Ciudadanos,
políticos y empresarios de EE UU, México y otros países americanos
critican el proyecto más polémico del presidente estadounidense para la
frontera de su país.
VÍDEO: REUTERS-
Desde los despachos de los políticos hasta las calles de las ciudades
que gestionan. Desde los empresarios hasta los trabajadores. Desde la capital de Estados Unidos hasta la de México, pasando por la frontera que separa los dos países y en la que Donald Trump quiere levantar su muro. Miles de voces se alzan contra uno de los proyectos más polémicos del nuevo presidente de EE UU. Sus mensajes para Trump son contundentes: “Haga lo que haga, van a
pasar”. “El hambre ningún muro la detiene”. “Está siendo racista”. “Que
lo pague él”. “Está loco”. “No somos criminales”. “La esperanza es que
nos vamos a seguir necesitando mutuamente”. No parece que Trump quiera
escucharlos. El decreto para construir el muro ya lleva su firma.
Rihanna también los
lleva. Ganó en los British Fashion Awards y ahora estrena colección
cápsula con Topshop.
Apunta su nombre, es la nueva estrella del diseño
británico.
Agyness Deyn se casó con uno de los vestidos de la diseñadora en agosto.
Foto: Reid Rolls/ Instagram: @agynessdeyn
Cúlpenla de volver a poner de moda el tul princesista, las
transparencias, el rosa y los colores chillones.
Vestidos de fiesta
divertidos con aire de graduación adolescente, cierta nostalgia del kinderwhore noventero y toques infantiles de cuento de hadas.
Así se podría definir al estilo de Molly Goddard, uno de los nombres que no ha dejado de repetirse incansablemente los últimos meses en el mundo del diseño femenino.
Varias modelos en la presentación de la colección primavera verano de 2016 de Molly Goddard.
Foto: Getty
Ella huye de definiciones princesistas y asegura que sus
mujeres son “prácticas y con sentido del humor. Sé que sonará raro, pero
son personas que se sienten cómodas con un vestido grande, que no deja
de moverse. No sólo se sientan y posan”, contó a la edición británica de
Grazia
al alzarse hace unas semanas con el British Fashion Award al talento
emergente. Su premio estaba cantado. Tenía a la prensa rendida a sus
pies (Suzy Menkes incluida) y a un buen surtido de celebrities
enganchadas a su particular mirada al mundo de la moda. Para no perderse
con la nueva chica de oro del gremio, aquí van ciertas claves para
conocerla mejor:
Fue becaria de Galliano y de Meadham Kirchoff. Goddard
estudió en 2012 en la Central Saint Martins (es discípula de la
emblemática Louise Wilson, que también tuteló a Christopher
Kane, Roksanda Ilincic o Simone Rocha), pero lo dejó antes de graduarse.
Modelos en la presentación de la colección primavera verano 2016 en la Fashion Week de Londres.
Foto: Getty
Agotó una colaboración para Asos y su primera colección fue directa a Dover Street Market. La concept store
se hizo con todas sus propuestas y las colocó directamente al lado de
Dior y Thom Browne. Goddard no ha querido jugar en las élites. La
colección cápsula con Asos, a unas 140 libras el vestido en 2013, fue un
éxito instantáneo –Vogue la etiquetó como “cuando Barbie se encuentra con las Spice Girls“– . Ahora estrena otra con Topshop. El gigante
británico se ha aliado con la diseñadora para vender parte de la
colección de calzado que se vio en el desfile de primavera verano. Ocho
modelos en los que hay botas planas, sandalias plateadas y una suerte de
mary janes negras. Los precios varían entre los 100 y 200 euros.
Molly Goddard quiere que sepas que el tul ya no es de princesas
Agyness Deyn se casó con uno de sus vestidos. Rihanna también
los lleva. Ganó en los British Fashion Awards y ahora estrena colección
cápsula con Topshop. Apunta su nombre, es la nueva estrella del diseño
británico.
Noelia Ramírez
Agyness Deyn se casó con uno de los vestidos de la diseñadora en agosto.
Varias modelos en la presentación de la colección primavera verano de 2016 de Molly Goddard.
Foto: Getty
Modelos en la presentación de la colección primavera verano 2016 en la Fashion Week de Londres.
