Se acabaron comidas de soltero, con carne
roja; a llenar el frigorífico de verduras.
A partir de ahora, deporte
cardiosaludable.
De todo ello Jose (sin acento según su deseo) Coronado
ha tomado buena nota y, aseguran, ha hecho propósito de enmienda y
empezado a cumplir la penitencia.
No en todos: a pesar de que hasta el próximo lunes no
se incorporará a una rutina laboral, este jueves ya estuvo charlando con
su amigo, el director Enrique Urbizu,
sobre la pequeña aparición que tendrá en el nuevo trabajo del cineasta
bilbaíno.
El día en que filme esa colaboración, el 24 de mayo, volverá
al tajo de uno de los actores españoles más estajanovistas del audiovisual español.
Porque Coronado no para. Su currículo en este siglo XXI
rebosa de películas y series. Ya ha superado el medio centenar. A pesar
de ser ya en los años noventa un rostro muy popular, los críticos
empezaron a tomárselo en serio con dos películas, Goya en Burdeos (1999) y Anita no pierde el tren
(2001), en el que se alejaba mucho de sus personajes precedentes, en
los había sacado partido de su porte y sus grandes espaldas. Hijo —el mediano entre dos chicas— de un ingeniero de
telecomunicaciones, Coronado estudió Derecho y Medicina, facultades que
le convirtieron, según suele contar entre risas, en un gran jugador de
póquer y mus. Había sido un adolescente osado, más echado para adelante
que díscolo, y esa esencia queda en su interior: "No soy una persona con
un modo de vida al uso, sino que siempre he dado tumbos, y por suerte o
por desgracia los sigo dando. Pero lo que no voy a dejar de hacer es
vivir como me apetece, ¿no? Todos tenemos un pasado, aunque he intentado
que mi carrera y mi vida sean conocidas a través de mis personajes",
decía a EL PAÍS. A mitad de sus estudios universitarios, ya le habían
llamado de alguna agencia de modelos, y Coronado se resistió un tiempo,
hasta que le ofrecieron un buen sueldo por un anuncio de whisky a filmar en Menorca, y cambió su actitud.
Jose Coronado en el Festival de San Sebastián en 2016.Getty
Durante tres años trabajó como modelo por medio mundo, montó
su agencia, se hizo coreógrafo de desfiles y hasta abrió un
restaurante, Zona Centro. Hasta que otra actriz, Maru Valdivieso, le
convenció de que fuera a verla a sus clases de interpretación en la
escuela de Cristina Rota. A Coronado le picó el gusanillo, y de repente
con 30 años varió de rumbo. Mientras que otros compañeros hablan de decisiones
instantáneas, Coronado siempre ha pensado en una carrera a largo plazo,
en madurar, aprender y retirarse en los escenarios. Debutó en el teatro
con El público (1987), de García Lorca, en el Centro Dramático Nacional, y en el cine ese mismo año con Waka-Waka. Y nació el otro Coronado, el intérprete, aquel que hizo su segunda película con Ricardo Franco, Berlín Blues,
y al que el cineasta defendió cuando le calificaban de actor verde:
“Estará más verde que la hostia, pero sabe mirar a una mujer”.
Empezó su escalada. Con Brigada Central y Hermanos de leche en televisión, con Yo soy esa, Salsa rosa, La mirada del otro o La vuelta del Coyote en la pantalla. Con Periodistas (1998-2002) asciende a mito catódico, con la obra Algo en común logra el respeto teatral, y con Anita no pierde el tren adelanta a posibles competidores en la etiqueta de galán maduro.
En su casa de Madrid haciendo planes
De regreso a su casa desde el hospital de La Princesa, Jose Coronado ha dejado claro que mantiene su calendario laboral. Y eso incluye la serie Vivir sin permiso, de Telecinco en la que repetirá con Álex González tras El príncipe y que le llevará a mudarse en Galicia durante el verano. Inspirada en el libro de Manuel Rivas Todo es silencio,
Coronado encara a un rey del narcotráfico al que empieza a devorar el
alzhéimer y que deberá de encarar el ansia de poder de sus propios
hijos. Una de las preocupaciones del actor estos días es decidir en qué casa
vivirá durante la grabación de los 13 episodios… señal de que la
recuperación cardiovascular va bien.
