Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

29 jun 2017

Dejar de lado a los amigos puede ser tan perjudicial como fumar 15 cigarrillos diarios

 
 

Nunca es tarde para ampliar su agenda: los psicólogos advierten que, con los años, estamos más entrenados para crear nuevas relaciones sociales.

amigos
No cuidar las relaciones sociales puede ser tan nocivo como no hacer deporte, ser alcohólico o fumar 15 cigarrillos al día.
 Lo aseguraba la psicóloga Julianne Holt-Lunstad, autora del metaestudio sobre amistad y riesgo de mortalidad publicado en PlosMedicine, tras analizar los datos de más de 300.000 personas.
Siete años más tarde, el investigador William Chopik matiza que es sobre todo durante la madurez cuando la amistad se convierte en un apoyo fundamental, incluso más importante que la familia. 
Los resultados de su informe en la revista Personal Relationships —en el que participaron 280.000 personas de cerca de 100 países— relacionan la felicidad y la buena salud de los adultos con la presencia de amistades fructíferas en sus vidas. 
Así, los que tenían un entorno social más fuerte presentaban menos enfermedades crónicas, como diabetes, alta presión, problemas psiquiátricos o complicaciones coronarias.
 “Por eso es inteligente invertir en aquellas personas que te hagan sentir bien”, señala el investigador de la Universidad de Michigan (EE UU).
 
Holt-Lunstad y Chopik no son los únicos. 
El departamento de Psiquiatría de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) concluyó que el entorno social es importante en todas las etapas de la vida, tras observar que los adolescentes tienen menos riesgo de presentar síntomas depresivos, si años antes se han sentido apoyados por sus amigos.
 En este sentido, la psicóloga Inés Moreno destaca que “cultivar el área social nos ayuda a estar más relajados, manejar el estrés mejor y ver las cosas desde otra perspectiva”.
 Por su parte, la también psicóloga Jara Pérez añade que estos estudios demuestran que “contar con una red social que nos haga sentir bien, arropados y apoyados, supone que somos capaces de cubrir nuestras necesidades de una manera eficaz, y eso es un claro predictor de salud.
 Al tener esas exigencias cubiertas, los niveles de estrés e incertidumbre bajan, por lo que nos sentimos más felices".

¿Con los años es más difícil hacer amigos?

Si siente que ha descuidado a sus amigos, nunca es tarde para retomar los antiguos vínculos o iniciar otros nuevos. Lo dicen los psicólogos. 
“Cuando somos adultos, estamos mejor entrenados que nunca para abrirnos a las relaciones y mostrar lo que de verdad necesitamos. Con el paso del tiempo, nuestro desarrollo personal y nuestra madurez se palpan a la hora de establecer lazos porque tenemos más capacidad para marcar limites y defender nuestros derechos”, prosigue Moreno.
“El hecho de saber que hay alguien que está ahí para nosotros, nos hace sentir más tranquilos. Y aunque la amistad es importante a lo largo de la vida, cuando pasamos por momentos decisivos como un divorcio o un duelo, contar con este apoyo es fundamental”, concluye Pérez.
 En esta línea, el científico George MacKerron se alió con la Escuela Londinense de Economía y Ciencias Políticas para poner en marcha la aplicación Mappiness, cuya función no era otra que analizar los estados de ánimo de más de 60.000 personas en diferentes momentos vitales.
 Los resultados no dejaron lugar a dudas: más de un 8% de los participantes eran más felices que nunca cuando estaban con sus amigos, un 5,9% mientras compartían tiempo con sus parejas, y un escaso 2,9% encontraba placer al rodearse de otros miembros de su familia. ¿Tendría clara su respuesta?

 

 

Juan Carlos I, irritado por su exclusión de las celebraciones del 40º aniversario de la democracia

El rey emérito, sorprendido por no haber sido invitado a una ceremonia que reconocía su propio papel en la Transición.

Acto conmemorativo 40 años de las primeras elecciones. 
Acto conmemorativo 40 años de las primeras elecciones.
La ausencia del rey Juan Carlos en la ceremonia parlamentaria del 28-J ha sorprendido al propio rey Juan Carlos.
 Fuentes del entorno del Rey emérito han asegurado a El PAÍS que este tenía pensado asistir a la conmemoración del 40 aniversario de la constitución de las Cortes y se había reservado incluso la fecha en su agenda de actividades.

Le disuadieron de hacerlo los motivos protocolarios expuestos por la Casa Real, que presentaban como una anomalía la coincidencia de un rey en ejercicio y de otro emérito en un acto de semejante valor institucional. 
 Según la explicación de la Casa del Rey a EL PAÍS, cuando el Monarca se dirige al Pleno no cabe la presencia del rey anterior, y recuerdan que fue Juan Carlos I quien impuso este criterio desde la proclamación de su hijo.

