Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

24 ene 2017

Dennis Lehane: “Solo puedo escribir las historias en las que creo”

El autor de 'Mystic River', llevada al cine por Clint Eastwood, publica 'Ese mundo desaparecido', una sombría historia de gánsteres durante la Segunda Guerra Mundial.

El escritor Dennis Lehanne. getty
Nacido en 1965 en Dorchester, entonces uno de los barrios más violentos de Boston, Dennis Lehane es el menor de los cinco hijos de una familia de inmigrantes irlandeses. 
Como la inmensa mayoría de los niños del barrio, cuando salía del colegio se quedaba jugando en la calle hasta la hora de cenar.
 A los ocho años escribía cuentos en los que hablaba de la vida en Dorchester, donde sus amigos y él se veían constantemente obligados a interrumpir sus juegos infantiles ante la irrupción de violentos incidentes de índole racial, policiaca o laboral.
 Los únicos libros que había en la casa familiar eran los volúmenes de una enciclopedia de cuya adquisición había logrado convencer a sus padres un vendedor ambulante. 
 Entretanto, en el colegio católico al que acudía, la pasión del pequeño Lehane por la lectura llamó la atención de las monjas, que se lo hicieron saber a su madre, quien, en lugar de dejarlo en la calle al terminar las clases, empezó a llevarlo a la biblioteca pública.
 Fue el primero de los Lehane en ir a la Universidad, aunque no se lo tomó demasiado en serio
Aprendí el oficio leyendo a grandes de la novela urbana y a los maestros del género negro: William Kennedy, James Ellroy, Elmore Leonard y, por encima de todos, Richard Price”, afirma Lehane al principio de la conversación, que tiene lugar en el restaurante de un lujoso hotel de Santa Mónica elegido por él. 
“Mi manera de entender la escritura cambió cuando leí Clockers. La voz de Richard Price me hacía sentir que estaba escuchando las historias que me contaba mi tío cuando me llevaba con él de bares siendo yo pequeño”.
Aprendí el oficio leyendo a grandes de la novela urbana y a los maestros del género negro
Redactó su primera novela en tan solo tres semanas, pero no la dio a conocer hasta cuatro años después, cuando tras un proceso extenuante de revisiones juzgó que por fin tenía algo publicable. Un trago antes de la guerra (1994) obtuvo el Premio Shamus a la mejor primera novela negra del año.
 Los protagonistas, la pareja de detectives integrada por Patrick Kenzie y Angela Gennaro, aparecen en las primeras cinco entregas novelísticas de Lehane, publicadas con metódica regularidad, a razón de una por año.
En 2001, Lehane se deshizo de Kenzie y Gennaro, para centrarse en la composición de una compleja fábula urbana en la que recrea las trayectorias de tres amigos cuya infancia los dejó marcados para siempre como consecuencia de un turbio episodio de abuso sexual. La sombra del pasado vuelve a proyectarse sobre sus vidas cuando la hija de uno de ellos, de 19 años, aparece brutalmente asesinada. Mystic River trasciende los límites del género detectivesco, adentrándose en las motivaciones psicológicas de los personajes al tiempo que examina las contradicciones de la sociedad en que se mueven.
 La novela fue un best seller que Clint Eastwood llevó a la pantalla. Sean Penn y Tim Robins, sus protagonistas, obtuvieron sendos oscars por su trabajo.
 Quince años después de la publicación del libro que hizo de él uno de los autores más cotizados por Hollywood (escribió varios episodios memorables para series como The Wire y Boardwalk Empire y en la actualidad lo hace para Mr. Mercedes, basada en una novela de Stephen King), Lehane no sabe exactamente cuál fue la clave del éxito de Mystic River.

