Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

22 ene 2017

Quiero ser mayordomo

Su sueño es servir a los megamillonarios: jeques árabes, nuevos magnates chinos y estrellas del cine.
 Para alcanzarlo reciben formación casi militar. Entramos en The International Butler Academy, donde se forma a los mayordomos del siglo XXI.
Son las 7.20 y desde el ala occidental de este antiguo monasterio del siglo XIX, en un bucólico pueblecito del sur de Holanda, llega música de los Sex Pistols.
 La estridencia que sacude el edificio, ahora convertido en una enorme mansión de 135 habitaciones, proviene del despacho donde un hombre trabaja sentado frente a seis pantallas de ordenador. 
El aficionado al punk es un empresario de 58 años que antes hizo carrera como mayordomo. 
 Se llama Robert Wennekes y ha fundado The International Butler Academy (TIBA), una de las más reputadas escuelas internacionales de mayordomos.
 Wennekes acaba de llegar de China, donde la academia tiene otra sede desde 2014, ante la creciente demanda de servicio doméstico de lujo por parte de la nueva clase opulenta del gigante asiático. 
En las próximas semanas no solo será el director de la escuela, sino el señor al que deben servir los 22 estudiantes de la tercera y última promoción del año en la TIBA. 

Estamos en el pueblo de Simpelveld, cerca de Maastricht, y es la cuarta semana del curso, justo su ecuador. 
El cansancio ya hace mella entre los alumnos.
 Hay latas vacías de red bull en algunas papeleras.
 Para desayunar, café –que se repetirá varias veces al día– y suplementos vitamínicos que apenas suben el ánimo. 
Hasta las ocho de la mañana, los alumnos, 7 mujeres y 15 hombres de cuatro continentes, de entre 18 y 59 años, tienen tiempo para acicalarse y desayunar antes de formar en fila en el salón-comedor. Ordenados por estatura, con la espalda recta, la cabeza erguida y las manos cruzadas sobre el vientre, esperan a que el instructor de turno les dé los buenos días y anuncie la jornada que les espera.


The International Butler Academy : the Art True of Service
The International Butler Academy : the Art True of Service
Cuidados de la vajilla y una clase de orientación espacial en la que se tapa los ojos a los estudiantes. / FERNANDO MOLERES

Los estudiantes dicen que en la escuela reina una “disciplina militar”. 
Alguno va más lejos y lo califica de “terrorismo mental”.
 “La TIBA es muy parecida al Ejército”, reconoce Flavius Jeican, francés de origen rumano, de 36 años, que habla con conocimiento de causa: en su currículo figura una década en las Fuerzas Armadas francesas.
 Ahora ha decidido buscarse un futuro en otra actividad bien distinta, pero regida también por normas muy severas. 
“Me gusta servir y me gusta el mundo del lujo”, explica. Jeican tiene dos hijos y su esposa es gobernanta en una casa en Niza.

“Si alguien llega tarde a la primera formación de la mañana, ese día se queda sin clases”, indica Cornelis Greveling, jefe de estudios y mano derecha de Wennekes.
 “En la vida real no puedes llegar tarde a los sitios”, añade.
 La vida real, uno de los argumentos que se repiten para justificar la intensidad y las estrictas normas que rigen durante las ocho semanas de curso.
La fila se rompe, los alumnos se visten un delantal y los manguitos de lana que protegen su atuendo: pantalón o falda y americana negros, camisa blanca, corbata o pañuelo en el cuello.
 Cada cual pone rumbo a la primera tarea del día, limpiar la casa. Barrer y fregar las estancias de la planta baja y del primer piso, las escaleras, arreglar los baños, controlar la lavandería y atender las necesidades del señor. 

