Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

23 jul 2017

El gran secreto.......................................Rosa Montero

Somos criaturas hechas para la felicidad. Por eso hay personas que, pese a sufrir grandes reveses, siguen experimentando momentos de gozo. 

COLUMNISTAS-REDONDOS_ROSAMONTERO
A PRINCIPIOS DE julio, El País Semanal publicó un estupendo reportaje de Cristina Galindo sobre la felicidad. 
Es un tema que siempre me ha fascinado y sobre el que he estado recopilando datos desde hace años; un interés lógico, si tenemos en cuenta que nuestra mayor ambición es ser dichosos. 
Sin embargo, la felicidad tal y como la entendemos hoy (como un derecho, como nuestra natural aspiración) es en realidad un invento del siglo XVIII.
 Hasta entonces, la gran mayoría de los humanos nacieron, crecieron y murieron pensando que el mundo era un valle de lágrimas y la vida un sufrimiento.
 Fue en el XVIII cuando irrumpió, poderosa y democrática, la idea de que somos merecedores de la dicha y debemos disfrutar de la existencia.
 Por cierto que esto sucedió sólo en Occidente: en muchas otras zonas del planeta aún perdura la clara conciencia del dolor de vivir. Recuerdo una frase impactante de la Reina de los Bandidos, la india Phoolan Devi, maltratada y violada desde niña, convertida después en asesina y bandolera, asesinada ella misma en Nueva Delhi, en 2001, a los 38 años:
 “No temo morir, porque la muerte es más dulce que esta dura vida”. 

De entre los numerosos discursos sobre la felicidad que se escribieron en el XVIII sobresale el de la maravillosa pensadora y científica Madame du Châtelet: 
“Es creencia común que es difícil ser feliz, y demasiado cierto es”, empieza diciendo, para luego rebelarse contra ello.
 En cambio hoy la creencia común sostiene que la dicha es fácil, casi obligatoria.
 Y si no la conseguimos plena y perennemente, nos quejamos: si todos son felices, ¿por qué yo no? 
¿O por qué yo no tanto como los demás? Como los modelos almibarados de los anuncios televisivos.
 O como los protagonistas de esas radiantes fotos que atiborran las redes, hombres y mujeres siempre sonriendo, viajando, comiendo, bailando, haciéndose alborotados selfies, en barcos, en coches, delante de la Torre de Pisa, sujetando globitos de colores.
 Hoy la felicidad, más que un emocionante derecho, parece haberse convertido en una mercancía, en un codiciado objeto de consumo que hay que poseer para no ser un paria social, un maldito pringado.
 Es como un mega-smartphone emocional.
 Y quizá este imperativo de ser felices nos esté dificultando la vida: según la OMS, hay 300 millones de personas que sufren depresión en el mundo, un 18% más que hace sólo 10 años.
Sea como sea, lo cierto es que la felicidad, esa cosa indefinible, subjetiva, escurridiza, luminosa, turbadora, efímera y bella, se ha convertido en un tema de moda, en un mito mundial.
 Como señala el reportaje de EPS, Emiratos Árabes Unidos creó hace un año un Ministerio de la Felicidad, y el tremendo Nicolás Maduro nombró en 2013 un viceministro venezolano de la Suprema Felicidad del Pueblo (la sola definición aterroriza).
 Menos demencial pero aun así chocante es que la ONU decretara, hace cinco años, que el 20 de marzo era el Día Internacional de la Felicidad. 
A partir de entonces también elabora un ranking del bienestar de 156 países; los primeros lugares los ocupan Noruega y Dinamarca, y el último, la República Centroafricana.
 España está en el puesto 35º, un lugar que no es deprimente, pero tampoco glorioso.
 Sin embargo, en junio de 2015 salió un barómetro del CIS cuyos datos me pasmaron: 8 de cada 10 españoles se consideraban felices o muy felices. 
 En una escala del 0 (completamente infeliz) al 10 (completamente dichoso), la respuesta más frecuente fue un asombroso 8. 
Aún más: el 42% se definían como casi completamente felices. 

