Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

23 jul 2017

Barcelona', la ciudad y la canción que unieron a Freddie Mercury y Montserrat Caballé

El líder de Queen se refería a la soprano como su cantante favorita.

Freddie Mercury cantó a Barcelona para honrar a su admirada Montserrat Caballé
 La letra de la canción que los unió relata el momento en que se conocieron.
 Juntos interpretaron el tema en varias ocasiones y el líder de Queen cumplió así uno de sus últimos sueños.
 Pero no pudieron hacerlo durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1992, de la que se cumplen 25 años este 25 de julio. Mercury falleció a causa del sida meses antes. 
"No siempre tienes la suerte de cantar con alguien que se va, que lo sabe, y estar interpretando con él su último adiós", contaba la soprano en 2012 sobre esta unión.
Caballé dice de Freddie Mercury que era una estrella del rock única, porque vendía su voz en vez de su imagen.
 Procedentes de mundos opuestos, su extraña alianza fue también un ejemplo de tolerancia.
De alguna manera, la historia de la canción Barcelona podía intuirse en el guiño operístico del Bohemian Rhapsody de Queen. A Mercury le apasionaba el género lírico y, desde que vio cantar a Caballé en 1983, quiso de inmediato colaborar con ella.
 La española interpretaba Un Ballo In Maschera (Un Baile De Máscaras) de Verdi en la Royal Opera House de Londres.
 Después de esa función, el británico nacido en Zanzíbar comenzó a cortejar a la soprano a través de su representante, explicaba ella misma en una entrevista concedida a Agencia Efe.
Su primer encuentro ocurrió cuatro años después de esa noche en la ópera. 
Fue en el Ritz de Barcelona. Mercury, siempre excesivo en sus formas, se plantó en el hotel junto a su productor, Mike Moran, y con un enorme equipo de sonido
. Le mostró a la española cómo sonaría una versión a dúo del tema Exercises In Free Love. 
Él se había encargado de grabar también la parte de ella recurriendo al falsete.
Además de comenzar a colaborar juntos en un disco, se hicieron amigos.
 Fue a ella a una de las primeras personas a las que contó que estaba enfermo de sida:.Caballé guardó silencio en tiempos en que el nombre de la enfermedad era tabú y continuaron grabando su disco:
 "Me lo dijo y tuvimos la oportunidad de crear canciones en las que todas tenían un significado.
 Estábamos haciendo algo muy especial y eso no pasa a menudo".

La intención era inaugurar los Juegos Olímpicos de Barcelona con los dos sobre el escenario cantando el que era el himno oficial del acontecimiento deportivo. 
Pero la muerte del británico, en noviembre de 1991, impidió que ocurriera.
Antes de fallecer, estuvieron tres años promocionando el tema principal de su álbum conjunto.
 Su agenda de actuaciones era tan exótica como su amistad -la extraña pareja, les denominaba parte de la prensa británica-. Pasaron por ejemplo por un fiestón de la discoteca Ku de Ibiza, donde optaron por el playback.



 

La obsesiva pasión por los coches de Frank Sinatra (y su pelea con Elvis)

El cantante que se jactaba de hacer las cosas “a su manera” vivió toda su vida rodeado de amistades peligrosas, mujeres hermosas… y coches caros.
  



