Otras fuentes judiciales
dudan de la posibilidad de que Blesa siguiera libre las próximas
navidades.
Puede que Blesa haya engañado a todos.
Ni estaba tan sereno ni confiaba en remontar un futuro abrupto que podía
pasar por la cárcel. También algunos excolaboradores suyos creen que
cada día se le hacía más dura la cuesta.
Vivía con poco más de 2.000
euros mensuales porque tenía embargada parte de la pensión pública y
todos sus bienes.
Cada gasto de mantenimiento, luz o agua, debía ser
autorizado por el juzgado
. Cada día se complicaba más esta situación
humillante para alguien que ha vivido como un millonario (cobró 12,44
millones entre 2007 y enero de 2010), que ejerció un poder absoluto
desde la planta 26 de las Torres Kio de Madrid, sede de la cuarta
entidad financiera, y que gozó de una elitista posición social.
El PP le
aupó a la presidencia de la entidad, después de compartir la oposición a
inspector de Hacienda con José María Aznar, ocupar algún cargo en el
Ministerio de Economía y Hacienda (1983 a 1986) y abrir un despacho
privado especializado en Derecho Tributario.
A los 49 años,
era presidente gracias al apoyo de Comisiones Obreras e Izquierda
Unida, con los que gobernó una entidad cuyo principal objetivo era el
crecimiento.
Y así lo hizo hasta el final.
Entre 1996 y 2003 duplicó el
balance de la entidad, preocupado por no ser superado por las cajas
valencianas, Bancaja y CAM, que también crecieron, todavía más que Caja
Madrid, sobre el ladrillo tóxico.
De 2004 a 2009 pisó todos los charcos:
créditos a promotores, participación en inmobiliarias, préstamos a
inmigrantes que pronto quedaron en paro...sin que el supervisor le
frenara, pese a contar con informes severos de la inspección.
Nunca pudo alcanzar su objetivo más
ambicioso, superar a La Caixa, aunque imitó su modelo de crear un grupo
industrial (Endesa, Iberia, Telefónica…) con el que aumentó su poder y
se nutrió de dividendos y plusvalías cuando el negocio bancario
flaqueaba.
La gran diferencia con la entidad catalana fue que no contó
con el negocio asegurador, que actuó como salvavidas de su rival cuando
llegó Lehman Brothers.
Pese a todos sus intentos, Blesa nunca fue
considerado un banquero auténtico, de ese olimpo donde solo están unos
cuantos que se auto elijen;
le pesaba demasiado su condición política y
su nulo pasado financiero.
En paralelo al crecimiento de la
entidad, Blesa se multiplicó el sueldo: el primer año, por 18 veces
sobre el que tenía su antecesor, Jaime Terceiro.
Posteriormente mucho
más, como también lo hizo con los consejeros y directivos a los que
retribuyó con la generosidad del que no paga las facturas y necesita su
apoyo para llevar una gestión tranquila.
En el juicio de las black,
Terceiro, en su declaración como testigo, afirmó que algún consejero de
la época de Blesa llegó a cobrar por todos los conceptos 500.000 euros,
lo que supone multiplicar por 277 veces lo que se pagaba bajo su
mandato.
El coche blindado
Al dejar la caja, Blesa tuvo tres años
tranquilos, hasta final de 2012, cuando tuvo que ir al Parlamento a
explicar su gestión. Allí defendió sin fisuras su gestión (pese a que
España estaba traumatizada por la inyección de 22.424 millones en Bankia
en mitad de la crisis) y el escándalo de las preferentes estaba en su
momento más duro porque parecía no haber solución para modestas personas
mayores, sin cultura financiera, a las que se les había vendido esos
productos complejos.
Blesa presumió de haber dejado sus cuentas en
positivo y se negó a valorar la operación de fusión que dio lugar a
Bankia o su crisis posterior.
Argumentó que la caja madrileña no podría
haber hecho las cosas de un modo diferente y que era "imposible" prever
el "tsunami financiero"que se avecinaba.
Cuando los diputados le
recriminaron que llevara un carísimo coche blindado para sus
desplazamientos apuntó una frase mítica: “Como sabrán, les aseguro que
llevar un coche blindado no es la cosa más cómoda del mundo".
Después llegaron las causas judiciales
de los sobresueldos y de las preferentes.
Para entonces la figura de
Blesa era la un banquero capaz de derrochar sin control pese a dirigir
una caja de ahorros con fines sociales.
Las fotos de sus cacerías y
viajes exóticos, así como los correos donde describía una vida de lujo
exquisito, le convirtieron en la figura más aborrecida de esta crisis.
Sus allegados admiten que le deprimía no poder salir a la calle sin ser
abucheado o insultado, lo que le llevó a intentar frecuentar la
naturaleza y las fincas de los pocos amigos que mantuvo.
Los primeros en darle la espalda fueron los que le auparon al poder,
los dirigentes del PP, cuyas ausencias fueron notables hace tres años en
la boda con Gema Gámez.
“En todas las causas Blesa estaba condenado
antes de la sentencia y eso es lo que justifica las fianzas tan elevadas
que le han puesto”, dicen en su entorno con amargura.
Desde 2013 Blesa acumulaba años de tribunales, austeridad
sobrevenida y rechazo social.
Nunca aceptó errores en su gestión
financiera ni flaquezas de carácter ante la adversidad. Quizá esos
fueron los dos autoengaños con los que vivió y con los que trató de
proyectar una imagen diferente a la real.
Su arrogancia y falta absoluta de
autocrítica fue una seña de identidad en todas sus apariciones,
incluidas las de los tribunales.
Todos los consultados coinciden en que
2013 fue el año más duro.
El juez Elpidio Silva, que actuó en unión de
Luis Pineda, todavía en prisión, expresidente de Ausbanc, le metió dos
veces en la cárcel.
La primera estuvo 24 horas y la segunda una semana.
Era el caso iniciado por las supuestas irregularidades de la compra de
un banco en Florida.
Blesa soportó, según testigos cercanos a él, los
más duros interrogatorios, que le dejaron marca.
Sin embargo, el caso se
cerró con su mayor victoria al lograr la inhabilitación de Elpidio
Silva por actuar “con absoluta falta de competencia” en este caso, según
el Tribunal Supremo.
La causa se archivó.