Foto: Getty
Agotó una colaboración para Asos y su primera colección fue directa a Dover Street Market. La concept store
se hizo con todas sus propuestas y las colocó directamente al lado de
Dior y Thom Browne. Goddard no ha querido jugar en las élites. La
colección cápsula con Asos, a unas 140 libras el vestido en 2013, fue un
éxito instantáneo –Vogue la etiquetó como “cuando Barbie se encuentra con las Spice Girls“– . Ahora estrena otra con Topshop. El gigante
británico se ha aliado con la diseñadora para vender parte de la
colección de calzado que se vio en el desfile de primavera verano. Ocho
modelos en los que hay botas planas, sandalias plateadas y una suerte de
mary janes negras. Los precios varían entre los 100 y 200 euros.
Uno de los modelos que Topshop ha puesto a la venta y vistos en su último desfile.
Foto: Getty/Topshop
Diseñó el vestido de novia de Agyness Deyn. Trabajaron
juntas durante dos semanas para conseguir el modelo blanco de tul
semitransparente con el que la modelo se casó en Nueva York el pasado
mes de agosto. Goddard aseguró a Vogue que se inspiraron en fotos de Audrey Hepburn y Grace Kelly.Las revistas de moda y tendencias la adoran. Diseñadora predilecta de la revista I-D, Grimes apareció con uno de sus vestidos en la portada del NME y Vogue Korea
también decidió llevar sus diseños a primera plana. Eso, sin contar la
cantidad de editoriales en los que su tul semitransparente aparece sin
cesar (Alexa Chung los ha llevado en el Evening Standard, Daphne Groeneveld en la edición británica de Elle o Petra Collins lo ha fotografiado para Vogue China, entre otros).
Molly Goddard quiere que sepas que el tul ya no es de princesas
Agyness Deyn se casó con uno de sus vestidos. Rihanna también
los lleva. Ganó en los British Fashion Awards y ahora estrena colección
cápsula con Topshop. Apunta su nombre, es la nueva estrella del diseño
británico.
Noelia Ramírez
Agyness Deyn se casó con uno de los vestidos de la diseñadora en agosto.
Varias modelos en la presentación de la colección primavera verano de 2016 de Molly Goddard.
Foto: Getty
Ella huye de definiciones princesistas y asegura que sus
mujeres son “prácticas y con sentido del humor. Sé que sonará raro, pero
son personas que se sienten cómodas con un vestido grande, que no deja
de moverse. No sólo se sientan y posan”, contó a la edición británica de
Grazia
al alzarse hace unas semanas con el British Fashion Award al talento
emergente. Su premio estaba cantado. Tenía a la prensa rendida a sus
pies (Suzy Menkes incluida) y a un buen surtido de celebrities
enganchadas a su particular mirada al mundo de la moda. Para no perderse
con la nueva chica de oro del gremio, aquí van ciertas claves para
conocerla mejor: Fue becaria de Galliano y de Meadham Kirchoff. Goddard
estudió en 2012 en la Central Saint Martins (es discípula de la
emblemática Louise Wilson, que también tuteló a Christopher
Kane, Roksanda Ilincic o Simone Rocha), pero lo dejó antes de graduarse.
Modelos en la presentación de la colección primavera verano 2016 en la Fashion Week de Londres.
Foto: Getty
Agotó una colaboración para Asos y su primera colección fue directa a Dover Street Market. La concept store
se hizo con todas sus propuestas y las colocó directamente al lado de
Dior y Thom Browne. Goddard no ha querido jugar en las élites. La
colección cápsula con Asos, a unas 140 libras el vestido en 2013, fue un
éxito instantáneo –Vogue la etiquetó como “cuando Barbie se encuentra con las Spice Girls“– . Ahora estrena otra con Topshop. El gigante
británico se ha aliado con la diseñadora para vender parte de la
colección de calzado que se vio en el desfile de primavera verano. Ocho
modelos en los que hay botas planas, sandalias plateadas y una suerte de
mary janes negras. Los precios varían entre los 100 y 200 euros.
Uno de los modelos que Topshop ha puesto a la venta y vistos en su último desfile.