En su día a día sigue acompañado por su hijo Nicolás, también actor,
nacido de su relación con Paola Dominguín Bosé, y que vive con él. El
actor es, además padre de una niña, Candela, fruto de su noviazgo con la
cantante Mónica Molina.
Porque si hace 30 años alguien asegura que Coronado iba a
ser el actor que es hoy, dúctil, con firmeza, primero en la lista de los
deseados por los directores en los personajes maduros, pocos le
hubieran creído. Si su vida sentimental es un vaivén de mujeres y
romances, la profesional es un ejemplo de constancia, de perseverancia,
de aprendizaje y de alianzas muy ventajosas, como la que ha conformado
con Urbizu, que le apretó y le sacó rabia, veneno y maldad en La caja 507, La vida manchay No habrá paz para los malvados.
Sin miedo al riesgo
Coronado es feliz. Nunca ha tenido miedo a los riesgos: es,
por ejemplo, el actor español que más ha aparecido en películas sobre el
terrorismo etarra. Tampoco le importan los géneros: hoy mismo su
comedia Es por tu bien sigue amasando euros en la taquilla. Y estaba en el teatro cuando le llegó el infarto el sábado pasado. Ahora en el inicio de su nueva vida quiere dejar claro que
está anonadado con el cariño recibido y muy agradecido a la sanidad
pública. Del Hospital de La Princesa salió andando y sonriendo, con un stent
en una arteria (se manejó la posibilidad de un segundo aunque no fue
necesario). Tuvo que cancelar las dos últimas representaciones de Ushuaia,
y tenía previstas varias semanas de preparación de siguientes trabajos,
que ahora le servirán de recuperación y reordenamiento vital. No cambiarán sus exquisitas maneras, esas con las que choca la mano, sonríe y suelta su conquistador: "Hola, soy Jose". Coronator, como se le conoce en la profesión, no da un paso atrás. Solo cambia un poco el trote.
La novela de Fernando Aramburu, con 150.000 ejemplares vendidos, provoca un impacto en el País Vasco post-ETA.
El escritor Fernando Aramburu, el pasado miércoles en Barcelona.JOAN SÁNCHEZ / EPV
Van faltando ya adjetivos y adverbios hiperbólicos para hablar de lo ocurrido con Patria, novelón de 642 páginas con el que el escritor Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) entra como un cuchillo en la mantequilla en el universo de ETA:
en el de los asesinos, en el de sus víctimas y en el del desolador
contexto familiar de todos ellos. 150.000 libros vendidos (un 20% en
Euskadi, según la editorial Tusquets) y 12 ediciones enmarcan la
evidencia de un éxito, el comercial, simbolizado en ese Reino de las
Seis Cifras al que solo acceden los elegidos. Pero Patria ya es
otra cosa, algo más que un libro. Puede que un espejo incómodo de la
sociedad vasca tras años de cierta ruina moral ante los crímenes de la
banda.
En los bares de San Sebastián, la ciudad del autor y el escenario de gran parte de la trama de su novela, se habla de Patria.
En las bibliotecas públicas apenas hay ejemplares disponibles ante la
avalancha de peticiones.
En sus chats del colegio, los padres y las
madres discuten sobre Patria. Las principales librerías de la
ciudad siguen vendiéndolo a velocidad de crucero.
A la izquierda
abertzale le cuesta admitirlo porque no puede ni ver a Aramburu, bestia
maldita gracias a libros anteriores (Los peces de la amargura, Años lentos…) pero está leyendo Patria.
En un momento histórico en el que la muerte de ETA ha permitido otra
Euskadi, este libro ha venido a demostrar el poder que puede llegar a
tener la literatura no solo como arma de placer sino también de
reflexión, confesión y hasta redención.
Todo ha ocurrido mucho más rápido de lo que teníamos
previsto. Está claro, la novela ha tocado fibras que nos han sorprendido
a todos. Y el boca a oreja ahora mismo sigue corriendo sin parar”,
explica un más que sorprendido Juan Cerezo, editor del libro para Tusquets,
quien añade: “Yo creo, por las noticias que nos llegan de nuestra gente
en el País Vasco, que el libro en Euskadi ha vencido todo tipo de
prejuicios y posicionamientos previos. Aramburu creó unos personajes con
los que el lector puede empatizar aunque en realidad esté en una
posición inverosímil para poder hacerlo”.