Se diría que aquí empezamos a rozar lo sustancial, que nos aproximamos al tuétano de las cosas.
 Hay en nuestras células un anhelo fiero de seguir siendo, un deleite en lo básico, en andar y en comer, en el sol y la noche, en el viento y el agua.
 Nuestra carne animal nos salva de ser sólo humanos.
 Sí, somos criaturas hechas para la felicidad, como decían en el XVIII.
 Por eso hay personas que, pese a sufrir grandes reveses, una parálisis, un desahucio, una guerra, siguen experimentando momentos de gozo.
 Incluso Phoolan Devi debió de arrancarle chispas a la oscuridad.
 Y es que la vida se regocija de vivir.
 Ese es el sencillo y gran secreto.

Mangas cortadas.................................................Javier Marías.......

Resulta inexplicable que en poco tiempo hayamos pasado a juzgar intolerable cualquier opinión contraria a la nuestra. 
Javier Marías
LEO EN el Times que la máxima preocupación de los estudiantes de Oxford en los exámenes finales se centra en la toga tradicional de esa Universidad.
 Lo preceptivo es que la mayoría de los alumnos vistan una sin mangas o con unas cortas que no les cubran los codos (no estoy seguro).
 Sin embargo, los pocos que se hayan ganado becas o se hayan distinguido en los exámenes del curso anterior tienen derecho a presentarse a los nuevos con togas de mangas largas.
Quienes protestan por esta diferenciación arguyen que les resulta “estresante” el “recordatorio visual” de que hubo otros que sacaron mejores notas, y que se ponen “nerviosos” al ver así manifestada su “inferioridad académica”.
 Consideran la permisión de las mangas largas algo “jerárquico” y “elitista”, que “entra en conflicto con los ideales de igualdad”. 
Por supuesto, no les sirve de acicate para ganárselas este año, sino que piden que se les prohíban a quienes se hayan hecho acreedores de ellas. 
A éstos, claro, no les hace gracia perderlas por decreto tras haberlas conseguido con esfuerzo. 
En octubre el sindicato de estudiantes tomará una decisión. Una antigua alumna se ha atrevido a señalar: “Por si lo han olvidado, Oxford es una institución académica, que reconoce la excelencia académica. 
Todo el mundo es igual antes de un examen, pero no después”. 

