Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

30 jul 2017

Desalojar es siempre alojar...............................Javier Marías

La templanza desaparece en los tuits. 
Pero en unas elecciones se otorga poder real, y justamente en ellas es donde menos se puede sucumbir al cabreo.
Javier Marías
ES UNA SUERTE para ustedes, pero sobre todo para mí, que no vea las primeras versiones de estos artículos. 
Cuando algo me parece injusto, o erróneo, o cínico, o abusivo, o engañoso, o puritano, o sencillamente imbécil, vuelco toda mi indignación y mi sarcasmo en esos borradores y en ellos digo lo que pienso sin muchos ambages ni miramientos.
 Descuiden, sólo de tarde en tarde utilizo palabras gruesas, no es mi estilo natural. 
Pero soy más punzante y descarado, porque sé que no tendrá consecuencias lo que no va a ver la luz.
 Una vez escrita esa primera versión, dejo reposar el texto un rato —basta un cuarto de hora— y acometo la segunda, que luego sufre unas cuantas correcciones y enmiendas más, a mano.
 En la pieza definitiva procuro refrenarme y matizar, a menudo rebajo el tono, cambio o suprimo epítetos en exceso ásperos o hirientes, intento ser más respetuoso o menos irrespetuoso, evito las generalizaciones y exageraciones (bueno, si uno no exagera un poco no se divierte); y, si le doy un zarpazo a alguien concreto, me corto las uñas antes de volver a teclear.
 Es lo que —me imagino— han hecho a lo largo de la historia cuantos han escrito en la prensa artículos de opinión. 
Si no digo “cuantos escriben” es precisamente porque, entre las muchas capacidades perdidas en las últimas décadas, está la de distinguir qué se puede decir en privado y qué resulta admisible en público.
 Solía saberse que lo que uno soltaba en una cena con amigos no podía trasladarse tal cual a unas declaraciones con micrófonos ni a una columna. 
 No sólo para no exponerse a una posible querella por insultos o difamación, sino por un sentido de la responsabilidad: uno acostumbraba a vigilarse a sí mismo: aquí soy injusto o faltón, aquí caigo en la injuria o bordeo la falacia, aquí incurro en histerismo o en melodramatismo, aquí desvarío, aquí no razono lo suficiente o me falta argumentación, aquí soy arbitrario o exagero la exageración.
Todo esto, con ser grave y perjudicial para los propios deslenguados, no tiene ni la mitad de importancia que el contagio de la inmediatez y la visceralidad a otras actividades
Esta segunda fase de reconsideración y templanza (un vocablo en desuso) ha dejado de existir para demasiada gente. 
En prensa y en declaraciones (véanse las de los políticos, con frecuencia), pero sobre todo en los tuits y demás. 
Pocos piensan ya en lo que mencioné antes: en las consecuencias. Se cede al más primitivo y apremiante impulso, se escribe algo en caliente y se lanza sin dejarlo entibiar, sin pensarlo dos veces, sin posibilidad de arrepentimiento, rectificación ni matización. 
La necesidad pueril de desahogarse, la competición por decirla “más gorda”, la búsqueda narcisista de retuiteos, el gusto de verse jaleado por los forofos que siempre piden “más sangre”, llevan a demasiados individuos a hablar en público como si lo hicieran entre íntimos ante la barra de un bar.
Luego se encuentran con que no se les da un trabajo por el lenguaje que emplearon o por la bochornosa y zafia foto que colgaron; con que se han granjeado la enemistad eterna de sus damnificados; con que alguien a quien ni conocen es despiadado con ellos.
 Todo esto, con ser grave y perjudicial para los propios deslenguados, no tiene ni la mitad de importancia que el contagio de la inmediatez y la visceralidad a otras actividades, en particular a la de votar, sea en unas elecciones o en un referéndum. 
Ahí la imprevisión de las consecuencias puede ser mortal.
 Bien, estamos de acuerdo en que, desde hace tiempo, la mayoría nos vemos obligados a votar lo que menos nos asquea, porque a menudo todas las opciones dan asco o desagradan sobremanera. Y eso conduce a cada vez más personas a votar cabreadas, para “castigar” a la clase política, para “asustarla” o simplemente para joder.
 Así, sin duda, fueron depositadas numerosas papeletas a favor de Trump y del Brexit, de Le Pen y de Wilders, de la CUP en Cataluña y no escasas de Podemos en el resto de España. 
Se vota cada vez más como quien lanza un tuit. 


