Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

25 jun 2017

El solsticio de Alejandro Sanz............................ Luz Sánchez-Mellado

El cantante, en el cénit de su carrera, seduce a 50.000 personas en el Vicente Calderón.

Alejandro Sanz, durante su actuación. Vídeo: 'Más es más', explicado por el cantante.
Puede que un estadio mida una hectárea, pero, desde luego, la noche del sábado había mucha más que esa superficie de piel desnuda destilando alma, corazón y vida en la cancha y el graderío del campo Vicente Calderón de Madrid en la última gran velada musical de su historia.
 La tarde de espera fue larga para quien aguardaba ansioso el encuentro.
 Sobraba la ropa y faltaba la música y las letras que la parroquia había venido a escuchar como quien acude a oír la historia y la melodía de sus vidas.
 Hasta que apareció Alejandro Sanz, el autor del libreto y la partitura, y la brisa que alborotaba las melenas se quedó en nada comparada con el erizamiento de vellos que provocó en la parroquia la fiesta pagana de Más es más, el concierto del vigésimo aniversario del álbum de Corazón partío. 
Era la noche del día de San Juan, posiblemente la más sensual del año, y nadie se fue insatisfecho.
“Mi nombre es Alejandro Sanchez Pizarro, nací en Madrid y Cádiz, y crecí en medio mundo.
 No tenía otro plan para esta noche del 24 de junio, y no se me ocurre mejor plan para los próximos 20 años, que seguir cantándoles a todos ustedes”.
 Así, como un principiante que canta el currículo
. Como si el respetable no se conociera de pe a pa su biografía y hasta la última sílaba de la última estrofa de su última canción, se presentó el artista, tres cuartos de hora más tarde de lo previsto, como la novia que se hace esperar sabiendo que hasta que no llegue no empieza la boda. 
Y empezó con Hoy que no estás, acompañado de Dani Martín, el primero de los 22 artistas que concelebraron la ceremonia y que se iban sumando al coro según iban cayendo los salmos, perdón, temas, en un rosario que iba desgranando cuenta a cuenta los hitos de su carrera.
Pablo López, Laura Pausini, Antonio Carmona, Miguel Bosé, Pablo Alborán, Juan Luis Guerra, Bisbal, Vanesa Martín, una matadora Niña Pastori, que puso el corazón en vilo hasta a los ácaros con Cuando nadie me ve, y así hasta el final de una nómina que el respetable tuvo que adivinar por sus voces dado que las pantallas del concierto más ensayado de su vida, según dijo el propio Sanz, se durmieron en los laureles y no reflejaban más que el rostro de Alejandro, dejando a la imaginación del público la identidad de sus invitados. 
“No se ve”, le gritaba de vez en cuando como una sola voz el graderío. No se pudo hacer mucho. Pero daba igual.
 Se le perdonaba todo al artista esa noche que transcurrió en un continuo crescendo de emociones que culminó, exactamente, a las 23,34 con la interpretación colectiva a 50.000 voces del Corazón partío quizá más coreado de los últimos veinte años.

Canciones largas –cinco minutos y veintidós segundos dura nada menos ese himno sentimental para tres generaciones- que cuentan historias que remueven la fibra y que han hecho de Más, el disco más vendido de España con seis millones de copias.

 Y ahí estaba el firmante. Un hombre de 48 años con cara de niño y un cutis más terso incluso que cuando compuso el álbum, evidenciando que los señores también se cuidan, pero con las correspondientes dioptrías de vista cansada que corrige con las gafas progresivas que anuncia en la tele y que, coqueto, no sacó a escena. 

Un padre de mediana edad con cuatro hijos de adolescentes a bebés que le dan sus correspondientes alegrías y quebraderos de cabeza.

 Un artista en el apogeo de su carrera –acaba de ser elegido Personaje del Año por los Grammys Latinos- que cierra un ciclo y empieza otro, y que quiso celebrarlo a lo grande con sus amigos, como hacen tantos hombres y mujeres al verles las orejas al lobo de los 50. 

Un tipo, con todos los abismos de diferencia, que su público sigue viendo como a uno de los suyos y de ahí la adhesión incondicional que genera entre sus adeptos. 

Sanz, emocionado hasta las lágrimas cuando Niña Pastori le cantó a su Cai, se fue en gracia de los suyos.

