Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

4 jul 2017

Todas las normas y tradiciones que hacen único a Wimbledon

Fresas, colas, acampadas, un rígido código de vestimenta, una medida exacta del césped: te contamos los destalles que hacen del grande británico un evento extraordinario.

Un jardinero corta el césped de una de las pistas de Wimbledon. AFP
Cuando el visitante pisa por primera vez el bucólico complejo de Wimbledon, localizado al suroeste de Londres, tiene la sensación de que rebobina en el tiempo.
 Algunos pensarán, quizá, que se encuentran en el marco de una escena de Matchpoint, de Woody Allen.
 Se trata de un lugar sofisticado y onírico, rodeado de praderas verdes, flores y pequeñas construcciones de madera y ladrillo. Fundado en 1877, el Grand Slam londinense es el torneo más antiguo del mundo; también, el reflejo de la singular idiosincrasia británica.
 Aquí se respira historia, tradición y esencia, pero sin renunciar a la modernidad.
 Ha sabido evolucionar el major británico, que a pesar de conservar sus señas de distinción ofrece a público y jugadores unas extraordinarias instalaciones.
Hay infinidad de motivos para visitarlo; para aquellos que aman el tenis y para esos otros que no.
 A continuación les ofrecemos algunas pistas sobre por qué Wimbledon es único: ¿Por qué debes peregrinar al menos una vez en la vida el All England Tennis Club?
La hierba, a un corte de 8 milímetros. Es el único grande que se disputa sobre superficie verde.
 Un terreno para especialistas en el que no tiene cabida la especulación. 
El césped de las pistas, 100% raigrás perenne, requiere un cuidado exhaustivo y un corte preciso de 8 milímetros.
 Todos los días, al concluir los partidos, el equipo de jardinería lo revisa y lo riega; eso sí, con el paso de las jornadas se verá como en los fondos de las pistas, desde donde pelotean los jugadores, comienzan a aparecer manchas marrones por las pisadas. 
El evento presume de no descansar en todo al año, así que nada más concluir sustituye el césped de cada una de las pistas, así como de las zonas de entrenamiento.

Uniformes blancos. Desde 1963 se impuso que las indumentarias debían ser “predominantemente blancas” y en 1995 la norma matizó que tenían que ser “casi enteramente blancas”. En ese sentido, el torneo no admite trampa alguna y el dress-code es sumamente estricto. 
Se prohíben colores oscuros o llamativos, aunque recientemente se permitió una licencia: “Una línea de color en el cuello o en las mangas que no supere el centímetro de grosor”.
Andy Murray, durante su partido ante Bubik.
Andy Murray, durante su partido ante Bubik. Getty
Cuenta Toni Nadal que él mismo, hombre metódico y atento al detalle donde los haya, sufrió la exigencia del guion: “A mí una vez me hicieron cambiarme el jersey durante un entrenamiento.
 Era claro, pero no absolutamente blanco, así que tuvieron que traerme uno del torneo porque de lo contrario tenía que abandonar la pista”.
 Toni no fue el único.
 Andre Agassi declinó participar de 1988 a 1990 por este motivo y Roger Federer tuvo que rediseñar en 2013 sus zapatillas porque tenían una llamativa suela naranja. 
Antes, la exjugadora rusa Anna Kournikova tuvo que cambiar sus pantalones (oscuros) durante un entrenamiento y en 2015 la canadiense Eugenie Bouchard infringió el código de vestimenta por llevar un sostén negro que le acarreó una amonestación.

Un empleado de seguridad de Wimbledon, en una de las pistas.
Un empleado de seguridad de Wimbledon, en una de las pistas. REUTERS