El problema estriba en que, así como un tuit detectado y leído puede traer las consecuencias mencionadas a título personal, un voto acarrea consecuencias colectivas e irremediables, a lo largo de cuatro años o más.

 No sólo hay un “día siguiente” tras unas elecciones o un referéndum, sino que hay decenas de interminables meses siguientes, durante los cuales a los elegidos les da tiempo a propugnar nuevas leyes y liquidar las existentes, a suprimir derechos, a disolver el Parlamento y controlar la prensa y a los jueces, a decidir que ya no habrá separación de poderes; en el peor de los casos que ya no se podrá volver a votar; y que todos los disidentes serán declarados traidores y subversivos.
 En unas elecciones se otorga poder real, y justamente en ellas es donde menos se puede sucumbir al cabreo, a la impulsividad, al mero afán de “desalojar”. 
Porque siempre se “aloja” a otro, quizá aún peor.
 Todos esos días llegan, y de pronto uno ve con desesperación que aquel berrinche de una sola jornada, o arrebato efímero, nos lleva a frotarnos los ojos cada mañana —infinitas mañanas— para dar crédito al hecho de que, por ejemplo, el cargo más poderoso del mundo lo ocupe un oligarca autoritario y deficiente.





29 jul 2017

Isabel Preysler: "Voy a demandar"

No es por maldad

Isabel Preysler: "Voy a demandar"

Pilar Eyre
No es por maldad

Isabel Preysler: "Voy a demandar"

Pilar Eyre
Isabel Preysler 
 
“Voy a demandar”. Así de contundente y dolida se muestra Isabel Preysler ante las graves acusaciones de estafa vertidas en su contra esta semana: que le ha hurtado la herencia a los hijos del primero matrimonio de Miguel Boyer y que antes de que muriese le vació las cuentas corrientes.
 “A los que han mentido les hemos enviado un comunicado aclarándoles la situación ¡y ninguno ha rectificado! Y vamos a demandarlos”. 
Es un paso que, lo sé, a Isabel le ha costado mucho. “No soy de pleitear, me lo enseñó Miguel, si le llevaba una revista con mentiras la cogía entre los dedos como si fuera una alimaña y me decía, ¿vas a molestarte en demandar este papelucho? 
Y he dejado pasar demasiado… pero esto no…” y añade con dulzura, “por el daño que se nos ha hecho… todos hablan de los dos hijos de Miguel, pero ¿y Ana?”
Los dos hijos de Miguel al principio pasaron alguna navidad en Puerta de Hierro y Miguel junior hasta se hizo amigo de Chabely.
 Luego, cada uno tiró por su lado, Laura ha vivido en América y Galicia y ha tenido una existencia muy desgraciada. 
Y al chico, después de un corto periodo trabajando en Cinco Días, se le perdió la pista.
 Miguel, que en toda su vida no fue más que un empleado, de lujo, pero empleado al fin, y que alardeaba de que su mujer tenía mucho más dinero que él, “era tan honesto que daba asco”, me confiesa un amigo suyo. “¡Ni Ruiz Mateos, con toda su artillería legal y su odio a cuestas, pudo encontrarle nada! ¡Pero si hasta cuando era ministro pagaba los libros que necesitaban de su bolsillo!”
 Aunque cuando estuvo enfermo la Ruber le proporcionó atención gratuita, los tres profesionales que le cuidaban en casa cobraban seis mil euros mensuales.
 Pregunto por qué nombró albacea a su bohemio hermano Christian… “lo quería mucho… y le hacía gracia”. 
Los Alba 
 
