudadanos, más acostumbrados a la rudeza y la falta de estilo de sus compañeros.
El misterio del cura degollado y castrado
“El inspector tenía 35 años y parecía 10 años más joven. 
Era alto y delgado, de rostro estrecho y afilado, ojos que bajo cierta luz eran verdes y pelo de ningún color en particular, con un mechón que tendía a caerle sobre la frente” nos cuenta el narrador al principio en un gesto inusual en Black, puesto que siempre hemos conocido a nuestro querido Quirke o a la extraordinaria Phoebe a través de los ojos de otros y nunca por una descripción tan certera. Strafford es un tipo inteligente y tranquilo, nada especial, alguien movido por el deseo de saber, un solitario al que no le gusta la gente, hombre desarraigado y, en sus propias palabras, “ la sombra de lo que pudo haber sido” sin saber exactamente qué significa eso. Un personaje maravilloso del que esperamos tener más noticias pronto.
Rápidamente el lector puede comprobar de la mano del inspector Strafford y su ayudante Jenkins que el asesino tiene que ser alguien de la casa, pero la investigación fluye despacio, con ese ritmo tan característico de Black, aprovechando las idas y venidas, los interrogatorios y las conversaciones para mostrarnos en pocas líneas las heridas de una sociedad machacada por una guerra civil, dividida por sus creencias y ahogada por el poder omnívoro de la Iglesia Católica, tema muy presente en las novelas de Quirke y en las preocupaciones de Banville.
Para los fans de las novelas de Quirke, este aparece nombrado de pasada, como el inefable Costigan.
 Más presente está Hackett, aquí ascendido a comisario y visto en una faceta distinta, al mando, soportando las presiones de quienes quieren echar arena sobre el caso, digno pero distante, algo amargado por no poder estar en la calle con personajes como su amigo Quirke.

Para los amantes de la novela enigma, aquí hay algo de eso también y el caso está resuelto con brillantez y sin fuegos de artificio.
Por último, para los aficionados a la buena literatura, sea del color que sea, aquí tienen una narración de primer orden.
 



 

12 oct 2017

Belén y Mila se alían y le devuelven el golpe a Kiko Matamoros

Un Programa cuya máxima audiencia la da lo que haga y diga una ignorante maleducada y exadicta no es un programa conveniente de ver porque ella gana muchisimo más que un profesor de Uniersiad. 
Mila Ymatamoros tienen un pasado o presente común que les hace estar con la boca cerrada y no es cariño ni respeto precisamente son juegos que los dos practican o han practicado y no pueden hablar de eso.....por lo cual son menos beligerantes, su pasado o presente les cierra la boca.
.Pero recuerden que alguien recuerda y habla un dia por mucha pasta....no lo olviden siguen en la cuerda floja y todo vuelve.

María Patiño hace que Chelo García-Cortés se rompa en directo

La despedida de Kiko Matamoros ha abierto brechas inesperadas entre los colaboradores de 'Sálvame' y Patiño está muy decepcionada con su amiga y compañera.

 

Salvame 12. La decepción de Patiño

La decepción de Patiño

Hay pocos sentimientos tan malos difíciles de soportar como el de decepcionar a una persona querida.
 Chelo García-Cortés acababa inundada en lágrimas este martes en 'Sálvame', después de que María Patiño, vía telefónica, le dieran un "tirón de orejas" y afirmara que se sentía engañada por una persona que consideraba una gran amiga.

Salvame 4. La buena fe de María

La buena fe de María

María Patiño, con la voz quebrada, afirmaba sentir un gran desengaño después de haber querido defenderla al decir que suavizó el contenido de una entrevista reciente que Matamoros había concedido a Chelo.
 Sin embargo, lo que no se esperaba es que su compañera la contradijera y que ni siquiera se pusiera en contacto con ella para aclarar las cosas entre ellas.
Salvame 13. El doble juego de Chelo

El doble juego de Chelo


"Cuál es mi sorpresa una vez más que me encuentro el doble lenguaje de mi compañera Chelo, donde desmiente a Kiko Matamoros y que tiene pruebas para decir que lo que estoy contando es absolutamente mentira", declaraba Patiño con decepción mientras Chelo no podía levantar la mirada. 
Por otra parte, no le dejó de indiferente que Chelo mostrara una absoluta "falta de rencor", después de lo duro que ha sido Matamoros con ella.
Salvame 11. Una llamada que no llegó

Una llamada que no llegó


Desde la más absoluta sinceridad, Patiño le acabó diciendo a Chelo que sentía "una gran pena", no solo por haber confiado en ella, sino porque "estaba esperando una llamada de ella desde el viernes. 
Y estamos a martes".
Salvame 5. Hundida y jodida

Hundida y jodida

Chelo, hundía su rostro entre sus manos, y dejaba intuir que estaba inmersa en unos problemas personales de costoso desarrollo y que la tienen totalmente "hundida" y "jodida".


Adiós al matemático que buscaba errores escondidos

Muere con solo 51 años Vladimir Voevodsky, un prodigio de las matemáticas que dedicó su vida a un programa de detección de errores.

