Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

14 feb 2017

Confirman la relación entre Brad Pitt y Kate Hudson

La actriz Goldie Hawn, madre de Hudson, asegura que su hija mantiene un romance con el protagonista de Seven.

Confirman la relación entre Brad Pitt y Kate Hudson

Brad Pitt y Kate Hudson.

Las palabras de Goldie Hawn llegan poco después de conocerse la elaboración de un documental que aspira a contar con todo lujo de detalles la 'farsa' que existe tras el divorcio entre Brad Pitt y Angelina Jolie.

 Ian Halperin, que dirigirá Broken: The Incredible Story of Brangelina, aseguró que la separación "ha sido una gran farsa y un negocio" y que estaba preparada desde hace mucho.

El rumor sonaba desde hace semanas en los medios del corazón estadounidenses.
 Ahora Goldie Hawn lo ha confirmado: Kate Hudson y Brad Pitt son pareja.
 La madre de la actriz y estrella de Hollywood durante los ochenta ha asegurado a través de Yahoo que su hija y el actor "han estado muy unidos en los últimos tiempos", confirmando que salen juntos y calificando la relación como "muy romántica".
Según ha indicado Hawn al portal de noticias, Hudson y Pitt se encuentran "planeando la manera de formalizar" su romance y estudian el momento de hacerlo público, algo que ya no parece necesario debido a las propias declaraciones de la pareja de Kurt Russell.

Angelina Jolie y Jared Leto

Para terminar de rodear la serie de confirmaciones y rumores que han surgido desde que se conociese la noticia del divorcio entre Pitt y Jolie, la revista Heat afirma ahora que la actriz estaría manteniendo una relación con Jared Leto.
Angelina Jolie y Jared Leto en Alejandro Magno.
Según la publicación estadounidense, ambos mantuvieron en 2004 un intenso romance cuando coincidieron en el rodaje de Alejandro Magno y, una vez terminado el matrimonio con Brad Pitt, Angelina Jolie habría vuelto a intentarlo con el oscarizado actor de 45 años.


 

 

 

 

 

 

El rumor sonaba desde hace semanas en los medios del corazón estadounidenses. Ahora Goldie Hawn lo ha confirmado: Kate Hudson y Brad Pitt son pareja. La madre de la actriz y estrella de Hollywood durante los ochenta ha asegurado a través de Yahoo que su hija y el actor "han estado muy unidos en los últimos tiempos", confirmando que salen juntos y calificando la relación como "muy romántica".
Según ha indicado Hawn al portal de noticias, Hudson y Pitt se encuentran "planeando la manera de formalizar" su romance y estudian el momento de hacerlo público, algo que ya no parece necesario debido a las propias declaraciones de la pareja de Kurt Russell.

 

El mito del amor romántico puede estar arruinando su salud


En las sociedades occidentales, el amor romántico se suele presentar mediante el tópico de las dos mitades anhelantes que se buscan la una a la otra.

 
El mito griego del amor pervive en la cultura popular, las historias de amor y las comedias románticas.
En las sociedades occidentales, el amor romántico se suele presentar mediante el tópico de las dos mitades anhelantes que se buscan la una a la otra para hallar su estado prístino y completo. Pocos alcanzan esa dicha, ya que se trata de un mito que se remonta a Platón.
 En la mitología griega, los amantes perfectos estaban unidos y fueron divididos en dos.
 El amor, por lo tanto, es el deseo de cada una de esas partes de encontrar a la que ha perdido.
Este mito pervive en la cultura popular, las historias de amor y las comedias románticas, e influye en nuestra identidad social, que en muchos casos está formada por representaciones estereotípicas y programadas de las relaciones.
 Con frecuencia, de manera menos consciente, seguimos buscando nuestra “media naranja” –el ideal–, pero las tasas de divorcio demuestran que ese ideal no existe.
Con frecuencia seguimos buscando nuestra “media naranja” –el ideal–, pero las tasas de divorcio demuestran que ese ideal no existe
Hoy en día, mucha gente escapa al mundo virtual en su búsqueda de la relación ideal.
 Las citas por Internet, el flirteo mediante mensajes y el sexting se suelen utilizar como antídoto para la soledad, la falta de intimidad y la dolorosa experiencia de la pérdida.
 En el ciberespacio podemos ser quienes deseemos y lo que deseemos.
 Esto nos proporciona placer, pero nos seduce y nos arrastra a lo imaginario, al universo del inconsciente, donde los deseos que ni siquiera sabíamos que teníamos son satisfechos inmediatamente en el mundo virtual.
 Es fácil convertirse en adicto a ese mundo porque el amor de la vida real no puede competir con él.
 A algunas personas les resulta difícil, o incluso imposible, volver a la realidad, como muestran la creciente adicción a Internet y la infidelidad en la Red
 Esto puede dar lugar a diversas reacciones emocionales (estrés, desesperación, ira, dolor) y conductuales (peleas, consumo vengativo de pornografía, divorcio, drogodependencia, bulimia o anorexia).
 La relación entre el estrés, la herida sentimental (las patologías amorosas), y la salud mental (depresión, trastornos obsesivos compulsivos, insomnio) y física (agotamiento) está bien documentada.