Foto: Getty/Topshop
Diseñó el vestido de novia de Agyness Deyn. Trabajaron
juntas durante dos semanas para conseguir el modelo blanco de tul
semitransparente con el que la modelo se casó en Nueva York el pasado
mes de agosto. Goddard aseguró a Vogue que se inspiraron en fotos de Audrey Hepburn y Grace Kelly.
Rihanna es fan de sus vestidos (y Susie Bubble también).
La de Barbados escogió uno de sus vestidos rosas, el modelo Jamie,
para acudir a la marcha de mujeres del pasado sábado y fue de las
primeras en lucirlos. No es la única que se ha dejado ver con sus
diseños. Giovanna Battaglia o la blogger Susie Bubble –que la entrevistó
para la revista de Topshop– también se declaran groupies de la británica.
Rihanna
(centro) fue una de las primeras en vestir sus diseños. Susie Bubble
(derecha) es otra fan acérrima. Izquierda, una joven en la semana de la
moda de Milán con uno de sus vestidos.
Foto: Getty
Las revistas de moda y tendencias la adoran. Diseñadora predilecta de la revista I-D, Grimes apareció con uno de sus vestidos en la portada del NME y Vogue Korea
también decidió llevar sus diseños a primera plana. Eso, sin contar la
cantidad de editoriales en los que su tul semitransparente aparece sin
cesar (Alexa Chung los ha llevado en el Evening Standard, Daphne Groeneveld en la edición británica de Elle o Petra Collins lo ha fotografiado para Vogue China, entre otros).
Grimes en la portada del NME y otro de los vestidos de Goddard en la portada de la edición coreana de Vogue.
Foto: NME/Vogue Korea
Ha expuesto sus vestidos como obras de arte. Lo ha hecho con la exposición What I like,
en la galería NOW, donde ha colgado maxi vestidos gigantes desde el
techo hasta el suelo que se podrán ver hasta el próximo 22 de febrero.
La exposición es interactiva y anima al público a coger agujas y ponerse
a bordar, la obsesión de esta creadora.
En 2015, Goddard presentó su colección de invierno en la Somerset House dentro de la London Fashion Week.
Foto: Getty
Su hermana es una conocida estilista. Los
desfiles de Goddard suelen caracterizarse por reclutar a gente de la
calle. Lo hace su hermana Alice, que empezó como modelo pero se ha
convertido en una conocida estilista, que además trabaja en la revista Hot and Cool. Está en contra del uso de pieles animales. Lo ha expresado claramente junto a otros diseñadores en una carta remitida a los estudiantes de la Central Saint Martins, donde ha pedido que “resistan frente a las presiones de la industria”.
Un guardia de seguridad privado en el backstage del desfile de Viktor & Rolf. Getty Images
La ciudad extrema las medidas de protección durante su ‘fashion week’ tras los robos a Kim Kardashian y a otras celebridades.
Mientras Chanel y Dior despliegan sus colecciones, un espectáculo algo menos seductor tiene lugar en la retaguardia de la Semana de la Moda en la capital francesa,
que termina este jueves tras las presentaciones de la alta costura.
Desde la semana pasada, cuando arrancaron los desfiles de las
colecciones masculinas, la ciudad ha extremado las medidas de seguridad.
Los escáneres y controles de identidad se han vuelto casi sistemáticos,
igual que los controles de bolsos y otras propiedades.
Además, los
militares que patrullan la ciudad desde que el Gobierno declaró el
estado de excepción, en diciembre de 2015, circundan estos días los
grandes monumentos que acogen los desfiles, como el Grand Palais o el
Museo Rodin.
El terrorismo no es la única amenaza que pesa sobre la ciudad.
Los publicitados robos a personalidades tan conocidas como Kim Kardashian
habrían ahuyentado a parte de la exclusiva clientela que se acerca dos
veces al año a París, coincidiendo con las presentaciones de la alta
costura y el prêt-à-porter.
En noviembre,
fueron dos ricas hermanas qataríes las que sufrieron un robo cuando
salían del aeropuerto, perdiendo bienes valorados en unos cinco millones
de euros.
La princesa Deena Aljuhani Abdulaziz, editora de Vogue Arabia,
afirmó tras el robo a Kardashian que los hechos repercutirían
negativamente en “compradores y visitantes del Golfo”.