De viuda a viudo. ¡Viudísimo! Alfonso Díaz.
 Acaba de rechazar una oferta de Carlos Herrera ¡tres mil euros a la semana por un comentario de tema libre! Alfonso firmó al casarse un contrato de confidencialidad, pero Herrera no le pide hablar de Cayetana, sino del sexo de los ángeles si le apetece (por cierto, Carlos, si me quieres escribir ya sabes mi paradero, por la vacante, digo).
 En Sevilla me confidencian que los hijos de la duquesa “tratan a Alfonso con cortesía gélida, ¡no lo aguantan!” 
Tampoco a las amigas, ningún Alba estuvo en el funeral del padre de Carmen Tello. 
 En la caridad, la duquesa era muy generosa, pero cuando salía con su pandilla, pagaba sobre todo la buena de Carmen. Teniendo armarios llenos de mantones de Manila, abanicos, joyitas, guantes, sombreros, no han tenido el detalle de regalarle ni siquiera un recuerdo a su compañera del alma. 
Eh, un cotilleo maligno que demuestra lo que fue Cayetana en Sevilla.
 Quería mucho a Patricia Rato, pero cuando se enteró de que “roneaba” con su exyerno Fran Rivera la borró de su entorno y la sustituyó por la actual mujer de Espartaco, la simpática Macarena Bazán. 
 Y a la repudiada Patricia no le quedó otra que irse, cabizbaja y meditabunda, a vivir a Madrid.
¡Otras hacen el camino inverso, de Madrid a Sevilla! Me lo cuenta Enrique de Miguel en Tomares, mientras comemos unos calamares que harían llorar a las piedras. 
Paquita Rico vuelve a vivir en Sevilla. La llamó para visitarla y Paca le dijo, “Enrique, hijo, ¿tú tienes video?”, “sí” “¿y tienes Dónde vas Alfonso XII?” “Claro”, “Pues prefiero que te pongas la película para que me recuerdes así de guapa”. Penita.

 

La casa desconocida de Federica Montseny y Manuel Azaña


El Cervantes de Toulouse recupera casi 1.400 documentos y libros sobre el exilio y el presidente republicano. 

El instituto español quiere hermanar los fondos de la diáspora en el mundo.

Fotograma del documental 'Federica Montseny. L'Indomptable' (2016) en la que aparece la ficha policial francesa de la ministra republicana.
Fotograma del documental 'Federica Montseny. L'Indomptable' (2016) en la que aparece la ficha policial francesa de la ministra republicana.

Una mujer rebusca en el sótano repleto de estanterías de un chalé modernista en Toulouse. 

Se vuelve con una pila de cuadernillos protegidos por fundas de plástico.

 Son libritos con títulos sorprendentes (La educación sexual de las mujeres, El problema de los sexos) y nombres venerados sobre sus cubiertas (Federica Montseny, Federico García Lorca).

 Estamos en la Biblioteca Manuel Azaña del Instituto Cervantes de la ciudad francesa.

 Estos opúsculos, publicados en los años 40, mientras al otro lado de la frontera caía el invierno franquista, son ejemplos de la ingente producción editorial de los exiliados españoles en la considerada capital europea de los desplazados tras la Guerra Civil. 

La directora del Cervantes, María Jesús García, acaricia las portadas de los folletos con ilusión que se antoja infantil. “Es impresionante.

 El fondo específico, que da valor a esta biblioteca, refleja que fue tierra del exilio republicano. 

Los españoles que se instalaron aquí dejaron su huella y ediciones de libros marcadas por la experiencia de ese período histórico”, dice.

 El instituto español posee 1.200 documentos sobre el exilio y 120 libros con el último presidente republicano Manuel Azaña como protagonista.

 

Sede del Instituto Carvantes de Toulouse.
Sede del Instituto Carvantes de Toulouse.
Toulouse vive señalada por aquellos ciudadanos de costumbres austeras, generadores de educación y cultura.
 En la plaza del Capitolio aún se oyen los ecos de las manifestaciones contra Franco, y a dos pasos de allí una placa rememora las sedes del PSOE y UGT, encima de lo que ahora es la Cinemateca.
 En la plaza Wilson, los exiliados españoles se reunían a leer CNT, el periódico que dirigía la exministra de Sanidad republicana Federica Montseny.
 La llamada Ville rouge por sus incontables construcciones de ladrillo, acogió al final de la contienda a 20.000 refugiados republicanos, que transformaron la cara de la ciudad: uno de cada 10 habitantes hablaba español. 
 
