Los
príncipes ceden objetos personales de su madre para el homenaje del
palacio de Buckingham en el 20º aniversario de la muerte de Diana de
Gales.
Recreación
del escritorio de la princesa Diana de Inglaterra en la exhibición del
palacio de Buckingham en homenaje al 20 aniversario de su muerte.Getty ImagesUnas cintas de casete de los artistas preferidos de la princesa Diana,
como George Michael, Elton John e incluso alguna ópera de Plácido
Domingo y Luciano Pavarotti, unas zapatillas de ballet en referencia a
su pasión por el baile y un conjunto de fotos de sus hijos. Estos son
algunos de los objetos personales que Guillermo y Enrique de Inglaterra
han cedido al palacio de Buckingham para conmemorar el 20º aniversario
de la muerte de Lady Di, que se cumple el próximo 31 de agosto.
La exposición, que abre este fin de semana, recrea el escritorio donde trabajaba la princesa Diana en el palacio de Kensington. "La princesa amaba la música y constantemente escuchaba la radio, los
discos y las cintas cuando trabajaba en su escritorio. Creo que la gente
lo encontrará personal y emotivo", han asegurado los encargados de la
muestra que durará todo el verano. Los príncipes no solo han prestado
algunos de los artículos favoritos y más memorables de su madre, también
han guiado al personal de palacio sobre cómo colocarlos adecuadamente.
getty images
Junto al escritorio se ha situado un viejo baúl muy
apreciado por Lady Di con la firma D. Spencer y sobre la mesa, al lado
de los marcos familiares, hay una agenda de Cartier, donde la princesa
tenía grabado su cumpleaños, el del príncipe Carlos y sus dos hijos,
además de su aniversario de boda. Se trata de un regalo que le hizo el
presidente estadounidense Ronald Reagan y su esposa Nancy cuando Diana y
Carlos de Inglaterra visitaron Washington DC en noviembre de 1985. Esta exhibición es una de las varias conmemoraciones organizadas por el aniversario de la muerte de Diana, que perdía la vida el 31 de agosto de 1997
tras un accidente de coche en París cuando el automóvil en el que
viajaba con su pareja Dodi al Fayed era perseguido por los paparazis. Mientras, en el palacio de Kensington —donde vivía Lady Di y que hoy es
la residencia del príncipe Guillermo y su familia— una estatua de Diana de Gales presidirá los jardines que se llenarán de flores blancas en tributo a Lady Di.
Diana de Gales junto a sus hijos, Enrique y Guillermo de Inglaterra, en agosto de 1988, en el palacio de Marivent (Mallorca). CORDON PRESS
Pino
Pelosi, homicida del cineasta e intelectual en 1975, muere a los 59 años
de edad sin esclarecer todas las incógnitas que rodean el suceso de
aquella noche.
Pino Pelosi, en el lugar del crimen acompañado por la policía.
La tarde del 17 de noviembre de 1975, Pier Paolo Pasolini
recogió en la estación Termini (Roma) a un joven de 17 años. Le propuso
comer algo e ir a Ostia a “magrearse” a cambio de 20.000 liras. Condujo
hasta la playa y apagó el motor de su coche en un descampado. Una vez
ahí, el joven cambió de opinión y rechazó tener relaciones sexuales. Salió del automóvil, Pasolini le persiguió, le golpeó con un bastón
-algo que nadie que le conociese pudo creer- y este se defendió dándole
una paliza brutal. A continuación se subió en el Alfa Romeo, y en la
huida atropelló al cineasta, escritor e intelectual, reventándole el
tórax y abandonándole muerto en el suelo. Esta fue la primera versión que contó Giuseppe Pino Pelosi, también conocido como la Rana, el único testigo presencial
de uno de los grandes misterios en la historia del crimen italiano, que
ayer, a los 59 años, se llevó a la tumba todos sus secretos cuando
falleció a causa de un cáncer.