Las consecuencias del amor

Las consecuencias a largo plazo no se conocen tan bien, pero nos las podemos imaginar.
 Sabemos que la calidad de nuestras relaciones y circunstancias sociales puede tener una repercusión profunda en nuestro cerebro.
A algunas personas les resulta difícil, o incluso imposible, volver a la realidad, como muestran la creciente adicción a Internet
Los recientes avances en epigenética ­–un conjunto de modificaciones de nuestro material genético que cambia la manera en que los genes se activan y desactivan sin alterar los genes en sí­– indica que existe una relación entre las experiencias sociales, la expresión de los genes, los cambios neurobiológicos y la variación en la conducta.
 Un conjunto de pruebas cada vez más extenso explica cómo el entorno social penetra en nuestra mente mediante mecanismos epigenéticos, y cómo estos afectan a nuestra descendencia.
 En otras palabras, los efectos físicos producidos por las experiencia sociales se pueden transmitir.
Si las emociones, los pensamientos conscientes y las creencias inconscientes efectivamente forman parte de nuestro entorno social e influyen en nuestros genes a través de los mecanismos epigenéticos, ¿cuáles son las posibles consecuencias a largo plazo del mito del amor romántico? 
Y si los procesos epigenéticos desempeñan un papel importante en los trastornos psiquiátricos, y las patologías amorosas (las heridas sentimentales) pueden traducirse en problemas de salud mental, ¿es posible establecer una relación entre ambos? 
A falta de estudios de cohorte longitudinales, en los que se observa al mismo grupo de personas durante un largo periodo de tiempo, sencillamente, todavía no lo sabemos. 

Pero lo que sí sabemos es que las ideas construidas socialmente del amor romántico y el matrimonio son parte integrante de nuestro yo. Empiezan en la primera infancia y se prolongan a lo largo de la adolescencia y la edad adulta. 
Teclee “amor romántico” en Google y verá lo que sale.
 Consciente o inconscientemente, desarrollamos expectativas sobre nuestras relaciones amorosas e intentamos hacerlas realidad.
 Cuando esas ideas son inalcanzables, el estrés no se puede evitar. Y el impacto del estrés en nuestro sistema inmunitario, en nuestro corazón y en nuestra salud mental ha sido sobradamente atestiguado.
Ya es hora de que dejemos de perseguir un amor ficticio.
 Los actos de amor son tan diversos como las personas que los intercambian.
 A menudo son prosaicos, pero solícitos.
 Si acabamos con el mito del amor romántico, podremos empezar a tener expectativas más realistas de las relaciones y, con ello, a vivir unas vidas más sanas y felices.

 

 

¿Quién mató a la niña perfecta?........................ Gregorio Belinchón .........

El documental 'Casting JonBenet' ahonda en el asesinato de una reina de concursos infantiles de belleza de 6 años, un caso que conmocionó Estados Unidos.