Portada del librito (43 páginas) editado en 1948 en Toulouse.
Portada del librito (43 páginas) editado en 1948 en Toulouse.
Javier Campillo se encarga de la biblioteca desde la apertura del centro tolosano, hace 21 años, y ha ido alimentando los estantes metálicos, adquiriendo títulos y procurando donaciones.
 “Lo que nos hace, a mi modo de ver, únicos es nuestra localización en Toulouse con toda su significación, donde nos dedicamos no solo a preservar un fondo histórico e interesante, sino que buscamos la recuperación y adquisición de producción del y sobre el exilio republicano en Francia”, continúa el bibliotecario, “con lo que hacemos una doble labor de recuperación y difusión de una parte de la historia que es común a los dos países.
 Y eso con unas partidas para adquisiciones bibliográficas muy modestas y con solo una persona a cargo de la biblioteca”. Precisamente el pasado martes, en la reunión anual de directores del Instituto Cervantes en Málaga, el responsable global, Juan Manuel Bonet, destacó este fondo específico de Toulouse y señaló que debía "colaborar y estar en contacto con otros centros que tienen fondos sobre el mismo tema. como el Ateneo español de México".

Una ministra con los zapatos rotos

Por las calles de Toulouse, a Federica Montseny se la veía pasear con los zapatos rotos. 
No se acordaba de sus necesidades, pero sí de las de sus compatriotas. 
Así la recuerda Aurora Tejerina, hija de un exiliado anarquista, en el documental Federica Montseny, la indomable (Jean Michel Rodrigo, Marmita Films, 2016).
 La exministra de Sanidad llenaba anfiteatros -“venían de toda Francia”, cuenta la mujer que la conoció- y participaba en las verbenas benéficas en las que se escuchaba tanto música como poesía.
 Nunca abandonó ni su grafomanía ni la capital occitana hasta su muerte en 1994. 
La recuerdan enérgica y justa, radical en su defensa de la igualdad y la cultura como instrumento de cambio.
 Allí escribió libros como El problema de los sexos, matrimonio, unión libre y amor sin conviviencia, que sigue sonando moderno 70 años después.
 Junto a la ginecóloga Amparo Poch, fundadora del movimiento anarquista y feminista Mujeres Libres, promovía la educación sexual dentro del legendario hospital Varsovia, fundado por exiliados.
“En Toulouse había una población de inmigrantes económicos que se habían asentado antes de la guerra”, dice la catedrática de Historia Contemporánea de la UNED Alicia Alted, estudiosa del exilio republicano, “era una ciudad importante que les ofrecía posibilidades de trabajo sobre todo en la industria aeronáutica y la construcción. 
Políticamente resultaba muy interesante para los refugiados, estaba más cerca de la frontera y era muy mediterránea”.
 Los partidos (PSOE, PCE) tenían sede en Paris y Toulouse, recuerda Alted, coordinadora del libro El exilio republicano en Toulouse 1939-1999 (UNED, 2003) y coautora de La cultura del exilio anarcosindicalista español en el sur de Francia (Cinca, 2013), y también la Librería de Estudios Españoles, auténtico motor de la expresión cultural de los exiliados, vio la luz en la capital occitana en 1947. 
Fue fundada por el impresor Josep Salvador y abriría otra sede en París.
 “Sus fondos han sido donados por los hijos de Salvador a nuestra institución”, señala con orgullo el bibliotecario. 