Aquella
noche, una patrulla de los carabinieri dio el alto a Pelosi cuando
conducía a toda velocidad y en contradirección por la carretera de
Ostia. Primero admitió haber robado el Alfa Romeo GT 2000 del cineasta. Poco más tarde, encontraron el cadáver de Pasolini y no tuvo más remedio
que confesar el crimen. Sin embargo, como relató la sentencia de 1976,
siempre estuvo claro que lo había cometido “en compañía de
desconocidos". En el coche había aparecido un jersey de una tercera
persona, Pelosi apenas tenía manchas de sangre y era difícil pensar que
hubiera podido propinarle una paliza de aquel calibre sin la ayuda de
nadie. Pero, al fin y al cabo, aquello era un asunto entre homosexuales,
como vino a justificar la democracia cristiana, que reinaba en Italia
en aquel periodo, en boca de Giulio Andreotti: "Se lo ha buscado". El
presunto asesino cumplió solo cinco años de cárcel, pero en 2005 decidió
cambiar su versión. El
nuevo relato, construido ya por un Pelosi enganchado a las drogas y que
entraba y salía de los centros penitenciarios por robos y asaltos,
señaló que aquella noche habían practicado sexo oral en el interior del
coche. Luego, Pelosi se bajó "para orinar" y aparecieron tres
desconocidos, "de 45 o 46 años, con acento del sur, calabrés o
siciliano". "Uno de ellos, con barba, me golpeó y me amenazó a mí y a mi
familia si hablaba; los otros dos sacaron al señor Pasolini del coche y
empezaron a golpearle con una violencia inaudita". Según su versión, le
insultaban gritándole "fetillo", "cerdo comunista" y "maricón". "El
pobre gritaba mientras le masacraban", dijo Pelosi. Luego desaparecieron
en la noche y Pelosi, asustado, arrancó el coche y atropelló sin querer
a Pasolini. Pero la versión nunca convenció ni a la familia ni a sus
allegados.
¿Por qué cambió su historia? Pelosi adujo que había mentido
inicialmente por miedo a las represalias. Su familia también confirmó
que vivía aterrado por lo que poría sucederles si hablaba. Pero al cabo
de poco las sospechas apuntaron también a un conocido criminal apodado
Johny el Gitano y a los hermanos Borsellino, dos militantes sicilianos
de extrema derecha a quienes un infiltrado de la policía oyó jactarse de
aquel crimen. Ambos murieron en los años 90 enfermos de Sida. Servicios secretos, una brigada fascista o un crimen común. Hay distintas teorías. Una historia de crimen que se precie en Italia no
sería tal si no aparecen la Democracia Critiana, la Banda della
Magliana o Marcello Dell'Utri, amigo íntimo de Berlusconi encarcelado
por asociación mafiosa. Pero la única persona que conocía la verdad de
lo que sucedió aquella noche de hace 42 años ya no podrá hablar . El
abogado de la familia Pasolini, Nino Marazzita, lo ha querido recordar
hoy. "Pino Pelosi nunca quiso contribuir para que se llegara a la verdad
sobre la muerte de Pier Paolo Pasolini. Se llevó desgraciadamente el
secreto a la tumba". Se dijo que el asesino de Pasolini llevaba un anillo de Oro de Pasolini y que no era la 1º vez que tenían contactos sexuales. Pasolini , lleno de contradiciones en su vida, era Comunista y entonces el Partido Comunista no acojia bien si sus militantes no fueran heteroxesuales, ahora dirian que no, pero a Pasolini, digamos, le perdió su atracción por muchachos marginados, le gustaban fuera de su ámbito, no era un secreto entonces que él iba dónde esos chicos se vendían o alquilaban......todo lo demás es rizar el rizo. No dejó de ser una Historia prohibida y no se contaba para no arruinar la fama de Pasolini en su cine....y como él hubieron varios.
Impresiona que el perfeccionismo de Letizia haya llegado al extremo de consolidarla como la heredera de una milenaria dinastía.