La tarea más delicada para un mayordomo, la que no consiente el menor despiste, es el servicio de mesa; algunas cenas con invitados TIBA es una de las pocas escuelas para mayordomos en la que los estudiantes se forman y viven como si ya sirvieran a una familia. Rigor, disciplina, discreción, lealtad y exigencia son conceptos básicos.
 “Ser mayordomo consiste en hacer lo que se te pide”, recuerda Greveling.
 “En ocho semanas debo enseñarles muchas cosas, por lo tanto debo ser estricto, me tengo que enfadar, ser duro, para que aprendan”.
 Así describe Wennekes el método que ideó al fundar la escuela en 1999, cuando su agencia de contratación se veía en dificultades para encontrar profesionales. 
“Aquí los estudiantes no solo aprenden todo lo relacionado con ser mayordomo, sino que también crecen como personas.
 Deben olvidar todo lo que saben y lo que son y estar dispuestos a aprender otras formas”.
EN LAS MONARQUÍAS DEL GOLFO PÉRSICO SE PUEDEN PAGAR HASTA 300.000 DÓLARES AL AÑO POR LOS PUESTOS MÁS EXCLUSIVOS
Syed Toqeer Akram Shah, británico de 28 años que fue taxista en Birmingham hasta ahorrar los 13.750 euros que cuesta el curso para dar un giro a su vida, admite: “He cambiado mi forma de comer, de pensar, de hacer, de moverme. 
Experimentas un cambio interno”. Adone Hofer, un florentino de 20 años, jugador profesional de golf e hijo de una familia acomodada, asegura: “Te sacan de tu zona de confort”.
 La mayoría de los estudiantes cultiva el placer por la perfección, el orden y el deseo de hacer sentir bien a los demás
Alguno descubrió muy pronto la vocación. 
“Desde los 13 años, sé que quiero ser mayordomo”, afirma ­Laurens Lievens, belga, de 20 años, chef, sumiller y uno de los alumnos más aplicados de la promoción.
 “Sé que me estoy perdiendo cosas que hace la gente de 20 años, pero como mayordomo tienes la oportunidad de viajar y cada día puede ser distinto.
 Mi idea es trabajar para una familia y pasar 10 años en el servicio privado.
 Luego, con 30, aún seré joven para hacer otras cosas”, explica. Algo parecido expresa la más joven del grupo, Nina Morrone, una suiza de 18 años.
 “Pero los jóvenes no saben todo lo que conlleva este trabajo, la carga y la soledad”, les advierte Kolja Quintanar, suizomexicano de 48 años, ya curtido en hoteles y restaurantes. 


The International Butler Academy : the Art True of Service
El arte de servir la mesa lleva implícita una coreografía especial, como la que se ensaya en esta imagen; y el director de la escuela, Robert Wennekes, un antiguo mayordomo holandés de 58 años que hace las veces del señor al que han de servir los alumnos. / FERNANDO MOLERES
The International Butler Academy : the Art True of Service

21 ene 2017

Sesenta.......................................... Boris Izaguirre

Carolina de Mónaco hizo un gesto que no hemos podido repetir: aspiró, sorbió y pensó al mismo tiempo. Como una reina.

De izquierda a derecha: Carolina de Mónaco, Perdo Almodóvar y Alberto y Charlene de Mónaco, en el Baile de la Rosa dedicado a la movida en 2008.

 

Se ha vuelto a armar un bululú tanto con la feria del PSOE como con el atuendo de la Reina en la feria del Turismo. Esta vez se le señala que mezcló demasiadas cosas en su vestuario para inaugurar Fitur en Madrid.
 Quizás en esta ocasión, estén más equivocados los críticos que la Reina.
 El país invitado es Argentina.
 Y la Reina decidió ponerse un pantalón gaucho y, además, del color de la tierra de la Pampa para hacer un homenaje. Incluso habría bailado un tango si la dejan.
 Y eso debería reducir el tamaño de cualquier crítica, dejándola a media pierna.


La actriz y vedete Bárbara Rey.
ándola a media pierna.
La actriz y vedete Bárbara Rey.
A mí, que soy un nostálgico, me ha encantado el regreso de las piernas de Bárbara Rey con la posibilidad de que el Cesid hubiera comprado su silencio con dinero público.
 ¡El circo de Bárbara! ¿Quién no recuerda ese asalto a la casa de la actriz y vedete en el año 97, donde se sustrajeron vídeos “en los que se implica a personas importantes de este país”, como decía el parte policial? 
Curiosamente, yo había entrevistado a Rey en ese mítico domicilio unos días antes y gran parte de la entrevista sucedió en su cuarto de baño, superperfumado, envolvente y seductor. 
Bárbara me trató bárbaro, ofreciendo costillitas de cordero e interrumpiendo la conversación por una llamada del internado de su hija Sofía, que se había ausentado sin permiso de sus clases.
 Un tiovivo de emociones, y cuando se apagó la cámara y nos quedamos solos admirando una foto suya con Ángel Cristo en el Festival del Circo de Montecarlo, ella susurró: “Los príncipes de Mónaco son los únicos reales dignos de conocer”.
Jamás olvidé esa frase.
 Pienso que Bárbara debería tener un museo y atenderlo ella misma, manejando como nadie el gota a gota de la información.
 Se celebran 20 años del robo de esas cintas y ella sabe cómo prolongar nuestra fascinación por lo que podrían contener. Mientras, aprovecha para destapar frases llenas de valor: “Hice muchas películas con desnudos, yo fui El Destape y es mi deber reconocerlo. 
Hay hombres, más importantes que yo, que también deberían asumir su pasado y lo que han hecho”. 
Es que la vida de Bárbara acompaña y desnuda el surgimiento de nuestra democracia. 
Ha sabido unir en su persona política, circo, revista, nudismo, maternidad y una sinceridad misteriosa bañada de melodrama.
 Y si el dinero que compró un poco de su silencio procedía de fondos públicos, algo que no estuvo bien, implicaría que Bárbara, a su manera, prestó un servicio público en aras de la joven democracia. 
Y quién sabe si de nuestra actual estabilidad. 