Portadas de la colección La Novela Española, un mensual (1947.1949) editada por la Librairie des Editions Espagnoles de Toulouse.
Portadas de la colección La Novela Española, un mensual (1947.1949) editada por la Librairie des Editions Espagnoles de Toulouse.
“Entre 1939 y 1978 existió aquí una gran producción editorial, sobre todo anarquista y libertaria”, explica Campillo con tono didáctico.
 “Exportaron la convicción de concienciar y educar en el libre pensamiento, algo que entronca con la ilustración francesa”. Ejemplos son estos folletos como los que la directora muestra de las colecciones La novela española, mensual editado por la Librería de Ediciones Españolas o El mundo al día, de la mano de la editorial Universo, vinculada a CeNIt, obras de divulgación científica que tocaron temas como la energía nuclear, educación, salud…
 Son los libritos que "se publicaban con periodicidad mensual y se financiaban con suscripciones", señala Campillo.
 “Estas colecciones de folletos eran proferidas a los libros por motivos económicos y pedagógicos”, destaca la profesora Alted en El exilio republicano en Toulouse, donde también señala el mérito de esos trabajadores que duplicaban jornadas y habilidades para poder editar las obritas.
Discurso leído Azaña en la Academia de Jurisprudencia, 1902.
Discurso leído Azaña en la Academia de Jurisprudencia, 1902.
La biblioteca lleva el nombre del último presidente de la República, Manuel Azaña, muerto en 1940 y enterrado a pocos kilómetros de aquí, en la ciudad de Montauban.
 No es casualidad. La institución ha conseguido, tras un trabajo de investigación bibliográfica, reunir 120 obras relacionadas con el gran intelectual y político, tanto que glosan su figura o la integran en la ficción como escritas por él. 
“Yo creo que es el fondo más importante que existe después del de la Biblioteca Nacional”, prosigue Campillo.
 El documento más antiguo es un discurso que Azaña pronunció con 22 años en la Academia de Jurisprudencia sobre la libertad de asociación en España. 
Entre ellas hay una veintena de primeras ediciones, además de todas las que existen de La velada en Benicarló, cuya primera edición fue hallada en una librería de Mantua
 Estamos al día, pero no cabe duda de que el interés bibliográfico por Azaña o Federica Montseny le dan su valor. 
Ha sido especialmente emocionante para mí, escuchar en el Día del libro, las lecturas de niños y adultos, del Quijote o Don Juan Tenorio. Con acento francés y con cariño y apego por lo español". Primera edición de una de las novelas de Azaña. Primera edición de una de las novelas de Azaña.

También los investigadores aprecian este trozo de cultura española en suelo francés.
 El profesor de español del Knox College (Galesburg, Illinois) Antonio Prado del Santo estudia como refleja en novelas o autobiografías la guerra civil, la retirada, y el exilio en Francia la segunda generación de exiliados.
 “En los últimos 20 años encontramos un surgimiento importante de este tipo de narrativa escrita en francés por esta primera generación de descendientes de los republicanos españoles en Francia”, cuenta Prado del Santo a través de correo electrónico, “sabía de esta narrativa, pero hasta mi visita al Instituto Cervantes de Toulouse no empecé a entender su importancia como un fenómeno histórico y literario.
 La biblioteca es consciente de la importancia de estos escritos, dispone de una veintena de títulos y al ser un fenómeno actual está al corriente de las novedades que siguen surgiendo”.
“Todos los directores y yo”, añade Campillo, “nos dimos cuenta de que dentro de nuestros objetivos de difusión de la cultura española en esta ciudad y en este país estaba el de recuperar el legado histórico, biográfico y cultural de la comunidad de compatriotas que abandonó España tras la Guerra Civil.
 Había muchas publicaciones políticas, pero también culturales (sobre todo por parte de la numerosa y prolífica comunidad libertaria) de cuya existencia no se tenía conocimiento o documentación en España.


El verano en que se rompió la tele.........................Iñigo Domínguez

Los niños teníamos un buen concepto de TVE por el deporte y las series de sobremesa, pero quedamos traumatizados cuando empezó a sonar 'Mi vida eres tú'.