 En el atrio del Atleti, donde tanto se sufre y tanto se goza por otros cielos e infiernos, 50.000 almas adolescentes, porque todos tenemos entre 15 y 20 años por dentro, entraron en trance y no despertaron hasta que evacuó el estadio como una sola persona. Y se fueron con esa sensación de las noches de solsticio en las que parece que todo es posible, aunque luego no pase nada o, peor, pase lo de siempre.

 

Temas de conversación.................................Juan José Millás

COLUMNISTAS-REDONDOS_JUANJOSEMILLAS
Hubo un tiempo en el que una favela solo era una favela del mismo modo que un socavón es solo un socavón.
 No hay en México ni en Rusia ni en Pekín socavones merecedores de salir en las guías turísticas.
Las favelas existían, desde luego, pero aún no habían dado el salto al lenguaje para instalarse en él como un hecho normalizado. Ahora, cualquier persona de clase media ha visitado una favela de Delhi, de Bogotá, qué sé yo, o de Caracas.
 
BRAZIL - THEME - HOUSING
Vanessa Carvalho (Brazil Photo Press)
 
Fuimos de vacaciones a Haití y visitamos la favela de Cité Soleil.
—¿Y el museo antropológico?
—El museo antropológico está en la calle.
Hemos convertido las favelas en productos de consumo en los que entramos con la excitación de si nos ocurrirá algo. Se trata de una excitación artificial, pero los sucedáneos del peligro estimulan tanto como los del café. 
 La de la foto es una de las favelas más famosas del mundo. Paraisópolis, tal es el oxímoron con que el que se la conoce.
 Aparece en la Wikipedia, con eso está dicho todo. Hace meses, sufrió un incendio muy complicado de apagar por la falta de accesos para los camiones cisterna.
 Lo que fascina al turismo de las favelas en general, y de esta de São Paulo en particular, es que estén hechas como de calaveras. 
Fíjense, si no, en todas esas cuencas vacías a las que llamamos ventanas. 
Las miras y te devuelven la mirada, al contrario de los edificios del fondo, que parecen ensimismados. 
También gusta mucho que se encuentren al pie de los rascacielos, como para metaforizar la desigualdad. 
La desigualdad es uno de los grandes temas de conversación de nuestros días. 

Lo eterno......................................................Rosa Montero

Acaba de fallecer un amigo íntimo, el escritor mexicano Antonio Sarabia. Se ha ido de golpe. Visto y no visto: en tan sólo un parpadeo se fue Antonio.
COLUMNISTAS-REDONDOS_ROSAMONTERO
VERÁN, LLEGA un momento en la vida en que se te empieza a morir la gente alrededor.
 Sí, desde luego, la parca nos acecha en cualquier rincón; como dice Fernando de Rojas en La Celestina, nunca se es lo suficientemente viejo como para no vivir un día más ni lo suficientemente joven como para no morir mañana. 
Así que a mí, como a cualquier humano, ya me había tocado atravesar unas cuantas pérdidas.
Pero lo que digo es que llega un momento en el que se empiezan a morir muchos a la vez.
 Demasiados. Gente de tu edad o algo mayor que tú, pero que ha formado parte de tu vida. 
En ocasiones han sido amigos muy queridos; otras veces se trata de simples conocidos, pero añejos.
 El bosque humano de tu existencia comienza a ser talado. 
Esta es otra de las malditas consecuencias de envejecer, un proceso que no tiene ni pizca de gracia, más allá del alivio de saber que aún no estás en el suelo convertido en leña. 