“No tengo explicación”, confiesa el propio escritor. “Constato que Patria
ha dejado de ser lo que pudiéramos llamar una obra literaria para
convertirse en otra cosa. ¿Un fenómeno social? No estoy seguro. Intuyo
que lo que cuenta mi libro ha tocado un nervio que estaba ahí, muy
sensible, especialmente para la sociedad vasca… yo dudo que un lector
vasco pueda hacer una lectura de mi libro similar a la que pueda hacer
un lector de otra parte de España. Pero porque pienso que el lector
vasco es capaz de entender aquí cosas entre líneas”. Fernando Aramburu lleva más de 30 años residiendo en Alemania. Tiene lo
que se llama perspectiva y es consciente de su encaje en el panorama
político-cultural vasco. Así lo cuenta: “Sé que no soy un hombre
aceptado por el mundo radical, entre otras cosas porque me he postulado
siempre – y a título personal, nunca desde un partido ni desde una
plataforma- en favor de las víctimas del terrorismo. Esto me deja
absolutamente frío. Yo hablo desde el abrazo, desde la compasión con los
que sufrieron el acoso terrorista, pero he querido proyectar una mirada
generosa sobre la historia reciente que hemos tenido los vascos y no he
querido hacerlo con un solo ojo, sino que he metido en mi novela
destinos cercanos a personajes de la izquierda abertzale” Su misión, porque tiene una misión, y no es solo literaria,
está clara: “Se trata de que las generaciones venideras sepan qué pasó y
lo sepan a partir de algunas versiones literarias, cinematográficas,
fotográficas o historiográficas que no justifiquen el terrorismo y que
no blanqueen la historia. Si esto ocurre se habrá producido la derrota
cultural de ETA. Y yo estoy comprometido con esta derrota”. El pensador, profesor y escritor donostiarra Fernando Savater
–tres o cuatro guardaespaldas durante más de 10 años para poder andar
por las calles de Donostia y seguir vivo, pero la pesadilla acabó- opone
un matiz al impacto de la novela en el ámbito vasco: “Por las
conversaciones que yo he tenido con amigos de allí, creo que es un
libro-fenómeno, sí, pero más para la gente de fuera del País Vasco que
para la del País Vasco La gente de allí, este tema nos lo sabemos de sobra, en
cambio creo que la gente de fuera no podía imaginar que este tema del
terrorismo era así”, asegura Savater, que reconoce estar ante “un tour de force desde el punto de vista literario, porque es a la vez un libro de apariencia sencilla y muy complejo”. Aitor Gabilondo (San Sebastián, 1974) es el culpable de series de éxito como El Príncipe o Allí abajo.
Será él quien se encargue de adaptar para la televisión la novela de
Aramburu. Un empeño personal. “Para empezar, es la primera gran historia
que se escribe después de que ETA deje de matar”, comenta Gabilondo,
que explica así la que quizá sea para él principal virtud del relato: “Aramburu aterriza su historia en personas digamos normales, a ras de
suelo, lo cuenta todo desde un lado humano, él ha visto seres humanos
donde hasta hace cinco años veíamos solo terroristas”. De “catarsis” han calificado algunos el efecto extraliterario de un libro como Patria.