Anuncio de 'Cristal'.
Anuncio de 'Cristal'.
La tele en verano en la infancia era lo primero de todo, deportes.
 Y sobre todo, deportes que transmitían soledad: el ciclismo y el tenis. 
 Como niño, te identificabas más con el escapado agonizante del Tour, con McEnroe sentado en su silla, sudoroso, pensando cómo demonios ganar a Borg. 
Ahí aprendías la épica y la ley del esfuerzo, el estilo y la deportividad, también pillabas las personalidades de los adultos y te imaginabas cómo querías que fuera la tuya, si es que te acababa saliendo.
 Y soñabas con hacer esas cosas tú mismo, algo que hacías nada más apagar la tele.
 En realidad era una escuela de acción, te nutría de ambiciones y aventuras.
Periódicamente llegaban los deportes a lo bestia: mundial y juegos olímpicos.
 Eso ya era como ir al zoo, porque eran juegos extraños que no habías visto en tu vida y descubrías por primera vez. 
Es más, la mayoría luego no los ves nunca en la vida real y por tanto siempre son fenómenos estrictamente virtuales. 
Si me dijeran que el lanzamiento de martillo no existe, que ha sido un montaje de la CIA como la llegada a la luna me lo podría llegar a creer. 
Contemplabas intrigado la pértiga, el remo, el voleibol, te asombraba la variedad del mundo.
 Desentrañabas las reglas, te las tenían que explicar, aprendías qué países eran buenos en algo y cuáles no, preguntabas por qué eran como eran las gimnastas del Este, en fin, los misterios de la vida. También madrugar por primera vez a horas que no sabías que existían, a las cuatro o cinco de la mañana, para ver un partido de baloncesto.
 Solo puedo tener recuerdos buenos de la tele, primero porque no tuve hasta los siete años, y segundo porque luego tampoco la veía demasiado.
 Y entonces cuando la veías era un acontecimiento. Además, es que había poco que ver para los niños, y en verano menos, porque no estabas en casa y tenías clarísimo que era mejor estar por ahí que ver la tele, sobre eso no había muchas discusiones.
 Pero sí que había un momento especial, reservado a ver la tele, que era después de comer, cuando a los mayores les venía bien que los enanos se callaran y estuvieran tranquilos una hora, a oscuras, en silencio, medio dormidos, huyendo del calor.
 Coordinados con los padres y madres españoles, los directivos de TVE ponían entonces series elegidas para que los niños se lo pasaran bien y cada año era emocionante descubrir lo que ibas a ver ese verano: El coche fantástico, El halcón callejero, La conquista del Oeste, El gran héroe americano… 
 Todavía me acuerdo de lo ingenioso que nos parecía como argumento un superhéroe patoso que ni sabía cómo funcionaban los poderes de un traje que le habían regalado unos extraterrestres.
 Y ahora que lo cuento me doy cuenta de que lo era. 
Pero, no nos engañemos, ahora ves estas series y te mueres de risa de lo malas que eran.
 Pero al menos nosotros éramos niños y tenemos excusa.
 No entiendes cómo los adultos de entonces se las tragaban, y esto abriría debates muy interesantes.
 Aplicables también a lo que ven ahora y examinaremos con pánico dentro de 20 años.
 Seremos juzgados severamente por nuestros descendientes. Y ahora me centraré en esto precisamente.
La televisión, venía a decir, cumplía con sus cometidos de servicio público de entretenimiento y formación de las futuras generaciones de españoles, creo yo.
 Esto se rompió definitivamente de modo trágico, y aún no lo hemos superado, un verano en el que empezaron a correr rumores extraños.
 Decían que ya no habría serie americana, que iban a poner una cosa rara, importada de Latinoamérica, porque salía más barata. Todo parecía amenazador, porque nuestra única referencia cultural de ese otro mundo era el festival de la OTI, una cosa indescriptible. El día señalado nos sentamos todos los hermanos ante la tele y entonces sonó aquello: 
“Miii viiidaaa erees tuuuú…”. Sí, amiguitos: Cristal.
 Era demasiado para un niño. Nos pareció una estupidez mayúscula e incomprensible, y desde entonces presto atención al criterio de los niños, porque lo más inverosímil, más que los propios actores y sus peinados, de hecho, era el comportamiento de los adultos: les gustaba. 

Los niños no podíamos creerlo, y aún menos, que lo pusieran a nuestra hora, en nuestro momento de la tele.
 Que lo dejaran para la noche y los rollos de los mayores. Pero no, tenían que fastidiarnos el verano.
 Ese día la televisión se rompió para mí, lo viví como una traición. Creo que fue mi primera decepción como ciudadano.
 Es como si alguien malvado o muy estúpido se hubiera hecho con los mandos de la emisión, de algo de todos. 
Y es la primera vez, que yo recuerde, que asistí atónito a un proceso que con el tiempo se haría muy familiar y obnubilaba a los adultos:
 la basura vendida como si fuera normal o, incluso, producto de calidad. España empezó así un progreso imparable.
 Y hasta hoy, ¿no?
Unas vecinas, acompañadas de sus hijos, contemplan en la telenovela 'Cristal' en la televisión del hotel Colón, tras ser desalojados de sus viviendas al formarse en su edificio una bolsa de gas debido a un escape de Gas Madrid.
Unas vecinas, acompañadas de sus hijos, contemplan en la telenovela 'Cristal' en la televisión del hotel Colón, tras ser desalojados de sus viviendas al formarse en su edificio una bolsa de gas debido a un escape de Gas Madrid.