Justamente acaba de fallecer uno de esos amigos íntimos, el escritor mexicano Antonio Sarabia, que vivía en Lisboa desde hacía años. Se ha ido de golpe, apareció cadáver una mañana, una salida de escena estupenda para el protagonista, pero sobrecogedora para los demás.
 Visto y no visto: en tan sólo un parpadeo, allá se fue Antonio con todas sus vivencias, sus recuerdos, sus deseos, sus amores y sus disgustos, sus sueños y su talento, que era mucho.
 La muerte es increíble, impensable. Venimos a este mundo con un yo inmenso que lo llena todo, somos para nosotros mismos lo más importante que sucede en el universo, y de pronto se apaga la luz y ya no queda nada de todas esas ansias colosales de vivir.
 Fue precisamente Antonio Sarabia quien me hizo conocer estos bellísimos versos de Salvatore Quasimodo: “Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra / atravesado por un rayo de sol: / y de pronto anochece”.
Bueno, sí perdura algo durante cierto tiempo: el nostálgico recuerdo de la gente que te quería.
 Pero ellos a su vez también morirán. En el caso de Antonio queda además su obra, que es magnífica y mucho menos conocida de lo que debería. 
Como su última novela publicada, Los dos Espejos, que trata precisamente de un hombre, el doctor Espejo, que es asesinado, y que se pasa la mitad del libro siendo un fantasma.
 O como la que sacará la editorial Malpaso el próximo otoño, No tienes perdón de Dios, genial y deliciosa. 
Aun así, la posteridad es esquiva, arbitraria. Autores formidables terminan arrumbados en estanterías nunca visitadas de bibliotecas remotas. Salvo escasísimas y azarosas excepciones, el destino de todos es el olvido. 
Pero justamente ese estar abocados a la nada convierte la vida en algo precioso y único.
 Qué gran triunfo es una vida bien vivida. Y creo que esas vidas bellas quedan de algún modo resonando en la estela de la humanidad. 
Aunque no nos acordemos de quienes las vivieron, su efecto perdura.
 Y en esto mi amigo Sarabia fue también ejemplar. Era un hombre guasón y muy gracioso, pero en lo importante de la vida era estoico, riguroso, impecable.
 Con ese rigor se aplicaba a la escritura.
 Y al cuidado de su gente querida. 
Y a sobrellevar los mordiscos del destino con impávida entereza. Con el tiempo, Antonio fue creciendo ante mis ojos.
 En los últimos años le vi alcanzar la altura de un gigante. Era una de las personas más valientes que he conocido; valiente de verdad, sin los aspavientos del temerario. 
 Valiente de sostenerle la mirada a la muerte y al deterioro.
 En el último chat de WhatsApp que nos intercambiamos, pocos días antes de irse, estuvimos comentando las tropelías de unos cuantos malvados; yo le dije que por desgracia los malos ganaban casi siempre, y él me contestó: “No siempre, linda, y sus pequeñas victorias sólo impresionan a los más tontos que ellos. Las verdaderas victorias ni siquiera son públicas”. 
Consiguió ser un sabio y su gran victoria privada fue hacer de su vida una obra de arte.
 En su novela Los dos Espejos, el fantasma del doctor logra resolver su propio asesinato y comprender lo que ha sido su existencia.
 Una vez alcanzado el conocimiento, comienza a disolverse en la nada.
 Y sus últimas palabras, con las que acaba el libro, son:
 “Qué maravilla: por fin, lo eterno”



Más daño que beneficio............................................Javier Marías

Francamente, me resulta imposible suscribir que Gloria Fuertes fuese una grandísima poeta a la que debemos tomar muy en serio.

Javier Marías
SI MUCHA gente desconfía del cine español no es por la persecución que el PP y sus Gobiernos desataron contra él en venganza por las críticas y protestas de la mayoría de los miembros del gremio ante la indecente Guerra de Irak apoyada por Aznar, Rajoy y sus huestes en 2003.
 Los políticos, y en particular los de ese partido, carecen de crédito respecto a sus juicios artísticos.
 Por desgracia influyen en demasiadas cosas, pero no, por suerte, en lo que sus compatriotas leen o van a ver. 
 La razón principal para esa desconfianza es que durante muchos años los críticos cinematográficos y la prensa decidieron que había que promover el cine nacional, hasta el punto de que casi todas las películas españolas que se estrenaban eran invariablemente “obras maestras”, “necesarias” (el adjetivo más ridículo imaginable) o (cómo detesto ese tipo de expresiones) “puñetazos en el estómago del espectador”. 
Hay muchas personas ingenuas y de buena fe. 
Acudían obedientemente a ver los “portentos” y cómo “se incendiaba la pantalla”, al decir de esos críticos paternalistas, y frecuentemente —no siempre, claro está— se encontraban con bodrios y mediocridades y pantallas llenas de pavesas. 
Ningún puñetazo, sino más bien tedio o irritación.
A veces no hay nada tan dañino para una profesión, un colectivo o un sexo entero que sus defensores a ultranza, y me temo que un daño parecido al que se infligió hace décadas al cine español está a punto de infligírsele al arte hecho por mujeres. 
En la actualidad hay una corriente feminista que ha optado por decir que cuanto las mujeres hacen o hicieron es extraordinario, por decreto.
 Y claro, no siempre es así, porque no lo puede ser.
 Como no puede serlo cuanto hagan los catalanes, vascos o extremeños, o los zurdos o los gordos o los discapacitados.
 O los negros estadounidenses, ni aún menos los blancos, que son más.
 Todos sabemos de las injusticias históricas cometidas contra las mujeres.
 Hoy lamentamos que durante siglos no se las dejara ni siquiera estudiar, ni ejercer más oficios que los manuales.
 Que se las confinara al hogar y a la maternidad, sometidas a la voluntad de padres y maridos.
 Es sin duda el principal motivo por el que a lo largo de esos siglos ha habido pocas pintoras, compositoras, arquitectas, científicas, cineastas y escritoras (más de estas últimas, a menudo camufladas bajo pseudónimos masculinos). 
Las que hubo tienen enorme mérito, por luchar contra las circunstancias y las convenciones de sus épocas. 