El matemático Vladimir Voevodsky.
El matemático Vladimir Voevodsky.
Solemos presumir de que las verdades matemáticas son eternas. 
A diferencia de otras disciplinas, en las que las teorías consideradas correctas pueden ser refutadas a la vista de nuevos resultados, los matemáticos, cuando demostramos un teorema, sabemos que será válido para siempre.
 Pero en la práctica, cuando terminamos de escribir la demostración, siempre existe la duda: ¿habrá algún error en los razonamientos? 
Nuestro sistema de publicación y difusión de los resultados establece varios filtros que ha de pasar el texto antes de que sea considerado correcto y se incorpore a la literatura científica: repasamos el trabajo con detalle; se lo explicamos a colegas, tratando de convencerles de su validez;
 exponemos nuestros resultados en internet donde todos los matemáticos puedan verlos; y mandamos el artículo a una revista científica en la que el editor, antes de publicarlo, lo envía a algún experto en el área, cuya labor es comprobar que no hay errores, además de evaluar si el resultado es suficientemente interesante para su publicación.
 Sin embargo, aunque pueda resultar inquietante, estos procesos no son infalibles, y a veces dejan pasar resultados incorrectos.
En 1998, el matemático Carlos Simpson se topó con uno de ellos. Un teorema que había enunciado en 1989 Vladmir Voevodsky no podía ser cierto, pues había encontrado un complicadísimo ejemplo donde no se satisfacía.
 La demostración de Voevodsky era tan técnica que Simpson tampoco fue capaz de encontrar el fallo que habían pasado por alto los revisores en su momento.
 Durante mucho tiempo no se sabía qué era erróneo, si la demostración de Voevodsky o el contraejemplo de Simpson, hasta que el propio Voevodsky localizó el fallo en su razonamiento en 2013.
 En el año 2000 encontraron otro error en otro de sus trabajos, que desde su publicación en 1993 había sido estudiado y dado por válido por los expertos.

Esto produjo una profunda impresión en Voevodsky, considerado uno de los grandes matemáticos de su generación, experto en geometría algebraica abstracta y receptor de una medalla Fields en 2002
. Entonces, decidió abandonar por el momento su investigación habitual y dedicarse a buscar una manera de comprobar automáticamente los razonamientos matemáticos para detectar los errores escondidos en las demostraciones, que amenazaban con agujerear el sólido edificio de las matemáticas.
Durante mucho tiempo no se sabía qué era erróneo, si la demostración de Voevodsky o el contraejemplo de Simpson
En principio cualquier demostración se puede escribir, partiendo de unas hipótesis y siguiendo unas reglas lógicas bien definidas, de manera que una máquina podría comprobar la validez de cada paso. En la práctica esto no es posible, pues las hipótesis donde se fundamentan las matemáticas son la teoría de conjuntos, y ésta está tan alejada del tipo de argumentos que se emplean en la investigación actual, que formalizar una demostración hasta el último detalle sería un trabajo ímprobo imposible de realizar. 
Pero, ¿y si existiera otra teoría en la que se pudieran fundamentar las matemáticas y con la que sí fuera factible escribir demostraciones que una máquina pudiera comprobar?

En 1998, el matemático Carlos Simpson se topó con uno de ellos. Un teorema que había enunciado en 1989 Vladmir Voevodsky no podía ser cierto, pues había encontrado un complicadísimo ejemplo donde no se satisfacía. 
La demostración de Voevodsky era tan técnica que Simpson ta
mpoco fue capaz de encontrar el fallo que habían pasado por alto los revisores en su momento. 
Durante mucho tiempo no se sabía qué era erróneo, si la demostración de Voevodsky o el contraejemplo de Simpson, hasta que el propio Voevodsky localizó el fallo en su razonamiento en 2013
. En el año 2000 encontraron otro error en otro de sus trabajos, que desde su publicación en 1993 había sido estudiado y dado por válido por los expertos.
Esto produjo una profunda impresión en Voevodsky, considerado uno de los grandes matemáticos de su generación, experto en geometría algebraica abstracta y receptor de una medalla Fields en 2002.
 Entonces, decidió abandonar por el momento su investigación habitual y dedicarse a buscar una manera de comprobar automáticamente los razonamientos matemáticos para detectar los errores escondidos en las demostraciones, que amenazaban con agujerear el sólido edificio de las matemáticas.
Ya ha habido avances en esta dirección, sustituyendo la teoría de conjuntos por la teoría de tipos, siguiendo ideas que provienen de la informática teórica. 
En 2012, el equipo liderado por Georges Gonthier culminó una demostración que un ordenador puede comprobar del teorema de Feit-Thompson, un importante resultado de teoría de grupos de 1963. Voevodsky incorporó ideas de topología y geometría algebraica en la teoría de tipos.
Si se consiguiera avanzar hasta conseguir un sistema suficientemente sencillo, como para que los matemáticos lo usáramos en nuestro trabajo habitual, será una auténtica revolución. Además de evitar el problema de los errores escondidos, liberaría del arduo trabajo de comprobación y revisión al colectivo matemático. 
Y solucionaría situaciones como la del matemático Shinichi Mochizuki y su supuesta demostración de la llamada conjetura ABC, que la comunidad científica, a pesar de sus esfuerzos, no es capaz de validar.
 Por otro lado, estas ideas también se podrían usar para comprobar que los programas informáticos no contienen errores que provoquen fallos en los sistemas.
Nacido en 1966 en Moscú, Voevodsky fue un joven prodigio que enseguida llamó la atención de sus profesores
. Tras la caída del muro de Berlín, hizo el doctorado en Harvard y obtuvo una plaza permanente en el prestigioso Institute for Advanced Studies, en Princeton.
 Su investigación se centraba en el uso de ideas de topología para estudiar problemas de la geometría algebraica.
 En ese campo resolvió ciertas conjeturas en álgebra, las llamadas conjeturas de Milnor y de Bloch-Kato, de gran interés para la comunidad. En 2002 obtuvo la medalla Fields, uno de los más prestigiosos premios en matemáticas.
 Consiguió dar pasos significativos en su programa de detección de errores pero, ni mucho menos, llegar a la refundamentación completa que buscaba.
 El pasado 30 de septiembre, con tan solo 51 años, fallecía en Princeton.