La Reina Letizia durante su visita el jueves a Santo Toribio de Liebana.Carlos AlvarezGetty Images
Impresiona que el perfeccionismo de Letizia haya llegado al
extremo de consolidarla no ya como una reina, sino como la heredera de
una milenaria dinastía. Delgada, hierática, de tez albina. Y como
escribía Valle Inclán en Sonata de Estío,consciente del desdén patricio de los criollos. No
se refería a ella, obviamente, pero el pasaje ilustra la disciplina
mental y corporal con que Letizia ha conseguido que el consorte parezca
el rey titular. Ocurre con Rania en el reino de Jordania, pero no puede
decirse que Abdalá II, a diferencia de Felipe VI, parezca precisamente
un monarca esbelto ni distinguido Por eso tiene más mérito la metamorfosis de Letizia. Ninguna
reina de Europa eleva la barbilla mejor que ella. Ninguna plebeya se
habría sofisticado tanto para lucirse ingrávida, a cámara lenta, en la
gran alfombra roja de Londres. Que era una pasarela. No podría sospecharse que fue becaria en el periódico La Nueva España
ni podría reconocerse el menor atisbo de su antiguo vasallaje, pero
semejante bagaje patrimonial y biográfico representa una ventaja para la
reina: viene del otro lado, conoce el otro lado. Y, por idénticos motivos, sabe lo que esperamos los
españoles y los espectadores. Es decir, la abdicación de cualquier
liturgia opulenta —un buen ejemplo fue la comunión colegial de Leonor— y
una telegenia profesional que Letizia estimula para mirar a la cámara
como si la sedujera y robar el plano con sus guantes blancos.
I maginamos que debe frustrarle el silencio y el papel
gregario que delimitan su cargo, sus funciones, pero Letizia ha logrado
sofisticar su imagen etérea para romper en añicos el florero y ocupar en
solitario la portada del Times . Es la meta reina. Su presencia
da que hablar como un remedio al mutismo protocolario y como una
reivindicación. Le ocurría a Jackie Kennedy con el presidente. Y le
ocurrió a Victoria Beckahm con Beck hasta que decidió ella quedarse con
el cetro. Lo hemos comprobado en Londres con ocasión de la visita de
Estado a Reino Unido. Necesita Letizia un vestuario enciclopédico, una
vitalidad escénica, teatral, casi como una réplica a la imagen inmutable
de la reina Sofía . Por eso cambia de aspecto y de peinado. A Letizia no
habría forma de fijarla en un sello ni de acuñarla en una moneda. Y esa
personalidad, y esa tenacidad, no sé si hacen de ella una mujer feliz,
pero sí la convierten en una reina perfecta. La prensa británica la ha tratado como tal. Le ha reconocido
el mérito de haber superado el desafío que suponía contrastarse y
reconocerse delante de la reina de todas las reinas. Que es Isabel II y
que ocupa un peldaño superior porque presume de su noción metafísica y
porque ha demostrado que la mejor manera de estar cerca del pueblo es
alejarse de él con el boato, la liturgia, la dimensión sagrada.
Lo
complicado es pensar y tratar de entender por qué este reality tiene
tanta audiencia y es un éxito. Pero temo que la respuesta sea aterradora.
Laura Matamoros, Iván, José Luis y Alba Carrillo a su llegada a Telecinco.
Supervivientes es ese
concurso-reality-programa-mediaparrilladetelecinco en el que para
sobrevivir en una isla supuestamente desierta sus concursantes comen
jamón, beben bebidas isotónicas, reciben las visitas de sus madres y
llevan a cabo la gran final con sus peligrosísimas pruebas de vuelta en
España, en el confort de un plató de televisión, lejos de los riesgos e
incomodidades de la jungla, de las playas llenas de bichos, de los
traicioneros mares. Eso sí, vestidos con tres harapos, como si todavía
estuviesen en la isla. Supervivencia pura. Voy a ir a lo fácil, que es echar pestes de un programa espantoso. Lo complicado sería pensar y tratar de entender como Supervivientes
tiene tanta audiencia y es un éxito. Pero temo que la respuesta sea
aterradora. Aunque sí, Telecinco sabe hacer estos programas muy bien,
sabe explotarlos, conoce los mecanismos ideales para enganchar al
público y para crear una cantera de personajes para poblar su parrilla. Tiene mérito. Incluso aunque algunos participantes ya sean veteranos de realitys-concursos como Gran Hermano o MasterChef,
con todo el bagaje que traen consigo . Y tiene a un conductor en Jorge
Javier Vázquez que sabe manejar el gallinero como nadie, con sus bromas
chuscas y salidas de guion para malmeter incluidas. En serio, es el
mejor profesional para este programa.