¿Quiénes son los socios? Ingresar en el All England Lawn Tennis & Croquet Club depende, básicamente, de una cuestión de estatus social. 
El club, uno de los más selectos del mundo, cuenta con 565 socios que están divididos en cinco categorías o estratos: Full Member, Life Member, Honorary Member, Temporary Member y Junior Temporary Member. ¿Y cómo se puede formar parte de Wimbledon?
 El criterio es muy sencillo, pero a la vez muy complejo, porque (dice la normativa) “hay que ser propuesto, secundado y apoyado por cuatro Full Members, los cuales deben redactar un escrito en apoyo a la solicitud”.
Las fresas, otro de los clásicos del club londinense.
Las fresas, otro de los clásicos del club londinense.
Las fresas con crema… y la ‘sangría inglesa’.
  Cuando uno pasea por las instalaciones verá a un montón de personas que portan canastillos de fresas con crema, que no nata. Una tradición, dice la leyenda, que introdujo Jorge V y que responde a la llegada del estío inglés.
 En concreto, la variedad que se consume en el torneo es la Elsanta, cultivada en granjas de Huge Lowe (ubicadas en el condado de Kent, al sureste de Inglaterra).
 A lo largo de las dos semanas se venden alrededor de 28.000 kilos de fresas (1,4 millones).
 El precio de la ración –servida en un pequeño bowl de plástico– es de 2,5 libras (2,9 euros).
Además de las fresas, también es tradicional el Pimm’s, algo así como una versión inglesa de la sangría española.
 También se consume champán Lanson –a 73 libras (85 euros) la botella–, pero la bebida veraniega acapara una mayor demanda del público.
 En función del tamaño, el precio del vaso oscila entre las 6,20 y 8,30 libras (7,2 y 9,6 euros).
Acampada en el exterior de Wimbledon.
Acampada en el exterior de Wimbledon. Getty
Colas y acampada. 
En Wimbledon se hace colas para prácticamente todo, pero la más icónica es la conocida como The Queue.
 Una hilera interminable de personas esperan cada mañana con el objetivo de poder hacerse con alguna entrada.
 Meses antes se ponen a la venta y en diciembre se cierra el cupo. El exceso de solicitudes obliga a un sorteo público; si no se consigue ninguna, queda la opción de la cola para obtener alguna de las que se han rechazado finalmente.
Para hacer más llevadero el proceso (y por pura liturgia), muchas personas deciden acampar en el asfalto y las zonas colindantes al club, como las calles de Church Road o Wimbledon Park Road.
 Las tiendas de campaña dibujan un exótico colorido al distrito SW19. 

Menor presencia de patrocinadores. 
A excepción de las pelotas, producidas por el mismo fabricante (Slazenger) desde 1902 y originariamente blancas –hasta 1972, cuando se entendió que el amarillo beneficiaba a las retransmisiones televisivas–, en las pistas y el entorno apenas pueden verse firmas comerciales.
 Sí que hay tiendas, pero a diferencia de otros eventos no hay grandes paneles publicitarios. 
 Los espacios están limpios e inmaculados de firmas y mensajes, algo inusual en un entorno tan mercantilizado como el del tenis.

Kate Middleton, en el Royal Box de la pista central.
Kate Middleton, en el Royal Box de la pista central. AP
La exclusividad del Royal Box
. En la pista central hay una zona acotada –tras uno de los fondos, los mejores asientos– para la realeza y la alta sociedad británica. Philip Brook, miembro del club, diseña un listado diario para distribuir a los 74 distinguidos invitados.
 Tradicionalmente suelen ser del mundo del deporte, pero por allí desfilan también políticos, actores, diplomáticos, artistas y muy diversas personalidades.
 Para el resto de la humanidad es un espacio vedado, pues no existen entradas a la venta.
De entrada, solo la Familia Real británica, algunos gobernantes, miembros de las fuerzas armadas y la Iglesia tienen garantizada su presencia. 
Este año, sin ir más lejos, acudirán al palco real Kate Middleton, Bradley Copper o Ana Wintour (editora de la revista Vogue), entre muchos otros; sir Alex Ferguson, el laureadísimo extécnico del Manchester United, también es un fijo.

 

 

3 jul 2017

Muere a los 33 años la youtuber y presentadora Stevie Ryan

Conocida por sus imitaciones de personajes como Amy Winehouse, tuvo su propio programa en VH1.

Stevie Ryan en abril pasado.
Stevie Ryan en abril pasado. Instagram
La youtuber y presentadora Stevie Ryan ha sido encontrada muerta a los 33 años en su casa de Los Ángeles, California. 
La policía cree que se quitó la vida el pasado sábado 1 de julio, según ha informado el diario The Sun.
 Hace apenas unos días, había manifestado en sus redes sociales su tristeza por la muerte de su abuelo, ocurrida una semana antes.
Ryan saltó a la fama por sus personajes Little Loca y Sceney Sceneable, que popularizó en vídeos que llegaron a hacerse virales, colgados en su canal de YouTube, en el que tenía 24.000 seguidores.
 Nacida en 1984 en el pequeño pueblo californiano de Victorville, se mudó a Los Ángeles a los 19 años para buscar la fama, de acuerdo con su biografía en IMDb.
Sus imitaciones de Amy Winehouse, Justin Bieber y Lady Gaga, entre otros, llamaron la atención de New Wave Entertainment (NWE), que le ofreció tener su propio programa, llamado Stevie TV. Con este formato de parodias cómicas sobre otras personalidades pop, Ryan saltó a la fama y VH1 decidió emitir el programa.
 También fue guionista, productora y presentadora en otros programas, como el talk show Sex with Brody, junto a Brody Jenner, hermanastro de las Kardashian.
Entre sus últimas publicaciones en Instagram, Ryan dedicó varias fotos a su abuelo, al que llamaba "my papa". 
"El hombre de mis sueños que ya solo veré en mis sueños.
 Nos vemos pronto", escribió. También expresó su tristeza dos días antes de morir en un "podcast sobre la depresión" en el que participaba. 
"Estoy preocupada de que esto me vaya a llevar a una depresión más profunda", dijo. Ella y la copresentadora, Kristen Carney, incluso hablaron del suicidio en esa emisión.