FOTO: Retrato de JonBenét Ramsey. 
En la mañana del 26 de diciembre de 1996, John Bennett Ramsey y Patricia Ramsey no encontraron a su hija JonBenét, de seis años, en su cama.
 En las escaleras de la casa del exitoso presidente de una compañía informática y de una exreina de la belleza encontraron una carta de petición de rescate de dos páginas y medias en las que exigían algo más de 118.000 dólares, exactamente la misma cantidad que había recibido John Bennett como bono de su empresa.
 Contraviniendo las órdenes de los secuestradores, llamaron a la policía.
 Por orden de una detective, ocho horas más tarde registraron a fondo la mansión y en el sótano, envuelta en su manta favorita, encontraron a su hija asesinada después de haber sido abusada sexualmente.
JonBenét Ramsey era conocida por haber ganado diversos premios en concursos de belleza infantiles como America's Royal Miss, Colorado State All-Star Kids Cover Girl, Little Miss Charlevoix Michigan, Little Miss Colorado, Little Miss Merry Christmas, Little Miss Sunburst o National Tiny Miss Beauty, empujada probablemente por su madre.
Veinte años después, el caso sigue sin resolverse. 
Nunca se acusó a nadie del homicidio, y las sospechas recayeron en su madre y en su hermano Burke, de nueve años.
 Incluso la revista Vanity Fair publicó un reportaje contando que JonBenét había fallecido mientras sus padres practicaban con ella un juego sexual que se escapó de su control.
 Lo cierto es que no hay evidencias de esto ni de ninguna otra teoría. 
Es más, en 2008, a la vista de nuevas pruebas de ADN realizadas con restos encontrados en el cuerpo de JonBenét, la fiscalía del Condado de Boulder exoneró a la familia de cualquier participación en los hechos, atribuyéndoselos a un hombre sin identificar, y pidió perdón por si en algún momento incidieron en sospechas contra sus padres y hermano.
 El asesinato de JonBenét Ramsey es uno de los más famosos, de los de mayor resonancia mediática, de la historia de Estados Unidos.
Tanto que dos décadas después todavía remueve intereses.
 De ahí Casting Jon Benet, el documental de Kitty Green, que se estrenó en Sundance antes de proyectarse en la Berlinale.
 Lo fascinante del filme es que no entra a ilustrar el caso, sino que se fundamenta en las grabaciones de un casting en los alrededores de Boulder (Colorado), hogar de los Ramsey, para una posible película con el tema.
 Y a través de las conversaciones con los voluntarios, actores y aficionados, que se presentan para dar vida a la familia Ramsey, al jefe de policía y a Santa Claus (la niña falleció el día después de Navidad), entender cómo afecto el crimen a la comunidad y cómo la muerte, cualquier muerte, trastoca al ser humano.
 Los actores hablan de sus propias experiencias, de las ausencias emocionales que sufren en su vida, de dolor que esconde cada uno. "La idea procede de mi corto The Face of Ukraine: Casting Oksana Baiul, en la que ya usé grabaciones de casting para ilustrar el conflicto ucranio", cuenta su directora, Kitty Green.
 Tras ganar el premio del Jurado en Sundance 2015, Green usó el mismo formato para el asesinato que había marcado su infancia, el de JonBenét Ramsey. 
"Fuimos muy sinceros con quienes participaron en la grabación. Y muestra de la buena sintonía, es que tras la proyección del filme en Sundance dimos una fiesta con el reparto, y muchos vinieron conduciendo desde sus casas". 
Tras su estreno, el filme ha sido adquirido por Netflix. 

El proceso de montaje fue largo.
 Estuvieron 15 meses editando las 100 entrevistas que realizaron tras ver a 200 participantes, grabadas en tres viajes.
 ¿Conoce la familia (John Bennett y Burke, ya que Patricia falleció por un cáncer de ovarios en 2006) el proyecto?
 "Estoy segura de que sí, porque filmamos sin escondernos". 
En realidad, Casting JonBenet es fascinante porque ante la cámara cada persona desarrolla su propia teoría antes de entrar en sus propios sufrimientos, en las muertes y las ausencias que han marcado sus pasos.
 "El peso de sus historias, más allá del crimen contra JonBenét, han transformado la comunidad en los últimos 20 años".
 Y el ruido mediático que lo acompañó es resumido en una prodigiosa secuencia final, en la que la familia Ramsey se multiplica hasta el infinito en un marasmo de gritos, angustia, amor y dolor.

 

13 feb 2017

Mi nefasta experiencia como jurado...................... JUAN MARSÉ

Con motivo del reportaje de ‘Babelia’ sobre los premios literarios comerciales, Juan Marsé recuerda su dimisión como miembro del tribunal del Planeta en 2005.