Más allá de la pintoresca anécdota, esta cuestión de las togas es sintomática de los actuales y contradictorios tiempos.
 Recordarán que hace pocos años sufrimos hasta lo indecible aquella máxima estúpida de “Todas las opiniones son respetables”, cuando salta a la vista que no lo es que los judíos deban ser exterminados, por poner un ejemplo extremo.
 Lo deseable, en principio, es que todas las opiniones puedan expresarse, incluso las abominables.
 Lo inexplicable es que en poco tiempo hayamos ­pasado de eso a juzgar intolerable cualquier opinión contraria a la nuestra, a la vez que sí resultan tolerables, y hasta dignos de encomio, los insultos más brutales contra quienes emiten esas opiniones que nos desagradan.
 Bajo pretextos diversos (“discriminación”, “falta de igualdad”, “jerarquización”), muchas personas que someten su trabajo a la consideración pública han decidido “blindarse” contra las críticas y los juicios. 
Si un estudiante va a la Universidad, sabe de antemano que, si no se aplica, otros sacarán mejores notas, y conviene que se vaya acostumbrando a la competitividad del mundo.
 Igualmente, si alguien elige ser escritor, o periodista, o actor, o director de teatro o de cine, o pianista, o cantante, o político y desempeñar un cargo, sabe o debería saber que su quehacer será enjuiciado, y le tocaría asumir que, ante las críticas o los denuestos, no le cabe sino encajarlos y callar. 
 Cualquiera puede opinar lo que se le antoje sobre nuestras novelas, poemas, películ­as, canciones, programas de televisión, montajes teatrales, gestiones políticas y demás.
 Ante la reprobación no nos corresponde quejarnos ni replicar. (Otra cosa es cuando los críticos no se limitan a nuestras obras, sino que entran en lo personal o falsean lo que hemos dicho, o nos difaman: ahí sí es lícita la intervención.)
 Pues bien, de la misma forma que hay estudiantes universitarios —ojo, no párvulos— que consideran una “microagresión” que el profesor les devuelva sus deberes o exámenes corregidos —sobre todo si es en rojo—, cada vez abundan más los artistas y políticos a los que parece inadmisible que se juzguen sus obras y sus desempeños.
 ¿Quién es nadie para opinar?, aducen.
 ¿Quién es nadie para asegurar que esto es mejor que aquello, que tal novela es buena y tal otra mediocre?
 Es más, ¿quién es nadie para decir que algo le gusta o le desagrada (justo en una época en que demasiados individuos son incapaces de articular más opinión que un like)? Hace unas semanas escribí educadamente (tanto que mi frase empezaba con “Quizá yo sea el equivocado …”) que me resultaba imposible suscribir la grandeza de una escritora. 
Según me cuentan (nunca me asomo a un ordenador ni a las redes), algo tan subjetivo y leve desató furias.
 Me he enterado poco, ya digo. 
Pero un señor cuya carta se publicó en EPS me basta como muestra (un señor que se definía como “nosotros, el pueblo”, nada menos). Decía que “no podía estar de acuerdo” conmigo.
 Uno se pregunta: ¿en qué? ¿En que me resulte imposible suscribir lo mencionado? Si yo hubiera soltado un juicio de valor, como “Es mala”, pase el desacuerdo.
 Pero no fue así. Meses atrás dije también que cierto tipo de teatro, “para mí no, gracias”, y media profesión teatral montó en cólera, incluidos los monologuistas palmeros
. Aquí algo no cuadra. Se ha sabido siempre que quien aspira al aplauso se expone al abucheo, y el que se examina a ser suspendido.
 Parece que ahora se exige el aplauso incondicional o, si no lo hay, el silencio; y las mangas largas o cortas para todo el mundo. 
 . Demasiada gente quiere blindarse y no asumir ningún riesgo. Para eso lo mejor es no salir a escena ni pisar un aula. Vaya (ustedes perdonen), creo yo.

22 jul 2017

Andrea Janeiro cumple 18 y se convierte en objetivo paparazzi

Andrea Janeiro en la actualidad y en una foto junto a Belén Esteban.
TWITTER

La hija de Belén Esteban y Jesulín llega a la mayoría de edad como uno de los personajes más seguidos por la prensa rosa.


Andrea Janeiro llega a la mayoría de edad. 
La hija de Belén Esteban y Jesulín de Ubrique cumple 18 años, una cifra con la que su rostro deja los píxeles a un lado en las revistas de prensa rosa ya que con su cumpleaños finiquita la Ley de Protección del Menor
 Su figura, siempre al lado de la colaboradora de Telecinco ha supuesto uno de los mayores objetivos de las publicaciones y paparazzi, que desde hoy pueden publicar su rostro.
A lo largo de su vida, la joven ha tenido que vivir bajo las constantes exposiciones mediáticas de sus padres, tanto por la carrera taurina de Jesulín de Ubrique como por las apariciones televisivas diarias de su madre.
Nacida el 20 de julio de 1999 y conocida desde su infancia como 'Andreíta' por los medios, Andrea Janeiro ha pasado a la posteridad por ser la protagonista de frases como "Andreíta, cómete el pollo" o "Yo por mi hija mato", pronunciadas por su madre y repetidas durante años hasta convertirse en expresiones de recurso. 
Y es que más allá de los comentarios de la propia Belén Esteban, poco se conoce de su hija.