La resignación de Juan Carlos I explica que haya visto la ceremonia a medias por televisión.
 Y que haya mostrado su contrariedad e incredulidad a los más allegados, sobre todo porque no terminaba de explicarse por qué ha terminado excluido de un acto en el que se ha alabado su papel fundamental y al que han asistido los demás supervivientes y artífices de las elecciones de 1977.
El rey Juan Carlos se había concedido unos días en Sanxenxo (Pontevedra) para dedicarse a la vela, pero también había despejado la última semana de junio, contando con que sería invitado a la conmemoración.
 No con el ánimo de presidirla ni de hacer competencia a su hijo, pero sí con la expectativa de reencontrarse con los protagonistas políticos de aquellos comicios.
Estuvo incluso el rey Juan Carlos en conversaciones con la presidenta del Congreso, Ana Pastor. 
Ella misma le había mencionado la existencia de gestiones con la Casa Real para acomodar el protocolo y favorecer que el rey emérito pudiera adherirse al acontecimiento parlamentario.
Es verdad que no estuvo hace tres años en la Cámara baja con ocasión de la proclamación de su hijo, pero las razones institucionales que se mencionaron entonces palidecen frente al embarazo que implica no haberlo incluido en un acto litúrgico y político que hace memoria de la Transición y que sitúa al propio Juan Carlos en el papel de protagonista determinante.

De hecho, el concurso del PCE en aquellos comicios de junio de 1977 se produjo precisamente por la mediación del rey Juan Carlos y Adolfo Suárez, además de las concesiones que hizo Santiago Carrillo a la bandera, el himno y la fórmula resultante de la monarquía parlamentaria.
Se ocupa ahora de encabezarla Felipe VI, pero su discurso, igual que el de Ana Pastor, tuvo presente el papel catalizador del Juan Carlos I.
 Un motivo que hace difícil explicar el escrúpulo protocolario con que se ha hecho incompatible la “convivencia” del Rey actual con el pretérito.
La explicación semioficial de este aparente desplante tiene que ver con la elección de los espacios donde se ha celebrado la ceremonia. No solo el escenario del besamanos.
 También, por lo visto, el propio Hemiciclo. “Si el acto hubiera sido, por ejemplo, en un lugar más informal, como el salón de los Pasos Perdidos, no se habría producido problema alguno”, deslizaban esta mañana fuentes de la Casa Real. 
Sin embargo, estas explicaciones no parecen tener en cuenta que las instalaciones del Congreso ofrecían una posible solución: la utilización de la Tribuna de Honor, que en ocasiones han utilizado los presidentes autonómicos o invitados ilustres.
 Desde ella asistieron la reina Sofía y las infantas a la proclamación de Felipe VI.
 No han convencido las explicaciones al rey Juan Carlos. 
Más que irritado, a decir de sus allegados, se ha mostrado estupefacto. “Hasta han invitado a las nietas de La Pasionaria”, confiaba esta mañana como prueba de su sorpresa.


 

 

 

El inagotable encanto de Fitzgerald..................... Andrea Aguilar

Un libro de relatos inéditos, una nueva biografía y una serie televisiva alimentan el culto al autor de la generación perdida.

El escritor F. Scott Fitzgerald en la década de 1920.
El escritor F. Scott Fitzgerald en la década de 1920. Getty
Se agotó primera edición de su primera novela tres días después de salir a la venta.
 Al cuarto, se casó con la bella sureña que le había dejado por su falta de posibles el verano anterior.
 Era 1920, la vida de posguerra iba tan deprisa como los automóviles que comenzaban a llenar las carreteras, el dinero empezaba a correr y, desechados los corsés, la ambición de los jóvenes y su frenética ansia de diversión parecían no tener límite. Las ventas de A este lado del paraíso superaron los 49.000 ejemplares al año siguiente.
 Y con aquel sensacional éxito quedó inaugurada una década de excesos y desbarre que colocó al novelista Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) en el ojo de un huracán cuyos destrozos sufrió en carne propia.
La distancia entre el descarado y apabullante ascenso de esta estrella literaria, y su amargo y alcoholizado final ofrece una medida del tamaño de su leyenda.
 El apetito por Fitzgerald y la fascinación por ese mundo que describió con brillante prosa, no cesa.
 Este verano la publicación de la antología I’d Die for You (moriría por ti) que recoge los últimos inéditos del novelista, se suma a la aparición de una nueva biografía, Paradise Lost (paraíso perdido) del historiador David S. Brown, y al estreno de la serie Z: The Beginning of Everything (Z: el principio de todo) sobre la bella y trágica pareja formada por Scott y Zelda —encarnada en esta ficción por la actriz Christina Ricci—.