 

Ernesto de Hannover, contra la boda de su heredero porque peligra su patrimonio

"Está en juego la preservación de los intereses de la casa Hannover", ha dicho el ex marido de Carolina de Mónaco sobre el enlace del sábado de su hijo.

El príncipe Ernesto de Hannover.
El príncipe Ernesto de Hannover. GTRES
“Los ricos también lloran”, reza el refrán popular que también tiene una rara actualidad en una de las familias aristocráticas más nobles y rancias de Alemania y Europa: la Casa Güelfa a la cual pertenece el famoso y polémico Ernesto Augusto de Hannover. 
 El príncipe, de 63 años, se ha convertido estos días en el protagonista de una inédita guerra familiar que lleva a cabo para impedir el matrimonio de su primogénito, Ernesto Augusto Jr, de 33 años.
Ernesto Augusto Jr, contraerá matrimonio el próximo sábado en Hannover con la diseñadora rusa Ekaterina Malysheva, de 30 años, una boda a la que acudirá la flor y nata de la realeza europea, incluido el rey de España, Felipe VI. 
Pero la boda, en lugar de hacer feliz a su padre, provocó una guerra familiar, cuyo desenlace puede acabar con la frágil armonía familiar. ¿La causa?. El dinero, mucho dinero.
Cuando se anunció la boda, el padre del actual jefe de la Casa Guelfa anunció que se oponía al matrimonio de su hijo y junto con señalar que no daría su consentimiento al enlace, el príncipe  anunció que iniciaría acciones legales para recuperar todos los regalos que le había hecho a su primogénito en 2005, entre ellos el castillo de Marienburg y decenas de propiedades repartidas en Alemania y Austria. 
 Dos años después Ernesto de Hannover fue destituido de la presidencia de la Fundación Duque de Cumberland, que administra la riqueza familiar y su lugar fue ocupado por su hijo mayor.
El príncipe Ernesto de Hannover y su novia Simona en el Oktoberfest de 2014 en Munich. El príncipe Ernesto de Hannover y su novia Simona en el Oktoberfest de 2014 en Munich. GTRES Desde entonces, Ernesto de Hannover se dedicó a disfrutar de la vida y cuando su salud se lo permitía, viajaba a Ibiza, a la isla Lamu en Kenia y a su castillo en Grünau (Austria), donde organizaba cacerías para sus amigos.
 Pero la inminente boda del primogénito, acabó con la dolce vita del famoso príncipe y todavía esposo de Carolina de Mónaco, que ahora desea recuperar todas sus propiedades, incluida la presidencia de la Fundación Duque de Cumberland, que administra varios miles de hectáreas de bosques y el castillo de Grünau en Austria.
"No ha sido fácil para mi tomar esta decisión, porque también involucra a mi hijo.
 Pero me he visto obligado a hacerlo porque está en juego la preservación de los intereses de la casa Hannover, incluidos valiosos bienes culturales que son propiedad de la Casa desde hace siglos", dijo el príncipe al periódico Handelsblatt, que reveló este lunes la inédita guerra que ha enfrentado al príncipe y a su primogénito.
Ernesto Augusto teme, según el periódico alemán, que en caso de un hipotético divorcio de su hijo, parte de los bienes de la Casa Güelfa queden en manos de Ekaterina Malysheva.
 El príncipe también ha denunciado graves irregularidades de la Fundación Duque de Cumberlan.
La guerra entre padre hijo también tendrá otras consecuencias.
 Sin el consentimiento del padre, el matrimonio de su hijo tampoco podrá ser avalado por la casa real británica, una medida que impedirá que los hijos de Ernesto Augusto Jr. y Ekaterina Malysheva puedan optar a la sucesión en el trono británico.
 "Espero que mi hijo piense en los intereses de la familia y cambie de actitud“, dijo el ex marido de Carolina de Mónaco.