Gran mérito, sí, pero eso no las convierte a todas en artistas de primera fila, que es lo que esa corriente actual pretende que sean. Es más, sostiene esa corriente que todas esas artistas geniales fueron deliberadamente silenciadas por la “conspiración patriarcal”. No se les reconoció el talento por pura misoginia.
 Se quejan, por ejemplo, de que a Monteverdi se lo tenga por un genio y en cambio no a Francesca Caccini
 No sé, yo soy aficionadísimo a la música, pero el único Caccini que me suena es Guido, un pigmeo al lado de Monteverdi. 
Así, cada vez que se descubre o redescubre a alguna pionera de algún arte, pasa a ser al instante una estrella del firmamento, a la altura de los mejores, sólo que eclipsada tozudamente por los opresores del otro sexo.
En contra de esa supuesta y maligna “conspiración”, tenemos el pleno reconocimiento (desde hace ya mucho) de las artistas en verdad valiosas: por ceñirnos a las letras, Jane Austen, Emily y Charlotte Brontë, George Eliot, Gaskell, Staël, Sévigné, Dickinson, Dinesen, Rebecca West, Vernon Lee, Jean Rhys, Flannery O’Connor, Janet Lewis, Ajmátova, Arendt, Penelope Fitzgerald, Anne Sexton, Elizabeth Bishop, en el plano del entretenimiento Agatha Christie y la Baronesa Orczy, Crompton y Blyton y centenares más; en España Pardo Bazán, Rosalía, Chacel, Laforet, Fortún, Rodoreda y tantas más. 
En realidad son legión las mujeres llenas de inteligencia y talento, a las cuales ninguna “conspiración” de varones ha estado interesada en ningunear.
 ¿Por qué, si nos proporcionan tanto saber y placer como los mejores hombres? 
Lo que no es cierto, lo siento, es que cualquier mujer oscura o recóndita sea por fuerza genial, como se pretende ahora.
 Las decepciones pueden ser y son mayúsculas, tanto como las de los espectadores al asomarse a la enésima “obra maestra” del cine patrio. 
También la gente bienintencionada se cansa de que le tomen el pelo, y acaba por desertar y recelar.
 Hoy, con ocasión de su centenario, sufrimos una campaña orquestada según la cual Gloria Fuertes era una grandísima poeta a la que debemos tomar muy en serio.
Quizá yo sea el equivocado (a lo largo de mi ya larga vida), pero francamente, me resulta imposible suscribir tal mandato.
 Es más, es la clase de mandato que indefectiblemente me lleva a desconfiar de las reivindicaciones y redescubrimientos feministas de hoy, que acabarán por hacerle más daño que beneficio al arte hecho por mujeres.
 Lean, por caridad, a las que he enumerado antes: con ellas, yo creo, no hay temor a la decepción.
Y Gloria Fuertes si dice que gue una poeta a la que debemos tomar en serio , también, quítele "Grandisima y Muy, esas exageraciones no le van ni a mujeres que usted nombra ni a Hombres.....
Por supuesto que hay autoras que no gustan, igual que hay escritores que tampoco, ya ve a mi no me gustó nada"Mañana en la batalla piensa en mi......ni muy ni grandisima secilamente a usted algunas cosas de las que escribe no me han gustado nada. Pero no le tengo por un Grandisimo escritor, lo siento.