La actriz Rossy de Palma y la coreógrafa Blanca Li, en el Baile de la Rosa celebrado en Montecarlo en 2008.
Bárbara y yo tenemos una cosa en común. 
Ambos conocemos Montecarlo.
 EL 23 de enero, Carolina de Mónaco cumple 60 años.
 No es una noticia en sí, lo esperábamos, tarde o temprano iba a pasar.
 La conocí en 2008 cuando el Baile de La Rosa homenajeó a la movida madrileña y la revista ¡Hola! me llevó para cubrir la crónica
. Al día siguiente del baile, Carolina y su hermano Alberto anfitrionaron un exquisito almuerzo para los invitados y artistas del show que Pedro Almodóvar confeccionó para la velada.
 Ernesto de Hannover, que estaba presente, nos vio a David Delfín y a mí con unas caras de resacón tan evidentes que nos llevó hasta su barman (así lo presentó) y ordenó en alemán un brebaje que nos dejó como nuevos.
 Alaska, Bibiana Fernández y Rossy de Palma capitaneaban una mesa con Christian Louboutin y Karl Lagerfeld, que era realmente el rey del evento.
 En un momento dado, Carolina se acercó a darme un beso. 
En francés me preguntó si iba a escribir la crónica para ¡Hola!, asentí y tuve que reconocer que mi francés era bastante salvaje. “Oh, pero mamá nos enseñó a hablar un poco en español”, dijo ella, mirándome con esos ojos verde-azules que conozco desde que tengo uso de razón.
 Todos nos reunimos en torno a ella y Carolina adoptó una pose declamadora.
 Y dijo: “La princesa Carolina de Mónaco. La mujer más elegante del mundo para los lectores de ¡Hola! con 1.200 votos”
Nos rendimos, hubo un aplauso y algunos hasta nos la jugamos y fuimos a abrazarla. 
Entonces se rio, regresó a su asiento y con la misma mano sostuvo una copa de vino y el cigarrillo que fumaba. 
Fue un gesto que no hemos podido repetir: aspiró, sorbió y pensó al mismo tiempo. Como una reina.

La Diferencia la marca el que sabe que es así y no una figurilla de adorno.

Las 7 Diferencias y alguna más que usted vea.








Una hecha así misma y otra hecha a golpe de bisturí. 
La clase, elegancia, y belleza no se puede hacer, se nace con ella.

Los misterios de los años de Gómez de la Serna en Argentina

Cientos de documentos adquiridos por la Biblioteca Nacional dan pistas sobre ‘Tembladeral’, novela inédita del ‘padre’ de las greguerías.