Aitor Gabilondo es uno de ellos: “Cuando ETA estaba activa había un
montón de dolores de los que no se podía hablar, los vascos estábamos
atenazados porque vivíamos bajo una dictadura social. En ese sentido el
relato de Patria resulta catártico, al menos para mí, porque
muchas de las historias que se cuentan en ese libro yo las escuché a
media voz en Donosti, en la carnicería de mis padres en el mercado de La
Brecha. Al leer Patria me dije: ‘Ya era hora, por fin se puede hablar. Y te dan ganas de llorar, al menos a mí me dieron…”. En su artículo del pasado domingo en EL PAÍS, El país de los callados,Mario Vargas Llosa se refería a la Euskadi que según él no se enfrentó a los violentos. “Pero mira, yo creo que ese país de los callados
del que habla Aramburu y del que escribía Vargas Llosa en EL PAÍS en
referencia al País Vasco de entonces evitó, creo yo, que por ejemplo un
familiar de una víctima cogiera una escopeta, bajara al bar y matara a
un tío de Herri Batasuna. Esa especie de prudencia/cobardía muy característica nuestra evitó
posiblemente, yo qué sé, una guerra civil”, argumenta Gabilondo. Como no podía ser de otro modo, Patria no ha
encontrado un consenso cerrado (“Es que yo no sé por qué un libro tiene
que gustar a todo el mundo”, advierte Fernando Aramburu). Sentado
delante de un café en un bar con vistas a La Concha, el escritor y
editor donostiarra Inazio Mujika muestra su rechazo a las falsas piedras filosofales, aun reconociendo los méritos de Patria: “Para entender lo que ocurrió en Euskadi hay que leer muchas cosas. Está claro que Patria ha sido vendida como EL relato de lo que ocurrió, y evidentemente no lo es, como tampoco lo es por ejemplo Martutene, la novela de Ramón Saizarbitoria, que sin embargo es mucho más rica y cuenta muchas más cosas”. “También un libro como El eco de los disparos, de Edurne Portela, añade Mujika, “me parece un libro profundo, tan importante al menos como el de Aramburu”.
En su opinión, Patria es “una novela de tesis”. “El
propio Aramburu ha hablado de su novela como ‘aportación a la derrota
literaria de ETA’. Y a mí eso me parece funcionalizar la literatura, y
la literatura es ante todo complejidad. Pero resulta que hoy, si alguien
escribiera una novela con un terrorista como protagonista, le acusarían
de estar apoyando a ETA”. Aunque tilda de “estereotipados” algunos
personajes del libro, Mujika considera que Aramburu es “ante todo, un
muy buen guionista, y parece lógico que ahora quieran hacer una serie. No me parece alta literatura pero una cosa tengo que reconocer: cogí la
novela y no la podía soltar”. Otro enfoque ofrece quien fuera director de diarios como El Correo y ABC, el periodista y escritor José Antonio Zarzalejos
(Bilbao, 1954) . “Todos los que hemos vivido en el País Vasco conocemos
ese ambiente opresivo, tenso, cargado y gris que era el del miedo y el
de la amenaza. Hasta ahora nadie había contado esto así a través de una
novela. Aramburu demuestra que la ficción puede permear mucho más en el
ánimo que el ensayo o el relato histórico. Esta novela marca un antes y
un después, es un parteaguas. Supone la derrota literaria de ETA. Rompe
ese esquema de relato que ETA quería para el posterrorismo”, explica el
autor de Contra la secesión vasca. “La sociedad vasca en
general, y la abertzale en particular”, prosigue, “está rompiendo todos
los espejos. No quiere verse en ninguno. En cuanto ven un espejo,
pedrada al espejo. Y entonces han tirado una pedrada al libro de
Aramburu. ¿Por qué? Porque este libro construye un relato desde el punto
de vista de las víctimas de ETA. El relato de Patria les viene fatal”. Hontza y Lagun
son dos de las librerías más importantes de San Sebastián. La primera,
de amplio e interesante fondo, está especializada en libros en euskera y
en temática nacionalista. Uno de sus responsables, Ramón Tatiegi, habla
así del impacto del libro de Fernando Aramburu en la calle: “La novela
ha creado mucha expectativa: primero porque es buena literatura; y
segundo, porque hay un verdadero interés de la gente por el tema
literario del conflicto vasco, y aún más desde que ETA dejó de matar; es
cierto que Patria ha roto fronteras, ha llevado ese tema del
conflicto al gran público”. Pero Tatiegi matiza: “Desde hace ya algunos
años se vienen publicando sobre todo en euskera, libros sobre el
conflicto vasco. Hay autores como Bernardo Atxaga, Ramón Saizarbitoria, Harkaitz Cano, Kirmen Uribe, Jokin Muñoz y otros que se han interesado por la violencia y sus consecuencias. Pero no llegan a toda la gente a la que deberían llegar”. Lagun sufrió durante lustros, en su antiguo emplazamiento de la Parte
Vieja donostiarra, el acoso de los violentos con pintadas, rotura de
cristales y amenazas de muerte. En 2001 sus dueños se mudaron al centro
de la ciudad. Son Ignacio Latierro y María Teresa Castells, viuda del exdiputado socialista y exconsejero del Gobierno Vasco José Ramón Recalde, quien sobrevivió a un grave atentado de ETA en 2000. Latierro considera Patria
como “un extraordinario fenómeno de difusión”. “Yo creo”, explica
apoyado en una pila de libros en su librería de la calle Urdaneta, “que
su publicación ha coincidido con un momento histórico concreto en el
cual este libro provoca una catarsis en mucha gente en este país. Hay
muchas maneras de reconocerse a través de Patria: hay quien se
reconoce en el sufrimiento, hay quien lo hace en el silencio, o en la
hipocresía, incluso hay quien se reconoce en la práctica de la violencia
y de la intimidación. Creo que en gran medida para muchos vascos esta
novela es un espejo”.