“¿La autenticidad de la voz, tal vez?”, se pregunta dando un sorbo a un vaso de agua mineral. “Los lectores reaccionan bien a eso. Desde luego no responde a ningún cálculo.
 Jamás se me había ocurrido que algún día llegaría a tener un best seller, mucho menos tratándose de un libro tan oscuro. 
Mientras lo escribía tenía delante una ficha que decía: ‘No engañar al lector’. El éxito de la literatura comercial se basa en eso. Mystic River no le ofrece al lector ninguna falsa gratificación. Nadie sale bien parado en la novela. No hay garantía de que al final el crimen pague”.
Tras el éxito alcanzado, ¿qué hizo Lehane para preservar la autenticidad de la voz? “Tenía muy claro que el camino a seguir era alejarme lo más posible de Mystic River.
 Intentar repetir la fórmula hubiera sido traicionar las razones por las que me hice escritor. Si hay una sola cosa que he tenido siempre clara, y doy las gracias a Dios por hacérmelo ver muy pronto, es que solo puedo escribir las historias en las que creo.
 Soy incapaz de separar el corazón de la cabeza”.
Mystic River no le ofrece al lector ninguna falsa gratificación. Nadie sale bien parado en la novela
En 2003, Lehane publicó Shutter Island, un thriller gótico, que Martin Scorsese trasladó al cine, protagonizado por Leonardo DiCaprio.
 Fue un interludio mientras preparaba la novela de mayor ambición literaria de su carrera.
 Rigurosamente documentada y con más de 700 páginas, Cualquier otro día es una narración de proporciones épicas que Lehane tardó cinco años en completar.
 La novela ofrece un retrato panorámico de Boston en 1919, año particularmente marcado por la pobreza, la corrupción, la violencia, huelgas sindicales y de la policía, con el movimiento anarquista y el comienzo de la Prohibición como trasfondo.
Con ella, Lehane inició el ciclo novelístico de los Coughlin, clan irlandés entre cuyos miembros figuran tanto gánsteres como policías. El ciclo se continúa en Vivir de noche, novela de ambición mucho menor, ambientada en el Boston de los años treinta, y se cierra con Ese mundo desaparecido, título que se acaba de traducir al castellano y en el que Joe Coughlin, que en el primer volumen de la trilogía era un niño de 11 años, pasa a ocupar el centro de una sombría historia de gánsteres ambientada durante la Segunda Guerra Mundial. “Es un libro triste, muy oscuro, una elegía que alcanza proporciones de tragedia. 
Las circunstancias de mi vida están muy presentes en él. 
 Mientras lo escribía perdí a gente muy querida, como a mi hermano, a quien estaba muy unido.
 Estaba muy enfermo y falleció cuando me faltaba un mes para terminar. 
La muerte está presente en cada página de la novela”. 
Uno de los elementos más llamativos de la propuesta narrativa de Lehane es la utilización de un recurso más propio del género fantástico que de la novela negra: la aparición del fantasma de un niño que solo es capaz de ver Joe Coughlin.
“Lo incorporé después de haber acabado el primer borrador.
 No entendía por qué la novela no acababa de funcionar, hasta que comprendí que en realidad estaba escribiendo sobre la muerte.
 El fantasma del niño simboliza la pérdida irrecuperable de un ser querido, algo por lo que todos tenemos que pasar, un precio que todos tenemos que pagar. 
Vivimos de alquiler, el tiempo no nos pertenece”.
Las muertes violentas son un elemento recurrente en las novelas de Lehane.
 La frialdad con que las refiere no hace más que resaltar su arbitrariedad. Como en el resto de su obra, la brutalidad con que se describen algunos asesinatos en Ese mundo desaparecido deja al lector sin capacidad de reacción.
 Hablando de ello en otros lugares, Lehane ha dicho que no inventa, sino que reproduce situaciones que se dan en la vida cotidiana.
 Por esa razón, resulta altamente desconcertante una circunstancia que se dio unas horas antes de que tuviera lugar esta conversación. En Venice Beach, muy cerca del lugar donde vive Lehane, el periodista presenció un asesinato.
 Una mujer joven degolló salvajemente a una amiga suya, embarazada de tres meses, en un cruce de calles, frente a la playa. Al día siguiente, alguien puso unas flores y una botella de tequila en el lugar de la acera donde se había perpetrado el asesinato.
Lehane escucha con suma atención lo que parece una escena tomada de una de sus novelas, interesándose por los detalles. “Conozco bien esa esquina”, dice por fin, “es un lugar muy peligroso.
 Efectivamente, me interesa la irrupción de la violencia en situaciones como la que acaba de describir, porque son acciones gratuitas, pero el daño que hacen es irreparable. 
A la muerte no le importa lo que les ocurra a sus víctimas.
 Una de las funciones de la narratividad es ordenar el caos en que vivimos. 
La realidad es caótica, y la literatura un mecanismo altamente artificial que trata de imponer un orden por medio de una historia, pero no es el mundo el que cuenta historias, sino que somos nosotros, los escritores, quienes tratamos de darle sentido ordenando con palabras el caos de la experiencia”.