“Hemos apoyado la
ciudad y sus casas de lujo durante mucho tiempo.
Pero la gente, desde
luego, se lo pensará dos veces antes de venir”, expresó.
El sector de la moda y el lujo
—y el tipo de visitantes pudientes que estos comportan— constituye una
de las principales bazas económicas de la ciudad.
Según un estudio de
la consultora Bain & Company, el mercado del lujo en París genera
unos 10.000 millones de euros anuales, dos tercios de los cuales
dependen de los visitantes extranjeros.
La actual coyuntura es negativa.
Entre el verano de 2015 y el de 2016, la ciudad perdió un millón de
turistas.
En septiembre pasado, los hoteles parisinos registraron un 11%
menos de reservas que antes de los atentados, según un estudio de MKG
Group realizado en 500 establecimientos de la capital francesa.
Los
grandes museos de París también perdieron visitantes en 2016.
El Louvre
registró un 15% menos de visitas y el Museo de Orsay, un 13% menos
respecto a 2015.
Vallas de seguridad a las afueras del desfile de Jean Paul Gaultier en París. AFP
Desde el Ayuntamiento, las autoridades han hecho un
llamamiento a la calma. Según sus datos, entre 2013 y 2016 los hurtos
descendieron un 11%. Los robos de perfil violento bajaron en un 28%. “Estamos más seguros hoy que hace tres años, y más que en la mayoría de
grandes ciudades”, ha asegurado Jean-François Martins, el adjuntos a la
alcaldesa Anne Hidalgo encargado de la seguridad en la ciudad, a The New York Times. En noviembre, el Gobierno francés lanzó un plan de 43 millones de euros
para reforzar la seguridad, promover el turismo y apoyar al sector del
comercio y la hostelería.
Demasiadas mujeres dejamos que los hombres nos saquen las castañas del fuego y luego queremos ser dueñas de nosotras mismas.
Rosalía Iglesias, esposa
del ex tesorero del PP Luis Bárcenas, a su salida de la Audiencia
Nacional en San Fernando de Henares (Madrid), juzgada por el caso
Gürtel.
VÍCTOR SAÍNZ
Rosalía Iglesias es una señora muy vistosa, mayestática y
consciente de sí misma que sale de vez en cuando en los telediarios. Da
gloria verla en esos planos en bucle tan del gusto de los programas de
actualidad rabiosa, esquivando cámaras y micros con el vaivén de su
pelazo, su bolsazo, sus gafazas de ir de incógnito y el aire de aquí
estoy yo porque he venido de las muy divas de la vida. De esa guisa,
espalda erecta y testa altísima, la hemos visto entrar y salir de su
casa en el Madrid más pijo, ir a ver a su marido al presidio entre
mujeres de camellos y acudir al juzgado por el proceso contra su esposo,
Luis Bárcenas, y ella misma por fraude y blanqueo, en el que se le
piden a ella 24 años de cárcel. Antes muerta que sencilla. Con todo, lo que más me fascina de la doña es su cara de no me puedo
creer lo que me está pasando, te lo juro, o sea. Si ella solo acompañaba
a su esposo al banco, como está mandado. Si ella solo firmaba lo que él
le ponía por delante, como han hecho las señoras toda la vida. Si a
ella, y le parece “una estupidez decirlo”, todo lo que hace ese hombre
le parece divino. Si ella, en fin, es la esposa modelo. Entendiendo
perfectamente la doctrina Rosalía —conozco a unas cuantas de
todos los estatus, y una misma no sabía ni leer las facturas hasta ayer
mismo—, la conclusión es demoledora. “No soy tonta”, se ha excusado
Iglesias en el banquillo sin que nadie se lo pidiera. Por supuesto,
nadie lo duda. Pero, entre la confianza ciega, la obediencia debida, la
cooperación necesaria y la ignorancia deliberada —como sé la respuesta,
no pregunto y ya trinco yo también, si eso— hay cien términos medios. Sumisas, subsidiadas, subalternas, comodonas, confiadas o cómplices. Demasiadas mujeres dejamos que los hombres nos expliquen todo, nos
lleven las cuentas y nos saquen las castañas del fuego, y luego queremos
ser dueñas de nosotras mismas. En el pecado llevamos la penitencia.