 

 

El oasis filantrópico de la fama......................... Mateo Sancho Cardiel..

Julia Roberts, Bono, Schwarzenegger, Serena Williams, Robert Downey Jr., o Malala trabajan solidariamente con Omaze.

La actriz Julia Roberts y el cantante Bono, en un proyecto solidario de Omaze.
La actriz Julia Roberts y el cantante Bono, en un proyecto solidario de Omaze.

¿Se acuerda cuando el actor Idris Elba se ofrecía a ser su pareja de San Valentín? ¿O cuando Matt Damon jugó a crear misiones en plena calle y con espías improvisados al estilo Jason Bourne?

 Pues detrás de esas campañas se escondía una iniciativa solidaria orquestada por Omaze, una empresa que ayuda a los famosos a llevar a cabo sus labores filantrópicas de manera creativa, divertida y viral.

¿Se acuerda cuando el actor Idris Elba se ofrecía a ser su pareja de San Valentín? ¿O cuando Matt Damon jugó a crear misiones en plena calle y con espías improvisados al estilo Jason Bourne? Pues detrás de esas campañas se escondía una iniciativa solidaria orquestada por Omaze, una empresa que ayuda a los famosos a llevar a cabo sus labores filantrópicas de manera creativa, divertida y viral.
“Hay muchas estrellas que, como millonarios que son, necesitan sentirse un poco mejor con su riqueza.
 Se trata de personas influyentes que buscan canalizar de manera positiva su ascendencia y nuestro modelo les resulta sencillo y efectivo”, explica a EL PAÍS el cofundador y consejero delegado de la empresa, Matt Pohlson.
La idea se le ocurrió a él y a su amigo Matt Cummins cuando estudiaban en la Universidad en Stanford.
 Acudieron a una gala benéfica en la que se subastó por 13.000 euros asistir a un partido de los Lakers junto a Magic Johnson. Como buenos estudiantes, su economía no les dio ni para empezar a pujar.
 Sin embargo, transformaron su frustración en un exitoso proyecto que bautizaron en 2012 como Omaze.
 ¿Por qué no crear un sistema de recaudación de fondos más parecido a una lotería con pequeñas donaciones de 10 dólares —unos 8 euros— y cuyo ganador pueda llevarse una experiencia inolvidable? Después de trabajar en la Fundación Clinton decidieron tirar de agenda y arrancar.
 Y aunque el principio fue duro —el primer proyecto fue salir en el programa Cupcake Wars y apenas recaudaron 612 euros— poco a poco fueron alcanzando renombre.
 Han colaborado con 200 organizaciones sin ánimo de lucro, realizado vídeos que suman más de 500 millones de reproducciones, tienen una plantilla de 67 personas y han recaudado dinero en 175 países.
Matt Cummins y, a la derecha, Matt Pohlson, fundarores de Omaze.
Matt Cummins y, a la derecha, Matt Pohlson, fundarores de Omaze.
Han apoyado causas como los derechos de los animales, la educación. Ayudado a bebés con VIH y personas que padecen leucemia.
 Y, sobre todo, entre sus aciertos está haber logrado que grandes personalidades se sumen a su equipo. Los actores Julia Roberts, Arnold Schwarzenegger, Robert Downey Jr., Neil Patrick Harris, la tenista Serena Williams, Malala o, más recientemente, Ben Stiller han colaborado con ellos.
 “Tenemos la suerte de lidiar con la parte más amable de estos famosos.
El actor Ben Stiller, en una campaña de Omaze para recaudar fondos para apoyar la educación de los niños en el mundo.
El actor Ben Stiller, en una campaña de Omaze para recaudar fondos para apoyar la educación de los niños en el mundo.
Su primer gran éxito fue la campaña que realizaron en el verano de 2013 con Bryan Cranston y Aaron Paul. 
En total, recaudaron 1,4 millones de euros entre quienes querían asistir al estreno en Los Ángeles, en autocaravana, con los protgonistas de la serie Breaking Bad. En 2014, se volvieron a encontrar con Magic Johnson y subastaron el mismo plan al que años antes no tuvieron acceso.
 “Le contamos la historia. Él está comprometido con usar su imagen para causas nobles. 
 Definitivamente fue uno de los mejores momentos de mi vida”, confiesa Pohlson.

 Con nosotros siempre tienen un trato excelente”, dice Pohlson.