Queda tiempo para hacer una pregunta más, a quemarropa: 
¿Diría Dennis Lehane que hay una dimensión política subyacente a su voluntad de entretener?
“Soy un escritor político, pero eso es algo de lo que casi nadie se da cuenta.
 De todos modos, cuando escribo busco atrapar al lector con historias, no con ideas
. Mi trabajo como escritor es deleitar, no hacer ningún tipo de denuncia.
 Eso va a estar de todas maneras ahí, pero no sirve de nada si no sé contar bien la historia.”
Ese mundo desaparecido. Dennis Lehane. Traducción de Enrique de Hériz. Salamandra, 2016. 352 páginas. 19 euros
  
 

 

 

Bimba Bosé, despedida por su familia y amigos

La capilla ardiente de la modelo y cantante transcurre bajo la intimidad.

Y esos amigos íntimos, por qué no la ayudaron economicante? ella decía que fuera de Madrid le resultaba mejor para su economía....cosas raras...


Olfo, hermano de Bimba Bosé, junto a un amigo en el tanatorio de La Paz.

Olfo, hermano de Bimba Bosé, junto a un amigo en el tanatorio de La Paz.


Lucía Dominguín, madre de Bimba Bosé.

Lucía Dominguín, madre de Bimba Bosé. 

Lucía Dominguín con su hijo Olfo y su hermana Paola. Lucía Dominguín con su hijo Olfo y su hermana Paola.

Paola Dominguín, en el tanatorio en el que descansan los restos mortales de Bimba Bosé.

Paola Dominguín, en el tanatorio en el que descansan los restos mortales de Bimba Bosé.

Olfo besa a su madre a la llegada al tanatorio.

Olfo besa a su madre a la llegada al tanatorio.


Paola Dominguin atiende a la prensa, visiblemente emocionada. Paola Dominguin atiende a la prensa, visiblemente emocionada.

 

 ¿Y su abuela Lucía Bosé? y su tio Miguel? y su familia por parte de Padre? y ¿esos famosos que dicen?

   

Bimba Bosé, así fueron sus últimos días................... Mábel Galaz

La modelo regresó a Madrid la semana pasada de Sotogrande para ingresar en la clínica en la que falleció el lunes.

Bimba Bosé, el pasado verano. GTRES

 

Bimba Bosé mandó el sábado por la tarde varios WhatsApp a sus amigos, pero no les informó de la gravedad de su estado de salud. Quiso irse con discreción y sin provocar tristeza a quienes la querían y cuidaban.
 La modelo y cantante había regresado de Sotogrande (Cádiz) el martes día 17. No se sentía bien y acudió al Hospital Ramón y Cajal de Madrid, donde decía "me cuidan como una reina". 
Los médicos aconsejaron su ingreso. Su estado de salud se había agravado.
 La metástasis que sufría como consecuencia de un tumor en su mama izquierda detectado en 2014 había minado definitivamente su cuerpo. 
Menos de 48 horas después de mandar el último mensaje con su móvil, Bimba moría a los 41 años rodeada de sus seres queridos.