La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, se ha sumado, aunque de
forma velada, a las peticiones de los grupos políticos para que Esperanza Aguirre,
líder de los populares en el Ayuntamiento, dé un paso atrás y no
continúe al frente de su formación. "Para el Ayuntamiento de Madrid,
creo que no es bueno que uno de nuestros concejales esté en esta
situación", ha afirmado este viernes la regidora refiriéndose a la detención de Ignacio González,
exvicepresidente y sucesor de Aguirre en la Comunidad de Madrid. "Una
persona en su situación no está en las condiciones adecuadas de formar
parte del Consistorio", ha sostenido Carmena. Ignacio
González sucedió a Aguirre como presidente de la Comunidad en 2012 y se
mantuvo en el cargo hasta 2015. El pasado miércoles, una operación de
la Guardia Civil le arrestó, junto a otros 11 sospechosos, por un
supuesto caso de desvío de fondos en el Canal de Isabel II, organismo
que presidió González mientras Aguirre lideraba el ejecutivo regional. Tanto González como Francisco Granados, exdirigente del PP arrestado por
otro caso de corrupción, eran los hombres más cercanos a Aguirre durante su época al frente de la Comunidad y del PP madrileño.
Por esta vinculación, Carmena, alcaldesa de la capital desde 2015, ha
sostenido que la permanencia de Aguirre al mando del grupo municipal
del PP "dificultaría" el debate interno al Consistorio. "Para el
Ayuntamiento de Madrid estaría bien que no estuviera una persona en su
situación", ha reiterado la regidora durante el Foro Mundial sobre las
Violencias Urbanas que se celebra en Madrid. "Ella [Aguirre] debe
reflexionar y ser consciente de que tiene que asumir responsabilidades
políticas", ha agragado. Carmena se suma así a la petición de los grupos municipales
para que Cristina Cifuentes, presidenta del PP de Madrid, aparte a
Aguirre del cargo. También el sindicato Comisiones Obreras ha exigido
esta mañana al PP "depurar responsabilidades", obligando a Aguirre a
dimitir por ser "la máxima responsable del estado de corrupción en el
que ha vivido la Comunidad en los últimos años". Fuentes municipales de los populares han subrayado que esta mañana el
grupo se ha reunido para debatir los temas que irán al pleno de la
próxima semana. Se ha tratado de una reunión "habitual", que tiene lugar
todos los viernes, aunque no se descarta que se haya debatido sobre la
situación particular de Aguirre. Para desmentir las voces que apuntaban a una reunión extraordinaria
que abordara el posible cese de la popular, el grupo del PP ha publicado
un tuit con un vídeo en el que se puede ver a Aguirre junto a todo su
grupo hablando de cuestiones municipales. "Como todas las semanas, con
Esperanza Aguirre e Íñigo Henríquez de Luna y todos nuestros concejales
para preparar el pleno ordinario del mes de abril", reza el mensaje. De
Luna es el número dos del PP en el Ayuntamiento de Madrid. El jueves, tras declarar como testigo en el juicio de la Gürtel,
Aguirre afirmó que si González cometió irregularidades en el Canal
Isabel II sería algo "muy lamentable". La dirección nacional del PP, según desveló EL PAÍS,
no quiere presionar a la dirigente para que no se atrinchere más de la
cuenta. Pero se ciñen a las propias palabras y compromisos de Aguirre
cuando ya dimitió como presidenta del PP de Madrid, en febrero de 2016,
por su "responsabilidad política in vigilando" ante distintas imputaciones de corrupción por el caso Púnica de dirigentes del partido en su comunidad.