Ramón Gómez de la Serna, y su esposa, Luisa Sefevich, en una imagen sin datar en Buenos Aires, donde residió los últimos años de su vida. EFE
En Automoribundia, Ramón Gómez de la Serna declara su amor a Buenos Aires: “El mejor pisapapeles del mundo, la ciudad más interesante y más cortés de América”, escribe en esas memorias.
 Al llegar por primera vez a Argentina, en 1931, se puso a vivir de nuevo como si no se fuese a marchar nunca, cuenta él mismo.
 Y conoció a Luisa Sofovich, su mujer.
 Cuando en 1936 emprendió el camino del exilio, voluntariamente, no lo dudaron.
 Costaba dejar atrás una biblioteca labrada a lo largo de 48 años, pero Argentina era el destino y las calles porteñas el lugar de su escondrijo luminoso.
 Un camino sobre el que ahora se abren distintas luces con varios objetos, documentos y, sobre todo, tres cuadernos adquiridos en 2016 por la Biblioteca Nacional de España (BNE).
Buenos Aires aportaba, frente a la sangría de España, el agua y el pan propicios para continuar su literatura de luz, magia y malabarismo.
 Los pasos de un Gómez de la Serna encomendado a una obra insólita, llena de impresiones, invenciones lingüísticas y atracción por la vanguardia encontraron su senda en Argentina.
 Los documentos de la BNE, que ha adquirido a su vez 1.300 greguerías, poemas y cartas en una subasta el pasado abril, aportan un lote en el que se incluyen varios volúmenes manuscritos con notas que aún no se encuentran a disposición del público pero que abren nuevas vías de estudio.
Han sido examinados por una de las mayores expertas en el autor: Laurie-Anne Laget, biógrafa suya y experta de la Universidad de La Sorbona (París). 
Ella cree que, aparte de lo conocido, son documentos fundamentales e invitan a curiosas investigaciones.
 “Sobre todo en torno a una novela desconocida, Tembladeral, uno de sus últimos proyectos”, afirma.
“Desde un punto de vista material, los manuscritos adquiridos por la Biblioteca Nacional son muy parecidos a los que se encuentran en el archivo de la Universidad de Pittsburgh.
  Es una adquisición valiosa, que complementa a la perfección los materiales de Ramón que ya poseía la BNE, como, por ejemplo, todo el material manuscrito original del Diario póstumo”, añade Laget.
 Con un extra. La sorpresa está en esa novela, que no vio la luz y cuenta con un título inspirado en un curioso término que sirve para referirse a las aguas pantanosas: tembladeral.

Manuscritos de Ramón Goméz de la Serna.
La mayoría de los apuntes llevan, de hecho, títulos explícitos como: América, Bs As, Emigrante o, específicamente, Tembladeral. “Este último es relevante porque ya aparecía en los fondos de Pittsburgh, aunque sin más precisiones”, afirma Laget.
 Más bien añadidos a algunos relacionados en 1932 con otra novela: Policéfalo y señora, que a su vez llevaba el título Tremedal americano pasión de otras estrellas.
 Alrededor de ello aparece la misteriosa palabra que ahora en los fondos de la Biblioteca Nacional adquiere más peso.

“Ramón la describe como una novela sobre la vida en Argentina”, añade la experta francesa. “Su valor es innegable en la medida en que ofrece un texto redactado, parecido a una respuesta de entrevista o a un argumentario para presentar ante un editor, sobre el proyecto inédito de Tembladeral, desconocido en estos términos hasta ahora”.
En los otros cuadernos también existen pistas acerca de aspectos confusos de su biografía. 
Sobre todo, los relacionados con el exilio. “Los manuscritos pertenecen a la época argentina y, probablemente, a la última etapa, después del viaje que hizo a Madrid en 1949.
 Son apuntes breves, recogidos en pequeños folios que Ramón solía llevar siempre consigo para poder apuntar ideas o consignar observaciones en cualquier momento.
 Más precisamente, los apuntes contienen observaciones y reflexiones sobre la vida en América. Probablemente, Ramón los usó para escribir sus colaboraciones en la prensa de Buenos Aires y España”.
Su salida de Madrid fue voluntaria, no forzada.
 Los contertulios del Café de Pombo se inclinaron más por el falangismo que por el bando republicano, pero Ramón pertenecía a la Alianza de Intelectuales Antifascistas y al PEN Club.
  Hasta en eso se revelaba como un exiliado excéntrico. Gómez de la Serna era un manantial de requiebros.
 Un dandi vanguardista que pocas veces se posicionó en declaraciones, pero sí en actitudes.
 Ni se le ocurrió regresar. Pese a la nostalgia, pese a los ofrecimientos de muchos amigos que lo querían de regreso en la España franquista.
Sin duda, el hecho de que su mujer se encontrara a gusto en su propia ciudad, lo ataba más.
 Pero la etapa bonaerense de Ramón resulta absolutamente fructífera, rica en invenciones, fértil en la exploración de sus personalísimas greguerías, libre y desacomplejada, propicia para su lazo insobornable con lo moderno.
 Sin dejar de lado que llegó a sentirse, de alguna manera, porteño.
“Se marchó en circunstancias muy diferentes de las de otros escritores que identificamos con el exilio. 
Y durante su estancia en Argentina la percepción política de su figura fue marcadamente distinta de la que se tenía de otros expatriados”, comenta su biógrafa. 
Incluso pudo regresar a España brevemente en 1949, pero lo hizo en una estancia que Gómez de la Serna describió en una carta al director del diario Arriba así: “Una ráfaga de encantador espanto”. Según Laurie-Anne Laget, “Al ser una figura compleja y distinta, su propia identidad como exiliado es merecedora de estudio”.