La fan de Justin Bieber

El mejor rastro para saber más de Andrea Janeiro se encuentra en sus redes sociales. 
La joven de 18 años es activa en Twitter, donde deja claro sus gustos principales: Justin Bieber, Miley Cyrus y Ariana Grande
. El nombre que Janeiro utiliza -'MC has my phonecase'- y con el que se comunica a sus más de 14.000 seguidores hace referencia a una funda de teléfono que la hija de Esteban regaló a Miley Cyrus y que la cantante lució en algunas fotografías. 
Todo un logro adolescente.
Aunque la portada de su cuenta de Twitter está ocupada por una imagen junto a sus amigas y Ariana Grande durante un concierto, su ídolo favorito no es otro que Justin Bieber.
 De sobra es conocida su aparición entre el público de El Hormguero el día que el canadiense acudió al programa de Pablo Motos y por lo que se convirtió en tendencia en Twitter.
Una publicación compartida de Belén Esteban (@belenestebanmenendez) el
Por el momento y pese a que las principales cabeceras del corazón tendrán como portada a la joven, Belén Esteban ya ha dejado ver que su hija, tras terminar sus estudios de bachillerato, residirá en Gran Bretaña con el objetivo de poner mar de por medio y evitar que Andrea Janeiro sea un recurso habitual de las páginas rosas.Pues me da que si, En cuanto vea dinero facil y caprichos varios no cojerá un libro como no sea el que diga que escribió ella.
En Sálvame todos han escrito un libro.(O se lo han escrito, cierto)

El fin de las mil y una noches del Aga Khan IV................ Lucia Magi

El multimillonario y líder espiritual de los musulmanes ismaelitas prepara su retiro y traslada su imperio a Portugal

Karim Aga Khan IV, en Porto Cervo en 1986. 
Karim Aga Khan IV, en Porto Cervo en 1986.

 Shah Karim al-Hussayni, filántropo, multimillonario (Forbes le estima una fortuna de 1.000 millones de dólares) y bon vivant, poseedor del título dinástico y religioso de Aga Khan IV, acaba de celebrar el 60º aniversario de su entronización como líder de los musulmanes ismaelitas.

 Una rama minoritaria del chiismo que cuenta con unos 15 millones de fieles diseminados por Asia, África y Europa, sumamente generosos en las donaciones a la comunidad y a su imán, a quien consideran descendiente directo del profeta Mahoma. 

La vida del Aga Khan, nacido en Ginebra en 1936 aunque tiene pasaporte británico, siempre estuvo rodeada por una bruma a lo mil y una noches por el brillo del lujo en el que transcurre su biografía.

 Hoy, cumplidos ya los 80 años, quiere jubilarse.