Juan Marsé con la ganadora del Planeta en 2005, Maria de la Pau Janer (de espaldas), y con Carmen Posadas. EL PAÍS
La experiencia vivida el año 2004 como miembro del jurado del premio Planeta fue muy negativa, muy frustrante.
 Advertí enseguida que el negocio editorial primaba sobre la literatura. 
Después de apechugar con el fallo de aquel año, una novela de Lucía Etxebarria bochornosamente inane y elogiada por casi todos, ante la actitud servil del jurado me planteé dimitir. 
No solo por la novela en sí, que no era peor que otras igualmente distinguidas, sino por el sospechoso empeño del jurado en otorgarle méritos que no tenía y en premiarla por esos méritos.
Poco antes del fallo del jurado, solicité una reunión con José Manuel Lara, presidente del grupo Planeta, y con el secretario del jurado, Manuel Lombardero, y les expuse las razones por las que deseaba dimitir. 
No me sentía cómodo, no quería hacer el papelón de florero ni de crítico exquisito. Mejor dejarlo.
Era en octubre. Lo primero que me pidió Lara fue que, dada la proximidad de la concesión del premio, reservara la noticia de mi dimisión a la prensa hasta días después de la entrega, y que, por favor, asistiera a la fiesta con los demás jurados.
 Fue una reunión larga y penosa, en la que Lombardero me apoyó en todo momento. 
Le dije a Lara que sólo seguiría si él aceptaba algunos cambios que afectaban a la fastidiosa parafernalia del premio: el primero, que me dispensaran por lo menos de la parodia de rueda de prensa en el Palau de la Música que se convocaba días antes de la concesión del premio, cuya finalidad era meramente propagandista, incluido el generoso obsequio de la editorial a los periodistas, y en la que sólo hablaba Carlos Pujol en calidad de portavoz del jurado para decir año tras año las mismas obligadas mentiras sobre la superior calidad literaria de los originales.
En la última reunión con Lara también le pedí que el jurado pudiera disponer no sólo de las cinco novelas seleccionadas para premio por el comité de lectura, a cargo de Emilio Rosales, sino un listado de todas las obras presentadas, porque al comité de lectura que hacía la selección, de una incompetencia escandalosa a juzgar por los informes que me entregaron junto con las novelas, podía escapársele alguna obra interesante.
Sugerí a Lara que hiciera algo al respecto, ya que esos textos sobrevaloraban sin el menor criterio literario las obras finalistas y predisponían erróneamente al jurado.
 Recuerdo que uno de esos lectores comandados por Rosales afirmaba en su informe que la obra destinada a ser premiada al año siguiente, un tedioso artefacto de Maria de la Pau Janer, era una “novela que va a cambiar el curso de la literatura contemporánea”. No me lo invento.
Finalmente, Lara me prometió que sí, que para el premio siguiente al jurado se le proporcionaría un listado completo y él mismo formaría un comité de lectura con criterios más exigentes.
 También me dispensó de otras humillantes obligaciones, como tener que esperar al equipo de la televisión para desfilar con el resto del jurado la noche de la entrega del premio, después de la cena, en el escenario del pomposo evento, una ceremonia sosa y fatigosa.
 Es decir, yo permanecería en el jurado a cambio de una serie de condiciones: que para el premio del año siguiente, 2005, el portavoz no hablara a los medios en mi nombre y me dejara a mí decir lo que creyera conveniente sobre las obras presentadas, que no me viera obligado a desfilar ni a exhibirme en la pasarela y que pudiera votar en blanco, negando mi voto para premio a novelas que son un insulto al jurado, a las expectativas de los demás concursantes y al mismo premio.
Lara insistió en que el Planeta no podía declararse desierto, pero prometió atender mis peticiones para el año siguiente.
 Pensé que quizás todo podría arreglarse y decidí esperar. Pero Lara no cumplió ninguna de las promesas y Carlos Pujol anunciaba en la rueda de prensa: “Los originales recibidos este año son de un altísimo nivel literario”.
Yo no tenía el menor deseo de poner en evidencia al pobre Pujol, un hombre discreto e inteligente, pero cuando un periodista me preguntó inesperadamente —Lara me había dicho que en las ruedas de prensa previas al premio los periodistas casi nunca preguntaban nada, y me lo aseguró con media sonrisita y con esa convicción del que domina una tropa previamente domesticada— por el nivel medio, no me dio la gana de mentir y declaré: “El nivel de calidad media de este año no sólo es bajo; es subterráneo”.

Inmediatamente después de la concesión del premio, dimití. 
 Una decisión que algunos medios tacharon de pretenciosa, incongruente y desagradecida (yo había sido premio Planeta en 1978) e incluso de ingenua, porque, según escribió cierto periodista, durante la cena del Planeta, en la mesa que él ocupó “todos sabíamos que la ganadora iba a ser Mari Pau Janer”, yo, como un panoli, en la inopia.
 Consideré esa nota de prensa una desvergüenza profesional, porque si el periodista en cuestión ya sabía que el premio era para Maria de la Pau Janer, es decir, que estaba amañado, ¿su obligación como periodista no era denunciarlo?
En resumen, fueron dos experiencias nefastas, que además muy poco o nada tuvieron que ver con la literatura, ya que me tocó apechugar con los ridículos engendros novelísticos pergeñados por Lucía Etxebarria y Maria de la Pau Janer. 
¡No me negarán que es mala suerte! Pero conste que no me arrepiento de lo que hice.
 Volvería a hacerlo.