Que sí, que el programa es un éxito, que lo ven millones de
personas (anoche fueron 3.441.000 espectadores con un 33,1% de cuota de
pantalla), que por algo será.
Que den los motivos los sociólogos,
psicólogos y demás, porque a mí se me escapa que triunfe.
La gala de la
final del jueves por la noche-madrugada (acabó a las 02.00, pero
estábamos todos despiertos y risueños) tuvo todo lo que desespera de Supervivientes.
Pero lo que de verdad exaspera son los tiempos.
Todo se hace lento,
pesado, repetitivo, con demasiadas pausas publicitarias.
Pausas que
incluso se permiten el lujo de introducir en medio de una prueba para
determinar quién pasa a la final.
Lo de menos es el concurso. O en el
momento de anunciar quién está eliminado y quién sigue.
Algo que
Mercedes Milá ya hacía con maestría, y con la misma desesperación para
el espectador, en Gran Hermano.
El maestro jamonero de 'Supervivientes' y Lara Álvarez.
Al final todo quedó entre el que sería el vencedor, José Luis, el chef bonachón de MasterChef y Alba Carrillo,
de profesión, personaje de Telecinco, que incluso trató de dejar el
programa tras una pelea hace semanas con Laura Matamoros, ahora
amiguísima y tercera en el concurso.
A uno lo acusaron de pedir a
compañeros en la isla fuera de cámara que dejaran de hacer cosas para
que no hubiese contenido que grabar y el programa terminara antes.
La
otra siguió diciendo grandes frases a sus colegas finalistas como "he
estado con vosotros más que con la mayoría de mis novios".
Iván, el
cuarto en el concurso, también tuvo respuestas agudas y elaboradísimas
cuando Jorge Javier le dijo que le veía muy delgado y consumido.
El
joven se dirigió a las mujeres del plató con un, "a ver chicas, estoy
soltero, algo me comeré, ¿o no?".
Y ojo, no me meto con la simpleza de estos pensamientos. Que para eso ya estaba la propia organización del concurso con pruebas de cultura general
en la isla para luego publicar en su web frases como '¡Suspenso!: el
'CocoQuiz' saca a relucir las carencias culturales de los concursantes'. Ante todo, respeto por sus participantes.
Lo mejor de la noche fue la aparición de Pepón, el simpático
perro de uno de los concursantes, y ese momento en el que cuando
apareció el can en pantalla la realización puso un cartel en el que se
anunciaba que Pepón era un perro. Y luego Jorge Javier tuvo la
delicadeza de decirle al mismo concursante que le iría mejor en la vida
si leyera algún libro o viera alguna película. ¿El ganador sabe leer con soltura?No creo.... Todo al nivel del
CocoQuiz. Pero disculparemos al presentador, que estaba tan nervioso que
se pasó toda la noche (y en algún programa más) confundiendo los
nombres de Alba y Lara para gran alegría de ambas. Anoche perdí cuatro horas de mi vida que podía haber
dedicado a otra cosa. No sé qué pensarán el resto de los 3.440.999
espectadores. Pero oye, que cada uno pierda el tiempo como le de la
gana. Iluso de mí, me acabo de dar cuenta de que el título de Supervivientes no es por los concursantes, es por los espectadores. Bueno, el Homo Erectus fue tb un Superviviente. El que ganó era ya más Australopitecus por eso sobrevivó dando de comer a sus otros Habilis.....y un machismo atroz que nadie criticó pero no era cuestión de ponerse a su altura....lo que enseña es que para ganar 200.000 Euros no hace falta ni tener la E.S.O.