En sus años dorados solía protagonizar unas crónicas del corazón atraídas por el irresistible encanto de las fiestas en su inmensa finca de Cerdeña, la dolce vita en la que permaneció instalado, sus valiosos caballos, las mujeres que le rodeaban (aunque él se casó dos veces) y las joyas con las que las colmaba (su segunda exmujer, la princesa alemana Gabriela, subastó en abril de 2016 piezas valoradas en 20 millones de euros).
 Pero esta “suerte de Gianni Agnelli, más aristócrata y con un toque oriental”, como lo ha definido el periódico Corriere della Sera, está ahora preparando su sucesión.
 Y ha decidido trasladarlo todo a Portugal.
Shah Karim al-Hussayni, en octubre de 1957.
Shah Karim al-Hussayni, en octubre de 1957.
Tras años de preparación y runrún de fondo, deja su castillo de Chantilly, en Francia, y se muda a Lisboa, ciudad portuguesa en la que se encuentra el centro neurálgico de la comunidad religiosa y de su fundación (Aga Khan Development Network, AKDN), puntera en diversos proyectos de cooperación internacional. Obviamente, no va a cualquier sitio. 
En la capital lusa le espera un delicioso palacete de la primera década del siglo XX, que perteneció al empresario del café Henrique Mendonça y que ha adquirido por unos 12 millones de euros.
La mudanza del príncipe y de su corte refrenda el acuerdo firmado en junio de 2015 con Portugal.
 Además de las inversiones inmobiliarias, el líder ismaelita se comprometió a mejorar la calidad de vida de los fieles de esa nacionalidad y a financiar proyectos de investigación científica y económica.
 Como contrapartida, obtuvo la exención total de los impuestos sobre el rendimiento y sobre su patrimonio.
El Aga Khan IV, en la inauguración de la Louis Vuitton Foundation en octubre de 2014 en París.
El Aga Khan IV, en la inauguración de la Louis Vuitton Foundation en octubre de 2014 en París.
Su próximo y buen retiro lusitano cerrará una línea dinástica de famosos galanes.
 El abuelo de Karim, el Sultán Mahommed Shah, Aga Khan III, tuvo decenas de romances: entre ellos, uno con la bailarina italiana Cleope Teresa Magliano, que terminó rindiéndose a su cortejo con la ayuda de un diamante de 61 quilates.
 Ese gusto por las mujeres se lo trasladó a su hijo, el Príncipe Alí Khan, que de 1949 a 1953 estuvo casado con una de las mujeres más sensuales y deseadas de la historia, la actriz Rita Hayworth.
En su testamento, el Aga Khan III designó a su nieto, saltándose una generación, como sucesor, por ser un hombre joven “criado en medio de una nueva era”.
 El 11 de julio de 1957, con tan solo 20 años, Karim, que entonces estudiaba Historia islámica en la prestigiosa Universidad de Harvard, se convirtió en el 49º imán de los ismaelitas.
 Iba a modernizar la saga. Nada más recibir el título, rompió una antigua tradición: en el momento de la entronización, sus predecesores solían sentarse en el plato de una balanza mientras los feligreses llenaban el otro de oro y diamantes hasta alcanzar su peso.
 Karim, cuyo sucesor se espera que sea su segundo hijo (el príncipe Rahim Aga Khan), se quedó de pie. 
Fue el principio de una serie de actos poco convencionales. 

En 1962, por ejemplo, con su Volkswagen Escarabajo llegó a una playa desierta en el norte de Cerdeña, que había avistado días antes desde su yate. Arena blanca y fina, agua cristalina, un entorno salvaje e incontaminado. Los pastores lo llamaban Porto Cervo, porque allí solo vivían ciervos.
 La leyenda dice que paró al primero con el que se topó y le ofreció 5.000 millones de liras para quedarse con el lugar.
 La negociación, sellada entre cabras, convirtió al Aga Khan en uno de los personajes más codiciados por las legiones de paparazis de la época.

Un sueño ya sin brillo

El rey Juan Carlos saluda a Aga Khan a su llegada a Porto Cervo, en agosto de 1981. 
El rey Juan Carlos saluda a Aga Khan a su llegada a Porto Cervo, en agosto de 1981.
El príncipe compró 3.000 hectáreas de rocas, matorrales y playas. Acto seguido, reunió a un grupito de amigos millonarios con los que proyectó y financió la construcción de un sistema urbanístico extremadamente detallado, pero respetuoso con el entorno: nacieron hoteles lujosos, discotecas, clubes de golf, se abrieron senderos privados de acceso al mar, explanadas de aterrizaje para jets y helicópteros
 Allí fue a atracar el yate Fortuna su íntimo amigo don Juan Carlos en el verano de 198!. En la década de los sesenta, la Costa Esmeralda —con Porto Cervo como joya de la corona— se convirtió en un rincón exclusivo y cosmopolita, donde los ricos y famosos del mundo entero prácticamente se sentían obligados a veranear.
 La princesa Margarita de Inglaterra, la actriz Catherine Deneuve, Grace Kelly con Rainiero de Mónaco, el actor y director Ugo Tognazzi o el beatle Ringo Starr pasaron veranos en aquellos parajes.
Pero hoy el sueño ha perdido aquel brillo. Incluso su fundador lo abandonó
. En 2014, Shah Karim al-Hussayni vendió su mansión de tres plantas escondida entre pinos y rocas: mil metros cuadrados para 13 habitaciones, el doble de jardín y bosque, muelle privado para barcos de hasta 18 metros de largo, garaje y varias piscinas.
 La época de las mil y una noches se terminó.