Podría decirse que Fitzgerald está viviendo un gran momento, sino fuera porque el constante revival de este autor no ha decaído desde, ironías de la fama, poco después de su muerte. 
El bien merecido éxito, que se le escapaba a chorros en los últimos años de su vida, volvió con ímpetu y ya nunca le ha abandonado. En 2008 se colgaba día tras día el cartel de no hay billetes para la obra de teatro Gatz en la que se leía sobre el escenario íntegramente, durante siete horas, El Gran Gatsby —tercera novela de Fitzgerald, considerada su obra maestra aunque en su momento recibió una fría acogida—.
 Son también recurrentes los estrenos de nuevas adaptaciones cinematográficas de sus libros (la última de ellas protagonizada por Leonardo di Caprio), y la literatura sobre su tormentosa vida de pareja o su correspondencia con amigos-enemigos como Hemingway.
Cuesta creer que Fitzgerald, clásico absoluto de la literatura estadounidense del siglo XX, cayera en picado en la última década de su vida, convertido en un juguete roto, y que tuviera que ser rescatado póstumamente. 
La historia del crío católico de Minnesota, educado en un internado en la coste Este y en Princeton —cuyas aulas dejó para entrar en el ejército y escribir— tiene algo de moralizante: después del exceso y el éxito del joven prodigio, del gran desfase en Europa, vino la brutal caída, la hospitalización de Zelda desde 1932 en Baltimore, el bloqueo del novelista que acuciado por las facturas termina en Hollywood despreciado por la industria, y muere a los 44 años. Pero como corresponde a toda buena historia se esconde también un final feliz en la ascensión de Fitzgerald a la categoría de mito. Es un gran héroe a la americana, aunque ese título normalmente quede reservado a su personaje Jay Gatsby.

Cuando la fiesta apenas acababa de apagarse, el novelista reflexionó en tercera persona sobre los locos años 20 en los que alcanzó la cima: 
“Le acabó aburriendo, le halagó, y le dio más dinero del que había soñado, simplemente por contarle a la gente que él se sentía como se sentían ellos, que algo tenía que hacerse con toda la energía nerviosa acumulada y no gastada durante la Guerra”.
 La cita está tomada de Ecos de la era del Jazz, uno de los textos que su compañero de Princeton, el respetado crítico Edmund Wilson recopiló en El Crack-Up en 1945, la primera antología de cuentos, cartas y notas que apareció tras su muerte.
 Aquel libro marcó el primer paso en el rescate de Fitzgerald. “Luego Wilson logró que El gran Gatsby fuese reeditado para las tropas estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial, bajo el sello Armed Service del ejército. 
Había algo en Gatsby con lo que los jóvenes soldados conectaban; esa novela es, al fin y al cabo, un libro de la Primera Guerra Mundial.
La ubicación de la historia en Manhattan y Long Island y los personajes del Medio Oeste que la protagonizan, resultan todavía hoy enormemente americanos tanto para los lectores estadounidenses como para los europeos”, explica por correo electrónico la profesora Ann Margaret Daniel, responsable de la nueva antología de inéditos. “Lo que mantiene a los lectores fascinados con Fitzgerald es su talento como escritor”.
Los 18 textos que Daniel reune y prologa en I’d die for you incluyen historias para llevar a la gran pantalla y cuentos que el escritor vendió a revistas, algunos de los cuales fueron rechazados y otros que finalmente nunca vieron la luz, aunque le pagaron por ellos. 
 Se incluyen relatos de los años 20 pero la mayor parte fueron escritos después de la gran fiesta y en plena Gran Depresión. 
El novelista puebla estas historias de jóvenes brillantes que no logran alcanzar su sueño, sea este un empleo o la entrada en la universidad, de divorcios y desesperación, de temores por enfermedades venéreas. 
Pero a Fitzgerald le seguían pidiendo romances ligeros y desenfado, más glamur. “Sería un milagrero o un pirata si pudiera seguir sacando un producto idéntico durante tres décadas”, escribió en una carta al editor de la revista Collier en 1939, citada en la introducción a la antología.