Antes de fallecer, Bimba pidió que no les invadiera la tristeza.
 Su hija Dora, de 12 años, nacida de su relación con el realizador y músico Diego Postigo, lo recordó en Instagram tras su muerte. "Muchísimas gracias a todos los que me apoyáis y que sepáis que hoy no es un día de tristeza, porque a mi madre es lo que menos le gustaba, la tristeza.
 Hoy es un día para estar contentos por todos esos momentos que hemos vivido y disfrutado con ella", escribió en un post en una imagen que compartió en Instagram Stories.
El sábado, cuando ya se sabía que Bimba había iniciado un camino sin retorno, Dora y su hermana June, de 5 años, fueron vistas paseando por el barrio de Salamanca de Madrid con Charlie Centa, novio de la modelo los últimos años y cantante y quien se ha ocupado de las niñas estos días.
 Las pequeñas veían en este modelo inglés no solo al novio de su madre —13 años menor que ella— si no a un compañero de juegos.
Bimba Bose, con una creación de David Delfin en su último desfile, en junio pasado. AFP
Cuando fue operada de un cáncer en la mama izquierda Bimba Bosé decidió marcharse de Madrid y encontró en Sotogrande el lugar en el que pasar sus últimos años.
 Siguió batallando pero sabía que la enfermedad avanzaba.
 En junio de 2016 confirmó que tenía "metástasis en huesos, hígado y cerebro" y que seguía en tratamiento. 
Luego se arrepintió de haberlo dicho. Pero es que ella, cuentan sus amigos, hablaba de su enfermedad con naturalidad. 
No esperaba tanta repercusión mediática.
En el mes de octubre, Bimba Bosé se embarcó en su última aventura.
 Se marchó con un grupo de famosos a hacer una ruta con pruebas que requerían un enorme esfuerzo físico. 
Algunos de sus compañeros se sorprendieron de ver su determinación y fortaleza para salvar los obstáculos. Tras ese viaje casi no se dejó ver en público.
Hoy martes, en el tanatorio de La Paz de Madrid, se despiden de ella su familia y amigos.
 De nuevo Charlie se ha encargado de organizarlo todo
. Su tío Miguel Bosé se ha despedido de ella en la lejanía. Los aviones no le permiten llegar a tiempo.
No sé será normal, pero que no esté Miguel Bosé ni su abuela, madre y hermanos no me parece normal y todos se despiden por Watsap , un poco duro me resulta.

23 ene 2017

Bimba Bosé, la cara opuesta a la niña rubia de portada.... Noelia Collado

En 2001 The New York Times la bautizó como "la modelo del momento".

 La estética empezaba a cambiar y las marcas buscaban caras nuevas. Ella representaba justo lo que buscaban: lo contrario al convencionalismo.

Bimba Bosé, la cara opuesta a la niña rubia de portada
Bimba Bosé era lo contrario al convencionalismo.
Foto: Getty
Bimba Bosé no fue solo una modelo.
 Fue una artista polifacética cuyo éxito sobre la pasarela anunció el derrumbe de los viejos cánones estéticos hace ya quince años. 
Mucho antes de que el concepto “género fluido” fuera trending topic.
 Para Tom Ford, entonces a las riendas de Gucci [máquina de vender sexo con envoltorio de lujo], Bimba personificaba “el espíritu de ambigüedad” que se respiraba en la industria en 2001. Apenas dos año antes, Hilary Swank se había llevado el Oscar a la mejor actriz por interpretar un personaje transgénero en Boys don’t cry.
 “Estaba en el sitio adecuado en el momento indicado”, resumió Bimba en una entrevista publicada en 2001. ¿Se refería a Madrid? No.
 Ella hablaba de Nueva York. La modelo se había mudado en 1999 a la capital financiera de la industria de la moda en busca de una oportunidad.
 “En España es difícil empezar si no eres rubia y mona”.
Sin embargo, en la escena internacional, con el nuevo milenio,
 “la estética empezaba a cambiar; y las marcas buscaban caras nuevas”. 
Su irrupción, la de una joven alta, atlética, con un innegable aire masculino, tatuajes, rasgos angulosos y una mirada nada angelical, subyugó a Peter Lindbergh, Terry Richardson, Bruce Weber, Richard Avedon, Mario Testino y Steven Meisel, que retrató a la maniquí en la última portada de Vogue Italia del año 2000.
 Bimba se convirtió en “la modelo del momento”, según The New York Times.
 Para el mallorquín Miguel Adrover, cuyo trabajo ya había atraído la mirada de Anna Wintour, Bimba representaba “la cara opuesta de la niña rubia de las portadas”.
 Bimba Bosé