Frank Sinatra, en su Ford Thunderbird descapotable del 55.
A pesar de que llegó a poseer una formidable flota de automóviles, a cual más exclusivo, Frank Sinatra nunca se consideró un conductor apasionado.
Sensaciones le sobraban a todos los niveles así que no necesitaba buscarlas al volante y tenía un concepto muy pragmático de lo que representaba conducir: desplazarse de un lugar a otro siempre con la máxima comodidad. 
Y si podían estar al volante sus chóferes, mejor que él mismo.
Al cantante de Hoboken (Nueva Jersey) no le interesaban la tecnología ni la potencia más allá de lo que implicaran de confort y lujo y de hecho su primer coche ya lo compró siguiendo esta premisa. 
Se trataba de un Chrysler Convertible de 1942 que adquirió con todo el equipamiento interior opcional, pese a tratarse de un modelo de gama media sin ninguna pretensión.
Hay que tener en cuenta que el joven “ojos azules” era entonces el cantante de la orquesta de Tommy Dorsey y, aunque su éxito era ya notable seguía viviendo de una nómina, así que prefirió ser prudente y no lanzarse a por los más caros Lincoln o Cadillac.
Ese mismo año, Sinatra se lanzó a la aventura de cantar en solitario… y casi de inmediato se convirtió en la estrella más importante del mundo de la canción. 
 Vendía cientos de miles de discos, Hollywood lo adoraba, las mujeres se peleaban por él… todo lo que Sinatra cantaba se transformaba en oro.
 Seguía manteniendo en el garaje su viejo Chrysler…, pero ya ganaba un millón de dólares al año, así que pensó que quizás había llegado el momento de conducir algo con más clase.

Crecen las expectativas

La Voz comenzó a gastar a partir de entonces más dinero que nunca en coches de élite y el primero fue un precioso Ford Thunderbird del 55, un convertible de dos puertas y color negro que conservó durante tres años y que el propio Sinatra recordaría más tarde como un coche al que tenía mucho cariño.
El Ford Thunderbird de Sinatra.
El Ford era una “bestia” con un motor V8 de  5.1 litros y 215 CV que Sinatra utilizaba exclusivamente para su correrías nocturnas por Las Vegas o Los Ángeles, casi siempre con alguna bella dama en el asiento del acompañante.
 Pero Frank no había olvidado su filosofía de “antes comodidad que caballos” y ese mismo año se compró también un coche más adecuado para viajar que su coquetón descapotable; un enorme y superlujoso Ford Continental Mark II negro equipado con un motor de 8 cilindros en V de 6 litros y 285 CV de potencia.
frank sinatra
Sinatra, con uno de sus Cadillacs.

Con un motor V8 de 6 litros y 325 CV, y unas características puertas traseras suicidas, otros poseedores famosos del Cadillac El Dorado Brougham de 1957-1958 fueron Elvis Presley, Clark Gable y Aristóteles Onassis.
 

Los últimos días del banquero que logró engañar a todos

Otro gallo cantaría...................................Juan José Millás

COLUMNISTAS-REDONDOS_JUANJOSEMILLAS
AQUÍ TENEMOS a Oriol Junqueras hablando con su sombra.
 Es un decir, porque se trata de la sombra de otro, aunque a nosotros nos viene bien fingir que es la suya para sorprendernos de que un político trate de ponerse de acuerdo con las instancias más inaccesibles de sí mismo. 
 Y no solo eso, sino que las escuche, que escuche lo que le tienen que decir esas instancias con el interés que se aprecia en el gesto del líder de Esquerra Republicana. 
Sobre la sombra se ha escrito tanto y tan bien que resultaría ingenuo pretender decir algo nuevo.
 Nos gustó mucho, por citar una novela, La maravillosa historia de Peter Schlemihl, de Adelbert von Chamisso.
 Trata de un hombre que vende su sombra al diablo en la convicción de que se puede vivir sin ella. Pronto se da cuenta de su error. 
Una persona que, expuesta a la luz, no provoca sombra alguna da pánico a los otros y a sí mismo.
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Samuel Sánchez
El diablo compra sombras porque la sombra funciona como metáfora del alma, que es el lugar donde se cuecen las decisiones de orden moral que nos elevan o nos hunden.
 Lo corriente es que la veamos junto al cuerpo, aunque se conoce un caso, el de los esclavos de la caverna de Platón, cuyos ojos solo percibían las sombras proyectadas sobre la pared a la que permanecían encadenados y que acababan tomando por la realidad. El mundo de las cosas sensibles, según Platón, no es más que un pálido reflejo del mundo de las ideas. 
En otras palabras, una sombra. Si entre ese mundo, el de la oscuridad, y el de las ideas hubiera un diálogo tan intenso como el que sugiere la imagen, otro gallo nos cantaría.