Con el paso de los años a Fitzgerald también se le hacía cada vez más duro aceptar los cambios editoriales que le pedían.
 El género del relato fue una bendición envenenada para el autor de Suave es la noche, sus cuentos (terminó 178 y dejó otros muchos inconclusos) se vendieron muy bien desde la aparición de su primera novela y cobró cifras astronómicas por ellos (el equivalente a 50.000 dólares de hoy).
 El jugoso mercado le devoraba, como le confesaba a su editor Maxwell Perkins: “Cuanto más gano con la basura menos logro ponerme a escribir”.
Su bloqueo, sus juergas, su ruina, su generosidad con los colegas (a Hemingway le corrigió Fiesta y le ayudó a publicarlo), su antisemitismo o su vulnerabilidad han generado un inagotable río de tinta.
 Otro tanto puede decirse de Zelda. 
 La nueva biografía Paraíso perdido reclama el papel de Fitzgerald en la historia no solo de la literatura, sino de EE UU, como cronista de los fallos, excesos y deslices en el paso a la modernidad y el anclaje en el pasado de la guerra de secesión.
 Los valores de Fitzgerald tienen algo de vieja época presentados en un paisaje moderno.
 Ahí está el consejo que recibe de su padre el narrador de El gran Gatsby, con el que arranca la novela:
 “Cuando pienses en criticar a alguien, solo recuerda que toda la gente en este mundo no ha tenido las ventajas de las que tú has gozado”.
En 1941, un año después de su muerte su colega John Dos Passos escribió en Nota sobre Fitzgerald: “La celebrity ha muerto.
 El novelista perdura”. Lo cierto es que sobrevivieron los dos.
 Si esto sirve para llegar a la piscina del gran Gatsby, valió la pena.
 


 

28 jun 2017

Toño Sanchís está defenestrado, hundido, finiquitado, amortizado

Nerviosismo

El miércoles por la noche les pregunté a Mila Ximénez y a María Patiño por el juicio de Belén.
 Estaba inquieto, tenía ganas de que se resolviera aunque me provocaba nerviosismo que Belén no ganara por goleada.
 Porque no le servía ganar, necesitaba machacar a Toño para que el exrepresentante no tuviera ni un leve asidero para seguir sacando a pasear su caradura.
 Porque lo que lleva haciendo Toño Sanchís en los últimos meses no tiene otro nombre.
Toño Sanchís. Elemento tóxico y nocivo 

Elemento tóxico y nocivo

Sin embargo, ahora que el juez ha dictado una sentencia muy desfavorable contra él se me ocurren un sinfín de calificativos para referirnos a una de las personas más nefastas que han circulado por la vida de Belén. 
Un elemento tóxico y nocivo que, a tenor de cómo se ha comportado con ella durante tantos años, vivió con alborozo el camino hacia la autodestrucción que emprendió su representada.

Defenestrado, hundido, finiquitado, amortizado.

Toño Sanchís está defenestrado, hundido, finiquitado, amortizado. Pero, por favor, que siga hablando, porque nos dará la posibilidad de asistir en vivo y en directo a un clamoroso suicidio mediático.
 Mientras eso ocurre… ¡disfrútalo, Belén! Te lo mereces. 
Porque eres buena tía, porque te queremos y porque siempre has tenido más razón que un santo.
 El miércoles por la noche les pregunté a Mila Ximénez y a María Patiño por el juicio de Belén. 
 Estaba inquieto, tenía ganas de que se resolviera aunque me provocaba nerviosismo que Belén no ganara por goleada. 
Porque no le servía ganar, necesitaba machacar a Toño para que el exrepresentante no tuviera ni un leve asidero para seguir sacando a pasear su caradura.
 Porque lo que lleva haciendo Toño Sanchís en los últimos meses no tiene otro nombre.
Sin embargo, ahora que el juez ha dictado una sentencia muy desfavorable contra él se me ocurren un sinfín de calificativos para referirnos a una de las personas más nefastas que han circulado por la vida de Belén. 
 Un elemento tóxico y nocivo que, a tenor de cómo se ha comportado con ella durante tantos años, vivió con alborozo el camino hacia la autodestrucción que emprendió su representada.
Pero a veces la vida tiene finales felices: gracias a su tesón Belén logró salir del hoyo en el que estaba metida mientras Toño se revuelca amargado en el subsuelo, escupiendo una rabia que rebota en su propio organismo y lo convierte en un ser pretenciosamente ridículo. 
Un absurdo telepredicador que confunde las más elementales reglas gramaticales, provocando que los cimientos de la Real Academia de la Lengua Española tiemblen cada vez que abre la boca.
 Toño Sanchís está defenestrado, hundido, finiquitado, amortizado
 Pero, por favor, que siga hablando, porque nos dará la posibilidad de asistir en vivo y en directo a un clamoroso suicidio mediático. 
Mientras eso ocurre… ¡disfrútalo, Belén! 
Te lo mereces.
Porque eres buena tía, porque te queremos y porque siempre has tenido más razón que un santo.