 “La suya no es la belleza compleja de su abuela, la actriz italiana Lucía Bosé.

 Más bien tiene la elegancia masculina y austera de otro pariente famoso, su abuelo, el legendario matador Dominguín”, dijo de ella el crítico Guy Trebay en The New York Times en abril de 2001.

 Para Trebay, las palabras que dedicó Ernest Hemingway en 1954 a Dominguín describían muy bien el atractivo de Bimba: “Encantador, moreno, alto, sin caderas, un cuello demasiado largo para ser torero, con un gesto grave y burlón que pasaba del desdén profesional a la risa fácil”.

 Una descripción que dibujaba la antítesis de Gisele Bundchen. La alternativa (y el revulsivo) a la ola de sensualidad brasileña que seis meses antes había acaparado las semanas de las moda (y los titulares).

El desfile de la colección primavera 2001 de Gucci fue su primer gran show. 

 Antes se había subido a la pasarela de Montesinos, “con toda la familia, que siempre te meten en ese tipo de cosas para rellenar”. 

 También había trabajado, por ejemplo, para Locking Shoking y Amaya Arzuaga.

 Pero Eleonora prefería pinchar. Para ella, la moda fue, desde el principio, un amante pasajero.

 Flirteó con todos. Chloé, Chistian Dior, Alexander McQueen, Gucci, Givenchy… Y consiguió aquello a lo que aspiran todas las modelos, el premio gordo del sector: una campaña de belleza (para Nars).

 Incluso entonces quiso dividir su tiempo entre la pasarela y los escenarios.

 Y a finales de 2002 desapareció del circuito internacional. Aunque nunca del todo [en 2006 volvería a desfilar para Kenzo; y en 2011 posaría en la campaña de Salvatore Ferragamo]. 

Bimba Bosé 

“Para mí Bimba es mucho más que una musa”, ha repetido David Delfín en múltiples entrevistas. 

Ella no solo abría y cerraba sus desfiles. Era parte de la empresa.

 Lo vivieron todo juntos desde que en septiembre de 2001 fundaron la marca davidelfin junto a los hermanos Postigo. Aplausos y abucheos.

 Éxitos y varapalos comerciales. Fueron trasgresores, elogiados y vilipendiados. 

Visionarios de otras plasticidad. Pero, sobre todo, fueron mentes creativas necesarias en un sector que hace 15 años parecía condenado a morir de una sobredosis de convencionalismo. 

 Bimba y Delfín agitaron los cimientos de Cibeles desde el primer día, con Cour des miracles, su opera prima, cuando David sacó a las modelos con la cara tapada, capuchas a modo de burkas y sogas al cuello.

 En la banda sonora, el sonido de un orgasmo. En su moodboard, referencias al surrealismo de Dalí y Buñuel y Los amantes de Magritte.

 El público no lo entendió. Pero el tiempo les dio la razón y su lema sigue alimentando el sueño.

 “La única provocación que nos interesa es provocar emociones”. 

Bimba Bosé

Bimba Bosé